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martes, 30 de octubre de 2007

¡Más empleo!


Importantes empresas ofrecerán 1.000 puestos de trabajo bilingües durante una feria organizada por el Centro Cultural Costarricense Norteamericano, entre las empresas empleadoras se destacan: Intel, Philip Morris, Sykes, Procter & Gamble, Hewlett Packard, HSBC y Manpower.

Ahí lo tienen amigos y amigas de ASOJOD una vez más la satanizada inversión extranjera por parte de transnacionales ha producido 1000 nuevos empleos los cuales mejoraran la calidad de vida de muchos costarricenses, en momentos como estos nos preguntamos que beneficio económico le ha traído a nuestro país personas como Albino Vargas, Favio Chávez, Eugenio Trejos, si su respuesta fue ninguno están en lo correcto, mas bien estos grupos nos condenan a la pobreza cada vez que saltan en contra la productividad, modernidad y la inversión para así ellos poder mantener los privilegios que disfrutan a costa del bolsillo de todos.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Los subsidios de don Ottón


El proceso que culminó con el referendo del 7 de octubre nos dejó varias enseñanzas. Una de ellas es que, entre los gurúes, existe profunda ignorancia en cuanto al papel del comercio en la creación de riqueza. Los del SÍ luchaban por vender; los del NO por no comprar. Ninguno estaba (ni está) interesado en el intercambio, el comercio. Y, para confirmarlo, ahora Ottón Solís exige subsidios para los agricultores, como condición para aprobar las leyes de implementación. Esta exigencia tiene tres tipos de problemas: conceptual, económico y moral. Veamos el conceptual.

El sistema económico. Todos los seres humanos consumimos bienes y servicios (b&s) para nuestra subsistencia y bienestar. Tenemos necesidades de consumo. A la vez, hemos sido dotados de recursos (inteligencia, habilidades, medios naturales), con los cuales las podemos solventar únicamente de dos maneras: en autosuficiencia –cada persona produce, aisladamente, todo lo que necesita– o en cooperación con otras.

El hombre solventó esas necesidades en autosuficiencia hasta que descubrió el maravilloso principio de especialización e intercambio, según el cual dos o más individuos pueden satisfacer mejor sus necesidades de consumo si, en vez de producir todo lo que consumen, cada uno dedica sus recursos a los b&s que produce mejor y luego los intercambia por aquellos que otros ofrecen en condiciones ventajosas. El resultado de la aplicación generalizada de este principio es el sistema de especialización e intercambio (SE&I), una intrincada red de interrelaciones e interdependencias. En él, cada individuo produce un bien (o muy pocos) y obtiene todos los demás mediante el proceso de intercambio (el comercio).

Dinámica del sistema. Vemos, entonces, que las personas participan en el sistema económico con el único fin de satisfacer mejor sus necesidades de consumo. Por esta razón, en cualquier subsistema se obtiene la máxima cantidad de riqueza y bienestar cuando cada individuo halla la mejor solución (la más barata) para cada necesidad de consumo, en cualquier parte del mundo. Cada vez que surge una mejor solución, la riqueza se incrementa en dos rondas.

Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que, a raíz de la liberalización comercial, el arroz ingresa en el subsistema B al 20% del costo local. Esto implicaría una ganancia para todos los que consumen arroz. Además, al pagar menos por ese grano, todos esos consumidores tendrían más dinero para consumir otros bienes: frijoles, carne, verduras, libros, vestimenta, etc. En todas estas actividades se generarían mayor producción, empleo y ganancias. Así, el ingreso de arroz más barato daría los siguientes resultados. Beneficiados en el campo: (1) todos los que consumen arroz: peones agrícolas y no agrícolas, pulperos. (2) Campesinos que no producen arroz: estos ganarían a raíz del arroz más barato y de la mayor demanda por sus productos. (3) Campesinos arroceros: los que son consumidores netos del grano. Beneficiados urbanos: todos los que consumen arroz: taxistas, periodistas, meseros, clérigos, secretarias. Perdedores en el campo: los grandes productores de arroz, que tendrían que incrementar su productividad o usar sus recursos para solventar otras necesidades de consumo de los participantes.

Ayuda a los pobres. Esta clarísimo, entonces, que para favorecer a los pobres (campesinos, taxistas, secretarias) o dejar de perjudicarlos, lo más efectivo es permitir que se abaraten los bienes de consumo básico; es propiciar la apertura inmediata de esos mercados. Se puede complementar esta acción con ayudas directas –un cheque– dirigidas al consumo. Pero lo que promulga Solís, férreo opositor a la apertura comercial, es lo contrario: que se mantengan cerrados los mercados y, a su vez, se den subsidios a los productores. Las consecuencias económicas de este “programa” serán desastrosas, en especial para los más pobres. Seguiremos.

Por Rigoberto Stewart

jueves, 18 de octubre de 2007

¡Más empleo!


