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martes, 7 de junio de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: tres comentarios sobre temas públicos


En esta oportunidad deseo referirme brevemente a tres temas que tienen que ver con el interés público y que reflejan el comportamiento de gobiernos y políticos que a muchos ciudadanos no nos parece, aunque a esos políticos y gobernantes ello parezca importarles poco.

El primero tiene que ver con la contaminación que ha afectado la zona en que opera la refinería de RECOPE en Moín. Molesta no sólo el hecho de que por mucho tiempo el problema se le ocultó a la ciudadanía –los que no importan- así como a las propias entidades gubernamentales que tratan de asuntos de salud y medio ambiente. Si no hubiera sido porque empleados de RECOPE divulgaron el daño, estaríamos en penumbras y, sobre todo, continuado el derrame de combustibles en el sitio. También me molesta que, si ese descubrimiento se hubiera dado en una operación privada, tal como por ejemplo ha sucedido con bombas de gasolina en San Antonio de Belén y en la Zona Norte, de inmediato los celosos guardianes del buen medio ambiente, hubieran procedido a cerrar las operaciones para detener el daño en proceso. No es así en el caso de RECOPE, posiblemente por no tratarse de una empresa privada, sino de una propiedad del mismo Estado que, en el caso de terceros, sí habría actuado de inmediato.

El segundo tema se refiere al informe presentado por los Diputados de Liberación Nacional de la comisión legislativa que se encargó de investigar lo sucedido con la carretera a Caldera. Una frase célebre de ese informe merece ser rescatada del basurero de la politiquería: “la inauguración anticipada de la vía a Caldera fue un experimento para comprobar si esta tenía fallas.” Sólo se me ocurre pensar que tal cosa se habría dicho si fuera escrita por algún servil que debe obedecer los mandatos de su dueño y patrón, para justificar cualquier idiotez que a este se le hubiera ocurrido hacer. No lo puedo entender de otra manera, porque tengo entendido que los Diputados gozan del uso de la razón, como para poder darse cuenta que los muertos, heridos y afectados a partir de la “inauguración” y puesta a funcionar de esa carretera aún sin terminar, fueran cobayas utilizadas en experimentos de laboratorio. Jamás se podría poner a operar un aeropuerto si la pista de aterrizaje no estuviera concluida y probada de que resiste el peso de un avión. Nunca se pondría en operación una cárcel si no se ha comprobado su seguridad. No es posible poner a funcionar una represa hidroeléctrica si no se le ha sometido a resistencia de la masa de agua que frena. Tal tontera está allí, en el informe de marras. Para proteger a algunos políticos que hicieron muy, pero muy, mal las cosas, no les ha importado señalar que los ciudadanos debemos ser tomados como conejillos de Indias a la hora de probar si una carretera funciona bien o no. El descaro exhibido por esos Diputados “leales” y capaces de escribir lo que escribieron, cada vez más me obliga a pensar en la necesidad de terminar con esa práctica nefasta de elegirlos por listas, en vez de serlo por personas. Porque lo que se demuestra es que, detrás de algunos primeros buenos, les siguen unos segundones capaces de cualquier cosa.

Finalmente, como tercer tópico público de actualidad, deseo comentar lo sucedido con el viaje de un alto funcionario de una entidad estatal a otro país, presuntamente en compañía de una damita. El problema para mí de ninguna manera reside en la conducta privada de ambos funcionarios gubernamentales. No me interesan sus asuntos personales. Allá cada cual con lo que desea hacer, en tanto con ello no dañe a terceros con sus acciones. El problema está en si, para satisfacer sus pasiones privadas, utilizaron y manipularon recursos públicos. Aquí sí me interesa el asunto, pues como ciudadano pago los servicios que esa entidad estatal me brinda, dentro de cuyo precio obviamente se encuentran incluidos los salarios, viáticos, gastos de viaje, gastos de representación, pago de hoteles, y cualquier otra cosa asociada con esos periplos, entre otros. Por lo tanto, podría estarse en presencia de un uso indebido de recursos públicos, por lo que me imagino que, con la celeridad que la caracteriza, la Contraloría, encargada de investigar estas cosas, ha de haber recaudado ya toda la documentación necesaria y pruebas adicionales de ese viaje, incluyendo documentación públicamente expuesta en Internet que narra aspectos de la gira educativa. No debe permitirse que la conducta de algunos funcionarios empañe el buen deseo de doña Laura de impedir cualquier tipo de conducta incorrecta en su administración. Por ello, estoy seguro que pronto, en este mismo sentido, el gobierno actuará responsabilizando económica, civil y penalmente a todos los involucrados en el desmadre de la carretera a Caldera.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 1 de febrero de 2010

