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lunes, 10 de marzo de 2014

Tema polémica: Letargo en nuestra competitividad

Para todos es sabidos, que el mundo de hoy en día es un mundo globalizado. Lo anterior implica una movilidad constante de las inversiones y capitales. Todos los días un sin fin de empresas toman decisiones respecto en donde invertir, o en donde no hacerlo. Igualmente, dado esta internacionalización de las economías, también la competencia se ha expandido, siendo que dichas empresas poseen un menú de opciones para elegir.

Bajo este nuevo paradigma, la competitividad del país es clave para la atracción de inversiones, y parte de esa competitividad pasa por la calidad de infraestructura y servicios que el país ofrece. En este sentido, queríamos destacar dos noticias que desnudan una vez más el estado de impotencia y letargo en el que nos encontramos. La primera de ellas, es la noticia de que al fin un tramo de la carretera de circunvalación norte ha sido finalmente adjudicada, después de un largo proceso de varios años. Sin duda alguna, es decepcionante atestiguar como tan sólo siete kilómetros de construcción resultan ser todo un dolor de cabeza y una odisea para nuestro erosionado sistema institucional.  

La segunda noticia se refiere a la supuesta construcción de un moderno y nuevo aeropuerto en la ciudad de Orotina para el años 2025. Proyecto que se ve truncado, en razón de que al día de hoy no existe carretera alguna que tenga la suficiente capacidad para dar abasto para una obra de esta envergadura. Es decir, la famosa ruta 27 por la cual los ticos esperamos alrededor de 30 años, nació muerta. Situación que evidencia categóricamente la visión y mentalidad empobrecedora que se ha postrado sobre nuestro país.

De este recuento de malas anécdotas, excluimos al famoso tema de la electricidad, el cual es tomo un problema en sí mismo. Problema al que pareciera no existe ninguna solución seria por parte de los candidatos a la presidencia, situación que agrava la zozobra del sector productivo.

Así las cosas, el país debe hacer un giro de ciento ochenta grados respecto a la forma en que ha venido manejando y administrando esta clase de proyectos. Cada una de nuestras malas decisiones son opciones que dejamos ir, y que otras naciones y mercados aprovechan. Debemos poner el pie en el acelerador, antes que se nos acaban (sino es que ya se han acabado) los excedentes del pasado…

viernes, 5 de noviembre de 2010

Viernes de recomendación


Para este viernes de recomendación, les ofrecemos un extraordinario ensayo del economista español Xavier Sala-i-Martín, titulado "Globalización y reducción de la pobreza". En ese texto, el autor se trae abajo el mito de que la globalización "neoliberal" ha generado más miseria y pobreza, como frecuentemente nos dicen los colectivistas.

Con un análisis sencillo y ameno, Sala-i-Martín demuestra que más bien, el libre mercado y la globalización han generado una reducción sorprendente de la pobreza, a ritmos tan vertiginosos como nunca antes se habían visto en la historia de la humanidad.

viernes, 2 de julio de 2010

Viernes de Recomendación


En este documental, el activista y escritor sueco Johan Norberg explica como la globalzación ha favorecido a la humanidad. También muestra como la mayor parte de los mitos existentes en contra de la globalización son resultados de la ignorancia de principios económicos y de mentiras.

La Globalización es Buena Parte 1
La Globalización es Buena Parte 2
La Globalización es Buena Parte 3
La Globalización es Buena Parte 4
La Globalización es Buena Parte 5

domingo, 15 de febrero de 2009

¡Buenas Noticias!


Otra posibilidad de comercio parece surgir. Nos referimos al TLC con Singapur. Según COMEX las primeras rondas de negociación se realizarían en el mes de abril. En la actualidad Singapur ocupa el puesto número 2 dentro del ranking de libertad económica. Este pequeño país cuenta con apenas más de cuatro millones y medio de habitantes y con un PIB per capita de $52,900.

En ASOJOD esperamos que este TLC traiga nuevas oportunidades tanto a productores y consumidores.

viernes, 23 de enero de 2009

Viernes de Recomendación


Este día les ofrecemos el artículo: "La doctrina Klein: El auge de la polémica del desastre", a cargo del escritor sueco Johan Norberg. En el presente trabajo, Norberg desnuda las carencias conceptuales e investigativas en que incurre la periodista Naomi Klein en su libro: The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism.

martes, 13 de enero de 2009

La globalización y el progreso humano


En su libro Cuatro décadas que cambiaron nuestro planeta (ElCato.org y Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, Diciembre 2008) Johan Norberg nos recuerda el progreso humano que se ha dado en las últimas cuatro décadas.

Algunos dicen que la actual crisis es muestra de que el capitalismo colapsó y ha demostrado su incapacidad de generar prosperidad. La evidencia apunta en la dirección contraria. Y es que, como dice Norberg, “Es probable que las décadas transcurridas desde 1960 hayan sido las de mayor avance en el nivel de vida de la humanidad de toda la historia” y aunque “La globalización no es la causa de todas estas mejoras…[si] contribuye a ellas mediante la promoción del desarrollo económico, y la propagación del conocimiento y la tecnología”.

Norberg se propone en su libro descubrir si la globalización ha sido positiva para el desarrollo humano y utiliza datos de las instituciones internacionales “más grandes y consolidadas” tales como la ONU, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Banco Mundial, y la Organización Internacional de Trabajo (OIT), entre otras. Aquí les presento solo algunos de los datos sorprendentes que Norberg extrajo de estas fuentes:

  • “De 1975 a 2005, el PBI per cápita global promedio aumentó de 4.867 a 8.477 dólares” (casi se duplicó). Cabe recalcar que el mayor aumento de PBI per cápita lo experimentaron los países de ingreso mediano (134%), seguidos de aquellos de ingreso bajo (105%) y luego los de ingreso alto (86%).
  • “De 1975 a 2004, solo cuatro de los países para los cuales la PNUD tiene datos registraron un deterioro [en el índice de desarrollo humano]”. El resto mejoraron.
  • “En 1981, 40,1% de la población de los países en desarrollo vivía en extrema pobreza. En 2004, esa proporción se había reducido a menos de la mitad, 18,1%”. Entre 1999 y 2004, 139 millones de personas salieron de la pobreza o, en otras palabras, “76.219 pobres menos por día”.
  • “De 1960 a 2005, la expectativa de vida mundial al nacer creció 18 años…en los países en desarrollo, de 45 a 65 años: dos décadas completas”.
  • “Según el Banco Mundial, la proporción de niños de 10 a 14 años que trabajan se redujo a más de la mitad de 1960 a 2003, de 24,9 a 10,5%”.
  • Según una encuesta de Freedom House, “la proporción de la población mundial que vive bajo sistemas democráticos aumentó de 0% en 1900 a 31% en 1950 y a 58,2% en 2000”.
  • “De 1980 a 2004, el promedio mundial [de libertad económica según el índice del Fraser Institute] aumentó de 5,1 a 6,5”. Es decir de un nivel de libertad económica similar al de Nigeria a uno similar al de México.

Solo quería recordarles en esta navidad que a pesar del retroceso que hemos experimentado en nuestro país—en cuanto a libertades civiles, políticas y económicas—y también a pesar de la crisis mundial, a largo plazo y a nivel mundial no es deseable que la globalización se detenga porque hay muchos que se han beneficiado y podrían beneficiarse de ella, sobre todo los pobres del mundo.

