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jueves, 6 de febrero de 2014

El fracaso de la socialdemocracia

Quiero, sin rodeos, declarar categóricamente que el socialismo y su mediocre prima, la socialdemocracia (corporativista), han fracasado en su lucha por abolir las diferencias y conflictos entre las clases sociales, tras casi 100 años de intentos mal concebidos.  Al hablar de socialismo o socialdemocracia, me refiero al control directo o democrático de la economía por parte de agentes burocráticos y mercantilistas que, bajo esquemas corruptos, se aferran al poder para activar sus agendas egoístas en detrimento de la libertad individual y del crecimiento intelectual y económico del ciudadano común. 

Mientras que los fracasos económicos son claves a la hora de poner en evidencia la desconfianza de las masas hacia los líderes de los gobiernos socialdemócratas, los síntomas más reveladores de la degeneración estatista y mercantilista han sido de carácter político. La elección de líderes que deben jugosas facturas a ciertos grupos económicos, dueños de sus decisiones, y la incesante búsqueda de renta personal en la función pública, han puesto de manifiesto la falta de una filosofía política transparente y eficaz. Esto, unido al levantamiento de un masivo y mediocre aparato burocrático que impera sobre el pueblo y limita el acceso a las fuentes de riqueza por parte de una clase media vulnerable; situación que, lejos de sacar a miles de ciudadanos de la pobreza, los mantiene atados a la ignorancia y las regalías que, cada cuatro años, les son arrojadas desde las ventanillas estatales, como fruto del engaño electoral basado en promesas ilusorias. 

Creer que la justicia social se logrará fortaleciendo temporalmente a un Estado redistribuidor de la riqueza, es lo mismo que equipararlo a un superhéroe, similar al de muchas tiras cómicas, provisto de fuerzas y poderes imaginarios y absolutos. La vía correcta consiste, más bien, en fortalecer las estructuras fundamentadas en la propiedad privada de los medios de producción y de servicios, propiedad que solo tiende a concentrarse en pocas manos si los gobiernos favorecen a determinados grupos económicos, escondidos detrás de la bandera del libre mercado pero que, en la realidad, no poseen ni la energía creadora ni el empeño suficiente para competir en un ámbito totalmente libre.

Es cierto que el liberalismo, pilar del capitalismo, al reconocer el derecho del hombre como ser individual insustituible, ha subestimado su necesidad de pertenencia social en alguna medida y que esto ha llevado a los sectores menos favorecidos a un inevitable sentimiento de aislamiento y abandono; ahora bien, es precisamente dicho sentimiento el que urge erradicar por la vía del aumento en el intercambio, en todo nivel. 

Solo fomentando una economía en la que el conocimiento sea el único recurso digno de apalancar, tanto por la vía privada como estatal, se conseguirá incluir al individuo dentro de un sistema de especialización e intercambio, libre de complejos y de manera natural. Claro está que siempre existirán personas que, por diversas razones, no podrán ingresar a tal sistema en iguales condiciones de oportunidad, y a las cuales habrá que crearles redes de asistencia social-humanistas y de naturaleza local, mas no paternalistas, con el fin de que se conviertan por sí mismas en una fuente de semilla solidaria en el seno de la sociedad civil. De esta forma, sin duda, fertilizaremos las raíces de lo que llamamos, hoy y aquí, liberalismo integral.

Andrés Pozuelo Arce

viernes, 26 de julio de 2013

Viernes de Recomendación

¿Realmente los ricos son los responsables de la pobreza de los demás? Les compartimos este video para que saquen sus propias conclusiones.

martes, 2 de abril de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: desafíos para el liberalismo en Costa Rica

Dada la limitación de tiempo para esta exposición, brevemente expondré lo que considero son 10 importantes retos de índole doméstica, que enfrentará el liberalismo en Costa Rica en los años venideros. El orden en que se presentan esos retos no es indicativo de su importancia relativa: eso se lo dejo a ustedes. Asimismo, haré un breve comentario o propuesta acerca de lo que ese  grupo de pensamiento podría ofrecer como solución alternativa a esos retos, en un marco de libertad. Soy consciente de que habrá muchas otras opciones a las que yo formule, las que también podríamos llamar de corte liberal.

