sábado, 30 de junio de 2007

Señor, líbranos de tus seguidores


En el marco de la celebración de los apóstoles Pedro y Pablo (Día del Papa), el presidente de la República, Óscar Arias Sánchez, pidió el apoyo de la Iglesia católica, para que los impuestos que espera enviar el año próximo a la Asamblea Legislativa sean aprobados. De esta noticia dos cosas son extremadamente preocupantes: la primera es la insistencia del presidente Arias por sacar el dinero del bolsillo de los costarricenses, cuando aún falta mucho por hacer en materia de control de gasto así como de recaudación de impuestos actuales. Desgraciadamente el gobierno en vez de ejercer responsablemente la política fiscal pide más impuestos para cubrir sus propias ineptitudes. El segundo hecho preocupante, es la constante bendición que este país requiere de la Iglesia para impulsar cualquier proyecto. Tristemente algunos políticos y buena parte de la población creen que vivimos en una teocracia.

Pero en ASOJOD repudiamos este tipo de prácticas. Ya es hora de que la Iglesia salga de la política y que se dedique a predicar entre su cada vez más reducido número de fieles que buscan la salvación eterna. Ojalá y algún día en este país se puedan tener discusiones serias sin la necesidad de que los curas, sacristanes y monjas nos traten de mostrar el camino escogido por Dios para alcanzar la felicidad. Ya hemos visto las cosas buenas que deja este camino divino: retrogradas guías sexuales y gran número de madres adolescentes. Amén.

El PAC: ¿antisistema?


La aspiración democrática no es una simple fase reciente de la historia humana. Es la historia misma. Esta frase podría haber resonado en el salón de un Congreso moderno, pero fue pronunciada hace más de dos milenios, en el Senado romano, por Cicerón. Claramente, el anhelo de vivir en una democracia sólida y con instituciones confiables es constante en la humanidad.

La democracia, desde luego, incorpora el derecho de todas las personas a disentir, a pensar distinto y a soñar otra realidad. Incluso, es el único sistema político que ofrece la posibilidad de cambiarse a sí mismo de manera pacífica. Aquellos precisamente que piensan que el sistema no funciona bien tienen la opción de entrar en él para corregirlo.

Rechazo general. Por eso precisamente es difícil de comprender una actitud de desconfianza instintiva o de rechazo general a las instituciones democráticas. Y dolorosamente, esa ha sido la actitud manifestada por la fracción legislativa del PAC, o, al menos, así se desprende de un estudio reciente realizado por el Instituto Interuniversitario de Iberoamérica y la Universidad de Salamanca, presentado ante la Asamblea Legislativa en días recientes. Esta investigación incluyó entrevistas con la totalidad de los diputados, de modo que no hay estadísticamente un margen de error.

Es comprensible que la principal bancada de oposición tenga poca confianza en el presidente de turno (aunque sorprende el índice del 17% en el PAC cuando en ningún otro partido baja del 60%). Lo que realmente sorprende es que, sin importar por cuál institución del Estado se pregunte (Parlamento, Poder Judicial, funcionarios públicos), la confianza del PAC en ella es casi siempre un 20% inferior a la de cualquier otro partido. Especialmente dramático es el caso del Tribunal Supremo de Elecciones, respecto al cual el PAC presenta un índice del 17% frente a un promedio del 85% presentado por el resto de las bancadas.

Partidos y elecciones. Paradójicamente, los diputados del PAC ni siquiera tienen mucha confianza relativa en los partidos políticos (un 59% frente a un promedio del 80% de otras fracciones), a pesar de ser representantes de uno de ellos y de que casi todos iniciaron su carrera política dentro de un partido.

No obstante haber pasado por una escuela ideológica como requisito para ser candidatos, el 89% de los diputados del PAC se resisten a la disciplina de partido (lo cual parece sugerir que no hay una coherencia entre las respuestas durante la campaña y las dadas una vez elegidos).

Tampoco demuestran credibilidad en los medios de comunicación (un 24% frente a un promedio total del 60%), aunque curiosamente sí tienen fe en los sindicatos (un 53% frente a una media del 4% del resto de fracciones).

El dato más alarmante, sin embargo, es el de la confianza en los procesos electorales, corazón de nuestro sistema democrático. En una escala de 1 a 5, todos los diputados valoran la limpieza de las elecciones con 4,5 en promedio, mientras los del PAC apenas le otorgan un 2,47. ¿Derrota mal digerida, o desconfianza fundada?

Actitud antisistema. Al presentar el estudio, el doctor Manuel Alcántara, vicerrector de la Universidad de Salamanca y especialista en temas políticos latinoamericanos, catalogó las opiniones de los legisladores del PAC como síntomas de una actitud antisistema, y la asimiló con la del PRD mexicano.

La pregunta que surge es, entonces, la siguiente: ¿cómo puede un partido respetar la institucionalidad, como lo dicen los estatutos del PAC, mientras sus propios legisladores reniegan de ella? Más aún, cabe preguntarse: ¿cómo puede un partido desconfiar tanto del sistema que le ha permitido nacer y crecer, y dudar de la pureza de los procesos electorales que más lo beneficiaron?

Valdría la pena que los rojiamarillos realicen un profundo examen de conciencia, porque una breve escuela ideológica no es suficiente para afianzar los valores democráticos.

Por Allan Trigueros V.
Tomado de la Nación

Dos cuentos de esperanza y varios de horror


Desde Polonia, dos historias que reafirman el espíritu humano. Desde Latinoamérica, otras que muestran un panorama sombrío.

La primera es reciente. Un humilde trabajador ferroviario polaco despierta de un coma de 19 años –ante su sorpresa– y se entera de que cayó el régimen comunista que subyugó a su patria. Al enterarse, un comentario sencillo que enaltece los principios de democracia y libertad: El mundo es mucho más bonito ahora, exclamó.

La segunda, los expresidentes polacos Lech Walesa –mítico líder de Solidaridad– y Aleksander Kwasniewski –excomunista convertido– publicaron conjuntamente una carta abierta al pueblo de Cuba. Dice el comunicado: Esperamos que estas palabras, junto con el ejemplo de una Polonia libre y democrática, sirvan de testimonio a la victoria del acuerdo sobre el conflicto, el diálogo sobre la pelea, el bien sobre el mal. Y termina diciendo: Ustedes se enfrentan a una gran oportunidad de restaurar la democracia en Cuba, una oportunidad que no deben desperdiciar.

Injerencia comunista. Tercero, desde Venezuela, Hugo Chávez, mecenas y modelo a seguir de nuestros comunistas, irrespetando los derechos humanos de los venezolanos, les niega la libertad de prensa, cerrando RCTV. Un error histórico que lo desenmascara como un intolerante dictador.

Cuarto, desde Nicaragua, Daniel Ortega hace alianza con Chávez y Fidel Castro para luchar contra la aprobación del TLC en Costa Rica. Sorprende que Ortega pretenda negarnos nuestra entrada al mismísimo TLC que sí ratificó Nicaragua. ¿Será que Ortega y Nicaragua se favorecen si Costa Rica queda fuera? De forma complementaria, Fidel Castro, que durante 50 años ha cacareado contra Estados Unidos por bloquearle el acceso a sus mercados, ahora lucha para que Costa Rica sufra la misma suerte.

Será nuestro propio pueblo, por mayoría, en las urnas, quien dictará el rumbo, no Fidel Castro y menos Daniel Ortega.

Los sindicatos. La última historia de horror la protagonizan, en varios actos, los sindicalistas ticos.

Ya hace décadas, ahuyentaron a las bananeras de la zona sur, causando desempleo y luego dejando abandonados y empobrecidos a quienes pretendían defender.

Luego, en los albores del siglo XXI, nuestros sindicalistas fueron a Estados Unidos a intentar otra hazaña. Le pidieron al poderoso sindicato AFL-CIO que presionara al Gobierno norteamericano para despojar a Costa Rica de los beneficios unilaterales concedidos mediante la iniciativa de la Cuenca del Caribe. Si AFL-CIO hubiera cumplido su misión, Albino Vargas y sus compañeros hubiesen dejado a miles de costarricenses sin trabajo y en la miseria.

Recientemente, realizaron la infame declaración del Melico Salazar, en la cual amenazaron con desconocer el resultado electoral y con la violencia callejera, dando una clara muestra de intolerancia.

Durante el 2005, invitados por sindicatos norteamericanos contrarios al TLC (por razones curiosamente opuestas a las de nuestros sindicalistas), Gilberto Brown y Albino Vargas incomprensiblemente expresaron: No queremos que los buenos empleos de los trabajadores y de las trabajadoras estadounidenses se transformen en malos empleos en América Central y, mucho menos, en Costa Rica.

Anticuado y fracasado. Jóvenes de Costa Rica, abran sus ojos. Sus futuros trabajos han sido y siguen siendo menospreciados y comprometidos por mentalidades extremistas.

El último acto lo protagonizaron Jorge Arguedas y otros afiliados del FIT-ICE, manifestando que, si el referéndum lo ganaba el sí, desconocerían dicho resultado e irían a las calles. El sinsentido del totalitarismo por encima de la democracia directa, la minoría sobre la mayoría, la pelea sobre el diálogo y el conflicto sobre el acuerdo.

Mientras unos logran salir de un largo coma y hallan un mundo más bonito, otros muchos tratan de sumirnos en el trillado coma del comunismo mediocre, demagógico, anticuado y fracasado. Ojalá despertemos a tiempo para evitarlo.

Por Alejandro Miranda Lines
Tomado de la Nación

jueves, 28 de junio de 2007

El asunto esencial sobre el TLC


Parece haber razones irresistibles para nuestro país, las cuales paso a resumir, que nos están conminando a aprobar el tratado comercial con los Estados Unidos.

Ya sabemos que, pese a que Costa Rica es un país pequeño, tiene una de las economías más sanas y de buen ingreso por habitante en relación con el resto de Latinoamérica. Esto implica el desafío de sostener la economía en el tiempo a través de la necesidad de ser muy competitivos en nuestro intercambio comercial.

Mercado europeo. Para lograr esto, si bien es cierto que el mundo nos ofrece la opción de intercambiar con cuatro potenciales “mercados continentales”, que son Asia, Europa, Latinoamérica y Estados Unidos, la realidad es que en tres de ellos existen graves inconveniencias, lo cual los hace, en la práctica, inviables.

Europa tiene un esquema de importaciones por cuotas, restrictivo de muchos de los productos costarricenses con vocación exportable a dicho continente; un eventual acuerdo comercial de Europa con Costa Rica solo parece posible en el tanto en que aceptemos el proceso de unificación política que los europeos pretenden para negociar pues la tendencia de la política europea es la de la negociación con bloques económicos.

Mercado asiático. Respecto de Asia, que es otro de los mercados continentales existentes, debo decir que el panorama es más sombrío. Desde la posguerra, la política de los mercados asiáticos es restrictiva para las importaciones.