Gabriela Calderón

lunes, 25 de agosto de 2008

Tema polémico: la migración


Para este día, en ASOJOD queremos abordar uno de los fenómenos más relevantes y visibles de nuestros tiempos: la migración. En la actualidad, prácticamente no existe país que no esté involucrado con este tema, ya sea como país destinatario, originario o tránsito. Históricamente, todos los países se han construido sobre la base de inmigrantes. No hay, hoy día, una sola nación cuya población sea netamente original. Hay varios ejemplos: Estados Unidos se construyó a partir de la llegada de cientos de miles de inmigrantes, tanto europeos (fundamentalmente polacos, italianos, ingleses e irlandeses) como asiáticos, (muchos de ellos chinos, coreanos y japoneses) latinoamericanos (principalmente mexicanos, cubanos, puertorriqueños, dominicanos y salvadoreños) y afrocaribeños (sobre todo de las Antillas). Hoy día es quizá una de las sociedades más multiétnicas que existe. Costa Rica es también otro buen ejemplo, con una importante mezcla de europeos (especialmente españoles), aborígenes, asiáticos (sobre todo chinos y taiwaneses), latinoamericanos (argentinos, chilenos, nicaragüenses, cubanos y colombianos) y afrocaribeños (principalmente jamaiquinos). Así, podemos seguir con cada país y la conclusión es exactamente la misma: las sociedades están conformadas por individuos de diversa raíz cultural y étnica, que en un momento determinado, han salido de su país natal para instalarse en otro y tener descendencia. Por eso, es obvio que no existe una "raza o nación" pura.

No obstante, a pesar de esta verdad de Perogrullo, aún existen importantes restricciones a los migrantes. Esto resulta paradójico en un contexto de globalización, interdependencia y conexión, donde la relativa libertad en el flujo de capitales, bienes y servicios no va acompañado de la consecuente movilidad de personas. Evidentemente, esto demuestra que la mal llamada "globalización neoliberal" no existe: primero, porque el neoliberalismo como tal no existe (ya en otros artículos hemos explicado por qué y no hay absolutamente ningún estudio, argumento o persona seria que pueda definir de forma realista ese pseudomovimiento sin caer en prejuicios, errores, ataques ad hominem o absurdos). Segundo, dado que el término correcto es "liberal", es importante destacar que dicha corriente implica total ibertad en el amplio sentido de la palabra, así como la prevalencia del individuo sobre la sociedad. Lo que hoy día tenemos es un sistema internacional en vías de globalización, pero donde el Estado aún permanece como uno de los más importantes -si no el más importante- actor con poder definitorio de las reglas del juego. Esto lo confirma el hecho de que ni siquiera los flujos de capitales y mercancías son libres, toda vez que existen importentes obstáculos, tanto impositivos como técnicos, definidos por los distintos Estados. Asimismo, es el Estado el que sigue definiendo los criterios para permitir o negar la libre movilización de personas. En suma, ni tenemos completa libertad ni prevalencia del individuo sobre el Estado.

En ese contexto, es fácil notar que en la actualidad los distintos gobiernos-en mayor o menor grado- mantienen políticas restrictivas contra los inmigrantes. En Estados Unidos construyen muros para impedir su entrada; en la Unión Europea aprueban normas para penalizar la migración indocumentada; en otros países como Repúbilca Dominicana, España y México se refuerza el nacionalismo y el odio hacia el extranjero. En otras latitudes persisten las actitudes xenofóbicas y racistas, sean materiales (agresiones físicas) como psicológicas (chistes, rechazos, etc.). En fin, tal y como lo hicieran en su momento los nazis, el no perteneciente a la "raza (¿?) elegida" resulta ser el culpable de todos los males. Por eso vemos que en muchos lugares se sataniza al extranjero: se le culpa de la criminalidad, de la falta de empleos, de la pobreza, de la explotación, de la contaminación, etc.

Ante esta problemática tan generalizada, en ASOJOD queremos desmentir buena parte de los argumentos de aquellos que se oponen a la migración. En primera instancia, como defensores de la libertad, consideramos que existe un derecho fundamental de las personas de trasladarse libremente a cualquier destino siempre y cuando lo haga con intenciones pacíficas y dentro del marco de la legalidad. Es decir, estamos de acuerdo con que ingresen y salgan personas de un país hacia otro, cuando quieran si sus intenciones no impliquen daños a terceros. Esto significa que el único criterio que debería tener el Estado para prohibir la entrada de personas a su territorio es la delictividad, el historial criminal.

El segundo argumento está muy relacionado con el anterior: cuando la gente se traslada a otro país con intenciones pacíficas, sea para producir o para aprender, está generando un beneficio a los ciudadanos del país receptor. Piénsese en un profesional o un obrero que llega a un país a trabajar. Tiene una formación laboral, técnica o académica que no le costó nada a los tax payers del país receptor y, al mismo tiempo, llega a producir. Además, trae conocimientos y técnicas quizá novedosas que pueden ser implementadas para mejorar la capacidad productiva de los trabajadores del país receptor. Un interesante ejemplo de esto es la Viena de los años 20 o el Estados Unidos de los años 50. En el primer caso, muchos importantes científicos, académicos, filósofos, economistas y sociólogos convergieron en la ciudada austriaca, convirtiéndola en uno de los centros culturales más importantes de Europa para esos años. En ese contexto, siendo austriacos o no, la presencia de esas personalidades contribuyó a la aparición de varios de los más importantes pensadores: Popper, Hayek, Mises, Schlick, Wittgenstein, Hempel, Tarski, Kelzen, etc. En el segundo caso, en el marco de la persecución nazi a los judios y en la etapa posterior a la guerra, cientos de miles de inmigrantes europeos migraron hacia los Estados Unidos, enriqueciendo el ambiente intelectual. Puede destacarse a Einstein, Freud, Von Neumann, Morgentern, Sartori entre otros tantos.

Pero no necesariamente tienen que ser "famosas" las personas de nuestro ejemplo. A los distintos países han llegado millones de personas que si bien permanecen en el anonimato, han generado importantísimas contribuciones. Gente con ideas novedosas, métodos de producción más eficientes, con disposición para trabajar y ganarse la vida honradamente. Sin importar si se trata de empleadas domésticas o de filósofos, las personas que llegan a los países con intenciones de trabajar y asegurarse un mejor futuro, han hecho innumerables contribuciones al desarrollo actual de la humanidad.

Justamente este punto de la búsqueda de un mejor futuro, nos lleva al tercer argumento: como bien lo dispusieron los Padres Fundadores de los Estados Unidos, cada persona tiene el derecho a la búsqueda de su felicidad. Cuando las personas migran, lo hacen por una razón: no están satisfechos en su lugar de origen. Sea por razones políticas, religiosas, culturales, económicas, ambientales o personales, las personas deciden salir de su país para buscar oportunidades que en él no encuentran. Siendo que cada persona tiene derecho a buscar su desarrollo y felicidad, de la forma en que lo considere pertinente y, siempre y cuando no viole derechos de terceros, no existe ninguna razón para impedírselo.

Por eso, desde ASOJOD hacemos el más fuerte llamado a eliminar todas las barreras que impidan el libre flujo de personas cuya intención no es violar derechos de terceros.

jueves, 21 de agosto de 2008

Globofobia


A pesar de que la tanto la globalización como la economía de mercado son positivas, a lo largo de los últimos años se ha ido formando un movimiento que se opone a ambas. Ese movimiento ha aprovechado cualquier reunión internacional de la Organización Mundial del Comercio, del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del Foro Económico Mundial de Davos e incluso de la Unión Europea para manifestar su oposición y su odio a la globalización. Los orígenes de esos grupos son muy diversos y a menudo responden a intereses contrapuestos. Están formados por intelectuales, campesinos, ecologistas, estudiantes, pastores de cabras, sindicalistas, xenófobos proteccionistas de la extrema derecha norteamericana, okupas, feministas, artistas solidarios, organizaciones no gubernamentales y presuntos defensores de los países pobres. Dado que el movimiento no tiene un nombre determinado y que la única característica que une a sus heterogéneos integrantes es el odio hacia la globalización, a partir de ahora me referiré a él con el nombre que mejor describe su objetivo común: la globofobia.

