lunes, 24 de febrero de 2014
Tema Polémico: La izquierda y los medios de comunicación
miércoles, 18 de julio de 2012
Desde la tribuna: ¿ley mordaza?
Federico Malavassi Calvo
martes, 22 de septiembre de 2009
Excesos

La Sociedad Interamericana de Prensa denunció la creciente represión de la libertad de expresión en Venezuela. Con la pretensión de refutar estas acusaciones, organismos de prensa allegados al chavismo arguyen que la situación no puede ser mejor para los medios pues hay “un exceso de libertad de expresión”.
Propio del lenguaje totalitario, la jerga chavista altera el sentido de las palabras, trastornando su valor. Así como, bajo el nazismo, el vocablo “fanatismo” cobró una connotación meliorativa (V. Klemperer, LTI, La lengua del Tercer Reich ), ahora, bajo el régimen chavista, habría que considerar el llamado “exceso” de libertad como un hecho positivo.
En su intento por enloquecer el pensamiento, el lenguaje totalitario usa la falsificación de la realidad para anonadar la capacidad de reacción del ser humano, arraigada en su facultad de raciocinio. Al presentar como aceptable una primera falsedad, la artimaña allana el camino para imponer la falacia inaceptable: “Hay un exceso de libertad; por consiguiente, no hay represión”. “Hay un exceso de libertad; por consiguiente, es necesaria la represión”.
La violencia totalitaria se origina en la violación del lenguaje. Contra los embates del chavismo, la primera y última defensa está en el respeto y la vigilancia al sentido de las palabras.
Laurencia Saénz
miércoles, 17 de junio de 2009
La nueva ofensiva contra la prensa

He aquí la amenaza más inmediata contra la democracia en las Américas: un movimiento sincronizado de varios presidentes autoritarios para silenciar a los medios de comunicación independientes en toda la región.
El presidente ecuatoriano Rafael Correa, un discípulo del presidente venezolano Hugo Chávez, dijo en días recientes que cuando asuma en julio la presidencia de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) propondrá la creación de un mecanismo regional para defender a los gobiernos contra las críticas de los medios de comunicación.
No estoy bromeando. En lo que se consideraría un disparate en cualquier democracia moderna del mundo, Correa dijo el 28 de mayo que propondrá ''la creación de instancias que defiendan a los ciudadanos y a los gobiernos legítimamente electos de los abusos de la prensa''. La propuesta fue inmediatamente respaldada por Venezuela y Bolivia, cuyos presidentes constantemente se refieren a cualquier crítica que les hace la prensa como ``terrorismo mediático''.
Lo que es peor, todo esto ocurre en el momento en el que Correa está usando artimañas administrativas para cerrar la estación televisiva Teleamazonas, y justo cuando Chávez ha ordenado públicamente a los ministros de su gabinete que cierren Globovisión, la emisora de televisión más independiente de Venezuela. Chávez ya cerró, en el 2007,RCTV, la emisora más antigua del país.
Durante su discurso radial semanal del 30 de mayo, Correa dijo que emprenderá acciones legales para ''acabar con la prensa corrupta'', o sea, la que no es de su agrado. Horas más tarde, el Consejo Nacional de Telecomunicaciones de Ecuador, CONARTEL, impuso una sanción de $20 a Teleamazonas por emitir imágenes de una corrida de toros en el horario de las 6 de la mañana a las 21 horas de la noche, en el que se prohíbe emitir corridas de toros.
Una segunda violación --por inocente que sea-- podría provocar la suspensión del canal durante 90 días, y una tercera, su cierre definitivo, según las leyes ecuatorianas.
En Venezuela, el 28 de mayo, Chávez le pidió a la fiscal general del país y al ministro de obras públicas que ''inicien acciones'' contra Globovisión, o renuncien a sus cargos. El gobierno de Chávez ha iniciado una investigación contra Globovisión por supuestamente ''incitar al pánico'', por haber informado antes que los medios oficiales el 4 de mayo sobre un terremoto que estaba sacudiendo a Caracas. Globovisión fue el primer medio en informar --correctamente-- que el terremoto era de una magnitud de 5.4.
Carlos Lauria, director para Latinoamérica del Comité Para la Protección de los Periodistas, de cuyo directorio soy miembro, me comentó que: ``Es insólito que en la reunión anual de la OEA el 2 de junio, se hayan pasado todo el tiempo hablando de la readmisión de Cuba, y nadie mencionó los ataques gubernamentales contra los medios que se están produciendo hoy en día en Venezuela, Ecuador y otros países''.
En una declaración conjunta de fines de mayo, los relatores especiales para la libertad de expresión de la OEA y las Naciones Unidas --que operan con cierta autonomía-- emitieron un comunicado expresando su ''preocupación'' por las declaraciones del gobierno venezolano que, según decían, ``generan una atmósfera de intimidación en la cual el derecho a la libertad de expresión se ve seriamente limitado''.
Cuando le pregunté su opinión sobre la reciente propuesta de Correa de crear un mecanismo regional para defender a los gobiernos de los medios independientes, la Relatora Especial de la OEA Catalina Botero me dijo: ``No conozco los detalles de la propuesta. Pero creo que lo más necesario sería fortalecer las instituciones que defienden la libertad de expresión contra los ataques de los gobiernos, y no al revés''.
Mi opinión: No podría estar más de acuerdo. Lo más desalentador de los recientes ataques contra la prensa no es que los presidentes narcisistas-leninistas de Ecuador y Venezuela intenten silenciar a los medios independientes --después de todo, necesitan acallar a sus críticos para poder perpetuarse en el poder-- sino que las principales democracias de la región no se hayan pronunciado al respecto.
Según la Carta Democrática de la OEA, los 34 países miembros de la organización tienen la ''obligación de promover y defender'' la democracia, incluyendo la libertad de prensa.
Sin embargo, ¿donde están las protestas oficiales por los recientes ataques a los medios a la región? No se escucha ni una palabra al respecto de los presidentes de los principales países democráticos, mientras avanzan estas propuestas de crear mecanismos legales para silenciar a los medios independientes, ni ante las amenazas contra Teleamazonas y Globovisión, para que no sigan la misma suerte de la venezolana RCTV hace dos años.
Si las democracias de la región siguen haciéndose las distraídas, estarán contribuyendo a la creencia de que los tratados interamericanos sobre la democracia y las libertades fundamentales son un chiste, y estarán cavando su propia fosa.
Andrés Oppenheimer
jueves, 8 de mayo de 2008
Ecuador: Desconfiando de la libertad de expresión
sábado, 24 de noviembre de 2007
Financiación de campañas políticas

