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jueves, 30 de abril de 2009

Obama choca con los Castro


El presidente Obama eliminó algunas restricciones que impedían que los cubanos viajaran frecuentemente a la isla o que les remitieran dinero a sus familiares. Fue un gesto inteligente. Una oportuna rama de olivo que había prometido durante la campaña que lo llevó a la Casa Blanca. Lo hizo en vísperas de su viaje a la Cumbre Americana de Trinidad y Tobago. Casi simultáneamente declaró a CNN que esperaba que el gobierno cubano pusiera en libertad a los presos políticos y respetara los derechos humanos, mientras publicaba un texto, ampliamente divulgado, en el que mencionaba el marco político adecuado para recibir plenamente a Cuba en la familia americana: la Carta Democrática firmada en Lima por los 34 gobiernos miembros de la OEA, precisamente el 11 de septiembre de 2001, mientras ardían las torres gemelas.

Raúl Castro, desencantado y desencajado, reaccionó de una manera previsible: ''más de lo mismo''. En ese momento estaba en Venezuela convocado por Chávez para agitar en el circo del ALBA, una familia excéntrica de países amantes del colectivismo y enemigos de la democracia representativa y del sentido común que se reúnen de vez en cuando bajo la carpa del ''socialismo del siglo XXI'' para jugar al antiamericanismo y practicar otras formas curiosas de la bobería. No muy lejos de Venezuela, en Haití, Hillary Clinton, la secretaria de Estado, había dicho algo muy similar: ahora le tocaba a Cuba responder a la buena voluntad del gobierno de Obama con una señal de cambio. Para La Habana aparentemente era algo muy fácil: si Estados Unidos facilita la entrada de los cubanos a la isla, ¿por qué Cuba no hace lo mismo y propicia que sus ciudadanos puedan entrar y salir libremente del país, como sucede en casi todo el planeta?

Raúl Castro tenía razón. Lo que Obama está planteando con relación a la isla es muy parecido a lo que han dicho antes que él otros diez presidentes norteamericanos (y lo que sostiene la Unión Europea, al menos desde que en 1996 los países miembros concretaron una posición común a instancias de España): Estados Unidos está dispuesto a entablar relaciones enteramente normales con Cuba, pero sólo si su gobierno evoluciona en dirección de la apertura política y el respeto por los derechos humanos y las libertades civiles. Washington, en suma, propugna un cambio de régimen en el país vecino. No está dispuesto a aceptar como ''normal'' y permanente esa dictadura comunista calcada del viejo y desacreditado modelo soviético, prácticamente ya desaparecido en todo el mundo. Obama, como sus antecesores, no admite la coartada de la ''soberanía''. Cuba debe cambiar.

¿Por qué esa insistencia? ¿Por qué Estados Unidos no puede convivir armónicamente con una satrapía comunista de la misma manera que en el pasado lo hizo con las dictaduras de Trujillo o Somoza? Las razones fundamentales son tres:

  • Porque Estados Unidos, tras un siglo de fracasos, al fin comprendió que era un cínico error mantener buenas relaciones con las tiranías en un continente supuestamente comprometido con las libertades, como se acredita en la Carta Democrática de la OEA. ¿No criticaban a Estados Unidos por tener vínculos amistosos con las dictaduras latinoamericanas?

  • Porque el caso cubano tiene un claro componente de política interna norteamericana. El 25% de la población cubana, unos tres millones de personas (nacidos en Cuba o descendientes directos de cubanos), vive en Estados Unidos y se refleja vigorosamente en la estructura social y política del país. Hay dos senadores, cuatro congresistas federales, y numerosos funcionarios y cuadros intermedios dentro de la estructura de poder norteamericana. Los intereses mayoritarios de la etnia cubana, o su relativo peso electoral, como sucede con los judíos americanos con relación a Israel, o con los afroamericanos cuando se formula la política hacia Africa, hay que tomarlos en cuenta.

  • Porque a Estados Unidos, finalmente, lo que le conviene es que en Cuba se instale una democracia sosegada y estable, como la costarricense, para mantener buenas relaciones políticas con la isla, dotada de un sistema económico productivo, de manera que los cubanos no continúen emigrando en masa hacia los Estados Unidos. Y nada de eso se puede conseguir si en La Habana continúa enquistada la vieja e incompetente oligarquía comunista que tomó el poder hace medio siglo y ha sido incapaz de evolucionar bajo el peso de la experiencia, lo que hace que el régimen actual, aunque fuerte en apariencia, sea siempre precario y provisional. Sabíamos que en el comunismo dinástico, tras Fidel le tocaba el turno a Raúl, pero ¿qué o quiénes vienen tras Raúl?

Obama ha tomado la posición correcta. Hacer concesiones sin esperar algo a cambio hubiera sido un error. Habría sido como decirles a los demócratas de la oposición y al inmenso (aunque escondido) sector de los reformistas, que no era necesario que el país abandonara el fracasado sistema comunista porque a nadie le importa el destino de los cubanos. A Obama y a su administración sí les importan.

Carlos Alberto Montaner

martes, 6 de enero de 2009

Cuba: El fracaso de su revolución de 50 años


En enero se cumplen 50 años del triunfo de una revolución que se propuso cambiar Cuba. El Movimiento 26 de julio de Fidel Castro derrocó la dictadura de Fulgencio Batista, porque deseaba construir “una nación más democrática, más próspera, más independiente y más justa”.

En estos años la sociedad cubana ha atravesado por cambios de gran trascendencia. Tras medio siglo en el poder hoy Cuba es gobernada por un régimen que ha remplazado al autoritario Batista, por uno totalitario; es decir, de partido único, ideología comunista y economía estatizada, donde se reprime a quien piensa distinto y se impide la autonomía de la sociedad civil.

Esta vez, las celebraciones estarán encabezadas por Raúl Castro, confirmado como Jefe de Estado y de Ministros el 24 de febrero de 2008, tras la enfermedad de su hermano a fines de julio de 2006. Algunos analistas pensaron que con su llegada al poder podría iniciarse una época de cambios económicos en la atribulada sociedad cubana. Ese criterio se basaba en el pragmatismo del menor de los Castro, así como en la calamitosa situación social en que recibió el país.

Sin embargo, ¿Se puede hablar de cambios en Cuba cuando todavía hay prisioneros políticos? ¿Se puede hablar de cambio si nadie ha hablado de transformar ni un solo aspecto relacionado con los derechos civiles y políticos?

La conmemoración de los 50 años de la revolución es una buena fecha para hacer un balance de las consecuencias de la revolución cubana, no obstante, lo difícil que es acceder a información confiable sobre Cuba. El presente documento suscrito por los intelectuales e instituciones que abajo firman busca realizar de manera objetiva y rigurosa ese balance. Para hacerlo nos hemos basado en investigaciones publicadas en revistas con consejos editoriales o estudios realizados por instituciones de reconocido prestigio.

La Constitución de la República de Cuba (1992 y 2002) señala en su artículo 1º que:

“Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado por todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.

Comparando estos ideales de libertad política, justicia social, y bienestar individual y colectivo establecido por la propia revolución con la realidad que viven los cubanos, realizaremos esta evaluación.

Libertad Política

Hoy no existe en Cuba libertad política. Se ha instaurado una dictadura totalitaria con un Estado que controla todo y una sociedad civil muy débil. El gobierno cubano erradicó o neutralizó instituciones que fueron determinantes para la transición a la democracia en Europa del Este. Además de barrer con la oposición, desde el comienzo el modelo castrista encubrió bajo fórmulas de "respuestas populares revolucionarias" la represión de opositores. Se atravesó la sociedad con una red de control integrada de organizaciones afines al gobierno1 que se extiende verticalmente: desde un nivel nacional a uno municipal y son responsables ante la dirección suprema del Partido Comunista.

