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martes, 13 de julio de 2010

Entrevista a Andrew Napolitano



En esta entrevista el ex-juez y presentador de Fox Andrew Napolitano, conversa acerca de su libro: "Lies the Goverment told you: myth, power and deception in American History" donde se detalla el camino desafortunado que ha tomado el Estado americano.

sábado, 21 de junio de 2008

Argentina: Los sistemas autocráticos no dialogan, imponen


El conflicto con el campo sacó a la luz la necesidad de discutir no sólo una determinada política económica sino, además, las bases republicanas del país.

Antes de la protesta del campo, ya se sabía que la economía estaba deslizándose rápidamente hacia una crisis. La inflación se había disparado mucho antes del paro agropecuario, mientras que los problemas energéticos, fiscales y ausencia de inversiones eran más que evidentes. Hoy, por lo tanto, no estamos asistiendo a una crisis política, social y económica inesperada ni gratuita, sino que vivimos el resultado inevitable de una acumulación de disparates que tenía que terminar de esta manera.

Es que el supuesto paradigma del nuevo modelo económico no era tal por más que algunos empresarios pretendían verlo como un descubrimiento de la ciencia económica, por el cual se podía emitir sin generar inflación, crecer sin tener inversiones y lograr que la economía funcionara con crecientes controles e intervencionismo.

Todo lo que estamos viviendo hoy es el resultado de un modelo intrínsecamente perverso que se basa en el autoritarismo económico y político.

Néstor Kirchner creyó que podía, sin costo alguno, emitir moneda en cantidades crecientes para sostener el eufemismo del tipo de cambio competitivo, hasta que un día se dio cuenta que había inflación. En vez de corregir el rumbo económico, lo mandó a Guillermo Moreno a controlar los precios y a apretar a los empresarios para disimular la inflación mientras el Banco Central de la República de Argentina (BCRA) seguía imprimiendo billetes. Como eso no le alcanzó, destruyó el INDEC (índice de inflación) para que dijera que los precios no subían en Argentina. Prohibió exportaciones, aumentó sistemáticamente los impuestos a las exportaciones, denunció y acusó a sectores productivos de avaros. Hoy el gobierno dice que aumentó las retenciones para que se produzca, entre otras cosas, más carne. Todavía me acuerdo de su discurso, vociferando desde la tribuna que el campo quería lucrar con el hambre del pueblo argentino. Hizo todo lo posible para destruir la ganadería, lo consiguió y ahora se queja que no se produce carne.

No conforme con todo esto, metió la economía en una maraña de subsidios para disimular la inflación, duplicando en un año los subsidios a la energía para que no se tocaran las tarifas. El resultado es que a las empresas le bajan la palanca cada vez más seguido porque si no tienen que dejar sin luz a la gente mientras el gasto público crece por la necesidad de mayores recursos para financiar estos subsidios.

Néstor Kirchner creyó que podía manejar indefinidamente a las trompadas la economía y hoy se encuentra con que la realidad le devuelve las trompadas a él. Desabastecimiento, inflación galopante, un país económicamente paralizado y una imagen del gobierno que cae en picada como nunca antes se había visto.

Pero frente a la cruda realidad que cualquier persona puede ver, el gobierno sigue empeñado en negarla. La presidente sigue diciendo que el país crece, que hay menos pobreza, que nunca antes en toda la historia de la Argentina habíamos crecido como lo hicimos en los últimos 5 años. Ella y sus funcionarios han llegado a formular declaraciones que ofenden la inteligencia de la gente. Alberto Fernández afirmó que las retenciones no son un impuesto sino que son una herramienta de política económica y, por lo tanto, no tienen que pedirle permiso al Congreso para aumentarlas.

Después de 90 días de conflicto Cristina Fernández de Kirchner quiere hacernos creer que cuando se anunciaron las retenciones móviles se olvidó de explicar que lo hacía para destinar más fondos a planes sociales. La verdad es que tratar de “vender” el impuestazo al campo como una necesidad de “solidaridad social” es casi una falta de respeto al coeficiente intelectual de los argentinos. ¿Cómo puede pararse frente a las cámaras de televisión y decir, sin que se le mueva un pelo, que los recursos van a ser destinados a construir más hospitales si los que hay se caen a pedazos? ¿En serio creen que con ese discurso van a convencer a la gente que ellos son buenos y el resto son avaros?

El gobierno y Moyano se cansaron de decir que por culpa del paro agropecuario la inflación se había disparado. Había inflación por culpa del campo. Pero resulta que el INDEC acaba de “informar” que la inflación en mayo fue de solamente el 0,6% y los alimentos subieron el 0,1%.

