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lunes, 22 de septiembre de 2014

Tema Polémico: La realidad no entiende de ideologías


Cualquiera que siga este espacio de opinión sabrá bien que no somos seguidores de Ottón Solís. Sin embargo el mínimo de decencia y honestidad intelectual hacen imposible no reconocer la importante labor que ha emprendido como Presidente de la Comisión de Hacendarios.

El Diputado Solís se ha avocado la titánica tarea de recortar el gasto superfluo del presupuesto de la República para el año 2015. Desafortundadamente, ahora que se está en el poder algunos de sus compañeros no ven como superfluo lo que antes lo era. Además, esta valiente postura ya ha ocasionado que ciertos incautos acusen al señor Solís de “enemigo de los trabajadores” o “neoliberal”.

Evidentemente acá no se trata de ser enemigos de nadie o cosa por el estilo, sino simple y llanamente de realismo puro. Esta discusión no se encuentra en el ámbito valorativo, sino descriptico, es decir, no se trata de preguntarnos si queremos más o menos privilegios y gasto en el sector público, sino si podemos seguir bajo el estado de cosas actual. En este sentido, en ASOJOD creemos dos obviedades muy básicas (desgraciadamente vivimos en tiempos en donde es necesario decir lo obvio), a saber: a) todo gasto ordinario debe encontrarse debidamente financiado por ingresos ordinarios, y b) en tiempos de déficit fiscal se debe recortar el presupuesto y no aumentarlo.

Lamentablemente, en nuestro país tenemos el gran pecado de efectuar los debates de los grandes temas de políticas públicas, a través de meras etiquetas y de lo que los norteamericanos llaman “name calling”. Resulta imperioso, evitar estos malos hábitos discursivos y argumentativos, para que así podamos de una vez por todas entrarle en serio a los graves problemas que nos aquejan, de lo contrario más pronto que tarde sufriremos las consecuencias de tanta ideología de cafetín. 

miércoles, 28 de mayo de 2014

Desde la tribuna: entre el hacha y el estatismo

¿Habrá consistencia en las gestiones de los equipos del PAC que asumen la dirección de buena parte del gobierno? Celebro con fanfarria y vítores el anuncio del diputado Ottón Solís de entrarle con hacha al presupuesto del gobierno. No puedo más que alegrarme con tan directo anuncio.

¡Claro que la cosa tiene su particularidad!  Solís 1, el diputado, ha salido a pregonar al mundo entero que está más que contento con la elección de Solís 2, el Presidente. Pero muchos no se tragan el dicho, pues conocen de las luchas internas del PAC y las pasiones de quien ahora es diputado y otrora candidato sembrado en tres elecciones. Ello, no obstante, no es el punto central de estas líneas.

Tampoco el directo anuncio de usar el hacha.  Comúnmente se hablaba de “machetear” el presupuesto, como símil o metáfora que aludía a recortarle todo  lo superfluo, sobrante o innecesario.  Pero … salvo que Solís 1 nos haya engañado, la acción con hacha implica el fondo, lo grueso, el tronco y no eso de andarse por las ramas. ¡Ahora sí que estamos frente a algo interesante!

El PAC ha sido estatista.  Se ha comprometido con lo que algunos llaman la institucionalidad (aunque sea contraria a la constitucional) del país. Un tejido de asistencialismo incoherente e inconsistente, ineficaz y más bien promotor de la pobreza, que ahoga irremediablemente a una sociedad y la engaña con acciones mediocres e inútiles, funcionando como un lastre es, en general, lo que algunos llaman “institucionalidad”. Caldo de cultivo de demagogia y empleomanía, con exceso de gollerías y cargas y que cada vez más estorba la productividad, la generación de riqueza, la llamada “institucionalidad” no solo contraría los enunciados jurídicos básicos de nuestro sistema constitucional sino que promueve situaciones inaceptables:  concentración de poder en el Ejecutivo, alejamiento de los controles legislativos en materia de gasto público, rutas secretas para los buscadores de rentas, irresponsabilidad moral en muchas situaciones, traslado del riesgo al Estado, socialización de pérdidas y privatización de ganancias.

¿Cómo conciliar el hacha de Ottón Solís con el rumbo que lleva el PAC?  ¿Acaso no insistido el mismo Solís 1 en que lo único que perturba el devenir del Estado costarricense es la corrupción y la falta de mística?  ¿Acaso no se contradice con sus propias palabras de sacar el hacha y buscar la austeridad?

Por ello prefiero al PAC y al Solís del hacha, al “hachero” que al estatismo y al eufemismo de plantear que metiendo a algunos corruptos se acaba nuestro serio problema.  Porque enmendar el rumbo requiere hacha, sin lugar a dudas, pero también requiere brújula, cambio de ideas, apertura y serias aclaraciones respecto del torcido rumbo por el cual nos lleva el estatismo.  Ello, sin discusión, requiere consistencia y coherencia. ¿Aparecerá?

Federico Malavassi Calvo

lunes, 19 de diciembre de 2011

Tema polémico: cómo el grinch se quiere robar la navidad


Es víspera de noche buena; los aldeanos se preparan para celebrar las fiestas de navidad. Miles de familias corren para comprar los regalos, preparar las cenas y compartir con sus seres queridos tanta felicidad.

En los hogares, todo es paz y tranquilidad. Nadie quiere perderse la algarabía y por eso, aunque apurados y ataviados, todos guardan la amabilidad.

Ni el frío, ni las presas, ni la ligera garúa merman el espíritu festivo. Todos disfrutan sin notar que alguien trama contra ellos su plan coercitivio.

En una fría cueva ubicada en Zapote, con la ayuda de sus compinches de Cuesta de Moras, el grinch criollo prepara furtivo su garrote. Maquina con sus gendarmes, dos torpes duendes malvados, un terrible plan sacado de libros empolvados. Dicen que su propuesta nos ayudará a salir de problemas, pomposas palabras para disfrazar sus estratagemas.

La verdad es que el grinch quiere robarse la navidad, aumentando los impuestos sin que exista representatividad. No hay discusión y quienes osen a oponerse serán atacados, gracias a la oportuna ayuda de sus comunicadores comprados.

Por eso, en el cónclave, ha nombrado general de sus huestes a un gato, con tan mala suerte que los errores y desaguisados, lo han metido en un zapato. No es el gato con botas, sino un gato con brumas, cuyas malas justificaciones lo han convertido en el centro de las bromas.

Con la ayuda de los mojigatos, el grinch ha logrado orquestar un PACto que le permita dar el garrotazo pufrefacto. El plan ha avanzado presto y veloz, casi sin contratiempos, excepto los que la propia torpeza del que daña enmaraña.

En sus propios mecates se ha enredado el grinch criollo, forzando la marcha de un plan que condena al subdesarrollo. Por eso manda a su ejército que, antes de Navidad, resuelva el embrollo.

¿Por qué antes de Navidad? Porque el grinch quiere aprovechar la emotividad para dar su zarpazo, evitando que los aldeanos sientan el cachiporrazo. Todos extasiados con carnes, frutas y regalos, pólvora y globos, son víctimas fáciles de abominables robos.

El grinch quiere aprovechar el descuido para meter su mano en los bolsillos, esperando encontrar monedas, billetes y chequecillos. Mientras todos están dormidos, quiere irrumpir para sustraer las posesiones de los aldeanos desguarnecidos.

De momento, un grupo de valientes que han denunciado el asalto a mano armada, tiene la propuesta varada. Miles de frenos han presentado, aunque todas sus ideas el grinch ha rechazado, gracias a la mayoría de representantes que quiere ver el robo consumado.

No obstante, el plan de momento ha fallado. Contar con gendarmes que no piensan y solo asienten es riesgoso, pues su torpeza los lleva a un accionar desastroso.

Pese a todos los yerros y desaguisados, los aldeanos deberían estar más atentos y pellizcados. Un grinch y sus duendes les quieren robar lo que tanto esfuerzo y trabajo les ha costado ganar.

Esta Navidad no podrá ser tranquila y pacífica, cuando un grupo de bandoleros merodea con una intención terrorífica. Rogarle al Mesías de El General que salve a los aldeanos no tiene sentido, porque la deidad está con el saqueo comprometido.

Por eso, un poco más de atención y reflexión, no caerían mal entre los aldeanos. Quizá todos juntos puedan conformar un frente espanta villanos.