Durante casi cinco décadas, Cuba ha restringido prácticamente todas las vías de oposición política. Los ciudadanos cubanos se han visto sistemáticamente impedidos de ejercer sus derechos fundamentales de libertad de expresión, privacidad, asociación, reunión, circulación y debido proceso legal. Entre las diferentes tácticas empleadas para imponer la voluntad del régimen se encuentran las amenazas policiales, la persecución penal, la vigilancia, las detenciones temporales, las restricciones para viajar y el despido laboral por razones políticas (Human Right Watch, 18 de febrero 2008).

Amnistía Internacional ha mostrado también gran preocupación por los casos recientes de "actos de repudio", en los que grupos de partidarios del Gobierno insultan, intimidan y a veces ofenden físicamente a quienes consideran "contrarrevolucionarios"2. Estos actos suelen realizarse en convivencia con las fuerzas de seguridad, y en ocasiones participan en ellos los Comités de Defensa de la Revolución o los Destacamentos Populares de Respuesta Rápida (Amnistía internacional, 17 de marzo de 2006).

Durante el régimen cubano miles de personas han sido ejecutadas y otras miles sometidas arbitrariamente a juicios y sumarios sin acceso a recursos legales apropiados por no existir un Poder Judicial independiente ni Estado de Derecho.

Cuba tiene las tasas más altas de encarcelamiento por ofensas políticas que cualquier otro país en el mundo. Según Freedom House (2000-2001) hay varios miles de prisioneros políticos, la mayoría en celdas con criminales peligrosos y muchos convictos con cargos poco claros como: “diseminación de propaganda enemiga” o “peligrosidad”. Hay reportes confiables de tortura de disidentes en prisión y en instituciones psiquiátricas, donde se encuentra una cantidad de arrestados en los años recientes.

Cuba también es el líder en el hemisferio occidental en la práctica de la pena capital, sólo sobrepasado en el mundo por Irán y la República Democrática de El Congo. Según la “Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional”, la cifra de personas condenadas a muerte desde 1959 oscilaría entre los 5.000 y 6.000, esto a pesar de que durante los últimos años se redujeron sustancialmente. Desde el año 2000 funcionó una moratoria de hecho que se rompió en el 2003 (Ravsberg, 2004).

Según el “Proyecto Verdad y Memoria” ha habido aproximadamente 4.038 ejecuciones, 1.292 asesinatos extrajudiciales, 1.219 balseros muertos o desaparecidos y, según el Miami Herald (23/04/06) 13.403 cubanos fallecidos en misiones internacionales, sobre todo durante los 15 años de guerras africanas en Etiopía y Angola. Lo que van a dejar los hermanos Castro es un legado de sangre e injusticia.

El régimen de Fulgencio Batista era autoritario, había surgido de un golpe violento, sin embargo existían suficientes libertades públicas como para que circularan más de 120 publicaciones, para que existieran partidos legales de oposición, estaciones de radio y canales de televisión independientes del Estado, y para que los ciudadanos pudieran entrar y salir libremente (Rojas, 2008).

Cincuenta años después, Cuba es otra. Como señala el Informe de Freedom House (2008), Cuba se convirtió en la mayor cárcel para periodistas de la región y el único país del continente que prohíbe expresamente el libre ejercicio del periodismo.

A partir del índice de Libertad de Prensa que publica anualmente Freedom House3, Venezuela y Cuba son los únicos países de América Latina "sin libertad de prensa", situándose a un nivel más bajo que Irak.

La única libertad de expresión que no se reprime es la que coincide con el Partido Comunista. Poco después del ascenso de Castro al poder, todos los medios de difusión masiva fueron confiscados y puestos al servicio del Partido y del Gobierno. La radio, la televisión, los periódicos, las revistas y el cine, tienen como función única la divulgación de la ideología comunista.

A los cubanos también les está prohibido ver la televisión extranjera o escuchar la radio de onda corta. A su vez, para el acceso a Internet, la posesión de máquinas de fax y de computadoras, deben dar una “razón válida” y firmar un contrato de utilización, con cláusulas restrictivas. Igual que para conseguir la instalación de un teléfono, se evalúa los méritos del demandante.

En Cuba la Constitución reconoce el derecho de los ciudadanos de profesar y practicar cualquier credo religioso dentro del marco del respeto a la ley. Sin embargo, en la ley y en la práctica el gobierno ha puesto restricciones a la libertad de religión.

Por lo general, los grupos religiosos que no están inscritos siguieron experimentando la interferencia, el hostigamiento y la represión oficiales en grados diversos. Sigue sin cambios la política del gobierno cubano de permitir que las actividades religiosas apolíticas tengan lugar en lugares autorizados por el gobierno.

En Cuba no existen derechos políticos. El Partido Comunista, único permitido, ejerce el monopolio de todas las actividades políticas de la isla asistido por las llamadas "organizaciones de masas". Y la población está prácticamente obligada a pertenecer a una o varias de estas organizaciones políticas, o resignarse a quedar marginada de empleos, oportunidades de estudiar y hasta de obtener artículos de consumo (Martel, 2005).

En Cuba no hay elecciones libres. Además, están prohibidas todo tipo de organizaciones políticas fuera del partido único (Freedom House, 2001-2002). Por lo tanto, no se puede ser un disidente, de ahí la alta tasa de Presos políticos —entre ellos, 48 jóvenes por recoger firmas para un referéndum, 23 periodistas por escribir artículos contra el régimen y 18 bibliotecarios por prestar libros prohibidos— (Montaner, 2007).

Según el índice Freedom in the world, Cuba es el único país que se ha clasificado como no libre de América Latina. Para llegar a esa conclusión, se analizan los derechos políticos y las libertades civiles, al igual que en el resto de los países:

II Justicia Social

Frecuentemente los defensores del régimen castrista argumentan el modelo cubano destacando sus logros sociales (Ciem, 1999; González, 1999). Ellos señalan que “los indicadores sociales han permitido alcanzar un grado de equidad mediante la aplicación de la planificación económica centralizada y la intervención estatal en todos los sectores relacionados con la política social” (Ciem, 1999: 54). Destacando que las tasas de esperanza de vida, de mortalidad infantil así como la de desempleo están a la cabeza de América latina.

Sin embargo, se debe tener cuidado al extraer conclusiones con respecto a las bondades del modelo. Los indicadores sociales muestran que Cuba en 1958 era una de las sociedades más prósperas e igualitarias de América. De acuerdo con los indicadores sociodemográficos sólo era superada por Argentina y Uruguay. Mientras que los indicadores sociales y económicos se asemejaban de manera notable a las de los países menos desarrollados de Europa en ese entonces, como España y Portugal (Noriega, 2007).

Entre 122 países analizados Cuba ocupaba el rango 22 en materia sanitaria, con 128,6 médicos y dentistas por 100.000 habitantes, por delante de países como Francia, Reino Unido y Bélgica. Además la tasa de mortalidad de Cuba era de las más reducidas del mundo (5,8 anuales por 1.000 habitantes; Estados Unidos 9,5) y el nivel de alfabetización de la Isla era del 80%, semejante al de Chile y Costa Rica, y superior al de Portugal.

En tal sentido, resulta equivocado pensar que Cuba antes de la revolución era un país de fuertes contrastes y de bajo nivel de desarrollo, sino que en la década de las cincuenta era una nación con índices crecientes de progreso económico y social: ocupando lugares de avanzada dentro del concierto latinoamericano, junto a Argentina, Chile, Uruguay y Venezuela.

Es así como las condiciones previas a la revolución eran propicias para un avance sostenido en materia social. Ello no ocurrió como se puede apreciar en el siguiente cuadro:

Los indicadores demuestran cambios tras cinco décadas de revolución. La baja tasa de desempleo se ha logrado con empleo artificial en el gobierno. En tanto los salarios y las pensiones han disminuido.

El salario real en 2007 estaba 76% por debajo del nivel de 1989 (Mesa-Lago, 2008: 18). Raúl Castro reconoció en su discurso del 26 de julio que “el salario es claramente insuficiente para satisfacer las necesidades” y prácticamente ha dejado de cumplir su papel de asegurar el principio socialista de que cada cual aporta según su capacidad y reciba según su trabajo, por lo tanto, abogó por un mejor ajuste de los salarios a los precios.

