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lunes, 2 de noviembre de 2009

Tema polémico: el alza en el desempleo


La nueva Encuesta de Hogares nos trae malas –pero esperadas– noticias:el desempleo ha aumentado en el último año. Mientras que en el 2008, el desempleo afectaba al 4.9% del total de la fuerza de trabajo, este año la cifra se disparó a un 7.8%. Por supuesto que la crisis internacional ha sido un factor relevante para dicho aumento, pero no el único. Aunque el Gobierno procure lavarse las manos, atribuyendo dicho crecimiento en el desempleo a causas exógenas, lo cierto es que en ASOJOD creemos que el statu quo en Costa Rica también es responsable de la situación, en particular, al obstaculizar el clima para hacer negocios y el emprendedurismo. Por ello, queremos aprovechar este Tema polémico para presentar presentar algunas propuestas que servirían a impulsar dichos rubros y, por tanto, generar mejores condiciones de vida en nuestro país.

En primer lugar, como lo hemos venido diciendo en anteriores ocasiones, la inseguridad ciudadana desincentiva la inversión en el país, tanto de empresas nacionales como extranjeras. Nadie va a querer arriesgar su capital si no hay garantías en el cumplimiento de la ley y en la protección de la propiedad privada.

En segundo lugar, hay que tener una política económica sensata. Las empresas tampoco van a invertir si existe una irresponsable emisión de moneda que cree inflación y aumente periódicamente sus costos y disminuya sus ganancias. Asimismo, se debe iniciar el camino a la dolarización, no sólo como mecanismo para impedir al Banco Central manejar la oferta monetaria, sino también, para compatibilizar las transacciones, pues gran parte de ellas ya se hacen en dólares (alquileres, precios de casas, carros, servicios, etc.) pero las personas ganan en colones.

Como bien se sabe, la inflación es el más cruel de los impuestos, ya que afecta más fuertemente a los trabajadores, que ven con cada día que pasa, reducido el poder adquisitivo de sus salarios. Además la inflación afecta la posibilidad de adquirir créditos a tasas bajas y por periodos de tiempo extendidos, dificultando la ampliación o creación de negocios existentes.

A la par de esto, es necesario consolidar la apertura en servicios como telecomunicaciones, electricidad, suministro de agua y seguros, pues los precios y calidad actuales no permiten la competitividad de las empresas instaladas en suelo costarricense. Al mismo tiempo, con la ruptura de monopolios y la eliminación de barreras a la libre competencia, tanto los usuarios empresariales como residenciales, se beneficiarán obteniendo mejor calidad y a un menor costo, con diferentes opciones a donde escoger, de acuerdo con sus necesidades y preferencias.

En el mismo orden de ideas, hay que convertir a Costa Rica en una gran zona franca, dando un trato igualitario a todas las empresas como una forma de respeto al principio de igualdad ante la ley y Estado de Derecho básico, con el fin de abolir privilegios mercantilistas y aumentar la competitividad del país, para poder atraer más empresas y potenciar a las fundadas acá. Junto con esto, se requiere una apertura más agresiva al mercado internacional, tanto mediante la eliminación unilateral de aranceles para facilitar la importación, como por medio de la negociación con otras naciones para conseguir una entrada más beneficiosa de las exportaciones. Pero, sin dejar de lado, que la apertura comercial no debe limitarse únicamente a bienes y servicios, sino que también debe incluir libertad de movilización de capitales y fuerza de trabajo.

De igual forma, el tema fiscal se erige como fundamental para facilitar la creación e instalación de empresas. No es lo mismo tener que pagar un alto porcentaje en impuestos que una tasa más competitiva, como lo han demostrado Irlanda, República Checa, Singapur, entre otros. De ahí que se torne necesario avanzar hacia una simplificación y reducción de las tasas impositivas mediante el establecimiento de un flat tax bajo, generando con ello un clima favorable para el empresario y evitando la evasión fiscal, pero en especial, salvaguardando la propiedad privada de los individuos que, día a día, producen riqueza.

En cuanto al tema de trámites, es fundamental eliminar gran cantidad de trámites, permisos, licencias, etc. que sólo desincentivan la inversión y el emprendedurismo y, al mismo tiempo, son terreno fértil para la corrupción. No puede tolerarse que, en nuestro país, se tarde más de 150 días para montar un negocio y que, con este tipo de prácticas, se limite la oportunidad a cientos de personas que quieren empezar su emprendimiento o desean invertir sus recursos en actividades productivas.

Respecto a la parte laboral, hay que reconocer que la rigidez anticuada del Código de Trabajo debe de ser reformada, toda vez que vivimos en un mundo dinámico y cambiante que requiere que, tanto patrones como trabajadores, tengan la posibilidad de establecer las condiciones laborales que mejor se adapten a sus situaciones particulares, especialmente garantizando la libre contratación y despido, así como la libre movilidad laboral, acuerdos en que sólo deben intervenir las partes y no el Estado.

Como puede observarse, es mucho lo que hay que hacer y todavía faltaría detallar más propuestas. Pero son quizá estas las más importantes y las que mayor impacto tendrían si se quiere atacar el problema del desempleo. No es contratando gente para que caven huecos y luego los tapen (típica política keynesiana) que se resuelve este asunto; es eliminando la intervención del Estado y las grandes trabas que hoy afectan a los empresarios y consumidores, que la situación puede mejorar.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Ecuador: Economistas con malas ideas


Mientras que la tendencia mundial y en Latinoamérica es de abrirse al mundo en Ecuador hemos impuesto aranceles más altos a 567 partidas (más las 262 que podrían añadirse a la lista esta semana).1 El Presidente dice que este proteccionismo es necesario para “promover la base productiva y el empleo nacional”.2

El periodista económico francés, Frederic Bastiat decía que “Solo hay una diferencia entre un economista malo y uno bueno: el economista malo se restringe al efecto visible [de las políticas públicas]; y el economista bueno toma en cuenta tanto el efecto que puede ser visto como los efectos que deben ser previstos”.3

Creer que aumentar las barreras a las importaciones fomenta la producción nacional y el empleo nacional es el diagnóstico de un economista que solo se fija en lo visible. En cambio, entender que esto (1) suele resultar en una reducción neta de empleos debido a que reducirá el poder de compra de los consumidores y por lo tanto la demanda de bienes y servicios; y, que (2) suele generar empleo en las industrias protegidas a costa del empleo que se hubiese generado en las industrias no protegidas, que si podían competir bajo un régimen comercial abierto, es el diagnóstico de un economista que se fija en lo visible y en lo invisible.