La aprobación del TLC ya empieza a dar frutos para nuestro país con la llegada de la empresa alemana Continental AG la cual iniciará la producción de componentes electrónicos de automotores situándose en la Zona Franca Coyol, en Alajuela, utilizando al país como plataforma para la exportación de estos productos hacia Estados Unidos y aprovechando las ventajas que ofrece el TLC. La empresa invertirá alrededor de $61 millones solo durante el primer año de operaciones en Costa Rica e inicialmente contratará 350 trabajadores, tales como ingenieros, técnicos y operarios durante 2008 y pretende llegar a 2011 con 550 empleados.

En ASOJOD seguiremos mostrando como la inversión así como la apertura de mercados beneficia a todos los costarricenses a partir de la creación de empleos, esperamos que esta sea la primera de muchas otras más.

viernes, 12 de octubre de 2007

El tigrito centroamericano


El gran avance experimentado por El Salvador en el último informe sobre la Libertad Económica del Mundo, ha sorprendido a todos menos a aquellos que han estudiado las reformas implementadas en este país, desde los Acuerdos de Paz de 1992. La economía salvadoreña es hoy la segunda más libre de América Latina —luego de Chile— y se ubica entre los 20 primeros lugares en la posición 18 entre 141 países.

Este Índice, publicado anualmente desde hace 11 años por el Fraser Institute de Canadá, utiliza 42 indicadores divididos en cinco grandes áreas, para determinar la libertad económica de un país. Estas áreas son: el tamaño del gobierno, la estructura legal y la protección a los derechos de propiedad privada, el acceso a una moneda sólida, la facilidad para comerciar internacionalmente y el grado de regulaciones en los ámbitos laboral, crediticio y de negocios que tiene el país.

A lo largo de más de una década, esta publicación ha demostrado empíricamente el fuerte ligamen que existe entre libertad económica y el desarrollo de los países. El Salvador es un caso de estudio en este sentido.

En 1990 El Salvador ocupaba el lugar 84 en este ranking de naciones, con una nota de 4,8 de un máximo de 10. Para ese entonces el país se encontraba en los últimos años de la guerra civil y la economía había sido fuertemente intervenida por los gobiernos militares de los ochenta. Según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censo, para 1991 casi el 60% de las familias salvadoreñas eran pobres.

Sin embargo, a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador inició un agresivo proceso de liberalización económica, que incluyó la privatización y liberalización de los sectores financiero, telecomunicaciones, hidrocarburos y de pensiones, la apertura comercial, tanto unilateral como mediante la firma de acuerdos bilaterales, y la adopción del dólar como moneda oficial. Los resultados están a la vista de todos: la inflación es una de las más bajas de América Latina, al igual que las tasas de interés. La densidad telefónica general ha aumentado un 936% desde la apertura en 1996. Los precios de los combustibles están entre los más bajos de Centroamérica. Las exportaciones y la inversión extranjera continúan aumentando. Las finanzas gubernamentales se encuentran bajo control, al punto que el sector público no financiero registra un superávit del 0,7 por ciento este año. Se espera que la economía crezca en 5 puntos en el 2007.

Como consecuencia, en el campo social se han registrado grandes avances. Según el Banco Mundial, en la última década "la matrícula en educación primaria aumentó en casi 10 puntos porcentuales, la mortalidad infantil se redujo un 40 por ciento, la población sin acceso a agua potable disminuyó en la mitad, al igual que la pobreza extrema". De hecho para el 2005 la cifra de familias pobres había caído al 35,2 por ciento.

No obstante, El Salvador cuenta con grandes retos que se reflejan en esta publicación: la independencia del Poder Judicial sigue siendo deficiente, al igual que las regulaciones en los campos comercial y laboral. En este último punto se encuentra uno de los principales retos de El Salvador, si desea que los beneficios de una economía libre lleguen a todos los sectores de la población. El país se ubica en la posición 75 en el último informe Haciendo Negocios publicado por el Banco Mundial, el cual mide la calidad de las regulaciones en 175 países. En particular, El Salvador recibe muy bajas calificaciones en la facilidad de abrir un negocio, el cumplimiento de contratos y la protección a los inversionistas.

Altos costos de entrada en la economía se reflejan en un sector informal que sobrepasa el 40 por ciento de la población. Si bien los avances en estos 15 años han sido muy importantes —especialmente si se les compara con otras naciones en la región— resulta imperativo que las autoridades salvadoreñas le presten la atención debida a este problema y reduzcan los costos de hacer negocios en su país.

Por Juan Carlos Hidalgo
Tomado de CATO

miércoles, 10 de octubre de 2007

La realidad del TLC en otros países


"El Centro de Exportación e Inversión de República Dominicana informó ayer de que las exportaciones de ese país crecieron un 63,03% entre enero y agosto de este año, en comparación con el 2006.

Las ventas al exterior hasta agosto alcanzaron $1.569,53 millones y se espera que lleguen a $2.200 millones al terminar el año. La cifra no incluye las zonas francas.

