En los últimos días La Nación se ha enfocado publicar una serie de noticias relativas al tema de los embarazos en la adolescencia. Entre los hechos m14.000 adolescentes se convierten en madres anualmentevas al tema de embarazos en la adolescencia. Entre los hechos m resulta inás relevantes se encuentran que alrededor de 14.000 adolescentes se convierten en madres anualmente y un 70% de dichas madres no deseaban estrenarse en la maternidad. En el Tema Polémico del día de hoy trataremos de hacer ver una serie de aspectos que no suelen ser comentados por la opinión mayoritaria.
La primera pregunta que salta a la vista es cuánto le cuesta al Estado toda está fiesta sexual siendo el tema de salud y educación los más obvios. La segunda pregunta que viene, es quién subsidia toda esta fiesta (evidentemente ciudadanos que no tienen vela en el entierro). De está última deviene la tercera pregunta, por qué estos ciudadanos deben subsidiar este tipo de irresponsabilidades.
Nos aventuramos a pensar que estas preguntas encuentran su respuesta en el sistema de incentivos perversos que se han creado con nuestro estado de “bienestar”. Este es un sistema en que el mérito y la responsabilidad juegan un papel sumamente marginal en la asignación de beneficios, siendo la necesidad el criterio preponderante para la distribución de los mismos. La lógica de dicho sistema es: “necesito, ergo alguien me lo tiene que dar”. Situación que se agrava aún más cuando las instituciones informales (la cultura por ejemplo) han entrado en toda una retórica de libertinaje (libertad sin responsabilidad), lo que se ve claramente en este tema del embarazo adolescente. Veamos. Sin duda la cultura costarricense se ha vuelto mucho más permisiva con el paso de los años, a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, así como a las relaciones sexuales meramente casuales, cada vez más se reclaman mayores derechos sexuales, pero toda este aumento de libertad no ha venido acompañado de un discurso de responsabilidad, y es ahí en donde se cae en libertinaje. Rara vez (por no decir nunca) se escucha que todos estos derechos deben ejercerse bajo un costo: el costo de asumir la responsabilidad de las consecuencias que dicho ejercicio de la libertad conlleve, como lo puede ser un embarazo no deseado o una enfermedad venérea, etc. No, todo lo contrario, si tiene un niño que no puede mantener no se preocupe el Estado (es decir el otro) lo pagará por usted, si contrae una enfermedad que usted no puede atenderse no se preocupe que otros la pagaran por usted.
De las cosas que más nos sorprendieron de dichos reportajes de la Nación es que muchos no accedían a preservativos por “vergüenza”, resulta increíble que a muchos adolescentes que son el futuro de nuestro país les de “vergüenza” solicitar preservativos, pero no tengan pudor, vergüenza o remordimiento alguno en que otros paguen sus metidas de patas (para no decir metidas de otra cosa). Este es el “zeitgeist” que ha provocado el Estado de malestar, mientras que esos paradigmas culturales no cambien no iremos a ningún lado.
La primera pregunta que salta a la vista es cuánto le cuesta al Estado toda está fiesta sexual siendo el tema de salud y educación los más obvios. La segunda pregunta que viene, es quién subsidia toda esta fiesta (evidentemente ciudadanos que no tienen vela en el entierro). De está última deviene la tercera pregunta, por qué estos ciudadanos deben subsidiar este tipo de irresponsabilidades.
Nos aventuramos a pensar que estas preguntas encuentran su respuesta en el sistema de incentivos perversos que se han creado con nuestro estado de “bienestar”. Este es un sistema en que el mérito y la responsabilidad juegan un papel sumamente marginal en la asignación de beneficios, siendo la necesidad el criterio preponderante para la distribución de los mismos. La lógica de dicho sistema es: “necesito, ergo alguien me lo tiene que dar”. Situación que se agrava aún más cuando las instituciones informales (la cultura por ejemplo) han entrado en toda una retórica de libertinaje (libertad sin responsabilidad), lo que se ve claramente en este tema del embarazo adolescente. Veamos. Sin duda la cultura costarricense se ha vuelto mucho más permisiva con el paso de los años, a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, así como a las relaciones sexuales meramente casuales, cada vez más se reclaman mayores derechos sexuales, pero toda este aumento de libertad no ha venido acompañado de un discurso de responsabilidad, y es ahí en donde se cae en libertinaje. Rara vez (por no decir nunca) se escucha que todos estos derechos deben ejercerse bajo un costo: el costo de asumir la responsabilidad de las consecuencias que dicho ejercicio de la libertad conlleve, como lo puede ser un embarazo no deseado o una enfermedad venérea, etc. No, todo lo contrario, si tiene un niño que no puede mantener no se preocupe el Estado (es decir el otro) lo pagará por usted, si contrae una enfermedad que usted no puede atenderse no se preocupe que otros la pagaran por usted.
De las cosas que más nos sorprendieron de dichos reportajes de la Nación es que muchos no accedían a preservativos por “vergüenza”, resulta increíble que a muchos adolescentes que son el futuro de nuestro país les de “vergüenza” solicitar preservativos, pero no tengan pudor, vergüenza o remordimiento alguno en que otros paguen sus metidas de patas (para no decir metidas de otra cosa). Este es el “zeitgeist” que ha provocado el Estado de malestar, mientras que esos paradigmas culturales no cambien no iremos a ningún lado.

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