viernes, 26 de febrero de 2010

Viernes de recomendación

REFORMULANDO LOS BIENES COMUNES*

El premio Nobel de economía 2009 fue sorpresivo: le fue entregado por primera vez a una mujer, Elionor Ostrom, que en realidad no es economista (al menos no formalmente), sino, politóloga.


El trabajo de Ostrom, que se refleja en este artículo, se ubica dentro del neo institucionalismo económico, centrándose en la acción colectiva y en la toma de decisión en diversos marcos institucionales (teoría iniciado por Mancur Olson en La lógica de la acción colectiva: bienes públicos y la teoría de grupos).


Ostrom desafía, a través de su investigación sobre la forma de auto-organización a nivel local para mantener los recursos comunes, los postulados que surgieron del trabajo de Garret Hardin en The Tragedy of Commons, pues sugiere que no existen solo dos soluciones posibles a los dilemas del tipo planteado por Hardin: propiedad privada o propiedad bajo el control gubernamental.


Ostrom señala que existe la posibilidad de que los usuarios mismos de un bien público encuentren formas de organizarse de manera que logren crear sus reglas que especifiquen derechos y deberes para todos aquellos que están involucrados.

jueves, 25 de febrero de 2010

¿Soberanía de los gobernantes o de los individuos?


A raíz del debate sobre dolarización que acompañó a mis dos comentarios previos, salió a relucir una discusión muy interesante sobre el tema de la soberanía. Una de las objeciones válidas (hasta cierto punto) a dolarizar la economía es la pérdida de la llamada soberanía monetaria, es decir, la capacidad que tiene nuestro Banco Central de adecuar las políticas monetarias a la realidad económica nacional, en lugar de dejarlas a la mano de la Reserva Federal en Washington. Pero, en realidad, nuestra cacareada soberanía monetaria es en la práctica casi que una quimera dado el alto nivel de dolarización de la economía y el hecho de que tengamos una cuenta de capital abierta, lo cual limita severamente el margen de maniobra del Banco Central.

Sin embargo, quiero retomar la discusión filosófica sobre el concepto de soberanía inherente en éste y otros debates similares, como el que tuvimos con el TLC con Estados Unidos.

En el siglo XIX, un gran liberal francés, Benjamint Constant, brindó una conferencia titulada “Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos". En ella, Constant marcó la diferencia entre los dos conceptos de libertad que caracterizaban el debate político en la Grecia Antigua y en los tiempos modernos (en ese entonces siglo XIX). Constant indicó que en las polis griegas, la libertad implicaba la capacidad de los hombres libres (una minoría) de participar en los debates públicos y votaciones democráticas con las que se regían dichas entidades. Era la libertad de los hombres de gobernar sus propios estados sin estar sometidos a un monarca o pueblo extranjero. Sin embargo, la libertad de los antiguos, como Constant la describió, era muy diferente a la libertad de los modernos. Los griegos tenían esclavos después de todo, y la libertad de los pueblos podía desembocar en la aniquilación del individuo y en la instalación de tiranías como la de Esparta. “Hace del individuo un esclavo de tal forma que los pueblos sean libres”.

Constant la comparó con la libertad de los modernos, que es la capacidad de un individuo de vivir su propia vida de la mejor manera siempre y cuando respetara los mismos derechos de los demás. Dicho concepto versaba en el individuo, a diferencia del colectivo (llámese patria, polis, pueblo, nación, etc.).

Casi 200 años después de que Benjamin Constant hiciera dicha distinción, en nuestro país, y en muchos otros, sale a relucir una y otra vez la discusión sobre soberanía y libertad. Veámoslo en el tema del TLC con Estados Unidos. En la campaña sobre el referéndum del 2007, los opositores cargaban contra el acuerdo ya que éste pisoteaba nuestra soberanía. La interrogante es, ¿la soberanía de quién? ¿La de los gobernantes de decidir por los demás qué compañía de teléfonos podemos usar o a quién le podemos comprar pollo? Pues sí, esa soberanía se veía limitada por el TLC. ¿Pero qué hay de la soberanía del individuo de poder tomar esas decisiones por sí mismo? El TLC, con todos sus defectos, ampliaba dicha soberanía.

De igual forma, cuando hablamos de “soberanía monetaria” estamos hablando de la soberanía de un puñado de economistas (junta directiva del Banco Central) de decidir las condiciones y el valor de la moneda que usamos de manera obligatoria. Varias objecciones se vienen a la mente, desde las propias de la escuela austriaca (¿cuéntan estos economistas con toda la información económica necesaria para tomar decisiones acertadas?) hasta las de la escuela de Public Choice (¿defenderá esta junta directiva, nombrada por políticos, el supuesto interés común de los costarricenses o impulsará los intereses particulares de grupos de presión?). Pero el tema de la soberanía radica en que los individuos deberían tener la libertad de escoger la moneda que más les conviene. En este sentido, aún mejor que dolarizar, sería permitir que todas las divisas tengan poder liberatorio en Costa Rica, de tal forma que las personas escojan la moneda que prefieren a la hora de hacer sus transacciones económicas (en la medida que eso se permite en Costa Rica, ya la gente escogió el dólar).

De tal forma, podemos hablar de una sobería de los gobernantes y una soberanía de los individuos. Los matices varían. La tiranía de los Castro apela a la “soberanía del pueblo cubano” para mantener una prisión al aire libre en Cuba. Es la soberanía de los Castro, no de los cubanos. De igual forma (aunque guardando dramáticamente las distancias), la soberanía monetaria es la soberanía de la Junta Directiva del Banco Central (con nombres y apellidos) y no de los costarricenses.

Cuando se trata de cualquier debate político, prefiero la soberanía de los individuos sobre la soberanía de los gobernantes.

Juan Carlos Hidalgo

Imitación, innovación y empresarialidad


El ser humano tiene dos importantes habilidades cognitivas complementarias, la capacidad de innovar y la capacidad de copiar: puede hacer algo nuevo, creativo; o puede imitar lo que ya existe, replicarlo. Las novedades exitosas pueden reproducirse, y a partir de múltiples copias pueden generarse más cambios que a su vez podrán copiarse de forma recursiva. La acción humana se desarrolla en una tensión permanente entre la permanencia y el cambio.

Imitar no es simplemente repetir lo que uno mismo ya ha hecho antes: se trata de copiar lo que ha hecho otro, observando, reflexionando, comprendiendo y añadiendo la nueva facultad o conducta al repertorio de habilidades propias. El aprendizaje suele requerir una fase inicial de atención consciente hasta que la tarea se automatiza y puede invocarse a voluntad o como un hábito que no requiere el esfuerzo de pensar.

Imitar conductas existentes más o menos generalizadas tiene sentido evolutivo: un comportamiento muy nocivo tiende a desaparecer al eliminar a sus agentes portadores, de modo que la simple existencia de algo muestra su capacidad de supervivencia; además, al ser la competencia un fenómeno relativo, hacer lo mismo que todos significa estar en terreno seguro y, al menos, no quedarse atrás. Para no malgastar recursos al resolver un problema, conviene averiguar si alguien lo ha resuelto ya antes; pero en ocasiones es mejor ignorar las respuestas de otros para así no restringir la imaginación y abrirse a la posibilidad de soluciones alternativas.

La innovación no surge de la nada: consiste en recombinar elementos previos para producir algo original, novedoso. La innovación es una tarea problemática: en algunos ámbitos, todas o casi todas las combinaciones posibles ya han sido generadas (al menos a cierto nivel de abstracción, como en el caso de los argumentos literarios, donde existe un número limitado de personajes y tramas ya explorados); en otros ámbitos, hay tantas combinaciones posibles que su generación y comprobación sistemática completa es prácticamente imposible y es necesario utilizar heurísticas (técnicas de búsqueda basadas en conocimiento experto) para reducir el espacio de búsqueda y los costes de la misma.