RETO 1: Se está haciendo frecuente que en nuestro país, bajo el nombre de “derechos”, se otorguen los más diversos subsidios, a fin de promover políticas estatales que los políticos consideran deseables. Ejemplos son pagar para mandar los hijos a las escuelas y la provisión de servicios de guarderías públicas.

COMENTARIO: Costos en que tradicionalmente incurrían los padres, son ahora trasladados al erario público, sin que siquiera se determine una rentabilidad apropiada en el uso de esos recursos, además de desincentivar el esfuerzo familiar, responsable de generar los ahorros para enfrentar esas necesidades. Se rompe así un vínculo de responsabilidad familiar en la crianza de los hijos, pues ahora parte sustancial de ella es trasladada al estado. Además, estas políticas constituyen un elemento del gasto público, que aumenta un déficit que daña principalmente a las familias trabajadores, a través de la inflación. 

La moda es llamar “derecho” a lo que alguien puede considerar como bueno y se legisla para que las personas lo dispongan por decisión gubernamental. Algún día, se mencionará el “derecho” a respirar, caminar, tomar leche, ir al futbol, lo que sea considerado por algún legislador como deseable o bueno o simplemente para poder ejercitar una imaginaria “justicia social”. Se ha alterado el concepto fundamental de “derecho”, que es inherente a la naturaleza del individuo y no el producto de una decisión otorgada por el cuerpo político. Usualmente la provisión de algo que sea considerado como bueno, se le otorga a un grupo en particular y no a la generalidad de las personas. A esa provisión se le llama “derecho” y no un dotación monetaria, por el simple hecho de que se consideró que algunos merecen ese pago.

RETO 2: Continuará la búsqueda de rentas del empresariado, ya sea buscando aranceles, limitaciones a la competencia, exoneraciones impositivas y definición de políticas que le generen un beneficio particular, entre otras.

COMENTARIO: El liberalismo debe continuar su esfuerzo por mostrar que dicha búsqueda de privilegios, otorgados a algunos por el cuerpo político, es dañina para la sociedad como un todo, que probablemente tiene un efecto negativo sobre las finanzas del estado, que encarece los costos a los consumidores y, ante todo, que impide los beneficios que la competencia brinda a consumidores y usuarios.

RETO 3: Ante una muy extendida creencia de que las regulaciones son casi siempre deseables, veremos que habrá mayor presión política por introducir nuevas y mayores regulaciones en el ámbito económico, tanto para empresas como para individuos.

COMENTARIO: Será una tarea muy ardua el confrontar esta idea, la cual asume que el Estado sabe de todo y mejor que las personas que están directamente involucradas. Lo más importante será mostrar que dichas regulaciones, introducidas pretendidamente para favorecer al consumidor, más bien le perjudican. Además, de que, una vez puesta en práctica, la regulación suele ser seguida de mayores regulaciones, que lo que hacen es profundizar los daños. Nunca para eliminarlas por ineficientes, onerosas o por ser incapaces de lograr los propósitos para los cuales fueron introducidas inicialmente.

RETO 4: Un serio problema que seguirá enfrentando el movimiento liberal del país es el llamado “free rider” (oportunistas, aprovechados, que no trabajan por lo que tienen). A pesar de que la nación, parafraseando al gran pensador liberal Adam Smith, se enrique, se beneficia, enormemente con la vigencia de la libertad en la economía, algunas personas dejan que sean otras, en vez de ellos, quienes financieramente encaren el costo que implica la vigencia de la libertad. Que sea algún otro, en vez de ellos, quien sufrague el costo que tiene la libertad, que, como sabemos, no es un bien gratuito.

COMENTARIO: Es necesario reiterar que, en caso de que se propongan políticas que dañan la libertad, luchar contra ellas tiene un costo, el cual es necesario sufragarlo.  No ayudar a que se tenga éxito en la lucha por la libertad, terminará por afectar incluso a quienes creen que, en un corto plazo, no lo van a ser.  La historia es muy clara en ejemplos de ello.

