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viernes, 11 de marzo de 2016

Viernes de recomendación

Para esta ocasión queremos compartir el artículo "Riqueza, conocimiento y derechos individuales" del escritor Enrique Blasco Garma, en el cual nos habla sobre el funcionamiento del mercado a partir de actores que cuentan con información incompleta pero que, a partir de su interacción y de la convergencia entre oferta y demanda, logran tomar decisiones beneficiosas para sí mismos y, sin pensarlo, para los demás.

jueves, 20 de marzo de 2014

Jumanji empresarial: ¿es suyo, mío o de nadie?


Una vez tuve un debate con un congresista que me insistía que cada ciudadano es dueño de los activos del estado. Me insistía que yo era dueño de una parte del obelisco de Washington y yo le decía que eso no era verdad. En eso estuvimos un largo rato, hasta que me preguntó por qué mantenía tal posición. Le contesté con otra pregunta: "¿Puedo vender mi parte?" Esa es la verdadera prueba de que uno es dueño de algo. De hecho, la definición práctica de la propiedad privada es el derecho de su dueño de quedarse con ella o de venderla.

La propiedad privada tiene una función social vital que a menudo no se comprende. Usted no tiene que ser muy observador para haberse dado cuenta que las propiedades privadas están mucho mejor mantenidas que las que pertenecen a la comunidad.

Yo soy dueño de una buena casa, muy bien mantenida. Hemos plantado árboles y le hemos añadido habitaciones. Todas esas mejoras estarán allí mucho después que yo me haya ido de este mundo. Parte de la razón por la cual yo he hecho sacrificios financieros para mejorar mi casa es que obtendría más dinero por ella si llego a venderla.

¿Trataría yo a mi casa con el mismo cariño si le perteneciera al gobierno o si tuviera que pagar un impuesto de traspaso de 75% cuando la vaya a vender? Obviamente que cualquier cosa que reduzca mis derechos de propiedad sobre la casa también reduce mis incentivos para actuar de una manera socialmente responsable: pintarla y conservarla como un recurso escaso. Si la casa está bien cuidada el mercado me premia con un precio mayor. El derecho de propiedad y el libre mercado me obligan a comportarme como si a mi me importara quien va a vivir en esa casa en el año 2050.

Esa es una de las bendiciones del libre mercado. La gente le sirve a los demás sin coerción ni porque son bondadosos. Por ejemplo, a mi me parece magnífico que los ganaderos de Texas y los sembradores de papas en Idaho se aseguran que la gente de Nueva York tenga su bistec con papas en la mesa. ¿Usted cree que lo hacen por amor a los neoyorquinos? Puede que los odien, pero se aseguran de que haya carne y papas en los supermercados de esa ciudad.

La razón es sencilla: quieren más para sí. En un mercado libre la mejor manera de tener más para uno es servir bien a los demás. ¿Cuánta carne y papas cree usted que habría disponible en Nueva York si ello dependiera del buen corazón de otros? Me temo que estarían pasando hambre en Nueva York.

Piense en los millones de productos y servicios que otros elaboran para nosotros, sean automóviles, ropa, alimentos, entrenimiento o vivienda. La conclusión es que casi todas las cosas buenas provienen del deseo de obtener ganancias por parte de alguien. Y piense también sobre las cosas con las que no estamos satisfechos: las escuelas públicas, el servicio de correo, la policía y las colas en las oficinas gubernamentales. En ninguno de esos sitios hay "afán de lucro" ni derechos de propiedad.

El libre mercado y los derechos de propiedad no conducen a una utopía; para ello tenemos que esperar ir al cielo. Pero aquí en la tierra el libre mercado y los derechos de propiedad le ganan por mucho trecho a cualquier otro sistema en servir las necesidades de la humanidad.

Walter Williams

viernes, 25 de mayo de 2012

Viernes de recomendación

Para este viernes de recomendación queremos compartir con ustedes un breve pero extraordinario texto del profesor Manuel Ayau, quien en vida fuera Rector de la Universidad Francisco Marroquín. El texto se titula "Un juego que no suma cero: la lógica del intercambio y los derechos de propiedad" y contiene una atinada explicación de cómo funciona el intercambio libre y voluntario de propiedades, que en todo momento se convierte en una ganancia mutua para los participantes. Esa es la lógica del libre comercio: no es un juego de suma cero -donde la ganancia de uno significa la pérdida de otro- sino de suma positiva, en el que ambas partes ganan, pues simplemente nadie estaría dispuesto a intercambiar algo si lo que recibe no es más apreciado que lo que entrega.

viernes, 23 de abril de 2010

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación y, particularmente, en un contexto de polémica ambiental por el fallo de la Sala IV respecto al proyecto minero Crucitas, en ASOJOD queremos ofrecerles un artículo muy interesante de Rubén Méndez R., titulado "El mercado como mecanismo de protección ambiental".