Los globófobos nos explican que la globalización es negativa porque genera desigualdades económicas entre unos ricos que cada día son más ricos y unos pobres que cada día son más pobres, porque fomenta las dictaduras políticas en perjuicio de las democracias, porque usurpa el poder a los gobiernos y lo brinda a las multinacionales, porque beneficia a las empresas en perjuicio de los trabajadores, porque contribuye a la explotación infantil, porque destruye el medio ambiente y porque es responsable de un sinfín de desgracias más.

Parece como si todos los males de la humanidad, desde el hambre del Tercer Mundo hasta la falta de educación, pasando por la extinción de las ballenas y el efecto invernadero, fueran causados por esa globalización que se nos impone no se sabe exactamente desde dónde, pero que hay que detener como sea. No queda demasiado claro qué es lo que proponen como alternativa. Su mensaje tiende a ser una mera crítica destructiva (y casi siempre violenta) al proceso de globalización, sin ser demasiado precisos a la hora de hacer propuestas constructivas serias. Ahora bien, debemos suponer que quieren que los gobiernos limiten la acción de los mercados y reduzcan el grado de apertura de los países a las influencias presuntamente malignas del capital, las tecnologías y las inversiones de las empresas multinacionales de los países ricos.

En circunstancias normales, los argumentos de los grupos violentos deberían ser ignorados hasta que no consigan expresar sus argumentos de un modo civilizado (y, en este sentido, cabe decir que hay algunos grupos que expresan sus preocupaciones pacíficamente, aunque siempre suelen estar eclipsados por los violentos). Ahora bien, dada la popularidad de la que gozan entre el público, me parece que es importante pararse un momento y pensar un poco sobre las críticas que se hacen desde la globofobia.

Antes de hacerlo, sin embargo, me gustaría mencionar un aspecto importante. Muy importante. El debate sobre la globalización acostumbra a plantearse en términos de solidaridad. Se nos pretende hacer creer que quien está a favor de los mercados y de la globalización es una persona mala e insolidaria, sin criterios y "al servicio del gran capital". Por lo contrario se dice que se es solidario y buena persona si se es partidario de las limosnas, de la condonación de la deuda internacional y de las políticas públicas proteccionistas, planificadoras y antiglobalizadoras. No hace falta decir que este tipo de argumentaciones esperpénticas son erróneas y contraproducentes. Acusar sistemáticamente de malo a quien discrepa puede ser una buena estrategia populista, pero no es una buena estrategia intelectual. Ponerse a discutir sobre quién es más humanitario o más buen samaritano es perder el tiempo. Todos los que dedicamos nuestra a vida a ayudar a los países pobres somos igual de buenos o malos. Ni mejores, ni peores. Y dado que todos somos igual de buenos y que nuestro objetivo común es que los pobres dejen de serlo, la pregunta realmente importante no es quién es más solidario, sino cuáles son las políticas internacionales que terminarán consiguiendo ese objetivo. En ese sentido, creo firmemente que si las propuestas de los grupos globófobos se llevaran a cabo, el mundo sería menos libre y menos democrático, los trabajadores serían más pobres, la desigualdad entre países no llegaría a reducirse jamás, los niños de los países pobres nunca llegarían a ir al colegio y seguirían trabajando a cambio de todavía menos dinero, y el medioambiente se degradaría todavía más deprisa. Exactamente lo contrario de lo que pretenden.

Hemos visto cómo la apertura de los mercados a las fuerzas de la globalización permitió y está permitiendo a países como Japón, Corea, Singapur, Hong Kong, Tailandia, Indonesia, Malasia o incluso China alcanzar niveles de riqueza y bienestar impensables hace cuarenta años. También hemos visto que el progreso de estos países ha conllevado reducciones significativas de la pobreza entre los más desprotegidos, progreso significativo para los obreros y reducciones importantes en las desigualdades de renta entre las personas. No parece, pues, que la globalización beneficie solamente a los empresarios y a los ricos sino que parece haber comportado importantes ganancias para los trabajadores y para los más desamparados.

Es cierto que siguen existiendo centenares de millones de pobres en el mundo y no todos los ciudadanos del planeta pueden disfrutar de nuestro nivel de bienestar. La pregunta importante, sin embargo, es si la responsable de esas desgracias es la globalización. Si entendemos la globalización como el "libre movimiento internacional de cinco factores: el capital, el trabajo, las tecnologías, el comercio y la información", enseguida nos damos cuenta de que es bastante difícil que ésta sea la causante de la pobreza del mundo. Entre otras cosas, porque la globalización todavía no ha llegado al tercer mundo: ni los ciudadanos africanos pueden emigrar en libertad, ni pueden exportar sus bienes agrícolas a Europa, ni el capital de los países ricos fluye para invertir en África, ni las nuevas tecnologías son fácilmente accesibles desde ese continente, ni la información fluye libremente por África. Es decir: ninguna de las condiciones que definen la globalización se da en África. Y si la globalización no ha llegado a los países pobres, ¿cómo puede ser responsable de su pobreza? ¿No será que, si hay un problema, es que la globalización todavía no ha llegado a las zonas más pobres del planeta? Yo creo que sí. Y, por lo tanto, estoy convencido de que, en vez de detenerla, lo que debemos hacer es luchar por llevarla a África y a las zonas pobres de Asia y América Latina.

A pesar de todo esto, los globófobos no paran de publicar panfletos en los que se acusa a la globalización de, entre otras cosas, reducir las libertades democráticas e incitar a las dictaduras, de explotar a los niños del mundo, de crear gravísimos problemas medioambientales y de generar crecientes desigualdades entre ricos y pobres. ¿La solución a todos esos problemas? Pues parece que sólo hay una: la eliminación de la globalización y, consecuentemente, de la libertad y la creación de riqueza.

Xavier Sala -i-Martin

sábado, 26 de abril de 2008

La balanza comercial y el mercantilismo


Pocas cosas pueden asustar y confundir tanto como un déficit comercial. Los políticos de derecha como también los de izquierda le tienen pavor. Cada que se negocia en alguna parte del mundo un tratado de libre comercio, los ministros y negociadores enseguida recurren a explicarnos que “El TLC aumentará nuestras exportaciones y nos generará un superávit comercial”. Los que rechazan un TLC nos dirán que este “generará un déficit comercial”.

Usted, sino es experto en economía o por el simple miedo de no quedar como ignorante, asume inmediatamente que un superávit comercial es bueno mientras que el déficit, malo. Sin darse cuenta, ha sido víctima del dogma mercantilista que reza:

“Exportaciones=positivo; Importaciones=negativo”.

Uno de los grandes errores de aquellos que han defendido la apertura comercial es que muchas veces no han defendido la otra cara de la moneda: Las importaciones también son buenas. Tanto detractores, como muchos defensores del libre comercio, suelen asumir que el comercio es un juego de suma cero en el que cuando unos ganan otros seguramente pierden.

Adam Smith denominó esta manera de pensar “mercantilismo”. De acuerdo a esta manera de pensar, el dueño del supermercado de su barrio se está aprovechando de usted porque usted le compra más a él de lo que le vende y por lo tanto debería de dejar comprarle.

Un déficit en la balanza comercial, implica un superávit en la cuenta de capitales y esto suele ser algo bueno para las economías en vías de desarrollo. De acuerdo al historiador económico, Michael Bordo, los déficits comerciales acompañaron el desarrollo económico en países como Argentina, Australia, EE.UU. y Canadá a fines del siglo diecinueve y principios del siglo veinte. Esto tiene sentido ya que las economías en vías de desarrollo son países que requieren de harto capital para salir del subdesarrollo.

Los mercantilistas de hoy—ya sean estos conservadores o socialistas—creerían que si un país está creciendo a un paso acelerado probablemente debe tener un superávit comercial y viceversa. Sin embargo, en los últimos años Alemania y Estonia nos han demostrado exactamente lo contrario: En los últimos 12 años Alemania ha tenido una tasa de crecimiento promedio de 1,5% mientras que Estonia creció a una tasa promedio de 7%. Durante ese mismo periodo fue Estonia—no Alemania como lo hubieran previsto los mercantilistas—la economía que experimentó un déficit comercial promedio de 7,3% del PIB (Alemania experimentó un superávit comercial promedio de 2,4% del PIB). Un déficit comercial no necesariamente es malo.