Aún en el caso de que se de un aumento neto en el empleo en el corto plazo, no nos olvidemos de que el objetivo de un gobierno que “si sabe de desarrollo” (según lo dijo el Presidente) debería ser aumentar la calidad de vida de los ciudadanos, lo cual no necesariamente es lo mismo que aumentar el empleo. Si fuese lo mismo valdría prohibir el uso de las cosechadoras de arroz creando inmediatamente por lo menos 300.000 empleos (lo que se ve). Lo que no se ve, sin embargo, es que al crear esos empleos se eleva el costo de producción, perdiendo competitividad y castigando a los consumidores.

La apertura comercial es buena para mejorar las condiciones de vida, sobre todo en el caso de los países mas pequeños. Es así que en 1973 Chile redujo drásticamente el arancel promedio de 90% hasta llegar a una tasa promedio de 10% (luego 6%), estrategia que al ser combinada con la firma de acuerdos comerciales ha resultado en un arancel efectivo real de 2,4% en 2004.4 Al parecer no estaban equivocados puesto que han reducido la pobreza de 38,6% de la población en 1990 a 13,7% hoy.5 Y, si se trata de reactivar la producción nacional, abriéndose unilateralmente al resto del mundo a principios de los setentas, pasó de tener solamente 208 empresas que exportaban aproximadamente 412 productos hacia 60 países en 1970 a tener 5.666 empresas que exportaban 3.749 productos a 166 países en el 2003.6

Todo ciudadano que ha producido o comprado un producto debería tener el derecho de usarlo o de transferirlo a cualquiera que, alrededor del mundo, esté dispuesto a darle a cambio algo que desee. Quitarle ese derecho cuando no ha causado algún daño público y cuando solo se lo priva de ese derecho para beneficiar a otro ciudadano, sería legitimar un acto de saqueo e injusticia, y cuando se trata dizque de optimizar el uso de las divisas no olviden que los dueños del dinero son los ciudadanos y no el estado.

Por Gabriela Calderón

martes, 30 de octubre de 2007

¡Más empleo!


Importantes empresas ofrecerán 1.000 puestos de trabajo bilingües durante una feria organizada por el Centro Cultural Costarricense Norteamericano, entre las empresas empleadoras se destacan: Intel, Philip Morris, Sykes, Procter & Gamble, Hewlett Packard, HSBC y Manpower.

Ahí lo tienen amigos y amigas de ASOJOD una vez más la satanizada inversión extranjera por parte de transnacionales ha producido 1000 nuevos empleos los cuales mejoraran la calidad de vida de muchos costarricenses, en momentos como estos nos preguntamos que beneficio económico le ha traído a nuestro país personas como Albino Vargas, Favio Chávez, Eugenio Trejos, si su respuesta fue ninguno están en lo correcto, mas bien estos grupos nos condenan a la pobreza cada vez que saltan en contra la productividad, modernidad y la inversión para así ellos poder mantener los privilegios que disfrutan a costa del bolsillo de todos.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Los subsidios de don Ottón


El proceso que culminó con el referendo del 7 de octubre nos dejó varias enseñanzas. Una de ellas es que, entre los gurúes, existe profunda ignorancia en cuanto al papel del comercio en la creación de riqueza. Los del SÍ luchaban por vender; los del NO por no comprar. Ninguno estaba (ni está) interesado en el intercambio, el comercio. Y, para confirmarlo, ahora Ottón Solís exige subsidios para los agricultores, como condición para aprobar las leyes de implementación. Esta exigencia tiene tres tipos de problemas: conceptual, económico y moral. Veamos el conceptual.

El sistema económico. Todos los seres humanos consumimos bienes y servicios (b&s) para nuestra subsistencia y bienestar. Tenemos necesidades de consumo. A la vez, hemos sido dotados de recursos (inteligencia, habilidades, medios naturales), con los cuales las podemos solventar únicamente de dos maneras: en autosuficiencia –cada persona produce, aisladamente, todo lo que necesita– o en cooperación con otras.

El hombre solventó esas necesidades en autosuficiencia hasta que descubrió el maravilloso principio de especialización e intercambio, según el cual dos o más individuos pueden satisfacer mejor sus necesidades de consumo si, en vez de producir todo lo que consumen, cada uno dedica sus recursos a los b&s que produce mejor y luego los intercambia por aquellos que otros ofrecen en condiciones ventajosas. El resultado de la aplicación generalizada de este principio es el sistema de especialización e intercambio (SE&I), una intrincada red de interrelaciones e interdependencias. En él, cada individuo produce un bien (o muy pocos) y obtiene todos los demás mediante el proceso de intercambio (el comercio).

Dinámica del sistema. Vemos, entonces, que las personas participan en el sistema económico con el único fin de satisfacer mejor sus necesidades de consumo. Por esta razón, en cualquier subsistema se obtiene la máxima cantidad de riqueza y bienestar cuando cada individuo halla la mejor solución (la más barata) para cada necesidad de consumo, en cualquier parte del mundo. Cada vez que surge una mejor solución, la riqueza se incrementa en dos rondas.

Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que, a raíz de la liberalización comercial, el arroz ingresa en el subsistema B al 20% del costo local. Esto implicaría una ganancia para todos los que consumen arroz. Además, al pagar menos por ese grano, todos esos consumidores tendrían más dinero para consumir otros bienes: frijoles, carne, verduras, libros, vestimenta, etc. En todas estas actividades se generarían mayor producción, empleo y ganancias. Así, el ingreso de arroz más barato daría los siguientes resultados. Beneficiados en el campo: (1) todos los que consumen arroz: peones agrícolas y no agrícolas, pulperos. (2) Campesinos que no producen arroz: estos ganarían a raíz del arroz más barato y de la mayor demanda por sus productos. (3) Campesinos arroceros: los que son consumidores netos del grano. Beneficiados urbanos: todos los que consumen arroz: taxistas, periodistas, meseros, clérigos, secretarias. Perdedores en el campo: los grandes productores de arroz, que tendrían que incrementar su productividad o usar sus recursos para solventar otras necesidades de consumo de los participantes.

