martes, 30 de junio de 2009

Liberalismo Aplicado: Voucher Educativo



Este video presenta las consecuencias de que el gobierno administre la educación en el país y las ventajas del voucher educativo

Ridículo en el USC


Con la autoridad moral que me da el haber sido mariachi encarcelado a los l4 años en el 48 –sin haber nunca usufructuado de la política–, le quité la “P” a la Unidad Social Cristiana porque ya no es un partido, sino una rezagada tribu familiar que va hacia el despeñadero por carecer de intereses nacionales, sino solo los propios a un clan en decadencia histórica, política e ideológica.

Sin referirme a mis aficiones al Derecho Penal, Junior Calderón está ya obsoleto. Para las elecciones de febrero de 2010 se levantan la simpática figura de Laura Chinchilla, la capacidad y entereza de Otto Guevara y el tesón admirable de Ottón Solís. El Junior no tiene nada positivo que ofrecerle al electorado costarricense, salvo la desteñida figura de Luis Fishman que ya aburre, una prima y la cónyuge.

Después de un gobierno acertado y tranquilo, nada hace el USC cuyo candidato presidencial no tiene más antecedentes, dado que siempre medrosamente ocultó su ascendencia, que los pseudolibros que le escriben, una presidencia mediocre y un voluminoso expediente en su contra en los tribunales penales.

Es nocivo para la juventud costarricense que existan aún los viejos políticos ya caducos. Ansían un nuevo capítulo en la historia y que se acaben los candidatos con pies de barro.

Fernando Guier

lunes, 29 de junio de 2009

Tema polémico: la obligatoriedad de la representación femenina en los partidos políticos


Aunque oficialmente la campaña electoral para los comicios de 2010 aún no ha empezado, ya podemos observar que los diferentes partidos políticos y, especialmente los precandidatos presidenciales, están haciendo lo suyo para obtener votos. En ese contexto, este Tema polémico quiere tocar un tema que está presente en todo el proceso territorial de formación de los partidos políticos (conformación de Asambleas Distritales, Cantonales, Provinciales y Nacional estipuladas por los artículos 60 y 61 del Código Electoral): la obligatoriedad de la representación femenina.

El inciso n) del artículo 58 , así como el artículo de ese código, establece que las distintas estructuras de un partido político deben contar, como mínimo, con un 40% de representación femenina para asegurar su participación. Como si esto fuera poco, desde el 2001, el Tribunal Supremo de Elecciones está promoviendo una reforma al Código Electoral, según la cual ese 40% se mantiene pero las postulaciones presentadas en las nóminas para elecciones nacionales o locales deberán ser trenzadas, de forma que sea hombre-mujer-hombre o mujer-hombre-mujer.

En este particular, en ASOJOD consideramos que tal exigencia es absurda. No porque denigremos a las mujeres o porque creamos que no tienen capacidad para asumir puestos de elección popular, sino que nos resulta indiferente el género de los candidatos, pues estos deberían ser escogidos por sus capacidades y no simplemente por su condición de hombre o mujer. Lamentablemente, y esta es una conclusión que podrán apoyar muchos que hayan participado en procesos electorales con algún partido político, la gran mayoría de las candidaturas está ocupada por personas sin el más mínimo conocimiento y capacidad para desempeñarse en los puestos si llegaren a ser electos, lo que redunda en la mala gestión de los distintos órganos colegiados o unipersonales que tienen poder de decisión pública. Pero, como también lo confirmarán los participantes en los procesos, la obligatoriedad de tener un porcentaje de representantes por su condición particular, se ha prestado para que se consiga gente para "llenar campos" y cumplir el requisito.

Se puede entender que este esfuerzo plasmado en el Código Electoral está basado en buenas intenciones, pero al final, termina por lograr lo contrario. En lugar de asegurar la participación real de las mujeres, obliga a los partidos a cumplir un requisito para lo cual se valen de la primera mujer que logren conseguir y no necesariamente de la mejor de sus posibles partidarias. Así, el criterio de elección es el género y no su capacidad, por lo que se desvaloriza a la misma mujer en tanto se le permite participar por una mera cuestión biológica y sexual. En ese sentido, cuando una mujer llega a un puesto sólo por ser mujer, y no por sus capacidades, y comete errores como resultado de una mala formación para desempeñar el puesto, inmediatamente algunos machistas pretenderán generalizar el fallo como algo propio de toda mujer, creando más problemas de los que buscaba resolver.

Por eso es que en repetidas ocasiones, en ASOJOD hemos criticado la tendencia de nuestros políticos a creer que el texto de una ley resolverá todos los problemas y que, a pesar de basar sus esfuerzos en buenas intenciones, pocas veces contemplan las consecuencias de sus actos. A lo que expusimos en el párrafo anterior hay que añadir que si se le da participación a las personas tan sólo por su condición, entonces esto nos llevaría a una espiral interminable: habrá que asegurar un porcentaje de participación política dentro de los partidos a los discapacitados, a los jóvenes, a los adultos mayores, a los negros, a los asiáticos, a los homosexuales, a los ateos, a los creyentes, a los agnósticos, entre otros, con lo cual nunca terminaríamos.

Como defensores de la libertad de asociación, creemos que las personas tienen derecho a unirse cuando y con quien quiéran, en las condiciones que ellos decidan. Siendo así, como resultado de esa libertad, los individuos deberían poder conformar partidos políticos como lo deseen: sólo hombres, sólo mujeres, sólo adultos mayores o mezclando a los diferentes grupos en las proporciones que ellos mismos -y no el Estado- definan. Al fin y al cabo, la función principal de un partido político es representar al ciudadano en los órganos de toma de decisión política, lo cual implica que es el elector el que decide cuál de los partidos lo representa según sus intereses, valores, proyectos, etc. y estos, a su vez, buscan satisfacer las demandas de aquel.

Siendo así, apoyamos la idea de que los partidos se conformen como los mismos partidarios lo decidan y que la gente sea electa por sus capacidades, habilidades y trabajo, mas no simple y llanamente por su condición de género, etárea, física, etc. pues este tipo de legislación que busca crear cuotas no sólo termina generando más problemas que los que trata de resolver, sino que limita la libertad individual para asociarse en partidos políticos bajo los parámetros que los integrantes deseen y se entromete en una valoración que le corresponde sólo al individuo.

viernes, 26 de junio de 2009

Viernes recomendación: La epistemología de Mises


Este día les ofrecemos un artículo por Edwin Zwrin, titulado: "Ludwig von Mises on the epistemological foundations of the social science reconstructed". En el ensayo se explican las principales ides epistemológicas del profesor austriaco así como sus implicaciones.

jueves, 25 de junio de 2009

¡Que paguen los irresponsables!



En este video el periodista de la ABC John Stossel, cuestiona el hecho de que se utilicen fondos públicos para rescatar a aquellas personas que se auto-exponen a una situación de riesgo. El mismo argumento es aplicable mutatis mutandis a quienes se accidentan estando ebrios, o a los delincuentes que reciben salud pública después de salir heridos en un intento de asalto frustrado. Tanta chabacanería no debería ser subsidiada.

miércoles, 24 de junio de 2009

¡Apertura!


¡Finalmente tenemos apertura en el mercado de las telecomunicaciones! La SUTEL autorizó a 6 empresas para que presten servicios de internet y de telefonía por IP. Esperamos ansiosos que este proceso de apertura culmine y seamos los consumidores quienes decidamos con quien desearmos contratar nuestros servicios de telecomunicaciones y seguros.

martes, 23 de junio de 2009

De acuerdo, ¡pero negociemos todo el precio!

El día de ayer, el diario La Nación publicó una noticia que revela que los taxistas están pidiéndole a sus usuarios pagar el monto del peaje. Aunque el precio del servicio de taxi es fijado por la ARESEP, los taxistas argumentan que "se puede negociar con el cliente para que -dependiendo del trayecto- este pague un porcentaje de ¢310".

Por supuesto, en ASOJOD estamos de acuerdo con esta posibilidad, pero ¡que se pueda negociar todo el precio! No se vale pedir que se negocie el pago del precio del peaje y se mantenga regulado el precio del servicio de taxi.

En Guardia


Voy a rebatir la parodia de Alf Giebler, publicada en La Nación el pasado jueves bajo el título “¡Qué rico el caos vial!” Mi respuesta es: Se abrió para darle rico.

Dice que el próximo paso de quienes adversamos la restricción vehicular sería “plantear otro recurso para eliminar señales de alto, semáforos y restricciones de velocidad.” No sé si peca de ingenuo o ignorante. Yo soy liberal, no estúpido. Sé muy bien que todo derecho nace con limitaciones (soy abogado), pero sé también que en la jerarquía de las normas la Constitución prima sobre los decretos ejecutivos y no es válido restringir libertades ni imponer sanciones por decreto. ¡Elemental, mi querido Giebler!

El Mopt restringió la circulación sin fundamento e impuso multas sin tener facultades para ello. Y, claro, la Sala IV lo frenó. Empero, dice Alf que los magistrados “se pasaron”. Alf. ¡Oh Alf! Yo le pregunto: ¿Se pasaron de listos, ignorantes, o insinúa que prevaricaron para defender intereses privados? Yo, en cambio, pienso que actuaron bien al juzgar la constitucionalidad del decreto. Permitir al Ejecutivo gobernar por decreto ignorando las garantías es muy peligroso. Solo cabe en regímenes totalitarios.

Luego dice que “no pensamos en el prójimo, la colaboración y disciplina vial”. De nuevo, se resbala. Sí pensamos en el prójimo, pero lo hacemos inteligentemente. Prójimos son los 4,5 millones que vivimos en Costa Rica y merecemos una solución más eficaz. Insistir en nuestra maldad “por pretender que el Gobierno debe resolver, sin ayuda nuestra, el problema” revela una pobre visión de Estado. Los problemas no se resuelvan por colaboración espontánea. Al Estado le corresponde construir puentes y carreteras. Para eso pagamos tasas e impuestos. Esa es nuestra colaboración. Y si no hay recursos suficientes para un plan vial, puede ajustar impuestos o contratar empréstitos y cumplir su deber. Eximirlo de responsabilidad y permitirle escapar ileso es inaceptable.

Finalmente, arguye que no me da la mente para contar placas y calcular los vehículos fuera de circulación. Bueno… Pero yo no me refería a un cálculo tan simplón. Estudios realizados en el exterior demuestran que las restricciones se evaden a largo plazo pues la gente se acomoda, circula por vías aledañas, o adquiere otro vehículo. La Defensoría demostró que en este corto tiempo las presas se habían desplazado a caminos y calles aledañas para evadir la restricción. Ahora volvieron al centro de la capital. Si se restaura la prohibición se haría nugatoria a largo plazo, el Gobierno continuaría evadiendo sus deberes, y habríamos sacrificado una libertad fundamental.

Jorge Guardia

En Vela


En una entrevista amplia e inteligente del periodista Ronny Rojas, de La Nación , ayer, el secretario general del sindicato de Japdeva, Ronald Blear Blear, habló como sindicalista imbuido de ideología y como demócrata costarricense. El saldo es muy positivo para el país.

La combinación de ambos tipos de respuesta nos indican cuán ajenos están de la realidad nacional y del mundo aquellos diputados que promueven algunas reformas del Código Laboral, al conjuro de una campaña internacional sindicalista desesperada. Pésima carta de presentación, en la próxima campaña política, para los partidos democráticos que respaldan estas reformas. En vez de prohijar un cambio radical en el vetusto sindicalismo nacional, quieren arraigar un cacicazgo sindical personalista y mediocre.

Dejemos de lado, pues, la retórica cansina y previsible de Blear, tan grata a la galería de los fracasados y estériles patriotas de la política nacional, y a un simpático expresidente ejecutivo de Japdeva, y reparemos en dos declaraciones: “Lo que decidan los trabajadores yo voy a respetarlo. Yo no puedo oponerme a la voluntad de la mayoría, si deciden votar en secreto... Nosotros ya accedimos una vez a la petición del gobierno de convocar. Eso no es un juego, no podemos caer en charlatanerías”. Recordemos que una votación democrática secreta en la finca bananera El Carmen, en Limón, reducto sindical extremista, hace más de 20 años, fue la que permitió el triunfo del solidarismo y el arraigo de la paz social.

Estas declaraciones entrañan un cambio profundo en el historial del sindicalismo: por una parte, proclaman la vía democrática genuina como la instancia superior del movimiento sindicalista, en contra del cacicazgo, de la cooptación programada, en beneficio de unos pocos privilegiados, señores supremos de su feudo sindical, y, por la otra, abren las puertas a una transformación portuaria profunda que, de la mano del proyecto de renovación de Limón, firmado recientemente, representa, por primera vez, un cambio económico y social liberador en esta provincia, tras décadas de subdesarrollo, abandono y temor.