Desde 1962, mediante decreto, se asigna una cuota mensual fija de productos alimentarios de la canasta. Cada cubano recibe una canasta que contiene comida (excluyendo carnes rojas), útiles de aseo y limpieza, pero que sólo les alcanza para unos 15 días del mes. Para lo cual deben comprar en el mercado negro, porque en el mercado subvencionado no podrán adquirir nada suplementario, porque además de asistido, es racionado y no venden productos adicionales.

Entre los resultados favorables destaca la disminución de la mortalidad infantil, que es la más baja del hemisferios después de Canadá. Pero ese logro hay que clarificarlo, ya que esa tasa ya era muy baja en 1958 cuando alcanzaba a 40,0 por cada mil niños nacidos vivos. En este año poseía índices en este indicador superiores a Francia (41,9), Japón (48,9), e Italia (52,8). Sin embargo, en 2007, Cuba había reducido este indicador a 5,3. Siendo superior a las registradas por esas mismas naciones (Francia 4,2; Japón 3,2 e Italia 5,0).

Aún cuando es positivo, requiere la asignación cuantiosa de recursos muy escasos a un problema ya resuelto, mientras que hay necesidades mucho más urgentes y severas, como mejorar la infraestructura de agua potable, la alimentación, las bajas pensiones y la vivienda (Mesa-Lago, 2005: 197).

Esta última es una de las realidades más dramáticas. Mientras que la población se duplicó entre 1959-2007, el número de viviendas construidas fue menor que las destruidas por falta de reparaciones y mantenimiento. La edificación no ha compensado estas pérdidas y las producidas por cinco huracanes y tormentas en los últimos años (Mesa-Lago, 2008:19-20). Así las viviendas por 1.000 habitantes cayeron en 25 por ciento entre 1989 y 2007.

Por otra parte, el proceso de nivelación social que ha sido utilizado como bandera de lucha por la dirigencia castrista, en la práctica tampoco se ha cumplido. No hay estadísticas oficiales de distribución del ingreso, pero estimaciones cubanas y extranjeras indican que esa distribución se ha vuelto más desigual (Noguera, 2005; Mesa-Lago, 2005; Espina, 2008). Los mercados segmentados y la recepción de remesas por parte de la población han ayudado a aumentar la desigualdad.

Como se indica en el cuadro, la desigualdad subsistió y se ha ido acentuando con el transcurso del tiempo. El coeficiente de Gini aumentó de 0,22 en 1986 a 0,407 en 1999 y que la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre de ingreso creció de 3,8 a 13,5 en 1989-1999. Mientras que en ese mismo periodo en América latina la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre de ingreso creció de 11,90 a 19,91.

En la práctica, el índice no es muy diferente del existente en el resto de América Latina. Sin embargo, entre 1986-1999, en Cuba la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre creció 3,85 veces, mientras que América latina lo hizo 1,67 veces.4

Finalmente, otra elocuente demostración de la vulnerable situación que sufren los cubanos es la emigración. Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), Cuba cerró el año 2006 con 3.000 habitantes menos que el año precedente. Las dos causas citadas por los demógrafos para explicar ese fenómeno son la baja tasa de natalidad y la emigración.

Como señala Montaner (1999:16) desde el inicio de la República en 1902, y hasta la llegada al poder de Castro, Cuba fue una tierra receptora de trabajadores del mundo entero —especialmente de España—, pero a partir de la mítica revolución el fenómeno se ha invertido: más de un millón de cubanos ha escapado de ese país por cualquier medio disponible, mientras prácticamente nadie —ni siquiera los más fervientes nostálgicos del comunismo avecindados en Europa Oriental y Rusia— se anima a instalarse en la Isla.

III Bienestar individual y colectivo

En pos del desarrollo bajo una concepción socialista Cuba puso en práctica un modelo de economía altamente centralizado, en donde el Estado es el propietario de prácticamente todos los medios de producción y dirige el proceso productivo y de distribución en forma centralmente planificada.

Cuba se fue transformando gradualmente en una economía totalmente dependiente de la Unión Soviética y basada en la monoproducción de azúcar. El fracaso y colapso de la URSS la obligó a buscar una mayor diversificación de su economía pero las ineficiencias de su modelo, que desconoce el derecho de propiedad privada y las bondades en una economía de mercado libre y abierta no le han permitido el progreso. El siguiente cuadro muestra indicadores más recientes5 y confiables sobre la economía cubana:

Como se puede apreciar el PIB de Cuba aumentó entre 1981-1989 a una tasa anual de 2,9%. Sin embargo, el crecimiento disminuyó en el periodo 1991-20036 donde estimó una tasa media anual de –0,5%. El bajo crecimiento ha provocado que el PIB por habitante en el 2003 estaba 17% por debajo del nivel de 1989 (Mesa-Lago, 2005: 186).

Desde una perspectiva de más largo plazo se puede comprobar el fracaso del modelo cubano para producir bienestar, al ver el cuadro 6. Este muestra la posición relativa del ingreso por habitante de 7 países: Cuba, Venezuela, Argentina, España, Portugal, México y Chile. Cuba era el tercer país de este ranking en 1957 y cayó al último lugar el año pasado.

Las modestas reformas orientadas al mercado en 1993-1996 lograron una recuperación parcial, pero luego se paralizaron y se han revertido a partir del 2003. Los indicadores sociales mejoraron después de 1994, pero en 2003 varios de ellos no recuperaban aún el nivel de 1989 y la pobreza y la desigualdad habían aumentado (Mesa-Lago, 2005).

Hoy en día, la balanza comercial cubana es una de las más desfavorables del planeta. El pobre desempeño agrícola ha requerido importaciones masivas de alimentos que junto a los combustibles y medicamentos han mantenido una participación mayor al 60% en el total de las importaciones y toman el 80% de los ingresos en divisas, sin posibilidad en el corto plazo de cambiar esta situación.

Estas cifras ratifican la debilidad de la economía cubana, especialmente cuando ya no recibe los préstamos a largo plazo y con bajísimo interés que la URSS le otorgaba automáticamente para cubrir el déficit comercial anual. Cuba ha incumplido pagos con África del Sur, Bélgica, Canadá, Chile, España, Francia, Japón, México, el Reino Unido y otros. A fines de 2007, la deuda externa total de Cuba se estimó en 37.905 millones de dólares, equivalente a 3.410 dólares por habitante, tres veces el promedio latinoamericano de 1.173 dólares (Mesa-Lago, 2008:14).

Como señala Oppenheimer (2008), el Gobierno cubano culpa de sus problemas económicos al embargo comercial de Estados Unidos. Sin embargo, tiene tantos agujeros que difícilmente se le puede culpar por el bajo nivel de vida en la isla. Estados Unidos es ya el principal exportador de productos alimenticios a la isla y muchos otros productos estadounidenses entran a Cuba a través de terceros países.

Conclusión

La revolución deseaba una Cuba democrática, donde los ciudadanos disfrutaran de libertad política, justicia social, y bienestar individual y colectivo tal como lo afirman en el art.1 de la Constitución de 1992 y posteriormente en 2002.

Cincuenta años después del triunfo del Movimiento 26 de julio queda en evidencia el fracaso de ese objetivo. El precio que han pagado los cubanos en libertades básicas perdidas es enorme, el Gobierno decide lo que van a estudiar, donde pueden trabajar, donde pueden comprar hasta si pueden viajar al exterior. En Cuba no hay libertad política ni de expresión. En Cuba, no hay justicia social, sino que el estándar de vida de la población ha empeorado visiblemente. No pueden seguir viviendo con una canasta —si bien subvencionada— que dura como máximo dos semanas. Cuba es hoy un país cada vez más pobre, dependiente de la ayuda exterior y menos libre.