Si a esos malhechores y sus ideas retorcidas, todos los aldeanos deshechan de por vida, el futuro de la villa podrá ser prometedor. Aunque de momento, es suficiente que después de las fiestas, el panorama deje de ser tan comprometedor.

martes, 18 de octubre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: alto al engaño reincidente


Por más de cuarenta años he escrito con frecuencia acerca de temas de interés económico, político y social, mayormente en columnas en periódicos de circulación nacional. Como parte de un proyecto personal, de nuevo he tenido que volver a leer casi cada una de ellas, lo cual me ha permitido lograr una perspectiva de la evolución durante dicho lapso de una serie de temas económico-políticos. Esto, a su vez, me ha brindado una buena oportunidad para derivar importantes lecciones acerca de una muy amplia serie de cosas que he visto pasar frente a mis ojos.

Como ahora está nuevamente de moda entre políticos de gobierno y, con algún grado de sorpresa, también entre algunos de una presunta oposición, calificar con el grosero mote de demagogo a cualquiera que se atreva a cuestionarles su nuevo paquetazo fiscal, que en estos momentos están urdiendo en la Asamblea Legislativa, debo decir que mi campo profesional es el de la economía, entre cuyos estudios doctorales en la Universidad de Wisconsin me especialicé en el área de las Finanzas Públicas. Tal vez esto me puede brindar algún espacio en la mente de algunos para seguir opinando sobre estos temas, a riesgo de que aún así el abogado Ministro de la Presidencia me critique por demagogo, con lo cual nos daría a entender que él, con ese paso transitorio en un gobierno, sí está ciertamente capacitado en cuanto a conocer bien del área de las Finanzas Públicas. Es frecuente encontrar entre funcionarios gubernamentales esa pretensión de creer que monopolizan el saber en algún área del conocimiento económico, pero simplemente se debe a circunstancias de la vida el que deban hablar de temas acerca de los cuales es muy poco o nada lo que saben.

Por ello, a riesgo de que se me enmarque el hoy honroso título de “demagogo”, me atrevo a reclamar por un alto al engaño al cual se ha ido sometiendo a la ciudadanía través de los años en este tema de los paquetes tributarios. De mi experiencia de esos cuarenta años como observador de las políticas públicas, puedo señalarles que, más o menos, cada tres y medio o cuatro años, el Poder Ejecutivo presenta un paquete de nuevos y mayores impuestos para que sean aprobados por la Asamblea Legislativa, para lo cual aducen que necesitan esos fondos adicionales para acabar con el déficit que se ha presentado en sus finanzas. Esto es, el gobierno de turno arguye que necesita de mayores recursos para poder cerrar la brecha ocasionada por un exceso de gastos sobre los gravámenes que recauda.

Su petición para acabar con el déficit del gasto público termina convirtiéndose en una tragicomedia repetitiva. Comedia, porque llama a la risa la cara compungida con que nos aparecen los Ministros de Hacienda de turno en esos cuatrienios, reclamándonos por más impuestos para acabar con el déficit, aunque sólo se trate de un rictus falso, fingido, pues bien saben que sólo piden esa plata para poder gastarla de nuevo, poco tiempo después de que la tengan en sus manos. Y digo que es una tragedia, porque siempre suelen ser los mismos ciudadanos costarricenses quienes al fin y al cabo seremos los que terminamos pagando esos nuevos impuestos. Con estos mayores gravámenes no sólo lograremos un descenso en los ingresos que llevamos libres a nuestros hogares, producto de nuestro trabajo, esfuerzo y ahorro y que ahora deseamos gastar como mejor sabemos hacerlo, en vez de cómo lo puede hacer el Estado.

Tragedia porque también encararemos la amarga situación de tener que enfrentar un aumento en los precios de los productos ahora sujetos a los impuestos, pues naturalmente los empresarios, quienes dice el gobierno que serán los que tendrán que pagar esos gravámenes, tratarán de trasladarlos hacia los consumidores al ver sus costos incrementados. Pero hasta aquí no llega el mal: si los empresarios ven que sus negocios caen, en el marco de la recesión en que ya, en estos momentos vivimos, tratarán de salvarlos aunque sean empleando menos gente que la que a la fecha tienen trabajando. Un gobierno serio no debe provocar un desempleo mayor en el sector privado de la economía ̶ el de todos nosotros, trabajadores y empleadores productivos del país ̶ tan sólo para mantener los jugosos salarios en los empleos públicos.
Esa tragicomedia debe terminar. Por ello creo que es indispensable que la ciudadanía se dé cuenta plena de cómo es que funciona todo este proceso político de los paquetes tributarios: más o menos cada tres y medio o cuatro años se presentan ante la Asamblea Legislativa con el pretexto de que el Estado tenga recursos para disminuir el déficit vigente al momento. Uno esperaría que el Estado fuera a ahorrar esos nuevos fondos y así disminuir el déficit. Pero con suerte eso dura un par de años, pues luego veremos cómo el tal déficit vuelve a crecer y crecer, haciendo necesario que otra vez el gobierno busque allegarse recursos tributarios con el mismo pretexto de disminuir el renacido déficit, pero ya sabemos que simplemente servirán para gastarlos poco después en nuevos y mayores gastos, que a su vez con el paso del tiempo inflarán de nuevo un déficit inevitable.
Porque de eso se trata todo en el gobierno: de poner nuevos y mayores impuestos para poder gastar más y más. Durante estos cuarenta años, más o menos cada tres años después de que se les han aprobado los nuevos y mayores impuestos, empieza a aparecer reiterativo el déficit en el sector público. En otras palabras, aproximadamente tres años después de que se les aprobara el paquete tributario de turno, vuelve el déficit fiscal, reincidente, obcecado y machacón. Simplemente ya se gastó en exceso lo que había ingresado por los nuevos tributos, lo cual es el inicio del nuevo ciclo: se hace necesario, otra vez más, aprobar un nuevo paquete tributario que llene el nuevo déficit, pero una vez aprobado…
El descaro ha ido evolucionando e incluso observamos como los políticos de turno cada vez enfrentan mayores dificultades técnicas mas no morales, de lenguaje pero no de convicciones, acerca de cómo llamar al último, al del momento, paquete tributario de moda. Como a los anteriores los han propuesto en nombre de la “justicia tributaria”, de la “equidad tributaria”, “para que los ricos paguen como ricos y los pobres como pobres”, “con el fin de lograr el balance presupuestario”, “para hacer una reforma tributaria”, “asegurar la estabilidad de la economía”, “lograr una compensación tributaria”, “hacer una reforma tributaria integral”, “lograr una mejora impositiva”, entre muchos otros intentos por disfrazar el verdadero nombre que merece la expoliación de nuestros ingresos personales, cada vez se les dificulta más cómo justificarlos ante el país. Ahora le tocó el turno llamar al paquetazo “Ley de Solidaridad Tributaria”, como si fuera un ejemplo de solidaridad proponer que el 70 por ciento de la recaudación esperada provenga de un aumento en el impuesto a las ventas y su transformación en un impuesto al valor agregado, que ya sabemos quién será el que termine por pagarlos. Suena a descaro que se atrevan a llamarle de “solidaridad tributaria”.
Creo que tan sólo durante la administración Pacheco no fue aprobado un paquete tributario, como sí se ha hecho durante cada una de las que nos ha gobernado durante los últimos cuarenta años. ¿Dígame Usted si acaso con esos nuevos y mayores impuestos que se le han cobrado en cada nueva administración, se ha eliminado el déficit? Nunca, ¿verdad?
La explicación es muy clara y muy sencilla. Al entrar la plata nueva, se procede a gastarla y que el próximo gobierno que entre vea cómo le hace para llenar de nuevo el hueco que le van a heredar. Huecos que somos los costarricenses quienes cada cuatro años tenemos que lidiar para pagarlos un nuevo paquetazo impositivo.
Es hora de deshacernos de este tornillo sin fin en que los políticos nos han sumido: si les damos más plata, la van a gastar de nuevo y el próximo gobierno, el de Arias-Solís, nos recetará otra vez con nuevos y mayores impuestos. Ya sabemos que, con el cuento de la necesidad impostergable de satisfacer la justicia social y de lograr la estabilidad económica del país, nos dirán que es indispensable que la ciudadanía tenga más y mayores impuestos. Pero ya sabemos que es tan sólo para poder seguir gastando. Eso debe acabarse ya, antes de que todos nosotros terminemos tan sólo trabajando para el Estado, que es el camino por el cual nos conducen.

martes, 20 de septiembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: meditación acerca de lo mismo

La reciente decisión por la cual se forjó el pacto privado Chinchilla-Solís tiene un claro propósito: pasar a como haya lugar un nuevo paquete de impuestos. Lo más importante de esa negociación sin duda alguna es la oferta de Ottón Solís, rápidamente aceptada por la señora Chinchilla, para poner a todos “sus” diputados, creyendo que son siervos obedientes, pero no parecen serlo, para que aprueben rápidamente los numerosos y complejos impuestos propuestos, que incluso exceden las pretensiones iniciales hechas por el propio partido de gobierno. La aplicación de la llamada vía rápida es una argucia para evitar la discusión necesaria acerca de nuevos y más profundos impuestos. Cualquier persona medianamente informada sabe que esos gravámenes son de suma complejidad, profundidad y difíciles de poner en práctica, además de que, como dicen los abogados, se trata de materia odiosa, como se suele definir al tema de los tributos que forzadamente se aplican sobre la ciudadanía.