Esta nueva visión de Limón debe armonizarse con un plan integral en el campo de la seguridad ciudadana y de la lucha contra el narcotráfico, lo cual comprende un cambio interno profundo en el propio Ministerio de Seguridad Pública, un observador, hasta ahora, de lo que está pasando en esa provincia. Sin este cambio de mentalidad y de estrategia en Limón, cristalizado en hechos, el gran esfuerzo económico, social y portuario indicado puede venir a menos y hasta fracasar. Estamos notificados.

Julio Rodríguez

lunes, 22 de junio de 2009

Tema polémico: Alfabetismo científico y pensamiento crítico


Este día en ASOJOD quisiéramos referirnos a un tema de mayor importancia para analizar el nivel cultural que tienen en promedio los ciudadanos de un país: este es el de alfabetismo científico.

Generalmente en las sociedades occidentales y cada vez más en las sociedades orientales, a medida que se “occidentalizan”, la ciencia es valorada positivamente por el público en general. Claro está, cuando uno ahonda en la reacción del público hacia la ciencia, se percata de que en realidad lo valorado es la tecnología, puesto que esta última se entiende como un medio para facilitar la vida, y en ese tanto la ciencia es valorada positivamente, es decir, en cuanto medio para alcanzar tecnología.

Así, esta falta de interés por la ciencia más allá de sus beneficios prácticos hace que la persona promedio se interese poco por el método de la ciencia o por las discusiones más acaloradas en los círculos académicos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales, ya sea porque se considera el tema ajeno a la vida cotidiana o porque el conocimiento de estos implicaría un costo de oportunidad muy alto para muchos. Así, aunque el conocimiento científico ha aumentado mucho en los últimos siglos, el conocimiento mínimo que maneja una persona en temas de ciencia no lo hace al mismo ritmo, por lo que muchas veces puede tener una visión de mundo que está “desfasada” por varios siglos.

Para dar un ejemplo, Ignacio Cabral menciona que:

“A principios de 1999 se aplicó una encuesta en el Distrito Federal (Barot y de la Peña, 2000) en la que se indagó tanto acerca de los conocimientos científicos y la confianza de la gente en la ciencia, como de sus creencias pseudocientíficas, religiosas y ocultistas. Se entrevistaron a 664 personas entre 16 y 65 años de edad en lugares públicos. Según las respuestas, en la Ciudad de México, 77% de la gente cree en la astrologíaa, 24.5% cree en la existencia de vampiros, 38% en la existencia de brujas y sólo 7% en la existencia del “chupacabras”. Otros resultados interesantes fueron: el 57.2% supo que las plantas de la Tierra evolucionaron y el 53.9% sabía que la Tierra tarda un año en dar la vuelta al Sol; sólo el 48% dijo que la temperatura del cuerpo humano varía entre 36 y 37 grados Celsius; el 43.2% cree que las fotografías de ovnis son auténticas y no fotomontajes, y el 63.9% de los entrevistados cree que es posible sentir los campos de energía de la Tierra. Para finalizar, la encuesta reveló que el 77.3% cree que el Zodiaco tiene una relación directa con las dificultades de la vida.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).

Ahora bien, podría ser posible creer que este fenómeno de alfabetismo científico es parte de una carencia en una educación de calidad como lo podría ser en un país más pobre como México si se lo compara con los Estados Unidos, sin embargo, Ignacio Cabral menciona nuevamente que:
“En una encuesta realizada en los Estados Unidos por la National Science Foundations, el 50% de los adultos desconocía que la Tierra girase alrededor del sol y que tardara un año en hacerlo; el 21% puede definir el ADN; sólo el 9% puede definir lo que es una mólecula; el 63% ignoraba que los dinosaurios se extinguieron antes de la aparición del hombre, y el 75% no sabía que los antibióticos sólo matan a las bacterias y no a los virus y 25 millones de norteamericanos no pueden localizar los Estados Unidos en un mapa del mundo.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).

Así, a pesar de que Estados Unidos posee el mayor nivel de producción intelectual a nivel mundial, esta “clase social” que posee un grado de alfabetismo científico decente no ha sido capaz de permear sus intereses al resto de miembros de la sociedad, sea porque no les interesa a ellos o porque existe una dificultad en la adquisición del razonamiento científico, debido a las destrezas mentales que hay que adquirir (por ejemplo, el repudio hacia las matemáticas por parte de la mayoría de la población contribuye a malentendidos y a distanciamientos entre distintos gremios que dificultan conocer gran parte de las ciencias naturales. A su vez, la falta de un desarrollo de pensamiento verbal le dificulta a muchas personas la lectura de la filosofía o de la expresión de sus ideas propias en general).

Con estos ejemplos esperamos haber señalado que la corriente anti-cientificista es bastante preocupante por cuanto es inocente creer (como Ortega y Gasset lo señalaba) que la técnica puede sobrevivir sin la ciencia: es decir, quien desee seguir viviendo de los productos científicos-tecnológicos debe formarse un interés real por estudiar los problemas científicos, de lo contrario será una de esas personas en transformarse en una de esas cifras preocupantes de analfabetismo científico. Además, la formación científica es positiva ella misma por cuanto genera una actitud crítica para analizar los problemas del mundo, por lo que la ciencia (tanto sociales como naturales) no se limitan únicamente a mejorar las condiciones materiales de las personas, sino que a integrar los conocimientos adquiridos a través de siglos en un todo coherente y el no querer formar parte de esa búsqueda humana implica poco interés personal por el superamiento intelectual de uno mismo.

sábado, 20 de junio de 2009

Maestro del racionalismo liberal


En un siglo que, como el XX, padeció los peores embates del pensamiento determinista, con sus secuelas de totalitarismo, intransigencia y subordinación individual a las “corrientes inevitables” de la historia, Isaiah Berlin fue un implacable destructor de falacias y un persuasivo tribuno de la libertad.

Lo hizo desde el racionalismo crítico, mediante agudos análisis de las ideas en los que destacaron la solidez de sus reflexiones, la fluida transparencia de su estilo y un riguroso apego a la honestidad intelectual.

El 6 de junio se cumplieron cien años de su nacimiento en Riga, capital de Letonia, en el seno de un matrimonio judío que se vio forzado a huir del país tras la Revolución Soviética.

A partir de entonces, la familia se estableció en Gran Bretaña, donde Berlin desarrolló una creciente y distinguida carrera académica desde sus cátedras en Oxford.

Murió en un hospital londinense el 5 de noviembre de 1997. De él dijo su colega William Waldegrave:

“Si me hubieran pedido que les mostrara a lo que me refiero por el ideal de lo inglés, les habría llevado a ver una mezcla de todas las culturas de Europa: letona, judía, alemana, italiana. Les habría llevado a ver a Isaiah Berlin”.

Lucidez reflexiva.- Agudo pensador, conversador insigne, melómano pertinaz y amigo de la correspondencia, no se consideró un filósofo político, sino un historiador del pensamiento, particularmente de los siglos XVIII y XIX.

Nunca publicó una obra estructurada sobre filosofía política general. Su lúcida reflexión sobre la libertad no partió de esquemas conceptuales totalizadores, ni pretendió sistematizar, bajo un solo arco, sus componentes, dinámicas y desafíos.

Al contrario, Berlin fue construyendo su corpus analítico y conceptual de manera progresiva y circular, mediante diversos trabajos sobre pensadores, circunstancias y conceptos específicos.

La mayoría de sus libros fueron recopilaciones de conferencias, discursos y ensayos. Pocos, como su excelente biografía sobre Carlos Marx, publicada en 1939, siguieron un solo hilo argumental.

Tal como escribe Patrick Gardiner en su introducción a El sentido de la realidad , si optamos por un abordaje superficial de la heterogénea y dispersa obra de Berlin, podremos suponer que su pensamiento discurre por corrientes separadas, sin conexión entre sí. Pero un examen más concienzudo y profundo revela “un intrincado patrón de ideas sutilmente interconectadas”.

Las libertades.- Uno de sus principales aportes intelectuales, componente esencial de ese “intrincado patrón”, es la distinción entre libertad negativa y libertad positiva.

Para Berlin, la libertad negativa es la ausencia de limitaciones o restricciones a los individuos. La positiva consiste en la realización de nuestros propósitos: la posibilidad de “hacer” y desarrollar nuestro potencial.

Puesto a escoger entre ambas, se inclina claramente por la primera. Parece una proposición modesta, pero encierra una aguda reflexión. La libertad negativa nos protege de imposiciones; así, se convierte en una suerte de seguro contra el despotismo. La positiva, en cambio, puede impulsarnos a ampliar los ámbitos de acción, pero a riesgo de que algunos, para “ayudarnos”, interfieran en nuestras vidas, o que nosotros interfiramos en las de otros.

Su argumentación más articulada al respecto se encuentra en Cuatro ensayos sobre la libertad , el libro que mejor resume su pensamiento, y donde también desarrolla el concepto de la libertad como un valor autónomo.

Para Berlin, “cada cosa es lo que es: libertad es libertad, no igualdad o equidad o justicia o cultura, o la alegría humana o una conciencia tranquila”. Y considera una “confusión de valores” suponer que, al limitar la libertad individual para impulsar otros fines, se incremente una libertad “social” o “económica”. Lo que ocurre, al contrario, es una pérdida neta de libertad.

Choque de valores.- Esto no quiere decir que rechace otros valores, porque Berlin, incluso, acepta la posibilidad de que, en ciertas ocasiones, “la libertad de alguien… pueda ser limitada” para asegurar la de otros. En tales casos, asistimos a un choque de principios, frente al cual “debe encontrarse un compromiso práctico” y justo.

Cómo abordar las frecuentes pugnas entre valores equivalentes, a las que nos enfrentamos los seres humanos y las sociedades, es otra constante de sus reflexiones, con profundas implicaciones éticas y políticas.

“Estamos condenados a escoger, y cada escogencia puede conducir a una pérdida irreparable”, escribe, porque “los fines de los hombres son muchos, y no todos ellos en principio compatibles”.

Frente a los recurrentes conflictos, Berlin considera que “lo mejor que puede hacerse, como una regla general, es mantener un precario equilibrio, que prevenga la ocurrencia de situaciones desesperadas, de escogencias intolerables”. Este es “el primer requisito para tener una sociedad decente”.

Resulta lógico suponer que una persona tan alerta del imperativo de escoger y conciliar entre objetivos o conceptos contrapuestos, rechace cualquier asomo de determinismo para explicar o guiar la historia y la conducta de las personas.

Berlin reconoce que “uno de los deseos humanos más profundos es encontrar un patrón unitario en el cual la totalidad de las experiencias, pasadas, presentes y futuras; actuales, posibles y no alcanzadas, sea ordenada simétricamente”.

Sin embargo, rechaza de plano tal pretensión. Porque, si suponemos que la historia y la gente están determinadas por poderosos factores incontrolables, ¿qué valor tiene la vida individual?; ¿no se justificaría, entonces, aniquilar, torturar o exiliar a quienes obstruyan tales “leyes” históricas? Las respuestas ya fueron dadas por Hitler, Mussolini, Lenin, Stalin, Castro o Pol Pot.

Berlin propone trascender aquello que pueda ser “abstraído y condensado” en leyes sociales deterministas. En su lugar, recomienda abordar la historia como “un retrato” lleno de matices y profundidad perceptiva, que transmita el carácter único de cada momento.

Juicio político.- Como resultado de este abordaje, afirma que el buen juicio de los políticos no se basa en conocer macroteorías ni “en preguntarse a sí mismos en qué sentido una situación dada se parece o no a otras en el largo curso de la historia”. Más bien, deben “apreciar la combinación única de características que constituyen esta situación particular: esta y no otra”, y actuar en consecuencia.

Gracias a su depurada visión de lo específico, a su sutil instrumental analítico y a su capacidad de referir los conceptos a vidas y experiencias, Berlin no es solo fuente de lucidez; también lo es de deleite. Su agudeza conduce a la empatía con los personajes que aborda. Pero como, en sus palabras, “entender no es aceptar”, el resultado, a menudo, es la crítica respetuosa y severa, de la que pasa a las síntesis conceptuales, fundamentos su sólido andamiaje intelectual.

A los cien años de su nacimiento, ¿cómo compararlo con otros grandes pensadores que, en el siglo XX, también impulsaron con vigor el pensamiento liberal, entre los que destacan luminarias como Karl Popper, John Rawls, Norberto Bobbio o Raymond Aron? Difícil decirlo. Pero es fácil imaginar que si, en un hipotético futuro, Berlin pudiera escribir sobre ellos, sus juicios serían los más justos de todos.