En el primer semestre del 2007, la economía logró un crecimiento de un 7,9% en términos reales. Además, la tasa de desempleo disminuyó un 4,1%."

Ahí lo tienen amigos de ASOJOD un país como República Dominicana el cual aprobó el mismo tratado que nosotros aún no ha desaparecido, aún no se han robado sus recursos naturales, aún sus habitantes no se han ido al infierno. Todo lo contrario las cifras muestran un crecimiento de la economía robusto, así como un beneficio para la población más pobre del país gracias a la creación de nuevos empleos.

En ASOJOD estamos claros que el TLC no es la única condición para desarrollarnos pero si es una condición necesaria, ya dependerá de nuestro país ver como utilizamos dicha herramienta. En ASOJOD esperamos que en forma paralela al TLC se implemente toda una agenda de competitividad que haga a nuestro país más atractivo para recibir inversiones.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Desigualdades Odiosas


Adoptando el discurso populista predominante en la región, el secretario general iberoamericano y ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (1988-2005), Enrique Iglesias, declaró en un foro sobre “cohesión social” celebrado en Brasil, que las desigualdades en América Latina “insultan la conciencia ética de la sociedad”. El ex presidente del BID dijo que se impone recuperar los principios de “cohesión social”. Pero lo que insulta la inteligencia no es la desigualdad sino el estancamiento, la miseria, la corrupción y las malas políticas de los gobernantes latinoamericanos. La desigualdad de ingresos como supuesto problema no es más que un engaño de los intelectuales.

En el último cuarto de siglo, la globalización originó una explosión de prosperidad nunca antes experimentada en la historia de la humanidad. El avance fue tan evidente e incontrovertible que los socialistas decidieron cambiar de estrategia. La crítica al capitalismo tomó otro sendero: si bien la globalización trajo el crecimiento –decían– éste resultó desafortunado para los pueblos porque aumentó las desigualdades ampliando “la brecha entre ricos y pobres”. Falso. Estudios realizados por el Banco Mundial en 92 países demuestran que, en general, el progreso benefició a pobres y ricos en la misma proporción.

Para contrarrestar los supuestos males del crecimiento capitalista, los socialistas inventaron la política del “crecimiento con igualdad”, que a través de impuestos progresivos permitiría una mejor distribución de la riqueza. Pero, ni en América Latina ni en ninguna parte existe riqueza esperando a ser distribuida por los gobernantes, como si se repartiera una torta. La riqueza no crece en los árboles, debe ser producida por el esfuerzo y el ingenio humano. Toda la riqueza que existe desde un lápiz hasta un rascacielos ha sido creada por miles de personas que invierten y arriesgan sus ahorros y esfuerzo para producirlos. Cualquier “redistribución” posterior resulta en quitar un bien a quien le pertenece para darle a quien no le pertenece.

La riqueza le pertenece a quienes la producen, en la proporción previamente acordada, y a nadie más. Nadie, incluyendo al Estado, tiene derecho a apropiarse de lo producido por otro. La justicia, en la antigua definición de Ulpiano, jurista romano del año 170, es “dar a cada uno lo suyo”. Ninguna civilización que negara el derecho moral de una persona a disponer de su producción sobrevivió mucho tiempo.

Es natural que la producción origine desigualdades debido a que las personas son desiguales en aptitudes, dedicación y voluntad. Pero esas desigualdades se refieren solo a que algunos obtienen más ingresos que otros por ser más productivos, talentosos, arriesgados. Bajo una economía libre, la desigualdad de ingresos es justa y beneficiosa para la sociedad porque promueve los valores de la productividad y el ahorro. Esa desigualdad debe ser motivo de celebración, pues conduce a los más talentosos y ricos a incentivar a las demás personas a producir con mayor dedicación y esfuerzo. Los ricos se hacen más ricos cuanto más productivos hacen a sus trabajadores, adquiriendo tecnología y dando entrenamiento que benefician a sus trabajadores.

La producción de riqueza no tiene límites. Lo que gana uno beneficia al resto porque se suma a la riqueza general. Lo que debe insultar la conciencia de nuestras sociedades son, no las desigualdades que denuncia Enrique Iglesias, sino las que originan los privilegios, tales como los subsidios, el proteccionismo, mercados cautivos, licencias especiales, exenciones tributarias, monopolios estatales y el sinnúmero de políticas estatistas que han hundido al continente en la corrupción y el atraso. La economía prevaleciente en América Latina es precisamente la “economía de privilegio” o mercantilismo.

La igualdad que debemos conseguir es la igualdad ante la ley, en la que todas las personas tengan igual dignidad y no existan privilegios. Locke explicaba que si todos son iguales e independientes, nadie puede perjudicar a otro en su vida, libertad y propiedad.