Nuestros legisladores en su momento desplegaron gran sabiduría al definir que los impuestos no se podían pasar a ritmo de samba, sino que siempre era necesaria una cuidadosa discusión de las implicaciones que tienen las pretensiones del Poder Ejecutivo. Así ha sucedido siempre en la ya aburridora carrera de paquetes tributarios aprobados a lo largo de los tiempos, siempre con el fin de terminar, de una vez por todas, con el déficit. Pero una vez recibidos los mayores recursos, velozmente se impulsa el gasto estatal para terminar cayendo, de nuevo, en otro déficit gubernamental. Saben que no miento, esa es la verdad de la cosas en materia tributaria y de gasto público sucedida en nuestro país desde hace ya mucho tiempo. Pero la Asamblea Legislativa siempre ha respetado que haya una discusión sumamente amplia, detallada, delicada, hasta incómoda, de cualquier propuesta del gobierno para aumentar las alcabalas que debemos pagar los ciudadanos… materia odiosa.

A sabiendas de las dificultades que estaba teniendo para la aprobación legislativa del nuevo paquetazo de impuestos, la presidenta Chinchilla hizo un gran esfuerzo –lo reconozco- que, si bien era insuficiente, contribuía a sanear en algo el déficit gubernamental. Estaba apretando a las instituciones descentralizadas del gobierno para que redujeran sus exacerbados gastos. La reacción de dichas entidades no se hizo esperar: no se podía reducir el gasto fue la respuesta casi generalizada y, cuando alguna de ellas decidía hacerlo, se trataba de apenas una porción de lo que el Ministerio de Hacienda les había solicitado.

No crean que doña Laura presionó a esas instituciones descentralizadas porque tiene un aprecio y convencimiento de la necesidad de reducir un gasto público exagerado. Era porque lo vislumbraba como la única posibilidad de lograr que le fuera aprobado algún impuesto. La gente sólo le daría un visto bueno a los mayores tributos si observaba una clara y definida acción del gobierno para reducir el excesivo gasto público. De otra manera, difícilmente doña Laura podría contar con la aprobación de mayores gravámenes si no ponía en cintura y con firmeza al gasto gubernamental.

Ottón le cayó –bajó- del cielo desde muy diversas y oportunas nubes políticas. Si por medio de la vía rápida, sin casi discusión alguna en la Asamblea Legislativa, se le aprobaban los nuevos impuestos, ya doña Laura dispondría de los recursos suficientes para aplacar la inquietud en su gobierno descentralizado, en cuanto a la necesidad de reducir sus gastos. Esto es, ya no se iba a hacer necesario el “sacrificio” en la gastadera gubernamental. Con su apoyo decidido e imperturbable Ottón Solís le levantó el enorme peso que doña Laura tenía ante sí. Que ella debe estar requete agradecida con el presunto líder de la oposición y no sólo el columnista oficial de La Nación, es un hecho. Para eso es la política, se nos dirá.

Revisando mis viejos escritos, voy a transcribir un pedazo de uno de ellos que escribí el 15 de marzo de 1986 bajo el título “Los Diputados Dioses”, que para ser justo con los actuales, ahora lo refiero al otro Dios, al verdadero, y no al que toma una curul por aquél concedido. La parte que deseo que vuelva a aparecer es la que dice:

“No en vano Tácito señaló que “Entre más corrupta es la República, más son las leyes.” Este es precisamente el caso que sucede con la introducción de normas que nada tienen que ver con los presupuestos de la República, en dicha legislación. La corrupción consiste en que diputados son capaces de legislar sin que se sigan procedimientos socialmente aceptados ̶ e incorporados en procedimientos y leyes ̶ para definir nuevas reglas legales. Muy posiblemente los procedimientos para legislar en nuestro país se han establecido para proteger a las personas del abuso. Si se desea vivir libremente bajo las leyes, debe limitarse su creación. Perfectamente se puede eliminar la libertad bajo un sistema de leyes; esto es, se está dejando de proteger a las personas del abuso.

No sólo debe restringirse el rango sobre el cual los humanos personificados en diputados pueden legislar (ley no hace justicia), sino que también se deben establecer métodos para hacer leyes (esto es, casi diría que descubrirlas). El parlamento (Asamblea Legislativa) precisamente es la institución en la cual se formulan leyes, pero sujeto a frenos y contrapesos. En el parlamento se supone que el proceso de generar leyes sufre un profundo escrutinio para asegurar al ciudadano de la bondad de la ley. Sin embargo, los diputados, dioses olímpicos, eliminan los procesos esperados por los gobernados e imponen sus férreas (y muy posiblemente equivocadas) voluntades a un pueblo domado.

Rousseau, en su Discurso sobre la Desigualdad, ya había enfatizado cómo los atenienses perdieron su democracia debido a que las leyes surgieron para complacer las vanidades diputadiles o de grupos de personas deseosas de coaccionar a los demás ciudadanos. Se olvidó así algo elemental: la virtud de una Ley reside en su edad, en su permanencia, en su fundamentalismo; aquellos principios pétreos casi inmutables, nos dan la Ley, no la voluntad pasajera del hijo de vecino convertido en Dios diputado.”

Por ello espero que nuestra Sala Constitucional resguarde nuestro derecho ciudadano de que, en materia de impuestos, al igual que como, por ejemplo, se prohíbe consultar su aprobación en un referendo, se debe discutir en el seño legislativo lo más ampliamente posible, sin rapidez, el afán de satisfacer la ambición de tomar nuestros recursos que siempre tiene el fisco. Es nuestro mínimo derecho ciudadano.

Jorge Corrales Quesada

martes, 2 de marzo de 2010

Elecciones 2010



En este corto se comentan algunos temas relacionados con las elecciones del 7 de febrero en Costa Rica. En especial nos referimos a los retos que enfrentarán los principales partidos de oposición: el Partido Acción Ciudadana (PAC) y el Partido Movimiento Libertario (ML).

martes, 8 de diciembre de 2009

"En guerra avisada no muere soldado y si muere, es porque quiere"


Nosotros creemos en la seguridad alimentaria y en los subsidios a empresas (...) Vamos a violar todas las normas de libre comercio por lo tanto no puedo firmar el documento con esa previsión” dijo Ottón Solís en un foro que tuvo lugar hoy, en el Hotel Radisson, donde los candidatos presidenciales se reunieron, por invitación de la ONU, para conversar sobre los Objetivos del Milenio.

Además de negarse a firmar la versión original de esos Objetivos, Ottón Solís los criticó y emitió la frase antes consignada. ¿Será que Ottón, al igual que con el TLC, pedirá renegociar los Objetivos del Milenio? ¿Pedirá también la renegociación del Protocolo de Kyoto y de la Carta de las Naciones Unidas? No lo sabemos. Pero lo que si sabemos es que cada vez es más claro el panorama que nos pinta Ottón sobre lo que haría si quedara como Presidente de la República: violentar la libertad, planificar la organización sociopolítica de Costa Rica para modelarla a su gusto, irrespetar las normas establecidas, saturar de impuestos y, en fin, crear el "paraíso" intervencionista en la tierra.

Quedamos avisados los costarricenses que votaremos el próximo 7 de febrero de 2010: "en guerra avisada, no muere soldado y si muere, es porque quiere".

miércoles, 18 de noviembre de 2009

PAC: partido de astutos copiones


Increíblemente el partido de la ética, los jueces del bien y los ángeles caídos del cielo, decidieron tomar "prestado" nada más y nada menos que 19 párrafos de un documento estratégico de la CCSS, para su original plan de gobierno.

Ya el mismo Ottón Solís admitió el plagio. Que chiste de partido es este del PAC, esperamos que esta sea la última elección de esta agrupación.

martes, 10 de noviembre de 2009

Estamos advertidos


Si alguien quiere votar por Ottón Solís es porque 1) ha perdido la razón o 2) es perverso. Resulta que este candidato propone la misma fórmula trasnochada e ineficaz: más impuestos para "resolver" los problemas que afectan al país.

