
En su libro "La virtud del egoísmo", Ayn Rand nos deleita con una grandiosa explicación de las virtudes que debe tener el hombre moral según la ética objetivista. Una de ellas es la virtud de la justicia, que no es otra cosa que los efectos se adecuén a las causas, de forma tal que cada cosa obtenga lo que merece. Según este principio, el hombre racional no buscará y otorgará lo inmerecido, sino lo merecido, tanto para él como para los demás que le rodean.
Quizá, una de las razones que expliquen por qué el mundo vive una época de perversión, una crisis moral, es haber olvidado ese sencillo pero importantísimo principio. Precisamente, este Tema polémico queremos dedicarlo a abordar los tres más recientes ejemplos en Costa Rica.
En primer lugar, tenemos el ya cacareado problema del FEES y las Universidades Públicas. Desde hace semanas, estudiantes, docentes, administrativos y autoridades universitarias nos han deleitado con un intercambio de comentarios contra el Gobierno porque este no quiere darles todos los recursos que se piden. Por supuesto, los argumentos populistas no se han hecho esperar: "que los pobres se quedarán sin becas", "que se están privatizando las universidades", "que con fondos tan reducidos no podremos crear los profesionales que el país necesita", "que el alma máter morirá", "que tendremos un país de ignorantes cavernícolas", bla bla bla. Sin embargo, los universtarios, en su Torre de Marfíl donde se encuentran completamente desvinculados de lo que ocurre en los campos mundanos, no se dan cuenta que sus pretensiones son inmorales e imposibles: aumentos salariales mucho mayores que los de los demás funcionarios públicos, inversiones estratosféricas que pondrían en aprietos las finanzas públicas y todo con el común denominador de ser inmerecido.
¿Qué han hecho las universidades para exigir tales gollerías? Absolutamente nada. El cuento de que "forman a los profesionales que el desarrollo del país exige" es una completa mentira, toda vez que el profesional se forma a sí mismo, con esfuerzo y dedicación, sin importar que lleve sus cursos en centros públicos o privados. Además, al estar adentro de esas universidades estatales, uno puede darse cuenta que muchos de los graduados, docentes y administrativos son mediocres e ineficientes porque están inmersos en una cultura igual a ellos. Son pocos los que destacan y quieren aprender, discutir, debatir, investigar, leer y, en fin, ser personas pensantes. La gran mayoría se acostumbra a crecer en un ambiente de burocracia y expoliación, repitiendo esas premisas cuando salen al mundo laboral.
Además, todo lo que han pedido en esta discusión del FEES es para gastos administrativos, para salarios, para oficinas de burócratas y casi nada para estudiantes. Basta ver los resultados de años anteriores y comparar el estado de las aulas y equipos para los aprendices frente al lujo y amplitud de las oficinas de los rectores. Sin lugar a dudas, desde hace mucho tiempo, las universidades estatales dejaron de tener al estudiante como su "raison d'être" y se convirtieron organizaciones corporativistas, en verdaderos "rent seeking" a costa de todos los demás ciudadanos.
El segundo ejemplo son los jugadores del fútbol costarricense. Desde hace días, la ASOJUPRO ha venido clamando por el otorgamiento de la calidad de "profesionales" a los futbolistas y, por ende, al establecimiento de salarios mínimos para los jugadores de Primera División (¢500.000) y Segunda División (¢300.000). Lo curioso del caso es que no han notado una cosa muy simple: el profesional requiere algún grado de preparación académica, así como el cumplimiento de ciertas exigencias (conocimiento, especialización, etc.), criterios que por supuesto no cumplen los jugadores. Ellos pretenden compararse, tanto en estatus como en retribución, a personas que se han preparado, adquirido conocimientos y destrezas y que, día a día, aplican sus capacidades racionales para el desarrollo de una actividad, mientras un jugador solamente tiene que correr tras una pelota.
