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lunes, 25 de septiembre de 2017

Tema polémico: extinción de dominio

Para este día queremos invitarlos al debate que está organizando la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE) sobre el proyecto de ley de extinción de dominio que se discute en estos momentos en la Asamblea Legislativa. El evento tendrá lugar el próximo jueve 28 de septiembre a las 6:30 pm en el Hotel Crowne Plaza Corobicí (costado norte de La Sabana). 

Este tema es de suma importancia por cuanto se trata de una iniciativa desarrollada en el marco del combate al narcotráfico pero, para lo cual, ha trastocado el debido proceso y amenaza a las libertades individuales. Con la forma en que se plantea la extinción de dominio, se invierte la carga de la prueba y se anula el principio de inocencia, de forma tal que quien sea investigado por presunta legitimación de capitales deberá ahora demostrar la legalidad de sus bienes -cuando en cualquier Estado de Derecho corresponde al acusador demostrar que los bienes son producto de actividades ilícitas- y, de no hacerlo, se le quita su propiedad privada.

Participarán las siguientes personas:

  • Guillermo Araya Camacho, Director del Instituto Costarricense contra Drogas
  • Alfredo Chirino Sánchez, Decano de Facultad de Derecho UCR.
  • Federico Malavassi Calvo, Abogado Constitucionalista
  • Ronny Monge Salas, Diputado del Partido Liberación Nacional
El costo será de ¢5.000 para público general y gratis para los asociados de ANFE que se encuentren al día en el pago de sus cuotas. 

El pago puede realizarlo el día del evento o mediante depósito a la cuenta cliente 15100010012208242 del Banco Nacional a nombre de Asociación Nacional de Fomento Económico, cédula jurídica 3-002-045006. Favor enviar el comprobante a Olga Sánchez al correo guita61@hotmail.com. 

Cualquier duda o comunicación pueden dirigirla a los teléfonos 2253-4460, 2253-4497, 2224-7350 y  8996-6569 o al email: info@anfe.cr.

martes, 28 de junio de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: impuestos y lucha contra el narcotráfico


Poco después de que el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Arturo Valenzuela expresó que la recaudación fiscal en los países del área centroamericana era demasiado baja y que Estados Unidos no estaba dispuesto a aumentar los desembolsos que efectúa para los programas de seguridad en Centroamérica, principalmente dirigidos al combate contra el narcotráfico, la propia Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, propuso que los empresarios y las clases acomodadas de la región pagaran “su parte de los impuestos” para financiar la seguridad, específicamente, para la lucha contra el crimen organizado, que sabemos se refiere fundamentalmente a la lucha contra el narcotráfico.

Debemos irnos concientizando que muy difícilmente se podrá tener éxito en la lucha contra el narcotráfico, tal como lo muestran los resultados habidos hasta el momento, en tanto los Estados Unidos (entre otros países desarrollados) continúen siendo el principal consumidor y su mercado sea “ilegal”, provocando que haya enormes, pero enormísimas, ganancias a los carteles de la droga que están dispuestos a incurrir en los costos que sean necesarios, con tal de poder operar en ese hoy tan lucrativo mercado.

Muy posiblemente la difícil situación fiscal de los Estados Unidos y los pocos prospectos que hay “de ganar esa lucha”, hayan hecho que esas autoridades quieran ahora que los centroamericanos también compartan los enormes costos de ese programa de combate al narcotráfico proveniente del sur de aquella nación. No quiero ser dramático y alegar que, además de poner los muertos, como ahora sucede en México, también quieran que nuestros ciudadanos paguen su decisión de ilegalizar el consumo de drogas en los Estados Unidos, causa fundamental de las enormes ganancias del narcotráfico. Prefiero no proceder en esta línea para mi comentario y, más bien, en esta ocasión me referiré a la pretensión de que seamos los ciudadanos de Centroamérica quienes paguemos más impuestos en nuestros países, para coadyuvar a resolver las necesidades que tiene el gobierno de los Estados Unidos de solucionar sus problemas internos de consumo de drogas.

Esta nueva intención que se nos quiere imponer -albarda sobre aparejo- además de la que está en proceso en el país de parte de su Gobierno para aumentar los impuestos sobre la ciudadanía, especialmente en momentos en que la actividad económica nacional no es nada boyante, resulta inaceptable.

Llama la atención lo que dijo el señor Valenzuela, refrendado luego por la señora Clinton, de que los empresarios y los ricos centroamericanos deberían pagar más impuestos, pues su carga tributaria, en palabras del señor Valenzuela, era demasiado baja.

Me atrevo a afirmar que, cuando dijo eso, posiblemente sí tenía en mente los enormes problemas fiscales de su país, ante lo cual pretende ahora tener acceso a una nueva base tributaria –Centroamérica- que le permita financiar los objetivos de su Estado nacional, pero posiblemente no tuvo en mente que, al menos en Costa Rica, muchas empresas de su país se ubican en zonas francas en las cuales, y en contraste con el resto de las empresas ubicadas fuera de ellas -empresas tanto propiedad de nacionales como de extranjeros- no tienen que pagar el elevado impuesto sobre sus utilidades, que sí deben pagar rigurosamente las ubicadas fuera de la zonas francas.

El angurriento Estado costarricense, al exonerar del impuesto sobre la renta a las empresas de zonas francas, a perpetuidad por el momento, se le hace necesario y relativamente fácil redirigir sus ímpetus tributarios gravando aún más al resto de los costarricenses, mediante las más diversas formas imaginables. Esos recursos así obtenidos, incluso los puede emplear en sus propósitos de gasto que muchas veces incluyen el suministro de servicios y recursos demandados -afortunadamente- por las empresas que se ubican en las zonas francas. El señor Valenzuela posiblemente sabe que esas empresas exentas ubicadas en zonas francas contribuyen a que él pueda afirmar que hay países de la región en los cuales la carga tributaria es demasiado baja, pero también no dudo que tiene presente que esas mismas empresas estadounidenses ubicadas en nuestras zonas francas, sí pagan los elevados impuestos que sobre las utilidades de las empresas se cobran en los Estados Unidos, una vez que repatrían sus ganancias hacia aquella nación.