Ayuda a los pobres. Esta clarísimo, entonces, que para favorecer a los pobres (campesinos, taxistas, secretarias) o dejar de perjudicarlos, lo más efectivo es permitir que se abaraten los bienes de consumo básico; es propiciar la apertura inmediata de esos mercados. Se puede complementar esta acción con ayudas directas –un cheque– dirigidas al consumo. Pero lo que promulga Solís, férreo opositor a la apertura comercial, es lo contrario: que se mantengan cerrados los mercados y, a su vez, se den subsidios a los productores. Las consecuencias económicas de este “programa” serán desastrosas, en especial para los más pobres. Seguiremos.

Por Rigoberto Stewart

jueves, 18 de octubre de 2007

¡Más empleo!


La aprobación del TLC ya empieza a dar frutos para nuestro país con la llegada de la empresa alemana Continental AG la cual iniciará la producción de componentes electrónicos de automotores situándose en la Zona Franca Coyol, en Alajuela, utilizando al país como plataforma para la exportación de estos productos hacia Estados Unidos y aprovechando las ventajas que ofrece el TLC. La empresa invertirá alrededor de $61 millones solo durante el primer año de operaciones en Costa Rica e inicialmente contratará 350 trabajadores, tales como ingenieros, técnicos y operarios durante 2008 y pretende llegar a 2011 con 550 empleados.

En ASOJOD seguiremos mostrando como la inversión así como la apertura de mercados beneficia a todos los costarricenses a partir de la creación de empleos, esperamos que esta sea la primera de muchas otras más.

viernes, 12 de octubre de 2007

El tigrito centroamericano


El gran avance experimentado por El Salvador en el último informe sobre la Libertad Económica del Mundo, ha sorprendido a todos menos a aquellos que han estudiado las reformas implementadas en este país, desde los Acuerdos de Paz de 1992. La economía salvadoreña es hoy la segunda más libre de América Latina —luego de Chile— y se ubica entre los 20 primeros lugares en la posición 18 entre 141 países.

Este Índice, publicado anualmente desde hace 11 años por el Fraser Institute de Canadá, utiliza 42 indicadores divididos en cinco grandes áreas, para determinar la libertad económica de un país. Estas áreas son: el tamaño del gobierno, la estructura legal y la protección a los derechos de propiedad privada, el acceso a una moneda sólida, la facilidad para comerciar internacionalmente y el grado de regulaciones en los ámbitos laboral, crediticio y de negocios que tiene el país.

A lo largo de más de una década, esta publicación ha demostrado empíricamente el fuerte ligamen que existe entre libertad económica y el desarrollo de los países. El Salvador es un caso de estudio en este sentido.

En 1990 El Salvador ocupaba el lugar 84 en este ranking de naciones, con una nota de 4,8 de un máximo de 10. Para ese entonces el país se encontraba en los últimos años de la guerra civil y la economía había sido fuertemente intervenida por los gobiernos militares de los ochenta. Según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censo, para 1991 casi el 60% de las familias salvadoreñas eran pobres.

Sin embargo, a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador inició un agresivo proceso de liberalización económica, que incluyó la privatización y liberalización de los sectores financiero, telecomunicaciones, hidrocarburos y de pensiones, la apertura comercial, tanto unilateral como mediante la firma de acuerdos bilaterales, y la adopción del dólar como moneda oficial. Los resultados están a la vista de todos: la inflación es una de las más bajas de América Latina, al igual que las tasas de interés. La densidad telefónica general ha aumentado un 936% desde la apertura en 1996. Los precios de los combustibles están entre los más bajos de Centroamérica. Las exportaciones y la inversión extranjera continúan aumentando. Las finanzas gubernamentales se encuentran bajo control, al punto que el sector público no financiero registra un superávit del 0,7 por ciento este año. Se espera que la economía crezca en 5 puntos en el 2007.

Como consecuencia, en el campo social se han registrado grandes avances. Según el Banco Mundial, en la última década "la matrícula en educación primaria aumentó en casi 10 puntos porcentuales, la mortalidad infantil se redujo un 40 por ciento, la población sin acceso a agua potable disminuyó en la mitad, al igual que la pobreza extrema". De hecho para el 2005 la cifra de familias pobres había caído al 35,2 por ciento.

No obstante, El Salvador cuenta con grandes retos que se reflejan en esta publicación: la independencia del Poder Judicial sigue siendo deficiente, al igual que las regulaciones en los campos comercial y laboral. En este último punto se encuentra uno de los principales retos de El Salvador, si desea que los beneficios de una economía libre lleguen a todos los sectores de la población. El país se ubica en la posición 75 en el último informe Haciendo Negocios publicado por el Banco Mundial, el cual mide la calidad de las regulaciones en 175 países. En particular, El Salvador recibe muy bajas calificaciones en la facilidad de abrir un negocio, el cumplimiento de contratos y la protección a los inversionistas.

Altos costos de entrada en la economía se reflejan en un sector informal que sobrepasa el 40 por ciento de la población. Si bien los avances en estos 15 años han sido muy importantes —especialmente si se les compara con otras naciones en la región— resulta imperativo que las autoridades salvadoreñas le presten la atención debida a este problema y reduzcan los costos de hacer negocios en su país.

Por Juan Carlos Hidalgo
Tomado de CATO

miércoles, 10 de octubre de 2007

La realidad del TLC en otros países


"El Centro de Exportación e Inversión de República Dominicana informó ayer de que las exportaciones de ese país crecieron un 63,03% entre enero y agosto de este año, en comparación con el 2006.

Las ventas al exterior hasta agosto alcanzaron $1.569,53 millones y se espera que lleguen a $2.200 millones al terminar el año. La cifra no incluye las zonas francas.

En el primer semestre del 2007, la economía logró un crecimiento de un 7,9% en términos reales. Además, la tasa de desempleo disminuyó un 4,1%."

Ahí lo tienen amigos de ASOJOD un país como República Dominicana el cual aprobó el mismo tratado que nosotros aún no ha desaparecido, aún no se han robado sus recursos naturales, aún sus habitantes no se han ido al infierno. Todo lo contrario las cifras muestran un crecimiento de la economía robusto, así como un beneficio para la población más pobre del país gracias a la creación de nuevos empleos.