Es curioso, los Kirchner despotrican contra el libre mercado, pero se mueven políticamente recurriendo a las reglas del intercambio comercial.

Permanentemente buscan el precio de conseguir el apoyo de gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y sectores productivos. La caja por un lado y el apoyo por el otro. Obviamente, un esquema de este tipo nada tiene que ver con una democracia republicana. Por el contrario, el matrimonio parece ver el poder como un negocio personal. Si consigo el poder tengo el monopolio de la fuerza y con el monopolio de la fuerza puedo apropiarme del trabajo de la gente y con ese dinero construir más poder comprando voluntades. Para conseguir ese objetivo todo el sistema económico tiene que estar subordinado al mantenimiento del poder, por más inconsistentes que sean las políticas económicas que se apliquen. El costo de semejante esquema está a la vista.

El discurso de que las retenciones se ponen para que la gente tenga comida en sus mesas ya no convence a nadie, porque no solo los precios de los alimentos se han disparado fruto de la inflación que generó el gobierno sino que, además, han logrado uno de los desabastecimientos más grandes de la historia argentina.

De aquí en más sabemos que los Kirchner no van a dialogar porque no conciben el diálogo como un mecanismo de entendimiento. Los sistemas autocráticos no dialogan. Imponen. Ellos creen en la prepotencia, la descalificación, las amenazas y en infundir miedo utilizando el monopolio de la fuerza que los argentinos le delegamos para que defendiera nuestro derecho a la vida, la libertad y la propiedad.

Lo que hoy se está discutiendo en Argentina ya no es un tema de retenciones o de política económica. Estamos discutiendo la defensa de una democracia republicana contra un sistema autoritario basado en el abuso del poder delegado por los ciudadanos.

Roberto Cachanosky

viernes, 19 de octubre de 2007

La virtud no se impone


El desmedido crecimiento del poder político aterra en países que se autodestruyen, como ocurre en Zimbabwe y Venezuela. Pero también es peligrosa la creciente y diseminada creencia que es función del gobierno imponer al ciudadano todo aquello que políticos y funcionarios consideran conveniente para la comunidad y la sociedad.
A lo largo de cuatro décadas he criticado el intervencionismo económico de políticos de izquierda, pero hoy también me asusta el intervencionismo piadoso de la derecha, en su guerra contra la inmigración, el cigarrillo, el licor, las drogas, la prostitución, alimentos que engordan y hasta mi adicción personal a automóviles que utilizan más gasolina de lo que se considera “políticamente correcto”. Hace poco el presidente Bush censuró nuestra “adicción” al petróleo, extraño planteamiento en boca de alguien que hizo gran parte de su fortuna en negocios petroleros en Texas.

Desde luego que los padres y familiares deben combatir tenazmente el mal comportamiento de niños y jóvenes que ignoran las consecuencias y peligros. Pero esa no es una función del gobierno ni de los políticos porque su injerencia siempre resulta contraproducente.

Nunca me gustó fumar; el cigarrillo hizo mucho daño a mi padre. Cuando mi esposa fumaba, le hice la guerra hasta que dejó de fumar y, felizmente, nuestros hijos no fuman. Pero ese es un problema familiar y no del gobierno que utiliza tal vicio para aumentar los impuestos, hasta el punto que un creciente número de fumadores ahora compran sus cigarrillos en internet.

En Estados Unidos, el gobierno federal ha pretendido promocionar y respaldar los “valores familiares”, pero hay un aumento explosivo de nacimientos fuera del matrimonio y de jovencitas que tienen hijos que no conocerán a sus padres. La tragedia es que el gobierno, en lugar de concentrarse en lo que realmente son sus obligaciones, trata de hacerlo todo y termina haciendo más daño que bien.

Es evidente que a nivel personal y familiar, lo que no funciona pronto desaparece porque ningún ser pensante está dispuesto a gastar tiempo y dinero en lo que fracasa. Pero a nivel oficial, lo opuesto suele suceder. Si no funciona, se aumenta el presupuesto y el número de burócratas para intentar que sí marche. Y como el costo de ese fracaso está diseminado entre millones de contribuyentes, no hay víctimas aparentes, mientras que los burócratas encargados del plan son beneficiarios directos y harán lo imposible por disimular fracasos y aparentar logros.

La mayor tragedia gubernamental de nuestros días es la guerra contra las drogas. Así como durante la Ley Seca (1920-1933) los gángsters no vendían vinos ni cerveza, ya que por volumen le ganaban mucho más al whisky y al licor, el consumo de marihuana tiende a bajar, mientras se dispara el consumo de drogas más fuertes y dañinas que dejan grandes utilidades a las mafias. Esas grandes ganancias atraen a los más pobres y menos educados, quienes jamás ganarían tanto dinero en actividades lícitas.