Eduardo Ulibarri

viernes, 19 de junio de 2009

Viernes de recomendación


Para este viernes de recomendación, en ASOJOD queremos ofrecerles un extraordinario ensayo de Ayn Rand titulado ¿Qué es el capitalismo?. En tiempos de crisis, cuando se ha gritado a los cuatro vientos que el "capitalismo" es el culpable de todos los males y que, por tanto, el Estado debe intervenir para salvar a la humanidad, este texto resulta una bocanada de aire fresco y una maravillosa explicación de en lo que realmente consiste este sistema económico: el único que reconoce la racionalidad y libertad del ser humano y que se estructura a partir de la actuación voluntaria de las personas para intercambiar valor por valor, destruyendo de manera definitiva toda la mitificación que existe en torno a él.

jueves, 18 de junio de 2009

Políticamente incorrecto



En este breve video, el controversial periodista John Stossel critica la legislación que protege a las mujeres embarazadas de ser despedidas de sus trabajos.

miércoles, 17 de junio de 2009

La nueva ofensiva contra la prensa


He aquí la amenaza más inmediata contra la democracia en las Américas: un movimiento sincronizado de varios presidentes autoritarios para silenciar a los medios de comunicación independientes en toda la región.

El presidente ecuatoriano Rafael Correa, un discípulo del presidente venezolano Hugo Chávez, dijo en días recientes que cuando asuma en julio la presidencia de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) propondrá la creación de un mecanismo regional para defender a los gobiernos contra las críticas de los medios de comunicación.

No estoy bromeando. En lo que se consideraría un disparate en cualquier democracia moderna del mundo, Correa dijo el 28 de mayo que propondrá ''la creación de instancias que defiendan a los ciudadanos y a los gobiernos legítimamente electos de los abusos de la prensa''. La propuesta fue inmediatamente respaldada por Venezuela y Bolivia, cuyos presidentes constantemente se refieren a cualquier crítica que les hace la prensa como ``terrorismo mediático''.

Lo que es peor, todo esto ocurre en el momento en el que Correa está usando artimañas administrativas para cerrar la estación televisiva Teleamazonas, y justo cuando Chávez ha ordenado públicamente a los ministros de su gabinete que cierren Globovisión, la emisora de televisión más independiente de Venezuela. Chávez ya cerró, en el 2007,RCTV, la emisora más antigua del país.

Durante su discurso radial semanal del 30 de mayo, Correa dijo que emprenderá acciones legales para ''acabar con la prensa corrupta'', o sea, la que no es de su agrado. Horas más tarde, el Consejo Nacional de Telecomunicaciones de Ecuador, CONARTEL, impuso una sanción de $20 a Teleamazonas por emitir imágenes de una corrida de toros en el horario de las 6 de la mañana a las 21 horas de la noche, en el que se prohíbe emitir corridas de toros.

Una segunda violación --por inocente que sea-- podría provocar la suspensión del canal durante 90 días, y una tercera, su cierre definitivo, según las leyes ecuatorianas.

En Venezuela, el 28 de mayo, Chávez le pidió a la fiscal general del país y al ministro de obras públicas que ''inicien acciones'' contra Globovisión, o renuncien a sus cargos. El gobierno de Chávez ha iniciado una investigación contra Globovisión por supuestamente ''incitar al pánico'', por haber informado antes que los medios oficiales el 4 de mayo sobre un terremoto que estaba sacudiendo a Caracas. Globovisión fue el primer medio en informar --correctamente-- que el terremoto era de una magnitud de 5.4.

Carlos Lauria, director para Latinoamérica del Comité Para la Protección de los Periodistas, de cuyo directorio soy miembro, me comentó que: ``Es insólito que en la reunión anual de la OEA el 2 de junio, se hayan pasado todo el tiempo hablando de la readmisión de Cuba, y nadie mencionó los ataques gubernamentales contra los medios que se están produciendo hoy en día en Venezuela, Ecuador y otros países''.

En una declaración conjunta de fines de mayo, los relatores especiales para la libertad de expresión de la OEA y las Naciones Unidas --que operan con cierta autonomía-- emitieron un comunicado expresando su ''preocupación'' por las declaraciones del gobierno venezolano que, según decían, ``generan una atmósfera de intimidación en la cual el derecho a la libertad de expresión se ve seriamente limitado''.

Cuando le pregunté su opinión sobre la reciente propuesta de Correa de crear un mecanismo regional para defender a los gobiernos de los medios independientes, la Relatora Especial de la OEA Catalina Botero me dijo: ``No conozco los detalles de la propuesta. Pero creo que lo más necesario sería fortalecer las instituciones que defienden la libertad de expresión contra los ataques de los gobiernos, y no al revés''.

Mi opinión: No podría estar más de acuerdo. Lo más desalentador de los recientes ataques contra la prensa no es que los presidentes narcisistas-leninistas de Ecuador y Venezuela intenten silenciar a los medios independientes --después de todo, necesitan acallar a sus críticos para poder perpetuarse en el poder-- sino que las principales democracias de la región no se hayan pronunciado al respecto.

Según la Carta Democrática de la OEA, los 34 países miembros de la organización tienen la ''obligación de promover y defender'' la democracia, incluyendo la libertad de prensa.

Sin embargo, ¿donde están las protestas oficiales por los recientes ataques a los medios a la región? No se escucha ni una palabra al respecto de los presidentes de los principales países democráticos, mientras avanzan estas propuestas de crear mecanismos legales para silenciar a los medios independientes, ni ante las amenazas contra Teleamazonas y Globovisión, para que no sigan la misma suerte de la venezolana RCTV hace dos años.

Si las democracias de la región siguen haciéndose las distraídas, estarán contribuyendo a la creencia de que los tratados interamericanos sobre la democracia y las libertades fundamentales son un chiste, y estarán cavando su propia fosa.

Andrés Oppenheimer

martes, 16 de junio de 2009

Discusiones sobre "justicia social"


En los últimos días, la prensa deportiva se ha deleitado con los sonados fichajes de Kaká y Cristiano Ronaldo por el Real Madrid, por los cuales el club español ha pagado la friolera de US$227 millones aproximadamente. Las críticas no han tardado en llegar contra estas operaciones: ya han salido diciendo que es injusto que se gaste tanto dinero en futbolistas y que con esos dólares podrían construirse miles de casas, alimentar y educar a millones de niños, emplear a miles de personas que han perdido su trabajo por la crisis financiera, etc. El eco de la "justicia social" ya resuena alrededor del mundo considerando injusto que se use el dinero en cosas que no son "políticamente correctas".

En ASOJOD hemos criticado en reiteradas ocasiones ese tipo de comentarios con tufo redistribucionista, que pretenden hacer creer que hay una estructura de valor universal, de forma tal que todos tengan que valorar las mismas situaciones de igual manera: ¿qué le importa a los demás cómo se gaste un dinero que no les pertenece? ¿Por qué se desea que las personas inviertan sus recursos en arreglo a fines y objetivos que no le son propios?

Estamos cansados de oir, una y otra vez, el argumento de las casas, niños e indigentes, porque él esconde la pretensión de que alguien sabe cómo los demás tienen que usar su dinero para la satisfacción de la entelequia del interés general. Este tipo de afirmaciones lo único que pretenden es que unos sean medios de otros para cumplir sus metas.

Defendemos que cada quién use su dinero para lo que mejor le parezca. En este caso concreto, los únicos que tienen derecho a reclamar por el uso de esos recursos son quienes los han otorgado: socios, patrocinadores, etc. De lo contrario, el resto de la gente no tiene "vela en el entierro" y por tanto, debería dedicarse a ver qué hace con sus propios recursos si tanto le preocupa la situación de pobreza de otras personas.

lunes, 15 de junio de 2009

Venezuela está sola

Aeropuerto de Caracas, Venezuela, 11 de Junio de 2009. Delante de mí camina una mujer blanca, de unos cincuenta años y de apariencia potentada. Se dirige a la clase business de Lufthansa. Al verla, un policía le exige el pasaporte. La mujer, que no había hecho o dicho nada, le dice que se espere un momento porque sus manos están ocupadas con maletas. El policía, contrariado ante la falta de sumisión de la señora, la detiene y le impide volar. Un ejemplo más de la arbitrariedad con la que las autoridades bolivarianas de Venezuela abusan del poder que les da el ex teniente coronel Hugo Chávez.

Después de un intento fallido de golpe de estado en Febrero de 1992, Chávez ganó unas elecciones democráticas en diciembre de 1998. Desde entonces, ha intentado imponer lo que llama “revolución bolivariana”, una revolución que, creo, se ha basado en cuatro ejes fundamentales. El primer eje es político: desde en 1999 Chávez ha ido sometiendo a los partidos políticos de la oposición a una campaña de hostigamiento, persecución y asfixia económica y mediática. El proceso culminó en las elecciones municipales de noviembre de 2008, cuando los opositores Antonio Ledezma y Manuel Rosales ganaron las alcaldías de Caracas y Maracaibo respectivamente. Lejos de aceptar los resultados democráticos, Chávez reescribió las leyes y creó un ente por encima de la alcaldía de Caracas desposeyendo al alcalde de todo poder efectivo hasta el punto que Antonio Ledezma no puede ejercer su cargo. El alcalde electo de Maracaibo, segunda ciudad más poblada de Venezuela, corrió peor suerte si cabe: ante las acusaciones de corrupción y la falta de garantías que le ofrecía un sistema judicial entregado al régimen, Manuel Rosales optó por exiliarse en Perú.

El segundo eje, el mediático-informativo, consiste en ir estrechando el nudo a la libertad de expresión. Ante las constantes amenazas de los “círculos bolivarianos de la verdad” la mayoría de los medios de comunicación han ido claudicando uno tras otro. En 2007 sólo quedaban Radio Caracas Televisión y Globovisión. El 27 de mayo de 2007 se produjo uno de los mayores atentados a la libertad de expresión que ha vivido América Latina en los últimos 30 años cuando Radio Caracas fue cerrada por expreso mandato presidencial y ante la pasividad de los tribunales de justicia y la opinión pública internacional. Y la semana pasada tuve la oportunidad de comprobar que Globovisión está a punto de seguir el mismo camino: la única cadena televisiva independiente que todavía se atreve a exponer a la luz pública los abusos y los fracasos del socialismo del siglo XXI se enfrenta a una desproporcionada multa de 2,5 millones de dólares cuyo impago la va a obligar a cerrar. El presidente del canal y magnate de la automoción, Guillermo Zuloaga, ha sido acusado de irregularidades en el almacenamiento de vehículos y “violación de las leyes medioambientales” por (por favor no se rían) poseer algún animal disecado en su mansión particular.

El tercer eje, el económico, es eso que Chávez llama el “socialismo del siglo XXI” y al parecer consiste en ahogar la economía a través de la persecución de empresarial: los propietarios de negocios son sistemáticamente amenazados y vilipendiados por unas autoridades que no dudan en expropiar las fábricas de quien no se somete. Venezuela ha caído hasta las últimas posiciones del mundo en los rankings internacionales de competitividad, calidad institucional, infraestructuras, libertades, eficiencia empresarial, sanidad y educación. Docenas de entidades reguladoras impiden que las empresas operen y compitan en un entorno internacional. La arbitrariedad y el abuso de poder que demostró el policía del aeropuerto no hacen más que fomentar la corrupción rampante de un sector público ineficiente y voraz. Los industriales se levantan cada día con la espada de Democles de la nacionalización, sabiendo que el sistema judicial no les va a proteger de los abusos del tirano. En 1999 había 14000 empresas en Venezuela. Hoy solo quedan 8000. Los alimentos escasean. Los índices de pobreza se disparan. Los jóvenes más preparados han huido o están huyendo del país en busca de la libertad, la ilusión y las oportunidades que la revolución bolivariana les niega. El socialismo del siglo XXI está conllevando el mismo fiasco económico, la misma miseria, la misma falta de libertad, la misma corrupción rampante y la misma pobreza que el socialismo del siglo XX. Porque el socialismo que ya fracasó en Europa del Este, en China, en la Unión Soviética, en Corea del Norte o Cuba es una ideología que no funciona y que no va a funcionar por más que Chávez utilice la factura del petróleo para camuflar sus catastróficas consecuencias.

Y claro, ante ese evidente fracaso, el descontento de la ciudadanía es cada vez mayor. Pero, con el sistema político secuestrado, la libertad informativa exterminada y el poder económico sometido, esa insatisfacción popular no sale a la luz pública. Sólo queda la presión internacional y eso es lo que mantiene vivo a Chávez porque los Estados Unidos están demasiado preocupados buscando terroristas en oriente medio y los europeos seguimos enamorados de cualquier payaso que tenga un discurso antiamericano. Y ese es el cuarto eje de la revolución bolivariana: una política exterior con marcado discurso antiamericano. Es la manera de comprar la opinión pública de la IPPE (Internacional Papanatas Progresista Europea, Barbeta dixit). Venezuela está mal. Y lo que es peor: Venezuela está sola.

