
El martes 19 de junio se presentó ante la prensa el proyecto de ley que pretende legalizar la unión civil entre personas del mismo sexo, así como regularizar todo lo correspondiente a bienes gananciales, herencias, cobertura de seguro social, etc. en el caso de dichas parejas, sean de derecho o de hecho. En ASOJOD aplaudimos esta iniciativa pues se trata de un paso que Costa Rica tenía que dar desde hace mucho tiempo. No es posible que, en pleno siglo XXI, nuestro país todavía sea incapaz de romper paradigmas tan elementales como el que este tópico representa. Tampoco es concebible que una nación que se haga llamar democrática y respetuosa de los derechos humanos, fomente de manera legal la discriminación sistemática y preserve a algunos sectores de la población como ciudadanos de segundo nivel. Como bien señala Abelardo Araya, Presidente del Movimiento Diversidad, mismo que ha sido paladín del activismo para la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (GLBT), "esta comunidad tiene todos los deberes pero no todos los derechos de los ciudadanos costarricenses".
Esas palabras tienen un tremendo peso: la sociedad costarricense tiene la mala costumbre de atacar y rechazar a todo aquel que piense, se vea y/o actúe diferente, sea en el terreno personal, político, económico, social, etc. Siempre que el que no es una oveja del rebaño es visto entonces como una criatura siniestra. Sin embargo, poco a poco se están dando los cambios que nuestro país necesita, máxime que estamos insertos en la globalización, la cual implica un cambio constante.
Las reacciones a este tipo de iniciativas no se harán esperar. Lógicamente, las fuerzas conservadoras, la Iglesia, los grupos moralistas y los defensores del statu quo van a lanzar el grito al cielo. Ya alguien como el diputado Massey lo ejemplificó. Probablemente, ese tipo de personas dirán: "primero es la unión civil, luego quién sabe con qué nos saldrán. No sea que quieran ser ciudadanos". Estos conservadores no son más que portadores de una doble moral, en tanto rasgan sus vestiduras porque algo no es moralmente aceptable, aunque en el terreno privado ellos también lo practiquen. Eso no se vale. De fijo, muchos costarricenses no comprenderán aún que una sociedad que no sea capaz de respetar y propiciar la diferencia está podrida y condenada al fracaso. Quedarse en el mismo lugar y momento histórico por los siglos de los siglos es una autoflagelación que sólo lleva al oscurantismo.
La gran pregunta que cabe hacerse aca es si Costa Rica es de verdad un país libre. Consideramos que si bien se han hecho esfuerzos significativos, todavía falta mucho trecho por recorrer para poder llamarnos país libre. Como parte de ese trecho, nos falta comprender, como sociedad, que la orientación sexual y la consecuente relación interpersonal que de ella se derive es un asunto que sólo compete a los individuos involucrados en la misma y jamás al conjunto de la sociedad. El Estado no puede ni debe decirle al individuo de quién enamorarse, con quién convivir, con quién mantener relaciones sexuales ni cómo buscar su felicidad. Definitivamente, debemos respetar la decisión que tome el individuo porque sólo él sabe qué es lo que quiere.
Por eso, en ASOJOD hacemos un llamado a la cordura y a desarrollar una actitud positiva ante los cambios. Se trata de tolerar, respetar y fomentar la diversidad de todo tipo, sea sexual, de pensamiento, de religión, de lenguaje, etc. dado que somos una sociedad pluralista. Puede que a algunos les guste y a otros no, pero al fin y al cabo, no somos quienes para decirle a las demás personas cómo deben vivir su vida. Definitivamente, un aplauso para los diputados Gutiérrez (Movimiento Libertario)y Merino (Frente Amplio) así como para la diputada Chacón (PUSC) y a todo el Movimiento Diversidad por impulsar este proyecto que, ojalá, se convierta en Ley de la República.