En ASOJOD estamos claros que el TLC no es la única condición para desarrollarnos pero si es una condición necesaria, ya dependerá de nuestro país ver como utilizamos dicha herramienta. En ASOJOD esperamos que en forma paralela al TLC se implemente toda una agenda de competitividad que haga a nuestro país más atractivo para recibir inversiones.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Desigualdades Odiosas


Adoptando el discurso populista predominante en la región, el secretario general iberoamericano y ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (1988-2005), Enrique Iglesias, declaró en un foro sobre “cohesión social” celebrado en Brasil, que las desigualdades en América Latina “insultan la conciencia ética de la sociedad”. El ex presidente del BID dijo que se impone recuperar los principios de “cohesión social”. Pero lo que insulta la inteligencia no es la desigualdad sino el estancamiento, la miseria, la corrupción y las malas políticas de los gobernantes latinoamericanos. La desigualdad de ingresos como supuesto problema no es más que un engaño de los intelectuales.

En el último cuarto de siglo, la globalización originó una explosión de prosperidad nunca antes experimentada en la historia de la humanidad. El avance fue tan evidente e incontrovertible que los socialistas decidieron cambiar de estrategia. La crítica al capitalismo tomó otro sendero: si bien la globalización trajo el crecimiento –decían– éste resultó desafortunado para los pueblos porque aumentó las desigualdades ampliando “la brecha entre ricos y pobres”. Falso. Estudios realizados por el Banco Mundial en 92 países demuestran que, en general, el progreso benefició a pobres y ricos en la misma proporción.

Para contrarrestar los supuestos males del crecimiento capitalista, los socialistas inventaron la política del “crecimiento con igualdad”, que a través de impuestos progresivos permitiría una mejor distribución de la riqueza. Pero, ni en América Latina ni en ninguna parte existe riqueza esperando a ser distribuida por los gobernantes, como si se repartiera una torta. La riqueza no crece en los árboles, debe ser producida por el esfuerzo y el ingenio humano. Toda la riqueza que existe desde un lápiz hasta un rascacielos ha sido creada por miles de personas que invierten y arriesgan sus ahorros y esfuerzo para producirlos. Cualquier “redistribución” posterior resulta en quitar un bien a quien le pertenece para darle a quien no le pertenece.

La riqueza le pertenece a quienes la producen, en la proporción previamente acordada, y a nadie más. Nadie, incluyendo al Estado, tiene derecho a apropiarse de lo producido por otro. La justicia, en la antigua definición de Ulpiano, jurista romano del año 170, es “dar a cada uno lo suyo”. Ninguna civilización que negara el derecho moral de una persona a disponer de su producción sobrevivió mucho tiempo.

Es natural que la producción origine desigualdades debido a que las personas son desiguales en aptitudes, dedicación y voluntad. Pero esas desigualdades se refieren solo a que algunos obtienen más ingresos que otros por ser más productivos, talentosos, arriesgados. Bajo una economía libre, la desigualdad de ingresos es justa y beneficiosa para la sociedad porque promueve los valores de la productividad y el ahorro. Esa desigualdad debe ser motivo de celebración, pues conduce a los más talentosos y ricos a incentivar a las demás personas a producir con mayor dedicación y esfuerzo. Los ricos se hacen más ricos cuanto más productivos hacen a sus trabajadores, adquiriendo tecnología y dando entrenamiento que benefician a sus trabajadores.

La producción de riqueza no tiene límites. Lo que gana uno beneficia al resto porque se suma a la riqueza general. Lo que debe insultar la conciencia de nuestras sociedades son, no las desigualdades que denuncia Enrique Iglesias, sino las que originan los privilegios, tales como los subsidios, el proteccionismo, mercados cautivos, licencias especiales, exenciones tributarias, monopolios estatales y el sinnúmero de políticas estatistas que han hundido al continente en la corrupción y el atraso. La economía prevaleciente en América Latina es precisamente la “economía de privilegio” o mercantilismo.

La igualdad que debemos conseguir es la igualdad ante la ley, en la que todas las personas tengan igual dignidad y no existan privilegios. Locke explicaba que si todos son iguales e independientes, nadie puede perjudicar a otro en su vida, libertad y propiedad.

Por Porfirio Cristaldo Ayala
Tomado de AIPE

martes, 18 de septiembre de 2007

Redistribución y pobreza


Según investigaciones del Banco de Desarrollo Asiático (ADB), la pobreza ha disminuido mucho más en aquellos países del Asia donde las desigualdades de riqueza han aumentado, más que en aquellos países donde las desigualdades de ingresos son menores. Y la pregunta al respecto de la revista The Economist es “¿acaso importan las desigualdades mientras la pobreza disminuye? Y, agrega, “medidas populistas para quitarle al rico no son la respuesta porque restringen el desarrollo”.

En mi columna he sostenido por años que la meta de disminuir las diferencias de riqueza y la meta de disminuir la pobreza son mutuamente excluyentes. También he abogado por la eliminación de los impuestos al rendimiento de las inversiones, como medio para disminuir la pobreza y, a la vez, aumentar los ingresos fiscales, recomendando como impuesto único el IVA, sin excepciones. La razón no es favorecer a los ricos sino a los pobres, cuyos ingresos dependen de la demanda por trabajadores de parte de inversiones productivas.

Las inversiones se van adonde mayor será la utilidad y eso es así hoy más que nunca porque se pueden realizar pequeñas inversiones en cualquier parte del mundo vía la Internet, a través de corredores y la banca de inversión. La rentabilidad del capital invertido es la medida de la productividad, sobre la que tanto se habla.

La izquierda ataca esto, aduciendo que así se protegen los intereses de los ricos. Como no son tontos, tales críticas son meramente ideológicas. Lástima, porque así perjudican a los pobres mucho más que a los ricos. La pregunta de siempre es: ¿acaso importan las diferencias mientras la pobreza disminuye? La postura de la izquierda parece ser que no importa la pobreza, con tal que los ricos no se hagan más ricos.

Decir que los ricos son ricos porque los pobres son pobres es una falacia, ya que la riqueza no es una cantidad fija. La falla es que los economistas no han sabido explicar el fenómeno de la ganancia para ambas partes en todo intercambio voluntario entre dos personas.

Es muy importante comprender cómo la división del trabajo (fenómeno espontáneo en una economía de mercado) y el subsiguiente intercambio resultan en el aumento real del pastel a dividirse, por lo que entonces a todos les toca más. Reconozco que se trata de algo contra intuitivo y hasta algunos economistas ganadores del Premio Nóbel no lo entienden.