Solo para dar un ejemplo: el procedimiento para importar un producto agrícola en Japón requiere literalmente cientos de trámites restrictivos. Lo sé por experiencia propia pues tuve la oportunidad de asesorar legalmente a una empresa costarricense que logró exportar por un tiempo producto agrícola con valor agregado y de buena calidad a Japón, y viví el calvario que representó no solo lograr su ingreso, sino también sostenerlo.

China no solo es prácticamente autosuficiente en la mayoría de productos que requieren algún tipo de valor agregado, sino que, además, tiene una política de exportaciones agresivísima, por lo que únicamente le interesa importar materias primas.

Esto nos condena a exportarles exclusivamente materia prima sin valor agregado, lo cual no resulta amigable ni para nuestra vocación ecológica ni para nuestras aspiraciones comerciales pues los países que sobreviven exclusivamente de la exportación de materia prima, como muchas de las naciones del África subsahariana, no alcanzan niveles mínimos de desarrollo.

Mercado latinoamericano. Una penúltima posibilidad es Latinoamérica. El gran problema del mercado latinoamericano es el hecho de que, para los intereses de nuestros exportadores, actualmente Latinoamérica no puede resultar un mercado significativo, ya que nuestros países hermanos –prácticamente en la mayoría de los servicios y productos en los que somos competitivos– no solo no son nuestros compradores principales, sino más bien nuestra agresiva competencia, que busca cómo atraer los mismos mercados y, en el caso de las inversiones, las mismas empresas que son nuestro objetivo comercial.

Mercado de EE. UU. Así las cosas, mientras no cambien las condiciones antes expuestas en relación con esos mercados para los intereses costarricenses, la realidad es que estamos obligados a mantenernos competitivos en nuestro intercambio comercial con los Estados Unidos, en momentos en que Panamá y nuestros demás hermanos centroamericanos han decidido acogerse a las ventajas y desventajas potenciales que ofrece el libre comercio con ese país. Sin embargo, pese a todo lo implacable que parece esta realidad frente a nuestros rostros, debe restar, eso sí, que nuestra Sala Constitucional determine mediante la consulta en trámite si este TLC atenta, o no, contra los ideales nacionales contenidos en nuestra Constitución Política pues no cabe duda de que el criterio grave, el asunto esencial, es que los grandes ideales de nuestra nacionalidad, contenidos en la ley fundamental, están por debajo de nuestros intereses comerciales.

Por Fernando Zamora C.
Tomado de la Nación

miércoles, 27 de junio de 2007

Sindicatos enemigos de Limón


Hace ya 20 años, cuando desempeñaba honrosamente la presidencia de la Cámara Costarricense de la Construcción y siendo presidente de Costa Rica el Dr. Óscar Arias Sánchez, en su primera magistratura, el Consejo de Gobierno de entonces acordó intervenir Japdeva y fui designado como interventor de esa institución, con un grupo de lujo que me acompañó en ese tremendo desafío.

Acepté ese delicado nombramiento a sabiendas de lo que mi respetado suegro, don Teodoro Quirós Castro, me había advertido: Si usted va a poner orden en Japdeva durará en su cargo, hasta que lo cambien por el sindicalista que paralice Limón y toque las puertas de la Casa Presidencial para pedir su cabeza.

Volviendo los ojos cuatro lustros atrás y haciendo un análisis del movimiento sindical de Japdeva, las cosas siguen igual o peor, es decir al gremio muellero no lo alcanzó la perestroica, que se ha dado en el mundo en todos los movimientos sociales y sindicales.

Condescendencia. El gobierno anterior de don Abel Pacheco fue demasiado condescendiente con los sindicatos y con sus cabecillas.

Dios quiera que nadie de la Casa Presidencial se meta a proponer de nuevo que el gasto del superávit de la institución sea priorizado de acuerdo con el sindicato. Ya este acontecimiento se dio en el actual gobierno y es aterrorizante.

El Ing. Walter Robinson, como presidente de la junta directiva de Japdeva, está queriendo poner orden, plantándose con decisión ante las imposiciones de los sindicatos. De igual forma, con los pantalones bien amarrados, está interviniendo el ministro de Trabajo, don Francisco Morales Hernández.

La actual paralización del muelle de Limón por reclamos de privilegios debe ser aprovechada por el Gobierno de la República para poner en orden de una vez por todas al sindicato y quitarse de encima esa espada de Damocles que tiene desenfundada Sintrajap desde el inicio de la actual administración de don Óscar Arias Sánchez.

Los sindicalistas limonenses no quieren que Limón se abra al adelanto y al progreso, y están hundiendo a la provincia por el interés personal, con la máscara de que ellos representan los intereses de Limón. Pobrecitos los actuales mediadores del Gobierno que no han convencido a los sindicatos y presentan a la luz pública pactos de mentirillas.

La Sala Constitucional, desde mayo del 2006, declaró ilegal que un grupo de más o menos 34 operadores se repartieron ¢150 millones anuales. No es justo que las tarifas portuarias se encarezcan por granjerías de unos pocos. Entiéndase bien que algunos de los beneficios desmedidos de las convenciones colectivas no benefician a todos los funcionarios de Japdeva ni al pueblo de Limón, sino que el beneficio va dirigido a una élite.

Excesos y abusos. No debemos oponernos a los beneficios de los trabajadores. Tampoco estamos en contra de que el trabajo forzado se remunere mejor que el jornal normal, pero sí debemos decir no a los excesos y abusos de los sindicalistas.

El periódico La Nación , en su excelente editorial del sábado 16 de junio pasado, titulado “El clamor de Limón”, le señala claramente al Gobierno una posición para atacar otros males endémicos que a la sombra del mal ejemplo han tomado fuerza en esa bella y dejada provincia de Limón.

El editorial, que menciona el desfile de 10.000 limonenses, que quieren resolver el problema que aqueja a la provincia en cuanto a violencia, incremento de la criminalidad y otros problemas sociales, retrata el espíritu del limonense que quiere a Limón y riñe con el interés de los 36 sindicalistas, que solo piensan en un sindicato que debe proteger los intereses personales y no los institucionales de Japdeva.

Si Limón no aprovecha la coyuntura de abrir el puerto a nuevas concesiones para crear más fuentes de trabajo, el puerto seguirá bajando en su nivel de vida, y el sindicato y los cabezas calientes promoverán el entierro de nuestro querido Limón.

Un día soñé que Limón se había transformado. Soñé que los sindicatos, que habían sido el escollo del adelanto, habían cambiado de actitud y, sin dejar el norte en la defensa de los intereses gremiales, se habían abierto y asumido el cambio y entonces:

-Se disminuyeron las tarifas portuarias.

-Se incrementó la carga y descarga y, por ende, se crearon nuevos empleos para los limonenses.

-Se incrementó el turismo y la llegada de cruceros.

-Se impulsaron y se construyeron varias terminales de muelles por concesión y otras privadas, y se acabó la desocupación en la cabecera de la provincia.

-Se construyeron más ramales de ferrocarril y se actualizó el sistema ferroviario, con lo que se emuló el tiempo de Mr. Keith.

-Con el auge económico se construyeron más escuelas, más centros educativos, más hospitales, más iglesias de todas las religiones, y se instauraron más programas educativos, con lo que se respiró una verdadera paz social en toda la provincia.

También soñé que se había construido el verdadero canal seco entre el Atlántico y el Pacífico, con dos líneas férreas (ida y vuelta), con dos autopistas de cuatro carriles cada una y dos puertos en los extremos (Puerto Soley en el Pacífico y entre Parismina y Matina el otro puerto del Caribe o mar Atlántico).

Por José Manuel Agüero E.
Tomado de la Nación

martes, 26 de junio de 2007

¡Todavía peor, don Ottón!


La Comisión de Respuestas Al Día Siguiente de Don Ottón Solís (Cradsos) convocó una dramática reunión para elaborar la devastadora respuesta con que uno de mis artículos fue recientemente castigado. La masiva movilización de energía exegético-analítico-hermenéutica produjo por resultado ocho líneas que durante una semana he intentado, con éxito apenas parcial, descodificar.

Uno. Chirrido espeluznante de gozne en mitad de la noche. ¿Dónde, en nombre de Dios, queda “Maroco”? He buscado esta arcana nación a todo lo ancho y lo largo de mis mapamundis. A ver… Maroco, Maroco… Encontré algo parecido: Marruecos, pero estoy seguro de que este no puede ser el país al que alude don Ottón. ¡Ay, Maroco…! In illo témpore se enseñó Geografía en nuestros colegios. Ahora estamos tratando de implantar una nueva asignatura: cursos paliativos para candidatos presidenciales afectos de ligeras lagunas geopolíticas.

Dos. Chirrido de uñas mordidas en sordo acceso de rabia. No hace falta ser Sherlock Holmes para saber quién escribe qué. Hay rasgos (“estilemas”, dirían hoy) que delatan de inmediato al autor –individual o colectivo– de ciertos textos. Cradsos debe cuidar su redacción y disimular mejor la verdadera autoría de sus edictos.

Tres. Chirrido de neumáticos atormentados por el pedal derecho (¡y no precisamente el del piano!) Que lo busquen y verifiquen los lectores: todo cuanto menciono en mi artículo fue en efecto dicho por don Ottón. Bástenos repetir el último párrafo: “Así como no hace falta leer Mein Kampf para oponerse a sus contenidos, pues los hechos protagonizados por su autor, Hitler, bastan, de igual manera, aunque en una dimensión no tan dramática, estos seis hechos permiten oponerse a este TLC incluso sin leerlo”. Dicho quedó. Impreso. Ahí está. Que lo busque quien quiera verificarlo. Si esto no es un desincentivo para leer el documento de marras, ¿qué podría serlo?

Cuatro. Chirrido de tigre “dientes de sable” afilándose los colmillos contra una roca volcánica. Escribir una cosa y luego negarla es un gesto muy serio. No es, por cierto, la primera vez que observo este tipo de conducta por parte de Cradsos. ¿Es ello deshonestidad intelectual? Mejor no juzguemos. Acusar a alguien de mentiroso es una imputación harto severa (¡sobre todo cuándo es proferida con el tono sentencioso y tronante de don Ottón!). Prefiero, por lo tanto, asumir que algunos de los miembros de Cradsos padecen de amnesia “lacunal”. Zafoncillos de memoria, ustedes saben… O falta de integridad moral o patología psíquica: no hay otro origen posible para la mentira.

Cinco. Chirrido de violín rascado con un arco de lija. Otro desestímulo al espíritu crítico: “En estas circunstancias ¿hace falta leer el TLC para saber a quién beneficia?”. No, don Ottón, por supuesto que no hace falta: basta con aceptar la verdad revelada y reveladora de sus palabras. El problema es que el mismo argumento puede volverse en su contra: ¿para qué leer su texto si también sabemos a quiénes beneficia y a quiénes perjudica? ¡No leamos nada, entonces! La verdad, mejor renunciemos a toda indagación personal y vámonos a ver la final de la Copa América.