La guerra contra las drogas va a cumplir 40 años, ha causado 37 millones de arrestos en este país por delitos sin víctimas, cuadruplicando la construcción de cárceles (actualmente hay más de 2,2 millones de estadounidenses presos por drogas), cuesta 69.000 millones de dólares al año, pero no ha disminuido el consumo. Ese fracaso se trata de esconder aumentando el número de policías y redadas, a la vez que incrementando el presupuesto. Hasta hoy, los verdaderos logros de la guerra contra las drogas se limitan a disparar las ganancias de los narcotraficantes, promover el chantaje y la corrupción, como también financiar a guerrilleros colombianos, favorecidos con los altos precios causados por la prohibición.

Por Carlos Ball
Tomado de AIPE

viernes, 28 de septiembre de 2007

Hong Kong, campeón en libertad económica


En la competencia por libertad económica, Hong Kong sigue siendo el campeón. Por once años consecutivos, el informe de Libertad Económica en el Mundo (LEM) ha colocado a Hong Kong en el primer lugar, con una puntuación de 8,9 sobre 10, seguido por Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Estados Unidos y Canadá.

La habilidad de Hong Kong en mantener su sistema de libre mercado y su primer puesto es testimonio del deseo de su gente en ampliar sus propias oportunidades, respetando el sistema de libre intercambio, impuestos bajos, moneda confiable, mínimas regulaciones gubernamentales y un Estado de Derecho. La lección clave del "Gobierno pequeño y mercado grande" de Hong Kong es que la libertad económica es el verdadero camino para el desarrollo sostenible, en el sentido de ampliar las opciones al alcance de la gente.

China ha cumplido su promesa de no interferir y Hong Kong sigue prosperando, al proteger los derechos de propiedad y gozar de un Gobierno limitado. Es más, la experiencia de Hong Kong ha influido positivamente a China, comprobándose que cuando la gente es libre de comerciar y de ganar dinero se crea riqueza, lo cual favorece a todos.

El informe LEM, publicado por el Fraser Institute canadiense conjuntamente con Cato Institute y otros miembros de la red de libertad económica, clasifica a los países en base al tamaño relativo del Gobierno, la seguridad de los derechos de propiedad, la confiabilidad de la moneda, la apertura comercial y el régimen de regulaciones. Este informe recién publicado muestra las mediciones basadas en las últimas estadísticas, correspondientes al año 2005.

La India, la democracia más grande del mundo, ocupa el puesto 86 entre los 141 países estudiados, con una calificación de 6,6 puntos sobre 10; Rusia ocupa el puesto 112, Venezuela el 135 y Zimbabwe está en último lugar, en el puesto 141. Ni Cuba ni Corea del Norte pudieron ser incluidos.

En los años 50, la pobreza estaba concentrada en Asia, pero hoy está en África. El cambio se debe a la falta de libertad económica en casi toda África, mientras que Asia se ha abierto al mundo, beneficiándose del intercambio comercial y de las inversiones.

El ingreso per cápita real se ha cuadruplicado en China desde 1978 y la mayoría de los precios en ese país reflejan la oferta y demanda. La variedad de productos y servicios al alcance de los chinos ha aumentado dramáticamente. En ese sentido, las cifras del informe no reflejan el inmenso cambio favorable ocurrido en China.

Aunque el gigante asiático avanza hacia un Estado de Derecho, la corrupción es endémica y requiere un sistema judicial independiente. Esos cambios no necesitan una democracia, pero sí un Gobierno limitado. África dispone de múltiples ejemplos donde la democracia ha conducido a gobiernos ilimitados y a la pérdida de libertad tanto económica como personal.

Este informe de 2007 está dedicado a Milton Friedman, que murió en noviembre del año pasado a los 94 años. Friedman jugó un papel decisivo en el lanzamiento de estos informes sobre libertad económica en el mundo. Hace años reconoció la inmensa importancia que tiene la libertad económica para el bienestar y la prosperidad personal.

Cuando Friedman se reunió en 1988 con el entonces líder del Partido Comunista chino, Zhao Ziyang, le dijo que "los principios básicos de economía son aplicables a todas las naciones" y "el más esencial de todos ellos es la relación existente entre la prosperidad y los derechos de propiedad". Vale la pena seguir repitiendo ese importante mensaje.

James A. Dorn, tomado de Libertad Digital