La balanza comercial que se interpreta como marcador de partido fútbol no refleja la realidad de un mundo globalizado en el que los intercambios dentro y a través de las fronteras generan beneficios mutuos—sobre todo para aquellos que anteriormente habían sido excluidos. No dejemos que los políticos y analistas nos confundan y asusten con esa lectura de la balanza comercial.

Al final del día, los defensores del libre comercio debemos de repetir lo que decía John Stuart Mill: la única ventaja directa del comercio externo son las importaciones. Exportamos para poder importar. Esto es algo de lo que parecen olvidarse aquellos políticos y analistas que constantemente le declaran la guerra a las importaciones.

Gabriela Calderón

domingo, 20 de abril de 2008

Por qué Bill Gates odia mi libro


El Wall Street Journal reportó hace unos meses que Bill Gates odia mis ideas. Eso no hiere mis sentimientos. Al final de cuentas Gates se ha aliado con el establishment de la ayuda externa. Este grupo es famoso por ser sensible a las críticas de personas que como yo, no encuentran evidencia de que los grandes programas de ayuda externa estén en realidad sacando a alguien de la pobreza.

Gates ahora ha propuesto su propio programa —el “capitalismo creativo”— en un discurso que dio en el Foro Económico Mundial en Davos. Él argumenta que el capitalismo de hoy no beneficia a los pobres. Para Gates, el capitalismo normal funciona “solo para el bien de aquellos que pueden pagar”. Mientras que los empresarios se esfuerzan por tratar de satisfacer las necesidades de los ricos, “el incentivo financiero para servir [a los pobres] es nulo”. Como resultado, necesidades básicas tales como la comida y la medicina quedan insatisfechas.

Gates parece creer que la solución es persuadir a las empresas con fines de lucro a que satisfagan las necesidades de los pobres mediante la promoción del “reconocimiento” de la filantropía corporativa. Sin embargo, el archivo que contenga evidencia histórica que sugiera la viabilidad de este sistema sería tan delgado como Kate Moss en dieta. Antes que nada, el incentivo al reconocimiento ha demostrado ser tremendamente débil cuando se le compara con el incentivo del lucro. Si esto no fuera cierto, entonces la filantropía corporativa estadounidense al Tercer Mundo sería mucho más que $5.100 millones (cifras del 2005), es decir, cuatro decimales de 1% de los $12.400 billones que es la producción estadounidense para el mercado libre. ¿Acaso la única esperanza de los pobres consiste en que la tienda de ropa GAP done unos cuantos centavos por cada camiseta que venda para el tratamiento del Sida en África?

El capitalismo motivado por el lucro, en cambio, ha hecho maravillas por los trabajadores pobres. Los dueños de las fábricas, que son capitalistas y buscan satisfacer su propio interés, compran máquinas para aumentar la producción, y por lo tanto las ganancias. Los capitalistas buscan los avances tecnológicos que hacen posible conseguir una mayor producción con la misma cantidad de insumos. Trabajando con más maquinaria y mejor tecnología, los trabajadores producen más por hora. En un mercado laboral competitivo, la demanda de estos trabajadores más productivos aumenta y sus salarios también. El incremento constante en los ingresos de los trabajos poco calificados saca a los trabajadores de la pobreza.

La cantidad de personas pobres que no pueden pagar los alimentos para sus hijos es mucho menor de lo que era antes —gracias al capitalismo. El capitalismo no creó la malnutrición, la redujo. La globalización del capitalismo que se dio entre 1950 y el presente ha aumentado el ingreso promedio en el mundo a $7.000 anuales desde una base de $2.000. A diferencia de la leyenda popular, los países pobres crecieron a la misma tasa que los países ricos. Este crecimiento nos dio la reducción masiva de pobreza más grande en la historia mundial.

Las partes del mundo que todavía son pobres están sufriendo de muy poco capitalismo. La inversión extranjera directa en África hoy, aunque está aumentando, constituye tan solo un 1% de los flujos globales. Eso es porque el ambiente para los negocios privados en África todavía es hostil. Hay algunos ejemplos de países e industrias exitosas en África, pero no es suficiente.

Gates también anunció que su fundación está comenzando “una sociedad que le da a los agricultores africanos acceso al mercado de café premium, con el objetivo de duplicar sus ingresos por sus cultivos de café”. Esto es bueno como un esfuerzo modesto para ayudar a algunos agricultores de Rwanda y Kenya, pero difícilmente reconstruirá el capitalismo. Los principales obstáculos para las exportaciones en los países pobres son domésticos, tales como la corrupción y la lucha política, más no la falta de interés por parte de los compradores de café premium en los países ricos.

Además, ¿cómo escogen los filántropos precisamente qué producto será el motor de crecimiento para un país? Bastantes investigaciones sugieren que “escoger a los ganadores” a través de la política industrial gubernamental no ha funcionado. Los ganadores son muy impredecibles como para ser descubiertos por burócratas, peor aún por un filántropo extranjero. ¿Por qué Egipto capturó 94% del mercado de importaciones italianas para las cerámicas de baños? ¿Por qué India, una economía con muy pocos trabajadores altamente calificados, se convirtió en un gigante en servicios de información tecnológica? ¿Por qué Kenya capturó 39% del mercado europeo de flores cortadas? ¿Por qué el pequeño Lesotho se convirtió en un importante exportador de textiles a Estados Unidos? ¿Por qué las Filipinas tomaron control del 72% del mercado mundial de circuitos electrónicos integrados? Porque los capitalistas que buscan el lucro se embarcaron en una búsqueda descentralizada del éxito.

Claro, hay que permitir que aquellos que se han enriquecido bajo el capitalismo traten de hacer cosas buenas por los que todavía son pobres, como Gates ha decidido hacerlo de manera admirable. Pero una mezcla New Age entre incentivos de mercado y reconocimientos no acabará con la pobreza. La historia ha demostrado que el capitalismo motivado por el lucro todavía es la mejor esperanza para los pobres.

William Easterly

martes, 15 de abril de 2008

¡Más y más empleos!


Para todos los costarricenses que se encuentran desempleados o que andan buscando mejores opciones laborales que las que actualmente poseen, en ASOJOD les tenemos una buena noticia: la empresa privada motor del desarrollo a partir de sus inversiones ofrece nuevas oportunidades para mejorar nuestras condiciones de vida.

El primer y más inmediato caso es el de la “malvada” transnacional: Wal-Mart, quiene el 26 y 27 de abril durante su feria de empleo estará ofreciendo 500 nuevos puestos de trabajo.

A Wal-Mart se le une la empresa Alemana Continental AG, cuyas operaciones se esperan que estén funcionando para febrero del 2009, dicha industria aportará $ 60 millones así como 1000 empleos a la economíaa del país.

Ahí lo tienen queridos lectores de ASOJOD, los hechos y la realidad siguen indicando claramente el camino al desarrollo. En ASOJOD esperamos aún el día en cuando veamos que nuestros queridos “intelectuales”, “progres” y defensores de la “conciencia social” creen al menos un solo empleo y contribuyan con hechos y no palabrerías al bienestar individual de los seres humanos.

viernes, 28 de marzo de 2008

Viernes de Recomendación


Este día les ofrecemos un pequeño ensayo del escritor sueco Johan Norberg, titualdo: La globalización y los pobres. En el Norberg explica los efectos que el proceso de globalización ha tenido sobre las personas de más bajos recursos, atacando muchos de los slogans anti-globalización que los "progres" suelen utilizar.

jueves, 31 de enero de 2008

Mundo plano, impuesto uniforme


Hace poco más de quince años, los defensores del flat tax (impuesto de tasa uniforme) tenían mucha teoría que los respaldaba, pero muy pocos hechos concretos. Milton Friedman había promovido el flat tax, y Alvin Rabushka y Robert Hall de la Hoover Institution escribieron un elegante libro detallando como un funcionaría un impuesto de este tipo, pero la clase política en gran parte ignoró dichos esfuerzos. Hong Kong tenía un flat tax, pero los críticos decían que de alguna manera era un caso aparte. Otros dos territorios británicos, Jersey y Guernsey, también tenían sistemas tributarios similares, pero el resto del mundo ignoraba (y en gran parte todavía lo hace) aquellos sistemas.

