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martes, 10 de abril de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: persona privada y persona pública. El caso de los impuestos


Cuando tengo en mente algún tema importante que por ahí me da vueltas, acudo a mi amigo David Hume, quien a mediados del siglo XVIII escribió su libro clásico Ensayos Políticos, el cual debería ser leído por muchos quienes dicen abrazar los valores básicos de la civilidad y la limitación del poder político. Uno de sus ensayos trata “Sobre la Independencia del Parlamento”, cuyo primer párrafo nos ubica en el punto exacto que me interesa y el cual me permito transcribir:

“Los escritores políticos han establecido como máxima que, al concebir cualquier sistema de gobierno y fijar los diversos frenos y regulaciones de la constitución, debería considerarse a cada hombre como un pícaro que, en todas sus acciones, no persigue otro fin que el interés particular. Mediante este interés debemos gobernarlo y haciendo uso del mismo, sin que importen su avaricia y su ambición insaciables, obligarlo a cooperar para el bien público. Sin esto, dicen, en vano habremos de cantar las ventajas de ninguna constitución, y encontraremos al final que no tenemos para nuestras libertades o posesiones más seguridad que la buena voluntad de nuestros gobernantes; es decir, que no tendremos seguridad ninguna.” [David Hume, Ensayos Políticos, San José: Universidad Autónoma de Centro América, 1986, p. 101. La letra en cursiva es del autor].

No profundizaré en el caso concreto de la ausencia de declaraciones tributarias de miembros del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, así como de ciertos políticos (y, según se dijo, La Nación haría una denuncia similar en el caso de miembros del Judicial). Allá los caraduras, quienes sólo alegan desconocer sus actos (No sé. No me acuerdo…Es un enredo que tengo). El asunto es lo suficientemente grave, como para que el ciudadano le ponga atención, más allá de los tres días de rigor exigidos en Costa Rica para tratar los escándalos de turno. Se había dicho de la entonces candidata a la Presidencia, que era “firme”, pero eso ha quedado tirado en la basura de la historia política criolla. La alcahuetería del jaloncito de orejas ha sustituido el ejemplo que debe provenir de la presidencia de la República.

El tema es importante, porque creo que es razón suficiente para que, ahora que el 208 bis recibió la bendición de la Sala Constitucional, los diputados quienes nos representan en el Parlamento, hagan valer de inmediato el consejo que antes transcribí de David Hume. Propongo una idea que creo que hará que “ese pícaro” se vea obligado “a cooperar para el bien público”. Es sencilla, es directa, adecuada al malestar de los ciudadanos por los hechos antes referidos. Tal vez con ella no tendremos que acudir al triste camino de no salir a votar, como justa forma de protesta ciudadana, ante el vergonzoso acto de prepotencia de algunos políticos. Ojalá que sea un “no voy a votar” y no otra cosa la que augura el profundamente serio malestar nacional.

La propuesta, en lenguaje no de jurista ni de político de oficio, sino de un ciudadano común y corriente, radica en exigir que todo ciudadano que legalmente aspire a un puesto de elección popular, ponga formalmente a disposición de los medios de comunicación (mediante los cuales la ciudadanía tendría conocimiento) las copias de sus declaraciones del pago del impuesto personal sobre la renta y de las sociedades anónimas de la cual haya formado parte, durante los últimos cinco años. Igual declaración pública deberá ser hecha por quienes sean designados para el cargo de Ministro, Vice Ministro, Magistrado, Contralor, Sub Contralor, miembro del Tribunal Supremo de Elecciones, Procurador de la República, Presidente Ejecutivo de entidades gubernamentales, al momento de hacerse público o formal su nombramiento o designación.

Esa práctica de adecentamiento de la cosa pública no es inusual en muchas democracias maduras. Por ejemplo, en las recientes elecciones primarias (ni siquiera en la final) para elegir candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, los precandidatos republicanos se vieron obligados a presentar ante el público (la prensa) sus declaraciones del pago de impuestos sobre la renta. Lo hicieron, porque sabían que, de no hacerlo, la ciudadanía no votaría por ellos. Algo similar sucede en muchas naciones de Europa, en donde la transparencia electoral es la norma y no la excepción. Es más, creo que en Estados Unidos y en esas naciones europeas hacer públicos tales documentos no es un asunto de ley, sino de buena y sana costumbre. Buena y sana costumbre Humeana.