Además del disparate que representa esta idea -una vez más, proveniente del credo de las ganancias inmerecidas- el establecimiento de salarios mínimos, como lo hemos dicho en ASOJOD, es contraproducente: primero, porque refuerza la idea de que debe ser el Estado, y no las partes, el que regule los acuerdos privados y, segundo, en lugar de ayudar a los jugadores, podría perjudicarlos, por cuanto muchos equipos no estarían dispuestos a pagarles ese salario y, por tanto, los despedirían. Como sólo saben correr detrás de un balón y patearlo, es muy probable que se queden desempleados por largo tiempo y que los tax payers tengamos que mantenerlos con subsidios, seguros y bonos.
Finalmente, el tercer ejemplo que queremos abordar es uno que no ha sido publicado en los medios de comunicación, pero que ya recorre los pasillos de la Asamblea Legislativa: el Sindicato de Trabajadores de esa institución, propuso al Directorio estudiar la posibilidad de firmar una Convención Colectiva que le otorgue beneficios especiales a los empleados. Como si la nefasta experiencia de JAPDEVA, RECOPE e ICE no fuera suficiente, ahora resulta que un grupo de trabajadores pretende obtener ganancias a costa de la explotación de los demás costarricenses: horarios de trabajo especiales, bonos por cumplir con sus obligaciones, incentivos salariales por el solo hecho de pertenecer a esa institución, en fin, tratos especiales que los demás trabajadores en el país no tienen. ¿Y por qué razón? Por ninguna que se le justifique, por puro antojo y capricho, por pretender que la ecuación sólo requiere pensar "quiero=merezco", sin haber hecho algo que derivara en la justa obtención de las cosas.
En ASOJOD criticamos y rechazamos las posiciones de estos y cualesquiera otros grupos que pretenden vivir a costa de los demás, utilizando a los tax payers como sus animales de inmolación. Repudiamos ese credo de las ganancias inmerecidas que tanto se ha expandido en nuestro país y despreciamos a quienes lo comparten. Un ser decente, moral, justo y racional no puede pretender usar a otros para obtener sus fines; cuando una sociedad no sólo tolera sino que incita ese tipo de conductas, se dirige indudablemente a la bancarrota en todas sus áreas.
Quizá, una de las razones que expliquen por qué el mundo vive una época de perversión, una crisis moral, es haber olvidado ese sencillo pero importantísimo principio. Precisamente, este Tema polémico queremos dedicarlo a abordar los tres más recientes ejemplos en Costa Rica.
En primer lugar, tenemos el ya cacareado problema del FEES y las Universidades Públicas. Desde hace semanas, estudiantes, docentes, administrativos y autoridades universitarias nos han deleitado con un intercambio de comentarios contra el Gobierno porque este no quiere darles todos los recursos que se piden. Por supuesto, los argumentos populistas no se han hecho esperar: "que los pobres se quedarán sin becas", "que se están privatizando las universidades", "que con fondos tan reducidos no podremos crear los profesionales que el país necesita", "que el alma máter morirá", "que tendremos un país de ignorantes cavernícolas", bla bla bla. Sin embargo, los universtarios, en su Torre de Marfíl donde se encuentran completamente desvinculados de lo que ocurre en los campos mundanos, no se dan cuenta que sus pretensiones son inmorales e imposibles: aumentos salariales mucho mayores que los de los demás funcionarios públicos, inversiones estratosféricas que pondrían en aprietos las finanzas públicas y todo con el común denominador de ser inmerecido.
¿Qué han hecho las universidades para exigir tales gollerías? Absolutamente nada. El cuento de que "forman a los profesionales que el desarrollo del país exige" es una completa mentira, toda vez que el profesional se forma a sí mismo, con esfuerzo y dedicación, sin importar que lleve sus cursos en centros públicos o privados. Además, al estar adentro de esas universidades estatales, uno puede darse cuenta que muchos de los graduados, docentes y administrativos son mediocres e ineficientes porque están inmersos en una cultura igual a ellos. Son pocos los que destacan y quieren aprender, discutir, debatir, investigar, leer y, en fin, ser personas pensantes. La gran mayoría se acostumbra a crecer en un ambiente de burocracia y expoliación, repitiendo esas premisas cuando salen al mundo laboral.