El mundo ha cambiado. Hoy, fomentado por la competencia tributaria, hay 17 jurisdicciones que tienen alguna especie de flat tax, y una nación más está por unirse al club. Con la excepción de Islandia y Mauricio, todos los países que recientemente adoptaron el flat tax son antiguas repúblicas soviéticas o naciones del antiguo bloque socialista. Esto es una señal de que hay competencia tributaria en la región y demuestra que la gente que sufrió bajo el comunismo es menos susceptible a la retórica de la lucha de las clases que aboga por “cobrarle impuestos a los ricos”.

Como se indica en la tabla, tres naciones están activamente buscando implementar un flat tax. Los prospectos son muy buenos en Albania y Timor del Este (donde hasta el FMI está apoyando la medida, aunque la burocracia internacional, como era predecible, promueve una tasa tributaria más alta), mientras que la situación es más difícil en la República Checa debido a que el gobierno no tiene la mayoría absoluta en el Parlamento. Esto desacredita un estudio del FMI del 2006 el cual aseveraba que: “Mirando al futuro, la pregunta no es tanto si más países adoptarán un flat tax sino si aquellos que ya lo tienen se apartarán de éste”.

Casi todas las naciones que han adoptado un flat tax recientemente son antiguos miembros de la Unión Soviética. Esto demuestra que las personas que sufrieron el comunismo son menos susceptibles a la retórica de la lucha de clases que aboga por “cobrarle impuestos a los ricos”. “Aún así, no solamente están los países apresurándose a unirse al club de los países con flat tax, sino que ni uno solo de los que lo ha adoptado ha vuelto al sistema viejo de tasas discriminatorias. Aún en Eslovaquia, donde un gobierno socialista/nacionalista llegó al poder en el 2006, el flat tax ha sido preservado. Hasta los políticos anti-mercado se dan cuenta de que no es sabio matar (o espantar) la gallina que pone los huevos de oro.

No solamente hay más países adoptando el flat tax, pero aquellos que ya lo tienen están compitiendo por bajar sus tasas. La tasa de Estonia ya ha llegado al 22 por ciento, y llegará al 20 por ciento en el 2009. Pero la tasa puede que caiga aún más rápido y por una cantidad mayor. El gobierno que fue elegido a principios del 2007 ha prometido reducir la tasa a un 18 por ciento y el partido del Primer Ministro quiere que la tasa eventualmente llegue a un 12 por ciento. El flat tax de Letonia también ha caído de un 33 a un 24 por ciento. La tasa de Macedonia está programada para reducirse hasta llegar a un 9 por ciento en el 2010—teniendo así la tasa de flat tax más baja en el mundo (aunque uno podría argumentar que lugares como las Islas Caimanes, Bermudas o Bahamas tienen impuestos con tasas de 0 por ciento).

Es apropiado indicar que muchos de los países que tienen flat tax alrededor del mundo no son consistentes con el modelo puro creado por los Profesores Hall y Rabushka. Países como Rusia y Letonia tienen diferencias considerables entre las tasas tributarias sobre el ingreso personal y el corporativo (y aún Hong Kong tiene una brecha pequeña). El flat tax de Serbia solo se aplica al ingreso laboral. Casi todos, sino todos, retienen por lo menos una doble tributación del ingreso que es ahorrada y luego invertida (aunque Estonia, Eslovaquia y Hong Kong están muy cercanos a tener un sistema ideal), y no parece que haya un país que permita la exención inmediata de los gastos en inversión de los negocios.

Pero sin importar cuáles sean las imperfecciones de cualquiera de los sistemas que tengan estos países, la revolución del flat tax ha logrado varias cosas considerables:

1. Incentivos más fuertes para el comportamiento productivo. Las tasas uniformes casi siempre significan un carga tributaria más baja sobre el trabajo, el ahorro, la inversión, la toma de riesgos y el emprendimiento.

2. Promueve la acumulación de capitales. Como se indicó en la sección previa, de los sistemas del flat tax llegan a lograr el objetivo de Hall/Rabushka de eliminar todos los impuestos discriminatorios sobre el ingreso que es ahorrado e invertido. Pero aún así los sistemas de flat tax alrededor del mundo han reducido las penalidades tributarias sobre el capital.

3. Ha igualado la carga tributaria para todos. Algunas naciones (como Eslovaquia, Estonia y Hong Kong) han hecho un mejor trabajo que otras, pero casi todos los sistemas de flat tax incluyen una reducción de las preferencias especiales que distorsionan las decisiones tomadas en el mercado y causan ineficiencia económica.

La creciente comunidad de naciones que ha adoptado el flat tax muestra que las objeciones relacionadas a la lucha de clases pueden ser superadas. La globalización es quizá el factor más importante ya que los políticos cada vez más comprenden que los sistemas tributarios punitivos causan que los trabajos y la inversión fluyan hacia otras naciones con mejores leyes tributarias. Esto sugiere que el flat tax se esparcirá alrededor del mundo.

Este es un escenario positivo, pero todavía hay obstáculos considerables. El más importante son las burocracias internacionales, ya que muchas veces brindan malos consejos y además buscan precisamente limitar la competencia tributaria. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), por ejemplo, tiene un proyecto de Prácticas Tributarias Perjudiciales (originalmente, y equivocadamente, denominado el proyecto de la “Competencia Tributaria Perjudicial”) que busca socavar el flujo de trabajadores y capital de las naciones con altas cargas tributarias a las jurisdicciones de baja carga tributaria. La agencia reconoce la importancia del tema para los defensores de mayor intervención estatal: en un reporte de 1998 observó que la competencia tributaria “podría obstaculizar la aplicación de tasas tributarias progresivas y el logro de objetivos distributivos”.

El esfuerzo de la OCDE ha sido ampliamente—y apropiadamente—criticado por buscar socavar la soberanía fiscal en aras de proteger a los estados europeos poco competitivos con altas cargas tributarias, pero también debería ser visto como un ataque directo a la reforma tributaria. El proyecto anti-competencia tributaria de la burocracia con sede en Paris está principalmente enfocado en capacitar a las naciones con una carga tributaria alta a ubicar—y cobrar—impuestos sobre la fuga de capitales. Esto necesariamente significa que la OCDE quiere que los países adopten la doble tributación del ingreso que es ahorrado e invertido, e impongan una política pública mala de manera extra-territorial. Las naciones que han adoptado un flat tax son una amenaza directa al régimen global deseado por la OCDE ya que serían “refugios tributarios”.

De hecho, en estos momentos hay un concurso mundial. De un lado están las fuerzas pro-mercado que valoran la competencia tributaria como una fuerza poderosa para mejorar la política fiscal. La revolución global de la reforma tributaria es un síntoma de cómo la globalización está impulsando las políticas públicas en la dirección correcta. Por otro lado, sin embargo, están las burocracias internacionales como la OCDE y las Naciones Unidas, que también se opone a la competencia tributaria. Estas burocracias están demandando su derecho de dictar lo que ellos denominan “las mejores prácticas” de una manera que controlaría los tipos de política fiscal que un país podría adoptar.