Seis. Chirrido de tiovivo mal engrasado. “Entender el TLC, más que un ejercicio intelectual, constituye una tortura”. No una tortura, no. Hiperbolizar es una pobre manera de argumentar. El TLC es arduo, sí, pero eso no exime a ningún costarricense del intento de adentrarse –no importa el calado y velamen de su embarcación– por estos mares. Indagar, atreverse a preguntar, reconocer las limitaciones teóricas que nos impone ese mal necesario llamado especialización, y trazar nuestro propio itinerario a través del texto en cuestión. ¿Qué hacer si no? ¿Renunciar a nuestra travesía y aceptar ciegamente las crónicas de viaje de don Ottón?

El presidente de Cradsos ha propugnado el debate en torno al TLC; eso lo tengo claro, pero no ciertamente en el artículo que comentamos. ¿Argumentación? Por supuesto que la hay. Sostengo, eso sí, que es acomodaticia, conceptualmente misérrima y, sobre todo, torpemente formulada.

Vedas ofensivas. Por lo que a mí atañe, mi posición es muy simple. Me gusta entender, investigar, construir mi propio panorama y suplir mis cortedades teóricas con el asesoramiento de amigos que escojo según tres criterios fundamentales: seriedad, calificación y buena voluntad. Me ofenden las vedas temáticas de los especialistas, la territorialidad del saber y, peor aún, tener que aceptar las “revelaciones” de Pirulito de Chumicos, esas que supuestamente me dispensarían de mi propio esfuerzo de comprensión. Que bien claro lo tengan ciertos politicuelos.

Con seguridad Cradsos convocará mañana a sus miembros a sesión extraordinaria. Con la mejor intención del mundo quisiera facilitarles el trabajo. Por favor, escojan el pronunciamiento que más les guste: “Sagot falsea mis planteamientos”, “Sagot saca mis palabras de contexto”, “Sagot falta a la verdad”, “Sagot ironiza en torno a una situación que afecta a todos los costarricenses”, o, por supuesto, el clásico: “movido por intereses personales, Sagot bla bla bla…”. Sírvanse. Lo que es más: si quieren, les puedo sugerir otras opciones.

Es mi respetuosa sugerencia que los miembros de Cradsos pulimenten su cultura general con algunos cursillos de geografía, lógica formal, argumentación y formación crítica.

Ah, y por supuesto, quedan todos invitados a mi próximo recital. Vamos a lubricar debidamente los pedales a fin de evitar todo chirrido que por ventura pudiese disturbar la atención de la audiencia.

Por Jacques Sagot
Tomado de la Nación

lunes, 25 de junio de 2007

¡Vergonzoso!


Ya todos sabemos como operan los sindicatos de este país, viven enunciando una serie de reglas para juzgar las acciones de los demás pero desgraciadamente esas mismas reglas nunca se las aplican a ellos mismos. El último ejemplo de esto es el reportaje que aparece el día de hoy en la Nación. Ya es conocido por todos nosotros los aullidos de los sindicatos que acusan al presidente Oscar Arias como ilegítimo, mientras que ellos son los verdaderos y únicos representantes de la voluntad popular. A pesar de tener el monopolio de la interpretación de la voluntad popular, parace que estos dirigentes sindicales no cuentan con estos mismos poderes dentro de sus sindicatos.

¨El caso más representativo es el de la Asociación Nacional de Empleado Públicos (ANEP), entidad que supuestamente agrupa a los trabajadores del sector, con 12.241 afiliados frente a una fuerza laboral de 265.340 ciudadanos, según el Ministerio de Trabajo. Su líder Albino Vargas, fue electo de acuerdo con información extraoficial del abogado de la ANEP, Esteban Calvo, por unos 3.500 votos¨.

El sector de educadores no es distinto: ¨el sector magisterial está integrado por 65.000 educadores, según informó el periodista del Ministerio de Educación (MEP), Jesús Mora. De ellos, alrededor de 45.000 están afiliados a la Asociación Nacional de Educadores, ANDE, informó la oficina de prensa. No obstante, su líder José Antonio Barquero fue electo por unos 3.000 maestros.

En la Caja la situación sigue siendo la misma: ¨ La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) tiene 34.000 empleados. El mayor sindicato es la Unión de Empleados de la Caja (Undeca), con 8.782 afiliados. Luis Chavarría, secretario general fue electo en noviembre del 2006. A la elección se presentaron dos grupos y votaron un total de 1.700 trabajadores, dijo Víctor Fernández del tribunal de elecciones¨.

Una vez más se ve a quiénes verdaderamente representan estos drigentes: a un grupúsculo que impide el progreso de nuestro país, que nos tiene tomados, que únicamente defienden sus privilegios que son financiados a la fuerza por el resto de costarricenses, en ASOJOD no nos cansaremos de mostrar la verdadera cara de estos peligrosos grupos.

En Vela


L a Nación nos ofreció ayer noticiosamente los dos caminos del TLC: el “no”, representado por Rolando Araya, por Merino, diputado, Arguedas, sindicalista, Eugenio Trejos, rector del ITCR, Albino, sindicalista, y otros. El “sí”, encarnado en los formidables artículos de Rodrigo Gámez, presidente director del INBio, y de Francisco de Paula Gutiérrez, presidente ejecutivo del Banco Central, eco de su comentario pro TLC del domingo anterior.

Toda la argumentación del “no” se reduce, como quedó documentado en su lanzamiento del sábado y en toda su campaña anterior, a equiparar el TLC a la guerra de 1856 y, por lo tanto, a una invasión de los EE. UU. “La hora de Juanito Mora”, dijo Eugenio Trejos. De lo sublime a lo ridículo solo hay un paso, confesión paladina de la falta total de argumentos contra el TLC. En consecuencia, los antipatriotas somos los partidarios del “sí”, en cuenta los parientes de Rolando Araya o todo su equipo en la elecciones del 2002. EE. UU. fue el generoso financiador (¡qué rica invasión!) del gobierno de su tío Luis A. Monge, del que Araya fue ministro, tras la debacle económica de la administración Carazo. Ahora, los patriotas, visa gringa en mano, se juntan.

Dijo anteayer Araya: “¿Hasta dónde llegar con el combate (sic)? Hasta lo más hondo (sic). Hay que presionar a la Sala IV. A mí no se me olvida que la Sala votó contra (sic) la Constitución y permitió la reelección”. Conclusiones: una ofensa contra la Sala IV, de la que se puede disentir, pero no “presionar” con estas arengas y este tipo de descalificaciones que, en el seno del “no”, han sido frecuentes. Como precandidato presidencial del “no” y líder de este movimiento, Araya debe sopesar sus palabras, como cuando afirmó que entre el TSE y el Gobierno había compadre hablado.

La cuestión es honda y grave. Lo que está en juego, en este referendo, no es solo el TLC, un acuerdo comercial, como otro de los muchos ratificados por Costa Rica, en cuenta el de Panamá, hace unos días, o el que firmaremos con China, sino la institucionalidad democrática. ¿Un Gobierno legítimo, como el elegido en el 2006, o la democracia callejera, a partir del 2007? ¿La patria, como simple bandera manipulada, o la patria de seres humanos de carne y hueso, urgidos de reformas y ansiosos de reconquistar el tiempo perdido? Este es el dilema trazado por los dirigentes más extremistas del “no”, un irrespeto contra sus propios copartidarios de buena fe.

En Costa Rica no hay polarización alguna, como algunos quieren. No abusemos de las palabras. Lo que enfrentamos es una gran decisión en libertad y por la patria, la verdadera, la que se construye y no se manosea.

Por Julio Rodríguez
Tomado de la Nación

viernes, 22 de junio de 2007

No somos una isla


Recientemente, el Movimiento Solidarista celebró su XXI Congreso Nacional, llamado “Pensando en el futuro con responsabilidad”. Cabe entonces preguntarnos: ¿a qué nos obliga la responsabilidad al pensar en el futuro? Pensar en el futuro es un ejercicio académico, no mítico. No se trata de consultar las cartas o la bola de cristal. Es el terreno de la ciencia, no el movedizo pantano de la superstición.

Por eso estamos obligados a mantener cierto rigor en los argumentos. Con asombro, he visto cómo parte importante de la discusión sobre el futuro de nuestro país se sume en el terreno de lo fantástico, en los dominios del realismo mágico aplicado al acontecer nacional.

Presento, tan solo, un ejemplo. En el bellísimo libro de García MárquezEl otoño del Patriarca , los norteamericanos se llevan el mar, que es el último recurso que el dictador latinoamericano encuentra para venderles. Como ficción es una idea genial. Pero cuando encuentro a opositores del TLC repartiendo volantes en que dicen que con el TLC vendemos el agua, los ríos y los mares, ya no sé si estoy viviendo en el mundo de lo fantástico o en el mundo de los hechos.

Ciencia, no superstición. Debatir de esa forma sobre el TLC no solo es malintencionado y truculento, es sacar una ventaja desleal frente a quienes defendemos el “sí”. Los partidarios del “no” reclaman igualdad en el acceso a los medios de comunicación, igualdad en los recursos para la campaña por el “no”, igualdad en espacios para debatir y manifestarse, pero nos niegan la igualdad más elemental de todas: igualdad en el nivel de discusión. Les pedimos ciencia, y nos dan superstición.

Bien dijera John Stuart Mill que, entre la verdad y la falsedad de una proposición, hay una alternativa, hay un término medio, y es la falta de sentido. Decir que con el TLC se vende Costa Rica, se privatiza la vida humana, desaparecen nuestros bosques, ríos y mares, nos anexamos a Estados Unidos, regalamos la isla del Coco y quebramos la Caja, el ICE y el INS, no es más que hacer afirmaciones falsas y sin sentido que, sin embargo, se valen del genuino sentimiento solidario de los costarricenses para convencerlos de argumentos francamente temerarios.

Por suerte hay excepciones. Un grupo de estudiantes universitarios denominado “U’s por el Sí”, se ha dedicado a luchar por que sus universidades no solo sean meca de la imaginación, sino también de la academia. Y es que el realismo mágico a menudo es muy mágico, pero no tan realista. Si queremos pensar en el futuro debemos pensar en las circunstancias que tenemos, y no en las que desearíamos tener.

