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jueves, 13 de septiembre de 2007

Se va, se va, se fue...


La pura verdad es que no era de los mismos. Simplemente usó la estructura para llegar.

Aparentemente la fracción pierde un integrante, pero la verdad es que el equipo gana.

Es mejor para un equipo de fútbol jugar solo con diez en lugar de tener un jugador que entrega el balón al contrario, retrasa las jugadas, no pasa el balón a los compañeros de equipo y no tiene la menor idea acerca de dónde es que hay que meter goles. Como dice el refrán: ¡mejor solo que mal acompañado!

Por eso el incidente resultó la crónica de una renuncia anunciada. Era totalmente previsible y anticipable.

Ya todos sabíamos que se iría. Lo que no sabíamos era cuándo… Pero llegó el día.

Era inevitable. No tenía nada que hacer en el grupo. Lo que dijo cuando se fue también era previsible: Que no había liderazgo, que sus compañeros no la trataban bien y que la anterior fracción hizo mal papel. Sabíamos lo que diría.

Si su principal asesor era del PLN y su asesor a la sombra del PUSC, su desempeño no iba en favor de quienes la pusieron allí. Los intereses eran otros, los principios no eran compartidos.

Por tal razón, hay que reconocer que hay momentos en los cuales no vale la pena ni el esfuerzo tratar de retener a alquien. ¿Para qué? ¿Para seguir en los mismos dramas y complicaciones? ¿Para continuar con los mismos problemas?

El PLN es experto en sonsacar la gente de otros. Recuerdo el caso de Chus Fernández, diputado con el esfuerzo de la DC, entregado a los brazos del PLN. Usaron el 4-3 y otras cosas para quedarse con la gente de la Unificación. Así aprobaron la Ley Vesco y otras linduras.

El PNI perdió a su regidor Gutiérrez por acción del PLN. En el período pasado podemos mencionar multiples ejemplos de traiciones y seducción de diputados por parte del PLN.

Por tal motivo, no es de extrañar que el presidente perdiera la compostura y leyera él mismo la carta de renuncia. ¡Puro abuso de la presidencia! Quien sabe como justificará tal desaguisado, pero se lo debía a quien anuló votos para ponerlo ahí.

Sin embargo, el PLN se quedó con el rabo de la ternera en la mano, ¡lo haló demasiado! Ahora ¿para qué le sirve?

Ya no se enterará de lo que hacen sus compañeros, ya no llevará recaditos ni amenazas, ya no hará críticas desde adentro.

Querían el monito, pero se quedaron con la cadena. ¿Qué ganan con ella?

Es la segunda que se va. Pero igual que la vez primera, los principios no se negociaron, quedaron incólumes.

No es nada nuevo en la historia humana. Ni Nuestro Señor logró librarse de tales besos.

Federico Malavassi, tomado del periódico La Prensa Libre