Por ahora, gracias en parte al Centro para la Libertad y la Prosperidad, este esfuerzo de crear un cartel tributario global ha sido detenido. Asumiendo que los eventos políticos (especialmente en EE.UU.) no alteren la balanza de poder a favor de los estados de bienestar en Europa, la competencia tributaria continuará profundizándose y una “OPEP para políticos” nunca se materializará. Islandia es apenas el primer país del “primer mundo” que se ha unido al club del flat tax por ahora—pero puede que sea solo cuestión de tiempo antes de que la competencia tributaria derive en buenas políticas fiscales en el resto del mundo.

Daniel J. Mitchell

jueves, 17 de enero de 2008

Esperanzas 2007


El 2007 fue un gran año. Los visionarios de la ruina se llevaron varias desilusiones. El petróleo no se acabó ni su producción llegó a su tope, no hubo guerra con Irán, bajó el precio del etanol y de los biocombustibles, en lugar del “calentamiento global” vino un “enfriamiento global”, subió el precio de los alimentos mejorando el ingreso de los agricultores, y, si bien en algunos casos ello resultó en una pesada carga para países pobres importadores netos de alimentos, es más fácil para estos ajustar el consumo que restringir la producción.

Los grupos de intereses contrarios al petróleo aseguran que su producción llegó a su pico y que a partir de ahora la oferta de combustibles fósiles se irá ajustando a través de la suba de precios, lo que significará un poderoso freno a las economías de los países pobres. Nada de esto, sin embargo, parece tener mucha lógica. Varios países están encontrando nuevos e inmensos yacimientos petrolíferos que comenzarán a explotar. Brasil es un ejemplo, China es otro, también India y México encontraron nuevas reservas.

En Brasil, solo los pozos de “Tupí” recientemente descubiertos duplicaron las reservas brasileñas conocidas. Estas reservas podrán convertir al Brasil en unos años más en el décimo productor mundial de petróleo y uno de los primeros en biocombustibles. También están surgiendo nuevas tecnologías que permiten seguir explotando rentablemente viejos pozos y extraer petróleo de fuentes anteriormente ya agotadas, inservibles o con pozos muy profundos. El petróleo está lejos de acabarse.

EE.UU., país que genera hasta un cuarto de todas las emisiones globales de calentamiento en el mundo, pese a la contrariedad de otros países desarrollados, se resiste a aprobar el acuerdo de Kyoto y a aceptar los estrictos límites que éste impone sobre la emisión de dióxido de Carbono (CO2), debido a los altos costos que tendría tratar de cumplir las exigencias, con riesgos de frenar el crecimiento de la economía. Las emisiones de EE.UU., desde 1990, no obstante, han venido mejorando bajo un esquema de cooperación voluntaria en el mercado de carbono. Les ha superado a Canadá, Nueva Zelanda, España, Portugal, Irlanda, Turquía.

El 2007 también ocasionó alguna vergüenza entre los defensores del calentamiento global. En distintos lugares del planeta, desde Seúl, Corea, hasta Johannesburgo, Sudáfrica, y, desde Nueva Zelanda, hasta Charlotte, N. C., se presentó una ola de frío polar que convirtió al año 2007 en un genuino año del “enfriamiento global”.

Pero la mayor desilusión recibieron los “profetas” que todavía no se habían percatado que el ser humano, año tras año, vive una mejor calidad de vida, una existencia más sana, larga y saludable, en áreas más limpias.

Nunca antes la mortandad infantil, el hambre y la desnutrición estuvieron tan bajos ni la expectativa de vida fue tan alta. Nunca antes los pueblos han estado tan cerca del desarrollo tecnológico y el avance medioambiental. El 2007 tiene el mejor récord en la historia de la humanidad.

El Cato Institute ha lanzado recientemente el extraordinario libro de Indur M. Goklany, El mejoramiento de la situación del mundo, una investigación exhaustiva con una visión optimista —aunque realista y hasta conservadora— de la globalización y sus consecuencias: el crecimiento económico, el libre comercio y el avance tecnológico, apoyado en abundantes gráficos, estadísticas y datos históricos. Ni la globalización ni el crecimiento económico emergente han ampliado las desigualdades en el interior de los países.

Los estudios de Goklany demuestran también que el mundo avanza inexorablemente hacia el fin de la pobreza y el atraso, gracias al aumento sostenido de la libertad económica y la sólida protección de los derechos de propiedad privada logrados en los últimos 30 años. Las necesidades básicas de la vida, desde alimentos hasta educación, pueden conseguirse hoy con mayor facilidad y son mucho más baratas. El mundo está recibiendo el soplo de libertad que esperaba para florecer.

Porfirio Cristaldo Ayala

domingo, 30 de diciembre de 2007

Globalización en marcha



Por séptimo año consecutivo, la revista Foreign Policy y la consultora A. T. Kearney ofrecen a la opinión pública mundial el Índice Mundial de Globalización (IMG), el cual constituye una herramienta útil a los académicos, ciudadanos, políticos, sector empresarial y trabajadores.

A primera vista, es posible afirmar que el estudio es ambicioso por cuanto no existe un consenso para medir el avance de la globalización. Sin embargo, sugiere analizar la globalización como un proceso que no se limita al comercio y a los flujos financieros, también abarca la integración política, económica y los medios de comunicación al servicio del ciudadano por medio de la tecnología. Asimismo, eleva al rango de verdad absoluta que la globalización como proceso experimenta caos como móvil del cambio y la continuidad. En este sentido, los desastres naturales, violencia social y las crisis políticas en relación con la integración de bloques económicos, cooperación internacional, ayuda humanitaria, eficacia de las organizaciones internacionales, representan límites y oportunidades para la ampliar la globalización.

Ranquin. A diferencia de los estudios previos, el IMG 2007 tomó en cuenta a 72 naciones que comprenden el 97% del producto interno bruto global y el 88% de la población mundial. En términos geográficos, Europa agrupa al 32% de naciones objeto de estudio, mientras que Oceanía 4,2%, África 15,2%, América 15,2% y Asia el 33,4%.

Contrario a la premisa de que la economía grande tiene mayor posibilidades de integración en la economía global, el ranquin mundial concluye que el mayor nivel de globalización ha sido alcanzado por naciones cuyo tamaño es menor al Estado de Indiana de EE. UU. y una población que oscila los 8 millones. Entre ellas, destaca Singapur y Hong Kong en áreas tales como comercio, economía, inversión extranjera, recurso humano, telefonía y turismo.

En cuanto a América Latina, el IMG 2007 ratificó, por quinto año consecutivo, el nivel de integración de Panamá al ocupar el puesto 30 –el mejor posicionamiento de una nación latinoamericana–. A escala mundial, el liderazgo canalero destaca en economía (8) inversión directa extranjera (7) y vinculación a organizaciones internacionales (1).

Costa Rica. Por otra parte, el IMG 2007 evaluó el nivel de inserción de la economía costarricense. Según este índice, Costa Rica ocupa el puesto 39, solo superado por Panamá. En relación con las nueve restantes economías latinaomericanas consideradas por el IMG 2007, Costa Rica está por encima de Chile (39), México (49), Colombia (50), Argentina (54), Perú (58), Brazil (67), Venezuela (68), liderando en áreas tales como contactos personales y conectividad tecnológica.

Tal mención es la segunda que recibe Costa Rica, toda vez que en noviembre de 2007 la organización Latin Business Chronicle ubicó a Costa Rica en el puesto 2 en el Índice Latinoamericano de Globalización 2007, seguida por Nicaragua (5), El Salvador (7), Guatemala (14). ¿Es casualidad o accidente? A criterio de quien escribe, es el fruto de una gestión pública estatal sostenida durante los últimos tres quinquenios, que comprende celebración de acuerdos de libre comercio, atracción de inversión extranjera en alta tecnología, dinamización de la oferta turística, conservación del medio ambiente y servicios electrónicos.