Xavier Sala-i-Martin

Tema polémico: la política y la religión


A pesar de que en la historia costarricense siempre se ha dicho que las últimas dos décadas del siglo XIX marcaron la separación definitiva de la Iglesia y el Estado y que tanto nuestra Constitución Política como el Código Electoral establecen que los candidatos a puestos de elección deben pertenecer al estado seglar, lo cierto es que el sistema político costarricense está tremendamente marcado por el componente religioso y no sólo por la declaración de confesionalidad contenida en el numeral 75 del Texto Fundamental.

En ese sentido, resulta evidente para cualquier persona que el factor religioso es un elemento influyente en las campañas políticas, en tanto muchos de los partidos han aprovechado, en gran cantidad de oportunidades, la argumentación irracional para llamar al elector,. Ejemplos abundan; para citar unos cuantos, c0mo la campaña política de 1962, donde Calderón Guardia, a la sazón candidato a la presidencia por el PartidoRepublicano, utilizaba el lema de campaña “Calderón Guardia, presidente Católico” y citaba frases de Pio XII. Más adelante, en 1966, el entonces candidato del PLN, Daniel Oduber (que también había sido embajador ante la santa sede), se promocionaba como “el buen amigo del Eco Católico y de la iglesia católica”, a la vez que resaltaba la condecoración de la gran cruz de la orden Piana recibida de manos del santo padre.

Ya para 1974 la iglesia católica había notado que ejercía tal influencia sobre el electorado costarricense y los partidos políticos, por lo que se animó a emitir un comunicado en medio de la campaña titulado “Mensaje” en el cual 17 sacerdotes señalaban los peligros del comunismo en la política nacional". El mismo día apareció en el periódico La Nación una nota en la que los obispos decían que, “el cristiano no puede aceptar esa ideología (marxista) sin contradecir su fe”. Fruto de este mensaje se suscitó una controversia entre líderes de izquierda y miembros del clero en la que se recordaron los planteamientos de Mons. Víctor Manuel Sanabria. Este “mensaje” marcaría la campaña, al punto que el lema del entonces Partido Demócrata era “Ni con la izquierda ni con la derecha, con Dios, con la justicia y el deber de los ticos”. En 1978 la iglesia reiteró este pronunciamiento. Más recientemente, en 1994, el obispo de San José tuvo que reiterar que el entonces candidato del PLN, José Maria Figueres, había sido bautizado bajo la iglesia católica ante los cuestionamientos que surgían en cuanto a su credo religioso,; nclusive se dice que Figueres se habría “convertido” al catolicismo de cara a las elecciones.

En Fin, ejemplos sobran para demostrar como la religión se ha entronizado en la vida política del país, sobre todo en la faceta de las campañas políticas. Las razones que explican este fenómeno son múltiples, sin embargo nada justifica que los partidos apelen al sentido religioso y, mucho menos, que el Estado costarricense mantenga su confesionalidad.

Primeramente, es inadmisible que el Estado, con una población pluralista, mantenga un credo oficial y, peor aún, que lo financie. El dinero de los ateos, judíos, cristianos, musulmanes, taoístas, etc. es usado para que la iglesia católica pueda actuar a costa de otros. Si alguien quiere financiar a su congregación, por el motivo que sea, que lo haga, pero que no obligue a quienes no participan de él, a dar parte de sus recursos.

En segundo lugar, apelar a un sinsentido como la religión y la creencia de dios para ganar elecciones es una vulgaridad. Es pretender que la realidad física no está sometida a la acción humana, sino simplemente al capricho de una entidad metafísica que, por puro antojo, designa ganador al candidato que más "almas" reune. No se apela a propuestas, a ideas y a programas de Gobierno, sino que se apuesta por quien más veces invoque a un dios para justificar sus tonterías. Esto explica, en buena parte, por qué nuestro país anda tan mal.

viernes, 12 de junio de 2009

Restricción vehicular es declarada inconstitucional

El día de hoy, a las 9:05 am, la Sala Constitucional emitió la sentencia No. 2009-9199, en donde declaró inconstitucionales los decretos que establecieron la restricción vehicular en San José. En ASOJOD hemos denunciado este tema en varias ocasiones como una medida arbitraria e irrazonable, violatoria de la liberta de tránsito, por lo que nos complace que la Sala haya tomado esta postura.

La libertad de tránsito es un derecho fundamental que no puede ser objeto de regulación por decreto. Falta esperar la redacción de la sentencia para evaluar los motivos que llevaron a la Sala a tomar esta decisión.

Viernes de Recomendación

En este artículo Jacco Seumeren analiza las principales características del orden espontáneo en el pensamiento de Friedrich Hayek. 

miércoles, 10 de junio de 2009

Relación entre ciencia y sociedad



En esta charla varios de los científicos actuales más importantes discuten sobre la relación entre la ciencia y la sociedad.

martes, 9 de junio de 2009

Proyecto abusivo de libertad sindical


En la Asamblea Legislativa, dentro del expediente N.° 13.475, se tramita un abusivo y contraproducente proyecto de ley para incrementar los poderes, prerrogativas y privilegios de las organizaciones sindicales en Costa Rica. Debe ser rechazado por las razones que en adelante se expondrán.

En primer término, el proyecto de ley (artículos 367 bis y 368) roza con la libertad empresarial garantizada por la Constitución Política de organizar la empresa conforme a las mejores prácticas económicas y financieras en un régimen de libre competencia. Más concretamente, viola la libertad de despido del empleador, con justa causa o sin ella, independientemente del pago de prestaciones conforme a la ley. El proyecto, de ser aprobado, impediría a los patronos prescindir de los servicios de los trabajadores sindicalizados, que resultarían prácticamente intocables, aun pagando las prestaciones correspondientes, aunque la empresa atravesara vicisitudes económicas y financieras que la obligaran a tomar tal determinación.

Ninguna empresa, grande o pequeña, debe ser obligada a mantener inalterada su planilla y seguir pagando las correspondientes cargas sociales, por el divorcio que podría existir entre costos e ingresos. Eso le impondría una seria carga financiera que podría dar al traste con la empresa y eliminar las restantes fuentes de trabajo, que quedarían cesantes. Y, si algunas empresas pudieran trasladar las cargas como parte del precio de venta –lo cual sería muy difícil en tiempos de crisis–, sería injusto con los consumidores, sobre todo los más pobres. Una imposición de tal naturaleza sería contraria a la recuperación económica por la que tanto han abogado el Gobierno, los patronos y los mismos trabajadores. Un ejemplo típico de cómo las imposiciones sindicales y la falta de flexibilidad laboral afectan a las empresas en medio de la crisis es la quiebra de la General Motors en los EE. UU., con un costo fiscal excesivo para los contribuyentes. El Gobierno terminó siendo propietario de un elevado porcentaje de las acciones de la empresa, alrededor de un 70%, una nacionalización que no queremos ni podemos financiar en Costa Rica.

En segundo lugar, el proyecto roza con la Constitución Política al exigir que los sindicatos participen oficialmente en “la formulación, proposición y aplicación de políticas socioeconómicas y para participar en la economía en general”, a pesar de que el artículo 60 de la Carta Magna restringe la participación en sindicatos tanto de patronos como de trabajadores “con el fin exclusivo de obtener y conservar beneficios económicos, sociales o profesionales”. El proyecto amplía el ámbito de los sindicatos más allá de lo permitido constitucionalmente. Nunca ha sido buena práctica para los intereses del país permitir que las decisiones económicas ni los beneficios sociales sean tomados por los interesados, ya sea patrones o trabajadores, por el evidente conflicto de intereses involucrado, máxime en un período preelectoral, como este.

De manera similar, el proyecto contempla que, en el caso de conflictos individuales o colectivos de carácter económico-social, sean los sindicatos –es decir, sus argollas directivas– los que tengan la representación legal. Eso no es necesario, pues el Código de Trabajo actual, en su artículo 507, ya contempla la posibilidad de nombrar delegaciones de dos o tres miembros con poderes suficientes para actuar. Evidentemente, los dirigentes sindicales pretenden asumir personalmente esos poderes y forzar así la filiación de los demás trabajadores a los sindicatos, pues los trabajadores no sindicalizados carecerían de la respectiva representación ante conflictos de esa naturaleza. Asimismo, el proyecto le confiere a los sindicatos la potestad de realizar toda clase de actividades financieras de ahorro, crédito e inversión, lo cual va más allá de los fines propiamente dichos de la sindicalización, y sin someterse a la regulación vigente en esos campos.

Por todas las razones expuestas, y otras que por razones de espacio no hemos podido enumerar, el proyecto debe ser rechazado. No hace falta legislar en un campo suficiente y adecuadamente regulado, máxime en un período como el actual, cuando el desempleo peligra por la recesión y la inflexibilidad laboral, no por la insuficiencia de leyes sindicales.

Julio Rodríguez

lunes, 8 de junio de 2009

Tema polémico: desigualdad y pobreza


Tanto en los debates de precandidatos del Partido Acción Ciudadana como del Partido Liberación Nacional, hubo un tema que estuvo siempre presente: el “problema” de la desigualdad. En general, es común que se hagan afirmaciones como “la brecha social crece cada día más” con tono preocupante y otras por el estilo. En clases universitarias, artículos periodísticos, e incluso en informes especializados como el Estado de la Nación, el tema de la desigualdad tiene un lugar prominente entre los problemas que hay que resolver.

Por eso, en ASOJOD hemos decidido discutir este “problema” desde varios ángulos: en primer lugar, veremos las razones que aparentemente motivan a los varios actores a considerar la desigualdad como un problema. En segundo lugar, intentaremos refutar estas argumentaciones. Finalmente, explicaremos las razones por las que nos parece que la desigualdad no es un problema, sino una mera consecuencia natural.

En relación con el primer punto, nos parece que la desigualdad es considerada un problema por dos razones, la primera de ella por ignorancia pura y simple. Por ejemplo, si uno discute con ciertas personas que afirman que la desigualdad es indeseable, veremos que en realidad de lo que hablan es de pobreza; confundir desigualdad con pobreza es algo sorprendentemente común, lo cual demuestra una falta de claridad conceptual de parte de quien lo dice. La desigualdad se refiere a la manera en que la riqueza está distribuida en términos relativos. Por lo tanto, afirmar que una sociedad es desigual implica reconocer que unas personas tienen relativamente más que otros. Nótese que para hablar de desigualdad, siempre es necesario contemplar al menos a dos sujetos para enfrentarlos y obtener la conclusión.

Mientras tanto, la pobreza es una categoría que se relaciona con el nivel de ingreso pero que no necesariamente necesita la metodología comparativa para determinarse sino que, en nuestra opinión, es una definición de necesidades y carencias que un individuo tiene en un momento específico. En este sentido, consideramos que es inoperante medir el nivel de pobreza en función de una comparación entre individuos pues, siendo esta un conjunto de carencias, sólo cada individuo puede conocer qué le hace falta.

La segunda razón por la que nos parece que la desigualdad es vista con desdén es la adhesión a una ideología particular o a un ideal de justicia tal que busque que todos tengan un nivel más o menos igual de riqueza. Uno de los problemas más graves de esta visión es que implica que haya alguien, un “distribuidor” que definirá cuándo se logra y cómo se debe lograr esta distribución igualitaria. Friedrich Hayek explica en su obra Derecho, Legislación y Libertad que se podría naturalmente partir de este punto si la distribución de la riqueza fuera hecha de manera deliberada por alguien. Lo cierto es que este tipo de planificación no es posible como bien explicó Ludwig von Mises en su artículo “El Cálculo Económico en la Comunidad Socialista”.

El mismo problema surge cuando se trata de pobreza: siendo que, a nivel académico, se le mide en función del ingreso, afirmar que una persona es pobre porque recibe menos de $1 o $2 diarios y esto le impide satisfacer ciertas necesidades, implica tanto que alguien conoce las necesidades de esa persona, el costo en que debe incurrir para satisfacerlas y la naturaleza y frecuencia con que deben ser satisfechas. En otras palabras, requiere a un burócrata que sepa, independientemente de las circunstancias individuales, qué y cuánto necesita una persona para poder vivir tranquilamente.

En ASOJOD somos del criterio que la desigualdad, más que ser un problema, es una consecuencia natural, la cual es simplemente reflejada por la economía de mercado. Un orden cataláctico, como el mercado, emite que los individuos tengan jerarquías de valor propias. Estas valoraciones, además de ser individuales, cambian de manera constante. Por esta razón, no tiene sentido ni es posible, intentar definir escalas de valores comunes. Al tener escalas de valores distintas, los distintos individuos toman decisiones que subjetivamente consideran mejores para mejorar su situación. Estas distintas escogencias necesariamente causan desigualdad de riqueza material.