En 50 años, la que era la cuarta economía de América Latina ha descendido a los últimos lugares en la región. Esta nación otrora receptora de migrantes europeos durante la primera mitad del siglo XX, hoy se ha convertido en una comunidad con un potencial migratorio de medio millón de habitantes.

Con la asunción al poder de Raúl Castro se esperaban cambios a un modelo que es insostenible. Sin embargo, tras dos años, se ha aferrado en el poder y ha mostrado pequeños signos de reforma, que siguen siendo insuficientes. Raúl Castro que no posee el carisma de su hermano, ha debido enfrentar una creciente desafección de la población en general y la juventud en particular. Los resultados de una encuesta recientemente publicada indican que la mitad de los cubanos perciben la situación de su país como “mala” o “muy mala”.7 Los cubanos afirmaron que se sienten personalmente afectados por el alto costo de la vida y la falta de vivienda. El nivel de servicio público tampoco cumple con las expectativas del pueblo. Sin embargo, a pesar de las penurias que tienen que enfrentar, los cubanos declaran que el área prioritaria de mejoramiento para ellos es la organización de elecciones libres.

Los cambios económicos que aparentemente se vienen efectuando son necesarios, pero están lejos de ser suficientes para garantizar el crecimiento económico y el bienestar social. Adicionalmente, hacen falta cambios en las leyes que garantizan las libertades fundamentales que rigen en una sociedad libre y democrática. Es necesario que el pueblo cubano pueda expresar libremente sus ideas sin necesidad de que un presidente le diga que pueda hablar sin temor a represalias, especialmente cuando han esperado décadas para ello.

Al régimen revolucionario cubano se atribuye grandes avances en la salud pública y la educación, así como en el auspicio de la cultura y los deportes, especialmente en la etapa en que duró su relación con la Unión Soviética. Sin embargo, ese desarrollo tiene como base los logros alcanzados por la República pre-castrista, visible en estadísticas de la ONU, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo. Por otra parte, el precio que Cuba ha tenido que pagar en materia de represión política, violaciones de los derechos humanos, ausencia de libertades fundamentales y sometimiento de la soberanía cubana a los intereses del bloque soviético, así como el hecho de que alrededor del 20% de la población cubana vive fuera de Cuba, es demasiado alto como para creer que la revolución de los hermanos Castro se ha justificado.

Esta es la verdad del momento cubano. Si el objetivo sigue siendo alcanzar la libertad política, la justicia social, y el bienestar individual y colectivo ¿cuál es la mejor receta? La democracia y el libre mercado.

Notas

1. Hay en la red cubana órganos de vanguardia (el Partido Comunista), organizaciones de masas (Comités de Defensa de la Revolución, Federación de Mujeres Cubanas, Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, etc.), agencias gubernamentales (Ministerios e institutos paraministeriales); sistema de educación, difusión y reafirmación de la cosmovisión oficial (escuelas, universidades y medios de comunicación) y tribunales de justicia.

2. Los lectores que desconocen la naturaleza de estos hechos pueden consultar en: http://www.cubademocraciayvida.org/web/article.asp?artID=1375, donde aparece un artículo de Eloy A. González titulado “¿Qué es un acto de repudio?”.

3. Annual Survey of Press Freedom 2002, elaborado por The Freedom House, es una encuesta que abarca 187 países y se viene realizando desde 1979. "El grado en el que cada país permite el flujo libre de información determina la clasificación de sus medios con Libre, Parcialmente Libre, No Libre". En este caso los países con puntajes del 0 al 30 son calificados como Libres en términos de libertad de prensa, los que reciben entre 31 y 60 puntos son Parcialmente Libres y los que reciben más de 61 puntos son no Libres.

4. El promedio de distribución del ingreso en América Latina, la razón entre el quintil más rico y el quintil más pobre año 1986, fue elaborado en base a Argentina, Bolivia, Costa Rica, Honduras, Perú y República Dominicana; para el año 1999, en base a Bolivia, Brazil, Colombia, Honduras, Jamaica y Paraguay, únicos países disponibles. Fuente CEPAL (2007).

5. La tabla comprende los años 1989, 1993 y 2003 dado que los datos para estos años son los más completos. Tabla obtenida de Mesa-Lago (2005: 185).

6. Un serio obstáculo para evaluar la evolución del PIB en 1989-2003 es el cambio en 2001 del año base para el cálculo a precios constantes: de precios de 1981 a precios de 1997. La nueva serie de la Oficina Nacional de Estadística (ONE, 2002 y 2003) sólo muestra el período 1996-2003 y, cuando es comparada con los mismos años de la serie anterior (ONE, 1998 y 2001), resulta en un incremento anual sistemático de 60% en el valor del PIB, sin que las autoridades hayan dado una explicación de esta anomalía. Como la nueva serie no se retrotrae a 1989, es imposible comparar el PIB en las dos series en 1989-1995 (Mesa-Lago y Pérez-López, 2005).

7. Encuesta Voz de La Habana, realizada a finales de 2007, incluyó a 150 ciudadanos de Cuba en la Capital de La Habana. Encuesta cuantitativa en la que participaron residentes de 15 municipalidades de La Habana y donde contestaron casi 100 preguntas acerca de variados temas (infraestructura del Estado, derechos humanos, efectividad del Gobierno, corrupción, salud y educación) (Van de Aar et al 2008: 8-9).

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ONE (Oficina Nacional de Estadísticas) (1998, 2000, 2002, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008): “Anuario estadístico de Cuba”, La Habana.

Oppenheimer, Andrés (2008). “Cincuenta años después, Cuba no tiene mucho que mostrar”; MiamiHerald 13 de diciembre, 2008.

Ravsberg, Fernando (2004): “Cuba y la pena de muerte”; BBC 05 de noviembre de 2004, La Habana.

Reporteros sin Fronteras (2007). Informe anual de Cuba.

Rojas, Rafael (2008): Diario El Mercurio 03/08/08, Chile.

The Freedom House (2001, 2002, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008): “Freedom in the World. The annual survey of Political Right and Civil Liberties”.

Sánchez, Jorge Mario & Triana, Juan (2008): “Un panorama actual de la economía cubana, las transformaciones en curso y sus retos perspectivos”.

Documento de Trabajo Nº 31/2008, Real Instituto Elcano.

Van de Aar, Max; Nicola Sanches y C.H. Zola (2008): “Situación “muy mala”… según la encuesta”. En Diálogos Cuba-Europa, Vol.3 (8).

Vidal Alejandro, Pavel (2007): “La Inflación y el Salario Real”, Economic Press Service, La Habana, 20 (marzo): 18-20.

United Nations Statistics Division (2008). Obtenido electrónicamente en: http://unstats.un.org/unsd/default.htm.

Firmantes:

Carlos Alberto Montaner (Cuba)
Internacional Liberal

Á lvaro Vargas Llosa (EE.UU.)
Independent Institute

Enrique Ghersi (Perú)
CITEL

Ian Vásquez (EE.UU.)
Fundación Libertad

Carlos Ball (Venezuela)
AIPE

Lorenzo Bernaldo de Quirós (España)
Freemarket

Gerardo Bongiovanni (Argentina)
Fundación Libertad

Rocío Guijarro (Venezuela)
CEDICE

Cristián Larroulet (Chile)
Libertad y Desarrollo

Dora de Ampuero (Ecuador)
Instituto de Economia Política

martes, 17 de junio de 2008

Cuba: Gracias a la revolución...


Al principio no veía ni entendía nada y por eso era fácil que la palabrería oficialista del gobierno cubano y sus mas acérrimos detractores de la lógica me engañaran.
Y el engaño me lo dio la revolución, no por la que mis abuelos lucharon, sino la que impusieron los hermanos Castro.

Es por eso que hoy, gracias a la revolución, tuve que intentar salir de cuba en una balsa por que sentía que aquí no se respetaban mis derechos. Por la revolución cuando fui devuelto por los guardacostas estadounidenses y pise suelo cubano fui decretado no confiable, quedando así, por siempre relegado.

