martes, 29 de mayo de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: un millón de millones

Sí. Un billón; esto es, un millón de millones. Es casi lo que todos los costarricenses, mediante el presupuesto del gobierno de la República, les pagaremos en este año a unas 60.000 personas que están afiliadas a alguno de los 18 sistemas de pensiones a cargo de ese presupuesto. Es una enorme transferencia de todos los contribuyentes, pues esos fondos serán financiados mediante impuestos, hacia relativamente unos pocos favorecidos.

La información la suministra La Nación en su edición del 16 de abril, bajo el titular “Presupuesto Nacional paga al año casi ₡1 billón en pensiones.” Exactamente el monto presupuestado asciende a ₡953.756 millones, lo que significa un aumento de ₡67.346 millones entre el 2017 y el 2018. Es decir, un incremento de un 7.6% en la partida. Y no es por un ajuste ante la inflación, pues, según el Banco Central, en este año estima que será en promedio del 3%, lo cual significa que, en términos reales ajustados por la inflación, tendrá un crecimiento de aproximadamente un 4.6%. ¡Casi nada!
 
Es importante destacar que “del gasto estimado (en pensiones), casi el 10% será aportado por quienes están jubilados bajo los regímenes especiales administrados por el Ministerio de Trabajo.” Destaca que, en el caso del llamado Régimen Transitorio de Reparto del Magisterio Nacional cubre a 43.151 jubilados, y el aporte para este régimen especial equivale al 61% del total antes citado. El medio indica que los pensionados de este régimen “solo aportan el 5% del gasto previsto en pensiones.” En ese régimen, el 16% recibe una pensión por encima de ₡1.5 millones, que es aproximadamente el máximo de pensión que paga la Caja del Seguro Social en su régimen de pensiones.

Por otra parte, en la edición digital de La Nación del 15 de abril del 2018, bajo el título “Poder Judicial tiene los jubilados con las pensiones más altas de Costa Rica,” se indica que, de las pensiones que están a cargo del presupuesto nacional, la más alta en promedio es la de Hacienda y Diputados, con ₡2.7 millones, mientras que la más alta en promedio en el régimen del Magisterio es de ₡2.4 millones.

Un informe de la Superintendencia de Pensiones, señala que, “a noviembre del 2017, había 9.869 personas que recibían pensiones de lujo en el país, es decir aquellas mayores de ₡1.5 millones mensuales.” Esas 9.869 personas reciben, en conjunto, cada mes, ₡25.000 millones.

Indica Álvaro Ramos, quien dirige la Superintendencia de Pensiones, que “el 63% del total de pagos en pensiones (mensuales en el Poder Judicial) se realiza a jubilados cuyo monto es superior a ₡1.5 millones.”

Ya se han puesto en marcha reformas al sistema de pensiones del Poder Judicial -insuficientes, lo reconozco, pues las pensiones siguen siendo exageradamente altas y no fueron los beneficiados con ellas quienes pagaron lo suficiente para recibirlas sino es con el aporte de todos los ciudadanos- pero esas reformas van en el camino correcto de corrección de la injusticia. También al régimen de Hacienda y diputados se le han hecho ajustes convenientes, como aumentar las cotizaciones, pero todavía hay un claro abuso.  Asimismo, el magisterio ahora tendrá que aportar más para mantener su régimen.


Pero ciertamente, el privilegio seguirá campante, pues es un beneficio para grupos de relativamente pocos, cargados sobre las espaldas de todos los contribuyentes, en donde la presión política organizadas de esos grupos seguirá en su presión por mantener el statu quo. Y esa pensión no es un derecho, pues de ser derechos los tendrían iguales todos los ciudadanos. En contraste, un privilegio es cuando se les da una prerrogativa a unos pocos bendecidos por el poder. Algún día habrá justicia. Se hará una realidad “dar a cada uno lo que es suyo.” Muy diferente de darles a algunos lo que no es de ellos, sino algo que es extraído obligadamente de todos, para el lujo de unos relativamente pocos.

Jorge Corrales Quesada

martes, 22 de mayo de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: de buenas intenciones está lleno el infierno

Me imagino que muchos lectores consideran deseables los objetivos del programa del IMAS conocido como Red de Cuido, por el cual se brindaría cuido a los hijos de mujeres cuando ellas salían a trabajar o a estudiar.  Por eso, debe prestarse mucha atención a lo que expone el comentario de La Nación del 11 de abril, bajo el titular “Estado cuida a miles de madres que están en la casa: Red de Cuido acepta a niños de mamás que no trabajan.”

Según el IMAS, institución rectora del programa, “de las 17.572 familias que reciben subsidio de la Red de Cuido, en 4.156 (23.6%) de estas, las madres no estudian ni trabajan. Esto ocurre a pesar de que 1.893 familias se hallan en la lista de espera por un cupo para obtener el beneficio del cuido en el IMAS.” 

Les soy franco, más bien me sorprende que tan pocas familias estén en “lista de espera,” pues el único condicionamiento que uno esperaría para ese subsidio, como es que la madre trabaja o estudia, evidentemente no es objeto del control esencial a su cumplimiento, que debería ejercerse en el uso de recursos públicos para tal objetivo.