A Solís parece que le molesta la riqueza. Utiliza sus dotes de Planificador (¿Central?) para definir lo que, según él, es suntuario. Este "economista" desconoce el aporte fundamental de Carl Menger a la disciplina-la teoría del valor subjetivo- y pretende erigirse como el ser omnisciente, capacitado para definir qué es suntuario y qué no lo es para gravarlo. ¿Será que, de ganar la Presidencia, Ottón Solís empezará a decirnos qué es valioso, qué es importante, qué es útil, qué es bueno y qué es deseable y, a punta de decretos y leyes, nos hará seguir sus disposiciones?

Hayek nos advirtió de la fatal arrogancia de personajes de esta calaña, pero pareciera que nuestros padres y abuelos no le hicieron caso, pues Ottón no es el único que ha llegado lejos usando ese discurso. La Costa Rica actual, forjada desde hace más de 60 años, se basa en esa "lógica" perversa: unos atribuyéndose la capacidad de decidir por los demás e imponer su criterio mediante el mecanismo de compulsión y coerción conocido como Estado, sea para definir lo que según ellos es válido o no o simplemente para redistribuir la riqueza.

Sin embargo, Ottón Solís parece estar llegando más lejos con su discurso, planteando impuestos de renta global y mundial, para tasar hasta el último centavo que un ciudadano reciba. Le molesta tanto la riqueza que quiere acabarla: desea arrebatársela a sus legítimos dueños y entregársela a personas que no han hecho nada para tenerla. Desea imponerle un castigo a quienes, con base en su esfuerzo, trabajo, buenas ideas comerciales y empeño, han ganado dinero, tratándolos como simples ladrones a los que se les decomisa el botín después de un golpe.

El lema de la campaña de Solís es "La Costa Rica que queremos". ¿Queremos eso? Estamos advertidos para el futuro: si queremos generar riqueza, una Costa Rica con Ottón Solís no sería el lugar adecuado para hacerlo. Ya podemos estar claros acerca de los que nos puede pasar si los costarricenses ponen en Casa Presidencial a un fatal arrogante planificador, con dotes de omnisciencia y muy poco respeto hacia el individuo y la propiedad privada: trabajaremos unos para que otros disfruten de los resultados.

jueves, 19 de junio de 2008

En Vela


El problema del PAC, en este período legislativo (2006-2008), no ha sido la diputada Andrea Morales, como tampoco lo fue, del 2002 al 2006, la desbandada de otros diputados. La causa es la mentalidad imperante en el PAC: su incapacidad para afrontar hechos previsibles y, con más razón, imprevisibles. El PAC llega a la cancha con una táctica férrea, acartonada, y no está preparado para la posibilidad de que le anoten un gol.

Esa mentalidad, además, está escrita en piedra y firmada. Su núcleo no son los principios, cuyo incumplimiento, en este caso, no se ha probado, sino la línea de partido, cuya ruptura la definen, al parecer, los dirigentes (moral de situación). De persistir el diputado en su posición, el castigo es la pérdida de la curul, garantía de que nadie se saldrá del redil o se convertirá, como se ha dicho, en oveja negra. En síntesis, el partido sobre todas las cosas, aun sobre la conciencia del diputado. Esta es, política y moralmente, la cuestión de fondo.

Este proceder pétreo evade la naturaleza de la falta de cualquier diputado, que, al no explicitarse y concretarse, pone en manos de los dirigentes un arma poderosa y peligrosa: el dictum de la infidelidad al partido. Pero ¿quién determina el carácter de esta infidelidad? Y, más aún, ¿qué poder tienen los dirigentes para obligar a un diputado, supuesta una falta, a renunciar a la curul, un acto totalmente diferente de la renuncia del partido? ¿Qué poder tienen para imponerse sobre un voto popular?

La obligación de renunciar a la curul, en el período 2006-2010, se inspiró en el miedo a la repetición de la rebeldía de un grupo de diputados, en el 2002-2006, quienes renunciaron del partido sin poder siquiera ser conminados a la renuncia a la curul. No advirtieron los dirigentes del PAC que la solución no era obligar a los diputados a firmar previamente la pena de muerte (la renuncia a la curul), sino abrir puertas y ventanas a la deliberación interna y al respeto a la conciencia.

Un partido no puede progresar a punta de compromisos previos que violan la libertad, que llevan a una política inaceptable de control y dominio, antítesis de una organización democrática. No es la vía para enfrentar situaciones nuevas en un mundo sorprendente y retador.

Lo dicho encaja, asimismo, en la obligación de los precandidatos a diputados del PAC, en la elección pasada, a someterse a un curso previo y a un examen escrito sobre la ideología del PAC. He aquí un hecho revelador del que se pueden extraer esclarecedoras conclusiones sobre la mentalidad imperante en este partido.

Julio Rodríguez

viernes, 11 de enero de 2008

En Vela


La presentación, de parte de la fracción legislativa del PAC, de unas 5.000 mociones sobre tres proyectos de ley (de los 11 que conforman la agenda de implementación del TLC) rebasa toda imaginación. El proyecto de ley de Fortalecimiento del ICE contiene 56 artículos. El PAC lo inundó con 1.991 enmiendas. Esta hidrocefalia mental conlleva la distribución de 52.239 fotocopias entre los diputados. El costo económico de este despilfarro queda a cargo de las vestales de este partido.

El problema no reside en el monto de las mociones ni en el derroche originado, sino en la sinrazón de este despliegue. Es una cuestión mental, de carencia de sentido en el orden intelectual, ético y legal, por significar una desnaturalización del voto y de la función legislativa, máxime si se advierte la relación entre estos proyectos de ley y el referendo popular sobre el TLC. Bienvenida toda oposición y toda reforma, fundada en la razón y en la naturaleza de las cosas. Esta impres- cindible dialéctica parlamentaria razonable enriquece la democracia, prestigia el parlamento y mejora las leyes. Mas, cuando se impone la sinrazón, el puro voluntarismo alocado, todo se trastorna.

Dirigentes y miembros del Partido Acción Ciudadana (PAC) se encrespan cuando, en esta columna o en otros comentarios, se repasan sus miedos y, particularmente, su ausencia de una estrategia inteligente y creativa de crecimiento para llegar, un día, a una adultez madura y productiva. De aquí su cadena de derrotas: 2002, 2006, dos elecciones de alcaldes, TLC y, sobre todo, su ausencia de propuestas viables y atractivas. Carente de liderazgo visionario, en el partido y en la fracción, de estrategas, de crítica interna, se ha dedicado al juego infantil del NO y a las quejumbres, sentaditos todos en el andén de la política, mientras el tren pasa…

¿Es que personas razonables, respetuosas de sí mismas y de su partido, son capaces de redactar y presentar 5.000 mociones justificables sobre tres proyectos de ley? El PAC ha demostrado que sí es posible, pero jamás podrá demostrar que es justificable. Este es el problema de fondo. Por lo tanto, su único propósito es entorpecer, filibusterismo puro y simple, que la jefa de fracción justifica diciendo que “este es el único camino que les quedó”. ¿Es que el interés público, el sano debate democrático, la razonabilidad, el referendo popular, la ética política, que todo lo nutre, el sentido de los límites, el futuro del PAC o, simplemente, el desprecio por el ridículo no eran, acaso, otro camino?

Hay que salvar al PAC de quienes, por dentro, quieren enclaustrarlo en la falsa virginidad del miedo para que no crezca, se desarrolle y dé frutos…

Julio Rodriguez

miércoles, 7 de noviembre de 2007

En Vela


Al pretender aclarar sobre su presencia en la reunión subversiva de los “comités patrióticos”, el 27 de octubre pasado, Ottón Solís revela, con su explicación, un juego en extremo peligroso. Poco importa si presidió o no, o si avaló los acuerdos o no. Lo cierto es que estuvo ahí, según su confesión, y se marchó algunas horas antes.

Las contradicciones se atropellan. Este grupo obedece a la consigna del Melico en abril del 2005: guerra a la institucionalidad democrática, realizada al pie de la letra. En su reunión, en la UCR (sic), el 13 de octubre pasado, este grupo rechazó de plano el resultado del referendo (“la mafiocracia”) por “fraudulento” y las 13 leyes de implementación, anunció una huelga general, desconoció al TSE y a la Sala Constitucional, y proclamó la democracia callejera. Bien lo sabía Ottón Solís, quien estuvo en la patética tarima de los dirigentes del NO, el 7 de octubre en la noche.