Gracias a la revolución, mi vida, mi juventud y mis sueños se van muriendo, mis pertenencias por uso sin reposición se van deteriorando, gracias a la revolución no puedo trabajar pues simplemente no soy confiable, según dicen los si confiables, los de la policía, los del departamento de la seguridad del estado, esos que se cansan de mentir y nadie puede cuestionarlos.

Por la revolución existen dos monedas en mi país, la moneda nacional y la libremente convertible. Una para mi y la otra para los jefes de estado y de gobierno, pero gracias a la revolución con la mía nada puedo comprar, pues no me sirve en las tiendas de ropa y artículos de primera necesidad.

En la revolución de dos lideres, un único partido y una sola y única política permitida otros jóvenes como yo se ahogan en el estrecho de la Florida o perecen bajo dudosas circunstancias. Así fue cuando lanchas guardacostas de esta invicta y humanitaria revolución de dos un triste 13 de julio de 1994 hundió a otra embarcación con niños y jóvenes que solo querían vivir como seres humanos.

Gracias a la revolución las cárceles están llenas de jóvenes no confiables como yo, existen casi 300 presos políticos, pero hay mujeres que luchan y eso es bueno, por que esas no son de esa revolución. Mujeres que por ser madres y esposas de personas que sufren. A cualquier hombre se le aprieta el pecho de emoción por ellas porque, gracias a la revolución, y como en el 1956 Fidel castro lo dijo, en un país sin justicia los hombres y mujeres jóvenes estarán siempre muertos o presos.

Gracias a la revolución hubo un mariel por los años 80—gran emigración de cubanos—con gritos de “¡fuera la gusanera!” (epíteto para los que deciden irse de la isla). Después, gracias a la revolución, esos que repudiaron a los “marielitos” de Cuba forzosamente, esos que gritaron “¡fuera!” entraron a la sección de intereses de EE.UU. en la Habana a pedir visas.

A mi no me crean, después de todo según ellos nunca tendré razón, al fin y al cabo solo soy un apatria, un mercenario sin dinero. Para ellos, los confiables, solo soy un contrarrevolucionario y por si eso no era suficiente, amigo de la mafia anticubana y terrorista de Miami—honor que me hacen. Según ellos de quienes yo considero esos hermanos exiliados que luchan por la libertad de Cuba allá en el exilio en el país del susto para la dictadura Fidelista y Raulista.

En fin, a la revolución le debemos mucho, gracias a la revolución.


Álvaro Yero Felipe

viernes, 11 de abril de 2008

Viernes de Recomendación



Para esta semana les presentamos un breve debate entre el escritor cubano Carlos ALberto Montaner e Ignacio Ramonet, titulado ¿Qué ha hecho Fidel por Cuba?, en el cual ambos discuten respecto a los éxitos y fracasos del régimen cubano.

domingo, 2 de marzo de 2008

Sin Fidel; y ¿ahora qué?


Fidel se va, pero se queda. La primera decisión que ha tomado su hermano Raúl como flamante presidente de Cuba es delegar sus atributos y consultarle a Fidel todos los temas importantes. El parlamento respaldó esa propuesta por unanimidad. Por algo a estos infelices diputados los conocen como “Los niños cantores de La Habana”. Es un coro pueril, complaciente y afinado. Llevan medio siglo obedeciendo y no saben hacer otra cosa. Seguramente, esa fue la condición exigida a Raúl para que pudiera ocupar formalmente la presidencia del país. Fidel se ha reservado el poder de veto. Seguirá gobernando hasta su muerte.

De eso se trata esta nueva jugada. Fidel está muy mal de salud y quiere continuar mandando desde el más allá. Los brasileros, que son la fuente más fiable e indiscreta que se conoce sobre la salud de Castro, especialmente el entorno de Lula, lo afirman en privado: lo asombroso es que todavía esté vivo. Incluso, sotto voce , me han reiterado el primer diagnóstico que ellos divulgaron y luego desmintieron: realmente, fue cáncer lo que tuvo. Han vuelto de La Habana con esa vieja-nueva noticia. Y si ahora Fidel entrega el mando, aunque conserve la autoridad y la capacidad de obstaculizar cualquier reforma, es porque sabe que no le queda demasiado tiempo en este valle de lágrimas.

Limpieza previa. Antes de darle a Raúl la llave de la dictadura, Fidel limpió el Consejo de Estado de reformistas dispuestos a convivir con los demócratas de la oposición. Ahí no están, por ejemplo, Abel Prieto o Eusebio Leal, dos altos funcionarios dulcemente razonables. A Carlos Lage, el presunto Adolfo Suárez en todas las quinielas políticas, lo desplazó de la línea sucesoria. Colocó en su lugar a José Ramón Machado Ventura como eventual sustituto de Raúl, un anciano organizado e inflexible, que tendrá a su cargo disciplinar al desvitalizado Partido Comunista, una estructura zombie en la que 800.000 personas militan por inercia y no por convicción. Fenómeno nada sorprendente si recordamos que el de la URSS tenía 20 millones de miembros y lo disolvieron por decreto sin una protesta callejera.

Raúl se propone resolver las cuestiones materiales más urgentes heredadas de la devastadora era fidelista. Está convencido de que los cubanos, en realidad, no desean libertades, sino pan con mantequilla. Cree que si el Gobierno mejora el suministro de comida y la población vive un poco mejor, aceptará de buen grado lo que hoy admite por resignación e impotencia. Es una forma endurecida y cínica de ver las cosas, pero es la que tiene.

Los sueños de Raúl. Cuando Raúl cierra los ojos y sueña con el futuro de Cuba ve tres panoramas sucesivos.

kA corto plazo (12 meses, pero con los primeros cambios antes del verano), vislumbra un país más productivo y menos hambreado que el que ha recibido.

kA medio plazo (36 meses), se imagina una sociedad menos rígida, con espacios de opinión más amplios. La reciente publicación del discurso del cardenal Bertone y una actitud más hospitalaria hacia la Iglesia es un anticipo de ello.

kA largo plazo (60 a 72 meses) sueña con haber reproducido en Cuba un modelo más parecido a la Rusia de Putin que a la China actual, donde el capitalismo controlado por los viejos amiguetes del Partido, del ejército y del Ministerio del Interior manejan todos los hilos del poder político y económico, garantizando el sostenimiento de una élite capaz de autorrenovarse, que manipulará al país por varias generaciones hasta que la anomalía histórica del comunismo se vaya disolviendo sin traumas en una aceptable normalidad latinoamericana.

Raúl se equivoca. Le fallan las premisas básicas. El Partido no es revitalizable porque ya casi nadie cree en el colectivismo o en las tonteras marxistas, como afirman los propios hijos de la nomenklatura. (Si Raúl lo duda, ¿por qué no conversa con los hijos de Juan Almeida, Carlos Lage, Machado Ventura, Juan Escalona o de su hermano Ramón?). Las fuerzas armadas tampoco son un bloque monolítico. Se mantienen unidas por lealtad a Fidel y porque están más cerca del espíritu de banda que de la disciplina castrense, pero ideológica y emocionalmente hace mucho tiempo que rompieron con el discurso revolucionario. Uno no elige la carrera militar para administrar hoteles o para darles de comer a los turistas canadienses.

Los cubanos quieren algo más que pan con mantequilla. Quieren libertades. Quieren poseer empresas, tener bienes, salir y entrar libremente en el país, contar con diversas opciones políticas, leer e informarse como les da la gana, y recuperar el control de sus vidas, secuestradas por los Castro hace medio siglo. Lo que debe comprender Raúl es que el destino no lo ha colocado en ese puesto para salvar una revolución que hundió al país y casi nadie quiere, sino para enterrarla ordenadamente. Es su mejor papel.