Por Porfirio Cristaldo Ayala
Tomado de AIPE

martes, 18 de septiembre de 2007

Redistribución y pobreza


Según investigaciones del Banco de Desarrollo Asiático (ADB), la pobreza ha disminuido mucho más en aquellos países del Asia donde las desigualdades de riqueza han aumentado, más que en aquellos países donde las desigualdades de ingresos son menores. Y la pregunta al respecto de la revista The Economist es “¿acaso importan las desigualdades mientras la pobreza disminuye? Y, agrega, “medidas populistas para quitarle al rico no son la respuesta porque restringen el desarrollo”.

En mi columna he sostenido por años que la meta de disminuir las diferencias de riqueza y la meta de disminuir la pobreza son mutuamente excluyentes. También he abogado por la eliminación de los impuestos al rendimiento de las inversiones, como medio para disminuir la pobreza y, a la vez, aumentar los ingresos fiscales, recomendando como impuesto único el IVA, sin excepciones. La razón no es favorecer a los ricos sino a los pobres, cuyos ingresos dependen de la demanda por trabajadores de parte de inversiones productivas.

Las inversiones se van adonde mayor será la utilidad y eso es así hoy más que nunca porque se pueden realizar pequeñas inversiones en cualquier parte del mundo vía la Internet, a través de corredores y la banca de inversión. La rentabilidad del capital invertido es la medida de la productividad, sobre la que tanto se habla.

La izquierda ataca esto, aduciendo que así se protegen los intereses de los ricos. Como no son tontos, tales críticas son meramente ideológicas. Lástima, porque así perjudican a los pobres mucho más que a los ricos. La pregunta de siempre es: ¿acaso importan las diferencias mientras la pobreza disminuye? La postura de la izquierda parece ser que no importa la pobreza, con tal que los ricos no se hagan más ricos.

Decir que los ricos son ricos porque los pobres son pobres es una falacia, ya que la riqueza no es una cantidad fija. La falla es que los economistas no han sabido explicar el fenómeno de la ganancia para ambas partes en todo intercambio voluntario entre dos personas.

Es muy importante comprender cómo la división del trabajo (fenómeno espontáneo en una economía de mercado) y el subsiguiente intercambio resultan en el aumento real del pastel a dividirse, por lo que entonces a todos les toca más. Reconozco que se trata de algo contra intuitivo y hasta algunos economistas ganadores del Premio Nóbel no lo entienden.

Y si no se entiende el fenómeno de costos comparados tampoco se comprende el hecho que, en ausencia de privilegios legales, sólo se logrará hacer fortuna enriqueciendo a los demás. Los pobres no son pobres porque los ricos son ricos y todos nos beneficiamos cuando otros se hacen más ricos. Por ejemplo, la xenofobia en Estados Unidos contra China no existiría si comprendieran que mientras más rica es China más rico será Estados Unidos y el resto del mundo también. Y tampoco debiera existir la hostilidad contra ricos que tanto empobrece a los pobres.

Por Manuel F. Ayau
Tomadoi de AIPE

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Lo que necesitamos


La empresa HP abrió operaciones en nuestro país en el año 2003, hoy en día emplea a 5000 costarricenses cifra que se espera aumente a 7000 en los próximos dos años. Así es amigos de ASOJOD esas malditas transnacionales que nos vienen a robar el agua, los órganos, la virgen de los ángeles y todas nuestras otras riquezas, siguen creando prosperidad y nuevas oportunidades para la clase trabajadora costarricense (dato interesante para aquellos mentirosos que gritan que la globalización sólo favorece a las clases político-empresariales de Costa Rica).

Es necesario recordar que este tipo de inversión ha llegado al país gracias al modelo económico adoptado desde los ochenta, cabe preguntarnos que alternativas nos tienen a este modelo y al TLC, los ALbino, los Ottón SOlís, los Eugenio Trejos, las Montserrat Sagot, los Rodrigo Carazo, ¿será que ellos están en capacidad de crear estos 2000 empleos, tienen ellos los recursos necesarios como para revitalizar nuestra economía?

viernes, 31 de agosto de 2007

La riqueza de la globalización


Aun cuando resulta reiterativo decirlo, la globalización, con el ciberespacio, arrasó, simbólicamente, con las fronteras de todos los países, grandes y pequeños, desarrollados o no, o en vías de desarrollo, como el nuestro, y no nos deja otra alternativa que entrar de lleno en ella.

Ya los tiempos que evocan bucólicos recuerdos de un pueblito alejado del resto del mundo pasaron, y hay que saber afrontar la realidad.

Esta mundialización tiene muchos y sobrados beneficios, si sabemos aprovechar su impetuosidad en la calidad de vida humana.

Hace no mucho, quizás 25 años, nuestros agricultores han sabido diversificar sus actividades y ya ven en otras fuentes, como el turismo o productos no tradicionales, como los minivegetales o el café de primerísima calidad y muy bien cotizado por lo que dejan mayores ganancias, pues los mercados internacionales se han abierto y ello, sin duda alguna, beneficia a todos estos nuevos productores y exportadores.

