martes, 29 de noviembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: ¡Qué montón se redujo!


Este domingo se terminó de cocinar el presupuesto de gastos de este gobierno para el 2012. El resumen es muy sencillo: La reducción acordada por la Asamblea Legislativa a dicho presupuesto gubernamental ascendió a ¢25.000 millones. El presupuesto que inicialmente presentó el gobierno era de ¢5.900.000 millones. Es decir, la rebaja acordada equivale a un 0.004%; esto es, un 0.40% de un 1% del presupuesto en mención. Ese es el monto que, con el voto de Liberación en contra de esa reducción y el cual es lo importante para mi argumentación, el gobierno se ha visto obligado a aceptar.

Por otra parte, el paquete tributario disfrazado de solidaridad que dicho gobierno pretende que se apruebe, con el apoyo del voto del PAC, se ha estimado que ascenderá a un 2.5% del Producto Interno Bruto del 2012. Como éste se ha calculado en ¢22.674.334.9 millones, aquel 2.5% equivale a ¢566.858.4 millones de recaudación de gravámenes esperada con la aprobación del paquetazo.

Si comparamos lo que el gobierno espera lograr de nuevos impuestos con el paquete, se nota que la rebaja del gasto presupuestado de ¢25.000 millones aprobada el domingo 27 de noviembre, es apenas de, aproximadamente, un 4,4% del total de la recaudación que el gobierno espera lograr con su propuesta tributaria.

En términos del valor de lo que se espera produzcamos de bienes y servicios finales en la economía del país en el 2012 (mejor conocido como el PIB), mientras que el gobierno con su paquete de impuestos piensa obtener un 2.5% de aquél, lo que sufre de rebajo por la decisión de la Asamblea Legislativa es de tan sólo un 0.011% del PIB; esto es, un poquito más de una décima de un 1% del PIB. Y aún así los diputados del gobierno se han opuesto a ese “enorme sacrificio” que se ven obligados a hacer por la decisión de los diputados de esta Asamblea.

Ante esta rodada pretendida, los diputados libertarios en buena hora se avisparon y votaron en contra -sí, en contra- de la reducción del gasto público, no por las razones de Liberación, que se opone a cualquier rebaja que alguien proponga, sino por ser la rebaja acordada ridículamente baja, como lo muestran estos números.

La avaricia de los diputados liberacionistas, de ni siquiera aceptar la más mínima reducción de su presupuesto de gastos, los muestra tal como son: redomados y arrogantes gastones de fondos públicos, que sólo piensan en sacarle la plata a los ciudadanos que trabajan muy duro para generar sus ingresos, para simplemente gastarla como si nada costara ganársela.

Y claro no tarda en aparecer el que dice verlo todo, quien en realidad se hace como el que no ve nada, ni siquiera los números, cuando nos dice “que han aparecido en el escenario nacional legiones de abanderados de los pobres ‘contra la voracidad fiscal’… almas pías angustiadas por la condición de los pobres”, como si no fueran aquellos autollamados solidarios tributarios, aunque tan sólo sean “asesores”, los que dicen siempre actuar en el nombre de “los pobres”… quienes son los que en verdad terminan pagando, al final de cuentas, toda la alzada de impuestos, ya sea con mayor inflación o menor empleo.

Y para remachar, alguien quien sí siempre se ha preocupado por “los pobres”, el diputado Villanueva, jefe de fracción de Liberación, ya nos anunció que apenas tenga chance nos impondrá un nuevo presupuesto, sólo que uno extraordinario (tal vez cuando reconquisten el directorio legislativo), de forma que les permita cubrir lo que ahora quedó descubierto… pues esos ¢25.000 millones, que hay que gastarlos a como dé lugar.

La bola está en la cancha del PAC, ahora que se deben haber dado cuenta, al quedar al descubierto el juego de Liberación una vez que ya ha obtenido la vía rápida para la aprobación del paquetazo de impuestos, de que su intención de reducir el gasto era sólo por una bicoca, una insignificancia, una nimiedad, en comparación con lo que obtendrían si logran que se apruebe el monto de impuestos que se cargaría sobre los hombros de los ciudadanos.

¿Acaso valdrá de consuelo para el PAC lograr un rebajita de ¢25.000 millones, a cambio de un aumento de los impuestos por ¢566.858.4 millones? La lógica me inclina a decir que no, pero eso está por verse: si es que Liberación los agarra otra vez de buenazos, una vez que ya logró de ellos que le aprobaran la vía rápida, pues claramente ha mostrado y muestra que no está dispuesto a que se reduzca el gasto estatal en nada o casi nada. Sólo lo que les entre y nada de poner orden en el exceso de gasto: ese es su mantra.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 28 de noviembre de 2011

Tema Polémico: Los impuestos como robo legalizado


Hace muchos años la novelista y filósofa Ayn Rand escribió una de las reglas éticas más importantes para la humanidad:

"No puede haber semejante cosa, en las leyes o en la moralidad: Acciones prohibidas a un individuo y permitidas a una muchedumbre."


Precisamente a desmenuzar brevemente esta profunda idea dedicaremos nuestro tema polémico del día de hoy.

Lo primero que debemos apuntar es que la piedra angular de dicho pensamiento son los derechos individuales, pero más importante la inalienabilidad de los mismos. Es decir, los individuos tienen derechos por el sólo hecho de ser personas, por lo que no pueden ser substraídos por autoridad o asociación alguna, ya que esto supondría que un individuo o asociación posee más derechos que otros. En este sentido, obtenemos un nuevo principio ético igual de importante: la igualdad de todos los seres humanos, así como la no instrumentalidad de los individuos. Evidentemente, el respeto irrestricto a los cánones mencionados anteriormente, sólo pueden derivar en una sociedad de individuos libres, respetuosos de unos y otros, que tratan entre ellos a partir de la persuasión y del intercambio en beneficio propio y nunca a través de la fuerza o intimidación.

