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martes, 30 de octubre de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: Banco Popular, otro feudo estatal bajo la lupa

Recientemente, un informe confidencial de la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) del 6 de setiembre pasado y comentado por La Nación del 8 de octubre, bajo el encabezado “SUGEF cuestiona nombramientos en gerencias del Banco Popular,” señala una serie de decisiones tomadas por la Junta Directiva de ese Banco, por las cuales “se incurrió en observancias a sanas prácticas de buen gobierno, así como incumplimientos de la normativa interna y externa,”
 

Los tres funcionarios cuyos nombramientos se cuestionan son el gerente general, de apellido Rodríguez, y dos subgerentes, de apellidos Aguilar y Rodríguez. Ellos fueron nombrados por un período de 5 años, por un procedimiento disputado por la SUGEF.
 
En esencia, la Junta Directiva del Banco aprobó el 22 de mayo pasado los elementos de idoneidad y perfiles que deberían tener los tres nuevos funcionarios. Pero, poco después, el 24 de mayo, la Junta nombró en los nuevos puestos a Rodríguez, anterior gerente de Popular Pensiones, así como a Aguilar, quien fungía como director de riesgos del grupo bancario, y el 4 de junio a Rodríguez, quien estaba a cargo del puesto de bolsa del Banco, sin que el Banco hubiera definidos los nuevos cargos y el rol que desempeñarían los nuevos funcionarios.
 
La SUGEF advirtió que la misma semana en que la Junta empezó “a analizar los atestados de los candidatos, coincide con la fecha de designación.” Asimismo, la SUGEF “criticó que la selección de los gerentes fuera hecha de forma exclusiva por la Junta Directiva” sin acudir a asesores externos especialistas en selección de personal. Igualmente, que no hay evidencia de que la Junta entrevistara a alguno de los candidatos a esos puestos y tampoco aparecieran “en los expedientes suministrados… pruebas aplicadas a los candidatos, como, por ejemplo, pruebas psicométricas, pruebas de habilidades, pruebas técnicas, ni estudios de carácter económico y social, entre otros.” Además, se refiere el informe de la SUGEF, que hubo directores del Banco que “conocieron la lista completa de candidatos una semana después de nombrados el gerente y subgerente.” Esto último sorprende, pues a la hora de votación de los directores no se les presentó el informe correspondiente con la totalidad de los candidatos, o bien, sólo unos sí lo sabían, mientras que otros no.
 
Pero hay más. En cierto momento se les nombró ganando un sueldo (no se indica si a los tres referidos o sólo a alguno de ellos) de ¢12.6 millones mensuales (me imagino que es sueldos más pluses, pero que no incorpora salarios en especie), si bien ya existía una directriz de la presidencia de la República en cuanto a un tope de ¢9.5 millones al mes, para los gerentes de los bancos estatales. Este salto olímpico a la directriz se tradujo en que el gobierno suspendiera a sus tres representantes en la anterior Junta Directiva del Banco. (Antes de esa directiva presidencial, el sueldo del gerente del Banco era de ¢16.5 millones mensuales).
 
La SUGEF indica que, cuando se nombró a estos tres funcionarios, el Banco no tenía “una política de remuneraciones para la alta administración aprobada y de fácil acceso público,” así como que los directivos “eligieron a los gerentes, pese a que incumplían con requisitos para ocupar puestos claves, dictados por el propio Banco y la SUGEF.” Así como que el nuevo gerente general “no tenía experiencia en alta gerencia a nivel corporativo en instituciones públicas o privadas.” Similarmente, que el subgerente Aguilar no “cumplía con el requisito de contar con al menos cinco años de experiencia en puestos de alta gerencia,” y que no hay evidencia de que el subgerente Rodríguez tuviera estudios “con especialidad en finanzas internacionales o administración de proyectos.”
 