Carlos Alberto Montaner

miércoles, 20 de febrero de 2008

La FIDELidad acabó


En ASOJOD celebramos la noticia que ayer dio la vuelta al mundo: la renuncia de Fidel Castro al poder en Cuba, luego de casi 50 años de atormentar a sus compatriotas con escacez, comunismo, dogmatismo e irracionalidad. El coronel ha informado que no está en condiciones de seguir en el poder y que por eso decide hacerse a un lado, aceptándo de forma tácita la derrota que le propina el inexorable paso del tiempo, aunque deja claro que el Partido Comunista seguirá mandando, quizá por medio de su hermano Raúl, pero quizá sin el dogmatismo del vetusto barbudo. De hecho, se espera que Raúl incorpore ciertas reformas para la apertura cubana en miras de una etapa de trancisión a la democracia.

El patriarca ha muerto, políticamente hablando, pues su peso tanto dentro como fuera de la isla prácticamente desaparece, toda vez que cada día se le ve más como un recuerdo que como una realidad. Probablemente, con su muerte física, la sombra del comunismo pueda comenzar a disiparse, ya que sus irracionales seguidores perderían a su ídolo de la segunda mitad del siglo XX. Asimismo, la relación de padre-hijo gestada entre Fidel Castro y Hugo Chávez se vendría abajo, debilitando seriamente a la guacamaya venezolana. Porque, aceptémoslo, Chávez necesita de figuras con luz propia para iluminarse en su tránsito hacia la revolución: Fidel, Bolivar, etc. Pero al mismo tiempo, Chávez es incapaz de deshacerse del pesado fardo que estas figuras generan, de modo que siempre se le conocerá como discípulo y no como maestro. Y eso para un megalómano puede ser fatal, hasta el punto de alcanzar el clímax de la sandez.

La pérdida de fuerza de Chávez no sólo se daría en el plano psiquiátrico, sino también en el político. Decía Gustavo Coronel, un excongresista venezolano, que Chávez es incapaz de pensar solo, que necesita asesores en todo momento. Y luego de la retirada de Baduel y de Castro, sus principales asesores, el teniente coronel no tendrá a quien recurrir para plantear estrategias. Es muy probable que de ahora en adelante sólo veamos al Chávez de Aló Presidente, despotricando y rebuznando contra sus fantasmas.

Así las cosas, la esperanza vuelve a surgir tanto en Cuba como en Venezuela, al estilo de matar dos pájaros con un sólo tiro: la salida de Fidel. No obstante, la lucha contra la estupidez y la irracionalidad colectivista (de cualquier nomenclatura teórica) sigue en pie, pues aún muertos los ídolos, los idiotas son capaces de erigirse uno nuevo. Y nunca falta quién se ofrezca para ser ensalzado.

Pero de momento, FELICIDADES Cuba, porque este será el primer paso para su libertad.

El comandante se despide


¿Cambio de era en Cuba? No exageremos. Todavía falta. Es algo que solo podrá proclamarse con realismo cuando se transforme el sistema y –ojalá– lo reemplace una mezcla de realismo económico, democracia política y apertura social.

Sin embargo, tampoco puede restársele importancia al “Mensaje del Comandante en Jefe”, que ocupó ayer la portada del diario oficialGranma , y que, suscrito por Fidel Castro, se adelanta a la sucesión formal del poder que pronto se dará en la isla.

Breve adiós. Con una brevedad desusada, lo esencial del anuncio se reduce a 16 palabras: “No aspiraré ni aceptaré el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”.

Esta línea, por supuesto, no está escrita en el vacío. Al contrario, es parte de unaperformance bien estructurada, y de varios actos.

Con el trasfondo de una salud en crónico deterioro y varios mensajes previos plagados de enigmáticas claves, el 20 de enero se produjeron las “elecciones” de partido único, para integrar la Asamblea del Poder Popular (parlamento decorativo), de 614 miembros.

Los dos Castro (Fidel y Raúl), por supuesto, estuvieron en la lista: primer símbolo de continuidad formal.

El siguiente capítulo tenía dos partes. La primera es la apertura de sesiones “parlamentarias”, el próximo domingo 24, durante las cuales se llenarán dos de los tres cargos máximos de la isla: presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. El tercero, secretario general del Partido Comunista, se oficializará en el seno de este último.

La segunda parte era si Fidel mantendría esas posiciones. Ayer dijo que no. Así, se despidió del poder formal, dentro de una liturgia que respeta las normas del propio régimen.

Fue otro ejemplo calculado de continuidad; otro intento más de sucesión controlada dentro de las estructuras del poder y con un elenco muy reducido: el de su hermano y sus más íntimos –y, hasta ahora, leales– colaboradores; los mismos que lo han acompañado en su convalecencia.

Formas relevantes. Por esto, no estamos ante una transición; menos, ante una transformación. Se trata, simplemente, de formalizar la sucesión; es decir, cambiar con la esperanza de que todo siga igual.

Sin embargo, incluso en un régimen personalista y totalitario, como el de Cuba, las formas y los símbolos importan, sobre todo si el entorno es cada vez menos favorable para el statu quo.

Precisamente por la acumulación de problemas económicos, por los cambios mundiales, por el descontento social, por la incertidumbre consustancial a un “supremo” replegado en su lecho de enfermo y por la incapacidad del sucesor para llenar su vacío, Raúl Castro se ha visto obligado a impulsar algunos tímidos cambios.

Ha comenzado por donde menos riesgos y más ganancias potenciales existen: la economía, con mayor apertura a las microactividades privadas y nuevos guiños a la inversión extranjera. Ha desarrollado tímidos ejercicios para oír reclamos, como ocurrió recientemente en algunos centros educativos y de trabajo. E hizo el gesto de liberar, por pedido de España, a cuatro presos de conciencia en precario estado de salud.

Otros cambios. Si, como todo indica, el Castro bis y edulcorado recibe los puestos oficiales que ejercía su hermano, y este se repliega al papel de “compañero Fidel”, siempre poderoso, pero cada vez menos, las posibilidades de cambios más profundos se volverán inevitables, aunque el deseo oficial sea otro.

Raúl no es un Deng Xiaping; menos, un Gorbachev. Sus dotes son inferiores; su control, simplemente heredado, y su voluntad transformadora, mucho más reducida, casi inexistente. Sin embargo, como militar que es, posee importantes dosis de pragmatismo, y, como caudillo que nunca ha sido, depende más de los resultados que de las promesas o de la historia para apuntalar su poder.

Todo lo anterior ocurre en un contexto de deterioro generalizado en el país; es decir, de un régimen colapsado, aunque aún presente. Por esto, Raúl está obligado a cambiar. En sus intenciones, probablemente, querrá hacerlo lo menos que sea necesario para mantenerse en el trono Sin embargo, la historia reciente del totalitarismo (China, por el momento, excluida) demuestra que las aperturas económicas tienen inevitables –y profundas– consecuencias sociales y políticas.

Esto quiere decir que, aunque ni el “Mensaje del Comandante en Jefe” ni lo que decida a partir del domingo un parlamento que no es son transformaciones esenciales, sí mejoran las condiciones para que se produzcan.

Solo cuando esto ocurra, con vigor –y, ojalá, paz– estaremos ante un verdadero cambio de era. Por el momento, solo es de disfraces.

Eduardo Ulibarri

martes, 6 de noviembre de 2007

Cuba y Venezuela no son democracias


La palabra ‘democracia’ ha sido utilizada con tanta arbitrariedad que hoy se usa para describir a gobiernos tan disímiles como los de Cuba, Venezuela y Suiza.

Un país con un presidente que gobierna, legisla, manipula el organismo electoral y controla las fuerzas armadas (cuyo lema ahora es “Patria, Socialismo o Muerte”)1, como Venezuela, hace ratos que dejó de ser democracia, y pasó a ser una grotesca caricatura de democracia.