Propiamente en el tema de los impuestos el mencionado principio sólo puede conducir a un reproche ético de los mismos. Es decir, si yo como individuo no tengo el derecho a tomar la propiedad de otro individuo (sin importar que la misma la utilice para servir al “bien común”, evidentemente el Estado o cualquier otro tipo de asociación puede hacerlo. Destacamos esta tensión, no con el propósito de alimentar una especie de anarquismo o eliminación de los impuestos, los cuales nos hemos resignado considerándolos como un mal necesario. Pero, si queremos destacar el poder psicológico que podría tener dicho principio para la consecución y materialización de políticas públicas. Lo que quiere decir esto, es que si la ciudadanía y los políticos tuvieran conciencia de que los impuestos son un robo legalizado, su tratamiento de los mismos sería totalmente distinto. Existiría vergüenza e indignación en sugerir un paquete de impuestos, habría que justificar y “demostrar” la necesidad de dichos impuestos, habría que demostrar que esta es la única solución posible ya que los problemas de gasto, despilfarro, corrupción y recaudación han sido previamente solventados. Cosas que hoy en día no ocurren ni por asomo, los políticos extraen sin vergüenza alguna los recursos de los ciudadanos, los utilizan como les da la gana, y siempre los aumentos de impuestos son la primera solución a cualquier problema que aparezca.

Por ello, queremos llamar la atención el día de hoy de esta verdad tan simple y sencilla pero tan útil e importante, ya que ella puede ser el primer aire de cambio de las relación Estado-Individuo.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Viernes de Recomendación


El día de hoy con el propósito de seguir celebrando la obtención del Premio de la Libertad de nuestro colaborador y amigo don Jorge Corrales, queríamos presentarles una serie de ensayos escritos por él, en donde se palpa de forma indubitable los amplios campos de interés del pensamiento de don Jorge.

martes, 22 de noviembre de 2011

¡Felicidades don Jorge!


El día de ayer (lunes) fue homenajeado don Jorge Corrales Quesada con la entrega al Premio de la Libertad de ANFE del 2011.

Don Jorge es una persona a lo cual todos los costarricenses le debemos mucho. Se ha pasado por décadas defendiendo la libertad en todas sus facetas y colores. Ha sido de los pocos que han comprendido que en el centro de todo quehacer humano se encuentra el individuo. Individuo que tiene el derecho a desarrollarse plenamente, a buscar su felicidad y a vivir su vida como mejor valore, en convivencia pacífica con el resto de ciudadanos.

Por nuestra parte, nos sentimos sumamente afortunados que don Jorge nos honre compartiendo sus agudos análisis de la realidad todas las semanas con la "Columna de Carlos Federico Smith". No podemos hacer más que pedirle, que por el bien de nuestro país siga participando activamente en cuanto foro pueda.

A pesar que conocemos bien que Ayn Rand no es una de las autoras predilcetas de don Jorge, no podemos resistir la tentación de dedicarle estas palabras, las cuales sin duda alguna describen la coherencia, el trabajo, el legado y admiración que don Jorge ha forjado a lo largo de estos años.

"I often think that he’s the only one of us who’s achieved immortality. I don’t
mean in the sense of fame and I don’t mean that he won’t die some day. But he’s living it. I think he is what the conception really means. You know how people
long to be eternal. But they die with every day that passes. When you meet them, they’re not what you met last. In any given hour, they kill some part of
themselves. They change, they deny, they contradict--and they call it growth. At
the end there’s nothing left, nothing unreversed or unbetrayed; as if there had
never been an entity, only a succession of adjectives fading in and out on an unformed mass. How do they expect a permanence which they have never held for a single moment?" (Rand, Ayn. The Fountainhead)

¡Gracias don Jorge!

lunes, 21 de noviembre de 2011

Tema polémico: las idioteces del PLN-PAC-PASE-RN


La semana anterior, los costarricenses recibimos una pésima noticia: el proyecto de Solidaridad Tributaria fue dictaminado afirmativamente en Comisión, con una votación de 7 (PLN, PAC, PASE y RN) contra 2 (ML y PUSC), luego de una discusión de más de 4.500 mociones, donde solamente los opositores hablaron, mientras que los promotores se limitaron a asistir (diríamos a escuchar, pero lo cierto es que no fue así, por cuanto Diputados como Manrique Oviedo -PAC- usaban audífonos para escuchar música durante la sesión o María Eugenia Venegas -PAC- chequeaba su página de facebook).

Ahora la iniciativa se debatirá en Plenario, donde el procedimiento especial aplicado mediante el artículo 208 del Reglamento Legislativo restringirá seriamente el derecho de enmienda y el uso de la palabra para los legisladores que se oponen. La única esperanza es que las pocas mociones que se podrán presentar hagan entrar en razón a los legisladores del PAC, PLN, PASE y RN (ojalá que como se televisan las sesiones del Plenario, salir en cámaras con audífonos sea algo que los legisladores del PAC deseen evitar) o que, cuando se plantee la Consulta de Constitucionalidad, los Magistrados de la Sala IV den la razón a los recurrentes con el señalamiento de vicios que se traigan abajo el proyecto.

También esperamos que los ciudadanos caigan en cuenta sobre cómo los afectará este PACquetazo de impuestos y se manifiesten en contra. Hasta ahora, las cosas no han pintado bien: como bien apuntó Jorge Corrales en la Columna de Carlos Federico Smith de hace unas semanas, lo que hemos tenido es una serie de "ratoncitos" pidiéndole al gato impositivo que los saque de sus planes, a cambio de entregarle, como sacrificio, al resto de ratoncitos que no han podido ir a presionar o negociar con el minino. Los demás, como se dice popularmente, estamos jodidos, pues no podremos escaparnos de la voracidad fiscal si se aprueba esta nefasta iniciativa.

Pero también esperamos que la gente, molesta y afectada por los nuevos impuestos, castigue la estupidez del PLN, PAC, PASE y RN en las urnas. Sería muy lamentable que, en las próximas elecciones, sabiendo que esos partidos fueron los que le metieron la mano en la bolsa a los costarricenses y lo condenaron a la pobreza, al desempleo, a la misería, a la ignorancia, a la mala atención médica pública, a estar siempre endeudado y a renunciar a sus aspiraciones de salir adelante y procurarse una mejor calidad de vida, los individuos los premien dándole su voto y sigan legitimando el saqueo y la expoliación, la esclavitud y la idiotez.

Por ahora, tendremos que esperar a ver qué pasa.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Premio de la libertad


En ASOJOD nos complacemos de felicitar a uno de nuestros amigos, colaboradores y compañeros en la defensa de las ideas de la libertad, por la consecución del Premio de la libertad de la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE). Se trata de nuestro estimado Jorge Corrales Quesada, quien escribe la sección "La columna de Carlos Federico Smith" y quien ha producido, a lo largo de su carrera, más de 1.000 artículos para difundir, explicar y defender las ideas liberales en nuestro país.