Y si no se entiende el fenómeno de costos comparados tampoco se comprende el hecho que, en ausencia de privilegios legales, sólo se logrará hacer fortuna enriqueciendo a los demás. Los pobres no son pobres porque los ricos son ricos y todos nos beneficiamos cuando otros se hacen más ricos. Por ejemplo, la xenofobia en Estados Unidos contra China no existiría si comprendieran que mientras más rica es China más rico será Estados Unidos y el resto del mundo también. Y tampoco debiera existir la hostilidad contra ricos que tanto empobrece a los pobres.

Por Manuel F. Ayau
Tomadoi de AIPE

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Lo que necesitamos


La empresa HP abrió operaciones en nuestro país en el año 2003, hoy en día emplea a 5000 costarricenses cifra que se espera aumente a 7000 en los próximos dos años. Así es amigos de ASOJOD esas malditas transnacionales que nos vienen a robar el agua, los órganos, la virgen de los ángeles y todas nuestras otras riquezas, siguen creando prosperidad y nuevas oportunidades para la clase trabajadora costarricense (dato interesante para aquellos mentirosos que gritan que la globalización sólo favorece a las clases político-empresariales de Costa Rica).

Es necesario recordar que este tipo de inversión ha llegado al país gracias al modelo económico adoptado desde los ochenta, cabe preguntarnos que alternativas nos tienen a este modelo y al TLC, los ALbino, los Ottón SOlís, los Eugenio Trejos, las Montserrat Sagot, los Rodrigo Carazo, ¿será que ellos están en capacidad de crear estos 2000 empleos, tienen ellos los recursos necesarios como para revitalizar nuestra economía?

viernes, 31 de agosto de 2007

La riqueza de la globalización


Aun cuando resulta reiterativo decirlo, la globalización, con el ciberespacio, arrasó, simbólicamente, con las fronteras de todos los países, grandes y pequeños, desarrollados o no, o en vías de desarrollo, como el nuestro, y no nos deja otra alternativa que entrar de lleno en ella.

Ya los tiempos que evocan bucólicos recuerdos de un pueblito alejado del resto del mundo pasaron, y hay que saber afrontar la realidad.

Esta mundialización tiene muchos y sobrados beneficios, si sabemos aprovechar su impetuosidad en la calidad de vida humana.

Hace no mucho, quizás 25 años, nuestros agricultores han sabido diversificar sus actividades y ya ven en otras fuentes, como el turismo o productos no tradicionales, como los minivegetales o el café de primerísima calidad y muy bien cotizado por lo que dejan mayores ganancias, pues los mercados internacionales se han abierto y ello, sin duda alguna, beneficia a todos estos nuevos productores y exportadores.

Desarrollo total. Hay que aprovechar las ventajas de la globalización económica y permitirnos salir de nuestros “solares” y mercaditos hacia otros países, donde nuestra producción es bien recibida y pagada. Debemos permitirnos ser un país totalmente desarrollado, sabiendo que nuestros productos son tan competitivos o más que los de cualquier otro país.

Debemos avanzar hacia la riqueza y no quedarnos ahí, como pulpería de pueblo, vendiendo al menudeo y hasta fiado con libreta.

¡Ya es hora de Costa Rica! Ya lo dijo el presidente Arias el 8 de mayo: “Dar la espalda a la integración económica, regresar al proteccionismo comercial y menospreciar la atracción de inversión extranjera constituyen, hoy por hoy, las vías más seguras para condenar a la juventud costarricense al desempleo y a Costa Rica al subdesarrollo. Constituyen, también, la forma más segura de desaprovechar el capital humano e institucional que ha acumulado el país en los últimos 50 años, que nos permite integrarnos exitosamente en la economía mundial...”.

Apoyo a esfuerzos. Por eso, si queremos pasar de país pobre, con tasas de desempleo altísimas y un ingreso per cápita errático, debemos apoyar los esfuerzos que el Gobierno quiere impulsar.

Y dejemos de poner oídos a la sarta de mentiras que, con sus consignas desgastadas y huecas, nos traen los políticos y sindico-políticos, a quienes solo sirve un país pobre y alicaído, para justificar su patética existencia.

¡Arriba, costarricenses!, que hoy está en juego no solo el bienestar de nuestros hijos y el propio, sino el de nuestros nietos y futuras generaciones, que nos agradecerán haber optado por el desarrollo y la prosperidad del país.

Por Wilbert Arroyo Álvarez
Tomado de la Nacióne

jueves, 30 de agosto de 2007

¡Los TLCs siguen dando frutos!


Después de vencer los requisitos sanitarios el colifror y brócoli tico han logrado entrar al mercado de Trinidad y Tobago. Costa Rica tiene también gestiones avanzadas para cumplir los requisitos sanitarios con Jamaica, Barbados, Guyana y Surinam, y vender brócoli, coliflor y otros productos fresco.

En ASOJDO esperamos que dichos requisitos se puedan vencer para que nuestros agricultores puedan disfrutar lo antes posible de las ventajas que trae la globalización y la apertura comercial. Definitivamente nuestro país debe de entrar en un serio proceso de reconversión ecónomica en donde dejemos de producir aquello que podemos comprar en otros países de forma más barata y dedicarnos a encontrar este tipo de nichos, para que así tanto productores como consumidores podamos disfrutar plenamente de la riqueza creada por el comercio internacional.

TLC y Competitividad


Es importante destacar que el próximo referéndum sobre el TLC con Estados Unidos es más que la firma de un Tratado de Libre Comercio, es escoger la inserción inteligente en el mundo o el aislamiento; una mayor competitividad y exportaciones o retroceder a la dependencia del café y el banano de la década de 1980; mayor empleo y diversificación de mercados y productos o el producir para un mercado limitado; mejorar nuestro desarrollo y fomentar la competencia o mantener los monopolios estatales y ciertos privilegios; el respeto del orden constitucional o el irrespeto y la democracia en las calles; una mayor inversión extranjera o el vivir del escaso ahorro interno; el populismo o el desarrollo ordenado y solidario; el crecimiento en el libre comercio y el mercado o la intervención estatal en el sector productivo.

En Europa, desde 1950, Robert Shuman lanzó la idea de la creación de la Comunidad Europea (UE), y hoy más de 27 países con distintas religiones, razas, culturas, idiomas y desarrollo constituyen un bloque económico y solidario donde el libre comercio de bienes y servicios, con reglas claras y transparentes, fue la clave del éxito. La Unión Europea también avanzó en el campo ambiental, social y económico. Ningún país de la UE habla de haber perdido la soberanía o de que su agricultura se arruinó. Todo lo contrario: las pymes se fortalecieron y florecieron. El apoyo de los gobiernos fue clave. Muchas multinacionales se desarrollaron también. Pero la investigación, el desarrollo de nuevos productos y la innovación dio a las pymes grandes oportunidades.