Sin embargo, dice el Presidente Correa que es un régimen democrático puesto que “ha ganado nueve elecciones consecutivas”.2 Lo que nuestro Presidente no dice es que, por ejemplo: la OEA, la Unión Europea y el Congreso de España todos han establecido que los procesos electorales de 2004 y 2005 carecían de transparencia.3

Tampoco se puede hablar de un proceso electoral justo y transparente cuando la libertad de prensa es severamente coartada desde el 2005, año en que se modificó el Código Penal venezolano haciendo que sea un crimen—penado con hasta 15 años de cárcel—hablar mal del gobierno o acerca de uno de sus altos funcionarios.

Es realmente preocupante que en el siglo XXI y después un gobierno de partido único que ha durado 48 años, todavía estemos debatiendo en Ecuador si Cuba es o no una democracia. Bajo ninguna definición tradicional de ella (ya sea parlamentaria, presidencial, directa o participativa) podría el régimen cubano ser descrito como una democracia.4

Su convaleciente líder, Fidel Castro, tampoco puede ser considerado un demócrata cuando se ha dedicado casi medio siglo a mandar sobre la isla como si fuera su hacienda. ¿Puede considerarse democracia un país donde el único empleador es el Estado y donde a los disidentes se les prohíbe obtener empleo? ¿Puede considerarse democracia un país en el que uno no tiene libertad de salir y entrar libremente? ¿Puede considerarse democracia un país donde por vender o comprar carne a uno lo meten en la cárcel por un año? (En la Hacienda Castro, solo los Castro pueden darse ese “lujo”) ¿Es democracia un país donde los medios de comunicación son únicamente estatales? ¿Puede ser democracia un país donde no se le permite moverse libremente dentro del país?

No obstante, hay personas como nuestro Presidente o el Presidente boliviano, Evo Morales, que todavía insisten en decir que Fidel Castro no es un dictador y que en Cuba hay democracia.5

En fin, si vamos a tener un debate honesto es necesario que se definan claramente los términos. Si en algo podemos estar de acuerdo es que para que haya democracia tienen que haber algunas condiciones elementales: (1) división de poderes; (2) libertad de expresión (que solo se puede ejercer a través de una prensa libre); (3) elecciones transparentes; (4) y más de un partido político.

Cuba no satisface ni uno de esos elementos. Venezuela solo satisface el requisito de tener más de un partido político. Ecuador, desde el momento en que se establezca la Asamblea todopoderosa, no cumplirá con la primera característica.

No pareciera necesario explicar algo tan obvio como el hecho de que Cuba es una dictadura donde por casi medio siglo se les ha negado la libertad a millones de cubanos. Pero como decía George Orwell, “Hemos caído hasta tal profundidad que la repetición de lo obvio se ha vuelto el principal deber de los hombres inteligentes”.6

Gabriela Calderón

Referencias:

1. “Patria socialismo o muerte”. Gobierno Bolivariano de Venezuela: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. 12 de abril de 2007. Disponible en: http://mci.gov.ve/noticias-prensa-presidencial/28/13205/patriasocialismo_o_muerteconsigna.html.

2. Correa, Rafael. Entrevista con Jorge Ramos en Al Punto. Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=jJpuwodtr1c.

3. Coronel, Gustavo. “Corrupción, administración deficiente y abuso de poder en la Venezuela de Hugo Chávez”. ElCato.org. 26 de noviembre de 2006. Disponible en: http://www.elcato.org/node/2080.

4. Ball, Carlos. “Chávez estrangula la libertad de expresión”. ElCato.org. 29 de marzo de 2005. Disponible en: http://www.elcato.org/node/280.

5. Entrevista con Jorge Ramos de Correa, anteriormente citada y entrevista de Evo Morales con Jorge Ramos.

6. Citado en Bauer, Peter. From Subsistence to Exchange and Other Essays. Princeton University Press, 2004, p. 27.

domingo, 28 de octubre de 2007

Al pie de la sepultura de Castro


El presidente Bush convocó a medio mundo al Departamento de Estado. Quería dar a conocer una importante declaración a los cubanos de la Isla. La ceremonia, oficiada el pasado 24 de octubre, tenía algo de urgencia. Lo rodeaban la secretaria, Condoleezza Rice, el senador Mel Martínez, los congresistas cubanoamericanos y otros funcionarios notables. No era un mensaje electoral dirigido a los votantes de la Florida. Ésos se hacen en guayabera y en tono mitinero. Era otra cosa mucho más seria.

Bush les estaba hablando a todos los cubanos, pero muy especialmente a la cúpula dirigente. Los norteamericanos tienen una información vital y precisa: la inmensa mayoría del aparato de poder quiere cambios profundos. Circulan cien informes sobre las discusiones desatadas en Cuba para examinar los problemas que afectan al país y los resultados son casi unánimes: prácticamente nadie quiere mantener el régimen actual. Comienzan, tímidamente, por reclamar cambios económicos, y no tardan en pedir cambios políticos y libertades individuales.

Rául y supercherías. Lógico. ¿Cómo creer en las virtudes del partido único y del colectivismo tras medio siglo de fracasos y miseria? Una inmensa mayoría del país quiere la restauración de los derechos de propiedad, la democracia y el pluralismo. Entre los intelectuales, artistas y estudiantes es un clamor casi unánime. El único convencido de las virtudes del comunismo es Fidel Castro, y su muerte, precedida por la demencia senil, no debe estar muy distante. Ni siquiera Raúl, que fue comunista antes que Fidel, cree ya en esas supercherías. Por eso Bush no lo mencionó en su discurso. Quería dejar abiertas todas las opciones. Por eso se dirigió a las Fuerzas Armadas y a los cuerpos de seguridad. Quienes recojan los deseos de la sociedad e inicien o faciliten la transición hacia la democracia tendrán todo el apoyo de Estados Unidos. Existe vida más allá del comunismo.
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Hay otro elemento clave en el discurso de Bush. Prefiere la libertad a la estabilidad. Lo ha dicho claramente. No admite el cínico argumento (defendido por algunos militares norteamericanos) de que es preferible una tiranía que mantenga la calma en la Isla, para evitar el éxodo masivo de los cubanos, antes que correr el riesgo de una transición hacia la democracia que podría ser turbulenta. Eso se llama aprender de la historia. Durante todo el siglo XX Estados Unidos pactó con dictaduras repugnantes en busca de estabilidad y le salió mal. En ese bastardo razonamiento descansaban los censurables lazos con Somoza, Trujillo, Batista o Pinochet. La izquierda condenaba a Washington por esa postura. Ahora Bush se coloca en el lado ético del conflicto frente a la dictadura de Castro, y la izquierda, que no tiene conciencia de sus propias contradicciones, ni de su falta de valores democráticos, sigue condenándolo.

El modelo checo. Bush y sus asesores, en cambio, se dan cuenta de que los intereses de Estados Unidos sólo pueden garantizarse si se instaura en Cuba un régimen democrático dotado de un sistema económico eficiente. La prolongación de la dictadura, aunque sea una imitación del modelo chino, sólo aplaza el problema, no lo resuelve. Es preferible un país sacudido por el cambio tumultuoso, como sucedió en Europa del Este, que lo ocurrido en Rusia, donde no hubo conflictos populares, pero acabó instalado en el Kremlin una mezcla antiamericana de mafiosos y policías. Lo que le conviene a Estados Unidos es que la Cuba futura se parezca a la República Checa o a Hungría, y no a Rusia o a China. Afortunadamente, es lo mismo que quisieran casi todos los cubanos.

¿Cómo se financia esa Cuba durante el cambio? Bush también lo ha descrito: Washington creará un fondo internacional para esos fines. Llegada la hora, no faltarán los fondos, los asesoramientos y los respaldos. La idea la aportó hace dos años en la Universidad de Princeton el expresidente uruguayo Luis Alberto Lacalle, y hasta le puso un nombre: Fondo José Martí. De ahí la recogió FAES, unthink-tank presidido por José María Aznar, y la incorporó en un documento llamadoAmérica Latina: una agenda de libertad , coordinado por el diputado Miguel Ángel Cortés. Luego, de la mano de Aznar, la idea entró en la Casa Blanca. Los cubanos no tendrán graves obstáculos económicos para transformar la dictadura en una democracia y pasar del colectivismo al mercado y la propiedad privada.