Acerca de otra entidad participante del programa, como es el conocido como CEN-CINAI, se señala que “de 11.764 niños beneficiarios de Red en los CEN-CINAI, cuyas madres son jefas de hogar, el 18.6% (2.188) tampoco tiene trabajo ni estudian. De otros 10.977 menores” que también reciben beneficios en la Red de Cuido del CEN-CINAI, “no se tiene reporte de a qué se dedica la mamá, porque solo se registra la ocupación del jefe de hogar y, en estos casos, no es la mamá.”

Además, acerca de los casos en que el cuido es financiado por el PANI, no se tiene “la información centralizada de a qué se dedican las progenitoras de los 4.126 chiquitos...” 

El IMAS dedicó en el 2017 ₡29.230 millones y no se tiene conocimiento en el ente rector del programa, el IMAS, de cuánto gastaron los CEN-CINAI ni el PANI en tal proyecto. 

Lo cierto es que, si no se certifica que la madre está trabajando o estudiando y que se pueden obtener los beneficios de la Red de Cuido sin tener que cumplir con alguna de esas tareas, las madres no se verán incentivadas a trabajar o a estudiar, sino a dedicarse a cualquier otra cosa menos a eso, que implica un sacrificio y un esfuerzo.

Este comportamiento lo revela una afirmación de una representante de los Centros de Cuido y Desarrollo Infantil (CECUDI): “Nosotros hicimos un trabajo de campo y fuimos a lugares que son de pobreza y pobreza extrema ahí en Alajuela. Y vimos que a las mujeres que viven en casas humildes, con piso de tierra, no les interesa trabajar porque están completamente asistidas.” Ello es lo esperable al crearse una cultura de dependencia en la asistencia estatal, que no estimula a que las familias superen sus condiciones de pobreza, de ignorancia y de desarrollo de los hijos. Si papá estado se encuentra allí para mantenerlos, pues los beneficiarios harán lo antes expuesto, utilizando los recursos de todos los costarricenses y sin tener que esforzarse en algún grado... tal vez, excepto haciendo filas para que les entreguen la plata. Triste, pero eso sucede cuando los programas de esa naturaleza se diseñan inadecuadamente, más bien creando incentivos perversos.


Jorge Corrales Quesada

martes, 15 de mayo de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: Hacinamiento en las cárceles

Ante justas inquietudes ciudadanas por el hacinamiento en las cárceles, algo que no debe suceder por ser un castigo indebido e impropio de una sociedad civilizada, la respuesta usual de los burócratas es que no hay plata para construir las obras, además de la exitosa oposición de los sindicatos de Albino que impidieron que hubiera una cárcel privada, moderna, en la zona Atlántica, simplemente porque perderían como asociados a los guardianes de las actuales cárceles estatales.

Por es sumamente esclarecedor, y ciertamente provoca cólera, ver que hay recursos financieros destinados para ello y que lo que ha sobrado es la desidia de los burócratas en construirlas. Esto lo reseña en La Nación del 19 de marzo, en un comentario titulado “Hacienda critica baja ejecución de presupuesto para construir cárceles: Análisis de Autoridad Presupuestaria entre 2014 y 2017.” Dicha inacción a pesar de que el ´hacinamiento carcelario ronda el 13%, 13 de las prisiones tienen cierre técnico por sobrepoblación (ni un solo reo más puede ingresar a esos centros) y el único centro penal para indiciados debe desalojarse por completo.” Adicione que “el nivel de encarcelamiento aumenta” al pasar de 9.000 reos en el 2012 a más de 14.000 en el 2017.

Según la Autoridad Presupuestario del ministerio de Hacienda, entre el 2014 y el 2017 la partida de bienes duraderos del Patronato de Construcciones, Instalaciones y Adquisición de Bienes (PIAB), ente adscrito al ministerio de Justicia, durante el período 2014-2017 se ejecutó apenas un promedio del 24.5% de lo presupuestado, que en gran parte se usaría para construir cárceles.

La burocracia respondió, ante las críticas, que esas partidas anuales requieren de tiempo para ejecutarse, pero lo cierto es que no se han llevado a cabo en su totalidad en ese lapso de 4 años. Y eso es lo que importa en última instancia. Pero, como es lo usual, atribuyen el problema a la Ley de Contratación Administrativa, pero, aun cuando se permiten contrataciones directas más sencillas, como es el caso reciente del enorme retraso en la construcción de escuelas, simplemente la obra no se hace.

Por eso, plata hay, pero también inutilidad para invertirla y una evidente falta de programación de las obras para las cuales se requirieron los fondos del presupuestos público. Lo triste es que, de 12 proyectos que, de acuerdo con el PIAB, están en proceso y para los cuales hay destinados ₡20.930 millones, sólo uno de ellos, que se ubicaría en La Reforma, genera nuevos espacios, en este caso para mujeres. Los demás proyectos en proceso no son para disponer de más campos, sino para “modelaciones o construcciones de áreas administrativas o de visita infantil, entre otros.” 

Claro, una de las razones, nos han dicho los burócratas, para soltar las “golondrinas” es el problema del hacinamiento, por lo que, según lo expuesto, en nuestro futuro no hay previstos más espacios, por lo que debemos esperar que aumente la bandada de golondrinas, pues “no habrá campos y, ante el hacinamiento, mejor soltarlos.”

Jorge Corrales Quesada