En la reunión del 27 de octubre, a la que asistió el líder del PAC, se refrendaron los mismos acuerdos, en contradicción abierta con la posición del PAC, del 10 de octubre pasado, cuando su jefa de fracción, Elizabeth Fonseca, declaró que el PAC se apartaba del movimiento del NO. Luego, el 11 de octubre, esta diputada proclamó que el PAC se comprometía a no obstaculizar las leyes del TLC y que procurarían el trámite de la agenda antes de marzo del 2008. El fundamento político, legal y moral de estos compromisos reside en las declaraciones de Ottón Solís del 8 y del 15 de octubre al decir: “El TLC fue aprobado por los costarricenses y eso significa que es ley de la República”.

Resultado: más de 1.000 mociones de Salom contra el TLC, aliado con el diputado Merino, y la presencia de Ottón Solís en la reunión del 27 octubre con “los comités patrióticos” y la tarima, pese a su certeza previa de los acuerdos subversivos. ¿Por qué, en vez de escabullirse, no se irguió como un líder y no denunció este ataque frontal e indigno a la institucionalidad democrática? Y ¿por qué sus diputados toleran tantas contradicciones que violan los principios morales del PAC?

El desconocimiento de la voluntad popular es un delito. Decir una cosa y hacer todo lo contrario no es moral. Oír los más oprobiosos ataques contra la institucionalidad democrática y callar, o bien escaparse, no es propio de un demócrata ni de un líder político que aspira a la presidencia de la República. Los dirigentes del PAC no han tomado conciencia de que, al actuar así, están jugando con la suerte del país y de su partido. Cerramos con la proclama de Epsy Campbel: “Nos llenamos de patria grande”, en Internet, sobre el referendo, que confirma los desvaríos en el PAC.

Por Julio Rodríguez

viernes, 12 de octubre de 2007

¡Democracia del “berrinche”!


En su forma básica, la democracia es el gobierno por mandato mayoritario del pueblo. Es la voluntad de la mayoría. Sea esta representativa o directa, decía Norberto Bobbio, el principio que prevalece siempre es el de la legitimidad; es decir, el de la obligación política, y eso significa que un poder es aceptado como legítimo y de tal manera debe ser obedecido. El pueblo costarricense fue convocado para tomar una decisión y ya la tomó; ya habló de forma clara, contundente; y muy a pesar de aquellos oídos que aún se niegan a escuchar (algunos nuevos y otros ya majaderos).

Una mayoría evidente decidió adoptar el TLC con Estados Unidos. Eso es democracia; un mandato para la acción; lo demás es solo grito, desorden que no luce, provocación y simple berrinche, que ya a fuerza de majadería perdió credibilidad y, con ello, el poder de convocatoria. Y es que de todas formas, ¿qué se puede convocar?, ¿con qué legitimidad y con qué argumentos reales? Solo se me ocurre una pobre versión de “Jalisco a la tica” o algún tipo de “democracia” del berrinche (que ojalá no llegue al relincho...). El costarricense, antaño corazón del SÍ o del NO, hoy solo es costarricense sin etiquetas, a secas y con ganas de seguir adelante; es respetuoso de la voluntad de la mayoría y entiende perfectamente y con madurez lo que eso significa en una democracia. La voz del pueblo es una orden, es un mandato y simplemente debe ejecutarse.

Requisito ineludible. La famosa agenda de implementación, muy a pesar de los diputados y diputadas que la adversan, es un requisito ineludible para que el tratado entre en vigencia; es decir, si no se aprueba, no hay tratado y si no hay tratado, el ejercicio democrático y el mandato emanado directamente del pueblo costarricense se volverían un pésimo chiste y la democracia verdadera un cuento de hadas. El TLC depende de esa agenda, entonces ¿cuál es la lógica de rechazarla?, ¿un siempre NO porque no me da la gana? Ojalá que no sea así. Por el bien de Costa Rica y residualmente, por el futuro político de los “líderes” actuales, esperemos que no. Porque, como bien dice la canción, tan utilizada en marchas y tarimas, “el pueblo no olvida”.

Por otro lado, rescato y celebro que la tan criticada “cumiche” del parlamento es en este momento la única diputada que con claridad meridiana ha reconocido que no puede ni pretende burlar el mandato del pueblo. Tal parece que la sensatez de la juventud tiene más sentido común que la voz de la “experiencia”; la diputada Fonseca, desde ese Olimpo llamado curul legislativa, pretende ignorar el imperativo categórico que le impone la democracia; sí, ese mismo “instrumento chunche” que sí le funcionó para acomodarla en el puesto que hoy ocupa. Pero es cierto, el pueblo no olvida...

Coyuntural y pasajero. En el caso del señor Trejos, no me extiendo: su “liderazgo” es además de triste, dichosamente coyuntural y pasajero. Pero con don Ottón Solís, a quien respeto y en quien antes había creído y confiado, el asunto es muy distinto. En mi caso, ha quemado ya hace un buen rato sus cartuchos de credibilidad y de legitimidad; pero, bueno, que por esta “pinche terrícola” no se preocupe. Más bien, que lo haga a partir de ahora por quienes, después de sus tantas y recientes frases tristes y desafortunadas, han hecho que cada vez más gente piense como yo.

Si en su horizonte político aún hay esperanza, sin duda debe preocuparse; si aún –en un ejercicio de total optimismo– ve posibilidades en ese sentido de cara al futuro, que no olvide..., que es verdad y no retórica, que “el pueblo no olvida”. Pero, hablo de la memoria de un pueblo que no pasa facturas de calle, de tumultos, capuchas, máscaras, palos, garrotes, camisetas delChe y consignas cada vez más vacías. ¡No! Hablo de un pueblo de verdad; con memoria atlética, que no olvida y que democráticamente se lo recordará cuando le toque encontrárselo a él de nuevo justo donde corresponde, en las urnas electorales.

Por Laura Arguedas
Tomado de la Nación

viernes, 28 de septiembre de 2007

Injerencia foránea por invitación del PAC


Traer al país al congresista Michael Michaud (demócrata) y al senador Bernie Sanders (independiente), con la finalidad de asegurarles a los costarricenses que la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) no puede ser retirada, cuando ambos han expresado que las inversiones estadounidenses en Latinoamérica exportan trabajos y tras haber votado Sanders en contra de la extensión de la ICC en 2002 y contra las preferencias otorgadas a los empobrecidos países africanos (AGOA) en l998, es un censurable acto doloso conducenteal engaño para inclinar la balanza en el referendo en favor del NO.

PAC y Edeli. El PAC no solamente trajo a estos legisladores, sino que también, hace dos semanas, llevó a la Asamblea Legislativa a David Edeli, representante de laONG Public Citizen/Global Trade Watch, cuya directora, Lori Wallach, ha sido asesora de Evo Morales y ha participado en Bolivia en foros para combatir los TLC en América Latina (véase la noticia de la Fundación Solón con el título Cuatro expertos norteamericanos dan pautas para replantear las relaciones económicas de Bolivia con EE.UU. ( http://funsolon.civiblog.org/blog/_archives/2006/2/14 1760888.htmlasesora ).

Dicha organización realizó un largo listado de los legisladores que han votado sistemáticamente contra los acuerdos comerciales y otros instrumentos similares, con el fin de servir de insumo a otras organizaciones de su misma especie, para apoyarlos en las elecciones.

Organizaciones de ese tipo han engañado a entidades humanitarias y miembros de las Iglesias con los mismos ardides que ocultan sus reales intenciones. El siguiente trozo tomado de la página web de Public Citizen habla por sí mismo:“Patrick Murphy, quien derrotó al candidato pro CAFTA, Mike Fitzpatrick (R-Pa), afirma: ‘Estoy orgulloso de haber recibido el soporte de Citizens Trade Campaign’… ‘El congresista Fitzpatarick traicionó su distrito al haber votado por el CAFTA y haber demostrado que apoya el envío de buenos trabajos americanos hacia el exterior”.

¿Ingenuidad u oportunismo? Congresistas y organizaciones antiglobalización y proteccionistas estadounidenses y europeas buscan, con toda clase de argumentos falaces, evitar que las inversiones del Primer Mundo lleguen a los países en desarrollo, aunque EE.UU. tiene una muy baja tasa de desempleo. Evidentes son las palabras del propio senador visitante, Bernie Sanders, quien ni siquiera es del Partido Demócrata ni del Partido Republicano, sino independiente. En un escrito publicado en su país, claramente dijo: “EE.UU. es el mercado más lucrativo del mundo. Necesitamos apalancar su valor para lograr acuerdos de comercio que resulten en la exportación de productos, no trabajos, estadounidenses”. ¿No es esto una burla para los costarricenses? ¿Se trata de una ingenuidad del líder del PAC o de oportunismo político sin reparar en los costos para Costa Rica?