Desarrollo total. Hay que aprovechar las ventajas de la globalización económica y permitirnos salir de nuestros “solares” y mercaditos hacia otros países, donde nuestra producción es bien recibida y pagada. Debemos permitirnos ser un país totalmente desarrollado, sabiendo que nuestros productos son tan competitivos o más que los de cualquier otro país.

Debemos avanzar hacia la riqueza y no quedarnos ahí, como pulpería de pueblo, vendiendo al menudeo y hasta fiado con libreta.

¡Ya es hora de Costa Rica! Ya lo dijo el presidente Arias el 8 de mayo: “Dar la espalda a la integración económica, regresar al proteccionismo comercial y menospreciar la atracción de inversión extranjera constituyen, hoy por hoy, las vías más seguras para condenar a la juventud costarricense al desempleo y a Costa Rica al subdesarrollo. Constituyen, también, la forma más segura de desaprovechar el capital humano e institucional que ha acumulado el país en los últimos 50 años, que nos permite integrarnos exitosamente en la economía mundial...”.

Apoyo a esfuerzos. Por eso, si queremos pasar de país pobre, con tasas de desempleo altísimas y un ingreso per cápita errático, debemos apoyar los esfuerzos que el Gobierno quiere impulsar.

Y dejemos de poner oídos a la sarta de mentiras que, con sus consignas desgastadas y huecas, nos traen los políticos y sindico-políticos, a quienes solo sirve un país pobre y alicaído, para justificar su patética existencia.

¡Arriba, costarricenses!, que hoy está en juego no solo el bienestar de nuestros hijos y el propio, sino el de nuestros nietos y futuras generaciones, que nos agradecerán haber optado por el desarrollo y la prosperidad del país.

Por Wilbert Arroyo Álvarez
Tomado de la Nacióne

jueves, 30 de agosto de 2007

¡Los TLCs siguen dando frutos!


Después de vencer los requisitos sanitarios el colifror y brócoli tico han logrado entrar al mercado de Trinidad y Tobago. Costa Rica tiene también gestiones avanzadas para cumplir los requisitos sanitarios con Jamaica, Barbados, Guyana y Surinam, y vender brócoli, coliflor y otros productos fresco.

En ASOJDO esperamos que dichos requisitos se puedan vencer para que nuestros agricultores puedan disfrutar lo antes posible de las ventajas que trae la globalización y la apertura comercial. Definitivamente nuestro país debe de entrar en un serio proceso de reconversión ecónomica en donde dejemos de producir aquello que podemos comprar en otros países de forma más barata y dedicarnos a encontrar este tipo de nichos, para que así tanto productores como consumidores podamos disfrutar plenamente de la riqueza creada por el comercio internacional.

TLC y Competitividad


Es importante destacar que el próximo referéndum sobre el TLC con Estados Unidos es más que la firma de un Tratado de Libre Comercio, es escoger la inserción inteligente en el mundo o el aislamiento; una mayor competitividad y exportaciones o retroceder a la dependencia del café y el banano de la década de 1980; mayor empleo y diversificación de mercados y productos o el producir para un mercado limitado; mejorar nuestro desarrollo y fomentar la competencia o mantener los monopolios estatales y ciertos privilegios; el respeto del orden constitucional o el irrespeto y la democracia en las calles; una mayor inversión extranjera o el vivir del escaso ahorro interno; el populismo o el desarrollo ordenado y solidario; el crecimiento en el libre comercio y el mercado o la intervención estatal en el sector productivo.

En Europa, desde 1950, Robert Shuman lanzó la idea de la creación de la Comunidad Europea (UE), y hoy más de 27 países con distintas religiones, razas, culturas, idiomas y desarrollo constituyen un bloque económico y solidario donde el libre comercio de bienes y servicios, con reglas claras y transparentes, fue la clave del éxito. La Unión Europea también avanzó en el campo ambiental, social y económico. Ningún país de la UE habla de haber perdido la soberanía o de que su agricultura se arruinó. Todo lo contrario: las pymes se fortalecieron y florecieron. El apoyo de los gobiernos fue clave. Muchas multinacionales se desarrollaron también. Pero la investigación, el desarrollo de nuevos productos y la innovación dio a las pymes grandes oportunidades.

El libre comercio mejoró la vida de todos los europeos. La ventaja comparativa hizo el milagro de que un país como Irlanda, del mismo tamaño de Costa Rica, lograra crecer en solo 20 años para tener un índice de desarrollo económico y social 10 veces más alto que Costa Rica.

Clave del éxito. Esta claro que solo con un marco seguro y el libre comercio, como el logrado por los europeos, podremos obtener menores costos, mejorar la tecnología, más especialización y mayor competitividad. Hoy, el mundo se moviliza con los acuerdos multilaterales de comercio como la clave del éxito. Costa Rica, gracias a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) y a su espíritu luchador, hoy exporta más de $8.000 millones al año y es el principal productor de fruta fresca de Latinoamérica. Esta meta de desarrollo no la hubiera logrado sin esta iniciativa unilateral de EE. UU.