La razón fundamental detrás de mi propuesta radica en que con ella se obliga al aspirante a puestos políticos “importantes”, a que revele al público que va a votar por ellos, cuál ha sido su comportamiento en cuanto al manejo personal hecho del pago del impuesto directo más importante, que se supone debe efectuar con toda probidad.

¿Por qué hacer una diferencia en el trato que se le dé a la declaración de la persona pública, en tanto que a la persona privada no se le obligaría a hacerlo?

Por una razón muy poderosa: el político es quien nos pone los impuestos y también son los políticos los responsables de administrar los impuestos que pagamos; esto es, del gasto público. Por ello, en el campo tributario el político se convierte en un agente muy diferente de la persona privada, quien simplemente está obligada, en ciertas circunstancias, a pagar los impuestos. El primero -la persona pública- influye notoria y legalmente sobre la naturaleza de los impuestos (quienes pagan, qué montos, cuáles son las bases tributarias, las frecuencia del pago, el alcance de las multas y en todo tipo de procesos administrativos de declaraciones, cobros y hasta de dictar prisión si fuere el caso de una evasión delictiva), mientras que el segundo -la persona privada- es simplemente el objeto del cobro de esos gravámenes; esto es, no influye de manera alguna en la definición y puesta en práctica de las leyes que determinan los impuestos.

Por lo anterior, el comportamiento ético esperable del político en el campo de los impuestos es muy diferente de aquel esperado de los individuos privados. Si se quiere ver mi propuesta como un costo en el cual ahora va a incurrir el político, pues que así sea. El ciudadano privado ya tiene el costo de tener que pagar los impuestos (y no necesariamente lograr que se gasten bien esos fondos), pero también la ley le sanciona si evade el pago de los tributos; sanciones que varían según sea el grado de la hipotética violación de la ley. El mayor costo para la persona pública se debe simplemente a su capacidad de poder legislar, administrar, juzgar, definir (y gastar) toda la estructura tributaria legalmente impuesta sobre la ciudadanía. Nada de esto lo puede hacer la persona privada.

Además, hay otra razón poderosa en favor de mi sugerencia acerca de las declaraciones de impuestos de los políticos. Los votantes deseamos escoger personas probas y ejemplares (que den el buen ejemplo) para ocupar los principales cargos públicos. Probablemente es así porque el ciudadano asume que, si esos altos funcionarios son personas correctas, no le harán daño o el daño será menor. Pero para poder lograr que el deseo ciudadano de elegir gente honesta sea factible, se requiere que tenga la información adecuada. En este caso, ver que los impuestos son debidamente pagados por las personas públicas. Si se quiere analizar mi propuesta desde otro matiz, se trata de introducir un nuevo freno al poder; otra limitación al posible abuso del hombre pícaro, del cual nos hablaba David Hume.

Dado el rol que el político desempeña en el campo de los impuestos, el ciudadano, ante el conocimiento y la transparencia de las declaraciones que con mi propuesta harían los políticos, vería como un atributo encomiable el que esos políticos cumplan con todas las obligaciones que la ley impone en el campo tributario. Será un factor que estimule votar por un funcionario público, quien correctamente paga sus impuestos y no los evade.

Los ciudadanos tenemos el derecho de conocer acerca de las virtudes y los defectos de aquellos quienes tienen poder instrumentalizado sobre nosotros. Después de todo, los salarios que se les pagan por su gestión a políticos y servidores públicos, provienen fundamentalmente de dineros obtenidos privadamente con el trabajo, el esfuerzo y el ahorro de las personas privadas.

Las decisiones de los hombres públicos afectan muchos aspectos de nuestras vidas y es a cambio de ello que la ciudadanía tiene el derecho a forjarse juicios informados a cerca de los líderes que tienen. Esto es particularmente relevante en el caso de hombres públicos, quienes disfrutan del poder para efectuar cobros de impuestos a los ciudadanos y de disponer del uso de esos fondos así apropiados.

La información, que con mi propuesta los hombres públicos deben dar a los medios de prensa para que la transmitan a los ciudadanos, es un derecho básico de los ciudadanos. A eso se le suele llamar libertad de prensa. Es el derecho del ciudadano de estar debidamente informado acerca de temas de interés público, porque es de interés público conocer, si quien aspira a un cargo de elección o a quien se nombrará en un cargo público importante, satisface requisitos que muestran el verdadero y correcto carácter del funcionario público.