El premio será entregado este lunes 21 de noviembre, en el Costa Rica Country Club, con una cela de gala y la exposición del invitado Manuel Hiddins, espacio en el que convergerán muchos liberales, de diferentes tendencias, pero comprometidos todos con la causa: defender los derechos individuales, la propiedad privada, la libertad y el individualismo.

¡Muchas felicitaciones a nuestro gran amigo Jorge Corrales. Más que merecido tiene este premio!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Jumanji empresarial: los pobres no tienen "derechos adquiridos"


Mientras crece el desempleo y aumenta la pobreza, el ministro de Hacienda de Costa Rica declara "impostergable" el pago del aguinaldo a los funcionarios del gobierno central.

Si usted es un funcionario del gobierno central de Costa Rica, este diciembre su aguinaldo será en promedio 15,6% más alto que el del 2010. Pero si usted es pobre -y muy probablemente además un desempleado, lo único que le aumentará será la cantidad de vecinos en su misma situación.

El comunicado del Ministerio de Hacienda es enfático: pagar los aguinaldos "es una de las obligaciones que deben atenderse de manera impostergable, independientemente de la situación fiscal del país". Y es cierto: el no pago de los aguinaldos a los funcionarios del gobierno central podría ser considerado un delito, puesto que se estaría conculcando sus sagrados "derechos adquiridos" mediante convenciones colectivas y otras disposiciones arrancadas a directivos y gobernantes siempre complacientes a la hora de conceder aumentos salariales y otras prebendas.

Mientras tanto, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) anunció que la tasa de desempleo aumentó de un 7,3% en el 2010 a un 7,7% este año, mientras que la pobreza ascendió de 21,3% a 21,6%, lo que significa que ahora hay en Costa Rica 37.000 personas más que son pobres, y 105.000 personas sin trabajo.

No estamos proponiendo que no se paguen los aguinaldos. Lo que pretendemos hacer es dejar en claro que las decisiones sobre convenciones colectivas y otras normas que instauran privilegios desmedidos, no pueden continuar siendo fuente del derecho absoluto de los nuevos aristócratas de las burocracias estatales, a percibir cada vez más dinero, mientras que los trabajadores de la empresa privada pagan con desempleo y más pobreza el precio de las crisis y del desgobierno.

Si hay más desempleados es porque hay empresas privadas que están produciendo menos y vendiendo menos -o simplemente cerrando sus puertas, agobiadas no solo por crisis importadas, sino también por los impuestos y por la tramitología que justifica la existencia de demasiados funcionarios públicos.

Quizás sea el momento para incluir en el proyecto de aumento generalizado de impuestos en estudio en la Asamblea Legislativa, una claúsula que señale que se revisarán todas las convenciones colectivas y demás normas abusivas, las que dejarán de ser fuente irrevocable de los derechos adquiridos de la burocracia estatal. Porque, si se pueden cambiar las reglas para la empresa privada y quitarle exenciones fiscales -o lo que es lo mismo ponerle más impuestos- ¿porqué no cambiar también las reglas para que los servidores del gobierno central también tengan que ajustarse el cinturón?

Quizás así sí el proyecto de ley fiscal merezca el pomposo y mentiroso nombre de "Ley de Solidaridad Tributaria"

Editorial
Central America Data

martes, 15 de noviembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: comentario acerca de impuestos y gastos gubernamentales

Es cierto que un impuesto al valor agregado, comparado con un impuesto sobre las ventas sólo gravado sobre el consumidor final, como, por ejemplo, es el caso actual de Costa Rica, posee algunas ventajas. Tal vez la más importante tiene que ver con que un impuesto al valor agregado exhibe como característica principal que “se facilita el control cruzado entre las diversas empresas y, por lo tanto, es más fácil detectar la subestimación de los tributos”, como nos lo señala quien tal vez sigue siendo el mayor experto tributario en el campo de los impuestos sobre las ventas, el profesor John Due (ver John Due, Sales Taxation, Urbana: University of Illinois Press, 1959, p. 366). Pero él también nos advierte que “la regresividad general del impuesto no es tanto un argumento en contra del uso del impuesto a las ventas (como, por ejemplo, en su versión de valor agregado), sino en que se descanse excesivamente en él como un elemento de la estructura tributaria general” (Op. Cit., p. 37. El paréntesis es mío).

Me parece que por aquí pasa gran parte de la discusión conceptual sobre este impuesto en el momento actual. Es cierto que para paliar su regresividad lo que muchos países hacen es excluir una serie de bienes, tal vez lo que algunos llaman “canasta básica”, pero esto tiende a complicar aquel control automático que se pretendía lograr y que era su característica más meritoria y más aún si se introducen diversas tasas del impuesto al valor agregado, para diferentes actividades económicas, en vez de ser una tasa uniforme.

A pesar de todo esto, en mi opinión la introducción de un impuesto al valor agregado, que alguien podría contemplar como deseable, no significa que se deba hacer con tasas impositivas superiores a la previamente existente con el impuesto sobre las ventas a nivel de consumidor como el actual. De hecho hoy el impuesto a las ventas tiene dos tasas: una de 0% a ciertos pocos bienes exentos y de un 13% a la mayoría de los bienes. Con la propuesta a la fecha, habría varias tasas: una de 0% a los que siguen siendo pocos bienes exentos, 2% a ciertos insumos, 4% a ciertos bienes de construcción y agrícolas, 10% a algunos servicios y 13% a la generalidad de bienes. Esta multiplicidad de tasas posiblemente enrede las posibilidades administrativas de control cruzado, que era el gran mérito del IVA, en comparación con el actual impuesto a las ventas.

El zapato en que se ha ido metiendo el gobierno tiene su origen en que se ha planteado mal el problema tributario del país, como lo hace cierto periodista columnista de cierto periódico, y que se mete a experto en el campo de los impuestos. Es tal la angurria gubernamental por obtener más ingresos tributarios, que ha provocado que pierda el norte de su sistema tributario. En primer lugar, porque en este paquete, el 70% de las nuevas recaudaciones provendrán de la reforma al impuesto a las ventas, con lo cual crece su importancia como “elemento de la estructura tributaria general”, de la cual nos advertía Due, problema de especial importancia por la naturaleza regresiva que generalmente se acepta que posee dicho gravamen.