Los legisladores visitantes ocultan que la ICC y otros regímenes preferentes unilaterales están siendo cuestionados por India y Brasil en la OMC por discriminatorios. Y lo más grave es que también ocultan que la propia OMC, debido a la acción interpuesta por India, no ha querido todavía darle a EE.UU. permiso para una tercera prórroga por tres años más solicitada por ese país en el 2005 (contra los diez años solicitados en el pasado). Tampoco les aclaran a los costarricenses que, si bien la ley de la ICC debe quitarla el Congreso, el Presidente (según lo dice claramente el documentoSixth Report to Congress on the Operation of the Caribbean Basin Economic Recovery Act, 2005 ) mantiene la decisión de revocar o separar a aquellos miembros que ya no cumplan con los requerimientos de elegibilidad para esa concesión.

¿Renunciar a la ICC? Estos requerimientos son: A) No darle un trato preferencial a ningún país desarrollado (como será pronto con el TLC con la UE). B) No darle acceso satisfactorio a su mercado a los productos y servicios de EE.UU. en ciertos rubros que EE.UU. pide en CAFTA (dado que eso se espera de Costa Rica, según el documento mencionado). C) No promover la liberalización comercial en la OMC y en ALCA (¿qué pasará cuando Costa Rica demuestre que no desea ningún compromiso con la liberalización comercial, sentando un precedente para otros países beneficiarios de la ICC? D) No cumplir con los derechos laborales y ambientales reconocidos internacionalmente. E) No cumplir con la decisión de un arbitraje internacional iniciado por una empresa estadounidense. Vean esto bien quienes se rasgan sus vestiduras por este tema en CAFTA. ¿Será que quieren que renunciemos también a la ICC?

Retroceso. Un NO en el referéndum significa que Costa Rica sería el único país de la tierra que, por argumentos descabellados fabricados y orquestados, cuidadosamente, sin memorandos, por los verdaderos artífices de la estrategia del miedo, y que les causan asombro a los especialistas internacionales, rechaza el acceso al mayor mercado del mundo, mientras otros países se muestran muy interesados por lograrlo. Significa exponernos a sufrir lo que los expertos en comercio internacional llaman desviación del comercio y de la inversión y retroceder en todo lo logrado en términos de exportaciones, inversiones y mejores trabajos para los costarricenses.

Patricia Rodríguez Hölkemeyer, tomado del periódico La Nación

jueves, 27 de septiembre de 2007

¿Para cuál equipo juegan?


Mientras más pasan los días de la visita de los senadores estadounidenses más cosas curiosas aparecen. Por ejemplo el senador Sanders votó contra la ampliación de los beneficios otorgados a Costa Rica por la Iniciativa para la Cuenca del Caribe. La ampliación di dicha iniciativa buscaba que países como Costa Rica pudieran exportar productos como el atún y los textiles libres de impuestos.

A su vez Sanders se opuso a la ley que otorgaba al Presidente autoridad para negociar tratados por la vía rápida (situación que le permitió a Costa Rica negociar el TLC) y que extendía las preferencias comerciales concedidas a los países andinos. A si mismo Sanders incluso ha votado en dos ocasiones para que Estados Unidos se retire de la OMC.

Los dos congresistas (Sanders y Michaud) critican los acuerdos comerciales porque, según afirman, desplazan oportunidades de trabajo hacia los países en vías de desarrollo, con cuyas escalas salariales los norteamericanos no pueden competir.

Ahí lo tienen amigos y amigas de ASOJOD los propios congresistas estadounidenses admiten que en nuestro país se crearan nuevas oportunidades de empleo bien remuneradas. Lo que nos parece increíble es que Ottón Solís y los Grupos del NO traigan a este tipo de señores para recomendarnos rechazar el tratado. Es lamentable darse cuenta de que en nuestro país existen personas como los señores del PAC que están dispuestos a hacer cualquier cosa para que no se apruebe el TLC. Este tipo de cosas nos muestran que efectivamente no todos estamos con la misma camisa puesta, mientras el Sí se preocupa por crear nuevos empleos en Costa Rica, Ottón Solís, los Grupos del No se encargan de proteger de la competencia a los trabajadores estadounidenses. En este orden de ideas no se nos puede olvidar que la ANEP ya a inicios del 2000 había intentado una broma similar cuando demando a Costa Rica para que perdiera los privilegios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. Tristemente en nuestro país existen grupos que nadie sabe para quién trabajan.

martes, 25 de septiembre de 2007

Hipocresía de Sanders y Michaud


El senador Bernard Sanders y el congresista Michael Michaud, a petición del PAC, estuvieron el pasado fin de semana en nuestro país comentando su visión respecto al Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos. Abiertamente llaman a los ciudadanos costarri- censes a votar NO al TLC el próximo 7 de octubre. Ante esta peligrosa situación, es necesario recordarle a la ciudadanía costarricense que “no existe el almuerzo gratis” y que los políticos demócratas simplemente están buscando el bienestar para sí mismos, y no para Costa Rica. Veamos por qué estos señores quieren que votemos que no.

Según consta en los archivos del Congreso y del Senado estadounidense, tanto Sanders como Michaud tienen muy claro el por qué a los Estados Unidos no les conviene el TLC. En su discurso del 25 de julio del 2005, Sanders señala que “el TLC es un mal tratado para los trabajadores estadounidenses. En el TLC se dan grandes incentivos para que empresas estadounidenses cierren sus empresas y se trasladen a Centroamérica”. Pero el senador va aún más allá y señala que “tenemos que dejar de premiar a las empresas estadounidenses que dan trabajo fuera de Estados Unidos. Desafortunadamente, el TLC hará que el principal producto de exportación de Estados Unidos sea el trabajo”.

Por esa misma línea va el pensamiento del señor Michaud. En entrevista del 17 de mayo del 2005 con la cadena FOX, Michaud señala que está en contra del TLC “porque contribuye a que trabajos bien remunerados se vayan a Centroamérica”. “Uno se tiene que preguntar qué ventaja le deja este TLC a los Estados Unidos, y yo pienso que la única ventaja será para las compañías estadounidenses, las cuales contratarán más personas en los otros países”, comenta Michaud.

De hecho, el señor Michaud odia tanto el TLC que, el 10 de mayo del 2005, realizó una protesta en contra del TLC fuera del Capitolio y se dirigió al presidente Bush: “Venimos a decirle al Presidente que estamos enfermos y cansados de que nuestros trabajos se vayan a otros países. Venimos a decirle que se salga del camino de la pérdida de empleos”.

Como se observa, el único objetivo de Sanders y Michaud es que no aprobemos el TLC para que no se creen empleos en nuestro país. Ellos no se interesan por nuestro ambiente, ni por nuestras leyes laborales, es más, ni siquiera les importa nuestra estabilidad política, ellos simplemente no quieren que las empresas estadounidenses le ofrezcan trabajo a la población de Costa Rica.

Pero el problema va aún más allá. Es inadmisible y totalmente antipatriótico que el señor Ottón Solís y el PAC se presten para ser el títere de estos señores. Desconozco si es por ignorancia por lo que el señor Solís se ha convertido en el mejor aliado de estos señores, pero, al traer a Michaud y a Sanders a Costa Rica, implícitamente está apoyando la tesis de estos demócratas, la cual se resume en “no más empleos hacia Costa Rica”. Señor Solís: ¿por qué no quiere que las empresas estadounidenses le ofrezcan trabajo a nuestros jóvenes?

Las razones para estar en contra del TLC de Sanders y Michaud son precisamente las mismas razones para decir SÍ al TLC. Los mismo legisladores estadounidenses lo afirman categóricamente: “El TLC significa lo mismo que trabajos en Estados Unidos se vayan a los países firmantes del Tratado”. Por eso es que los legisladores tienen miedo y por eso es que vienen a hacer campaña en contra del TLC a nuestro país.

Costarricenses, abramos los ojos. No nos dejemos engañar por la hipocresía de estos señores y recordemos que la única manera de salir del subdesarrollo es mediante el aumento en el empleo.

Por Álvaro Alfaro
Tomado de la Nación

domingo, 23 de septiembre de 2007

En Vela


Ottón Solís, líder del PAC y, con otros, del NO contra el TLC, dijo, el lunes pasado, en el periódicoExtra : “El pueblo se percató de que votar a favor del TLC sería poner a Costa Rica al mismo nivel de países como Nicaragua, Honduras o Guatemala, que ya aprobaron el TLC, y donde el nivel de desarrollo humano (sic) es muy inferior”.

En este párrafo se conjugan la falta de lógica, la mentira, la xenofobia, el desprecio por los hermanos centroamericanos, la carencia de visión política y la arrogancia.