Tendencia endémica. El escritor nacional Isaac Felipe Azofeifa nos hablaba, en su ensayo La isla que somos, de la tendencia endémica costarricense de considerarnos una isla frente al mundo. Tanto discurso sobre “la Suiza centroamericana” parece haber calado hondo en nuestro imaginario colectivo, con una consecuencia terrible: nos ha permitido eliminar de nuestro análisis de la realidad el contexto en el que nos desempeñamos. Sólo así puedo explicar el argumento conforme al que, si no aprobamos el TLC, no tenemos nada que perder y seguiremos exactamente igual a como estamos ahora. Eso no es cierto. Y no es cierto, precisamente, porque Costa Rica no es una isla. Si las demás naciones centroamericanas abrazan el libre comercio, nuestra posición relativa se debilita. Seguiremos siendo el mismo país de trabajadores educados y buenas condiciones para la inversión, pero en medio de otros países que ya nos pisan los talones y muy pronto nos podrían superar. Si no aprobamos el TLC, no solo cerrarán muchas empresas de las que están en nuestro territorio, sino que, y sobre todo, dejaremos de recibir otras empresas, que se irán a los países vecinos, como demuestra una noticia sobre Nicaragua publicada recientemente por este medio. No somos una isla, no somos la “Suiza centroamericana”, y si no aprobamos este TLC, y los que después logremos firmar con la Unión Europea, China y demás naciones asiáticas, pasaremos a ser la “Albania centroamericana”.

Los solidaristas han sabido comprenderlo. Por eso han sido uno de los movimientos más exitosos en Costa Rica en el último medio siglo. Por eso, también, han recibido el apoyo decidido del gobierno de la República y de la sociedad costarricense.

De ahí que, como presidente de la República, he extendido una invitación a las señoras y señores diputadas(os) jefas(es) de Fracción de la Asamblea Legislativa para que hagan suya una iniciativa que permita dar rango constitucional al Movimiento Solidarista. En el mismo texto en que prohibimos el ejército, hace ya casi 60 años, incluiremos precisamente ahora a las fuerzas armadas solidaristas: armadas con la conciencia nacional, con el afán de trabajo, con la intención de defender la verdad y con el deseo de comprender mejor la realidad que nos rodea.

Por Oscar Arias
Tomado de la Nación

jueves, 21 de junio de 2007

Cambio de paradigmas


El martes 19 de junio se presentó ante la prensa el proyecto de ley que pretende legalizar la unión civil entre personas del mismo sexo, así como regularizar todo lo correspondiente a bienes gananciales, herencias, cobertura de seguro social, etc. en el caso de dichas parejas, sean de derecho o de hecho. En ASOJOD aplaudimos esta iniciativa pues se trata de un paso que Costa Rica tenía que dar desde hace mucho tiempo. No es posible que, en pleno siglo XXI, nuestro país todavía sea incapaz de romper paradigmas tan elementales como el que este tópico representa. Tampoco es concebible que una nación que se haga llamar democrática y respetuosa de los derechos humanos, fomente de manera legal la discriminación sistemática y preserve a algunos sectores de la población como ciudadanos de segundo nivel. Como bien señala Abelardo Araya, Presidente del Movimiento Diversidad, mismo que ha sido paladín del activismo para la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (GLBT), "esta comunidad tiene todos los deberes pero no todos los derechos de los ciudadanos costarricenses".

Esas palabras tienen un tremendo peso: la sociedad costarricense tiene la mala costumbre de atacar y rechazar a todo aquel que piense, se vea y/o actúe diferente, sea en el terreno personal, político, económico, social, etc. Siempre que el que no es una oveja del rebaño es visto entonces como una criatura siniestra. Sin embargo, poco a poco se están dando los cambios que nuestro país necesita, máxime que estamos insertos en la globalización, la cual implica un cambio constante.

Las reacciones a este tipo de iniciativas no se harán esperar. Lógicamente, las fuerzas conservadoras, la Iglesia, los grupos moralistas y los defensores del statu quo van a lanzar el grito al cielo. Ya alguien como el diputado Massey lo ejemplificó. Probablemente, ese tipo de personas dirán: "primero es la unión civil, luego quién sabe con qué nos saldrán. No sea que quieran ser ciudadanos". Estos conservadores no son más que portadores de una doble moral, en tanto rasgan sus vestiduras porque algo no es moralmente aceptable, aunque en el terreno privado ellos también lo practiquen. Eso no se vale. De fijo, muchos costarricenses no comprenderán aún que una sociedad que no sea capaz de respetar y propiciar la diferencia está podrida y condenada al fracaso. Quedarse en el mismo lugar y momento histórico por los siglos de los siglos es una autoflagelación que sólo lleva al oscurantismo.

La gran pregunta que cabe hacerse aca es si Costa Rica es de verdad un país libre. Consideramos que si bien se han hecho esfuerzos significativos, todavía falta mucho trecho por recorrer para poder llamarnos país libre. Como parte de ese trecho, nos falta comprender, como sociedad, que la orientación sexual y la consecuente relación interpersonal que de ella se derive es un asunto que sólo compete a los individuos involucrados en la misma y jamás al conjunto de la sociedad. El Estado no puede ni debe decirle al individuo de quién enamorarse, con quién convivir, con quién mantener relaciones sexuales ni cómo buscar su felicidad. Definitivamente, debemos respetar la decisión que tome el individuo porque sólo él sabe qué es lo que quiere.

Por eso, en ASOJOD hacemos un llamado a la cordura y a desarrollar una actitud positiva ante los cambios. Se trata de tolerar, respetar y fomentar la diversidad de todo tipo, sea sexual, de pensamiento, de religión, de lenguaje, etc. dado que somos una sociedad pluralista. Puede que a algunos les guste y a otros no, pero al fin y al cabo, no somos quienes para decirle a las demás personas cómo deben vivir su vida. Definitivamente, un aplauso para los diputados Gutiérrez (Movimiento Libertario)y Merino (Frente Amplio) así como para la diputada Chacón (PUSC) y a todo el Movimiento Diversidad por impulsar este proyecto que, ojalá, se convierta en Ley de la República.

La cajita feliz vs. “la cajita social lista”


Yo soy de la generación que creció coleccionando los juguetes que venían en la cajita feliz (”happy meal”) de Mc Donald’s. En Venezuela los niños en las escuelas públicas de Caracas ahora reciben algo un poco distinto: “la cajita social lista”. Es de color rojo y el papel en el que están envueltos los alimentos dice “Con Chávez, un solo gobierno”. El secretario de educación dice que no se trata de un intento de adoctrinamiento puesto que ese lema no va dirigido a los niños.

McDonalds cajita felizSeguramente, esta cajita que contiene una galleta semidulce, una gaseosa y un cuarto de leche no logrará destronar a la cajita feliz. Es lamentable que algunos padres de familia no tengan cómo evitar el adoctrinamiento de sus hijos. “Yo no tengo dinero para enviar a mis niños a un colegio privado y entonces tengo que soportar este burdo intento de manipulación“, dice una madre de familia. Yo creo que ella no tiene mucho de qué preocuparse por ahora, sospecho que los niños seguirán prefiriendo la cajita feliz por sobre la cajita “sociallista”.

Por Gabriela Calderón
Tomado de Libremente

martes, 19 de junio de 2007

¿Y no hay represión en la UCR?


El día de hoy llegó a nuestro correo un mensaje que transcribimos a continuación:






From: jose manuel baltodano
Date: Jun 19, 2007 12:50 AM
Subject: Re: Visítennos
To: Asociación Jóvenes para el Desarrollo


"A cualquier estúpido ignorante de su mal nacida
asociación que se atreva a mandarme más mierda de su
basura de blog pro chupa culo de Arias y sus demás
pillos, sepan que tomaré acciones, no crean que no
tengo idea de quienes son, ya conozco su grupito que
infecta Ciencias Políticas, con basura pro libertaria.

¡Me dan asco!

Espero que entiendan que esto es una amenaza clara y
directa a la integridad de las personas que ya sé, son
responsables directas de esta burla de asociación de
prostitutos de la patria. Que tratan de infectar y
estupidizar a la población universitaria.

Dénse por informados todos los miembros de la secta
mal llamada " juventud libertaria".

Deseo todo el mal a ustedes y toda su familia.
Me cago en su partido, sus ridículas ideas,
estupidizante discurso y por supuesto, en sus
pedófilos líderes, no más que liendres pro
trasnacionales y defensores de los narcotraficantes
dueños de las "empresas" de apuestas.

En fin, escoria humana que no merece más que todo mi
desprecio.

Se despide un contribuyente peligroso y deseoso de
hacerles todo el daño posible."

¡Patéticos imbéciles!

Juzguen ustedes amigos de ASOJOD si existe o no represión

¿Con cuál PAC?


El PAC ha venido insistiendo en la necesidad de congelar el trámite de la agenda de implementación al TLC. A mí me pareció una solicitud razonable, aunque advertí que no podía darse una suspensión incondicional, porque se corría el riesgo de no tener tiempo después de la fecha del referéndum, y si se aprueba el tratado, para discutir razonablemente los textos. Podríamos entonces terminar aprobando no la mejor versión de los mismos, sino simplemente la que de tiempo para discutir (y eso sin haber considerado en ese momento que los proyectos una vez aprobados deben ir en consulta a la Sala Constitucional, que tiene 30 días para pronunciarse, aparte de lo que el Frente Amplio y el PASE hagan por su parte para bloquear el trámite de los mismos). La insistencia del PAC, y especialmente de su Jefe de Fracción interino, el diputado Rafael Madrigal, secundado por su compañero Francisco Molina, de que se discutiera la posible suspensión del trámite de la agenda complementaria en un espacio de negociación política rindió frutos finalmente, después de semanas de presión pública, evidenciando de paso lo que a veces parece una cierta inflexibilidad en el manejo político por parte del Ejecutivo, que bien pudo aprovechar el espacio que se le abría de manera más expedita.

La reunión de jefes de fracción para considerar el tema se celebró finalmente el jueves 14. De la crónica periodística se desprende que el encuentro es tomado como el punto inicial de un proceso de discusión que esperamos culmine en algo positivo. Esta reunión es sin duda un mérito para Madrigal y Molina, abanderados de la negociación en el plenario. Pero, sorprendentemente, en la edición de hoy martes 19 del Diario Extra aparece una noticia en la que Elizabeth Fonseca, Jefa de Fracción titular del PAC, recién reincorporada al trabajo legislativo después de una larga ausencia por razones médicas, desestima toda negociación futura y exige, en términos bastante destemplados, la suspensión del trámite de la agenda, incluso manifestando que "no estamos interesados en encontrar un punto medio en el trámite de los 13 proyectos", y, de manera bastante arrogante, asegurando que si el Poder Ejecutivo insiste en la tramitación de los proyectos en el período de sesiones extraordinarias los mismos "...téngalo por seguro, no van a avanzar. Se lo garantiza la jefa de fracción del PAC".

¿Qué está pasando en el PAC? ¿Con cuál PAC se está hablando? ¿Con el de Rafael Madrigal y Francisco Molina, que durante semanas insistieron en que el Gobierno negociara, o con el de Elizabeth Fonseca, que apenas después de una reunión golpea la mesa, cierra todo espacio, demanda que se hagan las cosas como el PAC lo exige y garantiza personalmente que ni una hoja se moverá en el Congreso? ¿Se les está corrigiendo la plana a Madrigal y a Molina? ¿O la solicitud de apertura de un espacio de negociación era nada mas una pose política?

Por Roberto Gallardo

Alma máter al quirófano


En torno a la discusión alrededor del tema del TLC en la UCR, que ha captado la atención de los medios de comunicación, hago algunas consideraciones adicionales.