El libre comercio mejoró la vida de todos los europeos. La ventaja comparativa hizo el milagro de que un país como Irlanda, del mismo tamaño de Costa Rica, lograra crecer en solo 20 años para tener un índice de desarrollo económico y social 10 veces más alto que Costa Rica.

Clave del éxito. Esta claro que solo con un marco seguro y el libre comercio, como el logrado por los europeos, podremos obtener menores costos, mejorar la tecnología, más especialización y mayor competitividad. Hoy, el mundo se moviliza con los acuerdos multilaterales de comercio como la clave del éxito. Costa Rica, gracias a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) y a su espíritu luchador, hoy exporta más de $8.000 millones al año y es el principal productor de fruta fresca de Latinoamérica. Esta meta de desarrollo no la hubiera logrado sin esta iniciativa unilateral de EE. UU.

Hoy, más que nunca, requerimos producir con mayor calidad y aprovecharnos de macromercados como la UE y EE. UU. La globalización y el TLC son una oportunidad para las 2.000 pymes exportadoras, que deben ser fortalecidas y apoyadas, en este esfuerzo competitivo, con capital de riesgo, avales, crédito oportuno y competitivo, capacitación, asistencia técnica, mejoramiento de calidad, estudios de mercado, etc.

La globalización nos exige mayor educación y especialización, pero, ante todo, ahorro, inversión, solidaridad y competitividad. El Estado también requiere recursos frescos para desarrollar mayor infraestructura y apoyo a los sectores más vulnerables. Mayor agilidad, mayor competitividad, mayor ahorro, mayor estabilidad económica, mayor seguridad y, sobre todo, mayor solidaridad son la base para lograr un desarrollo sostenible.

Objetivos de un TLC. Todos los tratados tienen el mismo formato, que permite regular la propiedad intelectual, ambiental, laboral, transparencia, solución de controversias, contratación pública, inversión, telecomunicaciones, comercio electrónico, servicios financieros y otros. Su objetivo es poner reglas claras y transparentes para el comercio de bienes y servicios financieros y otros. En el TLC con EE. UU., lo que Costa Rica busca es aumentar las oportunidades, eliminar barreras y, sobre todo, lograr consolidar nuestras exportaciones de chayotes, melones, yuca, concentrado de frutas, piña, flores, mangos, vegetales y cientos de productos industriales. El TLC es la apertura al 99,5% de los productos que Costa Rica exporta. El 80% de nuestra producción agrícola está ligada a la exportación. Exportamos 4 veces más productos agrícolas que lo que importamos de EE. UU. El TLC no tiene nada que ver con el comercio de armas, la educación, recursos hídricos, privatización de instituciones públicas, importación de medicinas, políticas laborales y ambientales; y este hecho quedó ratificado por la sentencia de la Sala Constitucional.

Por último, lo que debemos ver en el TLC es la oportunidad de acceder al mercado más grande del mundo. El TLC nos obliga a ser más competitivos en telecomunicaciones y seguros, por lo que debemos fortalecer el ICE y el INS, al igual que lo hicimos con la banca estatal. El TLC también nos obliga a revisar la legislación en marcas, procedimientos de observancia, controles anticorrupción, convenio con UPOV y Tratado de Budapest. Pero, ante todo, el TLC nos permite consolidar nuestro mercado en EE. UU.

No al engaño. Lo que debemos tener claro es que este referéndum es algo más que un TLC. No nos llamemos a engaño. Con o sin TLC, debemos fortalecer nuestras instituciones educativas, la CCSS y, además, dar apoyo social a quienes menos tienen. El TLC es solo una ruta de desarrollo. De todos depende si la aprovechamos o nos bloqueamos. Colombia, Perú y Panamá están haciendo fila. Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y República Dominicana ya se nos adelantaron.

El TLC es solo un instrumento de política comercial y no es la salida asegurada al desarrollo. Seamos competitivos y luchemos por mejorar. No nos conformemos ni echemos para atrás. Crezcamos y demos lo mejor para lograr una Costa Rica más próspera, justa y humana. Demostremos nuestra madurez democrática y dejemos atrás los discursos populistas.

Por Jorge Woodbridge
Tomado de la Nación

lunes, 27 de agosto de 2007

No debemos perder la oportunidad


Algunos países de Centroamérica se mueven al buen ritmo de la apertura comercial, panorama que contribuye al crecimiento y desarrollo de la economía. Uno de tantos acontecimientos importantes que evidencia ese ritmo de apertura ha sido la visita de Luiz Inácio Lula Da Silva, presidente de Brasil, a Honduras y Nicaragua, donde ha ofrecido inversiones en áreas tan importantes como la energía y la implementación de proyectos de cooperación para el desarrollo, y, según el mandatario de Brasil, la visita obedece a las ventajas que ofrece la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (TLC). Esas y otras situaciones nos deberían importar y mucho. ¿Nos hemos preguntado por qué la visita de Lula Da Silva no incluyó Costa Rica?

Precisamente, cuando un país ratifica un TLC, no solo se asegura el libre comercio entre las naciones partes del acuerdo, sino que otros países fuera de él aprovechan las ventajas que brinde (estatus de Nación Más Favorecida) y buscan posicionar sus empresas u otras inversiones en estos países. Es decir, al ser parte de un TLC, los países se vuelven mucho más atractivos al resto del mundo, y es lo que han visto Brasil y otros países en Centroamérica.

Por lo tanto, las ganancias del libre comercio son mucho más amplias de lo que muchos piensan. Costa Rica, ha perdido ventaja en los últimos meses, no se han visto aún ofrecimientos importantes, que sí han tenido otros países centroamericanos. En la región han entendido que es el momento oportuno de sacar ventaja de la posición de un país que por décadas ha sido el motor de la economía centroamericana y que hoy se debate en unimpasse con graves repercusiones a escala mundial.