Bueno, todo se cocinó dentro de casa. Y pensar que todos los trabajadores del país se ven obligados a cotizar, como parte de las cargas sociales, un 1% de su salario, si bien les será devuelto después, pero, también se obliga al patrono, que incluye al estado y, por tanto, se hace con los fondos de todos los ciudadanos, a desembolsar el 0.5% del salario, para que pase a ser propiedad del Banco. Creo que es hora de que esa transferencia totalmente innecesaria para el Banco cese y que opere por su propia gestión, no con subsidios de la ciudadanía. Como diría alguien, “ya están muy grandecitos” para requerir subsidios pagados por todos.



Jorge Corrales Quesada





martes, 10 de abril de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: terminar de quebrar a Bancrédito

En alto grado sabemos del cierre del Banco Crédito Agrícola; los detalles de esa situación espero que se conocerán con el paso del tiempo, incluyendo, ojalá, la responsabilidad de las autoridades actuales del país que no han tomado las medidas de cierre adecuadas y que ha provocado pérdidas mucho mayores, que si se hubiera actuado a tiempo. No entraré a pedir cuentas, pues es sabido que probablemente nunca saldrán a la luz los responsables de todo eso. Más bien quiero ahondar acerca de ciertas medidas y situaciones recientes que parecen destinar al banco hacia una quiebra plena.

La base del comentario se encuentra en el artículo de La Nación titulado “Interventor: Bancrédito se encamina a la quiebra técnica: Pérdidas de ₡30.000 millones se comieron 45% del patrimonio en un año.” Entendamos lo que significa patrimonio: básicamente la diferencia entre lo que se tiene y lo que se debe: su valor neto; si pagara todo lo que debe, lo que le termina quedando. El banco tenía al cierre del 2016 un patrimonio de ₡68.130 antes de entrar en la crisis ya conocida. Si se toman en cuenta las pérdidas del 2017 más las de enero recién pasado, su patrimonio quedaría en sólo ₡37.407 millones: esto es, en un año el banco ha perdido un 45% de su patrimonio. Lo que al final de todo le queda a los ciudadanos, dueños de ese ente público, en ese lapso se ha reducido fuertemente.

Las razones de las pérdidas en este año, el medio las atribuye al “menoscabo de la cartera de crédito debido a operaciones que entraron en morosidad o pasaron a cobro judicial”... y “por el registro del gasto para crear la provisión de cesantía de los empleados de la institución.”  El gobierno intervino el banco a fines del año pasado, después de que en mayo de ese año cerrara su operación financiera y “transformarlo en un banco de fomento. No obstante, dicho plan nunca prosperó.” 

El interventor del banco, don Marco Hernández, de acuerdo con el medio “resaltó que la situación financiera del banco dependerá de la gestión que se realice en la recuperación de los activos -cartera de crédito- así como del comportamiento del pago que tengan” que hacer quienes le deben al banco. Pero, y he aquí lo sorprendente y hasta malévolo, es que, en primer debate, los diputados aprobaron el pasado 8 de marzo, dar a los 694 empleados (477 ya despedidos y 217 que aún laboran en el banco) un monto adicional de ₡3.000 millones a todas las prestaciones laborales ya contempladas en su proceso de administración de la crisis. O sea, se otorga un monto adicional a las estimaciones de ley que se debe pagar a los trabajadores en caso de liquidación o cierre de la firma, que equivalen, en promedio, a cuatro meses más de salarios, lo que significa un monto promedio de ₡4.322.766, adicionales a los pagos que por ley se dan por el cierre del banco. 

¿Nos debe sorprender este nuevo olio indebido de recursos públicos que hacen algunos políticos y que será cubierto por toda la ciudadanía?  Realmente no, pues por otro lado, en un banco -el Nacional-, debido a que en este año las ganancias no fueron tan altas como el previo, al financiar proyectos que no fueron rentables, se reduciría lo que se les reparte a los empleados como bonificación del 15%. Eso ha hecho que los empleados -como si fueran dueños del ente- amenacen con ir a huelga por esa rebaja de su privilegio.