Como estudiante de la UCR, considero imperante que la Universidad adopte una posición neutral en torno a este tema tan trascendental para el país, fomentando el debate y la participación al máximo y asegurando una intervención justa y equilibrada de las fuerzas. ¿Cómo se explica que para una mesa redonda se invite a connotados personajes del quehacer político y jurídico del país a expresarse todos en contra del TLC, sin derecho de nadie a decir lo contrario? ¿Será acaso que no hay profesionales serios y honestos en este país, graduados de esta misma casa de estudios, con una posición contraria que merezcan ser escuchados y que puedan rebatir los argumentos de los primeros?

Se ha invertido mucho dinero y tiempo desde la Rectoría en este tipo de propaganda contra el TLC, que deberían ser utilizados en acelerar los procesos de construcción de obras, como la nueva facultad de ciencias sociales o la compra de equipos de cómputo.

Carencias básicas. Como miembro de una asociación de estudiantes, me he dado cuenta de las carencias que compañeros de otras carreras tienen en sus asociaciones; algunos no cuentan siquiera con computadoras en buen estado, lo que va en detrimento de la educación de muchos. Es inaudito que, teniendo que usar paquetes específicos de software en muchas carreras de la universidad, los estudiantes tengan que “piratearlo”, algunas veces sin certeza de que sirva, y que la U, que gasta en rubros propagandísticos, no pueda costear la compra de esos paquetes para mejorar el proceso educativo.

Es alarmante que en una elección para rector tengan más peso porcentual los votos de los administrativos de la universidad que los de profesores y estudiantes. ¿No es acaso por los últimos por los que funciona la universidad? Y no hablo solo de la UCR, sino de todo el sistema educativo superior público costarricense, que pide a gritos una reforma sustancial: deben redistribuirse las cuotas de poder entre todos los sectores, para evitar los favorcitos de campaña y para que se tomen decisiones fundamentales.

La FEUCR, en días recientes y de manera intimidante, inquiere a cuáles intereses favorece el hecho de que un grupo de estudiantes haya sacado una bandera diferente de la que ellos hacen ondear; les respondo: ¡A los intereses por un país mejor! No es por los intereses de ningún partido político, como ellos sugieren.

Millones contra el TLC. Si se hubiera contado con los millones de los que ellos también disponen para su “lucha” contra el TLC (unos ¢2,5 millones, casi el 7,5% del presupuesto de la FEUCR en el 2006), desde hace 4 años, también nos hubiéramos estado expresando con mayor facilidad. Es hasta ahora cuando un grupo de estudiantes, de multitud de carreras, hemos tenido el valor y, en muchos casos, hemos sacado dinero de nuestros bolsillos para hacernos escuchar. Si quieren un debate justo, repartamos esos recursos de que disponen, pónganlos a la orden de los que piensan diferente.

Por tanto, pienso que, para seguir siendo la mejor universidad de este país, debe darse el ejemplo y fomentarse la multitud de opiniones, que se escuchen todas las voces que quieran hacerlo y compartamos de una buena vez los atrios desde los cuales se habla; derribemos los elefantes blancos que están sentados en sus altares y mejoremos la educación de todos. Debe recordarse que la principal arma para el desarrollo es la educación; por lo tanto, ¿qué clase de desarrollo queremos para el país si la educación superior está parcializada?

Para los encargados de mejorarla, va siendo hora de sacar el bisturí.

Por Jorge Luis Araya
Tomado de la Nación

lunes, 18 de junio de 2007

El ambiente con el TLC


Sin lugar a dudas la protección del medio ambiente es un tema de gran importancia en Costa Rica, un país bendecido con una impresionante diversidad biológica. Costa Rica es un diamante para la ecología mundial, y de manera estratégica sus habitantes han aprovechado este activo al convertirlo en una fuente de recursos a través del ecoturismo y la investigación ecológica.

A muchos les preocupa que un aumento del intercambio generado por el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos dañe el medio ambiente, al promoverse la "exportación de productos degradan- tes" de Norte a Sur, mientras que Costa Rica entrega materias primas y productos agrícolas.

Nada puede estar más alejado de la realidad. Existe una fuerte correlación alrededor del mundo entre el promedio de riqueza de una sociedad y cuán bien protege su medio ambiente. Para ponerlo de manera más simple: entre más rico se es, mejor protegido está el ambiente.

Uno puede constatar este fenómeno al ver cualquier ciudad, en cualquier país, o en el planeta como un todo. Cuando un pueblo es pobre, su infraestructura es igualmente pobre. Cuando los países cuentan con escasos recursos, la calidad de vida en general se deteriora. La gente en África muere décadas antes de lo que deberían debido a que no pueden acceder a combustibles limpios para cocinar. El humo en sus viviendas producto de los fogones es tan tóxico como varios paquetes de cigarros al día.

No es una fantasía. Ahora pensemos sobre cómo el TLC interactuará con el ambiente. Por un lado, aunque sea imperfecto, ayudará a mercadear la agricultura costarricense. Esto genera mayores ganancias para los productores, lo que les permitirá invertir en tecnologías más eficientes. Entonces, habrá menores incentivos para cultivar en tierras marginales, que regresarán a la vegetación natural.

Esto no es una fantasía. Lo mismo ocurrió en Estados Unidos. Conforme la agricultura se volvió competitiva y en un negocio de alta tecnología, no tenía sentido continuar cultivando en terrenos donde la productividad era baja. Este no es un dato muy conocido alrededor del mundo, pero Estados Unidos cuenta actualmente con más bosques que hace cien años. Y en este país, al igual que en Costa Rica, los bosques (y especialmente los límites entre la selva y las fincas) son muy ricos en diversidad biológica.

Lo mismo puede suceder en Costa Rica. Al dirigir las ganancias de un mayor comercio producto del TLC a un nivel más avanzado de tecnología agrícola, los terrenos marginales serán reintegrados a su estado natural, incrementando la diversidad y el ecoturismo.

Además, ya existe un incentivo adicional para que este fenómeno tome fuerza. El estímulo generado por el ecoturismo ha causado que en los últimos 10 años las zonas forestales privadas pasaran de 10.000 a 500.000 hectáreas, lo que representa un 10% del territorio costarricense. Es solo cuestión de tiempo -y del TLC- para que más tierras vuelvan a su estado natural según la agricultura demande menos terrenos y el ecoturismo pida más.

¿Cómo se puede perder en este escenario? Por el contrario, si no se aprueba el TLC, Costa Rica continuará con una agricultura de baja tecnología que exigirá más tierras, que serán cada vez menos productivas. Es un círculo vicioso que sólo podrá ser roto al generarse más riqueza a través del libre comercio.

Lección de la rana dorada. Esta es la lección de la rana dorada de Monteverde. Cuando desapareció, la gente culpó al cambio climático y al calentamiento global por elevar la base del bosque nuboso. Pero esto no tenía sentido, ya que los cambios observados en la temperatura conforme uno ascendía en la montaña no estaban lo suficientemente distribuidos como para estar relacionados al calentamiento planetario.

Luego se descubrió que la verdadera razón de los cambios en el bosque nuboso fue la expansión de la agricultura y la deforestación de tierras cercanas. Esto trastornó los flujos de viento, lo cual ultimadamente alteró capa nubosa. La expansión se dio en terrenos marginales. Con el TLC, es muy probable que lo opuesto ocurra, conforme la agricultura se hace más intensiva debido a las presiones competitivas internacionales. Todos ganamos. Los estadounidenses vienen como ecoturistas, y el medio ambiente costarricense se diversifica.

También está la preocupación de que la legislación ambiental se vuelva más flexible con el TLC. Nuevamente, esto no tiene fundamento alguno, como podemos comprobar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Conforme el norte de México se benefició económicamente con el acuerdo comercial, la gente, las ciudades y los estados se hicieron lo suficientemente ricos como para sufragar (y demandar) aire y agua cada vez más limpios.

No es un secreto que un número de candidatos para las elecciones del próximo año favorecen soluciones de libre mercado como el TLC. Pero lo que es menos conocido es que un aumento en la riqueza genera una mayor protección ambiental conforme la sociedad adquiere más recursos para proteger sus bellezas naturales. Si estamos preocupados por el futuro de las riquezas naturales de Costa Rica, escucharíamos a aquellos que entien- den por qué el libre comercio es su mejor amigo.

Por Patrick J. Michaels Juan Carlos Hidalgo
Tomado de la Nación

domingo, 17 de junio de 2007

El TLC: Una oportunidad para avanzar


Reflexiones iniciales:En el mes de octubre los costarricenses decidiremos sobre el Tratado de Libre Comercio firmado con Centroamérica, la República Dominicana y los Estados Unidos de América (en adelante, TLC o DR-CAFTA). Es una decisión que va a modificar el rumbo de la economía costarricense durante los próximos años y, principalmente, los espacios de oportunidad para la población joven del país. Como tal, la decisión no es trivial.

El propósito de estas notas es compartir mis reflexiones sobre los efectos que puede tener la aprobación o el rechazo del TLC, desde la óptica de algunas de las variables de interés del Banco Central. Lo haré, partiendo de cinco premisas:

La situación del país, después de adoptada la decisión en el referéndum, no será la misma que antes de adoptar esa decisión. En este sentido, con la votación llegamos a un punto donde escogemos un camino a seguir y, dentro de las rutas posibles, no está el mantener la situación que tenemos en este momento.

No es posible considerar que los otros actores participantes en el TLC, sean estos los gobiernos de los países firmantes o sus grupos de presión, permanezcan indiferentes ante la decisión que adoptemos. Tampoco lo harán los agentes económicos que participan en el proceso de desarrollo del país, sean locales o externos.

Por más virtudes que creamos tiene el país, éstas no son suficientes para lograr un tratamiento especial en el comercio internacional en los próximos años, más allá del que reciban otros países de la región o de desarrollo relativo similar.

El TLC no será la solución de todos los problemas del país, ni la causa de todos sus males. Es un instrumento que, bien utilizado y complementado con otras acciones, puede coadyuvar al proceso de desarrollo y facilitar la generación de más y mejores oportunidades de trabajo para la población joven de Costa Rica.

La decisión que vamos a adoptar es sobre el documento que tenemos. El TLC ya fue aprobado por los congresos de seis de los siete países firmantes y se encuentra vigente en ellos. No es lógico pensar que pueda abrirse una nueva negociación. Cualquier modificación al Tratado, al igual que lo hemos hecho con otros acuerdos semejantes, debe plantearse una vez ratificado el texto y siendo el país uno de sus miembros. Las reformas, en esta etapa, deben hacerse desde adentro y utilizando los mecanismos que el mismo Tratado prevé.