Cuando se acude a elecciones, en mayor o menor grado son decisiones que se toman con base en el carácter de los principales políticos involucrados. Es muy posible que mostrar una conducta evasiva en el pago de los impuestos, teniendo a la vez el poder de afectar los impuestos que se le cobran a los demás ciudadanos, no sólo expresa fragilidad de carácter, de viveza y argucia evasora, sino más que todo de soberbia en el ejercicio del poder. ¿Será que piensan que, por estar en las alturas del poder, son inmunes a las responsabilidades que tienen como cualquier otro ciudadano y que, por su carácter de persona pública, en lugar de ser ejemplos de comportamiento responsable, más bien creen estar por encima del bien y del mal y así actúan en consonancia?

Conocer de antemano, antes de una elección o de un nombramiento, acerca del comportamiento del pago de los tributos por los principales políticos que elegimos o se nombran, nos sirve para evitar el error de haber creído que elegimos o se nombró a quien dignamente se lo merecía, pero que, en verdad, era simplemente un pícaro de Hume y no un ciudadano ejemplar.

Hubo cierto tiempo en que se consideraba a los altos funcionarios públicos como ciudadanos ejemplares. Ello porque se asumía que con su conducta y méritos daban el ejemplo a seguir. Para verdades el tiempo… hoy algunos muestran no ser ciudadanos ejemplares. Incluso hay uno de los mencionados, deslizándose en su prepotencia, quien se solaza hablando de la inmoralidad de muchas otras personas, cuando la propia parece serlo mucho más. Antes de obligarnos a pagar más, primero pague lo que debe.

Vale la pena cerrar este comentario con una cita del apóstol cubano, que bien calza hoy para desnudar a los sepulcros blanqueados que hoy desfilan ante nuestros ojos y que ojalá no los olvidemos pronto. Son los impúdicos que nos quieren poner más y mayores impuestos, pero ellos no pagan los que deben de pagar.

“En plegar y moldear está el arte de la política. Sólo en las ideas esenciales de dignidad y libertad se debe ser espinudo, como un erizo, y recto, como un pino.”José Martí

Jorge Corrales Quesada

lunes, 9 de abril de 2012

Tema Polémico: "Janos" políticos


Jano era un Dios de la mitología Romana que se caracterizaba por tener dos caras. Pero parece que los eventos de las últimas semanas en nuestro país nos han mostrado que no sólo personajes mitológicos son capaces de poseer dicha cualidad, sino que nuestra pintoresca fauna política también puede ostentar dos caras. Por supuesto, como todos se imaginarán, nos referimos a las últimas noticias que han mostrado que altas figuras políticas del Gobierno prefieren no pagar sus impuestos, incluyendo a los titulares de Hacienda y Tributación Directa, todo ello al amparo y patrocinio de la Presidente de la República, cuya única firmeza y honestidad ha sido demostrada con su obcecada insistencia en meternos la mano en el bolsillo con su nefasto PACquetazo de impuestos.

Debemos admitir que dichos acontecimientos nos han llenado de júbilo. ¿Por qué? Ya estábamos cansados del juego maniqueo y simplista de la Administración. Todo un discurso legitimador del paquete de impuestos tendiente a satanizar como malos y perversos a aquellos que no encontramos propósito o beneficio alguno en seguir llenando de dinero al Estado para que sea administrado por gente que carece de uno de los más elementales valores: la coherencia. Ejemplo de esta táctica falaz es el mismo nombre del Proyecto: “Solidaridad Tributaria”. Para nuestros gobernantes, es injustificable que exista gente capaz de oponerse a algo tan puro y hermoso como la solidaridad.

Pero nosotros, en ASOJOD, pensamos muy diferente. Para el museo de la hipocresía quedarán las trilladas frases de ciertos personajes políticos que no han hecho más que moralizarnos para que paguemos más impuestos, que no han hecho más que advertirnos que para ser un país desarrollado debemos pagar como ricos. Hoy –gracias a La Nación– sabemos que ni ellos mismos creen ni practican sus disparates. Ni siquiera pueden hacer el pequeño esfuerzo de sostener su farsa cumpliendo con lo que predican.