Además, todo lo que han pedido en esta discusión del FEES es para gastos administrativos, para salarios, para oficinas de burócratas y casi nada para estudiantes. Basta ver los resultados de años anteriores y comparar el estado de las aulas y equipos para los aprendices frente al lujo y amplitud de las oficinas de los rectores. Sin lugar a dudas, desde hace mucho tiempo, las universidades estatales dejaron de tener al estudiante como su "raison d'être" y se convirtieron organizaciones corporativistas, en verdaderos "rent seeking" a costa de todos los demás ciudadanos.
El segundo ejemplo son los jugadores del fútbol costarricense. Desde hace días, la ASOJUPRO ha venido clamando por el otorgamiento de la calidad de "profesionales" a los futbolistas y, por ende, al establecimiento de salarios mínimos para los jugadores de Primera División (¢500.000) y Segunda División (¢300.000). Lo curioso del caso es que no han notado una cosa muy simple: el profesional requiere algún grado de preparación académica, así como el cumplimiento de ciertas exigencias (conocimiento, especialización, etc.), criterios que por supuesto no cumplen los jugadores. Ellos pretenden compararse, tanto en estatus como en retribución, a personas que se han preparado, adquirido conocimientos y destrezas y que, día a día, aplican sus capacidades racionales para el desarrollo de una actividad, mientras un jugador solamente tiene que correr tras una pelota.
Además del disparate que representa esta idea -una vez más, proveniente del credo de las ganancias inmerecidas- el establecimiento de salarios mínimos, como lo hemos dicho en ASOJOD, es contraproducente: primero, porque refuerza la idea de que debe ser el Estado, y no las partes, el que regule los acuerdos privados y, segundo, en lugar de ayudar a los jugadores, podría perjudicarlos, por cuanto muchos equipos no estarían dispuestos a pagarles ese salario y, por tanto, los despedirían. Como sólo saben correr detrás de un balón y patearlo, es muy probable que se queden desempleados por largo tiempo y que los tax payers tengamos que mantenerlos con subsidios, seguros y bonos.
Finalmente, el tercer ejemplo que queremos abordar es uno que no ha sido publicado en los medios de comunicación, pero que ya recorre los pasillos de la Asamblea Legislativa: el Sindicato de Trabajadores de esa institución, propuso al Directorio estudiar la posibilidad de firmar una Convención Colectiva que le otorgue beneficios especiales a los empleados. Como si la nefasta experiencia de JAPDEVA, RECOPE e ICE no fuera suficiente, ahora resulta que un grupo de trabajadores pretende obtener ganancias a costa de la explotación de los demás costarricenses: horarios de trabajo especiales, bonos por cumplir con sus obligaciones, incentivos salariales por el solo hecho de pertenecer a esa institución, en fin, tratos especiales que los demás trabajadores en el país no tienen. ¿Y por qué razón? Por ninguna que se le justifique, por puro antojo y capricho, por pretender que la ecuación sólo requiere pensar "quiero=merezco", sin haber hecho algo que derivara en la justa obtención de las cosas.
En ASOJOD criticamos y rechazamos las posiciones de estos y cualesquiera otros grupos que pretenden vivir a costa de los demás, utilizando a los tax payers como sus animales de inmolación. Repudiamos ese credo de las ganancias inmerecidas que tanto se ha expandido en nuestro país y despreciamos a quienes lo comparten. Un ser decente, moral, justo y racional no puede pretender usar a otros para obtener sus fines; cuando una sociedad no sólo tolera sino que incita ese tipo de conductas, se dirige indudablemente a la bancarrota en todas sus áreas.