Hoy, más que nunca, requerimos producir con mayor calidad y aprovecharnos de macromercados como la UE y EE. UU. La globalización y el TLC son una oportunidad para las 2.000 pymes exportadoras, que deben ser fortalecidas y apoyadas, en este esfuerzo competitivo, con capital de riesgo, avales, crédito oportuno y competitivo, capacitación, asistencia técnica, mejoramiento de calidad, estudios de mercado, etc.

La globalización nos exige mayor educación y especialización, pero, ante todo, ahorro, inversión, solidaridad y competitividad. El Estado también requiere recursos frescos para desarrollar mayor infraestructura y apoyo a los sectores más vulnerables. Mayor agilidad, mayor competitividad, mayor ahorro, mayor estabilidad económica, mayor seguridad y, sobre todo, mayor solidaridad son la base para lograr un desarrollo sostenible.

Objetivos de un TLC. Todos los tratados tienen el mismo formato, que permite regular la propiedad intelectual, ambiental, laboral, transparencia, solución de controversias, contratación pública, inversión, telecomunicaciones, comercio electrónico, servicios financieros y otros. Su objetivo es poner reglas claras y transparentes para el comercio de bienes y servicios financieros y otros. En el TLC con EE. UU., lo que Costa Rica busca es aumentar las oportunidades, eliminar barreras y, sobre todo, lograr consolidar nuestras exportaciones de chayotes, melones, yuca, concentrado de frutas, piña, flores, mangos, vegetales y cientos de productos industriales. El TLC es la apertura al 99,5% de los productos que Costa Rica exporta. El 80% de nuestra producción agrícola está ligada a la exportación. Exportamos 4 veces más productos agrícolas que lo que importamos de EE. UU. El TLC no tiene nada que ver con el comercio de armas, la educación, recursos hídricos, privatización de instituciones públicas, importación de medicinas, políticas laborales y ambientales; y este hecho quedó ratificado por la sentencia de la Sala Constitucional.

Por último, lo que debemos ver en el TLC es la oportunidad de acceder al mercado más grande del mundo. El TLC nos obliga a ser más competitivos en telecomunicaciones y seguros, por lo que debemos fortalecer el ICE y el INS, al igual que lo hicimos con la banca estatal. El TLC también nos obliga a revisar la legislación en marcas, procedimientos de observancia, controles anticorrupción, convenio con UPOV y Tratado de Budapest. Pero, ante todo, el TLC nos permite consolidar nuestro mercado en EE. UU.

No al engaño. Lo que debemos tener claro es que este referéndum es algo más que un TLC. No nos llamemos a engaño. Con o sin TLC, debemos fortalecer nuestras instituciones educativas, la CCSS y, además, dar apoyo social a quienes menos tienen. El TLC es solo una ruta de desarrollo. De todos depende si la aprovechamos o nos bloqueamos. Colombia, Perú y Panamá están haciendo fila. Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y República Dominicana ya se nos adelantaron.

El TLC es solo un instrumento de política comercial y no es la salida asegurada al desarrollo. Seamos competitivos y luchemos por mejorar. No nos conformemos ni echemos para atrás. Crezcamos y demos lo mejor para lograr una Costa Rica más próspera, justa y humana. Demostremos nuestra madurez democrática y dejemos atrás los discursos populistas.

Por Jorge Woodbridge
Tomado de la Nación

lunes, 27 de agosto de 2007

Nuevas Oportunidades


Después de tres días de actividades, la feria de exposición de productos concluyó el sábado con contratos comerciales cerrados por un valor de $2.080.000 y acuerdos de intención por $10.673.000, según informó el Consejo Chino para el Fomento del Comercio Internacional (CCPIT).

Definitivamente las oportunidades existen en este mundo globalizado lo más importante es que el Estado fomente un ambiente institucional que incentive la iniciativa privada y no la asfixie en trámites, regulaciones e impuestos. En ASOJOD esperamos que nuestro país se llene de este tipo de actividades que le permitan al emprendedor costarricense obtener mejores condiciones de vida.

jueves, 23 de agosto de 2007

La historia ya cambió


EnForo (6/7/07), la ingeniera Rosario Incer expresaba posiciones extremas respecto al TLC, la Sala Cuarta y el TSE. El 14 de agosto, trata de disipar su participación en el artículo. Aunque no me convence, me tranquiliza pues ahora afirma: “No somos de ninguna forma un grupo que llama a la violencia”. Ojalá cumplan si el resultado del referéndum no favorece sus intereses.

Quiero decirle a doña Rosario que la Costa Rica que pareciera añorar, la de los antepasados, dejó de existir hace rato, y no por culpa del TLC ni de los neoliberales. Basta ver el número actual de pobladores del país para entender que no sería posible vivir en aquel idílico ambiente de pocos ricos y muchos pequeños productores en minifundio, mientras los asalariados consumían lo poco que se producía en el país y la veían “fea” para comprar ropa y enseres importados.