Algunos elementos básicos: La literatura económica es abundante en señalar la importancia del comercio internacional para el desarrollo. Esto es aún más relevante en economías pequeñas. El nivel de bienestar en un país de cuatro millones y medio de habitantes sólo puede aumentar de manera sostenida si hay una integración adecuada con la economía mundial. En Costa Rica así lo hemos entendido desde los inicios de nuestra vida republicana y por ello hemos mantenido siempre una activa presencia en los mercados mundiales.

Esta situación se ha consolidado durante las últimas décadas, como resultado de la decisión estratégica adoptada después de la crisis financiera acaecida durante la administración Carazo Odio (1978-1982) y de las ventajas de acceso al mercado de los Estados Unidos brindadas en forma unilateral por el gobierno de ese país. En el año 2006 las exportaciones de bienes de Costa Rica alcanzaron 8.207 millones de dólares, de los cuales más de la mitad fueron a los países firmantes del DR-CAFTA. Las exportaciones de bienes y servicios sumaron el año pasado 5.631 miles de millones de colones, equivalentes al 49,7% de nuestro producto interno bruto. En otras palabras, somos hoy un país con una mayor integración a la economía mundial y, por lo tanto, más dependiente de lo que suceda en el resto del mundo.

Costa Rica ha mostrado un crecimiento productivo interesante durante los últimos cuatro años, debido en buena parte al comportamiento de las exportaciones de bienes y servicios. La tasa de crecimiento promedio anual del producto interno bruto a precios constantes en el cuatrienio 2003-2006, fue 6,1% y la de las exportaciones de bienes y servicios a precios constantes alcanzó 11,3%. En otras palabras, el crecimiento productivo fue “jalado” principalmente por el sector exportador, lo que nos permitió sortear adecuadamente el impacto desfavorable de los mayores precios del petróleo y de otras materias primas y evitar un proceso de ajuste más severo con el fin de mantener la estabilidad financiera.

Es claro que este comportamiento se dio sin estar vigente el TLC, aunque podría haberse visto favorecido por expectativas positivas generadas por la suscripción del Tratado y el compromiso del nuevo gobierno de lograr su aprobación. Pero es también claro que es difícil suponer que esa será la misma situación en el futuro de llegar a rechazarse el TLC, pues las expectativas serían diferentes y las posibilidades de acceso al mercado de los Estados Unidos podrían ser menores.

Costa Rica también ha seguido una estrategia de apertura al capital extranjero, tanto en las corrientes de capital financiero como en la inversión extranjera directa. Este capital está relacionado con las oportunidades del país en la economía mundial, en campos como el turismo, la manufactura, la agricultura o los servicios. En el 2006, la inversión extranjera directa alcanzó 1.436 millones de dólares, de los cuales la mitad provino de fuentes estadounidenses.

En otras palabras, tenemos lazos estrechos de comercio y de inversión con los países firmantes del TLC, que contribuyen de manera significativa a generar producción y empleos de calidad, así como divisas por la vía de las ventas externas y la inversión extranjera directa, las cuales nos permiten mantener y financiar niveles de importación altos y, gracias a ellos, posibilidades de consumo apropiadas. Además, tenemos ya una estructura productiva orientada al mercado externo, que requiere de una permanencia y un fortalecimiento en las corrientes de comercio internacional para seguir manteniendo posibilidades de crecimiento adecuadas.

Las potencialidades de crecimiento:

Uno de los puntos importantes del TLC se relaciona con la relativa certeza de acceso de la producción costarricense al mercado de los Estados Unidos. La situación que disponemos en estos momentos, mediante la concesión unilateral dada por los Estados Unidos en el marco de la iniciativa de la Cuenca del Caribe, no necesariamente se mantendrá una vez expirado el tiempo para la ratificación y la adhesión del país al TLC. El tema no es si los Estados Unidos van o no a tomar represalias en contra de Costa Rica caso de no ratificarse el Tratado. Pareciera difícil que lo hagan en el corto plazo. El tema es que no hay incentivos de largo plazo para mantener esas concesiones unilaterales, cuando los otros países de Centroamérica y la República Dominicana, al igual que Panamá y algunas naciones suramericanas, están firmando tratados comerciales.

De hecho, no sería de extrañar que sean los propios países firmantes del TLC los que presionaran para que los Estados Unidos elimine las ventajas comerciales que recibe Costa Rica gracias a la Cuenca del Caribe. Al fin de cuentas, todos están interesados en aumentar las posibilidades de generación de empleo para sus ciudadanos y en atraer inversión extran- jera y la competencia costarricense es importante. Por ello es difícil pensar que, en un mundo caracterizado por la existencia de tratados bilaterales o multilaterales de libre comercio, se mantengan concesiones unilaterales a países que, pudiendo haber aprobado un acuerdo bilateral, rehusaran hacerlo. Resulta complicado imaginarse, ante un rechazo al TLC, que la situación de mediano plazo para la economía costarricense sea una extensión de la situación actual. Es probable, más bien, que algunos de los productos de exportación se vean limitados en cuanto al acceso preferencial que disponen en estos momentos.

Ese elemento, por sí solo, genera incertidumbre y aumenta el riesgo de invertir en Costa Rica. Como consecuencia, es de esperar que los inversionistas exijan una tasa de rentabilidad más alta para poner sus recursos en el país, respecto a la requerida en el caso de aprobarse el TLC. Ello puede reflejarse en una reducción de los niveles de inversión en Costa Rica y, como consecuencia, en un menor dinamismo para la producción y la generación de empleo. Por el contrario, una reafirmación del acceso al mercado más grande del mundo, gracias a la aprobación del TLC, fortalecería la capacidad de atracción de inversión extranjera, no solo proveniente de los propios Estados Unidos, sino de Europa y Asia como puente para ingresar al mercado estadounidense.

Hay algunos estudios efectuados sobre la capacidad y el potencial de crecimiento de la economía costarricense en una situación con TLC y otra sin TLC. Kose, Recucci y Schipke, en su trabajo “Las consecuencias macroeconómicas del CAFTA-RD”, publicado como capítulo 2 del documento ocasional #243 del Fondo Monetario Internacional , citan algunos de ellos y concluyen que “el PIB de la región podría crecer en un 1,5% a raíz del acuerdo”. Los autores reconocen que el efecto total del acuerdo sobre el crecimiento económico podría ser mucho mayor, “debido a los efectos dinámicos relacionados con la acumulación de capital, los cambios en los patrones de especialización, el crecimiento del comercio relacionado con los servicios y los mayores efectos de propagación de la productividad”.

Por otra parte, Marco V. Sánchez en su trabajo “Liberalización comercial en el marco del DR-CAFTA: efectos en el crecimiento, la pobreza y la desigualdad en Costa Rica”, publicado por la CEPAL en marzo de este año, concluye que la “liberalización comercial del DR-CAFTA podría aportarle al país un crecimiento adicional del PIB en torno a 2% por año con respecto a una situación sin tratado”. Y añade, refiriéndose al empleo: “El ajuste del mercado laboral sería favorable, en términos generales, y privilegiaría el empleo del sector formal… Así, los cambios en el mercado de trabajo, aunados a una caída de los precios de consumo, podrían conducir a una reducción de la incidencia de la pobreza total y extrema de 3% y 1,7% por año, respectivamente”.

Estos estudios sugieren, pues, que el país no sería indiferente entre una situación con TLC y una sin TLC. El TLC permitiría alcanzar mayores niveles de producción y de empleo. Aunque diferencias de crecimiento de uno o dos puntos porcentuales parecieran poco importantes, generan situaciones francamente desiguales cuando se acumulan a lo largo de los años. Por ejemplo, con una tasa de crecimiento del PIB del 4% anual y un crecimiento poblacional del 2%, le tomaría a la economía costarricense 36 años para duplicar su producto por habitante. Ese tiempo se reduciría a 21 años si el crecimiento anual del PIB fuera 1,5 puntos porcentuales más elevado, tal como lo sugieren los estudios mencionados.

Las cuentas externas: En términos del bienestar económico, lo interesante es disponer, a lo largo del tiempo, de una mayor cantidad de bienes y servicios para satisfacer las necesidades. Desde esta perspectiva, las exportaciones son importantes en el tanto generan ingresos de divisas, las cuales se utilizan para adquirir bienes importados. Costa Rica ha podido, en los últimos años, financiar un nivel creciente de importaciones, gracias tanto a los esfuerzos efectuados en el área exportadora como a los ingresos provenientes de la atracción de inversión extranjera directa. Ello nos ha permitido importar sin necesidad de acumular deuda pública externa o sin gastar las reservas monetarias internacionales. En este sentido, el país es ahora menos vulnerable pues tenemos una mejor posición de reservas y un menor nivel relativo de endeudamiento público externo.

La posibilidad de continuar con esas condiciones, sin enfrentarnos a procesos de ajuste, depende de mantener y fortalecer las fuentes de ingresos de divisas ya mencionadas. Claramente, el rechazo al TLC podría generar problemas de acceso al principal mercado de nuestras exportaciones, si se presentaran acciones restrictivas por parte de los países firmantes del Tratado. Pero aun sin acciones de esa naturaleza, el país se vería afectado, pues hay una situación clara de pérdida de ventaja relativa en el acceso al mercado de los Estados Unidos en algunas áreas específicas, como los textiles, al contemplar el tratado condiciones más favorables para la producción de los países miembros.

Por otra parte, la tendencia de la política comercial de los Estados Unidos es hacia la suscripción de tratados bilaterales o multilaterales de comercio, con lo cual más países entrarán al mercado estadounidense bajo regulaciones más favorables. Así, el país pierde aunque no varíen las condiciones de la iniciativa de la Cuenca del Caribe y, desde luego, perdería más si se presentaran acciones adicionales como reacción a la no aprobación del TLC.

El resultado sería una limitación a la capacidad de nuestro sector exportador por generar divisas y de nuestro esquema productivo por atraer inversiones. Ello se reflejaría en dificultades para financiar las importaciones y mantener los niveles de consumo y de inversión alcanzados y, posiblemente, en la necesidad de adoptar medidas de ajuste para evitar desequilibrios externos mayores, con el consecuente efecto en los niveles de bienestar.

El creer que, ante un eventual problema de acceso al mercado de los Estados Unidos, estas consecuencias pudieran evitarse dirigiendo la producción exportable a otros mercados, es desconocer la naturaleza de los procesos relacionados con el comercio internacional. La apertura de nuevos mercados y la identificación de canales de comercialización requiere tiempo y genera costos. Esto afectaría en mayor grado a productores medianos y pequeños, pues su capacidad de enfrentar contratiempos, financiar la transición y abrir nuevas oportunidades, es limitada.

Inversión y riesgo país: En una economía abierta a las corrientes de inversión extranjera y a los movimientos de capitales, como ha sido el caso de Costa Rica durante los últimos años, la valoración del riesgo país es un elemento importante para determinar la intensidad y la dirección de los movimientos de capital. En este tema, de nuevo, surge una diferencia en cuanto a la aprobación o al rechazo del TLC.