Innovar de verdad implica pisar terreno desconocido, arriesgarse a equivocarse, ensayar y errar a menudo hasta eventualmente acertar. Las innovaciones que funcionan suelen ser graduales, marginales, construyen sobre lo que ya existe e intentan mejorarlo, exploran ámbitos desconocidos pero cercanos a los ya dominados.

Las novedades pueden surgir accidentalmente, de forma inconsciente o no intencionada. Pero también pueden ser resultado de acciones intencionales: los emprendedores son personas proactivas, que se fijan objetivos y ponen en marcha proyectos para alcanzarlos, que imaginan formas mejores de hacer las cosas e intentan llevarlas a cabo. Un emprendedor puede actuar simplemente para satisfacer sus propios deseos de forma autónoma; pero, en general, los participantes en mercados con división de trabajo son productores especializados y consumidores generalistas. Los empresarios suelen intentar organizar nuevos proyectos productivos para servir a los demás: por un lado ellos mismos son causantes de cambios al crear y hacer crecer sus empresas, y por otro lado especulan intentando predecir las potencialmente diferentes condiciones del mercado en el futuro (preferencias y capacidades de los agentes económicos) para adaptarse a ellas.

El emprendedor es responsable del dinamismo y la coordinación del mercado: busca desajustes para aprovechar oportunidades de beneficio y su propia actividad origina situaciones diferentes con nuevas oportunidades. El emprendedor es el explorador que se arriesga, lanza su propuesta y se somete al juicio de los consumidores.

Los empresarios no suelen trabajar solos en sus proyectos. Son coordinadores de recursos humanos, necesitan contratar empleados, trabajadores que siguen indicaciones, obedecen órdenes. Todo ser humano puede ser empresario en principio, pero pocos lo son en la práctica: muchos no tienen el ánimo o la perspicacia necesarios, la capacidad de tomar decisiones bajo incertidumbre, o no quieren asumir riesgos.

La empresa es una aventura, algo heroico, pero lo épico es precisamente lo que se sale de lo ordinario. El empresario debe no solo enfrentarse a los competidores establecidos, a otros empresarios con diferentes innovaciones, y a los intereses creados que se sienten amenazados y preferirían que todo siguiera igual: también tiene que tirar con su entusiasmo y los incentivos adecuados de los trabajadores que carecen de su iniciativa y su ímpetu creador.

Francisco Capella

lunes, 22 de febrero de 2010

Universidad Socialista de Costa Rica

Nuestra Universidad de Costa Rica, principal casa de educación superior del país, nuevamente nos sorprende (para mal) con el pronunciamiento aprobado en la sesión N.° 5421, extraordinaria, del jueves 18 de febrero de 2010. En dicho documento, el Consejo Universitario se refiere a la concesión de los puertos de Limón.

Contra todo sentido de racionalidad y en nombre del “bien común” (sea lo que sea que esto signifique), el consejo pseudouniversitario dijo que: “El rechazo del Sindicato de JAPDEVA a la propuesta del Gobierno de entregar en concesión al sector privado transnacional los puertos de Moín y Limón, se fundamenta en las consecuencias lesivas que esta tendría no solo para JAPDEVA, sino, también, para el desarrollo de la provincia de Limón y el desarrollo nacional, debido a que la principal fuente de financiamiento de esta entidad es producto de la administración de un 11% del total de los servicios portuarios.”

Sumado a tan “sesuda” consideración, el consejo hace oda del sindicato de JAPDEVA, posicionándolo como víctima del maltrato del gobierno, (pobres sindicalistas mártires de la patria).

¿Es una broma?... ¿que pasa por la mente de estos “académicos”?, acaso no se han enterado que, quién atenta contra el desarrollo de la provincia de Limón es el propio sindicato!!!, seguramente estos “académicos” no salen de la biblioteca universitaria, no ven las noticias ni leen informes, y si lo hacen, el sesgo ideológico no les permite ver la diferencia, pues su costumbre es cubrirse con la bandera, invocar a Juanito Mora, cantar la patriótica, denunciar al neoliberalismo salvaje y luego, redactar sus pronunciamientos.

Dentro de lo dicho en el pronunciamiento, el consejo solo tienen razón en una cosa, es ilegitimo ofrecer 80.000 millones de colones (137 millones de dólares), a los trabajadores de JAPDEVA, la verdad es que los costarricenses no tenemos porque pagar un cinco a tales sanguijuelas.

El consejo universitario ha perdido el rumbo desde hace mucho tiempo, nuestra educación superior esta en manos de una camarilla socialista cuyo interés no es precisamente el desarrollo de la ciencia, la tecnología y profesionales serios y capaces. En ASOJOD, lo hemos denunciado reiteradamente y no cesaremos en llamar las cosas por su nombre.

Tema polémico: la ética del lucro


Para este Tema polémico, queremos abordar una discusión importantísima en cuanto a la mentalidad económica de los individuos dentro de una sociedad: el lucro.

Muchas veces es posible observar a organizaciones, fundaciones y demás, presentarse como agrupaciones sin fines de lucro; en otras ocasiones, vemos a políticos erigir la bandera del sistema tributario de tipo progresivo, donde los que ganan más, pagan más. También están aquellos que ensalzan la pobreza, la austeridad y rechazan la riqueza y la ostentación. Por supuesto, nunca falta quien atribuya todos los males de la humanidad al dinero, al tiempo que sugiere que el mundo estaría mejor sin él.

Pues bien, todas estas son apenas algunas de las formas en que en nuestras sociedades -especialmente las latinoamericanas-se rechaza la riqueza, el lucro y el dinero, ya que es común que la gente vea esos elementos como negativos y corruptores de la naturaleza humana. ¿Por qué? Bueno, hace ya muchos años, Max Weber explicó, en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" que la religión podría tener algún tipo de influencia respecto a las consideraciones acerca del dinero.

Él decía que en los países europeos del sur, donde predominaba el catolicismo, existía una visión negativa de la riqueza, mientras que en los países del norte, fundamentalmente protestantes, se percibía la riqueza como una bendición. Siguiendo ese razonamiento, al ser las sociedades latinoamericanas eminentemente católicas, podría establecerse que de una u otra forma, el influjo de esa corriente religiosa ha contribuido a la construcción de opiniones negativas en torno a la riqueza. Y aunque quizá no pueda establecerse que tal relación sea directa, el hecho de que en Latinoamérica la "Teología de la liberación" haya tenido espacio, dice muchas cosas, máxime cuando se le analiza a la luz del asentamiento de las teorías socialistas en el ideario político de la región.

Precisamente, este último punto podría dar pistas para entender por qué en Latinoamérica persiste una consideración ética negativa hacia la riqueza, toda vez que el influjo colectivista, en cualquiera de sus expresiones políticas, ha sido considerablemente fuerte, en especial cuando se compara con otras regiones del mundo (quizá con las excepciones de Rusia y China). En todo caso, sea con los regímenes socialistas moderados de Arbenz y Allende, con el estatismo socialdemócrata costarricense, con el socialismo revolucionario cubano, el socialismo del Siglo XXI venezolano, el peronismo argentino, el aprismo peruano, el sandinismo nicaragüense o el priismo mexicano, los países de la región latinoamericana han transitado, durante más de un siglo, por el camino de la lucha de clases, el revanchismo, la ignorancia, la indecencia y el robo institucionalizado como elementos legitimadores de un discurso populista que se ha afincado no sólo en el poder sino que también ha calado hasta los fundamentos éticos de los individuos en torno a la riqueza, el lucro y el dinero.