En ese tiempo, se combatía la pobreza con limosnas, “gallitos” y ropa usada en la puerta de las casas, y se atendía al medio millón de costarricenses con unos cuantos hospitales y escuelas, y un puñado de policías. Jamás podríamos atender hoy a casi 5 millones de habitantes, dándoles servicios de salud, educación, seguridad ciudadana e ingreso digno, aunque sea insuficiente, si no fuera porque el país se insertó hace años en la economía mundial para aumentar la producción y ventas al exterior, y no tener que exportar a su gente. Para bien de todos, la fuerza del pilón fue sustituida por la del conocimiento, el empuje empresarial y la fe en un mundo mejor.

Producir más. No es demonizando y ahuyentando a los que invierten y producen como se obtiene una economía próspera y creciente, que dé trabajo y bienestar a los miles que se incorporan cada año a la fuerza laboral, y que aportan los impuestos para pagar los miles de millones que invierte el país en programas de solidaridad social como erradicación de tugurios, becas y pensiones no contributivas, además de lo que se invierte en educación, salud, seguridad ciudadana e infraestructura. La fórmula es producir más, exportar todo lo que se pueda e importar lo que acá sale caro producir, para dar mejor vida a todos, en especial a los más necesitados.

¿Y quién va a invertir, para que todo esto sea posible? Dios guarde sea el Estado, para que se repita la triste historia de Codesa y se fomenten la corrupción y la vagabundería. Debe ser la iniciativa privada, apoyada por los turistas y quienes buscan oportunidades de inversión legítimas, en el marco de la seguridad jurídica y las reglas claras que nos va a dar el TLC.

Por Jorge Baldioceda
Tomado de la Nación

martes, 21 de agosto de 2007

La manzana de la discordia


Érase una vez, un país pequeñito, bonito y querido por casi todo el mundo. Resulta que en ese país para comerse una manzana o uvas en Navidad, había que viajar hasta la frontera sur, hacer malabares durante el trayecto de vuelta para la casa. Pero el solo hecho de llegar con esos manjares, ropa de ciertas marcas, chocolates que no fueran Gallito, tales como Snickers, M&Ms, entre otros, significaba una verdadera fiesta para los hogares que se podían dar ese lujo. Los zapatos tenis que usábamos eran Bilsa, Bracos, Adoc o alguna otra marca nacional.

El sistema de mercado era sumamente protegido, y a lo máximo que se podía aspirar era a consumir bienes incluidos en el Mercado Común Centroamericano.

Este pequeño país, igualmente, protegía los servicios de telecomunicaciones, electricidad, seguros médicos y de cobertura, bancos y finanzas.

Cambios marcados. Con el paso de los años, las cosas empezaron a cambiar, se fueron firmando tratados comerciales con otros países, se fueron rebajando aranceles a productos de otras regiones, las empresas locales invirtieron en nuevas y modernas máquinas, los bancos ampliaron los horarios y servicios para competir con los de la empresa privada; la población tenía acceso a productos y alimentos de naciones allende Centroamérica. Las inversiones llegaban por doquier y el país ya no podía cerrar la puertas y volver atrás.

Resulta que, cuando la nación de mayor volumen comercial quiso ingresar a esa apertura, una serie de pseudopolíticos intelectuales y sindicalistas, que nunca han tenido éxito, ni han laborado o fundado empresas de beneficio para el pueblo, se han opuesto radicalmente a que ingrese la nación más grande a comercializar con ese pequeño país.

Costarricenses, es tarde ya para cerrar las puertas que se empezaron a abrir en la década de 1980; el mundo está globalizado, no retrocedamos de nuevo, para ir a la frontera sur a buscar uvas y manzanas.

¡No tardemos tanto en firmar lo mismo que en Panamá se firmó en 15 días!

Por Juan Martín Rojas Brenes
Tomado de la Nación

domingo, 1 de julio de 2007

Centroamérica nos aventaja


Es difícil entender la actitud de algunos costarricenses. Vivimos el mundo de la integración económica a través del comercio de bienes y servicios. Costa Rica ha sido, en los últimos veinticinco años, un partícipe activo de este proceso de integración mundial.

Mientras muchas naciones buscan con todo fervor la posibilidad de negociar acuerdos comerciales con los principales bloques económicos del mundo, los costarricenses, nos debatimos en una maraña de argumentos falsos, e inclusive tendenciosos, en torno al convenio comercial que hemos suscrito con la República Dominicana, los países centroamericanos y los Estados Unidos. Todavía seguimos esperando que “se aclaren los nublados del día”(!!!).

Hace 25 años, Costa Rica inició un nuevo proceso nuevo de apertura económica, durante la administración de Luis Alberto Monge, convirtiéndose en el líder de la región. Le correspondió luego a Rafael Ángel Calderón ser el primer presidente en negociar, durante su administración, un tratado de libre comercio, en ese caso con México. Posteriormente, las administraciones Figueres Olsen y Rodríguez Echeverría continuaron este proceso de apertura comercial y económica en Costa Rica.