El serio daño de la decisión de obsequiar recursos públicos o privilegiar a unos pocos con fondos pagados por todos los ciudadanos, fue claramente expuesto por el interventor del banco, quien dijo que se preveía una utilidad para el mes de febrero de ₡697 millones y que “no esperaban mayores pérdidas”, pero, “el panorama dio un giro” debido a esa concesión graciosa de diputados, que es así como usan el dinero de todos los ciudadanos. En un comentario de La Nación del 9 de marzo, “Empleados de Bancrédito se van con ₡3.000 millones,” se lee la oportuna manifestación del interventor Hernández, de que aprobar ese proyecto -como se dio afortunadamente sólo en una primera instancia- “implicaría una carga que elevaría sobremanera el pasivo laboral y para lo cual el Banco no tendría la liquidez para su pago oportuno.”

Sonrientes, 14 diputados de casi todos los partidos políticos hoy representados en la Asamblea Legislativa, han decidido quitarles esos recursos a las personas (posiblemente por medio de mayores impuestos), para dárselos a un grupo específico. Nada más rico que regalar plata ajena... Después de todo, dicen no explicarse (o no querer aceptar) por qué la gente está tan molesta con la acción de los políticos tradicionales.

La buena noticia es que, poco antes de publicar este comentario, el presidente de la República indicó que vetaría ese proyecto, lo cual mucho me alegra.  El escéptico se preguntará por qué, si se sabía de la aprobación legislativa de ese proyecto antes de las elecciones, no que lo vetaría informó antes de que se realizaran. El realista dirá que eso no reduce el exceso de gasto público, pues nunca se realizó y, si se le considera un esfuerzo tardío por reducir el gasto, lamentablemente, si bien ejemplar, es poca cosa comparado con lo que se debería hacer en vez de aumentarnos los impuestos a los ciudadanos.



Jorge Corrales Quesada 




martes, 9 de agosto de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: comparando dietas bancarias

Tal vez resulta difícil hacer una comparación clara de las dietas pagadas en distintos entes bancarios. Esto por las siguientes razones, entre otras: cada entidad principal (banco o similar) tiene un número diferente de subsidiarias en donde se pagan dietas; asimismo, los bancos tienen distintos máximos mensuales de sesiones en las que se pagan dietas; también porque algunos de esos entes pagan dietas en función de los sueldos de otras entidades; asimismo, porque tienen operaciones diferentes y ello puede impactar en la calidad de los directivos que se deben pagar.

El informe de La Nación del 20 de mayo, titulado “Popular paga hasta el triple en dietas que otros bancos: Análisis de retribuciones a directivos en banca pública,” brinda luces acerca de un tema del cual la ciudadanía conoce relativamente poco.

Empiezo señalando la ejecución de presupuestos del 2015 en el rubro de dietas de las juntas directivas de algunos entes, indicando el número de subsidiarias en las que se pagan dietas:

BANCO POPULAR: Presupuesto ejecutado en dietas ₡470.164.680, con 4 subsidiarias.
BANCO DE COSTA RICA: Presupuesto ejecutado en dietas ₡242.998.122, con 4 subsidiarias.
BANCRÉDITO: Presupuesto ejecutado en dietas ₡188.468.301, con 3 subsidiarias.
BANCO NACIONAL: Presupuesto ejecutado en dietas ₡143.600.000, con 4 subsidiarias.
BANCO HIPOTECARIO DE LA VIVIENDA: Presupuesto ejecutado en dietas ₡98.398.320, sin subsidiarias.
OPERADORA DE PENSIONES DE LA CAJA: Presupuesto ejecutado en dietas ₡76.485.849, sin subsidiarias.
INSTITUTO NACIONAL DE SEGUROS: Presupuesto ejecutado en dietas ₡52.470.000, con 5 subsidiarias.
BANCO CENTRAL: Presupuesto ejecutado en dietas ₡20.898.640, sin subsidiarias.
Una forma que podría indicar si hay “mano suelta” en cuanto a dietas es el número máximo de sesiones que pueden realizarse mensualmente; esto es, si se excede a tal número de sesiones no serían pagadas (no sé en qué grado puede suceder eso):
MÁXIMO DE 2 SESIONES MENSUALES: Las subsidiarias del Banco Popular, del Bancrédito, del Banco de Costa Rica y del Banco Nacional.
MÁXIMO DE 4 SESIONES MENSUALES: La Operadora de Pensiones de la Caja.
MÁXIMO DE 5 SESIONES MENSUALES: Las Juntas Directivas del Banco Central, del Banco de Costa Rica y del Banco Nacional.
MÁXIMO DE 8 SESIONES MENSUALES: Las Juntas Directivas del Instituto Nacional de Seguros, la del Bancrédito y la del Banco Hipotecario de la Vivienda.
MÁXIMO DE 12 SESIONES MENSUALES: La Junta Directiva del Banco Popular.
Un cálculo de la moda (medición estadística que indica el valor que tiene la mayor frecuencia absoluta) de las dietas que cada miembro de una junta directiva recibe por reunión, asciende a ₡202.960, calculado para 3 de cada 4 miembros que asistan.
Algo interesante: tanto los bancos comerciales (el Costa Rica, como el Nacional, el Popular, el Bancrédito), así como el Banco Central, a diferencia de los otros entes que forman parte del análisis del medio, para definir sus dietas utilizan como base un 10% del sueldo del Contralor General de la República.  Si aumenta este último, aumentan proporcionalmente todas esas dietas. (¡Imagínense el deseo de que se le aumente el sueldo al Contralor!)
Cada directivo de esas entidades podrá ver sus ingresos aumentados en función de las reuniones de junta que realice la entidad correspondiente, que pueden llegar a 5 en el caso de los bancos, a 8 en el caso del Instituto Nacional de Seguros, Bancrédito y el Banco Hipotecario de la Vivienda y a 12 en el Popular.  Caso contrario sucede con las subsidiarias de los bancos, en donde como máximo las sesiones pagadas son 2 al mes. Esto podría servir como un indicador de que hay “manga ancha” en ciertos casos.
En el Banco Popular, dentro de esas 12 reuniones posibles se incluyen “las sesiones de la Junta y la participación en alguna de las nueve comisiones que existen en la agrupación.” Por tal razón, “la Junta Directiva acumuló un total de 276 reuniones en el 2015,” casi que una diaria en todos los días hábiles del año y quitando las vacaciones. 
El pago de dietas en las comisiones del Banco Popular permite que los miembros de su junta directiva puedan cobrar montos anuales, en promedio, de ₡29.086.960, que resulta de dividir el presupuesto total para dietas de ₡470.164.680 entre los 7 miembros que integran su junta directiva.
Las dietas promedio anuales per cápita fueron: Banco Popular, ₡29.088.960; Bancrédito, ₡18.548.686; Banco de Costa Rica, ₡18.040.845, BANHVI, ₡14.056.902 y Banco Nacional, ₡13.485.714
Me surgen varias preguntas a partir de esta información. Menciono algunas: (1) ¿por qué hay bancos que realizan casi las mismas funciones, como el Costa Rica, el Nacional o el Bancrédito, pero pagan dietas tan diferentes?, (2) ¿Es apropiado que entidades que sí pueden requerir una junta directiva altamente calificada, como el Banco Central, reciban dietas mucho menores que las de, por ejemplo, el Banco Popular, en donde su junta directiva no está integrada con base en calificaciones profesionales, sino por la membresía en agrupaciones sociales específicas?, (3) ¿por qué las dietas de los bancos están en función del sueldo del Contralor de la República y otras no?, (4) ¿por qué las dietas no se pagan en función de la complejidad de la labor esperada de un miembro de su junta directiva?, (5) ¿por qué tanta diferencia en el número de sesiones que pueden realizar los diferentes entes cuando en apariencia hacen tareas similares?, y ¿por qué eso de pagar dietas por asistencia a comisiones, cuando debería de serlo por sesiones de la junta directiva?
Todo esto da mucho que pensar…
Jorge Corrales Quesada