Por supuesto que han existido variaciones de grado en cuanto a estos regímenes: mientras en Cuba y Venezuela, la riqueza es inaceptable para los individuos libres (no para los gobernantes) y está prohibida por ley, en otras como Costa Rica y Argentina, se permite la acumulación siempre y cuando los ciudadanos se resignen a ver cómo se les arrebata "solidariamente" su dinero para dárselo a otros, en un acto que los progresistas gustan llamar "justicia social" como eufemismo para validar el robo. En cualquier caso, en estos lugares persiste un común denominador: sea por una cuestión religiosa o por una tradición ideológica específica, lo cierto es que en esas sociedades, las calificaciones negativas respecto a la riqueza se han ido consolidando hasta el punto de servir de acicate para la aparición de líderes que le digan a las masas lo que quieren escuchar.

En esos contextos es donde han surgido los Fidel Castro, los Hugo Chávez, los Pepe Figueres, los Juan Domingo Perón, los Salvador Allende y demás figuras de tan "grueso calibre", que quizá no rechazaban obtener riqueza para sí, pero que indudablemente se aprovecharon de una mentalidad imperante en sus sociedades que calificaba éticamente a esta como negativa. Así, arribaron al poder y se han mantenido allí, vivos o muertos (en este caso su tradición), alimentando el odio, la envidia, la mediocridad y la creencia de que la riqueza es obtenida a partir de un juego de suma cero o que conseguirla es un acto indigno que debe avergonzar a las personas con "conciencia social".

Sin lugar a dudas, para ASOJOD, esta mentalidad no sólo atenta contra el progreso individual sino contra la libertad misma, pues en tanto que en una sociedad persista un odio visceral hacia la riqueza, la propiedad privada, el esfuerzo, el trabajo y el ahorro, la fórmula política terminará en un autoritarismo que procure emparejar a todos hacia abajo, redistribuir la riqueza quitándole a unos para dárselo a otros sin importar que no lo merezcan, incentivar la mediocridad de quienes se atienen a esperar la "justicia social" como regalo prometido. Una sociedad guiada por este tipo de regímenes es la antesala de la esclavitud y la pobreza, donde unos trabajarán para que otros disfruten de lo producido o donde ninguno se esforzará porque no tendría sentido hacerlo si todo lo que logre se lo quitarán. Es el camino de servidumbre del que Hayek nos hablaba en su reconocida obra literaria.

Por ello, nosotros no sólo advertimos los peligros que implica la mentalidad enemiga de la riqueza y del dinero, sino que también defendemos una ética del lucro, considerando como un derecho del individuo ganar dinero como resultado de sus ideas, esfuerzo y, por qué no, hasta suerte. ¿Qué hay de malo en querer ser rico? ¿Qué hay de malo en trabajar duro, aplicarse disciplinadamente a una actividad honesta y disfrutar de los resultados? Siempre y cuando la riqueza sea generada por la libre empresa y el libre intercambio, por individuos que voluntariamente dispongan de sus bienes, habilidades y recursos y acuerden, sin coacción alguna, realizar transacciones y entablar relaciones, no habrá ningún daño a los demás. Y, como bien nos enseñó Smith, por la búsqueda del interés individual, se contribuirá indudablemente al progreso de la sociedad.

viernes, 19 de febrero de 2010

La Unidad recargada...

Varios disidentes del fenecido Partido Unidad Social Cristiana anuncian la creación de un nuevo partido político, igualmente socialcristiano, pero sin la macabra influencia de Calderón y los suyos.

A la “cabeza” de esta nueva organización se encuentra Rodolfo Méndez Mata, nueva figura en la arena política (sarcasmo), y uno que otro que no sucumbió a las tentaciones del Movimiento Libertario o el PAC, pues dichas agrupaciones no tenían “alma socialcristiana (...) para recoger la legítimas aspiraciones de los socialcristianos”.

Ya veremos como se desarrolla esta aventura política, después de todo, un nuevo partido político nunca está demás en nuestra querida Costa Rica.

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, en ASOJOD queremos ofrecerles un interesante escrito de Adrián Guissarri, titulado "Mancur Olson: sus principales contribuciones", donde el autor explica los fundamentos de la Teoría de la Acción Colectiva y sintetiza el aporte de esta corriente tanto para la Economía como para la Ciencia Política, en particular respecto a la discusión de los Bienes Públicos y los grupos buscadores de rentas.

jueves, 18 de febrero de 2010

Va de nuevo


Hoy se anunció en un diario de circulación nacional que el gobierno buscará una vez más regular la actividad del porteo… ahora con un “proyecto de ley consensuado”.

En ASOJOD nos preguntamos, ¿hasta cuando dejará el gobierno de turno en paz a las personas que quieren trabajar sin que NADIE los hostigue?


Los futuros “padres de la patria” (y madres por aquello de la igualdad de género) autodenominados defensores de la libertad, tienen la obligación de defender a este sector de la ambición reguladora del Ejecutivo y sus “socialdemócratas” diputados (sea lo que sea que signifique ser socialdemócrata). Pero mucho cuidado con la defensa que se realice, ¡no se ocupan más leyes!, solo basta con dejarlos en paz.

ECONOMÍA: El mito liquidacionista de Hayek y su regla monetaria


Es amplia la literatura que estudia las causas de la “gran depresión” de los años treinta y las políticas que debieron aplicarse para sanear la situación. Desde que la crisis financiera internacional se desató hacia fines de 2007, la profesión decidió desempolvar los libros más importantes que estudiaron aquel período, para analizar cuál debiera ser el mejor curso de acción que la Reserva Federal (Fed) debiera tomar ante la misma. No fueron pocos los economistas que, de hecho, se congratularon al ver al frente de la Fed a Ben Bernanke, posiblemente uno de los economistas más destacados por haber aprendido las lecciones de aquella gran crisis.

En noviembre de 2002, en un discurso que ofreciera en honor a Milton Friedman, pronunció las siguientes palabras: "Permítanme terminar mi conferencia abusando levemente de mi carácter de representante de la Reserva Federal. Quiero decirles a Milton y a Anna: en lo que respecta a la Gran Depresión, tienen razón, fue culpa nuestra. Lo lamentamos mucho. Pero gracias a ustedes, no volveremos a hacerlo".

El titular de la Fed parece defender la misma línea que Milton Friedman y Anna Schwartz expusieran en su famoso libro de 1963, A Monetary History of the United States, 1867-1960, donde estudiaron la historia monetaria de EE.UU. y concluyeron que la inestabilidad económica tiene como causa la inestabilidad de la política monetaria.

En relación con la crisis del treinta, estos dos economistas de Chicago, afirman que la gran depresión tuvo como causa directa a “la gran contracción”, la que provocó una gran deflación de precios que destruyó una parte sustancial del sistema bancario (de los 25.000 bancos que operaron en 1929, sólo quedaron 12.000 en 1933). El error más significativo del período habría sido que la Fed abandone el uso de la política monetaria, debiendo más bien expandir la base monetaria para evitar la mencionada contracción secundaria y la deflación de precios.

Y en tal sentido actuó Ben Bernanke en los últimos años. Baste remarcar que hacia fines de 2007 la Fed revirtió la tendencia alcista de la tasa de interés de corto plazo y dese agosto de 2008 a enero de 2009 duplicó la base monetaria, elevándola de 0,9 a 1,8 billones de dólares. El efecto inmediato fue una leve recuperación de la economía estadounidense, con síntomas alentadores respecto a la actividad económica, aunque preocupantes en lo que refiere a la generación de empleo.

¿Qué dicen los economistas al respecto? ¿Qué podemos esperar de tal política? A muchos llamará la atención que esta política goza hoy de enorme consenso. Un consenso que no sólo incluye la política activa, discrecional y anti-cíclica keynesiana o el anti-deflacionismo monetarista, sino también a las políticas defendidas por Friedrich A. von Hayek y la Escuela Austríaca de Economía.

¿Pero acaso Hayek no habría recomendado una completa liquidación de las malas inversiones? La respuesta es negativa, y para demostrarlo, no hay que ir a un texto perdido, sino a su libro central de la década de los años 30, a Precios y Producción (1931).