Herramienta. Porque no entender, como ha hecho la República Popular de China, que el comercio es una herramienta más de la política comercial y que, pese a su fuerte régimen y gobierno mixto, han entendido que integrarse a la economía mundial les ha traído grandes resultados; eso sí, aprovechando recursos importantes como la tecnología y la mano de obra especializada. Si bien en Costa Rica la mano de obra bien calificada y la estabilidad política han sido el estandarte más atractivo a escala mundial, no podemos seguir pensando que nos seguirán dando ventajas comerciales respecto a otros países. Ahora debemos sumar a lo anterior la reducción de barreras arancelarias y de obstáculos técnicos al comercio, aseguramiento de la inversión, cumplimiento de los niveles jurídicos, entre otros, y eso solo se obtiene con la implementación de los TLC.

De tal forma, es importante lograr un consenso que contribuya a obtener un resultado más allá del SÍ o del NO, y para eso debemos entender el entorno en el que estamos. Durante décadas hemos sido aperturistas, innovadores y tomadores de riesgos; eso ha sido la clave para llegar a donde estamos. Todos los que hoy aprueban o desaprueban el TLC han sido resultado de todo ese proceso de cambio. Son personas exitosas, con una buena educación y excelente características para incursionar en el mundo actual. Entonces, ¿cuál es el temor?, ¿acaso no somos en estos momentos una economía con suficientes TLC firmados y ratificados? Para fundamentar lo anterior, hace algunos días se firmó un acuerdo comercial con Panamá. Deberíamos preocuparnos si no tuviésemos herramientas para incursionar en la economía internacional actual, pero las tenemos en gran cantidad y de mucha calidad.

Por Vinicio Sandí Meza
Tomado de la Nación

Nuevas Oportunidades


Después de tres días de actividades, la feria de exposición de productos concluyó el sábado con contratos comerciales cerrados por un valor de $2.080.000 y acuerdos de intención por $10.673.000, según informó el Consejo Chino para el Fomento del Comercio Internacional (CCPIT).

Definitivamente las oportunidades existen en este mundo globalizado lo más importante es que el Estado fomente un ambiente institucional que incentive la iniciativa privada y no la asfixie en trámites, regulaciones e impuestos. En ASOJOD esperamos que nuestro país se llene de este tipo de actividades que le permitan al emprendedor costarricense obtener mejores condiciones de vida.

jueves, 23 de agosto de 2007

La historia ya cambió


EnForo (6/7/07), la ingeniera Rosario Incer expresaba posiciones extremas respecto al TLC, la Sala Cuarta y el TSE. El 14 de agosto, trata de disipar su participación en el artículo. Aunque no me convence, me tranquiliza pues ahora afirma: “No somos de ninguna forma un grupo que llama a la violencia”. Ojalá cumplan si el resultado del referéndum no favorece sus intereses.

Quiero decirle a doña Rosario que la Costa Rica que pareciera añorar, la de los antepasados, dejó de existir hace rato, y no por culpa del TLC ni de los neoliberales. Basta ver el número actual de pobladores del país para entender que no sería posible vivir en aquel idílico ambiente de pocos ricos y muchos pequeños productores en minifundio, mientras los asalariados consumían lo poco que se producía en el país y la veían “fea” para comprar ropa y enseres importados.

En ese tiempo, se combatía la pobreza con limosnas, “gallitos” y ropa usada en la puerta de las casas, y se atendía al medio millón de costarricenses con unos cuantos hospitales y escuelas, y un puñado de policías. Jamás podríamos atender hoy a casi 5 millones de habitantes, dándoles servicios de salud, educación, seguridad ciudadana e ingreso digno, aunque sea insuficiente, si no fuera porque el país se insertó hace años en la economía mundial para aumentar la producción y ventas al exterior, y no tener que exportar a su gente. Para bien de todos, la fuerza del pilón fue sustituida por la del conocimiento, el empuje empresarial y la fe en un mundo mejor.

Producir más. No es demonizando y ahuyentando a los que invierten y producen como se obtiene una economía próspera y creciente, que dé trabajo y bienestar a los miles que se incorporan cada año a la fuerza laboral, y que aportan los impuestos para pagar los miles de millones que invierte el país en programas de solidaridad social como erradicación de tugurios, becas y pensiones no contributivas, además de lo que se invierte en educación, salud, seguridad ciudadana e infraestructura. La fórmula es producir más, exportar todo lo que se pueda e importar lo que acá sale caro producir, para dar mejor vida a todos, en especial a los más necesitados.

¿Y quién va a invertir, para que todo esto sea posible? Dios guarde sea el Estado, para que se repita la triste historia de Codesa y se fomenten la corrupción y la vagabundería. Debe ser la iniciativa privada, apoyada por los turistas y quienes buscan oportunidades de inversión legítimas, en el marco de la seguridad jurídica y las reglas claras que nos va a dar el TLC.

Por Jorge Baldioceda
Tomado de la Nación

martes, 21 de agosto de 2007

La manzana de la discordia


Érase una vez, un país pequeñito, bonito y querido por casi todo el mundo. Resulta que en ese país para comerse una manzana o uvas en Navidad, había que viajar hasta la frontera sur, hacer malabares durante el trayecto de vuelta para la casa. Pero el solo hecho de llegar con esos manjares, ropa de ciertas marcas, chocolates que no fueran Gallito, tales como Snickers, M&Ms, entre otros, significaba una verdadera fiesta para los hogares que se podían dar ese lujo. Los zapatos tenis que usábamos eran Bilsa, Bracos, Adoc o alguna otra marca nacional.

El sistema de mercado era sumamente protegido, y a lo máximo que se podía aspirar era a consumir bienes incluidos en el Mercado Común Centroamericano.

Este pequeño país, igualmente, protegía los servicios de telecomunicaciones, electricidad, seguros médicos y de cobertura, bancos y finanzas.

Cambios marcados. Con el paso de los años, las cosas empezaron a cambiar, se fueron firmando tratados comerciales con otros países, se fueron rebajando aranceles a productos de otras regiones, las empresas locales invirtieron en nuevas y modernas máquinas, los bancos ampliaron los horarios y servicios para competir con los de la empresa privada; la población tenía acceso a productos y alimentos de naciones allende Centroamérica. Las inversiones llegaban por doquier y el país ya no podía cerrar la puertas y volver atrás.

Resulta que, cuando la nación de mayor volumen comercial quiso ingresar a esa apertura, una serie de pseudopolíticos intelectuales y sindicalistas, que nunca han tenido éxito, ni han laborado o fundado empresas de beneficio para el pueblo, se han opuesto radicalmente a que ingrese la nación más grande a comercializar con ese pequeño país.