El riesgo país depende de muchos factores, entre ellos, la posición fiscal, el nivel de deuda y la situación del sector financiero. También de aspectos de naturaleza cualitativa, como la capacidad del país de tomar decisiones importantes con el fin de dar impulso a su economía. En un análisis reciente sobre la economía de Costa Rica, efectuado por la firma calificadora de riesgo Moody´s, se indica que la falta de aprobación del Tratado podría interpretarse como una manifestación negativa en cuanto a la voluntad del país por liberalizar monopolios estatales y aceptar otras acciones para modernizar los sectores productivos. Si se rechazara el DR-CAFTA, señala Moody´s, sería la primera vez en la historia en la cual un país no ratifique un tratado comercial con los Estados Unidos. Esto, según la calificadora de riesgo, se valorará negativamente a nivel internacional.

En otro análisis reciente efectuado por Citigroup se presentan perspectivas positivas para nuestra economía, pero indicando algunos riesgos que no deben olvidarse. Un rechazo del DR-CAFTA, menciona Jorge Pastrana, analista de Citigroup, puede reflejarse en una caída pronunciada de la inversión extranjera directa. En el mismo documento, Pastrana señala que la aprobación del Tratado fortalecería la posición del colón.

La misión del Fondo Monetario Internacional que visitó Costa Rica el año pasado señaló en su informe el reto que enfrentamos para mantener la economía en una senda de alto crecimiento, conjuntamente con una mejora en la capacidad para enfrentar choques adversos y cubrir las necesidades sociales. Para lograr estos propósitos, la misión señaló, como prioridades, una reforma fiscal amplia, la recapitalización del Banco Central, la flexibilización del esquema cambiario, el fortalecimiento de la regulación y supervisión financiera y la aprobación del DR-CAFTA, la cual le permitiría al país integrarse aún más a la economía mundial y fortalecer las posibilidades de inversión y de crecimiento.

En su último análisis sobre la economía de Costa Rica, la firma calificadora de riesgo Standard and Poor´s apunta un fortalecimiento potencial de la calidad crediticia del país con la aprobación del DR-CAFTA, debido al impacto favorable sobre el crecimiento de largo plazo, mientras un rechazo del Tratado restringiría las perspectivas de mejoramiento de las finanzas públicas y de alcanzar una mayor flexibilidad en el manejo de la política monetaria. Una mejora en la calificación de riesgo-país facilitaría la inversión extranjera directa y contribuiría a una reducción en las tasas de interés en la economía interna.

El balance de riesgos: Los aspectos mencionados en los párrafos anteriores sugieren que el balance de riesgos para la economía costarricense se deterioraría ante un eventual rechazo del TLC. Aunque los analistas citados no plantean una situación crítica en el corto plazo de darse ese rechazo, sí señalan claramente que una decisión de esa naturaleza afectaría a la economía costarricense y le reduciría sus posibilidades de crecimiento de mediano y largo plazo. Esto impediría que el país genere más y mejores oportunidades de empleo y forzaría a la búsqueda de nuevas oportunidades de inversión.

La eventual negativa a ratificar el TLC debe entenderse como un proceso por el que el país escoge no mantener su estrategia de integración a la economía internacional, al menos en la forma como se ha venido haciendo en los últimos años. Es poco probable que, de darse un rechazo, Costa Rica vuelva a tener en el corto plazo la oportunidad de suscribir un acuerdo comercial con los Estados Unidos. Por una parte, porque el balance político en el Congreso y el Senado de ese país ha variado y la conformación actual es menos favorable a la firma de este tipo de acuerdos. Por otra, porque hay una lista de países que ya están en el proceso de negociación o cuyos tratados se encuentran pendientes de aprobación legislativa, los cuales demandarán la atención de las autoridades norteamericanas.

Pero, además, en el caso hipotético de una nueva negociación, no hay garantía de que podamos lograr condiciones más favorables a las alcanzadas en el Tratado ya suscrito. No puede ignorarse que las negociaciones comerciales son un proceso en el que participan dos bandos, cada uno de los cuales responde a sus intereses y a presiones de sus sectores productivos. Así como en el país hay grupos disconformes con lo firmado, en los Estados Unidos también hay sectores, con mucha influencia política, que han manifestado oposición abierta a los acuerdos. No fue por casualidad que la aprobación del DR-CAFTA se diera en el Congreso de los Estados Unidos por una diferencia mínima. La mayoría de los opositores al Tratado en el Congreso y el Senado de los Estados Unidos no votaron en contra porque la legislación perjudicaba los intereses costarricenses, sino porque afectaba los de grupos estadounidenses.

El rechazo del TLC envía también una señal negativa en el proceso de negociación de un acuerdo de asociación con la Unión Europea. Por una parte, porque no queda clara la voluntad de negociación y apertura del país. Por otra, porque muchos de los temas sensibles incluidos en el TLC, como la apertura de los seguros o las telecomunicaciones, son también áreas de interés para los europeos. Me resulta realmente difícil pensar en concluir satisfactoriamente una negociación multi-lateral con la Unión Europea, sin antes haber aprobado el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

Una reflexión final: Como indiqué, el TLC no será la solución de todos los problemas del país ni la causa de todos sus males. Es una excelente oportunidad que se nos abre para consolidar, con visión de largo plazo, la estrategia de penetración del mercado mundial que hemos seguido. Un aprovechamiento adecuado requiere acciones en otros campos, tanto para potenciar las oportunidades como para reducir las vulnerabilidades derivadas de la aplicación del Tratado. Sin embargo, no es válido afirmar que el TLC no debe aprobarse hasta tanto el país cuente con una agenda complementaria, porque los tiempos son diferentes. Si se rechazara el TLC, se perdería la oportunidad de construir dicha agenda, porque la base de oportunidades sobre la que se apoyaría no estaría disponible.

La decisión que tomemos en el próximo referéndum definirá, en mucho, el rumbo futuro del país. Como tal, debemos adoptarla considerando los aspectos globales sobre la evolución futura de las oportunidades y no los aspectos específicos y particulares del Tratado. En otras palabras, lo que estamos decidiendo no es precisamente si nos gustan todos y cada uno de los temas incluidos en el TLC; es si las posibilidades para los costarricenses serían mejores con el Tratado o sin él. En mi caso, prefiero ver a una Costa Rica con el TLC aprobado, discutiendo y avanzando en la construcción de los andamiajes para aprovechar las nuevas oportunidades y edificando las barreras y apoyos para enfrentar las vulnerabilidades. Así crearíamos nuevas esperanzas para nuestras generaciones jóvenes.

Por Francisco de Paula Gutiérrez
Tomado de la Nación

sábado, 16 de junio de 2007

¿Qué dice la evidencia?


Chile demuestra que no es cierto que un modelo basado en la inserción comercial genere pobreza.

Una noticia proveniente de Chile resulta de particular interés para los costarricenses, precisamente cuando nos aprestamos a tomar una decisión sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana.

Se ha dicho que Chile es paradigma de crecimiento económico como resultado de su exitosa inserción en el comercio internacional. Este país sudamericano fue uno de los primeros del continente en suscribir un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, y desarrolla una agresiva política exterior que tiene como objetivo el establecimiento de acuerdos similares con la mayor cantidad posible de países. Sin embargo, algunos han querido –intencionalmente en esta coyuntura de la vida nacional-, disminuir los evidentes logros del modelo chileno citando un nivel de pobreza y desigualdad persistentes que sin duda comprueba, dicen quienes sostienen el argumento, el fracaso del esquema.

Pero resulta que de acuerdo a la denominada “Encuesta de Caracterización Económica Nacional” llevada a cabo recientemente en ese país y cuyos resultados han sido dados a conocer por la presidenta de ese país, la socialista Michelle Bachelet, la pobreza en Chile ha disminuido de un 38% al final de la dictadura, a un 13,7% en la actualidad (7% menos que el nivel de pobreza en Costa Rica, estancado en los últimos 25 años), incluyendo una reducción de 5 puntos en los últimos tres años. La indigencia se redujo del 4,7% al 3,2%. Del 2003 al presente año la población chilena creció en 500,000 y el número absoluto de pobres decreció en 696,000 personas; adicionalmente, el número de indigentes disminuyó en 210,000 personas y el nivel de pobreza rural (12,3%) fue menor al de pobreza urbana (14%), lo que no sucedía desde 1990. Por último, pero evidentemente no menos importante, en el 2003 el 20% más rico de la población recibía un ingreso equivalente a 14,4 veces lo que recibía el 20% más pobre, relación que disminuyó a 13,1 veces en esta última encuesta.

Los resultados están a la vista. No es cierto que un modelo basado en la inserción comercial genere pobreza. No es cierto que los tratados de libre comercio resulten en sociedades desiguales. Las circunstancias particulares de cada país juegan un papel determinante en el aprovechamiento de las oportunidades que brinda el libre comercio. Mediante políticas públicas pertinentes, los beneficios del libre comercio pueden llegar a todos los sectores. Costa Rica tiene las condiciones necesarias para una exitosa inserción comercial internacional. No hacerlo significa negarnos la oportunidad del desarrollo.

Por Roberto Gallardo

miércoles, 13 de junio de 2007

¿Estado de derecho?


La gente del no es incapaz de sacar nota positiva en el examen de la coherencia. Mañana saldrán a marchar para "exigirle a los magistrados de la Sala Constitucional que ratifiquen la inconstitucionalidad del TLC". Los alegres bochincheros caen, pareciera que sin darse cuenta, en un doble error: por un lado, tal y como lo define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, ratificar significa revalidar lo ya aprobado y, hasta donde sepamos, aún no se ha declarado inconstitucional el TLC, pues los abogados de la Rectoría de la UCR no son, por más que lo deseen, magistrados de la Sala IV.

Por el otro lado, los del grupo del no salen a marchar, dicen ellos, en "defensa del Estado de Derecho". Pero ¡sorpresa! No se dan cuenta que quienes más irrespetan el Estado de Derecho son precisamente ellos, con sus marchas, bloqueos y amenazas, así como con las pretensiones de representación superior del pueblo, arrogándose la soberanía, como lo hicieron en el Melico Salazar.

Son ellos los que engañan, los que manipulan, los que mienten. Son ellos los que le van a decir a la gente que con el TLC, EEUU será dueño hasta de nuestras abuelitas, que no sólo se robarán el agua sino también nuestros dientes (porque el ratón de los dientes no es otro que Mickey Mouse, símbolo del capitalismo. Son ellos los que afirman que se cambiará el idioma de español a inglés y que todos los que apoyan el TLC han hecho un pacto con Lucifer para conquistar el mundo. Son ellos los que gritan a los cuatro vientos que hasta la virginidad le será arrebatada a los costarricenses y que ese bicho tico tan especial no podrá desarrollarse a su manera.

Son ellos, amigos y amigas, los que pisotean la figura del Estado de derecho, que si bien no existe totalmente desarrollada en Costa Rica, mucho menos existiría si del grupo del no dependiera. Y ello porque la ley les estorba, ya que no pueden obligarnos, con látigo y biblia en mano, a ser felices. Si permanece el malvado imperio de la ley que, por supuesto, no es más que un invento de los "gringos" para evitar que un justo y valeroso grupo de patriotas cumpla con su divino cometido, entonces estaremos condenados al fuego eterno y a la perdición.