Por eso, es que estos eventos han desnudado la vulgaridad de nuestros gobernantes, especialmente de aquellos que se dicen portadores del estandarte de la ética y la moral: el PAC. Denunciando la mentira, el engaño y la corrupción, este partido logró posicionarse en la arena política de Costa Rica. Pero su empeño a seguir apoyando a una banda de pillos institucionales como el PLN, solo muestra la verdad: son tan vulgares como aquellos de los que se separaron. Dime con quién andas y te diré quién eres, es una frase que aplica muy bien en estos momentos.

Pensamiento, palabra y acción, todos ellas juntas y en sintonía, esa es la única forma posible de vivir éticamente, cosa que no pareciera ser preocupación de muchos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Tema polémico: cómo el grinch se quiere robar la navidad


Es víspera de noche buena; los aldeanos se preparan para celebrar las fiestas de navidad. Miles de familias corren para comprar los regalos, preparar las cenas y compartir con sus seres queridos tanta felicidad.

En los hogares, todo es paz y tranquilidad. Nadie quiere perderse la algarabía y por eso, aunque apurados y ataviados, todos guardan la amabilidad.

Ni el frío, ni las presas, ni la ligera garúa merman el espíritu festivo. Todos disfrutan sin notar que alguien trama contra ellos su plan coercitivio.

En una fría cueva ubicada en Zapote, con la ayuda de sus compinches de Cuesta de Moras, el grinch criollo prepara furtivo su garrote. Maquina con sus gendarmes, dos torpes duendes malvados, un terrible plan sacado de libros empolvados. Dicen que su propuesta nos ayudará a salir de problemas, pomposas palabras para disfrazar sus estratagemas.

La verdad es que el grinch quiere robarse la navidad, aumentando los impuestos sin que exista representatividad. No hay discusión y quienes osen a oponerse serán atacados, gracias a la oportuna ayuda de sus comunicadores comprados.

Por eso, en el cónclave, ha nombrado general de sus huestes a un gato, con tan mala suerte que los errores y desaguisados, lo han metido en un zapato. No es el gato con botas, sino un gato con brumas, cuyas malas justificaciones lo han convertido en el centro de las bromas.

Con la ayuda de los mojigatos, el grinch ha logrado orquestar un PACto que le permita dar el garrotazo pufrefacto. El plan ha avanzado presto y veloz, casi sin contratiempos, excepto los que la propia torpeza del que daña enmaraña.

En sus propios mecates se ha enredado el grinch criollo, forzando la marcha de un plan que condena al subdesarrollo. Por eso manda a su ejército que, antes de Navidad, resuelva el embrollo.

¿Por qué antes de Navidad? Porque el grinch quiere aprovechar la emotividad para dar su zarpazo, evitando que los aldeanos sientan el cachiporrazo. Todos extasiados con carnes, frutas y regalos, pólvora y globos, son víctimas fáciles de abominables robos.

El grinch quiere aprovechar el descuido para meter su mano en los bolsillos, esperando encontrar monedas, billetes y chequecillos. Mientras todos están dormidos, quiere irrumpir para sustraer las posesiones de los aldeanos desguarnecidos.

De momento, un grupo de valientes que han denunciado el asalto a mano armada, tiene la propuesta varada. Miles de frenos han presentado, aunque todas sus ideas el grinch ha rechazado, gracias a la mayoría de representantes que quiere ver el robo consumado.

No obstante, el plan de momento ha fallado. Contar con gendarmes que no piensan y solo asienten es riesgoso, pues su torpeza los lleva a un accionar desastroso.

Pese a todos los yerros y desaguisados, los aldeanos deberían estar más atentos y pellizcados. Un grinch y sus duendes les quieren robar lo que tanto esfuerzo y trabajo les ha costado ganar.

Esta Navidad no podrá ser tranquila y pacífica, cuando un grupo de bandoleros merodea con una intención terrorífica. Rogarle al Mesías de El General que salve a los aldeanos no tiene sentido, porque la deidad está con el saqueo comprometido.

Por eso, un poco más de atención y reflexión, no caerían mal entre los aldeanos. Quizá todos juntos puedan conformar un frente espanta villanos.