En él, el autor critica el razonamiento pigouviano que pretende resolver los problemas ambientales con más intervención estatal y propone, como contrapartida, al mercado como ese mecanismo idóneo para la solución de controversias, argumentando que cuando existen derechos de propiedad y se pueden realizar inversiones, existen incentivos para cuidarlo y preservarlo para obtener un buen retorno. Una vez más, el interés individual termina generando un bien a toda la sociedad.

martes, 1 de septiembre de 2009

¿Será posible?


El diputado libertario Luis Antonio Barrantes impulsa un proyecto que pretende reducir la carga tributaria de los contribuyentes (no se alarme leyó bien el proyecto pretende reducir los impuestos no aumentarlos). Lo que se pretende es que cada contribuyente pague 1000 colones por cada millón de colones que vale su propiedad, en lugar de los 2500 colones que pagan en la actualidad. ¿Será posible que un proyecto de esta naturaleza puedan encontrar los votos en la Asamblea?

domingo, 19 de julio de 2009

Tipos de gobierno


Toda sociedad necesita reglas fundamentales para gobernarse. Esas normas surgen de costumbres y convenios que se plasman en constituciones. Los ciudadanos hacen esas reglas en su calidad de mandantes para que el gobierno, en su calidad de mandatario (quien recibe mandatos), ejerza el poder. Son los pueblos los que organizan gobiernos para proteger sus derechos y así buscar satisfacer sus propios intereses en paz.

La disyuntiva es si la función prioritaria de esos gobiernos es la preservación de reglas del juego, basadas en principios éticos, dejando a cada quien cuidar sus intereses, con la consiguiente obligación de respetar los resultados de la buena conducta (y castigar la mala), aunque los resultados no siempre agraden. O bien, si su función es la de prioritariamente intentar satisfacer los múltiples y variados intereses de todos.

Los conflictos entre derechos e intereses es un asunto de prioridades. Por ejemplo, puede ser de interés de la comunidad expropiar un terreno para construir un supermercado, pero si el propietario del terreno quiere usar su propiedad con otro propósito, ¿qué ha de privar, el derecho del ciudadano o el interés de la comunidad?

En ambos casos la decisión implica un costo social, ya sea prescindir del beneficio del supermercado o prescindir del beneficio que representa para la comunidad respetar el derecho de propiedad. Y, considerando la extensa utilidad que para la sociedad tiene el respeto al derecho de propiedad, prescindir del mismo tiene un costo inconmensurable. Históricamente, los gobiernos fueron creados precisamente para proteger derechos que la gente aceptaba como natos, como el derecho a disponer de lo legítimamente adquirido.

La respuesta al dilema de la función del gobierno depende de si se reconoce la importancia de respetar las reglas del juego o si sólo se deben respetar cuando los resultados se consideran buenos. La decisión estará sesgada por falta de realismo si suponemos que la élite política, que llamamos gobierno, está integrado por abnegadas personas que anteponen los intereses de la sociedad a sus propios intereses y que tienen la capacidad y los conocimientos necesarios.

Tenemos que escoger entre dos sistemas porque son mutuamente excluyentes: uno implica subordinar intereses a los derechos y el otro subordinar derechos a intereses, asumiendo los costos y beneficios de la “solución” que se adopte, para luego vivir con sus consecuencias.

Varias falacias dificultan la escogencia. Una es la deificación del gobierno, atribuyéndole facultades que realísticamente no posee para satisfacer los intereses de la sociedad. Y la otra que no es fácil comprender cómo surge un orden económico espontáneo, como el lenguaje o el dinero, cuando el gobierno no se encarga de satisfacer intereses, sino de hacer respetar los iguales derechos de todas las personas. Necesariamente hay que escoger y vivir con las consecuencias. No hay nada perfecto.

Manuel Ayau

martes, 2 de diciembre de 2008

Frase del día


"El dogma de que los derechos humanos son superiores a los derechos de propiedad sólo significa que algunos seres humanos tienen derecho a hacer de otros su propiedad, y como el competente nada tiene que ganar del incompetente, ello representa el derecho de este último a adueñarse de los mejores y a utilizarlos como ganado productivo. Quien considera esto como humano y justo no tiene derecho al título de humano"

Ayn Rand