En este famoso libro, Hayek explica que la Reserva Federal debe expandir la base monetaria para evitar esta “contracción secundaria”. En términos de la ecuación cuantitativa (MV=PY), Hayek propone “su regla” de mantener MV constante. Esto traería dos consecuencias: primero, en lo que refiere a los aumentos de productividad que el mundo experimentó en la década de 1990, la economía debió crecer sostenidamente (aumento de Y) acompañada de una sana deflación de precios (reducción de P o lo que Joseph Salerno denominó como growth deflation). De haber permitido la Reserva Federal que los precios cayeran a lo largo de la década, hoy no estaríamos inmersos en esta crisis.

Segundo, y ya metidos en problemas, Hayek proponía (como ideal) que la Reserva Federal permita la necesaria liquidación de mercado mientras la autoridad monetaria evita la contracción secundaria (el pánico) mediante el mantenimiento de un flujo constante de gasto. En otras palabras, ante una contracción secundaria, apliquemos una expansión primaria de dinero, manteniendo MV constante.

Vale la pena aclarar que el aumento de la oferta monetaria (M) que proponía Hayek, y hoy defienden Lawrence White y George Selgin, entre otros, no sería de la magnitud, ni de la calidad, que Bernanke ofrece hoy. Por un lado, la expansión de la oferta monetaria supera el 20%, un monto que está bastante por encima de lo que el mercado habría necesitado para evitar la “contracción secundaria”. Por otro lado, y ya en el plano cualitativo, la Fed expandió la base monetaria desarrollando rescates arbitrarios, favoreciendo el riesgo moral y comprando deuda privada de alto riesgo, en lugar de comprar deuda del gobierno y ahora tiene una cartera de activos cuyo valor y liquidez desconoce y que le será difícil revender en cuanto comience a aumentar la velocidad de circulación del dinero.

Lo dicho, nos lleva a conjeturar que —aun cuando Bernanke expandió la base en un contexto de amplio consenso— en el mediano plazo los niveles de inflación tenderán a elevarse y la Fed tendrá dificultades para evitarlo.

Adrián Ravier

miércoles, 17 de febrero de 2010

Asojod en twitter


Estimados lectores, ahora ASOJOD también se encuentra en twitter, los invitamos a esta nueva herramienta de comunicación. Muchas gracias.

martes, 16 de febrero de 2010

Infierno fiscal


Hoy sale la noticia de que Francia incluyó a Costa Rica en la lista de paraísos fiscales, lo que podría desincentivar la atracción de inversiones, toda vez que a partir de marzo de 2010, las empresas francesas instaladas en Costa Rica tendrían un tratamiento más duro en términos tributarios en Francia.

No faltarán quienes corran alarmados por la declaración del gobierno francés, rasgándose las vestiduras por la calificación ¿nefasta? de paraíso fiscal. Por el contrario, en ASOJOD desearíamos que Costa Rica fuera un paraíso fiscal: un lugar donde podamos conservar la totalidad del producto de nuestro trabajo y esfuerzo; un lugar donde nuestra propiedad privada no se vea mancillada por el robo institucionalizado. Pero la realidad nos evita soñar y nos hace darnos cuenta que Costa Rica es, en realidad, un infierno fiscal, donde día a día somos asaltados por el Gobierno, que se vale de la coacción para despojarnos de nuestros ingresos. Ni qué decir de Francia, donde la cosa es aún más fea, siendo uno de los países europeos con mayores impuestos, mayor gasto público y mayor proteccionismo: o sea, la "casa matriz" del Infierno.

Lo que sí nos preocupa mucho es que, por la estúpida legislación francesa, las empresas de ese país que estén instaladas en Costa Rica y demás territorios considerados paraísos fiscales, sufran castigos que los alejen de acá. Gracias al largo brazo intervencionista del Estado francés, ahora cientos de costarricenses podrían perder su empleo y sus ingresos. ¡Vaya solidaridad!

Grupos de presión: la historia de nunca acabar


Ya decía Churchill que la democracia era el peor sistema de gobierno exceptuando a todos los demás. Efectivamente la democracia ha proveído un mecanismo para lograr la alternancia pacífica en el poder. Pero el peor mal de la democracia son los grupos de presión o interés. Esto porque los beneficios se concentran en muy pocos, mientras que los perjuicios se diluyen en el resto de la población. Esta situación provoca que los grupos de presión tengan fuertes incentivos para presionar por legislación a su favor, mientras que el resto de los ciudadanos carecen de interés por impedirlo.

Pues bueno ya con el nuevo Gobierno los grupos de presión empiezan a hacer de las suyas. La Cámara de Comercio Exterior de Costa Rica y de Representantes de Casas Extranjeras (Crecex) le solicitó a la Presidenta Laura Chinchilla volver al sistema de mini-devaluaciones. Así los miembros de Crecex desean que el resto de la población reciba una moneda que todos los días valga menos, mientras ellos se ven beneficiados por la certeza del tipo de cambio. El mal de Costa Rica sigue siendo la necia costumbre de tratar de vivir y tener éxito a costa del bolsillo ajeno.

lunes, 15 de febrero de 2010

Tema polémico: las elecciones presidenciales de 2010


Este 7 de febrero pasado, el pueblo costarricense claramente eligió a Laura Chinchilla como la presidenta de Costa Rica con una diferencia de más de 20 puntos porcentuales con su más cercano contendor. El día de hoy en ASOJOD queremos analizar un poco este resultado. Antes que nada creemos que es necesario resaltar el enorme grado de respeto y tolerancia con que se desarrollaron los hechos ese día. Los ciudadanos fueron a votar en medio de un ambiente de alegría y cuando se empezaron a anunciar los resultados, estos fueron aceptados sin mayor contratiempo. Sin lugar a dudas, un gran triunfo para la democracia costarricense.

Una vez hecho ese reconocimiento, entraremos en materia. Según la encuesta de Unimer durante el día de las elecciones, publicada por la Nación el 11 de febrero, Laura tuvo el principal apoyo de la mayoría de los grupos demográficos, con la excepción de los jóvenes menores de 30 años, quienes decidieron apoyar más a Ottón Solis. Desde que se empezaron a realizar encuestas, se vio un apoyo claro de jóvenes universitarios a Ottón , pero ¿a qué se debe que una gran parte de los jóvenes del país tiendan a identificarse más con ideologías proteccionistas y de distribución de la riqueza? Este sería un buen tópico para otro tema polémico en ASOJOD. Probablemente la falta de madurez y responsabilidades en estos jóvenes sumado al hecho de que los colegios y universidades públicas junto con la Iglesia Católica están inundadas de gente que apoya estas ideologías, podrían ser factores muy importantes para explicar este fenómeno.

Por otro lado, Laura Chinchilla obtuvo un mayor apoyo de adultos mayores. Esto se podría deber al hecho de que estos adultos todavía tienen mucho apego a los partidos tradicionales (aunque no sepan por qué o por quién, algunos de todas formas igual votan por esos partidos) y recordemos que en campaña solo Laura dirigió parte de sus anuncios a este sector de edad. Quizá eso pudo influir considerablemente.

Analizando el resultado desde el punto de vista territorial se concluye que el candidato del Movimiento Libertario, Otto Guevara, obtuvo un mayor apoyo en las provincias costeras y rurales. Parece que la gente que vive alejada de la ciudad se convenció con más facilidad de la campaña de “Cero Tolerancia y Mano Firme” del candidato libertario. Contrario a esto, Ottón Solís, no contó con el favor de estos sectores por segunda campaña consecutiva a pesar de su esfuerzo de acercarlos designando vicepresidentes más vinculados en esas áreas.

Desde el punto de vista de género, existió un clarísimo apoyo por parte de las mujeres a Laura Chinchilla. Ojalá algún día esta sociedad pudiera madurar al punto en que el género no sea un tema de consideración en la intención de voto, como ya en ASOJOD lo hemos señalado con anterioridad. Por otro lado, según la encuesta de Unimer, los hombres que no votaron por Laura por el simple hecho de que es mujer tendieron a favorecer más a Otto Guevara. Es normal que los machistas tienda a identificarse más con un hombre fuerte y serio (alfa macho) y esa es precisamente la imagen que enseñó Otto Guevara durante toda su campaña.