De este modo, la desigualdad viene a ser una consecuencia de las transacciones libres y voluntarias de los distintos individuos. Quienes tiene más no lo consiguen costa de quienes tienen menos, como erróneamente pretenden hacernos creer los colectivistas, sino que lo logrado es producto de cientos de circunstancias diferentes como lo son mayor productividad, mayor eficiencia, mayor capacidad para satisfacer las necesidades de consumo de otros individuos, diferente estilo de vida, diferente experiencia de vida, etc.

Exigir la reducción de esa desigualdad, requiere interferir en las decisiones voluntarias de los individuos, implica que un tercero imponga una escala de valores específica a los demás, lo cual, a su vez, resulta en una necesaria violación a la libertad y a la propiedad. Porque para reducir la brecha de desigualdad, hay que quitarle a unos para darle a otros y en mayor o menor magnitud, cuando este hecho se ha presentado en los distintos experimentos políticos que se han realizado hasta el momento, el resultado siempre ha sido el mismo: fracaso, inmoralidad, mediocridad, corrupción, violencia, esclavitud.

A lo mismo llevan los intentos por reducir la pobreza. El político o el burócrata simplemente determinan que alguien es pobre y por tanto, desarrollan programas para "mejorar su situación". Pero para hacerlo, aplican la misma fórmula: deben robarle a unos (impuestos) para darle a otros (subsidios), consiguiendo los mismos resultados antes mencionados.

Nosotros creemos que si bien la pobreza existe, esta sólo la puede determinar cada individuo en función del conocimiento que tiene sobre su situación particular. Y para resolver su problemática, defendemos esfuerzos no gubernamentales sino individuales: que cada quién aplique su libertad y sus posibilidades para desarrollar emprendimientos con los que pueda mejorar su condición de vida.

sábado, 6 de junio de 2009

La OEA y Cuba: La batalla recién comienza


La histórica decisión de los 34 países que integran la Organización de los Estados Americanos (OEA) de levantar la suspensión de 1962 a Cuba fue la parte fácil. Ahora viene el verdadero reto: hacer que la OEA le exija a la dictadura de Cuba que respete las cláusulas de democracia de la organización para que la isla se pueda reintegrar a la institución.

Eso no se resolverá a corto plazo, y ustedes y yo lo sabemos.

A menos que el régimen militar de Cuba decida permitir que se celebren elecciones libres, o que el gobierno de Obama decida olvidarse de sus promesas de luchar por la democracia en las Américas, la decisión de la OEA el miércoles en su Asamblea General no hizo mas que posponer el debate sobre la readmisión de Cuba a la organización.

Según el acuerdo de consenso que fue aplaudido por todos los países miembros --entre ellos Estados Unidos-- como un logro ''histórico'', la OEA levantó la suspensión de cuatro décadas contra Cuba, y comenzó un proceso para invitar a Cuba a reintegrarse al grupo sobre la base de las ''prácticas, propósitos y principios'' de la entidad.

Aunque la decisión del miércoles fue una victoria propagandística para Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros países admiradores del régimen militar cubano, y aunque el gobierno del presidente Obama hizo bastantes concesiones en sus esfuerzos iniciales para establecer condiciones al levantamiento de la suspensión, el resultado final de la reunión de la OEA dependerá de cómo se interprete la resolución final adoptada.

Según un comunicado de prensa de la OEA, la resolución final --además de acordar el levantamiento de la suspensión a Cuba-- establece que ``la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, propósitos y principios de la OEA''.

Según funcionarios de Estados Unidos, esto significa que para que Cuba pueda volver a ser un miembro pleno de la OEA, tendrá que acogerse a la Carta Democrática, que exige que los Estados miembros se guíen por los ``elementos esenciales de la democracia representativa''.

La Carta de la OEA es muy específica. El Artículo 3 expresa que estos ''elementos esenciales'' incluyen ''el respecto a los derechos humanos'', realizar ''elecciones periódicas, libres, justas y secretas'', así como tener un ``sistema pluralista de partidos políticos''.

El presidente de Cuba, el general Raúl Castro, y su hermano Fidel, que todavía tiene un gran poder en la isla, han dicho repetidamente que no permitirán partidos políticos, elecciones libres, ni libertad de expresión. Para protegerse de presiones democráticas, los generales cubanos han dicho que no quieren pertenecer a la OEA, alegando que la institución es un ``títere del imperialismo yanqui''.

Pero los países latinoamericanos pueden interpretar el acuerdo del miércoles de otra manera, y decir que Cuba ya está cumpliendo con los principios generales de la OEA, y que la ausencia de elecciones libres no es una infracción mayor que el embargo comercial estadounidense a la isla. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo el miércoles que se siente optimista de que los miembros de la OEA encontrarán un mínimo común denominador para readmitir a Cuba ``en los próximos meses''.

Los países latinoamericanos y caribeños elogiaron la decisión de la OEA de levantar la suspensión, calificándola de histórica.

''Hoy es un día histórico y un día de regocijo para todos los americanos'', dijo el canciller argentino Jorge Taiana en la reunión de la OEA. ``Hemos terminado con un anacronismo''.

Pero los grupos de derechos humanos y partidarios de la democracia señalan que el verdadero anacronismo es la negativa de Cuba a permitir el libre acceso del pueblo cubano a internet, a permitir que los cubanos se expresen libremente, o que puedan afiliarse a sindicatos o partidos políticos independientes.

Mi opinión: Tal como lo señalé en mi columna del 24 de mayo, casi dos semanas antes de la votación, no me opongo al levantamiento de la suspensión contra Cuba. Sin embargo, me parece que el gobierno de Obama debe usar la medida para montar una gran ofensiva diplomática que presione a la dictadura militar cubana a permitir libertades fundamentales.

Si Obama no aprovecha su popularidad en América Latina y sus ramas de olivo hacia Cuba para conseguirlo, y Cuba se reintegra a la OEA sin realizar una apertura politica, sus críticos republicanos tendrán razón para acusarlo de haber abandonado la promesa de campaña que hizo el 23 de mayo del 2008, cuando afirmó que ''nunca, jamás, comprometería la causa de la libertad'' en Cuba. Ojalá que Obama demuestre que sus críticos están equivocados.

Andrés Oppenheimer

viernes, 5 de junio de 2009

Viernes de Recomendación.


El siguiente artículo explica de manera general la Teoría de la Acción Colectiva desde su inicio en el trabajo de Mancur Olson en La Lógica de la Acción Colectiva. 1965.

miércoles, 3 de junio de 2009

¿Por qué se oponen los intelectuales al capitalismo?


Es sorprendente que los intelectuales se opongan de tal modo al capitalismo. Otros grupos de estatus socioeconómico comparable no muestran el mismo grado y medida de oposición. Estadísticamente, por tanto, los intelectuales constituyen una anomalía.

No todos los intelectuales están en la izquierda.. Como ocurre con otros grupos, sus opiniones se extienden a lo largo de una curva. Pero en su caso, la curva se desvía y se tuerce hacia la izquierda política. La proporción exacta de lo que denominamos anticapitalista depende de cómo se fijen los límites: de cómo se interprete la postura anticapitalista o de izquierdas y de cómo se distinga al grupo de los intelectuales. Las proporciones pueden haber cambiado algo en los últimos tiempos, pero por término medio los intelectuales se sitúan más a la izquierda que los que tienen su mismo estatus socioeconómico. ¿Por qué? 

No entiendo por intelectuales a todas las personas inteligentes con cierto nivel de educación, sino a aquellos que, por vocación, tratan con las ideas, según se expresan en palabras, moldeando el flujo de palabras que otros reciben. Estos forjadores de palabras incluyen a los poetas, novelistas, cánticos literarios, periodistas de diarios y revistas y numerosos profesores. No incluyen a aquellos que primordialmente crean y transmiten información formulada cuantitativa o matemáticamente (los forjadores de números) o los que trabajan con medios visuales, pintores, escultores, cámaras. Contrariamente a los forjadores de palabras, la gente que se dedica a estas profesiones no se opone al capitalismo de un modo desproporcionado. Los forjadores de palabras se concentran en ciertos ámbitos ocupacionales: las instituciones académicas, los medios de comunicación de masas, la administración.

Los intelectuales forjadores de palabras se desenvuelven bien en la sociedad capitalista; en ella disponen de amplia libertad para formular, desarrollar, propagar, enseñar y debatir las ideas nuevas. Hay demanda de sus destrezas profesionales, estando sus ingresos muy por encima de la media. ¿Por qué entonces se oponen al capitalismo de un modo tan exagerado? De hecho, algunos datos indican que cuanto más próspero es un intelectual y cuanto más éxito tiene, más probable es que se oponga al capitalismo. Esta oposición al capitalismo procede principalmente "de la izquierda", pero no exclusivamente. Yeats, Eliot y Pound se oponían a la sociedad de mercado desde la derecha. 

La oposición de los intelectuales forjadores de palabras al capitalismo es un hecho de trascendencia social. Dan forma a nuestras ideas e imágenes de la sociedad; establecen las alternativas de actuación que analizan las administraciones. Entre tratados y lemas, nos proporcionan las frases con que expresamos. Su oposición es importante, especialmente en una sociedad (a menudo denominada "post-industrial") que cada vez depende más de la formulación explícita y de la propagación de la información.

¿Debemos realmente buscar una explicación específica del porqué los forjadores de palabras se oponen de forma desproporcionada al capitalismo? Consideremos la respuesta directa que sigue: el capitalismo es malo, injusto, inmoral o inferior y los intelectuales, al ser inteligentes, se dan cuenta de esto y por tanto se oponen a ello.

Esta sencilla explicación no tiene validez para aquellos que, como yo mismo, no piensan que el capitalismo, el sistema de la propiedad privada y del libre mercado, sea malo, injusto, malvado o inmoral. Los lectores que discrepan deben observar que incluso una creencia verdadera puede no tener una explicación directa: se podría creer en ella debido a algunos factores distintos de su veracidad, tales como la socialización y la integración cultural.

Hay algo en el modelo de oposición de muchos intelectuales que indica, pienso yo, que no se trata sólo de que se percaten de la verdad sobre el capitalismo. Porque cuando se refuta una u otra de las quejas concretas acerca del capitalismo (quizás la de que conduce al monopolio, o a la contaminación, o a demasiadas desigualdades, o la de que implica la explotación de los trabajadores, o deteriora el entorno, o conduce al imperialismo, o causa guerras, o impide el trabajo responsable, o trata por todos los medios de satisfacer los deseos de la gente, o estimula la falta de honradez en el mercado, o produce en función de los beneficios y no de la utilidad, o frena el progreso para aumentar los beneficios, o desbarata los modelos tradicionales para aumentar los beneficios, o conduce a la sobreproducción, o a la infraproducción), cuando se demuestra y se acepta que la queja tiene una lógica imperfecta, o supuestos imperfectos en tomo a hechos, la historia o la economía, el que se queja no cambia entonces de opinión. Abandona el tema y rápidamente se lanza a otro. ("Pero, y el trabajo infantil, o el racismo que incorpora, o la opresión de las mujeres, o los barrios bajos de las ciudades, o que en épocas menos complicadas podíamos arreglamos sin planificar, pero ahora todo es tan complejo que..., o el anunciar seduciendo a la gente para que compre cosas o.. ) En el debate se abandona un punto tras otro. Lo que no se abandona sin embargo es la oposición al capitalismo. Porque la oposición no se hace sobre la base de esos puntos o quejas, y de ese modo no desaparece cuando ellos lo hacen. Hay una animadversión oculta contra el capitalismo. Esta animadversión suscita las quejas. Las quejas racionalizan la animadversión. Después de alguna resistencia, puede que se abandone una queja concreta y, sin volver la vista, se presentarán otras muchas con el fin de desempeñar la misma función: racionalizar y justificar el odio del intelectual al capitalismo. Si el intelectual estuviese sencillamente reconociendo los fallos o los errores del capitalismo, no encontraríamos esa animadversión. La explicación de esta oposición necesitará ser una explicación no sencilla que también tenga en cuenta la animadversión.