RETO 5: En estos momentos, y creo que tal vez por algún buen rato, cualquier partido político de carácter liberal no pasará de ser una minoría eterna.  Lo que hoy el elector liberal encara es escoger entre la pureza política o la viabilidad política.
COMENTARIO: Puesto a escoger entre esas alternativas, me inclino por sugerir a los electores liberales que escojan por aportar su caudal intelectual, a aquel partido político que menos se aleje de sus postulados liberales.  La realidad de la política actual está a punto de extinguir nuestra posibilidad de influir, para que las decisiones estatales hagan el menor daño posible a la libertad. Sugiero, y bien podría estar equivocado, que seamos activos partícipes de la política electoral, según nuestras preferencias personales, pero en ambientes políticos en donde podamos ejercer alguna influencia en la definición de políticas. Tenemos las ideas, que serán las que en última instancia nos validen ante el electorado.

RETO 6: Estaremos a la defensiva en el embate redistribucionista que uno observa por todos lados. La idea de que es justo quitarles a unos para darles a otros, por las razones que sean, prevalecerá aún más que hoy en el campo político, en especial cuando, en nombre de una visión tergiversada de democracia, dicha redistribución se sustentará en votaciones de una simple mayoría de uno más. 

COMENTARIO: Debemos enfatizar que la solución a la pobreza radica en las posibilidades de crecimiento de una nación. Es necesario exponer claramente la falacia social-democrática de John Stuart Mill, de que era posible distanciar las decisiones de optimización de la producción, de aquellas de su distribución. Esto es, la creencia social demócrata de que el estado no debe intervenir en las decisiones de producción de una economía, pero sí en la distribución de los bienes que surgen del esfuerzo productivo.  Es imposible separar ambas funciones –producción y distribución- en una economía. Al afectarse la distribución del producto por decisión gubernamental, se afectan los incentivos necesarios para hacer máxima la producción. Ese es un sofisma del pensamiento social-democrático, que debemos exponer permanentemente.  

RETO 7: Aumentará la presión para para que se aprueben mayores impuestos, a fin de llenar un déficit provocado por un exceso de gasto público. También escucharemos adosado, que es necesaria una reforma tributaria (al menos en el caso del impuesto sobre la renta).

COMENTARIO: Es conocida nuestra posición en cuanto a cómo cerrar el déficit del sector público: reducir el gasto gubernamental excesivo que constituye la raíz del problema. Más complicada es la propuesta de reformar el impuesto sobre la renta. Soy partidario de un impuesto bajo y uniforme (flat tax), pero soy realista de que, en nuestro país, hoy vivimos dos regímenes tributarios totalmente diferentes. Uno actualmente aplicable a empresas y personas ubicadas en el territorio nacional y otro con una exoneración plena del impuesto sobre la renta a gran cantidad de empresas, principalmente extranjeras, que se haya en zonas francas y similares. Soy consciente del beneficio para el país de la inversión extranjera, pero hay una enorme distorsión, cuando sólo los primeros son el objeto de cualquier aumento tributario, en tanto que a los segundos no se les hace partícipes de financiar el gasto estatal, que incluso puede ir en su propio beneficio, directo o indirecto.

Propongo, en primer lugar, que la reforma tributaria no se traduzca en un aumento de la carga impositiva y, en segundo lugar, que haya un sistema tributario dual, con tasas bajas y uniformes dentro de cada uno de los grupos.  Las empresas atraídas a invertir en zonas francas del país, empezarían a pagar después de cinco años de haber iniciado sus operaciones de producción, de manera que ya pueden haber recuperado, al menos en gran parte, su inversión inicial. Una tasa uniforme entre 5 y 10% es la que propondría para aplicarle a estas empresas, en tanto que las nacionales pagarían una tasa uniforme del 20% y las personas físicas una única del 12%. Por supuesto, que se eliminarían todas las exoneraciones actuales, excepto la llamada exención básica. Hoy esas exoneraciones más favorecen a quienes tienen mayores ingresos que a los de menores ingresos: todos iguales ante la ley.

RETO 8: La posición democrática que parece persistir en nuestro medio, de que una mayoría hace razón, continuará su embate, poniendo en peligro las libertades individuales.