Tema polémico: Caldera: diagnóstico del país


¡Al fin ha llegado Caldera! Después de treinta años se logra terminar una tarea que, en momentos, parecía imposible. A pesar de la alegría, cabe preguntarse ¿existirá otro país en el mundo donde el letargo sea de esta magnitud y se necesite tanto tiempo para construir una obra que no está entre las 7 maravillas del mundo moderno? No lo sabemos, lo que sabemos, y lo que importa, es que esta mala broma de Caldera le ha costado al país productividad, riqueza y competitividad. Pero Caldera no es un simple hecho aislado, no es una casualidad del destino, no. Caldera nos desnuda a dos niveles: institucional y cultural, y precisamente de esto trata el tema polémico del día de hoy.

A nivel institucional, la espera de 30 años para inaugurar una simple carretera deja al descubierto la inoperancia del aparato estatal, su letargo para realizar cualquier gestión. Un aparato estatal sobredimensionado que acaba asfixiando cualquier iniciativa ya sea privada o pública, que a la postre acaba por restarle competitividad al país. Es claro que esta situación demuestra la imperiosa necesidad de hacer las reformas necesarias para que el Estado deje de entorpecer el desarrollo de las personas y estas reformas no se pueden postergar más.

A nivel cultural, mostró cuan arraigada se encuentra la cultura del hombre-masa ortegeano, aquel que sólo desea derechos pero nunca obligaciones, aquel que piensa que la civilización nos cae desde el cielo y que su mantenimiento nos viene gratis. Es increíble ver que existen individuos berreando por el pago del peaje y más que no se dan cuenta -en su estrechez mental- que tanto el tiempo como la gasolina que se ahorrarán superan por mucho al costo del mismo. Por eso sabemos bien que lo que les duele es pagar simplemente, ello gracias a la cultura que dejó el Estado “Benefactor” en el país: creen que existe el derecho fundamental de vivir gratis o mejor dicho vivir a costa de los demás.

Caldera nos arroja unas cuantas lecciones importantes, pero apenas son la punta del iceberg. Ojalá que este y otros más casos que día a día desnudan la inutilidad de nuestro Estado y la vulgar mentalidad de muchos costarrincenses, acostumbrados a pedir pero jamás a asumir responsabilidades, faciliten la toma de conciencia individual, respecto a la necesidad de cambiar las cosas y abandonar las prácticas viciosas que han caracterizado a este país por mucho tiempo, en especial, durante el tiempo del "Estado Benefactor".

martes, 4 de marzo de 2008

En Vela


Walter Robinson renunció como presidente ejecutivo de Japdeva y su renuncia se recibió con vítores y aplausos en el círculo de los más fervorosos enemigos del progreso de Limón: los dirigentes sindicales. Esta reacción representa un honor para él.


He aquí otro episodio de la tortuosa historia de esta institución pública, nacida con las mejores intenciones, pero que, atrapada por el clientelismo político, los dirigentes sindicales, las convenciones colecti- vas, la falta de autoridad de no pocas juntas directivas y los temores de diversos Gobiernos, no ha podido desarrollar la magnitud de su cometido. La extensión, contenido y sonoridad de su nombre: Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica ha sido inversamente proporcional a sus logros. ¿Cuánto nos ha costado Japdeva? Un uno y todos los ceros del mundo.

¿Pruebas? Una es suficiente: los frutos ubérrimos de la concesión portuaria en Caldera. Esta concesión ha desnudado a Japdeva, a Gobiernos, políticos, profesionales y, sobre todo, a los sindicalistas, que han mamado a doble carrillo en esta institución. Merecen reconocimiento los que, fuera o dentro de Japdeva, antes y ahora, se han afanado por su liberación y progreso. Sin embargo, las fuerzas que, dentro y fuera, se entrecruzan para neutralizarla y degradarla han sido tan poderosas que este noble propósito no ha cristalizado. Japdeva, como dijo un presidente ejecutivo, ha sido una piñata y un botín de logreros y mercaderes políticos.

¿Es que se requieren más pruebas que las ofrecidas por Caldera en solo 16 meses, en el orden económico y social, para bien de la economía nacional y provecho de Puntarenas? ¿Es que se necesita más prueba que el atraso portuario de nuestro país, ante el empuje e innovación de otros, en particular de Panamá? ¿Es que puede un país desenvolverse con visión y eficiencia, en el campo portuario, en el marco de la globalización, la férrea competencia y la apertura, con puertos anacrónicos y endebles?