En segundo lugar, porque el gobierno podría haber optado por una reforma tributaria del impuesto de ventas hacia un mejor impuesto sobre el valor agregado, mediante la cual, por una ampliación de la base, redujera a cambio la tasa impositiva, de manera que la recaudación neta fuera similar a la actual. Es muy posible que tal propuesta políticamente habría sido más viable en cuanto su recepción y aprobación, pero el problema está en que el gobierno, a como haya lugar, lo único que parece interesarle es ver cómo logra agarrar más plata. Si la simple transformación, sin tener que variar la tasa anterior, ya de por sí le hubiera generado mayores ingresos por el mejor control que hubiera logrado, pero, como para echar sal sobre la herida, se aprovecha de la oportunidad para aumentar la tasa del impuesto actual sobre las ventas (además da ampliar radicalmente su base imponible).

Finalmente, debo terminar con una advertencia para los creyentes en el Estado: éste no va reducir sustancialmente su gasto. Digo esto porque ya algunos en cierto medio nos han salido diciendo que es necesario poner los actuales impuestos contenidos en el paquetazo, como lo es cierta reducción en los gastos gubernamentales programados. La verdad es que ya el gobierno ha tenido varias oportunidades de seguir este segundo camino deseable. El presupuesto que se presentó para este año es más apropiado para una economía de vacas gordas, que de vacas flacas, como la que cada día nos indican las noticias acerca del retraimiento gradual del crecimiento en la actividad económica nacional. Es más, a todas luces el presupuesto que presentó este gobierno para el año entrante es ilegal, pues viola principios básicos de financiamiento del gasto gubernamental, garantizados por nuestra Constitución. Así lo indicó en la pasada liquidación del presupuesto de la República, la institución indicada para dictaminarlo, como lo es la Contraloría General de la República.

Pero más notoria fue la burla cuando, ante la inquietud del diputado Fishman por recortar los gastos contenidos en el presupuesto del gobierno para este año, que ascienden 5.9 millones de millones, sugirió que se redujeran en 54.000 millones; esto es, no siquiera en un 1% del monto presupuestado (exactamente, un 0.92%). ¿Se imaginan cuál fue la contraoferta de este gobierno dispendioso y que sólo quiere ponernos impuestos y no rebajar su gasto?, pues reducirlos en el risible monto de 4.900 millones. Esto es, ni siquiera en una décima parte del 1% del gasto total (específicamente 0.08%). Estamos claros acerca de reducir el gasto… ¿verdad que las cosas serias algunos las toman en broma?

lunes, 14 de noviembre de 2011

Tema Polémico: El santo Oscar Arias


En febrero del 2010, doña Laura Chinchilla ganó las elecciones presidenciales con una abrumadora mayoría y no es ningún secreto para nadie que la principal razón de su gane fue el simple hecho de que era la candidata designada por Oscar Arias para continuar con labor. Y es que, en aquel entonces y aun al día de hoy, una buena parte de la población costarricense está contenta con el trabajo realizado por don Oscar como Presidente Y nosotros nos preguntamos ¿Qué hizo Oscar Arias para merecer semejante popularidad aparte de hablar bonito y tener un premio nobel? No es de extrañarse la trillada frase de la gente cuando habla de él que dice: “ahora sí, este señor puso el país a caminar”. En ASOJOD nos encantaría que alguien nos explicara, con razones de peso, semejante frase pues consideramos que se trata de una gran falacia. Don Oscar Arias, en lugar de “dejarle la mesa servida al próximo gobierno”, hizo casi que todo lo contrario.

¿De qué camino hablan tantos costarricenses? Pues la realidad es que don Oscar Arias encaminó esta país a la quiebra. El sector público global paso de tener un superávit equivalente al %0.85 del PIB en el 2007 a un escandaloso déficit de 5.37% en el 2010 cuando él salió del Gobierno, el más alto de Latinoamérica. No hace falta ser estudiado para darse cuenta que más de una irresponsabilidad cometió nuestro Presidente en el transcurso de esos tres años.

Ese déficit se debió a un injustificado aumento de salarios y pensiones del Gobierno Central. Y decimos injustificado, pues la misma Contraloría de la República ha dicho, en reiteradas ocasiones, que esos aumentos nunca respondieron a un criterio técnico que lo apoyara. Esta decisión la tomó Oscar Arias siguiendo falsas soluciones keynesianas de aumentar el gasto estatal durante la época de crisis financiera para, supuestamente, evitar una recesión. Ya es sabido que esas medidas no pudieron evitar la recisión. Y es que si, por lo menos, don Oscar no hubiera sido tan irresponsable y hubiera aumentado ese gasto estatal en rubros fáciles de eliminar a corto plazo, otro gallo cantaría en estos momentos. Pero no, este señor decidió aumentar la planilla del Estado a sabiendas de que luego sería muy difícil de remover cuando el país se encontrara en mejor situación.

Pues lo cierto es que don Oscar no le dejó “la mesa servida” al siguiente Gobierno, más bien le dejó “la mesa desordenada, sucia y con los platos rotos”. Genial hubiera sido que doña Laura fuera un poco más sensata y tomara la decisión de despedir el personal que sobra y ajustar mejor los salarios, pero eso es mucho pedir. Por el contrario, tuvo la ideota de hacer todo lo contrario: ¡Que siga la fiesta! es su lema y su intención es que todos los costarricenses paguemos esos “platos rotos” por medio de más impuestos. En este momento, está en discusión en la Asamblea Legislativa un Plan Fiscal absurdo y un Presupuesto del Gobierno Central que es totalmente ilegal, ambos presentados con doña Laura.

Sin duda, estamos gobernados por payasos. Esa es la gente que nos gobierna y que una gran parte de los costarricenses quieren que nos gobierne, porque solo entre payasos se entienden. Nosotros en ASOJOD no nos cansaremos de denunciar estas barbaridades.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Jumanji empresarial: ¿productivo o improductivo?


A los liberales, además de tacharnos de inhumanos, las voces de la ignorancia –es decir, las voces de quienes creen más en la “aparente” acción colectiva que en la lógica de la acción individual– nos tachan a menudo de profesar un irrealismo economicista, alejado de la percepción simbólica de una realidad colectivista. Algunos intercambios casuales entre ambas formas de pensar, ponen en evidencia esta disyuntiva, como es el caso del gasto estatal deficitario.

Ante la insistente pregunta de ¿cómo eliminar el déficit fiscal y procurar a la vez un aumento en la evolución económica?, la respuesta liberal es: recortando el gasto corriente; pero, ¿dónde? repregunta el no liberal. Pues dónde sea, afirma el primero. ¿Aunque esto implique recortar empleados productivos del Estado?, replica el interlocutor, a lo que el liberal contesta: no existe empleo productivo en el Estado. ¿Cómo que no?, se indigna el otro. Absolutamente no, insiste el liberal. Fin de la conversación.