COMENTARIO: Quedemos muy en claro: como el político liberal Winston Churchill, creo que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos.  Esto significa que no estaré de acuerdo en que, por una mayoría democrática, se conculquen los derechos esenciales de las personas, derechos propios de la naturaleza humana, que no deben estar sujetos a la volubilidad política, sino ser garantizados permanentemente por el orden político. Hay gente que cree que, porque una mayoría opina en cierta manera, eso da razón para definir leyes en dicho sentido. Me imagino, por ejemplo, que si una mayoría democrática cree que los gordos y bigotones deben ser eliminados, es razón para así hacerlo. Así lo hizo Hitler con los judíos, Stalin con muchas etnias en Rusia o Mao en el caso de la Revolución Cultural. Como ser humano, como gordo y bigotón, me opongo hasta la muerte frente a tal pretensión –de todos modos me iban a acabar. Por eso es necesario cuando hablamos de una democracia, que esta sea limitada y no ilimitada. Que esté refrenada por el principio esencial de la libertad individual. Los derechos de las minorías deben siempre estar garantizados ante las pretensiones de una mayoría del momento.

RETO 9:   Ojalá que en los años venideros, veamos una disminución de las trabas burocráticas y en el número de entes burocráticos.

COMENTARIO: Es necesario fortalecer nuestros esfuerzos por mostrar el enorme costo que para nuestra sociedad tienen tales obstáculos y desperdicio de recursos escasos. No podemos quedarnos contentos y satisfechos con que, en un índice acerca de Cómo Hacer Negocios, el país haya avanzado 12 lugares entre el 2012 y el 2013, si continuamos en la ignominia e inutilidad de ser el número 110 entre 185 naciones. Seguimos estando sumamente atrasados en cuanto a la eficiencia con que el país –principalmente el estado- promueve la creación de empresas. Continuamos siendo una más del montón del Tercer Mundo.  Les doy un dato: Mientras que en Costa Rica se estima que se tarden 60 días (si es que se lo creen), en América Latina y el Caribe, el promedio es de 53 y en los países desarrollados, que conforman lo que se denomina la OCDE, se dura tan sólo 12 días.

RETO 10: En nombre de una lucha en contra de la pobreza, probablemente veremos cómo se tomarán medidas, que más bien frenan nuestras posibilidades de crecimiento.

COMENTARIO: El principio económico fundamental es la limitación de recursos que se pueden destinar a satisfacer la infinitud de necesidades y deseos de los seres humanos. Es el principio de la escasez. Ante esto, es trascendental el tema de cómo lograr el mayor incremento posible de la producción, destinada a satisfacer esas aspiraciones.  El sistema de mercado, basado en la propiedad privada, en la división del trabajo y el intercambio libre entre las personas, ha probado históricamente ser el factor que, con mayor posibilidad, permite que las economías crezcan.  El estado es necesario en dicho orden económico. De su necesidad para asegurar la vigencia de los contratos y la seguridad externa y externa de una nación, no debe dejarse que se convierta en un obstáculo para el crecimiento económico.  Al afectar las decisiones de las personas de intercambiar libremente, introduce distorsiones que hacen que los individuos no busquen la mayor producción posible. 

Habrá intervenciones gubernamentales que, en ciertas circunstancias, podrían ser deseables, como, por ejemplo, cuando la acción de una persona afecta a otra y no se le compensa debidamente por ello (externalidades negativas claramente definidas y en donde se tome en cuenta el costo de esa intervención estatal). Lo que está sucediendo es que, ante cualquier situación o circunstancia que se presenta en la economía, que no sea del pleno gusto de una persona o grupo de ellas, se busca usar el poder regulatorio del estado, para que el libre accionar de aquellas personas, sea forzado a conformarse con los intereses propios de quienes demandan regulaciones y no a los de los partícipes del libre intercambio.  

CONCLUSIÓN: 

Al final de la jornada, soy optimista en cuanto al futuro de la libertad en nuestro país. Es cierto que hay momentos en que el pesimismo se hace presente. Pero me acuerdo de cuando era un boy scout, siendo niño, en que, al anochecer, antes de dormirnos, nos reuníamos alrededor de unos leños que ardían.  Al rato empezaban a apagarse hasta que la luz se extinguía. Algo similar me parece que sucede con la libertad en nuestro país.  Pero nunca habré de olvidar que, en aquel entonces, teníamos, a la par nuestra, fósforos, yesca y tal vez algún leño semi-encendido, que al día siguiente nos devolverían el fuego perdido.