Es mentira y falsedad afirmar que “el pueblo costarricense se percató” de que “votar” SÍ nos equipara con Centroamérica. ¿Cómo “se percató” Ottón del sentir del pueblo? Y si así fuera, ¿cómo verificó que esta es la razón del NO? No debe Ottón Solís trasladarle el fardo moral e intelectual de sus presunciones o suposiciones al pueblo costarricense. ¿Con qué autoridad habla en nombre nuestro? Cualquiera que conozca a nuestro pueblo sabe que esos sentimientos despectivos contra Centroamérica no anidan en sus corazones, sean del SÍ o del NO.

La xenofobia y el desprecio a los centroamericanos brotan en cada frase. La expresión: “el nivel de desarrollo humano (de los centroamericanos) es muy inferior” es brutal. No es esta, además, la primera vez que Ottón Solís incurre en este desdén hacia Centroamérica y afirma que los ticos “somos diferentes”. ¿Qué significa ser diferente? ¿No es, acaso, la cultura de cada pueblo en sí una forma de diferencia? ¿No es la universalidad una conjunción de todas las diferencias? “Universalidad” significa, etimológicamente,unus versus alios , esto es, cada uno hacia los otros, lo que supone la aceptación de estos y el enriquecimiento integral.

Ottón Solís aspira a ser presidente de Costa Rica. ¿Entraña este desprecio su visión de Centroamérica? Si ganara el NO, que, por el memorando, es probable, si el SÍ no reacciona, ¿cómo va a negociar Costa Rica con los países centroamericanos que, por años, Ottón Solís ha ofendido? Lo que ha hecho Ottón Solís, de ganar el NO, es apresurar la atracción de las empresas radicadas en Costa Rica hacia Centroamérica, máxime que, como dice en la citada entrevista, los sindicatos y demócratas de EE. UU. anhelan que gane el NO. ¿Por qué? Para que no haya empleos en Centroamérica. Un ataque por dos flancos.

En síntesis, un Ottón Solís enemigo de los centroamericanos y aliado con los sindicatos gringos, una estrategia –esta última– solo apetecible para los sectores extremistas del país. Esta es la realidad. Ahora, el pueblo, ante una decisión fatal, debe escoger.

Por Julio Rodríguez
Tomado de la Nación

domingo, 2 de septiembre de 2007

No desperdiciemos oportunidades


En la sección de Opinión del sábado 11 de agosto, don Ottón Solís efectúa un conjunto de comentarios sobre mi artículo “El TLC: Una oportunidad para avanzar” , publicado el 17 de junio pasado en esa misma sección. Por el respeto que merecen los lectores, considero oportuno referirme a algunos de los temas planteados por don Ottón, sin perjuicio de que podamos ahondar sobre el tema en algún conversatorio organizado con tal fin, tal como él lo sugiere.

El argumento central de mi artículo es que la decisión que adoptaremos el 7 de octubre cambiará el rumbo del país, en especial para la población joven, al alterar los espacios de desarrollo. Una votación a favor del SÍ nos abre la puerta a mayores oportunidades para el crecimiento, la generación de empleo y la reducción de la pobreza. Una votación por el NO, por el contrario, nos reduce los espacios de acción y nos hace más difícil la tarea. Una votación por el SÍ consolida el acceso de nuestras exportaciones al mercado más grande del mundo. Una decisión por el NO nos deja en estado de incertidumbre sobre dicho acceso en el mediano plazo.

Don Ottón trata de argumentar que las cosas no empeorarán, caso de rechazarse el TLC. Para justificar su posición, indica que ha conversado con políticos norteamericanos y con el presidente del BID, quienes le afirmaron que no variarían su postura sobre Costa Rica en el eventual caso de que el NO triunfe en el referéndum. Me parece, sin embargo, que ese no es el tema relevante. ¿Preguntó don Ottón a los empresarios sus percepciones respecto a la inversión futura en Costa Rica, con TLC y sin él? ¿Le garantizaron los políticos que los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe nunca nos serían retirados, aunque ellos ya no ocupen sus cargos? ¿Preguntó al presidente del BID qué consideraría mejor para Costa Rica?

Enemigos de Costa Rica. La mayor parte de la oposición al TLC en los Estados Unidos no se produce porque afecta negativamente a Costa Rica, como trata de sugerir don Ottón; es porque les reduce oportunidades de empleo. Basta analizar las críticas formuladas por organizaciones no gubernamentales de ese país, incluida la confederación sindical AFL-CIO, sobre los tratados de libre comercio suscritos por su Gobierno. El artículo de Patricia Rodríguez “Egoísmo y prepotencia”, publicado en esta sección el domingo 12 de agosto, es muy claro. Los dirigentes sindicales norteamericanos no piensan en los trabajadores costarricenses; piensan en sus afiliados y en los empleos que eventualmente se perderían en los Estados Unidos de aprobarse el SÍ en Costa Rica.

Don Ottón conoce muy bien la política. Ha estado en ella por más de veinte años, como ministro, diputado y dos veces candidato a la Presidencia de la República. Por ello me extraña su pregunta al presidente del BID y a los miembros de la Comunidad Europea, referente a si cambiarían su relación con nuestro país de rechazarse el TLC. La respuesta a esa pregunta es obvia. Van a respetar la decisión que adopte el pueblo costarricense. Pero eso no quiere decir que les sea indiferente, como tampoco lo es para nosotros.

Don Luis Alberto Moreno, presidente del BID, dijo en declaraciones a la prensa costarricense, citadas en La Nación del 12 de febrero de este año: “Lo mejor que le puede pasar a Costa Rica es aprobar el TLC rápido”. Estoy seguro, porque así lo he conversado con varios de sus dirigentes y representantes, de que tanto el BID como la Comunidad Europea ciertamente preferirían tratar con una Costa Rica que haya aprobado el TLC, que con una que lo haya rechazado, puesto que es mejor asociarse con un país que aprovecha sus oportunidades para mejorar, que con uno que se niega a hacerlo.

Crecimiento e inversión. Don Ottón reconoce la capacidad mostrada por el país para atraer inversión extranjera directa, la cual se ha podido alcanzar porque se ha seguido una política clara para aprovechar las oportunidades que se presentan y potenciar nuestras fortalezas. Pero, contrariamente a lo que parece desprenderse del argumento de don Ottón, a mí no me deja satisfecho que atraigamos más inversión extranjera que el resto de los países de la región firmantes del TLC juntos. Eso es conformarse con muy poco.

Yo aspiro a que Costa Rica logre captar mucho más inversión local y extranjera de lo que está haciendo ahora, porque así se pueden generar más y mejores empleos. La relación de inversión al PIB en Costa Rica es, todavía, baja. Para crecer más, debemos incrementar la inversión. No creo que sea cerrándonos a las oportunidades como lo vayamos a lograr. El mensaje de los empresarios brasileños que acompañaron al presidente Lula a Nicaragua fue muy claro: contar con acceso al mercado de los Estados Unidos, gracias al TLC, es un factor importante para pensar en invertir en un país de la región.

Como indiqué en mi artículo anterior, el TLC “no será la solución de todos los problemas del país ni la causa de todos sus males”. Pero es una excelente oportunidad para aprovechar nuestras ventajas y potenciarlas aún más de lo que hemos hecho. Como afirmó el Dr. Franklin Chang, al comentar por qué votará por el SÍ al TLC en el referéndum del 7 de octubre, “al sumar todas las cosas que tiene, la mayoría es buena para el país, aunque tenga cosas malas. No es un instrumento perfecto, pero es mejor tenerlo”.

Actual política de EE. UU. En reiteradas ocasiones don Ottón ha señalado la necesidad de renegociar el Tratado. Lo vuelve a hacer en su artículo del 11 de agosto. Es un argumento políticamente atractivo, porque, en teoría, siempre podrían lograrse más beneficios. Pero es un argumento que carece de viabilidad, pues el Tratado ya fue aprobado por seis de los siete países signatarios y el nuevo balance político en los Estados Unidos no favorece este tipo de acuerdos. Además, caso que fuera posible una renegociación, no hay garantía que las condiciones que lograríamos fueran mejores que las ya alcanzadas, pues los grupos de interés que se oponen a este tipo de acuerdos tienen ahora un mayor peso en la política norteamericana.

El próximo 7 de octubre los costarricenses debemos tomar una decisión pensando en el futuro del país. El 8 de octubre, sin distinción de grupos, debemos retomar juntos el trabajo para adoptar las acciones que más nos convengan en la construcción de una Costa Rica más próspera y más solidaria. Creo que aprobando el TLC la tarea se nos facilitará y tendremos mayores oportunidades para mejorar el bienestar de nuestros ciudadanos, al abrirse espacios para generar más y mejores empleos, en especial para nuestras generaciones jóvenes. Estoy seguro de que esa es también la creencia de los grupos sindicales de EE. UU. Por eso, ellos se oponen al Tratado. Por eso, yo lo apoyo.