Lo dicho no significa que todos los empleados del gobierno sean vagabundos o improductivos, desde el punto de vista económico; esto es, desde el punto de vista de la producción/hora. Lo que significa es que el empleo gubernamental no provee ningún “servicio comerciable” que sea recíprocamente valorado por los consumidores o contribuyentes; en consecuencia, cualquier empleo gubernamental es improductivo desde la óptica de valor del mercado. ¿Por qué? Porque la evolución económica, en la esfera del mercado, depende de la capitalización y aceptación en términos de valor de una equivalencia a la hora de intercambiar: Y dado que, dentro de los servicios que presta el Estado, no existe tal equivalencia, entonces todo lo que el Estado hace es quitar a valor real y devolver sin que haya una verdadera aceptación de algún valor agregado real.

Dado que nuestro medio de intercambio y equivalencia es el dinero, por lógica, tratar de solucionar el déficit de un gobierno improductivo, quitándonos más dinero y, a la vez, procurar crecimiento económico –valorado también en términos de dinero– es totalmente contradictorio. Por esta razón, la única manera de solucionar un problema de déficit gubernamental creciente, en momentos de estancamiento económico, es recortando el gasto. ¿Dónde? ¡Dónde sea!.

Andrés Pozuelo Arce

martes, 8 de noviembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: el gatazo impositivo y los ratones


Todos los ratoncitos esperaban que aquél día fuera igual que cualquier otro. Tranquilos manejaban a sus trabajos, iban a sus escuelas, se dirigían a las fábricas y a abrir las puertas de sus negocios, en donde ya otros hacían fila para hacer sus compras de siempre. El ratón constructor les indicaba a sus ratoncillos ayudantes, que se apuraran en la construcción de la casita que pronto habitaría una pareja de jóvenes ratones, próximos a casarse. En el centro de la ciudad, el ratón banquero se apresuraba para estar listo a las nueve, cuando tendría que atender a sus clientes, unos ratoncillos interesados en pedirle plata prestada y, otros, en prestársela.

Nada ominoso se vislumbraba en la distancia tranquila, pero, de pronto, casi de la nada, saltó a la escena un voraz gatazo, quien rampante y con voz fuerte exigió a los ratones que le pagaran todo tipo de nuevos tributos, pues al fin y al cabo era su amo todopoderoso. Si no le obedecían en su arrebato, los mandaría a la cárcel y hasta su vida correría peligro.

Ante el rayo que rompió la tranquilidad ciudadana, los ratoncillos huyeron espantados, cada cual por su lado, corriendo por su vida sin pensar en las de los demás. Sólo trataban de ver cómo escapaban de las fieras garras del temido gato impositivo, aunque al hacerlo dejaban el campo para que el gatazo se comiera a cualquiera de los otros compañeros. Se trataba de su vida o la de los otros ratoncillos.

A ninguno se le ocurrió pensar que, ante el desmadre provocado por el gato voraz, aunque cada uno intentara salvar su propia vida, a su propia cuenta y riesgo, corriendo en estampida, ya las cosas no iban a ser jamás iguales, a como se habían venido viviendo. De poco les iba a valer seguir con vida, si en la incertidumbre quedaban muertos muchos de sus vecinos.

En tanto, el gatazo cruel se relamía de la felicidad, ante la genialidad de poner mayores impuestos a los tranquilos ratoncillos, con la ayuda de sus compinches políticos, a quienes por supuesto luego les haría partícipes del festín, que tendrían con lo que habrían podido arrebatarles a los ratones, quienes difícilmente se podrían quitar de sus espaldas las nuevas cargas impuestas.

Pero más que todo, el gato se chupaba los labios porque ya olfateaba lo que vendría después del anuncio de mayores impuestos. Una vez más, pensaba en lo buena que había sido su estrategia del pasado y que no había razón para que no lo fuera esta vez. Se trataba de la artimaña del divide y vencerás, mezclada con aquello de que lo mío es lo único que importa. Así, el gato esperaba pronto ver el desfile usual ante su corte: cada representante de los diversos grupos de ratoncillos llegaría a ofrecerle el sacrificio de todos los otros, a cambio de que sus representados no fueran afectados en esta ocasión. El gato sabía que cada ratoncillo estaba dispuesto, con tal de salvarse a sí mismo, con tal de poder sobrevivir, a que fueran otros los que terminaran pagando las consecuencias de la decisión del gatazo.

Y así han sucedido las cosas. El primero que pidió hablar con el gato fue un ratoncillo muy influyente, el ratoncillo banquero, quien le prometió al gato, privadamente por supuesto, que públicamente proclamaría por la necesidad del paquete de impuestos que el gato pensaba poner sobre todos los ratoncillos, siempre que se le quitara de la mente, la idea loca de poner impuestos a los intereses que tenía que pagar por los ahorros, que los demás ratoncillos colocaban en su negocio (y por supuesto, que tampoco el gato se aprovechara para poner más impuestos a los pobres bancos). Y el ratón banquero cumplió: públicamente dijo que el paquete tributario era conveniente, pero que era innecesario gravar los intereses de los ahorros.

Lo que el ratón banquero no pensó fue que, si los demás ratones iban a ser gravados y como a la vez eran clientes suyos, les iba a quedar menos plata para pagarle lo que le debían a él: tendría una baja en la calidad de la cartera, como le dijo eufemísticamente el ratón regulador, refiriéndose a los préstamos que ahora pasarían a incobrables y a los perros que los otros ratoncillos le irían a amarrar. El gato no ha podido cumplir su parte de lo conversado y los impuestos sobre los intereses aún están siendo decididos por los felinos políticos.

Al ratón banquero le siguió el ratón solidarista, quien vestido de conciencia social logró convencer al gato que, de por sí, era un grupo relativamente escuálido y que era injusto que también tuviera que tributar por lo poco que le quedaba. Como eran muchos los de ese gremio y, además, el gato estaba en un proceso de negociaciones similares con otros ratones contrincantes, los ratones cooperativos, el gato se acordó de lo peligrosas que podían resultar ser las multitudes y accedió a dejar a ambos por fuera, y que las cargas recayeran sobre el resto de ratoncillos mortales. Salvados los ratoncillos solidaristas y los cooperativistas, siempre revisarían por si el gato no tenía algún otros gravamen oculto que tuvieran que pagar, pero por el momento, mutis y bien tranquilos.