La libertad es inherente al alma humana. Debemos luchar porque haya siempre un fósforo en la mano de algún individuo, que permita que la flama de la libertad pueda seguir alumbrando el camino del progreso humano. Soy optimista en que eso lo podremos lograr.

*Palabras expresadas en ocasión del seminario de ANFE “Perspectivas para el Liberalismo en Costa Rica”, celebrado el 21 de marzo del 2013 en el Hotel Holiday Inn.

Jorge Corrales Quesada

viernes, 15 de marzo de 2013

Viernes de recomendación

Para este Viernes de recomendación y a propósito de la elección del nuevo Papa, Jorge Mario Bergoglio, queremos compartir con ustedes un interesante artículo de Alberto Benegas Lynch, en el que aclara las confusiones ideológicas del entonces Arzobispo de Buenos Aires. Esperamos que, a partir de entonces, tanto Bergoglio como muchos otros líderes mundiales, comiencen a entender que solamente puede enfrentarse la pobreza con más libertad, más propiedad privada, más generación de riqueza, más emprendedurismo y no sobre la base de prejuicios y revanchismos plasmados en políticas públicas de corte redistribucionista.

martes, 4 de diciembre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith:redistribucionismo en los seguros de marchamo

La incertidumbre campea en cuanto al pago del marchamo de los automóviles.  No sólo existen diversos recursos en la Sala Constitucional solicitando una revisión de los montos cobrados por valuaciones inapropiadas, que de acogerse podrían dar lugar a rebajas en los montos por cobrar, sino que también el seguro obligatorio, que forma parte de ese marchamo, está igualmente cuestionado en distintos ámbitos. Todo hace que tal vez sea prudente para el consumidor no pagarlo ahora, sino hasta después. Si hubiera algún grado de certeza de que se le devolvería automáticamente lo pagado de más, en caso de que uno cancele lo que ahora se le está cobrando y posteriormente se determine una reducción del monto, pues no habría tanto problema.  Pero la verdad es que no es confiable que se le vaya a devolver ese dinero pagado de más o, si es que se lo devuelven, lo sea sufriendo miles de peripecias y papeleos.

Unido a lo anterior, está el enredo con el cobro del seguro obligatorio a los motociclistas, quienes se niegan a pagar de acuerdo con su siniestralidad. Eso no sería tan problemático a no ser porque los demagogos de siempre ya andan proponiendo que, porque los motociclistas son “pobrecitos”, se no les debe cobrar un monto tan elevado por el seguro obligatorio y que, lo que a ellos se les rebaje, sea recargado a los “no pobrecitos” dueños de automóviles. La verdad es que la forma en que se debe cobrar el seguro obligatorio no es un asunto de equidad, que simplemente se resuelve cobrándole menos a los motociclistas y más a los automovilistas.  Ese seguro debe ser cobrado de acuerdo con la siniestralidad –esto es, tomando en cuenta la frecuencia y los costos por los daños que estadísticamente sufren ambas formas de transporte- y no según presunciones de riqueza de sus respetivos dueños. Se supone que así lo está haciendo el Instituto Nacional de Seguros. Pero, ¿verdad que usted conoce motociclistas muy ricos que andan en sus BMWs u Hondas o Harley Davidsons, quienes con el arreglo propuesto pagarían poco? ¿Y, a la vez conoce usted a muchos quienes con apuros apenas poseen un carrito y que ahora terminarán pagando mucho más? El propósito de un seguro no es redistribuir riqueza, sino proteger al asegurado y a terceros ante los riegos. Esos riesgos pueden ser claramente definidos según sea el tipo de automotor. 