En conclusión, esto fue un gran triunfo nuevamente para el Partido Liberación Nacional. Ahora los dirigentes del PAC y el ML deben sentarse a sacar conclusiones y aprender de sus errores para la campaña del 2014. En ASOJOD creemos uno de los principales errores de los partidos perdedores fue concentrar sus campañas únicamente en el ataque. Si bien es cierto funcionó en un principio (en especial para Otto), el pueblo se fue cansando y fue colocando a Laura en una posición privilegiada como una víctima que hay que defender. Esperamos que la próxima campaña esté más basada en ideas y propuestas y no tanto en qué candidato pueda venderse mejor.

viernes, 12 de febrero de 2010

Viernes de Recomendación


Para el día de hoy en ASOJOD queremos recomendarles el libro Políticas Liberales Exitosas. Este publicación de la Fundación Friedrich Naumann, Relial y la Fundación Atlas explica con ejemplos como las políticas liberales aplicadas pueden dar resultados muy positivos en los países latinoamericanos.

jueves, 11 de febrero de 2010

ECONOMÍA: EE.UU.: El amor que Geithner ha sentido toda la vida por los rescates bancarios


El Secretario de la Tesorería Timothy Geithner se enfrentó a unas severas audiencias hace un par de semanas ante el Comité de Supervisión y Reforma del Gobierno. ¿Lo cuestionaron los miembros del Congreso acerca del papel que jugó en crear la crisis financiera del año pasado?

Geithner se niega a responsabilizarse por la “herencia de crisis que ustedes [esto es, los del Partido Republicano] le dejaron a este país”, como le dijo a Kevin Brady (congresista del partido Republicano de Texas) ante el Comité Económico en noviembre. Aparentemente él cree que la larga fila de salvatajes con los que él ha sido asociado —empezando con la crisis del peso mexicano en 1994— no está relacionada con la expectativa de nuestras instituciones financieras de que Washington los rescataría en caso de que fracasen.

De hecho, el consistente respaldo de Geithner a los rescates de grandes bancos condena cualquier verdadero esfuerzo de acabar con aquello de “demasiado grande para fracasar”. Por eso, para que el país de verdad supere esta crisis, Geithner necesita irse.

Aunque Geithner primero llegó a la Tesorería en 1988, no tuvo ninguna posición de liderazgo hasta 1995. Pero fue durante esos primeros años que él desarrolló su aparente desdén del Congreso y del gobierno representativo.

En 1994, México llegó a ser incapaz de pagar préstamos a una serie de bancos de inversión de Wall Street. La administración de Clinton promovió legislación para prestarle efectivo a México —pero el nuevo Congreso la rechazó. Geithner, en ese entonces asistente del secretario para política monetaria y financiera internacional, diseñó una asistencia (por la puerta trasera) a México a través del Fondo para Estabilización de Tipo de Cambio de la Tesorería.

Había un argumento basado en el interés nacional para ayudar a nuestro vecino del sur. Pero sigue siendo cierto que Wall Street fue un gran beneficiado de ese rescate —se salvó de pagar un precio de decenas de miles de millones en préstamos tontos.

Geithner, mientras tanto, pronto se encontró en medio de otra ronda de salvatajes —como el representante del Secretario de la Tesorería, Robert Rubin, ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante la crisis asiática. La aseveración era que los “paquetes de rescate” del FMI eran necesarios para estabilizar las economías asiáticas —pero los bancos estadounidenses nuevamente vieron sus pérdidas reducidas como resultado.

Al salir de la Tesorería, Geithner pronto se encontró en el FMI, una organización cuyo principal propósito parece ser el de rescatar a bancos estadounidenses y europeos cuando sufren pérdidas por sus inversiones en el mundo subdesarrollado —una misión que Geithner evidentemente comparte.

Desde 2003 hasta su nombramiento en 2009 como secretario de la Tesorería, Geithner fue el presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. El papel de este banco como el principal supervisor de Wall Street no puede ser exagerado —así que si el fracaso regulatorio contribuyó a la reciente crisis financiera, entonces pocos reguladores contribuyeron más que el Banco de la Reserva Federal de Nueva York y su jefe, Tim Geithner.

Además, el jefe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York es un miembro permanente del Comité Federal de Mercado Abierto —el cuerpo de la Fed que determina la política monetaria— particularmente la política monetaria exageradamente expansiva que directamente contribuyó a la burbuja de bienes raíces.

Si, la principal culpa cae sobre el anterior Director de la Fed Alan Greenspan (y en menor grado con el entonces gobernador de la Fed, Ben Bernanke), pero Geithner tuvo muchas oportunidades de expresar preocupaciones acerca de la creciente burbuja de bienes raíces. No lo hizo. Afortunadamente, los esfuerzos del Secretario Geithner de mover sus reformas financieras/regulatorias mediante el Congreso han fracasado hasta ahora. La esencia de su plan involucra darle a la Fed autoridad permanente para hacer un salvataje, lo cual sería un desastre completo: Necesitamos acabar con el ciclo de salvatajes, no intensificarlo.

Si hay algo en común entre casi todo rescate bancario durante los últimos 15 años es que Timothy Geithner siempre estuvo en la habitación donde se aprobaron. Cada uno de estos “rescates” trajo consigo estabilidad en el corto plazo a nuestros mercados financieros —pero solamente a cuestas de una inestabilidad a largo plazo.

Solo una manada de individuos podrían verdaderamente llamarse arquitectos de nuestro sistema financiero-regulatorio. Geithner, sin duda alguna, es uno de ellos. Pretender que recién ahora llegó a la escena no solamente es deshonesto, sino también peligroso. Sin una evaluación honesta de cómo la larga lista de rescates contribuyeron a la actual crisis —una evaluación que incluye admitir el papel que ha jugado Geithner— tenemos pocas esperanzas de evitar las próximas crisis.

Mark Calabria

miércoles, 10 de febrero de 2010

Deficits de moda


Resulta que la genial nueva idea de la fracción del PLN y del gobierno es eliminar las trabas que contiene la Ley de Presupuesto, que impiden al gobierno financiar gastos corrientes vía endeudamiento.

Así los verdiblancos quieren un cheque en blanco para gastar simplemente lo que les de la gana, y después cómodamente pasarle la factura a los ciudadanos costarricenses. Por ello es fundamental que la futura oposición busque mecanismos para incorporar a la Constitución una serie de garantías monetarias que impidan este tipo de situaciones.

martes, 9 de febrero de 2010

¡Lamentable!


La Sala IV podría congelar la investigación que se sigue en torno al caso de la Diputada Maureen Ballestero, acusada de utilizar de forma inapropiada fondos públicos (específicamente una avioneta del Ministerio de Seguridad Pública para hacer diligencias personales como recoger su pasaporte o votar en las asambleas del PLN).

Esta situación no puede más que causarnos pesar, pues en ASOJOD somos firmes defensores del imperio de la ley, según el cual, esta se encuentra por encima de todos los ciudadanos y se aplica por igual. Sin embargo, en nuestro país parece haber un código normativo para los unos ciudadanos, con "privilegios" de los cuales no disfrutan los demás. Para unos, sus actos no acarrean consecuencias, sus fechorías no son castigadas y la impunidad y el descaro son los premios que siguen a sus acciones. Mientras tanto, los simples mortales debemos pagar por sus actos, sin poder escaparse del parcializado y torcido brazo de la ley.