Luego siguió el ratón constructor, molesto porque le quitaran el tiempo que tenía dedicado a la construcción de casas para ratoncillos jóvenes recién casados. De paso, ni el constructor ni el periódico de la ciudad habían tenido tiempo para darse cuenta de que, con el impuesto a los intereses por los ahorros, los ratoncillos jóvenes dejarían de ahorrar en el banco del ratón banquero, porque les iba mejor gastando ahora en queso, que en ahorrar la plata necesaria para pagar la prima de la casita. En todo caso, al ratón constructor se le ocurrió una idea brillante: pedirle al gato que le rebajara los impuestos (porque son varios los nuevos que el gatazo les recetó en esta ocasión) para poder seguir construyendo, no importando si también esa rebaja la sugería para el resto de actividades en que estaban normalmente involucrados los demás ratones.

Es cierto que el ratón constructor tal vez así saldría particularmente del apuro, pero no se le ha ocurrido pensar que toda la generalidad de ratoncillos ahora tendrá menos plata, que entre otras cosas les dificultará poder comprar casas que él tendría que construir. No hay peor cosa que tener ahora los mismos clientes, pero más pobres. Nada más, imagínense que, tal vez, con la idea del ratón constructor, el ratoncillo recién casado tendrá que pagar un poquito menos por la casa, pero siempre va a tener que enfrentar el montón de nuevos impuestos, cuando tenga que amueblar la casa, porque nadie vive en una vacía; además de que habrá ahorrado menos para poder pagar la prima de la casita. El ratón constructor pensó en lo propio, no en los efectos negativos que sobre los demás roedores tendrá la ambición del gatazo.

Y así fueron pasando uno tras otro los representantes de los ratones agremiados ante la corte del gato, pidiéndole clemencia para sus representados, aunque callando para que no se dañara a sus congéneres. Sólo pensaron en las consecuencias directas, pero no en los efectos que sobre ellos tendría el daño causado a los demás compañeros y que sin duda se reflejará en su propia actividad. Por eso es que el gato ronroneaba de satisfacción: cada cuál que peleara por lo suyo, pues en río revuelto, ganancia de pescadores. Y el gato lucía muy bien vestido de pescador.

Una vez más tendrá éxito la voracidad fiscal del gato. Aplicaba bien la falacia del todo y las partes: cada uno de los ratoncillos individualmente buscaría cómo salvarse, pero, al hacerlo, dejaba que se afectara a cualquier otro del gremio. Con ello el gato podía al final de cuentas lograr una buena tajada de la propuesta que originalmente presentó, sin tener que llegar al extremo de tener que acabar con toda la comunidad de ratones, que era la que finalmente lo mantenía. No se puede concebir a un gatazo tal, que esté dispuesto a acabar con la existencia de quienes siempre lo han mantenido vivo.

Todo iba muy bien para el gato, hasta que a un ratoncillo se le ocurrió gritar: paremos la payasada de más y más impuestos. No más tributos. Si seguimos dándole plata al gato, cada vez nos irá a pedir más y más. Claro que eso exigía que el desfile de ratoncillos pedigüeños del favor del gato, pidiéndole que se les eximiera del tributo pero que sí lo fuera a costa de los demás, terminara de una vez por todas. El resultado de esa lucha por la dignidad de los ratoncillos quedará por verse en un próximo capítulo.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 7 de noviembre de 2011

Tema polémico: el ocaso del Libertario


El caso del Movimiento Libertario es uno cuyo final se veía venir, no sólo por el evidente abandono de núcleo fuerte de sus ideas y valores que le dieron origen, sino principalmente, por el manejo de la estructura del partido, como una pulpería personal de su caudillo y por la negativa a tener una política de transparencia en la información así como por la inacción de la cúpula partidaria, que ha dejado pasar cada uno de los problemas sin tomar acciones para corregirlas.

No vamos a hacer leña del árbol caído, sobre todo cuando existen personas que hoy enfrentan el rigor de la exposición social y el peso de procesos judiciales, pero mal haríamos sino señalamos el impacto que el caso del Libertario tendrá, con toda seguridad, sobre la defensa y la promoción de las ideas liberales en Costa Rica.

Cierto es que en nuestro país no hay escándalo que dure tres días, pero resulta igualmente cierto que no podemos dimensionar aún las consecuencias inesperadas de los últimos acontecimientos en relación al descalabro del Movimiento Libertario.

Lo que podemos decir con toda seguridad es que hoy, por la ambición de unos cuantos que abandonaron las trincheras de la ideología liberal, –si es que alguna vez abrazaron tales ideales- para perseguir su opiáceo sueño de poder, la palabra liberal está manchada con el desprestigio y el escarnio público empapa hasta a quienes hemos actuado con total transparencia y consecuencia. El ojo del huracán se posa sobre la palabra “Libertad” en nuestro país. En los últimos días, y seguramente en las próximas semanas y meses, “libertad” será un concepto ligado en los medios y en el oído de la población al de “corrupción”.

Así será asumido por aquellos –con seguridad, la mayoría de costarricenses- que por ignorancia o pereza, no se tomen el tiempo para razonar y desligar una cosa y la otra. Y si los liberales ya eran vistos con recelo, ahora serán vistos con desprecio, porque a la vista de todos, son corruptos y ladrones. No importa ya lo que digan los tribunales: el juicio mediático, el juicio popular, ya ha emitido su veredicto, sentencia y ejecución.

Además del mote de "neoliberales" que nos han encaramado y de culparnos por los desastres que el mercantilismo y el estatismo han generado en otros países, ahora los liberales tenemos que soportar que nos encajonen en el mismo espacio que ocupan personas cuestionadas por sus acciones individuales y que en nada se relacionan con las ideas que defendemos.

Esa es la piedra de Sísifo que deberán cargar los defensores de la libertad, como un paradójico legado de quienes alguna vez dijeron compartir su causa.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, queremos compartir con ustedes el célebre ensayo de Frederic Bastiat, "El recaudador de impuestos", que consiste en una fábula de la angurria y voracidad fiscal, en tiempos cuando el Estado costarricense nos pretende aturuzar con un paquetazo de impuestos para financiar sus payasadas.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Jumanji empresarial: Gobierno, gobernados y gobernables


La civilidad y la gobernabilidad no son un asunto de la sola competencia de quienes administran las funciones públicas o de los partidos que luchan por el poder; es, en cambio, una cuestión del interés general de la sociedad y de los gestores locales.