El sustituto de Fidel. Esa parte del mensaje es muy importante. Fidel Castro se muere, pero pretende legarles a los cubanos como herencia a un caudillo sustituto: el señor Hugo Chávez. Y la manera de persuadirlos para que lo acepten es no dejarles opción: o admiten la jefatura de Chávez con sus petrodólares y sus subsidios multimillonarios –en torno a tres mil millones anuales–, o se mueren de hambre. Pero se acabó ese chantaje: ya hay cómo salir del abismo en que nos dejará el Comandante. Hugo Chávez, que es una persona particularmente detestada por los cubanos, podrá largarse a otro sitio a vocear su delirante socialismo del siglo XXI. Los cubanos vivieron intensamente el del XX y quedaron escarmentados para siempre.

Carlos Alberto Montaner

martes, 14 de agosto de 2007

El ocaso del patriarca


Ayer cumplió 81 años el eterno Fidel Castro. Definitivamente hierba mala nunca muere. El otrora temible revolucionario hoy se le escurre por entre los dedos a la muerte y se rehúsa a dejar este mundo de una buena vez por todas. Ahí está: inutil y senil, diciendo estupideces (bueno, eso lo hace desde que estaba joven)a diestra y siniestra, pero ya sin la efusividad de las históricas diarreas verbales de antaño.

Eso ha sido siempre Fidel: una triste caricatura de ser humano, un psicópata, narcicista, un megalómano cuyos sueños de grandeza y trascendencia histórica sólo pudieron ser satisfechos a punta de sangre y encarcelamientos, de torturas y de negaciones sistemáticas de la libertad. Y a pesar de tantas cosas, miles de perfectos idiotas en todos los rincones del mundo llegan a un orgasmo intelectual cada vez que escuchan al comandante o leen los editoriales de Granma. Miles de idiotas queman sus manos en aplausos cada vez que el viejo barbudo vomita insultos contra el imperialismo.

Pero todos esos idiotas que hoy recuerdan tienen algo en común además de pocas neuronas, amor por más idiotas y odio por el "neoliberalismo", el imperialismo y todo lo que huela a progreso, desarrollo y libertad. El común denominador es que casi todos los idiotas que están vivos hoy nacieron al amparo del líder cubano. Parafraseando a Monterroso, cuando despertaron, el dinosaurio estaba allí y al día siguiente y el que le sigue y así por los siglos de los siglos, el dinosaurio siempre les ha dado la bienvenida al mundo, siempre ha sido su partera ideológica.

Y a los 81 años de edad, todavía conserva fuerzas, no ya para lograr la revolución socialista latinoamericana, pero sí para traer al mundo a más idiotas. Todavía balbucea palabras para que sus digitadores las integren a Granma, todavía sigue dando la bendición a cada nuevo idiota nacido, todavía aparece en los sueños mojados de estudiantes revolucionarios que, para imitar a su amor platónico, dejan crecer sus barbas en cada rincón de América porque saben que aunque el tiempo siga su recorrido inexorable, la mala hierba nunca muere. Y que si físicamente fallece, su papel será retomado por la pintoresca y folclórica guacamaya bolivariana: Hugo Chávez

Al menos en ASOJOD tenemos la esperanza que para el 2008, el tristemente célebre papá de los idiotas haya dejado este mundo. Y que de la tristeza, como los periquitos de amor, o más bien, las guacamayas de amor, el teniente coronel Hugo Chávez lo siga derechito al infierno. Feliz cumpleaños Fidel, esperamos que no cumpla más.

domingo, 12 de agosto de 2007

Nocaut a la libertad


Jab de izquierda. Gancho al mentón. Desde su esquina roja, es decir, sus reflexiones en Granma , Fidel Castro asegura que “dormirá bien” tras haber noqueado con la ayuda de Brasil a los campeones de boxeo Guillermo Rigondeaux y Erislandy Lara. Los tiene bocabajo y en la lona. Corrijo: los tiene aislados en una “casa de visita” que montó al vapor, por llamarle de algún modo a una de las tantas cárceles de Cuba. Porque toda Cuba es un verdadero gulag .

A colgar los guantes fueron condenados. En lo sucesivo, llevarán una vida miserable, bajo vigilancia y confinamiento, y estarán obligados a cumplir, por orden de Castro, “tareas decorosas a favor del deporte (revolucionario), de acuerdo con sus conocimientos y experiencia”. Eso sí, podrán tener acceso a sus familiares si se portan bien y repiten a la prensa los mensajes que les dicten los policías de turno.

El castrismo tiene larga experiencia en castigar a los deportistas que cometen “errores”. A mediados de los 80 envió al boxeador Teófilo Stevenson, tres veces campeón olímpico y mundial, a Puerto Padre, su tierra natal, como entrenador de pacotilla por haber fabricado una bomba casera para asesinar a su esposa, que lo había abandonado. Por suerte, el artefacto no estalló. El castigo fue “plan pijama”, sin juicio ni sanción penal, pues Teófilo tenía que seguir sirviendo como ejemplo de hombre que “jamás habría sido comprado con todo el dinero del mundo”.

A Orlandoel Duque Hernández se le prohibió jugar pelota de por vida. Pudo escapar de la isla y hoy es uno de los lanzadores con más anillos conquistados en las Grandes Ligas de béisbol. Rey Vicente Anglada, el mejor jugador de segunda base que dio la Cuba de Fidel, fue encarcelado injustamente y solo veinte años después se le permitió volver a la pelota como director de Industriales, el equipo del corazón de los habaneros.

Fermín Lafitta, olvidado jardinero estrella del equipo nacional, murió de locura encerrado en su casa. El cadáver descompuesto fue encontrado días después a causa del mal olor. Douglas Vaillant, ex- campeón mundial de boxeo, anduvo alcoholizado durante años, vagabundeando por las calles del país, alimentándose de los desperdicios de comida que recogía de la basura.

Guillermo Rigondeaux, considerado el mejor boxeadoramateur del planeta en cualquier categoría, bicampeón olímpico y mundial, con 378 peleas ganadas y 12 perdidas en su carrera y una racha de 142 victorias seguidas, perdió la pelea más importante de su vida, la de ser libre para vivir de su talento. Igual infortunio corrió el campeón mundial de pesowelter Erislandy Lara. A ambos los tumbó el miedo.

Perdieron, porque para ganar la libertad no basta saber tirar golpes, como ellos hacen a la perfección. Fueron derrotados por desconocimiento y desconfianza en la democracia. Se negaron a recibir ayuda de un abogado mientras declaraban en la estación de policía de Niteroi, Brasil. Fracasaron por los errores de logística que cometieron los enviados del promotor turco-alemán Ahmet Oner, dueño deArena Box Promotions . Y, finalmente, se rindieron ante la cacería orquestada en su contra desde La Habana, gracias a la complicidad del gobierno de Lula Da Silva.

Y eso que Brasil ha servido de refugio seguro a extranjeros perseguidos, como criminales nazis y el exdictador paraguayo Alfredo Stroessner, quien en agosto pasado falleció en el hospital Santa Luzia de Brasilia a los 93 años, a pesar de que la justicia de su país lo buscaba por crímenes de lesa humanidad.

¿Qué delito cometieron estos campeones para que Brasil los entregara al castrismo, como quien arroja un par de perros a los leones? Querer ser libres, un crimen no tipificado en la legislación cubana, pero que constituye un pecado mayor en la isla.

Alguien en Cuba debería contarles que en su lecho de muerte Francisco Franco ordenó la ejecución de opositores a su régimen. Así, desde su chochez o locura, desde su visión apocalíptica de la historia, Castro los ha condenado a convertirse en simplespunching bags de su dictadura. Ojalá logren esquivar esejab de izquierda, ese infame gancho al mentón.

Por Miguel Cossío
Tomado de la Nación