Por demás está decir que esta asombrosa noticia sale hasta después de las elecciones, como si hubiese algún tipo de cálculo para no haber afectado a doña Laura ni haberle alborotado el panal a don Oscar. ¿Coincidencia? Quién sabe. Lo que sí sabemos es que mientras persista la impunidad de los "dioses del olimpo", la corrupción y la inseguridad se mantendrán en nuestro país. Si la gente aprende que los actos no tienen consecuencias, no puede esperarse otra cosa que el circo en el que vivimos.

Esperemos que la firmeza y honestidad que la Presidenta Electa nos prometió en campaña sea una realidad, contrario a lo que su mentor, don Oscar, nos regaló por 4 años.


Nunca falta un borracho en una vela


“Mire, muy raro, yo francamente... pusieron una crayola contra la tradición de Costa Rica de votar con la huella digital, que es mucho más seguro. Es más difícil hacer fraudes con huella digital (...) Todo muy sospechoso, lo veo muy raro”


Una vez más Rolando Socialismo Cuántico Araya intenta crear alboroto y sospechas con sus declaraciones. Si don Rolando en su infinita sabiduría no ha logrado comprender por qué ya no se vota con huella digital, con mucho gusto se lo explicamos: resulta que la huella digital viola el principio de que el voto debe de ser secreto, haciendo que sea identificable por quien voto cada persona.

Cada vez es más usual escuchar en nuestro país a llamados revolcuionarios y cosas por el estilo, por eso debemos de estar vigilantes en todo momento y desmentir a todos aquellos que pretenden justificia sus propios fracasos a la luz de supuestos fraudes electorales.

lunes, 8 de febrero de 2010

Tema polémico: ¿Somos un país políticamente maduro o solamente indolentes?


Muchas veces hemos escuchado a nuestros familiares o personas mayores decir que antes “la fiesta electoral” era literalmente eso, una fiesta, que las personas se tiraban a la calle al paso de los carros y que el horizonte se tornaba lleno de banderas sobre el techo de las casas. En fin, una imagen idílica de lo que Costa Rica era y no será.

¿Será esto cierto?... la respuesta es un rotundo no. Lo primero que debemos constatar es que la sublime imagen de aquel país donde todo era una mar de alegrías y euforia cívica nunca existió, basta un par de ejemplos para demostrar que lo que aparentaba un alto nivel de cultura cívica no fue más que un espectro irreal del pasado.

La memoria puede fallar, pero la historia nos recuerda lo sucedido en la elección de 1970, cuando las calles de San José se convirtieron en una verdadera arena de batalla cuando faltaban 10 días para las elecciones, la “fiesta ciudadana” llegó a tal punto que la guardia civil tuvo que hacer uso de gases lacrimógenos para dispersar a grupos de revoltosos de diversos partidos políticos. Los relatos del Diario La República indicaban que, “la primera bomba de gas estalló a las 10 de la noche en la esquina del Banco de Costa Rica y la ultima a las 12 en la esquina de la Soda Palace”.al final, el recuento de las personas lesionadas ese día ascendió a 36, además de numerosos daños a la propiedad. El 23 de enero la policía detuvo a más de 100 personas que se disponían a iniciar disturbios de mayor magnitud en la capital.

En la elección de 1974 nuevamente se produjeron disturbios en el centro de la capital, el periódico La Nación del 11 de enero relata como, “desde aproximadamente las 4 p.m., grupos de jóvenes embanderados, principalmente de Liberación y Unificación, comenzaron a recorrer la principal vía capitalina y algunos de ellos se estacionaron en las aceras cercanas a la intersección con la calle 2. Lo que primero fue el intercambio de consignas e insultos entre los grupos rivales se convirtió cerca de las 7 p.m., en una lucha a banderazos, que envió a emergencias del hospital San Juan de Dios a siete personas”

Este breve recuento de hechos demuestra que, hace unas décadas Costa Rica no era el paraíso cívico. Podemos rememorar decenas de hechos igual de significativos y llegar a la misma conclusión. No podemos confundir una celebración democrática con la vulgaridad y el sinsentido, no fuimos el país culto que nos han vendido.

No obstante, hoy día es cierto que, estos acontecimientos son cosa del pasado, si bien existe uno que otro cabeza caliente que sueña hacer un levantamiento, quemando el TSE y secuestrando a los magistrados (entre otros actos de igual nivel revolucionario), la verdad es que, la gente vive la campaña política diferente. A nadie le pasa por la mente que se prohíba realizar manifestaciones en el centro de San José, o que la Fuerza Pública deba garrotear a grupos de partidarios.

Pero aquí viene la cuestión, ¿vivimos hoy el proceso electoral de manera diferente porque somos un país políticamente más maduro, más racional si se quiere, o porque la gente, en especial la gente joven, es indiferente, es decir, apolítica?, En otras palabras, ¿ya no se dan disturbios por que nos hemos vuelto más juiciosos y reflexivos o simplemente somos un pueblo políticamente indolente? No creo que se pueda ofrecer una respuesta definitiva a esta pregunta, pero lo que si podemos hacer es argumentar.

Para la elección del 2010 los ciudadanos menores de 34 años representan el 41,83% del total de votantes inscritos en el padrón electoral , esta generación de gente joven se caracteriza por ser altamente critica de su entorno, por no ser fiel a determinado producto, marca, servicio o partido político (las viejas fidelidades políticas hace mucho murieron), además, poseen una cantidad casi ilimitada de información en tiempo real que los hace tomar decisiones justo en el momento. Es decir, su forma de decidir y participar es nueva y ciertamente no la comprendemos cabalmente aún, máxime si pensamos que muchos de ellos ejercen su voto por primera vez. Por tanto, no creo que podamos concluir si, efectivamente esta es una generación apolítica o políticamente madura.

Pero, por otra parte, la forma en que se ha desarrollado la campaña 2010 dista mucho de un pueblo moderadamente racional, (si es que existe algo así). La tónica ha sido la chabacanería, el mal gusto, la falta de contenido e ideas. Los grandes temas no se tocaron con la profundidad que se requería y por el contrario, el marketing político barato y la lucha sin ton ni son, fueron la constante. En este sentido, si bien dejamos de lado la violencia en las calles, la falta de inteligencia en nuestra política persiste. Una hipótesis para este fenómeno puede ser que, el tico no es el arquetipo de hombre racional, sino que se asemeja al Homo Videns y que nuestra democracia se acerca peligrosamente a ser una Sociedad Teledirigida.

viernes, 5 de febrero de 2010

Viernes de Recomendación


Para este día les presentamos el artículo: "Peter Bauer, precursor en el camino del desarrollo" escrito por Ian Vásquez. En el se hace una referencia breve a las contribuciones más relevantes de Bauer, y su importancia dentro de la teoría del desarrollo.

jueves, 4 de febrero de 2010

ECONOMÍA: Fukuyama, la pobreza y la distribución del ingreso


Francis Fukuyama, autor de El fin de la historia y El último hombre, dio recientemente una conferencia magistral en la que notó que la pobreza es alta en el país, que la distribución del ingreso es desigual y que el país no va a tener una democracia viable hasta que estos problemas se resuelvan. Como solución, el Dr. Fukuyama recomendó que el país hiciera un pacto que estableciera como objetivos la reversión de la desigualdad y la exclusión social.

Las ideas del Dr. Fukuyama han sido recibidas como enormemente originales por mucha gente, la muestra de un cambio en la ideología de la derecha. En realidad no son nada originales, ni en la derecha ni en la izquierda, lo cual por supuesto no quita su mérito. Hay dos problemas fundamentales en las ideas del Dr. Fukuyama, sin embargo, las dos ligadas al énfasis que él le dio a la desigualdad en vez de dársela a la reducción de la pobreza. Primero, él no dijo cómo se puede reducir la desigualdad en la distribución del ingreso. El sólo decir que debería de hacerse lo puede hacer cualquiera. Lo importante es saber cómo hacerlo.

