Quienes crean que el liberalismo es un recetario que se aplica
dogmáticamente se equivocan. Si bien es cierto el liberalismo parte de un valor
fundamental: la libertad, lo cierto del caso es que con el pasar del tiempo
aparecen nuevas interrogantes y dificultades.
Sin duda alguna, una de las preocupaciones del mundo moderno que
se ha instaurado gracias a la globalización es el tema de las enfermedades
contagiosas y el libre tránsito de personas o fronteras abiertas.
Particularmente, esta cuestión se ha debatido en los últimos días entre quienes
abogan por restricciones en los vuelos y aquellos que las combaten, como formas
para evitar el peligro del ébola.
Este debate a pesar de ser una variación moderna, no deja de tener
una raíz profundamente clásica, a saber: los límites de la libertad individual.
En este sentido, la pregunta del millón de dólares, es: ¿hasta dónde llega mi
libertad frente a los derechos e intereses de otros individuos? ¿Qué límites
son legítimos de imponérsele? ¿Cómo se ejercer responsablemente esta libertad y
cómo se logra reducir las externalidades de nuestro actuar libre y voluntario?
Todas estas interrogantes son las que se plantean
en el debate de fono de esta clase de políticas públicas. No nos interesa dar
una respuesta categórica a un debate tan interesante en razón de los muchos
matices que presenta, tan solo deseamos destacar como cuando se creen tener
todas las respuestas surgen nuevos problemas.