Finalmente, fue durante la administración Pacheco de la Espriella que se firmó el tratado de libre comercio entre los países centroamericanos, la República Dominicana y los Estados Unidos de Norte América. En realidad, el tratado crea una zona de libre comercio entre estas siete naciones, algo mucho más amplio que un convenio comercial con los Estados Unidos.

El ejemplo de Costa Rica. Costa Rica tiene una larga historia de aprovechamiento de las oportunidades comerciales que se inicia desde el siglo XIX. Siempre hemos sido suficientemente audaces para enfrentar los retos y sacar provecho de las oportunidades. En el mundo se menciona con frecuencia a Costa Rica como ejemplo de un pequeño país que ha aprovechado los procesos de integración y globalización a los que se ha enfrentado.

Luego de la creación y consolidación de esta zona de libre comercio, deberá venir una negociación comercial con la Unión Europea y, posteriormente, tal como lo ha anunciado el presidente Arias Sánchez, una negociación con China. Esta estrategia de desarrollo, aprovechando las oportunidades comerciales, le permitirá a Costa Rica acelerar su proceso de crecimiento económico y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, a través de la creación de más empleos, mejor remunerados, en particular para las generaciones más jóvenes.

El 7 de octubre, los costarricenses debemos tomar una decisión de la mayor trascendencia. ¿Continuaremos este proceso de apertura económica e inserción inteligente en el mundo de la globalización, de modo que podamos aprovechar nuevas oportunidades para intensificar el desarrollo en las próximas décadas, o, por el contrario, nos vamos a aislar económica y políticamente de Centroamérica, de la República Dominicana y de los Estados Unidos de Norteamérica (principal socio comercial de Costa Rica)?

La decisión no será decir sí o no a un convenio comercial. Será si continuaremos modernizando nuestro país, o por el contrario le negaremos la oportunidades de mejorar las condiciones de vida en especial a para los grupos más jóvenes de la población, a los agricultores y en general a los trabajadores.

Es triste reconocer que en los últimos años Costa Rica se está convirtiendo en una pesada carga para Centroamérica. Perdimos el liderazgo que tuvimos en el pasado. Nos quedamos rezagados en aptitud, decisiones y acciones concretas. Los países centroamericanos están haciendo su tarea, en tanto nosotros seguimos enredados en nuestros propios mecates.

Con esta actitud corremos el riesgo de quedar fuera de la negociación comercial con la Unión Europea. Aunque duela aceptarlo, la verdad es que otros países de Centroamérica nos están aventajando. Costa Rica fue el país con el ingreso por habitante más alto de la región. Sin embargo, este año Panamá nos va a superar. La diferencia está en que los países vecinos tienen un concepto claro de la conveniencia y urgencia de modernizarse, mientras nosotros no tomamos las decisiones oportunamente.

Nuestras familias. Lo que leímos en la prensa hace algunos días no debe extrañarnos. Funcionarios gubernamentales de los países vecinos tratan de atraer inversiones productivas a sus países. Mientras ellos pueden mostrar que sus productos de exportación tendrán acceso permanente al mercado más grande del mundo que es los Estados Unidos, Costa Rica todavía debate si quiere o no tener acceso permanente a ese mercado. Los beneficios unilaterales que ese país nos ha concedido por dos décadas llegarán eventualmente a su final, con un evidente perjuicio para los productores y trabajadores nacionales que laboran en esos procesos productivos. Las familias costarricenses podrían empezar a sentir ese problema muy pronto.

Por varios años, Costa Rica ha sido un imán de atracción de inversiones extranjeras que han venido a complementar la inversión nacional. Así mismo, hemos recibido importantes cantidades de trabajadores que buscan oportunidades de empleo en nuestro suelo. En la eventualidad, que no creo llegue a ocurrir, de que el 7 de octubre una mayoría vote por no intensificar las relaciones comerciales con Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, las tendencias favorables de los últimos años se van a revertir. Difícilmente el país recibirá nuevas inversiones productivas, si no vamos a tener acceso a los mencionados mercados, con lo cual, obviamente, perderíamos independencia y libertad. Los pueblos más independientes son los que tienen seguridad en su comercio. Los tratados comerciales nos dan esa garantía.

Sería muy triste que las oportunidades de empleo ya no estén en Costa Rica, sino en otros países vecinos. No deseo ver a los costarricenses migrando en busca de oportunidades de empleo que nuestra patria no les puede brindar. O seguimos desarrollando nuestro país o irremediablemente nos vamos a empobrecer.

La decisión no es simplemente un tratado comercial. El 7 de octubre los costarricenses votaremos si queremos un país moderno, abierto al comercio, más grados de independencia y libertad, o si, por el contrario, deseamos aislarnos económica y políticamente de nuestros vecinos, de los grandes mercados del mundo como lo son los Estados Unidos y Europa y, eventualmente, China. ¡El futuro se encuentra en nuestras manos! Tomemos la decisión con valentía.

Por Fernando Naranjo
Tomado de la Nación