Segundo, un momento de reflexión muestra que el objetivo principal debe ser reducir la pobreza, no reducir la desigualdad, ya que en una alta proporción de las decisiones puede haber un conflicto entre estos dos objetivos. Suponga, por ejemplo, que hay una economía en la que todos tienen el mismo ingreso —bajo pero igual para todos— obtenido, supongamos, recogiendo cocos y exportándolos. Supongamos que entre la población sale alguien que decide poner un negocio para extraer el agua de los cocos y hacer una mezcla para bebidas, que puede vender con el triple de utilidades de las proporcionadas por los cocos, aun si paga a la gente el doble de los salarios que ahora están ganando. Este proyecto aumentaría la producción en el país, disminuiría sustancialmente la pobreza (los trabajadores ganarían el doble de lo que ganan ahora) pero empeorarían la distribución del ingreso, ya que el empresario ganaría el triple mientras que los trabajadores ganarían sólo el doble. Esto sería así en cualquier inversión en la que el inversionista y los gerentes ganen más que los obreros. ¿Deben detenerse las inversiones para que no se empeore la distribución del ingreso?

Un ejemplo claro de la posible contraposición de los dos objetivos lo proporciona el desarrollo de China en los últimos treinta años. A principios de los ochenta, cuando China era todavía una economía comunista, el 54 por ciento de la población vivía en la pobreza. Conforme la economía se fue liberalizando hasta convertir a China en uno de los países más capitalistas del mundo, la pobreza cayó muy rápidamente, hasta el punto que para principios de los 2000 representaba menos del 10 por ciento de la población. Por supuesto, la misma inversión que dio tantos trabajos de gran valor agregado a los obreros chinos también dio grandes utilidades a los inversionistas y dio más ingresos a unos obreros que a los demás. El resultado es que el mismo proceso que redujo la pobreza hizo también la distribución del ingreso menos igualitaria en cuatro dimensiones: el ingreso de las provincias costeras (más abiertas al resto del mundo) es ahora mucho mayor que el de las provincias interiores (la provincia más rica tiene ahora un ingreso que es 10 veces el de la provincia más pobre, peor que en Brasil, en donde el número es 8,1 veces); con el desarrollo de la industria y los servicios, las áreas urbanas se han hecho mucho más ricas que las rurales; los que están en la economía formal se han hecho más ricos que los que se mantienen en la informal; y ha surgido una clase empresarial enormemente rica, que gana mucho más que sus obreros (datos de Jacques, Martin, When China Rules the World, The Penguin Press, New York, 2009).

Es obvio que sólo un envidioso preferiría seguir en la pobreza con tal de que nadie gane más que él o ella. Sólo un envidioso diría que China debería de haber parado las inversiones que han eliminado casi totalmente su pobreza porque como resultado de ellas algunos chinos se han hecho más ricos que otros.

Así, lo primero que tenemos que definir es que lo que queremos es disminuir la pobreza, no reducir la desigualdad. Inmediatamente después debemos encontrar una manera que reduzca la pobreza. Siendo la educación la fuente de toda riqueza, es claro que una de las acciones que debemos reforzar es la de dar a los pobres más acceso a mejor educación y a mejor salud. Este debería de ser el objeto de un pacto como el que Fukuyama, al igual que muchos otros, ha propuesto para el país. El problema es que mientras la población se deje ir por palabras populistas y evite pensar seriamente en las realidades del país, el análisis en serio del problema del crecimiento no será sexy para los políticos. Si esto sigue así, la visita de Fukuyama se añadirá a la larga lista de visitantes que han notado que el país no está desarrollado; que hay pobreza; que la distribución del ingreso no es igualitaria; y que los salvadoreños deberíamos hacer algo en este respecto.

Manuel Hinds

miércoles, 3 de febrero de 2010

El capital psicológico


El gran tema es el capital psicológico. Los economistas no lo valoran adecuadamente y es una de las claves de la prosperidad o de la pobreza. Una vez al año, el Cato Institute, el gran think-tank libertario de EE.UU., y la Universidad Francisco Marroquín —tal vez la más prestigiosa institución privada de Centroamérica—, reúnen en la bella ciudad de Antigua, Guatemala, a varias docenas de estudiantes de toda América Latina para explicarles la relación que existe entre la libertad y el desarrollo. Lo que sigue es la síntesis de lo que les conté.

Ya se acepta, porque parece evidente, que el desempeño económico de los pueblos es el resultado de cómo se trenzan y armonizan el capital humano (la educación), el capital cívico (el comportamiento social de la mayor parte del grupo) y el capital material (las riquezas naturales, las inversiones, las maquinarias, etc.). Pero en esa ecuación faltaba el capital psicológico. ¿Qué es eso? En esencia, lo constituyen las actitudes con que los individuos se enfrentan a siete factores fundamentales. Esas actitudes, claro, se derivan de percepciones, creencias y aprendizajes previos. Son éstas:

  • Actitud hacia la libertad. Donde abundan los individuos dispuestos a tomar decisiones y a construir con ellas su propia vida y a procurar la felicidad, sin las muletas del Estado, suele arraigar el bienestar personal y colectivo. Donde prevalece la búsqueda de la seguridad y se entrega el diseño de la vida a entidades exteriores, el resultado es mediocre. Algo de esto se imaginó Erich Fromm cuando escribió El miedo a la libertad.
  • Actitud hacia el Estado. Donde, por las razones que fueren, se percibe al Estado como una injusta fuerza coactiva que no responde a nuestros valores e intereses, sino a la conveniencia de quienes lo administran, el comportamiento de los individuos perjudica a la colectividad. Donde el Estado responde a las expectativas de la sociedad sucede lo contrario.
  • Actitud hacia el trabajo propio y ajeno. Donde se aprecian las actividades que se realizan, siempre que sean honradas, cualesquiera que fuesen, incluidos los oficios más humildes, y no sean un obstáculo para el ascenso social sino un tinte de orgullo, las consecuencias colectivas serán benéficas y el esfuerzo tenderá hacia la excelencia.
  • Actitud hacia el éxito. Donde se admira a los triunfadores y se ponderan sus logros, cuando son legítimos, se propaga y generaliza la lucha por destacarse y buscar el aprecio de la sociedad. Donde ocurre lo contrario y el éxito individual provoca rechazo y crítica negativa, desaparece un fuerte incentivo psicológico positivo.
  • Actitud hacia la ciencia y la innovación. Donde impera la curiosidad científica, y donde hay la voluntad de innovar y crear con originalidad, las consecuencias económicas son dramáticas. Es sorprendente, por ejemplo, que en el siglo XX ni uno sólo de los grandes hallazgos, invenciones o desarrollos técnicos que han cambiado la faz de la humanidad haya surgido en América Latina.
  • Actitud hacia los espíritus emprendedores. Donde se aplaude y cultiva la aparición de las personalidades creativas, y donde la sociedad les abre puertas en lugar de cerrárselas, los pueblos prosperan.
  • Actitud hacia el otro. Donde prevalece, a priori, la confianza en el prójimo, en el otro, porque los acuerdos se cumplen, sucede que las transacciones se multiplican y disminuyen los costos de llevarlas a cabo. Sin embargo, donde se desconfía del otro porque se le presume mala fe, las sociedades son más pobres, dado que disminuyen sustancialmente los intercambios entre las personas, única fuente para la creación final de riqueza.

¿Puede aumentar el capital psicológico de una sociedad? Por supuesto. O puede disminuir. Depende del aprendizaje y de las experiencias de los individuos. En los países totalitarios, o en los que marchan en esa dirección, todo lo que las personas aprenden contribuye a disminuir el capital psicológico. En cambio, en los países que aprecian la libertad y aceptan la responsabilidad, el capital psicológico se retroalimenta y multiplica. Tal vez esto es lo que estamos viendo en sociedades como la chilena. Nunca podremos probarlo matemáticamente, nunca podremos medirlo, pero sabemos que hoy el capital psicológico de ese pueblo es muy alto. Vale la pena estudiar esa variante.