Ellos dicen salir a defender el Estado de Derecho, pero lo que quieren es destruirlo para crear precisamente el infierno en la tierra. No se extrañe que si logran traerse abajo el TLC, luego quieran hacer lo mismo con la Constitución y con los tratados de derechos humanos. Y ahí sí que cuidarán la coherencia de sus palabras con los actos.

En vela


Confieso que se me ha hecho un enredo mental y práctico inexpresable, peor que el de nuestra incertidumbre en los partidos jugados en la Copa de Oro. El Gobierno de Costa Rica, tras anunciar el establecimiento de relaciones diplomáticas con China, la grandota, la descomunal, está proponiendo un TLC con ella, a sabiendas de que tiene al frente el TLC con EE. UU., Centroamérica y República Dominicana, y que anda en negociaciones con la Unión Europea en igual sentido.

Es demasiada carga, como nunca en nuestra historia, para un país tan bonito, pero tan chiquitico. (Pero ¿no fue Atenas pequeñita?). La mayoría del pueblo de Costa Rica, como lo atestiguan las encuestas, está dispuesto a aceptar el desafío del TLC con EE. UU., nuestro primer comprador mundial, a pecho descubierto, mas un sector se opone visceralmente a compartir mesa con los gringos. Y aquí viene el enredo.

Cuando Costa Rica firmó y ratificó el TLC con México, Chile, Canadá y el Caribe, nadie se opuso. Todo fue cantar y bailar. Y, dentro de poco, firmaremos con Panamá entre abrazos y brindis. ¿Por qué, entonces, tanto grito y encono contra EE. UU? Enigmas metafísicos. La cosa se complica ahora con China, el otro imperio, no ya naciente, sino cercano al cenit. En aras de la coherencia antiimperial, se tendrán que esgrimir los mismos argumentos que contra el TLC con EE. UU.

El Consejo Universitario de la UCR tendrá que contratar a otros sabios en roces constitucionales que piensen exactamente igual contra el TLC chino. Eugenio Trejos deberá duplicar su estrategia contra China y EE. UU. Y, como este país se robará el agua con el TLC, según han dicho, la que se va armar cuando China quiera también un poco de agua de nuestros virginales ríos. Más aún, según los sabios, Costa Rica perderá su mar patrimonial con la isla del Coco. ¿No nos arriesgamos a una guerra despiadada en nuestros mares, entre chinos y gringos, por nuestros inmensos mares, en la que hasta los barcos pescadores taiwaneses van a desaparecer?

Un líder anti-TLC se mofaba de que nuestros campesinos tendrán que hablar inglés. Ahora, al inglés se agregan el mandarín, y el cantonés, en vez del gallo pinto. Y ¿las fábricas de armas en Costa Rica al conjuro del TLC? China querrá otro tanto y esto será Troya. “Chernóbil a la vista”, como se carteaban, aterrados, un sociólogo y un expresidente de la República.

Ahora, solo falta que nuestro Presidente se enamore de una china, lo que disuadirá a EE. UU., despechado, a suscribir el TLC con Costa Rica, para beneficio de sus adversarios y de la democracia callejera, y regocijo de Chávez yGranma . Nadie sabe para quién trabaja.

Julio Rodríguez, tomado del periódico La Nación

Sí al TLC, sí a más empleos


Es un hecho que mucha gente, quizás la mayoría de los habitantes de este país, no ha leído el texto del tratado de libre comercio con Estados Unidos (el TLC) y que no lo va a leer antes de ir a dar su voto a favor del sí o del no (voto, por Costa Rica, ojalá sea mayoritariamente por el “sí”) en el referéndum. La “democracia directa” se enfrenta, inevitablemente, a situaciones como esta. Uno esperaría que en una “democracia representativa”, donde 57 diputados actúan por todos sus representados, una proporción mayor lo estudie. A esta altura del juego, el referéndum lo moverá más el sentimiento que la racionalidad y, quizás, la eficacia con que uno y otro bando atraiga gente a su causa y logre motivarla a votar.

La decisión sentimental sobre la conveniencia, o no, de aprobar el TLC puede sustentarse hasta en lo más inesperado, e ilógico, como ilustro a continuación: en Guatemala, por ejemplo, tuve la oportunidad de ver por televisión a un campesino que efusivamente se oponía al PVC. “¿Al PVC?”, le preguntó un periodista. “Sí, al PVC con los gringos”, fue su respuesta. En Costa Rica unos empleados de un importante hospital decían oponerse al TLC porque, según les “explicaron”, obligaba a eliminar el aguinaldo. Otros creen que el tratado implica cerrar al INS y que eso es inconstitucional. Por el lado de los del “sí”, hay quienes creen que con la entrada en vigencia TLC ganarán en dólares, que podrán comprar un Ford Mustang de colección, de 1965, y que vivirán como los californianos o bostonianos sin tener, siquiera, que hablar inglés. Ni lo uno ni lo otro. Todavía es verdad que el pan de cada día ha de ganarse con el sudor de la frente.

Un esquema. El tratado de libre comercio es solo eso: un esquema para poder comerciar, sin obstáculos de diseño legal, con Estados Unidos, por mucho el más importante mercado del mundo y ciertamente el más importante y grande para Costa Rica. Muchísimo más grande que el venezolano, cubano o boliviano. Mucho más grande que estos tres juntos. Hoy Costa Rica disfruta de un privilegio comercial concedido unilateralmente por EE. UU. denominado Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC), que permite a una gran cantidad de productos ticos entrar a ese mercado sin pagar los impuestos a la importación (aranceles) que otros países pagan. Eso ha servido de enorme estímulo para la producción (y, por tanto, inversión y empleo) de nuestro país. Pero, conforme a una cláusula constitutiva, los beneficios de la ICC terminan cuando el presidente de Estados Unidos lo quiera, y dudo que los mantenga, cual si fuera premio, para un país que decide no aceptar un tratado sustitutivo que los demás países del área aceptaron.

El TLC convertiría a la ICC en un esquema multilateral, en el que las diferentes partes son igualmente fuertes, lo que nos da más seguridad económica. Además, fue concebido con una “asimetría” en el sentido de que EE. UU. bajaría sus aranceles de inmediato, pero da a Costa Rica un plazo prudencial para bajar las suyos, para permitir que algunas industrias y sectores, definidas por nosotros, se adapten al cambio. Cuando los aranceles de lo que viene de EE. UU. bajen, los consumidores ticos (más de 4 millones) tendremos acceso a productos a menor precio, y esto beneficia a ricos, a pobres y a todos los intermedios. Claro, habrá que aprender a competir en algunos sectores, para exportar más y mejores productos y servicios, pero la recompensa será grande para los que lo hagan.

El TLC contribuirá a atraer más inversión a futuro de lo que sería de esperar en su ausencia y a un aumento en el empleo. Gente joven, con buena preparación universitaria (como la que gradúa el Instituto Tecnológico de Costa Rica, cuyo rector se autodenominóDr. No ) encontrará en el país más empleos y mejor remunerados.

No hay más. El TLC es difícilmente renegociable, no solo porque EE. UU. ante una hipotética renegociación lo que tendrá en mente es el interés de su mano de obra, que tiene pavor a la competencia de países como Costa Rica, sino porque el entorno político en ese país implica que cualquier renegociación tomaría años para materializar. Hoy las opciones respecto al TLC son dos: lo toma (sí) o lo deja (no). La “renegociación” no es opción.

Creo que el TLC, con una agenda complementaria de apoyo a los sectores más débiles y sensibles, de eliminación de distorsiones en la economía interna (papeleo, deficiente infraestructura, etc.) y de preparación para el cambio (mejora en la educación, capacitación) es, por mucho, lo que más sirve al país. Un “sí” es reversible pues, como ha señalado el presidente Arias, si en 3 ó 4 años vemos que nos va mal, fácilmente nos salimos del TLC por nuestra voluntad. Pero, si optamos por el “no”, no hay forma de rectificar luego, aunque lo queramos.

Thelmo Vargas, tomado del periódico La Nación

martes, 12 de junio de 2007

Inaceptable


Me parecen totalmente improcedentes e inaceptables las protestas que están anunciando los sindicatos ante la Sala Constitucional para que ésta declare inconstitucional el TLC con Estados Unidos. Creo que la Sala IV debe estar ajena a presiones de cualquier tipo a la hora de analizar las consultas de constitucionalidad que han presentado la Defensoría de los Habitantes, así como 19 diputados opositores al tratado.

Los sindicatos no son tontos. Saben muy bien que si la Sala IV no encuentra vicios de inconstitucionalidad, el TLC recibirá un espaldarazo en el apoyo popular que probablemente se traduzca en una cómoda victoria en el referéndum del 7 de octubre. Al anunciar estas protestas, los sindicatos dejan muy en claro que a ellos no les interesa que sea el pueblo el que decida la suerte del TLC. Si eso significa presionar a la Sala IV para que lo declare inconstitucional, que así sea.

Afortunadamente vivimos en un país con un Estado de Derecho relativamente consolidado donde estas presiones callejeras no logran afectar las decisiones del Poder Judicial. Ya la Sala IV ha demostrado estar inmune a estas presiones cuando procedió a traerse abajo muchos de los odiosos privilegios que disfrutaban los sindicatos públicos en las convenciones colectivas.

El 11 de julio sabremos si el TLC es constitucional o no. Estas medidas anunciadas por algunos opositores parecen demostrar cierta desesperación ante la realidad de que la mayoría de los costarricenses parecen querer este TLC con Estados Unidos.

Por Juan Carlos Hidalgo

TLC y Azucar


Actualmente Costa Rica produce 382 mil toneladas métricas de azúcar, de las cuales el 51% se consume a nivel interno y el 46.8% es para exportación.

Edgar Herrera, director ejecutivo de la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (Laica), explicó que en los últimos dos años el país ha dejado de percibir más de $3 millones anuales que se generarían con el TLC.

El alcohol es otro de los productos que aumentaría su exportación a nivel internacional.

Actualmente se procesan 146 millones de litros de alcohol en las plantas deshidratadoras, pero “de no aprobarse el Cafta están en riesgo solo producto del alcohol a $4.5 millones próximamente, que hoy se encuentran en los dineros que se reparten a todos nuestros socios”, recalcó Herrera.

Otro de los riesgos que debe asumir Laica es que no se renueve la cuota de alcohol que exportan anualmente, contemplada en la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (...)

El sector cañero genera, durante la época de procesamiento, 25 empleos directos y 100 mil indirectos.

Los principales clientes del azúcar tico son Estados Unidos, Canadá, Bahamas, México y Chile.

Laica también ha hecho exportaciones de azúcar crudo a Rusia y Japón.
Tomado del Diario Extra