Gobernar quiere decir que alguien tiene la autoridad y la responsabilidad de disponer el funcionamiento del Estado y de las gestiones colectivas evolutivas. La autoridad se la confiere el voto de los ciudadanos y se enmarca en el sistema legal; la responsabilidad se la tiene que exigir la población entera en el marco de esa misma ley. Gobernable quiere decir, entonces, que ese Estado o colectividad se pueden gobernar, y la gobernabilidad es la calidad de gobernable que adquiere esa situación.

Pero estos términos y las acciones que representan deben primeramente ser entendidos de modo explicito y tácito en una democracia. Se refieren a las obligaciones y a los derechos de las partes del pacto abierto que se establece entre gobernantes y gobernados. Este pacto no confiere a unos ni a otros márgenes ilimitados de acción. Para los primeros se fijan prerrogativas y responsabilidades de las cuales, desafortunadamente, todavía no rinden cuentas de modo satisfactorio a quienes muchas veces las padecen más que disfrutarlas, lo cual se convierte en una serie creciente de agravios y es una de las principales fuentes del descontento y la incredulidad con respecto de quienes gobiernan. Para los otros representa la necesidad de aceptar una cierta coerción en aras de poder vivir colectivamente. Esto ni modo, expresa una restricción de las libertades. Por eso la única manera práctica de definir las libertades es en el marco de la aceptación de esas mismas restricciones.

Sin embargo, en el difícil campo de las libertades una cosa es que aceptemos las reglas y exijamos cada vez más abiertamente un esquema de legalidad y de responsabilidades en la vida pública, y otra, por cierto muy distinta, es entenderse como personas y como grupo gobernable.

El gobierno en un entorno democrático y libre no se ejerce sobre seres gobernables, sobre un rebaño. El gobierno no aplica el mismo rasero a su visión sobre la sociedad y sobre sus propias funciones. En la economía debería de pretender reducir las restricciones, desreglamentar las transacciones y reducir las interferencias y, todo ello, para generar mercados libres y una adecuada protección a los derechos de propiedad. Sabemos que en ello hay una gran parcialidad y que se acaba beneficiando a unos por encima de otros. Pero en política el gobierno no acepta la misma medida y quiere todas las ventajas de la gobernabilidad, la que parece entender como la concesión de un cheque en blanco para controlar.

La única manera de entender hoy la gobernabilidad, si nos tomamos en serio el asunto de la democracia, es en cuanto a la posibilidad de tener un buen gobierno. Gobernable es una cualidad que deberíamos asociar solamente con una sociedad en la que se reducen las fricciones políticas, las desigualdades en oportunidades, las violaciones a la ley y las ventajas de grupos privilegiados.

No tiene, entonces, nada que ver con la aceptación explícita o tácita de la población de ser gobernable. No queremos ser gobernables, sino que aceptamos el compromiso y hasta la restricción que puede significar ser gobernados. A partir de ello se puede establecer el único pacto posible entre la sociedad y quienes dirigen el gobierno y representan el Estado.

No son convenientes los pactos de gobernabilidad y de civilidad porque éstos tienden a entenderse como un modo de mantener un poder que muestra hoy grandes signos de debilidad y de fractura. Ese es un poder cuyo desgaste se puede compensar cada vez menos con esquemas de recompensas que, habiendo estado, eso sí, muy bien articuladas, son cada vez menos eficientes. Lo que se quiere es acceder a un verdadero estado de derecho, en el que las leyes sean claras y con pocas regulaciones, que no se interpreten al gusto del cliente y que sirvan para que el país sea gobernable en virtud de los resultados positivos que se alcancen en la vida diaria de sus habitantes.

Así mismo, las instituciones que se crean para asegurar el adecuado funcionamiento del Estado, deben de ser siempre tan evolutivas como el mismo mercado. De lo contrario, estas terminaran por convertirse en agentes depredadores de las instituciones generadoras de riqueza.

Lo importante; claro está, no es quien gobierna en un país, sino cual es la actitud de los ingobernables de libre pensamiento, que con su continuo escrutinio de las acciones del Estado, obligan a los gobernantes a comportarse según las reglas establecidas.

Andrés Pozuelo Arce

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Costa Risa... para llorar


Queríamos aprovechar para compartir con todos ustedes esta importante iniciativa. Como bien menciona este grupo, nuestro país se encuentra gobernado por verdaderos payasos, cuyas ¿soluciones? a los problemas nacionales no son más que puras ocurrencias. Detengamos todos juntos este PACquetazo de impuestos, que nos afectará a todos.


martes, 1 de noviembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: de impuestos y gasto gubernamental


Muchas veces me he referido a que un sistema tributario debe tener un cierto sentido de justicia, pero por supuesto tiene una contrapartida, cual es que esos recursos sean usados con sensatez, con mesura. Posiblemente si esto último fuera la norma, la gente estaría más dispuesta a enfrentar su parte del costo de mantener un Gobierno, que se supone le debe proteger ante terceros que desean causarle daño y darle seguridad.

Difícilmente nuestro Gobierno exhibe sensatez en la forma en que dispone de su gasto. Por ello, nos guste o no nos guste el ejercicio, por llamarlo de alguna manera, que recientemente realizó el Diputado Luis Fishman, nos ha de servir de recordatorio de lo lejos que está nuestro Estado de aquella mesura, de aquellos principios de probidad que exige un manejo sensato de los recursos que los ciudadanos hemos confiado en el Estado, para que nos brinde ese servicio esencial de proveernos de seguridad ante el enemigo interno y el externo, fundamentalmente.

Lo que pasa es que uno observa en los Estados modernos, que no por ello son más inteligentes sino tan sólo más cercanos en el tiempo, cómo la dispendiosidad es la regla que más bien rige el gasto, lo que estimula a que se inmiscuya en cuanta cosa se le puede ocurrir a algún gobernante de turno. No voy a satanizar esta práctica del gobernante respecto al gasto y puedo hasta asumir que muchas veces es impulsado por las mejores intenciones en sus propósitos de gasto. Pero esto no suficiente justificación de lo que se observa.

Cuando los hechos muestran una y otra vez que esos propósitos supuestamente loables constituyen una simple sustitución de acción gubernamental por la acción privada de las personas, sólo que ejercitada a un costo mayor; o sea, con una ineficiencia mayor, da lástima que el mejor uso que los individuos pueden hacer con sus recursos bien ganados sirviendo a los demás, sea empleado en la creación usualmente, de una burocracia que es la que disfruta de ese gasto, más que nadie.