Se puede plantear la objeción de que la explicación es sencillamente la obvia, según la cual las personas inteligentes pueden tener simplemente una tendencia natural a mirar a su alrededor y criticar lo que está mal. O que forma parte de la naturaleza de la actividad creativa e innovadora el hecho de generar una mente escéptica que rechaza el orden establecido. Pero ¿por qué, entre los inteligentes, son especialmente los forjadores de palabras y no .los forjadores de números los que se inclinan hacia la izquierda? Si son de temperamento crítico, ¿por qué los forjadores de palabras son normalmente tan poco críticos con los programas "progresistas"? Si la actividad innovadora y creativa es la causa, ¿por qué ha de conducir al escepticismo y no a descubrir virtudes sutiles en las creencias y doctrinas establecidas? (¿No se dedicaron Dante, Maimónides y Santo Tomás de Aquino a la actividad intelectual creativa?) ¿Y por qué debe expresarse el escepticismo acerca del orden establecido, y no acerca de planes para alternativas globales que se supone mejorarán dicho orden? No, al igual que la idea de que el capitalismo es sencillamente malo y que los intelectuales son suficientemente listos para darse cuenta de ello, la explicación de que los intelectuales son críticos y escépticos por naturaleza no es satisfactoria. Estas "explicaciones" son demasiado interesadas; no encajan con los detalles de la situación. Debemos buscar la explicación en otra parte. Sin embargo, no debería sorprendemos que las explicaciones que se les ocurren resulten ser tan autocomplacientes cuando se ofrecen explicaciones, son los intelectuales quienes las ofrecen.

Podemos distinguir dos tipos de explicación para la relativamente alta proporción de intelectuales que se oponen al capitalismo. El primero considera que hay un factor exclusivo en los intelectuales anticapitalistas. El segundo tipo de explicación identifica un factor aplicable a todos los intelectuales, una fuerza que les impulsa hacia los puntos de vista anticapitalistas. El que empuje a algún intelectual concreto hacia el anticapitalismo dependerá de las otras fuerzas que actúan sobre él. En conjunto, no obstante, puesto que hace que el anticapitalismo sea más probable en cada intelectual, tal factor dará lugar a una proporción mayor de intelectuales anticapitalistas. Pensemos en el número, superior a lo normal, de personas que van a la playa en un día de sol. Puede que no seamos capaces de predecir si un individuo concreto va a ir -ello depende de todos los restantes factores que actúan sobre él- pero el sol hace más probable que cada persona vaya y de este modo conduce hasta un número total mayor de gente que va a la playa. Nuestra explicación será de este segundo tipo. Identificaremos un factor que hace que los intelectuales se inclinen hacia actitudes anticapitalistas, pero no lo garantiza en ningún caso concreto.


Teorías previas

Se han propuesto distintas explicaciones a la oposición de los intelectuales al capitalismo. Una de ellas, apoyada por los neo- conservadores, se centra en los intereses de grupo de los intelectuales1. Aunque les va económicamente bien bajo el capitalismo, les iría aún mejor, según piensan, en una sociedad socialista en la que su poder sería superior. En una sociedad de mercado no hay concentración centralizada del poder y si alguien tiene poder, o parece tenerlo, es el empresario y hombre de negocios triunfador. Las recompensas de riqueza material son ciertamente suyas. En una sociedad socialista, sin embargo, serían los intelectuales forjadores de palabras los que nutrirían las burocracias gubernamentales, quienes marcarían la política a seguir y supervisarían la ejecución de la misma. Una sociedad socialista, piensan los intelectuales, es aquella en la que ellos gobernarían -idea que les resulta atractiva- lo cual no es ninguna sorpresa. (Recordemos que Platón, en la República, define la sociedad ideal como aquella en la que gobiernan los filósofos.) 

Pero esta explicación, en términos de los intereses de grupo de los intelectuales, no es satisfactoria en sí misma. Incluso si entre los intereses de grupo de los intelectuales estuviese la transición a una sociedad socialista (y dejo de lado el carácter tan ilusorio de este proyecto), el colaborar con la transición a largo plazo no necesariamente favorece los intereses individuales de un intelectual concreto. Los neoconservadores cometen el mismo error que los marxistas al analizar el comportamiento de los capitalistas. Pasan por alto el hecho de que la gente actúa, no según los intereses de su grupo o clase, sino a tenor de sus intereses individuales. Favorecería el interés individual de todo intelectual el reservarse, mientras que los otros realizan la ardua tarea de construir una sociedad más favorable a los intelectuales2. Podemos formular una explicación más clarificadora, no obstante. Si los intelectuales piensan que les iría mejor en una sociedad socialista, y así disfrutan leyendo acerca de las virtudes de tal sociedad y de las imperfecciones del capitalismo, ellos mismos constituirán un mercado fácil y sustancioso para tales palabras y, de ese modo, favorecerá los intereses de los intelectuales como individuos el producir tal festín de palabras para consumo de los demás intelectuales. 

El economista F. A Hayek ha identificado otra razón por la que los intelectuales podrían estar a favor de una sociedad socialista. Se piensa de esa sociedad que está organizada siguiendo un plan consciente, es decir, una idea. Las ideas son la materia prima de los forjadores de palabras, y de este modo una sociedad planificada convierte en primordial aquello que constituye su labor profesional. Es una sociedad que encarna ideas. ¿Cómo podrían los intelectuales dejar de considerar a una sociedad tal como seductora y valiosa? Sin duda, podemos exponer las ideas que representa una sociedad capitalista, la libertad y los derechos individuales, pero estas ideas definen un proceso de libertad, no el modelo final resultante. Una ideología que desea estampar un modelo en una sociedad hará por tanto que una idea sea más fundamental para la sociedad y (a menos que la idea sea repugnante) resultará por tanto atractiva para los gustos especiales de los intelectuales, que son profesionales de las ideas.

Una explicación distinta se centra en cómo la motivación de la actividad intelectual contrasta con las motivaciones más altamente valoradas y recompensadas en la sociedad de mercado. La actividad capitalista -así se cuenta- está motivada por la codicia egoísta, pura y simple, mientras que la actividad intelectual está motivada por el amor a las ideas. Sin duda, este contraste es exagerado. Un capitalista puede desear ganar dinero para apoyar su causa o acción caritativa favorita. Una actividad empresarial puede estar motivada por sus propias recompensas intrínsecas, las recompensas del dominio, la competencia profesional y la labor cumplida. Sin duda, estas actividades pueden también aportar recompensas extrínsecas, pero igualmente puede un novelista que se mueve por motivos puramente artísticos obtener grandes derechos de autor. Y ¿está la propia actividad intelectual motivada siempre, únicamente, por sus recompensas intrínsecas? Se dice que los escritores (varones) escriben para lograr la fama y el amor de bellas mujeres. Tampoco están claramente ausentes las motivaciones competitivas en el mundo intelectual. Recordemos cómo Newton y Leibniz se pelearon sobre quién de los dos había inventado antes el cálculo, y cómo Crick y Watson corrieron a toda prisa para adelantarse a Pauling y ser los primeros en descubrir la estructura del ADN.

Pero aunque las motivaciones de la gente que triunfa económicamente bajo el capitalismo no precisan ser claramente inferiores a las de los intelectuales, no es menos verdad que en una sociedad capitalista las recompensas económicas tenderán a ser para los que satisfacen las demandas de otros expresadas en el mercado, para los triunfantes productores de lo que quieren los consumidores. Los intelectuales, igualmente, pueden satisfacer una demanda de mercado de sus productos, como se muestra en los elevados ingresos de algunos novelistas y pintores. Sin embargo, no es necesario que el mercado recompense el trabajo intelectualmente más meritorio; recompensará (parte de) lo que le gusta al público. Éste puede ser un trabajo de menos mérito, o puede no ser en absoluto un trabajo intelectual. El mercado, por su propia naturaleza, es neutral respecto al mérito intelectual. Si el mérito intelectual no es recompensado del modo más elevado, eso será por culpa, si hubiese culpa, no del mercado sino del comprador, cuyos gustos y preferencias se expresan en el mercado. Si hay más gente dispuesta a pagar por ver a Robert Redford que por escucharme dando una conferencia o por leer mis escritos, ello no implica una imperfección del mercado.

Al intelectual puede molestarle al máximo el mercado, no obstante, cuando ve una oportunidad de triunfar, desde el punto de vista económico, produciendo una obra que es de menor mérito a sus propios ojos. El verse tentado a degradar sus propios criterios de calidad para conseguir éxito y reconocimiento popular -o hacerlo de hecho- puede causarle un resentimiento contra el. sistema que le induce a caer en tales motivaciones y emociones de escaso gusto. (Los guionistas de Hollywood son el ejemplo paradigmático.) De nuevo, no obstante, ¿por qué culpa al sistema de mercado más que al público? ¿Le molesta un sistema que traza su camino hacia el éxito pasando por los gustos del público, un público menos agudo, instruido y refinado que él, un público que es intelectualmente inferior a él? (Sin embargo, la mayoría de los productores del mercado saben más acerca de su producto y de sus niveles de calidad que la mayoría de los consumidores.) ¿Por qué tienen los intelectuales que estar tan resentidos por tener que satisfacer las demandas del mercado si lo que quieren son los frutos del éxito de mercado? Siempre pueden, al fin y al cabo, elegir aferrarse a los niveles de su oficio y aceptar recompensas externas más limitadas.

El economista Ludwig von Mises explicó la oposición al capitalismo como un resentimiento por parte de los menos3. Más que imputar su propia falta de éxito, en un sistema libre en el que otros iguales que ellos triunfan, al fracaso personal, la gente le echa la culpa a la naturaleza del sistema mismo. Sin embargo, los hombres de negocios fracasados, por lo general, no culpan al sistema. Y, ¿por qué culpan al sistema los intelectuales en lugar de a sus conciudadanos insensibles? Dado el alto grado de libertad que un sistema capitalista concede a los intelectuales y dado el cómodo estatus de que gozan los intelectuales dentro de ese sistema, ¿de qué culpan al sistema? ¿Qué esperan de él?


La formación académica de los intelectuales

Los intelectuales de ahora confían en ser las personas más altamente valoradas en una sociedad, los de más prestigio y poder, los que obtienen mayores recompensas. Los intelectuales se consideran con derecho a esto. Pero, en general, una sociedad capitalista no honra a los intelectuales. Mises explica el resentimiento particular de los intelectuales, en contraste con los trabajadores, diciendo que se mezclan socialmente con capitalistas triunfadores y que por ello les consideran como un grupo de referencia destacado y les humilla su estatus inferior. Sin embargo, incluso aquellos intelectuales que no se mezclan socialmente están resentidos de un modo similar, a la vez que simplemente el puro mezclarse no basta -los instructores de deportes y de danza que trabajan para los ricos y tienen líos con ellos no son especialmente anticapitalistas. 

¿Por qué entonces los intelectuales contemporáneos se sienten con derecho a las más altas recompensas que su sociedad puede ofrecer, y molestos cuando no las reciben? Los intelectuales piensan que son las personas más valiosas, las de mayor mérito, y que la sociedad debería premiar a la gente en función de su valía y mérito. Pero una sociedad capitalista no cumple el principio distributivo "a cada uno según sus méritos o valía". Aparte de los regalos, las herencias y las ganancias del juego que se dan en una sociedad libre, el mercado distribuye a aquellos que satisfacen las demandas de los demás expresadas a través del mercado, y lo que distribuya de este modo depende de lo que se demande y del volumen del suministro alternativo. Los empresarios fracasados y los trabajadores no sienten la misma animadversión al sistema capitalista que los intelectuales forjadores de palabras. Solamente la conciencia de una superioridad no reconocida, o de unos derechos traicionados, produce esa animadversión.

¿Por qué piensan los intelectuales forjadores de palabras que son valiosísimos, y por qué piensan que la distribución debe hacerse de acuerdo con su valía? Obsérvese que esto último no es un principio necesario. Se han propuesto otros modelos de distribución, incluyendo la distribución paritaria, la distribución según el mérito moral, la distribución según la necesidad. De hecho, no es necesario que haya modelo alguno de distribución que la sociedad esté tratando de alcanzar, incluso una sociedad preocupada con la justicia. La ecuanimidad de una distribución puede residir en su planteamiento desde un proceso justo de intercambio voluntario de propiedades y servicios justamente adquiridos. Cualquier resultado que se produzca en ese proceso será justo entonces, pero no existe un modelo concreto al que deba ajustarse el resultado. ¿Por qué entonces los forjadores de palabras se consideran valiosísimos, y aceptan el principio de distribución según la valía?

Desde los comienzos del pensamiento documentado, los intelectuales nos han dicho que su actividad es valiosísima. Platón valoraba la facultad racional por encima del valor y de las apetencias y consideraba que los filósofos deberían gobernar; Aristóteles sostenía que la contemplación intelectual era la actividad suprema. No es sorprendente que los textos que nos han llegado registren esta alta valoración de la actividad intelectual. Las personas que formularon valoraciones, que las escribieron con razones para respaldarlas, eran intelectuales, después de todo. Se ensalzaban a sí mismos. Los que valoraban más otras cosas que el meditar sobre las cosas usando palabras, ya fuese la caza o el poder o el placer sensual ininterrumpido, no se preocupaban por dejar informes escritos duraderos. Sólo los intelectuales elaboraron una teoría acerca de quién era mejor.