Por Francisco de Paula Gutiérrez
Tomado de la Nación

domingo, 22 de julio de 2007

El héroe salvador


Hace siete años, cuando se hablaba del posible final del mundo, del colapso tecnológico y de las últimas catástrofes sociopolíticas, nació en Montes de Oca y de cuyo nombre no me quiero acordar, un ser que se autoproclamaba como el salvador de nuestro país. Él se decía estar destinado al desarrollo de la democracia, la defensa de la libertad y la promoción de la justicia y del bien común, y con ello generar la responsabilidad ciudadana, de los usuarios y los empleados públicos, de los gobernantes y gobernados (control político: Estado de la Nación, Transparencia Internacional y la Comisión Nacional para el Rescate de Valores, tribunal de ética del partido).

Claro, era un seudohéroe y, como todos, tenía buenas intenciones pero que del papel no pasaban, pues dicho protector tenía un partido que resultó ser un gigante con pies de barro. Siendo joven ya ha padecido de la desintegración su propia estructura electa en el pasado y ahora ha vuelto a perder a otra contendiente más, está última gravemente cuestionada por buscarse un futuro mejor y aumentar su tesoro.

Y como si no fuera suficiente, nuestro paladín justiciero vuelve a las andadas. Ahora ha dicho que ha vuelto a triunfar, al atribuirse el logro de que todos acudamos las urnas a través del referéndum, y por ello como corresponde le debemos la gracia y gloria eterna a él. Además agrega, como todo buen charlatán, que no usemos la razón, no leamos sino que creamos. Él no lo hace como representante de un partido, sino como un ciudadano cuyo accionar es bondadoso y desinteresado, siempre en busca de la felicidad de todos nosotros.

Vaya sacrificio debe estar haciendo ese héroe. Su corazoncito, que le hacía antes PAC PAC, ahora le dice no. Su mente, llena de hazañas y aventuras, le invita a pensar que él es el indicado para crear un mundo mejor, para ser nuestro Mesías. No lo cuestionemos, nos dice, yo sé lo que es mejor para ustedes. Hágase mi voluntad y no la de ustedes porque mía es la gloria, el poder y el reino de la decencia y la moral, por los siglos de los siglos, Amén



Adriana Briceño López

viernes, 6 de julio de 2007

Herejía contra la lógica


Don Ottón Solís una vez más comete una serie de errores de razonamiento que, dada la reincidencia, me hacen sospechar que no son fallas tan inocentes. Como si no le bastara con el triste comentario que publicó en La Nación denominado "¿No ha leido el TLC?" (05/04/07), donde afirma que "no hace falta leer el TLC o Mi lucha de Hitler para rechazar sus comentarios", ahora va de nuevo a la carga con su artículo "Más allá de la Sala IV". En este último , don Ottón dice que "Esperamos que los defensores del TLC no utilicen esta resolución para afirmar o insinuar que el TLC es bueno para el país. Que la Sala IV dicte que el TLC es constitucional no significa que sea bueno. La misma Sala IV considera que los matrimonios entre extranjeros y costarricenses que ni se conocen, hechos por poder en un protocolo notarial, para obtener el derecho a vivir en Costa Rica, son constitucionales". Típica falacia de argumentum ad hominem, pues no se refiere al argumento esgrimido por los magistrados, sino que inmediatamente busca desacreditarlos utilizando un caso como el de los matrimonios por poder. ¿Por qué don Ottón no se refiere con argumentos jurídicos del por tanto de la Sala y más bien los ataca personalmente refiriéndose a dos casos que no tienen relación entre sí?

Luego asegura que "El fallo únicamente establece que el TLC no atenta contra el ordenamiento constitucional. No dice nada ni tiene ninguna implicación sobre nuestros argumentos en relación con los daños que el TLC causará a la economía, al sector agrícola, a las finanzas de la CCSS, al ambiente, al precio de los servicios de telecomunicaciones y electricidad". ¿Tiene don Ottón una bola de cristal como para afirmar con tanta propiedad que todo eso va a pasar? Una cosa es lo que él crea que va a pasar y otra muy diferente lo que realmente pase. Yo no tengo bola de cristal para conocer el futuro y, hasta donde sé, ningún otro ser humano la tiene. Si Nostradamus ha resultado un charlatán, ¿qué puede esperarse de cualquier otro que intente seguir sus pasos? Y espero que don Ottón no utilice su ya gastado y empolvado argumento del TLC con México para defender este punto, porque como bien lo expuso Jacques Sagot en su artículo "¡Qué mal, don Ottón!" (05/06/07) no hay recetas universales, y además, al afirmarlo, don Ottón comete la falacia denominada Non causa pro causa, al tomar como causa de un efecto algo que no es su causa real, pues la situación de México no se debe al TLC, sino como Alberto Padilla se lo explicó en CNN, por el alto grado de corrupción y clientelismo que ha hecho que las medidas de liberalización comercial no se apliquen como debiera.

La lista de falacias de don Ottón continúa. Afirma que "los costarricenses debemos recordar día a día que el país en que vivimos es una excepción maravillosa en el mundo, resultado de las decisiones correctas y originales que ha tomado nuestro pueblo. En el pasado nunca intentamos imitar las rutas de los vecinos". Acá hay dos falacias: primero, la falacia ad populum, pues pretende lograr validez para su argumento apelando a emociones, pasiones y sentimientos populares al exaltar la " maravillosa excepción en el mundo en que vivimos". Pero también cae en la falacia argumentum ad antiquetatem, pues declara que lo que se ha hecho antes es correcto tan sólo porque es antiguo o porque siempre se ha hecho así. Sin embargo, nuestro país no es la máxima maravilla del mundo, con lo que don Ottón cae con ese argumento en la falacia de los deseos ya que exalta exclusivamente los atributos positivos. Como todo país, tenemos serios problemas: corrupción, un Estado sumamente interventor y limitador de la libertad, inseguridad ciudadana, pésima infraestructura pública, sectores sociales enemigos de la institucionalidad, bloqueos, desórdenes, muertes en carretera, etc. O sea, no somos perfectos.

Nuevamente, don Ottón comete un razonamiento erróneo, pues afirma que "La inequidad en el acceso a recursos para la campaña, las campañas millonarias, el clientelismo gubernamental condicionado al apoyo al TLC, el uso de recursos públicos, los engaños a gente humilde sobre los beneficios del TLC, las amenazas a trabajadores de empresas privadas o a empleados públicos, las estrategias de miedo o de desacreditación personal, deben cesar". En este caso, don Ottón cae en la falacia ad consequentiam pues sólo señala las consecuencias desagradables de apoyar una posición particular con el fin de demostrar su argumento. Pero me pregunto: ¿no hay apelaciones al miedo y la amenaza por parte de algunos activistas del NO, para no generalizar como don Ottón lo hace con los del SÍ? ¿No hay dineros dudosos para la campaña del NO? ¿No cometen desacreditaciones personales algunos miembros del NO? ¿No utilizan recursos públicos algunos sindicalistas para el NO (como su salario recibido cuando están a tiempo completo contra el TLC). ¿Ahora viene don Ottón a decirnos que los ángeles, arcángeles, querubines, santos y el mismo Dios están todos con el NO? ¿Pretende hacernos creer que el No tiene el monopolio del bien y de la verdad?

Luego, expresa que en la lucha contra el TLC "están comprometidos empresarios, académicos, profesionales, agricultores, trabajadores, ambientalistas, amas de casa, jóvenes, sacerdotes, pastores evangélicos, liberacionistas, socialcristianos, etc.". Pues le recuerdo a don Ottón que también en el SÍ están involucrados académicos y profesionales serios y respetables, trabajadores, amas de casa, estudiantes y demás personas que, contrario a lo que don Ottón afirma, no son grandes accionistas de empresas que se beneficiarían con el TLC sino que poseen argumentos ideológico-filosóficos que defienden. Espero que no crea don Ottón que sólo el NO tiene el monopolio de la filosofía y de las ideas.

Pero todos estos razonamientos errados de don Ottón no son lo peor. Lo peor es que luego de tirar la piedra esconde la mano. Primero, solapadamente, ataca a los magistrados y le resta credibilidad a la Sala. Segundo, arguye que el SÍ tiene condicionado el clientelismo gubernamental. Y luego, sin empacho, llama a la institucionalidad y a la paz con el referéndum. ¿Contradictorio? Juzgue usted.

Alejandro Barrantes Requeno