No se está abogando porque tengamos una sociedad sin Estado. Tal vez sólo una mente febrilmente política de alguien que presume de sabio bienhechor, pueda acusar a quienes nos oponemos al despilfarro y a la intromisión del Estado en la vida del ciudadano, como seres que anhelamos un regreso al pasado. Tal vez para algunas cosas el pasado puede haber sido mejor, pero en la realidad de las cosas, sólo cuenta el presente, al igual que las posibilidades de tener un futuro que sea mejor que la actualidad. Si se tiene un sistema tributario que cada vez sangra más a las familias, dejando menos recursos para poder satisfacer sus necesidades de consumo y sus deseos de crecimiento por medio del ahorro y de la inversión, pues ese futuro nunca podrá llegar a ser mejor.

De aquí que no se trata de anhelar pasados, sino de tener posibilidades para un crecimiento mayor y mejor. Si para condiciones económicas normales sirve esta regla, más aún cuando por circunstancias de la vida las economías no muestran posibilidades de tener un crecimiento relativamente alto y, más bien, pende ominosa sobre muchas personas la continuación de una recesión que hemos vivido y que nos ha costado mucho. Una economía que mantiene una tasa de crecimiento que apenas deja sacar las narices por encima de la superficie del agua que habíamos logrado tan sólo hasta hace pocos años y que ahora sólo parece ofrecernos menores nivel de empleo y más bajos niveles de ingresos familiares.

De ninguna manera es justo que, en momentos en que la situación de nuestra economía es tan difícil, se acuda a la imposición estatal. No estamos en una bonanza relativa, como la que se puede haber tenido hace unos pocos años en el reino del “sabio bienhechor”, que puede haber permitido que el gobierno gastara a manos llenas, pero, eso sí más grave, atando el futuro de la nación a ese gasto desproporcionado. Si lo que en verdad ese gobernante lo que tiene es una mentalidad social-estatista, aunque la disfrace a veces de una actitud presuntamente en favor de la libertad y de la empresa privada y de la vida propia de las familias, lo cierto es que los hechos parecen mostrar que la norma es la contraria: se pretende que el Estado sustituya la acción privada y la mejor manera de lograrlo es extrayendo los recursos que las familias generan para usarla en la satisfacción de sus propios deseos y necesidades políticas.

Difícilmente veremos funcionarios estatales que estén dispuestos a reducirse, por su propia voluntad, como grita el sabanero, los jugosos sueldos que hoy les honran y que contribuiría, aunque poco, a disminuir el déficit gubernamental, pero que, ante todo sería un excelente ejemplo de mesura. La crisis en Europa, ocasionada por el excesivo gasto estatal, ha tenido que llegar a las profundidades que hoy observamos, como para que los altos burócratas, en España, en Grecia, en Inglaterra e Italia acepten reducciones en sus salarios, pues su Estado “ya no echa más”. En cambio, en Costa Rica el jolgorio continúa y ni por broma se asoma la posibilidad de que quienes hoy pretenden recetar con más impuestos al ciudadano, empiecen por sacrificarse ellos, mucho antes de mandar al resto de la ciudanía a la picota tributaria.

Este es tan sólo un ejemplo de un gasto gubernamental que no da trazas de retroceder, pues una característica de la politización de la sociedad, es su creciente burocratización, que implica una planilla estatal cada vez más amplia y de costos mayores. ¡Tan lejos de la sensatez a la que me referí al puro principio! Escogí referirme como ejemplo a los altos sueldos gubernamentales por ser lo que tal vez muestra con mayor y más clara evidencia el interés personal que mueve a los políticos, cual es su propio interés, aunque ciertamente ello es también aplicable a una gama sumamente amplia del gasto público. Una gama que oscila desde aquel empresario preocupado en que si el Gobierno deja de gastar, limitará las compras que hace de su negocio, pasando por aquellos burócratas cómodos por la falta de competencia que diariamente observan, en claro contraste con quienes tiene que pulsearla día a día laborando para conservar el favor de un cliente o perder sus ingresos.

La esperanza está en que el ciudadano diga que ya es suficiente con los impuestos que hoy paga. Dar un NO rotundo a más impuestos, porque si se les otorga más recursos, al fin y al cabo, lo único que va a permitir, como el que está sujeto a la droga, es que agarre más impulso para seguir gastando. Si se les da más plata por la vía de los impuestos, no habrá forma de impedir que puedan seguir su gasto en crecimiento, al cual vislumbran como ilimitado. Si no se le pone un freno, observaremos cómo decaerá nuestra nación y, sobre todo, cada uno de los ciudadanos que hoy habitamos en ella, incluyendo a quienes creen que serán lo que seguirán sirviéndose con la cuchara grande, porque una de las características es que, como la culebra, se termina devorándose a sí misma. Si se empobrece la sociedad productiva, los ingresos de los burócratas también caerán inevitablemente.

Una de las más mayores estupideces del nuevo paquete tributario es que más bien contribuirá a que, una economía ya deprimida, caiga aún más. Con ello podrán recaudar aún menos, hasta que se acabe para todos. Este no es un susto en ocasión de Halloween: este fenómeno se observó desde hace muchos años atrás, en Lagash, en la Sumeria del hoy moderno Irak, hace cerca de unos 6.000 años. Debido a una guerra, la gente de Lagash introdujo grandes impuestos para pagar por ella. Sin embargo, al terminar, no redujeron los gravámenes. En conos de arcilla, en escritura cuneiforme, se lee como había recaudadores de impuestos de lado a lado en la nación.

“Todo estaba gravado. Aún los muertos no podían ser enterrados (igual que va pasar con el IVA ahora, pues también se le aplicará) a menos que se pagara un impuesto.” La historia termina cuando un buen rey, Urukagina, estableció “la libertad de su pueblo” y de nuevo “dejó de haber recaudadores de impuestos”. Sin embargo, la buena medida llegó demasiado tarde, pues poco después el invasor extranjero destruyó la ciudad, mostrando que tal vez la política no fue tan sabia… pero hay otra tableta cuneiforme de Lagash en la cual se lee lo siguiente: “Puedes tener un Dios, puedes tener un Rey, pero al hombre al cual hay que temerle es al recaudador de impuestos”. (Charles Adams, For Good or for Evil: The Impact of Taxes in the Course of Civilization, Lanham, Maryland: Madison Books, 1992, p. p. 2-3).

Jorge Corrales Quesada