Pero en la globalización el conformismo es sinónimo de rezago. Por lo pronto, el compromiso de país debería ser el de emular el mejoramiento continuo de las fortalezas y debilidades aplicado por economías pequeñas que lideran el ranquin. En este sentido, la formación y capacitación del recurso humano, eficiencia de puertos marítimos y terrestres, calidad en la red vial, simplificación de trámites administrativos, gestión empresarial, cobertura del seguro social y de accidentes de trabajo, constituyen el principal reto para que los actores económicos puedan competir en el mercado nacional, regional y el mercado internacional y, consecuentemente, aprovechar los beneficios de la globalización.

Por Édgar Cascante

martes, 11 de diciembre de 2007

Impuestos vs. talento


Una de las cosas que más disgusta a los políticos sobre la globalización, y también de la explosión informativa en internet, es que las naciones en el siglo XXI tendrán que competir cada día más para atraer tanto a las inversiones como al capital humano.

Es muy lindo ir de viaje de vacaciones a Suecia o Dinamarca, pero un ejecutivo o técnico que quiera irse a trabajar a uno de esos paraísos de “bienestar social”, tan alabados por la izquierda latinoamericana, le descontarán 60 por ciento de su sueldo en impuesto sobre la renta. Y si escoge Francia, Bélgica o Nueva York, el gobierno le quitará 40 por ciento. Países como Italia y Alemania siguen a la par en despojo gubernamental, por lo que brillantes jóvenes ejecutivos que quieren ahorrar, para poder comprarse una casa o invertir en la bolsa de valores, estudian la posibilidad de trabajar en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) o Qatar, donde el impuesto sobre la renta es cero. Esto no solamente resulta muy atractivo para los jóvenes que están comenzando a ahorrar, sino también para los ya bastante viejos –y experimentados- que ven acercarse la fecha de su jubilación y no cuentan todavía con ahorros suficientes para mantener su actual nivel de vida.

El primer paraíso impositivo de gran éxito lo creó el escocés Sir John Cowperthwaite, Secretario de Finanzas de Hong Kong desde 1961 a 1971, quien describía su política económica como “el no-intervencionismo positivo”. Ese genial burócrata estableció el primer impuesto sobre la renta de tasa única, copiado con inmenso éxito por varias naciones ex comunistas de Europa oriental que han logrado así aumentar la recaudación total bajando la tasa impositiva y haciéndola pareja para todos. Sir John, quien fue miembro de la Sociedad Mont Pèlerin y falleció en enero de 2006, gozaba de otra característica poco común en la administración pública, modestia personal, como lo comprueba esta famosa frase suya: “Yo hice muy poco. Todo lo que hice fue tratar de prevenir algunas cosas que pudieran trastornarlo”.

Cowperthwaite era tan decidido defensor de la libertad individual que no publicaba estadísticas económicas por temor a que fuesen utilizadas por otros funcionarios para entrometerse y planificar. Así, cientos de miles de chinos refugiados del comunismo pudieron transformar esa inhóspita región de apenas 1.077 kilómetros cuadrados, con un puerto como única riqueza natural, en un moderno paraíso capitalista. El laissez-faire y bajos impuestos de Cowperthwaite lograron que el ingreso per cápita de Hong Kong, que en 1960 equivalía apenas al 28 por ciento del de Gran Bretaña, se multiplicara y alcanzara para 1996 -el año antes de la devolución de esa colonia inglesa a China-, 37 por ciento por encima del de Gran Bretaña, país que ya entonces gozaba del inmenso auge logrado por la primer ministra Thatcher. Hoy, Hong Kong sirve a la nueva China de guía sobre lo que se puede alcanzar con libertad económica.

Países asiáticos como Taiwán, Singapur, Corea del Sur y China son los más atractivos con respecto a los impuestos, mientras que América Latina tiende a seguir los pasos de Europa occidental y en Estados Unidos todavía escuchamos a los políticos -como también a empresarios mercantilistas- insistir que el proteccionismo y altos muros contra la inmigración benefician a los trabajadores y fomentan el crecimiento económico. Hong Kong es prueba de todo lo contrario y ocupa, año tras año, el primer puesto en el Índice de Libertad Económica.

Por Carlos Ball

lunes, 10 de diciembre de 2007

TLC UE y Agro



Un 90% del sector agrícola buscará la apertura para exportar con ventajas al mercado de los 27 miembros de la Unión Europea (UE), según el resultado de la primera consulta con el Gobierno.

Álvaro Sáenz, presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), advirtió que con la UE el problema no es tanto los impuestos de entrada sino las normas de origen y los fuertes requisitos sanitarios y fitosanitarios.

Los temores por las condiciones de acceso afectan a café, camarones, atún, tilapia, plantas ornamentales, carnes y otros productos nacionales.

Los productores reconocen lo difícil del acceso, pero están dispuestos a cumplir las condiciones con una alta inversión en certificaciones, porque es muy rentable vender allá.

En ASOJOD esperamos que estas nuevas oportunidades se puedan cristalizar para nuestro país, y que tanto productores como consumidores se vean beneficiados de las oportunidades que la globalización ofrece.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Perú: El TLC con EE.UU.



El pleno del Senado de Estados Unidos aprobó ayer por un holgado margen de 77 votos a favor y 18 en contra el tratado de libre comercio con el Perú, firmado el 12 de abril de 2006. Ahora este pacto requiere de la firma del presidente Bush. La ministra Aráoz informó que el siguiente paso que dará el gobierno peruano será trabajar en el proceso de su implementación.

La mayoría de los diarios nacionales celebran la aprobación del Senado norteamericano del tratado de libre comercio (TLC) con el Perú. La importancia de este tratado comercial también es repasada por casi todos. Y no es para menos. Haber conseguido el acceso libre de aranceles a una economía con un PBI per cápita 11 veces superior al nuestro es todo un logro. No obstante, ahora viene el trabajo de resolver las condicionantes, así como las reformas necesarias para poder aprovechar esta oportunidad al máximo: infraestructura, reducción de la burocracia, etc.

Pero otra labor que tenemos pendiente y que es tratada poco por los medios es la de continuar negociaciones comerciales con más economías, de tal manera que tengamos acceso a cada vez más mercados (China, Canadá, EFTA, etc.). No solamente por los beneficios comerciales, sino además porque la incorporación de estos acuerdos fomentan una economía estable y predecible a largo plazo. Es importante que la maquinaria negociadora y de difusión interna que se originó para promocionar el TLC con Estados Unidos siga operativa para promover estos nuevos acuerdos comerciales.

Nuestro siguiente gran reto es el TLC con la Unión Europea (UE), bloque cuyo PBI per cápita es 8 veces el peruano. La UE plantea una negociación con el bloque de la Comunidad Andina (CAN), permitiendo una negociación a distintas velocidades. No obstante, esto termina siendo una ilusión, pues de todas maneras, por como está planteado, cuando terminemos de negociar tendremos que esperar a que países con una clara política anti-integración comercial como Ecuador y Bolivia pasen por el proceso. Debemos aprender la lección del proceso de negociación con Estados Unidos: de los cuatro países de la CAN, Perú es el único que está logrando la firma del tratado. Además, las exportaciones peruanas representan el 47% de las exportaciones de la CAN a la UE, pero las de Bolivia apenas el 2%. Es obvio que tendremos distintas prioridades con respecto a un posible TLC con UE. Europa tiene que reconocer el daño que nos hace al imponernos esa restricción. Por nuestro lado, tenemos que presionar para excusarnos de la CAN para efectos de esta negociación, lo cual tiene mucho sentido si consideramos que en 38 años no hemos podido ni siquiera acordar un arancel externo común.