Una solución financiera parecía haber surgido en el seno de la Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, en donde participaron diversos presidentes del área, quienes, como buenos políticos que son, rápidamente aprobaron aumentar los impuestos, pero algo les iluminó de pronto, como para que algunos afirmaran que veían poco viable el aumento de tributos allí propuesto. La solución no se hizo esperar: El Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, creo que además de otros entes similares, estuvieron dispuestos a abrir líneas de crédito multimillonarias para que los países de Centroamérica las utilizaran en la financiación de esa lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Claro que, al fin de cuentas, alguien tendrá que pagar esos préstamos –principal e intereses- y sabemos que recaerá en parte alícuota sobre los futuros paganinis costarricenses. Tendremos que pagar los préstamos que se usarán en resolver los problemas derivados de una lucha que el gobierno de los Estados Unidos parece tener perdida, dadas su políticas internas sobre los mercados de drogas.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 18 de mayo de 2009

Tema polémico: el verdadero costo de la seguridad


Hoy quisiéramos dedicar este Tema Polémico a uno de los temas que más preocupa a los costarricenses y que, a veces, se analiza únicamente en forma parcial: hablamos del verdadero costo de la seguridad ciudadana. Con esto nos referimos costo real en el que incurriría el Estado para garantizar seguridad a los ciudadanos de no perseguir como actos delictivos a algunas actividades económicas y sociales en las que incurren estos.

Por ejemplo, México representa un caso interesante por analizar debido a la lucha tan intensa que tiene contra el narcotráfico. Así, solo en el año del 2007 el Estado Mexicano gastó cerca de $2.500 millones en la lucha contra el narcotráfico aunado a muchas pérdidas de vidas humanas durante ese año, alrededor de 7 personas por día. Durante el 2008, México alcanzó su mayor número de muertes producto de esa lucha contra el narcotráfico, cerca de 5630 muertos, lo cual representó un aumento del 110,6% de muertes con respecto a las del 2007. A su vez, por lo que ha sucedido este año en México, es de esperar que las cifras no sean nada alentadoras en términos de las personas que vayan a perder su vida.

Además cabría recordar que México enfrenta una guerra prácticamente perdida, ya que el narcotráfico ganó cerca de $10.000 millones en el 2007, un cuádruple de lo invertido por el Estado Mexicano para combatirlos. Ahora bien, cabe preguntarse si vale la pena este lucha que enfrenta México y el resto de los países latinoamericanos (incluyendo al nuestro) en la lucha contra las drogas.

En realidad aquí pueden existir dos razones por las cuales se continúa dando una lucha contra el narcotráfico: en primer lugar, la idea en la mente de muchas personas de que el Estado está legitimado para utilizar la coerción sobre los individuos y forzarlos a consumir cierto tipo de substancias y prohibir otras(quienes estén interesados pueden ver nuestra justificación axiológica para la legalización de las drogas) . En segundo lugar, es muy posible que el narcotráfico se haya vuelto tan rentable que esté en el interés de muchos de los líderes de los carteles de droga que esta se mantenga ilegal para poder seguir obteniendo grandes dividendos, por lo que seguramente muchas instancias de distintos gobiernos deben estar influenciadas por los carteles de droga, con la intención de que no se legalice. Así, si el Estado evitara prohibirle a los individuos que consuman substancias que, en un última instancia, sólo les puede afectar a ellos mismos, sería posible reducir el costo de la en millones de dólares junto con la posibilidad de vivir en un país más seguro, eliminar parte de la corrupción de las esferas gubernamentales y lo más importante, salvar miles de vidas humanas, tanto de los civiles como los policías. Este constituye un ejemplo del verdadero costo de la seguridad ciudadana, esto es, por lo menos un estado como el mexicano disminuiría el costo en cerca de $2.500 millones al año, salvaría miles de vida y posiblemente disminuiría los niveles de drogadicción dentro de su población si tan sólo no decidiera intervenir en las vidas privadas de los individuos.

Otro ejemplo de esto es la lucha contra la inmigración ilegal. Aquí el caso del muro fronterizo entre México y Estados Unidos es un caso ilustrativo ya que la construcción de este podría rondar cerca de $7.000 millones, el cual representa por cierto un gasto significativamente mayor al que pretende otorgar los Estados Unidos a México y Centroamérica mediante la Iniciativa Mérida para la lucha contra el narcotráfico. Nuevamente, el resultado de estas injerencias gubernamentales es únicamente la de prevenir que ingresen a un país miles de personas (millones en el caso de Estados Unidos) que están dispuestas a aportar su capacidad productiva y técnica para colaborar con el desarrollo del país, mientras ellos a su vez aumentan su nivel de vida y el de sus familias. Una vez más, el verdadero costo de la seguridad ciudadana, al menos en Estados Unidos, sería de por lo menos de $7.000 millones menos e incluso mucho más si se dejara de gastar dinero en retener a gente inocente (los indocumentados) en las cárceles junto con un aumento en la productividad del país (tanto económica como culturalmente) si tan sólo el Estado se abstuviera de intervenir en la libre comunicación y movilización de individuos.

Estos dos ejemplos ilustran cual sería el verdadero costo de la seguridad ciudadana si el Estado no decidiera eliminar estas y otras más libertades individuales