Una posible solución al problema es eliminar la cobertura obligatoria a los motociclistas y que en el mercado haya seguros voluntarios, en donde cada cual pueda adquirir un seguro según sus necesidades y su disposición hacia el riesgo.  De hecho, eso se hizo parcialmente el año pasado, cuando se redujo el monto obligatorio por asegurar.  Sin embargo, a final de cuentas, esa medida lo que simplemente hace es un traslado del riesgo, siendo entonces el Seguro Social (es decir, todos nosotros) el que termine asumiendo los costos debido a los daños físicos causados en los accidentes de tránsito, en vez de los propios motociclistas a través del seguro obligatorio pagado por cada uno de ellos. Eso pasa siempre que se socializan los riesgos. Se concluye estimulando a aquellos que tienen más accidentes, pues no tienen que pagar lo que verdaderamente cuestan, a la vez que se castiga a quienes tienen menos accidentes.  En este caso, la propuesta antes citada de transferir los costos de los motociclistas a los automovilistas lo que hace es premiar a los primeros y castigar a los segundos.  Por eso, ¿por qué mejor no dejar que cada cual libremente elija lo que juzga conveniente en cuanto a su aseguramiento y poder determinar si, a su debido costo relacionado, aceptan o no cubrirse de dichos riesgos?

Jorge Corrales Quesada

lunes, 18 de junio de 2012

Tema Polémico: Embarazo adolescente y estado de "bienestar"

En los últimos días La Nación se ha enfocado publicar una serie de noticias relativas al tema de los embarazos en la adolescencia. Entre los hechos m14.000 adolescentes se convierten en madres anualmentevas al tema de embarazos en la adolescencia. Entre los hechos m resulta inás relevantes se encuentran que alrededor de 14.000 adolescentes se convierten en madres anualmente y un 70% de dichas madres no deseaban estrenarse en la maternidad. En el Tema Polémico del día de hoy trataremos de hacer ver una serie de aspectos que no suelen ser comentados por la opinión mayoritaria.

La primera pregunta que salta a la vista es cuánto le cuesta al Estado toda está fiesta sexual siendo el tema de salud y educación los más obvios. La segunda pregunta que viene, es quién subsidia toda esta fiesta (evidentemente ciudadanos que no tienen vela en el entierro). De está última deviene la tercera pregunta, por qué estos ciudadanos deben subsidiar este tipo de irresponsabilidades.

Nos aventuramos a pensar que estas preguntas encuentran su respuesta en el sistema de incentivos perversos que se han creado con nuestro estado de “bienestar”. Este es un sistema en que el mérito y la responsabilidad juegan un papel sumamente marginal en la asignación de beneficios, siendo la necesidad el criterio preponderante para la distribución de los mismos. La lógica de dicho sistema es: “necesito, ergo alguien me lo tiene que dar”. Situación que se agrava aún más cuando las instituciones informales (la cultura por ejemplo) han entrado en toda una retórica de libertinaje (libertad sin responsabilidad), lo que se ve claramente en este tema del embarazo adolescente. Veamos. Sin duda la cultura costarricense se ha vuelto mucho más permisiva con el paso de los años, a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, así como a las relaciones sexuales meramente casuales, cada vez más se reclaman mayores derechos sexuales,  pero toda este aumento de libertad no ha venido acompañado de un discurso de responsabilidad, y es ahí en donde se cae en libertinaje. Rara vez (por no decir nunca) se escucha que todos estos derechos deben ejercerse bajo un costo: el costo de asumir la responsabilidad de las consecuencias que dicho ejercicio de la libertad conlleve, como lo puede ser un embarazo no deseado o una enfermedad venérea, etc. No, todo lo contrario, si tiene un  niño que no puede mantener no se preocupe el Estado (es decir el otro) lo pagará por usted, si contrae una enfermedad que usted no puede atenderse no se preocupe que otros la pagaran por usted.

De las cosas que más nos sorprendieron de dichos reportajes de la Nación es que muchos no accedían a preservativos por “vergüenza”, resulta increíble que a muchos adolescentes que son el futuro de nuestro país les de “vergüenza” solicitar preservativos, pero no tengan pudor, vergüenza o remordimiento alguno en que otros paguen sus metidas de patas (para no decir metidas de otra cosa). Este es el “zeitgeist” que ha provocado el Estado de malestar, mientras que esos paradigmas culturales no cambien no iremos a ningún lado.

lunes, 30 de abril de 2012

Tema Polémico: Ni de ricos a pobres, ni de pobres a ricos


Los liberales se nos suele acusar de proteger a las clases económicamente poderosas, y de desatender e ignorar las necesidades de las clases menos favorecidas. Nada podría ser más alejado de la verdad, ya que primeramente los liberales nunca pensamos en términos de clases sino de individuos, individous todos iguales que merecen ser tratados con respeto y dignidad, pero sobre todo individuos que requieren de un Estado que garantice la protección a sus derechos fundamentales. El comentario del día de hoy pretende a la luz de un acontecimiento práctico mostrar las claras diferencias teóricas que existen entre el liberalismo y otros sistema de pensamiento.