¿Qué factor provocó la sensación, por parte de los intelectuales, de que tenían un valor superior? Voy a centrarme en una institución concreta: las escuelas. A medida que el conocimiento libresco se hizo cada vez más importante, se extendió la escolarización -enseñar a los jóvenes a leer y familiarizarse con los libros. Las escuelas se convirtieron en la principal institución al margen de la familia para forjar las actitudes de los jóvenes, y casi todos los que más tarde se convirtieron en intelectuales pasaron por la escuela. Allí triunfaron. Se les juzgaba frente a otros y se les consideraba superiores. Se les ensalzaba y premiaba, eran los favoritos de los profesores. ¿Cómo podrían dejar de sentirse superiores? Diariamente experimentaban diferencias en la facilidad para las ideas, en el ingenio. Las escuelas les decían, y les demostraban, que eran los mejores.

Las escuelas, también, exhibían y por tanto enseñaban el principio de la recompensa de acuerdo con el mérito (intelectual). Al intelectualmente meritorio se dirigían las alabanzas, las sonrisas de los profesores y las calificaciones más altas. En la moneda que ofrecían las escuelas, los más inteligentes constituían la clase alta. Aunque sin que formase parte de los currículos oficiales, en las escuelas los intelectuales aprendían las lecciones acerca de su propia valía, superior en comparación con los demás, y de cómo esta valía superior les daba derecho a mayores recompensas.

La más amplia sociedad de mercado, sin embargo, enseñaba una lección distinta. Ahí las principales recompensas no eran para los más brillantes verbalmente. Allí a las habilidades intelectuales no se les concedía el mayor valor. Instruidos en la lección de que ellos eran los más valiosos, los que más merecían la recompensa, los que mayores derechos tenían a la recompensa, ¿cómo podían los intelectuales, por lo general, dejar de estar resentidos con la sociedad capitalista que les privaba de las justas retribuciones a que les "daba derecho" su superioridad? ¿Es sorprendente que lo que sentían los intelectuales instruidos, hacia la sociedad capitalista, fuera una profunda y sombría animadversión que, aunque revestida de diversas razones públicamente apropiadas, continuaba incluso cuando se demostraba que esas razones particulares eran inadecuadas?

Al decir que los intelectuales se consideran con derecho a las más altas recompensas que la sociedad en su conjunto puede ofrecer (riqueza, estatus, etc.), no quiero decir que los intelectuales consideren esas recompensas como los bienes más preciados. Quizás valoren más las recompensas intrínsecas de la actividad intelectual o el pasar a la historia. Sin embargo, también se sienten con derecho a la más alta apreciación por parte de la sociedad en general, a lo máximo y mejor que pueda ofrecer, por insignificante que resulte. No pretendo conceder relevancia especial a las recompensas que se abren camino hasta los bolsillos de los intelectuales o que afectan a sus propias personas. Al identificarse a sí mismos como intelectuales, pueden sentirse molestos por el hecho de que la actividad intelectual no sea la más altamente valorada y recompensada.

El intelectual quiere que la totalidad de la sociedad sea una extensión de la escuela, para que sea como el entorno en que le fue tan bien y en que tanto se le apreció. Al incorporar unos criterios de recompensa que son diferentes de los propios de la sociedad global, las escuelas garantizan que algunos vayan a experimentar un posterior descenso en la escala social. Los que están en lo más alto de la jerarquía escolar se considerarán con derecho a una posición de primera, no sólo en aquella micra-sociedad, sino en la más amplia, una sociedad cuyo sistema les resultará molesto cuando no les trate según sus necesidades y derechos auto-adjudicados. El sistema escolar crea por tanto un sentimiento anticapitalista entre los intelectuales . Más bien, crea un sentimiento anticapitalista entre los intelectuales de la palabra. ¿Por qué no desarrollan los forjadores de números las mismas actitudes que estos forjadores de palabras? Presumo que estos niños brillantes con las cuentas, aunque consiguen buenas calificaciones en los exámenes correspondientes, no reciben de los profesores la misma atención y aprobación personal que los niños brillantes con la palabra. Son las destrezas verbales las que acarrean estas recompensas personales por parte de los profesores y, en apariencia, son estas recompensas de un modo especial las que dan forma a ese sentimiento de tener derecho a algo.

Hay que añadir un aspecto más. Los (futuros) intelectuales forjadores de palabras triunfan por lo que atañe a la forma oficial del sistema social escolar, en el que las recompensas importantes se distribuyen por parte de la autoridad central del profesor. Las escuelas incluyen otro sistema social de cariz informal en las aulas, los pasillos y los patios, en el que las recompensas se distribuyen no por parte de la autoridad central sino de manera espontánea, a placer y capricho de los compañeros. Aquí a los intelectuales les va peor.

No sorprende, por tanto, que la distribución de los bienes y recompensas por medio de un mecanismo distributivo centralizado sea más tarde considerada por los intelectuales como más apropiada que la "anarquía y el caos del mercado". Porque la distribución en una sociedad socialista planificada centralmente es a la distribución en una sociedad capitalista como la distribución por parte del profesor es a la distribución por parte del patios.5

Nuestra explicación no postula que los (futuros) intelectuales constituyan una mayoría incluso entre las clases académicamente superiores de la escuela. Este grupo puede estar formado sobre todo por los que tienen destrezas librescas considerables (pero no abrumadoras) junto con algo de gracia social, fuerte deseo de complacer, cordialidad, encanto personal y habilidad para respetar las reglas del juego (y parecerlo). Tales alumnos, también, serán muy bien considerados y recompensados por el profesor, e igualmente les irá estupendamente bien en la sociedad más amplia. Y se desenvuelven bien dentro del sistema social informal de la escuela. De modo que no aceptarán de un modo especial las normas del sistema formal de la escuela. Nuestra explicación plantea la hipótesis de que los (futuros) intelectuales están representados de un modo desproporcionado en esa parte de la clase alta (oficial) de la escuela que experimentará un relativo movimiento de descenso. O, más bien, en el grupo que predice para sí mismo un futuro en declive. La animadversión surgirá antes del desplazamiento hacia el interior de un mundo más amplio y de experimentar un descenso real de estatus, en el momento en que el alumno listo se da cuenta de que (probablemente) se desenvolverá peor en la sociedad más amplia que en su situación escolar actual. Esta consecuencia no buscada del sistema escolar, el espíritu anticapitalista de los intelectuales, se ve, por supuesto, reforzada cuando los alumnos leen o reciben las enseñanzas de intelectuales que presentan esas mismas actitudes anticapitalistas.

Sin duda, algunos intelectuales forjadores de palabras fueron alumnos conflictivos y críticos y por ello no contaron con la aprobación de sus profesores. ¿Aprendieron ellos también la lección de que los mejores deberían obtener las recompensas más altas y piensan, a pesar de sus profesores, que ellos mismos eran los mejores, y empiezan por ello a tener un resentimiento temprano contra la distribución que realiza el sistema escolar? Claramente, acerca de esto y de las otras cuestiones aquí tratadas, necesitamos datos en tomo a las experiencias escolares de los futuros intelectuales forjadores de palabras para matizar y probar nuestras hipótesis.

Planteado como fenómeno global, apenas se puede negar que las normas internas de las escuelas estén llamadas a afectar a las creencias normativas de las personas tras su paso por las escuelas. Las escuelas, al fin y al cabo, son la principal sociedad ajena a la familia en que los niños aprenden a comportarse, y de ahí que la escolarización constituya su preparación para la más amplia sociedad no familiar. No sorprende que los que triunfan al calor de las normas de un sistema escolar se quejen de una sociedad que se atiene a normas diferentes y que no les garantiza el mismo éxito. Tampoco es sorprendente, cuando esos son los mismos que proceden a dar forma a la propia imagen de la sociedad, al juicio sobre sí misma, si la sección de la sociedad que es sensible a las palabras se vuelve contra ella. Si uno estuviese diseñando una sociedad, no intentaría diseñarla de modo que los forjadores de palabras, con toda su influencia, estuviesen instruidos en la animadversión contra las normas de la sociedad. 

Nuestra explicación del anticapitalismo desproporcionado de los intelectuales se establece sobre la base de una generalización sociológica muy plausible. 

En una sociedad en la que un sistema o una institución extrafamiliar, la primera en que ingresan los jóvenes, distribuye recompensas, aquellos a quienes les va mejor tenderán a internalizar las normas de esta institución y confiarán en que la sociedad en general funcionará según estas normas; se considerarán con derecho a repartos distributivos de acuerdo con esas normas o (como mínimo) a una posición relativa igual a aquella que estas normas dan como resultado. Además, los que constituyen la clase superior dentro de la jerarquía de esta institución extrafamiliar y que experimentan luego (o prevén experimentar) un desplazamiento hacia una posición relativamente inferior en la sociedad en general, debido a su percepción del derecho frustrado, tenderán a oponerse al sistema social más amplio y a sentir animadversión hacia sus normas.

Obsérvese que ésta no es una ley determinista. No todos los que experimentan una movilidad social hacia abajo se volverán en contra del sistema. Tal movilidad hacia abajo, no obstante, es un factor que tiende a producir efectos de ese tenor, y por ello se manifestará en proporciones diversas con respecto al conjunto. Podríamos distinguir formas en las que la clase alta puede desplazarse hacia abajo: puede obtener menos que otro grupo o (cuando ningún grupo se desplaza por encima de ella) puede empatar, sin conseguir más que los que previamente se había previsto serían inferiores. Es el primer tipo de desplazamiento hacia abajo el que más indigna y humilla; el segundo tipo es bastante más tolerable. Muchos intelectuales (dicen ellos) están a favor de la igualdad mientras que sólo un número reducido exige una aristocracia de intelectuales. Nuestra hipótesis se refiere al primer tipo de desplazamiento hacia abajo como especialmente generador de resentimiento y animadversión.

El sistema escolar imparte y premia solamente algunas de las destrezas válidas para el éxito posterior (es, al fin y al cabo, una institución especializada), por lo que su sistema de recompensas será diferente del propio de la sociedad en general. Esto garantiza que algunos, al pasar a la más amplia sociedad, experimentarán un desplazamiento social descendente junto con las consecuencias que lo acompañan. He afirmado antes que los intelectuales quieren que la sociedad sea una extensión de las escuelas. Ahora vemos cómo el resentimiento debido a un sentido del derecho frustrado procede del hecho de que las escuelas (en calidad de sistema social extrafamiliar) no constituyen una condensación de la sociedad.

Nuestra explicación parece predecir ahora el resentimiento (desproporcionado) que albergan los intelectuales instruidos respecto a la sociedad en la que viven, cualquiera que sea la naturaleza de la misma, capitalista o comunista. (Los intelectuales se oponen desproporcionadamente al capitalismo en comparación con otros grupos de estatus socioeconómico parecido dentro de la sociedad capitalista. Otra cuestión es si se oponen de modo desproporcionado en comparación con el grado de oposición de los intelectuales de otras sociedades hacia esas sociedades). Claramente, pues, serían relevantes algunos datos acerca de las actitudes de los intelectuales de los países comunistas hacia el aparato del partido; ¿sentirán esos intelectuales animadversión hacia ese sistema? 

Nuestra hipótesis precisa de matización para que no se aplique (o se aplique de un modo tan contundente) a cualquier sociedad. ¿Deben los sistemas educativos de toda sociedad producir inevitablemente una animadversión antisocial en los intelectuales que no reciben las mayores recompensas de esa sociedad? Probablemente no. Una sociedad capitalista es peculiar en cuanto a que parece anunciar que está abierta y es receptiva solamente al talento, a la iniciativa individual, al mérito personal. El hecho de crecer en una sociedad feudal o de castas hereditarias no crea expectativa alguna de que la recompensa esté o deba estar de acuerdo con la valía personal. A pesar de la expectativa creada, una sociedad capitalista premia a las personas en tanto en cuanto satisfacen los deseos ajenos, expresados a través del mercado; recompensa de acuerdo con la contribución económica, no con la valía personal. Sin embargo, la sociedad capitalista se acerca lo bastante a un sistema de recompensas a tenor de la valía personal -valía y contribución se entremezclan a menudo- como para hacer crecer las expectativas creadas por las escuelas. El ethos de la más amplia sociedad está lo bastante cercano al de las escuelas como para que la cercanía genere resentimiento. Las sociedades capitalistas premian el logro individual o proclaman que lo hacen, y de ese modo dejan al intelectual, que se considera buenísimo, especialmente amargado.