Por el Instituto Peruano de Economía

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Agro y pobreza


Luego del fracaso de la reforma agraria como propuesta política en América Latina, la izquierda dirigió sus críticas más duras contra la agricultura empresarial, conocida también como el “agribussines”, olvidando el sorprendente éxito de este sistema. La agricultura empresarial tiene una productividad inmensamente mayor a la agricultura de subsistencia, tradicional en el continente. Pero si bien el sector agrícola disfruta de un éxito remarcable, la izquierda asegura que este éxito ha tenido un mínimo impacto sobre la pobreza. Esta es una vieja falacia del socialismo. La realidad es distinta.

La misma falsa propaganda anticapitalista surgió hace unos años, cuando se puso en evidencia que en las primeras dos décadas de la globalización (1980-2000) el libre comercio originó un crecimiento y un bienestar nunca antes visto en la historia de la humanidad. La izquierda inventó entonces una nueva propaganda: “si bien la globalización dio origen al crecimiento económico y la riqueza de los países, como contrapartida, la globalización (por arte de magia) dio origen al aumento de las desigualdades entre los pueblos”. Esta propaganda resultó ser totalmente falsa.

Un estudio del Banco Mundial de más de 90 países demostró que en todos los países que crecieron y progresaron, el mejoramiento del nivel de vida de sus pueblos se dio tanto para los ricos como para los sectores más pobres. Todos progresaron y lo hicieron en aproximadamente igual proporción. En realidad, tanto los más ricos como los más pobres se hicieron más ricos.

La desatinada propaganda del socialismo en el agro latinoamericano se sustenta en que, a pesar de que los empresarios agrícolas se vuelven cada día más prósperos, los campesinos en gran parte continúan sumidos en la pobreza. Por tanto, pese a su menor productividad, los gobiernos tienden a aplicar políticas agrarias en contra de la agricultura empresarial y a favor de la agricultura tradicional de subsistencia. Esto último, sostienen los neosocialistas del grupo de Hugo Chávez y Evo Morales, debe ser promovido mediante la obsoleta y fracasada reforma agraria.

La agricultura de subsistencia, que ya practicaban los mayas y los incas mucho antes del arribo de los españoles, sigue siendo tan pobre en tecnología, que si bien emplea a un 30 % o 40 % de la mano de obra de los países, contribuye con solo el 7 % del crecimiento del producto interno bruto (PIB). Esta agricultura se basa en la sobreexplotación de tierras que fueron expropiadas a sus propietarios y distribuidas a los campesinos. Las pequeñas fincas tienen suelos empobrecidos por siglos de cultivos, suelos hoy incapaces de producir casi nada.

Las parcelas de la reforma agraria no sirven para mantener a una familia, lo que obliga a sus miembros a hacer “changas” parte del tiempo, o a quemar los bosques para extender áreas de cultivo en el milenario sistema del rozado. Los gobiernos populistas pretenden ahora promover en estas tierras la agroindustria y los biocombustibles. La agricultura empresarial, en cambio, asigna toneladas de fertilizantes para recuperar la fertilidad, introduce riego artificial y sofisticadas maquinarias y tecnología de cultivo que multiplican la productividad de la mano de obra y el ingreso de los campesinos.

Es absurdo pretender que indígenas que utilizan arados de madera y palos con puntas para sembrar, como lo hacían sus ancestros miles de años antes, tengan resultados similares a modernas explotaciones empresariales que utilizan tractores, regadío artificial, maquinarias y sistemas satelitales que multiplican por 60 o más la producción de cada trabajador indígena. Lo mismo se aplica a las distintas poblaciones.

Muy distinto es el caso de los trabajadores rurales que consiguen un empleo en las empresas agrícolas, aprenden la disciplina laboral y reciben sofisticada transferencia tecnológica. Estos trabajadores y sus familias no solo se integran a sus empresas al igual que los trabajadores en las distintas industrias, sino que amplían considerablemente su libertad de trabajar y disponer del fruto de sus esfuerzos, así como el respeto a sus derechos de propiedad.

Porfirio Cristaldo Ayala

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Libre comercio, ¿última esperanza para América Latina?


El reciente referendo en apoyo al tratado de libre comercio centroamericano con Estados Unidos (CAFTA) fue una buena noticia para los costarricenses, quienes votaron a favor de la apertura económica y por un futuro mejor, en contra de la coalición de proteccionistas de su país y Estados Unidos, sindicatos y activistas religiosos. Ese voto de 52% a favor de CAFTA es una lucecita en el nublado futuro económico de América Latina.

Sí hay algunos éxitos económicos en el hemisferio. Luego de ingresar a CAFTA en julio de 2006, Guatemala triplicó la llegada de inversiones extranjeras, mientras que su comercio exterior creció 17% en el segundo semestre de 2006.

El reciente informe Doing Business 2008 (www.doingbusiness.org) del Banco Mundial nos dice lo mal que funciona gran parte de las economías latinoamericanas. Este informe anual nos aporta mediciones objetivas de las regulaciones gubernamentales que impactan directamente el crecimiento económico de 178 países y reporta que América Latina se está quedando atrás en el campo de las reformas económicas.

En cuanto a la facilidad de hacer negocios, Argentina, por ejemplo, cayó del puesto 101 a 109 y Chile del puesto 28 al 33. Y nadie se sorprende que Venezuela ahora esté en el puesto 172 entre las 178 naciones que abarca el informe, país donde hay que dedicar 141 días para fundar una empresa. Y realizar una exportación desde Venezuela toma 45 días, casi el mismo tiempo que en Burundi, país africano lejos del mar.

Doing Business 2008 señala algunos casos positivos en América Latina. Pequeñas mejoras fueron logradas en el último año en Paraguay, Honduras, Costa Rica, El Salvador y Guatemala.

Los mejores logros se obtuvieron en Colombia, país que saltó del puesto 83 al 66. Además de reducir los impuestos a las compañías, Colombia introdujo un sistema electrónico de declaraciones de impuesto, “lo cual redujo en 188 horas (41%) el tiempo promedio que una empresa tiene que dedicarle a cumplir la leyes de impuestos”.

Pero es preocupante que absolutamente todos los países latinoamericanos bajaron en su clasificación, especialmente que un país como Brasil, con tan inmenso potencial, haya caído del puesto 113 al 122.

Uno de los graves problemas de la región es su continuo desvío hacia el izquierdismo populista. Doing Business 2008 reporta que la competitividad de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua desmejoró. El 12 de octubre, los obispos católicos de Bolivia le pidieron al presidente Evo Morales que no convirtiera a Bolivia en otra Venezuela. Los obispos conocen el peligro.

Doing Business 2008 reportó que el gobierno venezolano extendió la prohibición de despidos a trabajadores que ganan tres veces el salario mínimo. El resultado es la pérdida de oportunidades de empleo: la economía venezolana ha perdido, desde 2002, unos 850 mil puestos de trabajo en el sector de las pequeñas empresas.

Otro factor negativo es que el resto del mundo está perdiendo interés en América Latina. En la medida que China y la India siguen creciendo de manera espectacular y se aceleran las reformas económicas en otras regiones del mundo, los inversionistas dan la espalda a América Latina. ¿Por qué van a considerar invertir en América Latina cuando es más fácil y más rentable hacer negocios en países como Bostwana, Georgia, Fiji y Namibia?

Por otra parte, el apoyo al proteccionismo aumenta en Estados Unidos. En una encuesta realizada por el Wall Street Journal-NBC News el 3 de octubre, 60% de los republicanos encuestados creen que el libre comercio ha sido negativo para Estados Unidos y quieren que los políticos republicanos reduzcan las importaciones. El Partido Republicano había apoyado el libre comercio desde los años 70 y esta nueva manera de pensar debiera preocupar a los latinoamericanos que aspiran mayor acceso al país más prospero del mundo.

La tendencia también es controlar más la inmigración. Por lo tanto es el peor momento para que América Latina le de la espalda al intercambio comercial, por más tentador que parezca el nuevo populismo regional. Un hemisferio sin esperanzas es un hemisferio sin futuro. Y la alternativa es impensable.

Por Samuel Gregg