Hay dos polarizaciones en Costa Rica: el 18% de los pobres y los demás, y los que luchan seriamente por el progreso del país y los otros, sindicalistas y políticos, expertos en esgrimir palabras mágicas, por sus efectos mediáticos, como privatización, Estado solidario, neoliberalismo y otras para atemorizar y chantajear. Limón ha sido una de las víctimas explotadas de esta alianza entre el oportunismo, el chantaje y la incapacidad de una minoría sindical y política, pese a disfrutar de oportunidades espléndidas, en su riqueza y en los proyectos propuestos en estos años, para salir de su letargo.

Julio Rodríguez

lunes, 25 de febrero de 2008

Los puertos y sus realidades



"Puerto Caldera generó en los primeros 16 meses de concesión ¢1.863 millones para construir parques, reparar escuelas, comprar pupitres, otorgar becas y mejorar la infraestructura turística en Esparza y Puntarenas.

Una parte del dinero, ¢600 millones, ya está en poder del Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico (Incop), para recuperar la Capitanía de Puntarenas, rescatar el balneario Los Baños y ensanchar el muelle de cruceros.

El resto, ¢1.263 millones lo administran las municipalidades de Esparza y Puntarenas para arreglar caminos, fortalecer fondos escolares y construir acueductos y sistemas de alcantarillado.

Este monto acumulado entre agosto del 2006 y diciembre del 2007 corresponde a los cánones que paga el concesionario, la Sociedad Portuaria de Caldera por cada tonelada movilizada.

El disponible para desarrollo social en Caldera es superior a lo que invierte en Limón la empresa estatal que administra los puertos de Moín y Limón.

Según los datos más actuales suministrados por la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva), en el 2006 tuvo un presupuesto de ¢4.298 millones para obras sociales.

No obstante, de ese gran total, solo ejecutó ¢2.186 millones, pero ¢1.353 millones equivalían a salarios y cargas sociales y solo ¢833 millones fueron obras construidas.

En 16 meses Caldera tiene más del doble de recursos para obras sociales que Japdeva y así lo reconoció Urías Ugalde (Presidente Ejecutivo del INCOP)."

Pero las buenas noticias no terminan aquí, ya que la administración y eficiencia del puerto también ha mejorado desde la concesión, como lo demuestra el siguiente gráfico. ¿Quién lo hubiera imaginado?

En ASOJOD celebramos dicha noticia y esperamos que algún día las fuerzas anti-progreso comprendan que la productividad, la inversión y la eficiencia económica son las llaves para el desarrollo así como para el mejoramiento de las condiciones de vida de todos los costarricenses. Los datos y la realidad una vez más están de nuestro lado, ahora le toca el turno a JAPDEVA.

sábado, 4 de agosto de 2007

¡Increíble!


¨Una maraña de trámites y atrasos impide a puerto Caldera estrenar una moderna grúa traída desde Austria para agilizar la carga y descarga de graneles y contenedores.

La mole de acero, valorada en ¢2.500 millones, ya está instalada en el puerto y tiene capacidad para descargar hasta 50 contenedores por hora.
Foto Flotante Relacionada: 1677507

Sin embargo, la grúa no puede operar porque la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) no ha definido la tarifa que se cobrará por el servicio.

La Aresep, el Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico (Incop) y el concesionario del puerto se echan unos a otros la culpa de este retraso.

Eso significa que la grúa estará varada agosto y setiembre y que los trámites del Incop y la Aresep tardarán al menos 5 meses en total.¨

Las líneas anteriores son un claro ejemplo de la miseria y el sub-desarrollo al cual nos tiene condenado ese monstruo esotérico: el Estado. A pesar de la buena gestión por parte de la empresa privada y su inversión para adquirir una nueva grua del más alto nivel, los engorrosos trámites que el mismo Estado ha creado asfixian la creación de riqueza. Para nadie es un secreto la importancia que poseen los puertos para el comercio, así como la relación que existe entre el comercio y el crecimiento económico, es por esto que este tipo de bromas no pueden seguir sucediendo, si en verdad queremos dar un salto al primer mundo.

Ante estas bochornosas situaciones en la que nos pone el Estado, el camino parece estar muy claro: la privatización. Definitivamente no se le pueden pedir peras al olmo.