
La semana anterior fue sencillamente brutal para nuestro país. Los últimos crímenes acontecidos han escandalizado y consternado, con justa razón, a la opinión pública, que sigue extremadamente preocupada por la forma en que salvajes violentan los derechos individuales sin que se haga nada serio para detenerlo. Los costarricenses estamos sometidos al más terrible de los azares, pues basta con estar en el momento y lugar equivocado, para que una de estas bestias decida acabar con la vida y propiedad de los ciudadanos decentes, aquellos que salen día a día a ganarse su sustento con el intercambio libre y voluntario y no con la fuerza e intimidación de las pistolas.
Sorprendentemente, la Presidente Chinchilla declaró, en radio, que en materia de seguridad, existen dos elementos, a saber, la percepción de la inseguridad y las cifras objetivas que se obtienen mediante las encuestas de victimización y denuncia, de forma tal que, para la mandataria, cuando se analizan ambos, se concluye que la percepción es mucho mayor de lo que realmente ocurre. Olvida la señora burócrata, que no sale de Zapote sin guardaespaldas, algo fundamental, que cualquier persona que decida utilizar media neurona puede comprender: la gente no denuncia una infinidad de delitos porque no tiene esperanza ni confianza en que las autoridades policiales y/o judiciales, puedan detener al delincuente, castigarlo y reintegrar el daño a la propiedad. Por eso, esos "datos" que Laura Chinchilla espera para determinar cuán seguro es nuestro país no son más que una tontería. No reflejan, ni cercanamente, la realidad de lo que estamos viviendo los ciudadanos cuando salimos de nuestras casas. O, peor aún, cuando ni siquiera salimos de nuestras casas, porque hasta allí, en el sitio que debería ser el más privado y seguro, somos víctimas de salvajes que políticos de pacotilla llaman "víctimas de la sociedad" o "personas sin oportunidades".
Por ello, no puede causarnos más repudio el anuncio de Casa Presidencial de que, de ahora en adelante, los costarricenses seremos bombardeados por una publicidad que afirma: “Construimos un país seguro”. La estupidez contenida en las declaraciones de la mandataria se mezcla con un verdadero cinismo, para venderle a la ciudadanía un producto (con su propio dinero) que no está recibiendo. ¿Cuál país más seguro? ¿Quién, de todos nuestros lectores, sale a la calle con la completa certeza de que retornará a casa, sano y salvo, por no decir con todas y cada una de sus propiedades intactas? De verdad que las palabras, por más que quiera doña Laura, no crean realidades. Pero si nos damos cuenta, al mejor estilo de la neolengua de la novela 1984, escrita por George Orwell, que esas palabras bonitas solo distorsionan y manipulan los hechos.
En ASOJOD nos invade la más profunda desolación y preocupación al confirmar que, luego de un año de gestión, quien se vendía como la experta en seguridad ciudadana en campaña y que ahora ocupa la silla presidencial no es más que una farsante. Sus soluciones, como bien dijo Pilar Cisneros, no son más que "bla bla bla". Carecen de un enfoque efectivo, de reflexión y pensamiento crítico, de acciones concretas y, especialmente, de voluntad política para cambiar los horizontes culturales que nos abruman respecto al tema, pasando de considerar al delincuente como un producto social a reconocerlo como una bestia que, voluntariamente, ha decido irrespetar las más básicas normas de convivencia humana.
Si por la víspera se saca el día, la Administración Chinchilla Miranda acabará sin haber propuesto, y mucho menos ejecutado, alguna política sensata, responsable, eficiente y efectiva en materia de seguridad ciudadana. Y gracias a ello, este tema volverá a estar en el tapete para las próximas elecciones, a la espera de que algún candidato se decida a dejar de lado la demagogia y la estupidez, para afinar una propuesta que devuelva la confianza a los costarricenses.
Por el bien de las personas honestas y trabajadoras de este país, esperamos que nuestra oxidada clase política salga de la burbuja en que se encuentra y se percate del serio problema en que nos encontramos. De lo contrario, la sangre seguirá corriendo hasta el punto que la situación sea intolerable y la legitimidad del Estado, como protector de derechos, se esfume.
Sorprendentemente, la Presidente Chinchilla declaró, en radio, que en materia de seguridad, existen dos elementos, a saber, la percepción de la inseguridad y las cifras objetivas que se obtienen mediante las encuestas de victimización y denuncia, de forma tal que, para la mandataria, cuando se analizan ambos, se concluye que la percepción es mucho mayor de lo que realmente ocurre. Olvida la señora burócrata, que no sale de Zapote sin guardaespaldas, algo fundamental, que cualquier persona que decida utilizar media neurona puede comprender: la gente no denuncia una infinidad de delitos porque no tiene esperanza ni confianza en que las autoridades policiales y/o judiciales, puedan detener al delincuente, castigarlo y reintegrar el daño a la propiedad. Por eso, esos "datos" que Laura Chinchilla espera para determinar cuán seguro es nuestro país no son más que una tontería. No reflejan, ni cercanamente, la realidad de lo que estamos viviendo los ciudadanos cuando salimos de nuestras casas. O, peor aún, cuando ni siquiera salimos de nuestras casas, porque hasta allí, en el sitio que debería ser el más privado y seguro, somos víctimas de salvajes que políticos de pacotilla llaman "víctimas de la sociedad" o "personas sin oportunidades".
Por ello, no puede causarnos más repudio el anuncio de Casa Presidencial de que, de ahora en adelante, los costarricenses seremos bombardeados por una publicidad que afirma: “Construimos un país seguro”. La estupidez contenida en las declaraciones de la mandataria se mezcla con un verdadero cinismo, para venderle a la ciudadanía un producto (con su propio dinero) que no está recibiendo. ¿Cuál país más seguro? ¿Quién, de todos nuestros lectores, sale a la calle con la completa certeza de que retornará a casa, sano y salvo, por no decir con todas y cada una de sus propiedades intactas? De verdad que las palabras, por más que quiera doña Laura, no crean realidades. Pero si nos damos cuenta, al mejor estilo de la neolengua de la novela 1984, escrita por George Orwell, que esas palabras bonitas solo distorsionan y manipulan los hechos.
En ASOJOD nos invade la más profunda desolación y preocupación al confirmar que, luego de un año de gestión, quien se vendía como la experta en seguridad ciudadana en campaña y que ahora ocupa la silla presidencial no es más que una farsante. Sus soluciones, como bien dijo Pilar Cisneros, no son más que "bla bla bla". Carecen de un enfoque efectivo, de reflexión y pensamiento crítico, de acciones concretas y, especialmente, de voluntad política para cambiar los horizontes culturales que nos abruman respecto al tema, pasando de considerar al delincuente como un producto social a reconocerlo como una bestia que, voluntariamente, ha decido irrespetar las más básicas normas de convivencia humana.
Si por la víspera se saca el día, la Administración Chinchilla Miranda acabará sin haber propuesto, y mucho menos ejecutado, alguna política sensata, responsable, eficiente y efectiva en materia de seguridad ciudadana. Y gracias a ello, este tema volverá a estar en el tapete para las próximas elecciones, a la espera de que algún candidato se decida a dejar de lado la demagogia y la estupidez, para afinar una propuesta que devuelva la confianza a los costarricenses.
Por el bien de las personas honestas y trabajadoras de este país, esperamos que nuestra oxidada clase política salga de la burbuja en que se encuentra y se percate del serio problema en que nos encontramos. De lo contrario, la sangre seguirá corriendo hasta el punto que la situación sea intolerable y la legitimidad del Estado, como protector de derechos, se esfume.