La semana pasada como se puede leer de los periódicos se anunció que el ICE y el Gobierno pretenden bajarle la factura eléctrica a grandes empresas y pasarle la factura al resto de usuarios, todo bajo la justificación de que sino estas podrían migrar a otras latitudes. En ASOJOD nos oponemos a este tipo de políticas intervencionistas, no dudamos de la necesidad de mantener todas las empresas que al día de hoy existen y así mismo de crear muchas otras más, pero con lo que nunca podemos estar de acuerdo es con la redistribución de la riqueza ya sea de ricos a pobres o de pobres a ricos.

En ASOJOD creemos que cada individuo es un fin en si mismo y que jamás puede ser instrumentalizado para el beneficio de otro, el fin no justifica los medios. En una sociedad libre, los individuos deben obtener su riqueza a través de la competencia, innovación y satisfacción del consumidor, pero de ninguna forma es aceptable que exista un negocio rentable a la luz de que el resto de la ciudadanía subsidie sus costos.

Si alguien todavía no entendía que es ser liberal pensamos que este caso práctico resulta sumamente útil para entender la diferencia, los liberales no queremos que el Estado decrete ganadores y perdedores, queremos que el destino y éxito de las personas este únicamente en sus manos.

martes, 21 de diciembre de 2010

La columna de Carlos Federico Smith: está perdido el caso a favor de la democracia


La antítesis de la visión liberal de la economía es la planificación central, una de sus mayores amenazas, tal como lo conceptualizaron el fascismo y el comunismo -los “primos” ideológicos- durante el siglo XX. En tanto que, bajo la visión liberal, es la libre concurrencia en los mercados la que esencialmente determina las relaciones económicas, en donde intervienen miríadas de decisiones individuales, en los órdenes económicos centralizados es algún grupo de individuo dentro del Estado el que define esas relaciones. Aquí, algún ente gubernamental central -usualmente un muy pequeño grupo- sustituye por las suyas a esas decisiones individuales

La otra amenaza que enfrenta el orden liberal es más sutil: proviene de lo que Sanford Ikeda llama el intervencionismo y que lo define como “la doctrina o sistema basado en el principio del uso limitado de medios políticos para enfrentar los problemas identificados con el capitalismo de laissez-faire". Debido a que el intervencionismo le asigna al gobierno poderes discrecionales para interceder dentro del proceso de mercado que van más allá de un Estado mínimo, difiere del capitalismo de laissez-faire en donde el objetivo primario de un gobierno es la protección de la integridad del sistema de mercado basado en la propiedad privada.” (Sanford Ikeda, Dynamics of the Mixed Economy: Howard a Theory of Interventionism, New York: Routledge, 1997, p. p. 35 y 36.).

No hay duda de que una de las formas más evidentes de esta amenaza intervencionista lo constituye la incorporación de esa prédica constante por redistribuir los ingresos provenientes de los resultados que determina el mercado hacia otra definida por políticas gubernamentales, muy visiblemente mediante el uso de tributos sobre quienes obtienen ingresos más allá de cierto nivel, que se trasladan (asumamos que no hay costo por la intermediación gubernamental) hacia quienes obtienen ingresos inferiores a ese nivel. Una muestra de este intervencionismo es la pretensión politiquera de lograr que esa palabrería repetitiva de que “los ricos paguen como ricos” se haga una realidad (aunque muestren la ignorancia usual de confundir riqueza con ingresos). En resumen, tratan de gravar progresivamente con impuestos a quienes tienen ingresos por encima de cierto monto predeterminado. La otra porción del esquema resdistributivo los políticos lo buscan justificar con un “ayudar a los pobres” (de nuevo confundiendo riqueza con ingresos) que en resumen se traduce en un redireccionamiento de esos gravámenes hacia quienes hipotéticamente poseen ingresos inferiores a cierto nivel.