Costarricenses, es tarde ya para cerrar las puertas que se empezaron a abrir en la década de 1980; el mundo está globalizado, no retrocedamos de nuevo, para ir a la frontera sur a buscar uvas y manzanas.

¡No tardemos tanto en firmar lo mismo que en Panamá se firmó en 15 días!

Por Juan Martín Rojas Brenes
Tomado de la Nación

miércoles, 1 de agosto de 2007

¡Cuándo aprenderemos!


Firmado el TLC con Panamá y ya se empiezan a ver sus primeros frutos. Según cifras del COMEX se espera que durante el primer año de vigencia del tratado las exportaciones crezcan un 20% y las ventas lleguen a la cifra de los $ 267 millones.

En ASOJOD no nos cansaremos de mostrar la importancia de este tipo de iniciativas las cuales benefician no sólo a los exportadores, sino que a todos los costarricenses. Ya lo hemos dicho hasta el cansancio lo que este país requiere es empleo, competitividad, modernidad, oportunidades, no demagogia, populismo, ni prejuicios ideológicos.

De cara al 7 de octubre precisamente lo que todos debemos preguntarnos es a cuál de estos dos camino queremos apostar, las evidencias están ahí al alcance de todos que quieran verlas.

viernes, 20 de julio de 2007

Apertura al mundo


Explican los estudiosos de nuestra historia que una de las causas principales de la ruptura de las colonias españolas con su metrópoli fue la política ibérica de restricción del comercio porque obstaculizaba el progreso de la región.

Surgió así la consigna de “comercio libre” que tuvo el mérito de contar con la aceptación de los grupos más visionarios de aquel tiempo (véase Álvarez, Óscar, “Impacto de la ideología liberal en una nación emergente”, Rep. Amer., Año VIII, Nº 2 ene-marzo 1983, Heredia, págs. 7-8).

En la Constitución Federal de 1824 se promulgan las libertades de comercio, industria y agricultura.

En Costa Rica hubo motines en 1812 contra el monopolio estatal del negocio del tabaco.

Cuando se aprobó lo que constituye la primera constitución, el Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica o Pacto de Concordia, se dispuso que “para el fomento de la provincia se permitirá… el comercio libre de todos los artículos o efectos de consumo…”.

Necesidades expansivas. La gente trabajadora del Valle Central estaba urgida de las libertades de comercio y agricultura, por lo que esa apertura al mundo vino a satisfacer sus necesidades expansivas. Con la instauración del libre comercio cesaron las devastaciones de los piratas y la actividad productiva interna se ligó al mercado internacional.

Ante esa apertura, los primeros estadistas costarricenses se dedicaron a impulsar la creación de la infraestructura necesaria para las exportaciones e importaciones.

El jefe de Estado, don Juan Mora Fernández, pudo manifestar en esta tesitura en 1829: “…es un axioma bien conocido en la economía que los caminos de ambos puertos deben ser los primeros canales para crear y extender nuestro comercio y agricultura y que cuanto más expeditos y fáciles sean aquellos serán tanto mayores los progresos…”.

No obstante las limitaciones de todo tipo de la naciente Costa Rica independiente, hay referencias a la construcción y mantenimiento de caminos y puentes, sobre todo hacia los puertos.

La apertura al mercado internacional indujo al crecimiento y diversificación de la agricultura nacional. Se introdujeron nuevos cultivos y en 1832 se efectuó la primera gran exportación de café. El Estado impulsó un plan de colonización de las tierras baldías.

Inmigración y tecnología. Se recibió con beneplácito un decreto de la República Federal que favorecía la inmigración de extranjeros hacia Costa Rica. La importación de herramientas elevó la productividad agrícola.

Con el metal extraído de los Montes del Aguacate se realizaron las primeras acuñaciones de moneda, lo que permitió a Costa Rica incorporarse a la economía monetaria indispensable para una nación exportadora.

Todo lo anterior hizo posible que pudiera informarse muy temprano en la historia de Costa Rica: “… a merced de la libertad de entablar relaciones mercantiles con los comerciantes de otras Naciones tenemos nuestros Puertos traficados continuamente… la influencia del comercio sobre los costarricenses pone en movimiento la agricultura y la industria…”.

El 12 de febrero de 1827, en un informe de la Municipalidad de San José hay referencia a la situación de la ciudad en estos términos: “…que por la libertad de comercio y arribo continuo de barcos por el sur, la industria en el comercio y la agricultura se encuentra en mucho adelantamiento, pues las cosechas de dulce, maíz, azúcar, frijoles y demás frutos aun no bastan para llenar el consumo del pueblo y surtido de los barcos; que por la misma razón han tomado otro mérito dichos efectos, pues el café, además de haber doblado este año su cosecha, se halla en estimación y los mismos cueros y petates y demás cosas de extracción, con que se han avivado el tráfico de los pueblos, a pesar de ser malos los caminos…”.

Lo anterior ha permitido concluir que la política económica de apertura al mundo impulsada por los primeros estadistas costarricenses logró la superación de las limitaciones coloniales caracterizadas por el estancamiento, el impedimento a las libertades de industria y comercio que llevaban a la pobreza.

Decisión correcta. Eso fue bueno para Costa Rica y sigue siendo la decisión correcta. Cierto retroceso se ha dado y se ha mantenido por la intervención excesiva del Estado en querer ser todo sin tener facultades para ello: educador, sanador, asegurador, constructor, vigilante, empresario, banquero, dueño de muchas cosas que podían ser mejor usadas y administradas por la sociedad, que es más creativa, productiva y servicial que el Estado, sin perjuicio de la inspección del Estado en lo que atañe al cumplimiento de tareas referentes al bien común, pero sin convertirse en el Estado que en todo se mete, dificulta el ingreso de mercancías, en todo estorba , desperdicia sin conciencia todos los recursos y casi todo lo hace mal.

Por ello, lo que signifique apertura al mundo en beneficio no solo de los exportadores, sino, sobre todo, del consumo por los ciudadanos de artículos diversos provenientes del ancho mundo, sin trabas excesivas de orden aduanal y sin monopolios esclavizantes, será un bien para Costa Rica.

El Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos, República Dominicana y Centroamérica va orientado en la misma dirección en que actuaron los visionarios costarricenses de los comienzos de la vida independiente, que tanto bien y gloria dieron a Costa Rica. Esas han sido raíces costarricenses: apertura al mundo.


Guillermo Malavassi, tomado del periódico La Nación