Otro factor, creo, tiene un determinado papel. Las escuelas tenderán a crear tales actitudes anticapitalistas cuanto mayor sea la diversidad de quienes asistan a ellas. Cuando casi todos los que van a tener éxito financiero asistan a escuelas distintas, los intelectuales no habrán adquirido esa actitud de ser superiores a ellos. Pero incluso si muchos niños de clase alta van a escuelas distintas, una sociedad abierta tendrá otras escuelas que incluyan también a muchos que van a triunfar económicamente como empresarios, y los intelectuales van a recordar con resentimiento, más tarde, lo superiores que eran académicamente a los de su edad que lograron mayor riqueza y poder. La transparencia de la sociedad tiene otra consecuencia, además. Los alumnos, tanto los futuros forjadores de palabras como los demás, no saben cómo les va a ir en el futuro. Pueden esperar cualquier cosa. Una sociedad cerrada al progreso destruye pronto esas esperanzas. En una sociedad capitalista abierta, los alumnos no se resignan pronto a que se limite su progreso y su movilidad social; la sociedad parece anunciar que los más capacitados y valiosos llegarán a lo más alto, sus escuelas ya han transmitido a los que tienen más talento el mensaje de que son valiosísimos y que merecen las mayores recompensas, y después estos mismos alumnos con el más alto estímulo y las mayores expectativas ven a otros compañeros suyos, de quienes saben que son y a quienes consideraron menos meritorios, subir más alto que ellos mismos, recibiendo las mejores recompensas a las que ellos mismos se consideraban con derecho. ¿Es extraño que sientan animadversión por esa sociedad? 

Hemos pulido de algún modo la hipótesis. No es simplemente las escuelas formales sino la escolarización formal en un contexto social específico lo que genera un sentimiento anticapitalista en los intelectuales (forjadores de palabras). Sin duda, la hipótesis requiere matización posterior. Pero ya está bien. Es hora de pasarles la hipótesis a los expertos en ciencias sociales, sacarla de las especulaciones de sillón y entregársela a quienes se sumergen en hechos y datos más específicos. Podemos señalar, sin embargo, algunas áreas en las que nuestra hipótesis podría conducir a consecuencias y predicciones verificables.

En primer lugar se podría predecir que cuanto más meritocrático es el sistema escolar de un país, más posibilidades hay de que sus intelectuales sean. de izquierdas. (Piénsese en el caso de Francia.)

En segundo lugar, los intelectuales que fueron "frutos tardíos" en la escuela no habrían desarrollado el mismo sentido de derecho a las recompensas más elevadas; por lo tanto, el porcentaje de los intelectuales de tipo "fruto tardío" que serán anticapitalistas será menor que el de los de tipo "fruto temprano".

En tercer lugar, limitábamos nuestra hipótesis a las sociedades (contrariamente al sistema de castas de la India) en las que el estudiante triunfador podía confiar bastante en un éxito posterior parecido en la sociedad más amplia. En la sociedad occidental, las mujeres no han disfrutado hasta ahora de tales expectativas, por lo que no sería de esperar que las estudiantes que formaban parte de la clase académica superior, y que sin embargo sufrieron luego un desplazamiento descendente, mostrasen la misma animadversión anticapitalista que los intelectuales varones. Podríamos predecir, pues, que cuanto más se vea que una sociedad se mueve hacia la igualdad de oportunidades ocupacionales entre las mujeres y los hombres, mayor será la tendencia de sus intelectuales femeninas al mismo anticapitalismo desproporcionado que muestran sus intelectuales varones.

Algunos lectores pueden albergar dudas sobre esta explicación del anticapitalismo de los intelectuales. Sea como sea, creo que se ha identificado un fenómeno importante. La generalización sociológica que hemos enunciado es intuitivamente convincente. Algo así tiene que ser cierto. Por lo tanto, algún tipo de efecto tiene que producirse en ese sector de la clase alta escolar que experimenta un desplazamiento social descendente, tiene que generarse algún tipo de antagonismo contra la sociedad en general. Si ese efecto no es la oposición desproporcionada de los intelectuales, entonces ¿qué es? Comenzamos con un fenómeno intrigante que precisaba explicación. Hemos encontrado, creo yo, un factor aclaratorio que (una vez establecido) es tan evidente que tenemos que creer que explica algún fenómeno real.


¿Hay solución?

Quienes piensan que la sociedad capitalista debería ser fuertemente contestada -pero, ¿por qué piensan así?- se alegrarán de este efecto inintencionado del sistema escolar. Sin embargo, como hemos observado, el problema de la falta de armonía entre la intelectualidad y las normas de la sociedad global es un problema de alcance más general. Se enfrentará a él cualquier sociedad, sea cual sea su carácter, cuyo sistema escolar se especialice y no sea una condensación de la sociedad. Cuanto más importantes e influyentes sean sus intelectuales forjadores de palabras (como en las "sociedades post-industriales"), mayor será este problema. De este modo, todos los lectores pueden preguntarse conmigo cómo se podría evitar esta oposición a la sociedad de los intelectuales -aunque algunos lectores podrían preferir hacerse esta pregunta con respecto a alguna sociedad no capitalista. 

Cuando las escuelas y la sociedad global no están bien articuladas, las dos soluciones obvias son reestructurar cualquiera de ellas para alinearla con la otra. En primer lugar, se podría intentar que la sociedad se ajustase a las normas de la escuela, bien mediante una estructuración socialista que sitúe a los intelectuales en lo más alto o mediante una meritocracia que surja de forma natural. Sin embargo, por muy importante que llegue a ser el conocimiento en la sociedad, ninguna sociedad relativamente libre premiará o podrá premiar del modo más destacado a las destrezas escolares más altas. Las escuelas, con grandes esfuerzos, se centran solamente en algunas cualidades; éstas, al tiempo que desempeñan un papel significativo en el éxito económico en ciertos casos, nunca explicarán del todo la posición social resultante. Los consumidores no son profesores que califican resultados de pruebas e intervenciones en clase.

Como alternativa, y de un modo no tan ambicioso, las escuelas podrían modificarse para ajustarlas a la sociedad en general, o al menos para evitar que inculquen normas contrarias. Si los inteligentes tienen derecho a algo que el mercado no les da, es al reconocimiento de que son inteligentes -nada más. No tienen derecho a las mayores recompensas de la sociedad en general.

¿Cómo podría entonces impartirse esta lección de modestia? Decir simplemente que la economía premia adecuadamente otros atributos no será suficiente. Los niños aprenderán de los hechos de la escuela, no de las palabras, y los internalizarán. Sin duda, el sistema social global del medio escolar valora muchas cosas: destreza atlética en el patio, hacerse respetar por los compañeros, talento para cantar en el auditorio, una buena impresión en todas partes. Pero la escuela sólo reconoce oficialmente las destrezas intelectuales y el rendimiento. Dado que, después de todo, eso es para lo que está, le sería difícil dar paridad o un reconocimiento muy significativo a otros atributos. (Doy por sentado que los premios a la actitud y a la conducta son una bobada en todas partes.)

Otra posibilidad es reducir la jerarquía académica dentro del sistema escolar. Las escuelas podrían enseñar sin jerarquizar a los estudiantes, sin calificarles en función del éxito de su aprendizaje. Los reformadores apelan de vez en cuando a la abolición de los exámenes y las calificaciones. Paul Goodman argumentaba que éstos tienen una función extrínseca a la de la propia educación, al atender únicamente a las necesidades de los futuros patronos o de las comisiones de admisión de otros centros docentes, a quienes se puede dejar hacer sus propias pruebas informativas6. (Está claro, no obstante, que los exámenes y los certificados también amplían la elección discrecional de los estudiantes. Los patronos aceptan la declaración de una facultad de que un estudiante ha cumplido con los requisitos para una licenciatura sin profundizar demasiado en cuáles son esos requisitos o qué utilidad tienen los cursos en relación con los objetivos del empleo.)

Sin embargo, los exámenes desempeñan también otras funciones, intrínsecas al proceso educativo. Informan al estudiante de cómo lo está haciendo a tenor de criterios objetivos, de cómo lo está haciendo comparado con otros de su grupo de referencia (¿de lo bien que, al fin y al cabo, debería esperar de sí mismo hacerlo?). Proporcionan información para la división del alumnado en grupos según el nivel académico cuando sea adecuado desde el punto de vista educativo, así como una posible formación continuada.

En cualquier caso, dada la función informativa extrínseca, los patronos considerarán ventajoso contratar a personas procedentes de las escuelas que evalúan y certifican y, por lo tanto, los estudiantes considerarán ventajoso acudir a esas escuelas. Cualquiera que sea el interés social general, la gente perseguirá sus propios intereses individuales. Nadie se negará a contratar a los de una escuela concreta o a acudir a la misma por el hecho de que ese tipo de escuela cree intelectuales con una animadversión anticapitalista. Al tiempo que la legislación para modificar los sistemas educativos podría conseguir el objetivo, sus beneficios son tan remotos en comparación con su coste que no es probable que tal legislación se apruebe. Tampoco es tal legislación, al menos en lo que se refiere a escuelas privadas, compatible con el ethos capitalista de la libertad y de los derechos individuales7.

Reestructurar las escuelas para dar menos importancia a las destrezas y logros intelectuales suscita cuestiones problemáticas, al margen de la muy clara relativa al coste resultante en cuanto a eficacia social (a corto plazo). El cultivo de las capacidades intelectuales y del talento es, pensamos, un valor importante en sí mismo. Sin embargo, los sistemas escolares que sabemos que lo cultivan, también generan, involuntariamente, una animadversión contra el sistema social entre algunos de los intelectualmente más dotados. Si la estabilidad a largo plazo del sistema social deseable se ve mejor atendida frenando el cultivo de algunos rasgos valiosos y enormemente admirables de los individuos, entonces nos enfrentamos a un serio conflicto de valores. 

Tranquilizará a los que apoyan la continuidad de la sociedad capitalista recordar que este conflicto es general. La sociedad comunista considera igualmente que los intelectuales se salen del camino recto. A raíz de la Revolución Cultural, los chinos, con un gran coste económico y personal, intentaron convertirles en seres como el resto, mediante la reeducación forzosa, el exilio al campo y la persecución personal. Falló el intento. La tensión de la sociedad capitalista con sus intelectuales es mucho menos grave -podemos simplemente tener que vivir con ella. Pase lo que pase, no obstante, los intelectuales tendrán la última palabra.

1 Véase Bruce-Biggs (ed.), The New Class? (Nueva York, McGraw-Hill, 1981).
2 Véase Mancur Olson, The Logic of Collective Action (Cambridge, MA, Harvard University Press, 1965). 
3 Ludwig von Mises, The Anti-Capitalistic Mentality (Princeton, NJ, Van Nostrand, 1956) 
4 Es irónico que consideremos el sentimiento anticapitalista como consecuencia del sistema escolar, cuando una serie de autores recientes, de ideología radical, consideran que ese sistema moldea a las personas para el capitalismo, para ser dóciles y obedientes seguidores de instrucciones, aceptadores de la jerarquía, conservadores de programas, etc. Un sistema escolar dado, por supuesto, podría tener ambos efectos, intencionadamente o no, moldeando a algunos para que encajen en el sistema económico y a otros para que se opongan al mismo.
5 Podemos entender ahora por qué los deportistas escolares no tienden a volverse exageradamente en contra del sistema capitalista, incluso aunque también ellos puedan experimentar un descenso de posición social tras los años escolares. Fue el sistema social informal el que les trató tan bien con anterioridad, y si bien podrán luego lamentar o acusar las preferencias de los consumidores del mercado, no tendrán un vínculo preferente con ningún tipo de distribución que no sea a través del conjunto de las preferencias de los individuos.
6 Paul Goodman, Compulsory Mis-Education and the Community of Scholars (Nueva York, Vintage Books, 1966).
7 Sin restringir su argumento a las escuelas, ]oseph Schumpeter comenta cómo "a una sociedad capitalista burguesa le resultará difícil meter en cintura a los intelectuales... Al defender a los intelectuales como grupo ...la burgesía se defiende a sí misma y su modelo de vida. Solamente un gobierno de naturaleza no burguesa y de credo no burgués --en las circunstancias modernas solamente un gobierno socialista o fascista- es suficientemente fuerte como para controlarlos. Para hacerlo, tendría que cambiar instituciones típicamente burguesas y reducir drásticamente la libertad individual en todos los estratos de la nación. Y un gobierno como ése no es probable -ni siquiera sería capaz de hacerlo- que llegue a frenar en seco a la iniciativa privada. De ello se derivan tanto la falta de buena disposición como la incapacidad del sistema capitalista para controlar eficazmente al sector intelectual"; Capitalism, Sooíalism and Democracy (Nueva York, Harper, 1950), págs. 150-151.

Robert Nozick