En todo caso, no parece haber duda de que las políticas redistributivas constituyen un claro caso del intervencionismo gubernamental al cual nos hemos venido refiriendo.

Este propósito redistribucionista suele ser claramente promovido durante los procesos electorales: es en la campañas políticas cuando se suelen presentar propuestas para trasladar recursos provenientes de algunas personas -hipotéticamente de ingresos relativamente más elevados- hacia otras con ingresos relativamente menores. Con base en un principio de votación al que se le considera democrático, en donde cada persona tiene un voto, puede darse un sesgo hacia la profundización del redistribucionismo.

Imaginemos, por un momento, que los electores enfrentan una votación acerca de una propuesta en la cual aquellos que tienen un ingreso superior a un nivel X predefinido, deberán pagar un gravamen de un cierto porcentaje sobre dicho exceso, mientras que aquellos que no alcanzan ese nivel X, quedan exentos del pago del impuesto y que los ingresos recaudados del primer grupo son trasladados (digamos que íntegros) hacia el segundo grupo de votantes. A primera vista los votantes de este segundo grupo votarían a favor de la propuesta, mientras que en contra lo harían los del primer grupo. Como en una democracia se supone que una persona (adulta, nacional) tiene derecho a un voto, si lo ejercieran simplemente se requeriría que el monto X que separa los grupos de ingresos sea lo suficientemente alto como para que una mayoría simple pueda decidir aprobar el proyecto redistributivo. La clave estaría en la definición de ese monto X clave.

¿Conduciría el ejercicio democrático -así simple e hipotéticamente expuesto- a una redistribución tal de los ingresos, que al final de cuentas cada votante terminaría por recibir un monto neto idéntico? En nuestro ejemplo ultra-simplificado, dicho monto universal surgiría cuando se defina un monto X tal que logre una votación en su favor por un voto más que el que en comparación lograría el grupo opuesto. Sabemos que en la realidad, por ejemplo, el Estado (los burócratas, los gobernantes) se quedará con una buena tajada en esa intermediación redistributiva, por lo cual podría evitarse esa igualdad tan socialista, además de que en la política suelen participar muy diversas coaliciones que buscan lograr otros intereses distintos de la redistribución de los ingresos, pero parece que habría una tendencia hacia tal igualación de ingresos netos sobre todo si se amplía el rango de votantes, principalmente de niveles de ingresos relativamente más bajos.

Como yo he considerado por mucho tiempo que la democracia es el mejor sistema posible para cambiar de gobernantes sin que medie el derramamiento de sangre, ¿me debería ahora de entristecer este prospecto redistribucionista de una mayoría votante (conceptualmente la de un simple voto más que el resto de votantes)?

Hay un argumento que me revive la fe: las políticas redistributivas tienen un efecto negativo sobre el crecimiento económico al romper el lazo esencial que hay entre producción e ingresos en una economía. Quienes arriesgan, innovan, crean, los que tienen espíritu empresarial, se dan cuenta de que las políticas redistributivas minan los incentivos que tienen para producir (creo que Obama ya debe haberse dado cuenta de esto). Lamentablemente ello termina afectando el crecimiento de la economía. Los pobres suelen los ser grandes beneficiados del crecimiento económico, como lo puede atestiguar la historia económica de los últimos trescientos años. Por ello prefieren vivir en un sistema político-económico que les brinde oportunidades para progresar y vivir mejor.

Creo que ya los griegos de hoy (entre otros europeos) se han estado dando cuenta plena de cómo el distribucionismo termina provocando pobreza. Habría que esperar que en la cuna de la democracia logren pensar mejor acerca de los efectos que pueden tener sus votos; concretamente, cómo un redistribucionismo demagógico los termina afectando Veo al ejercicio democrático convertido en un proceso de aprendizaje que les permitirá -lamentablemente a plazo- darse cuenta de que la demagogia del distribucionismo es su verdadero enemigo. Ojalá que nosotros no tengamos que aprender la lección sufriéndola en carne propia. Nada más vean lo que está pasando en gran parte de Europa y, en mucho, en los Estados Unidos de hoy.

Se que estas reflexiones son muy burdas; muy primeras, pero vale la pena pensar.

Jorge Corrales Quesada