Cada vez aparece más acalorado y generalizado el debate sobre la necesidad de imponer límites a las donaciones particulares a partidos políticos. Se argumenta que, de no procederse en consecuencia, se facilita un permanente intercambio incestuoso de favores que destruye los principios democráticos.
Consciente o inconscientemente, tras esta máscara argumental se oculta una amenaza a la libertad de prensa y a los derechos de propiedad. La facultad de expresar ideas requiere de financiación y si ésta se limita queda cercenada aquella posibilidad. Del mismo modo que se amputaría la libertad de prensa si se reglamentara la facultad a periódicos, televisión o la radio de expresar las ideas que consideran pertinentes en base a la financiación de sus anunciadores. La publicidad en su conjunto también suele criticarse porque influye sobre la opinión pública, haciendo que la gente compre lo que no necesita (solo los denunciadores tendrían la suficiente inteligencia para percibir el desacierto).
En esta misma línea de pensamiento se sostiene que sería más “neutro” que las campañas políticas se financien con aportes del aparato estatal, sin percibir la grave lesión al derecho de los contribuyentes al estar compelidos a hacerse cargo de la divulgación de ideas que no comparten.
En esta instancia del proceso de evolución cultural, el vínculo incestuoso entre algunos gobernantes y ciertos empresarios debe corregirse y evitarse a través de sólidos marcos institucionales que imposibiliten el otorgamiento de privilegios, pero nunca bloquear la fundamentalísima libertad de expresión en sus múltiples manifestaciones.
Aludimos a esta instancia del proceso de evolución cultural porque la sociedad abierta es un proceso en permanente ebullición. Nunca está todo dicho. No hay últimas palabras. Como bien ha dicho Ernst Cassirer, “Yo no dudo que las generaciones posteriores, mirando atrás hacia muchos de nuestros sistemas políticos, tendrán la misma impresión que un astrónomo moderno cuando estudia un libro de astrología o un químico moderno cuando estudia un tratado de alquimia”. Por su parte, Popper explica que los conocimientos son siempre corroboraciones provisorias sujetas a posibles refutaciones.
Como ya se insinúa, en el futuro habrán mecanismos e incentivos que imposibiliten con más firmeza la acción depredadora de politicastros y pseudoempresarios que explotan a sus congéneres a través de mercados cautivos que obtienen por los arreglos realizados en las sombras de los despachos oficiales. Pero en la actualidad, en nuestro contexto y tal como están las cosas, no puede enmendarse un problema creando otros más graves, en lugar de reforzar instituciones compatibles con una sociedad de hombres libres.
Por Alberto Benegas Lynch