Carlos Alberto Montaner

lunes, 1 de febrero de 2010

Huge Deficits May Alter U.S. Politics and Global Power

In a federal budget filled with mind-boggling statistics, two numbers stand out as particularly stunning, for the way they may change American politics and American power.

According to the 2011 budget, the projected deficit in the coming year is nearly 11 percent of the country's entire economic output.

The first is the projected deficit in the coming year, nearly 11 percent of the country’s entire economic output. That is not unprecedented: During the Civil War, World War I and World War II, the United States ran soaring deficits, but usually with the expectation that they would come back down once peace was restored and war spending abated.

But the second number, buried deeper in the budget’s projections, is the one that really commands attention: By President Obama’s own optimistic projections, American deficits will not return to what are widely considered sustainable levels over the next 10 years. In fact, in 2019 and 2020 — years after Mr. Obama has left the political scene, even if he serves two terms — they start rising again sharply, to more than 5 percent of gross domestic product. His budget draws a picture of a nation that like many American homeowners simply cannot get above water.

For Mr. Obama and his successors, the effect of those projections is clear: Unless miraculous growth, or miraculous political compromises, creates some unforeseen change over the next decade, there is virtually no room for new domestic initiatives for Mr. Obama or his successors. Beyond that lies the possibility that the United States could begin to suffer the same disease that has afflicted Japan over the past decade. As debt grew more rapidly than income, that country’s influence around the world eroded.

Or, as Mr. Obama’s chief economic adviser, Lawrence H. Summers, used to ask before he entered government a year ago, “How long can the world’s biggest borrower remain the world’s biggest power?”

The Chinese leadership, which is lending much of the money to finance the American government’s spending, and which asked pointed questions about Mr. Obama’s budget when members visited Washington last summer, says it thinks the long-term answer to Mr. Summers’s question is self-evident. The Europeans will also tell you that this is a big worry about the next decade.

Mr. Obama himself hinted at his own concern when he announced in early December that he planned to send 30,000 American troops to Afghanistan, but insisted that the United States could not afford to stay for long.

“Our prosperity provides a foundation for our power,” he told cadets at West Point. “It pays for our military. It underwrites our diplomacy. It taps the potential of our people, and allows investment in new industry.”

And then he explained why even a “war of necessity,” as he called Afghanistan last summer, could not last for long.

“That’s why our troop commitment in Afghanistan cannot be open-ended,” he said then, “because the nation that I’m most interested in building is our own.”

Mr. Obama’s budget deserves credit for its candor. It does not sugarcoat, at least excessively, the potential magnitude of the problem. President George W. Bush kept claiming, until near the end of his presidency, that he would leave office with a balanced budget. He never got close; in fact, the deficits soared in his last years.

Mr. Obama has published the 10-year numbers in part, it seems, to make the point that the political gridlock of the past few years, in which most Republicans refuse to talk about tax increases and Democrats refuse to talk about cutting entitlement programs, is unsustainable. His prescription is that the problem has to be made worse, with intense deficit spending to lower the unemployment rate, before the deficits can come down.

Mr. Summers, in an interview on Monday afternoon, said, “The budget recognizes the imperatives of job creation and growth in the short run, and takes significant measures to increase confidence in the medium term.”

He was referring to the freeze on domestic, non-national-security-related spending, the troubled effort to cut health care costs, and the decision to let expire Bush-era tax cuts for corporations and families earning more than $250,000.

But Mr. Summers said that “through the budget and fiscal commission, the president has sought to provide maximum room for making further adjustments as necessary before any kind of crisis arrives.”

Turning that thought into political action, however, has proved harder and harder for the Washington establishment. Republicans stayed largely silent about the debt during the Bush years. Democrats have described it as a necessary evil during the economic crisis that defined Mr. Obama’s first year. Interest in a long-term solution seems limited. Or, as Isabel V. Sawhill of the Brookings Institution put it Monday on MSNBC, “The problem here is not honesty, but political will.”

One source of that absence of will is that the political warnings are contradicted by the market signals. The Treasury has borrowed money to finance the government’s deficits at remarkably low rates, the strongest indicator that the markets believe they will be paid back on time and in full.

The absence of political will is also facilitated by the fact that, as Prof. James K. Galbraith of the University of Texas puts it, “Forecasts 10 years out have no credibility.”

He is right. In the early years of the Clinton administration, government projections indicated huge deficits — over the “sustainable” level of 3 percent — by 2000. But by then, Mr. Clinton was running a modest surplus of about $200 billion, a point Mr. Obama made Monday as he tried anew to remind the country that the moment was squandered when “the previous administration and previous Congresses created an expensive new drug program, passed massive tax cuts for the wealthy, and funded two wars without paying for any of it.”

But with this budget, Mr. Obama now owns this deficit. And as Mr. Galbraith pointed out, it is possible that the gloomy projections for 2020 are equally flawed.

Simply projecting that health care costs will rise unabated is dangerous business.

“Much may depend on whether we put in place the financial reforms that can rebuild a functional financial system,” Mr. Galbraith said, to finance growth in the private sector — the kind of growth that ultimately saved Mr. Clinton from his own deficit projections.

His greatest hope, Mr. Galbraith said, was Stein’s law, named for Herbert Stein, chairman of the Council of Economic Advisers under Presidents Richard M. NixonGerald R. Ford. and Stein’s law has been recited in many different versions. But all have a common theme: If a trend cannot continue, it will stop.

New Yor Times por DAVID E. SANGER

Publicado en Febrero 1, 2010

Tema polémico: Caldera: diagnóstico del país


¡Al fin ha llegado Caldera! Después de treinta años se logra terminar una tarea que, en momentos, parecía imposible. A pesar de la alegría, cabe preguntarse ¿existirá otro país en el mundo donde el letargo sea de esta magnitud y se necesite tanto tiempo para construir una obra que no está entre las 7 maravillas del mundo moderno? No lo sabemos, lo que sabemos, y lo que importa, es que esta mala broma de Caldera le ha costado al país productividad, riqueza y competitividad. Pero Caldera no es un simple hecho aislado, no es una casualidad del destino, no. Caldera nos desnuda a dos niveles: institucional y cultural, y precisamente de esto trata el tema polémico del día de hoy.

A nivel institucional, la espera de 30 años para inaugurar una simple carretera deja al descubierto la inoperancia del aparato estatal, su letargo para realizar cualquier gestión. Un aparato estatal sobredimensionado que acaba asfixiando cualquier iniciativa ya sea privada o pública, que a la postre acaba por restarle competitividad al país. Es claro que esta situación demuestra la imperiosa necesidad de hacer las reformas necesarias para que el Estado deje de entorpecer el desarrollo de las personas y estas reformas no se pueden postergar más.

A nivel cultural, mostró cuan arraigada se encuentra la cultura del hombre-masa ortegeano, aquel que sólo desea derechos pero nunca obligaciones, aquel que piensa que la civilización nos cae desde el cielo y que su mantenimiento nos viene gratis. Es increíble ver que existen individuos berreando por el pago del peaje y más que no se dan cuenta -en su estrechez mental- que tanto el tiempo como la gasolina que se ahorrarán superan por mucho al costo del mismo. Por eso sabemos bien que lo que les duele es pagar simplemente, ello gracias a la cultura que dejó el Estado “Benefactor” en el país: creen que existe el derecho fundamental de vivir gratis o mejor dicho vivir a costa de los demás.

Caldera nos arroja unas cuantas lecciones importantes, pero apenas son la punta del iceberg. Ojalá que este y otros más casos que día a día desnudan la inutilidad de nuestro Estado y la vulgar mentalidad de muchos costarrincenses, acostumbrados a pedir pero jamás a asumir responsabilidades, faciliten la toma de conciencia individual, respecto a la necesidad de cambiar las cosas y abandonar las prácticas viciosas que han caracterizado a este país por mucho tiempo, en especial, durante el tiempo del "Estado Benefactor".