Si a esos malhechores y sus ideas retorcidas, todos los aldeanos deshechan de por vida, el futuro de la villa podrá ser prometedor. Aunque de momento, es suficiente que después de las fiestas, el panorama deje de ser tan comprometedor.

martes, 6 de septiembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: Costa Rica está llena de traidores


Ya han salido quienes dicen entender al “porecito” del Ministro de Haciendo por haberle dicho a los Diputados, quienes deberán aprobar el nuevo presupuesto de gastos del gobierno central, que no se podían “seguir aprobando leyes que aumenten el gasto sin generar ingresos. Eso es una traición a Costa Rica”.

Yo no lo “entiendo”, pues difícilmente se golpea de tal manera a quienes deben aprobar lo que él les manda, aunque muchos de esos señores Diputados y Diputadas son seres sensibles, quienes podrían estar dispuestos a dejar de lado cualquier respuesta arrogante y una decisión de castigar al Ministro y, por el contrario, dedicarse a meditar acerca de las opiniones de aquél, que podrían haber sido expresadas de otra manera.

En todo caso, lo que parece estarse dando es una repartición de culpas y, por qué no, empezar por los Diputados, como lo ha hecho el señor Herrero (y que documenta ampliamente don Armando González en su columna de La Nación del 4 de setiembre). Pero sí de culpas se trata, tal vez uno bien pochotón es el propio Gobierno del cual forma parte el prominente Ministro Herrero, pues ha mandado una serie de programas y proyectos de gastos sin que tengan los fondos requeridos. Para muestra un botón, de los cuales hay muchos más: ¿de dónde sale la plata para financiar a los llamados centros de cuido, última creación plena y total de doña Laura?

Jamás me atrevería acusarla de “traición a Costa Rica” por haber propuesto proyectos de gasto estatal que no tienen contenido presupuestario, tal como acusa el Ministro Herrero a los legisladores. Lo cierto es que ha existido una enorme irresponsabilidad de parte de este Gobierno al mandar presupuesto a la aprobación legislativa, en el cual ni siquiera se financian los gastos corrientes con ingresos corrientes. Este presupuesto va tan desfinanciado que no tiene ni los ingresos necesarios para cubrir todos los salarios que este año tiene que pagar (¿quién será el “traidor”?). Está escrito que de los ¢1.7 billones que hay que pagar en salarios, ¢818.000 mil millones se financiarían con préstamos. Pero hay más: de los casi ¢5.900 miles de millones de presupuesto que envía el propio Ministro Herrero para la aprobación legislativa, un 45%; esto es, ¢2.655 miles de millones, deberá ser financiados por medio del endeudamiento. Yo no hablo de traición de nadie, pero lo cierto es que es un gasto que no está financiado, al igual que como le hizo el reclamo el Ministro a los diputados: es gasto del Estado sin impuestos aprobados para financiarlo.

Desde ese punto de vista, ¿serán los únicos “traidores” los Diputados del momento y el actual Ministro de Hacienda y su Gobierno? Si alguien lo desea podría extender tal calificación a la Administración anterior, cuando le heredó a don Fernando Herrero esa monstruosa planilla estatal que ahora ni siquiera puede cubrir “traicioneramente” en su presupuesto. ¿Será don Oscar otro más del club? Si nos ponemos a hilar delgado, nos llevaría a tantos “traidores de Costa Rica” que mejor nos olvidamos de ese apelativo, porque casi que no caben en nuestro territorio todos los que de una manera u otra han impulsado el gasto público desfinanciado.

De paso una sugerencia para el Ministro de Hacienda, quien, ante la misma Asamblea Legislativa en que lo hizo acerca de la “traición a Costa Rica”, se quejó públicamente de que no podía reducir los rubros inflexibles de salarios que representan el 42% del gasto corriente, ¿qué tal si esa carga heredada la resuelve mediante el despido de los ahora innecesarios contratados por don Oscar Arias, en su momento y sin financiamiento, como critica que ahora lo hacen los actuales diputados?

Los que me preocupan son los “traidores” futuros, porque si se aprueban los nuevos impuestos, para lo único que van a servir es para que ese Estado (gracias a sus “traidores” del momento) gaste más y más plata. Esa ha sido la historia fiscal de nuestro país en los últimos tiempos.

Hace poco revisaba comentarios que escribí hace años y en uno de ellos, titulado “La Economía del Presidente Reagan”, que apareció en La Nación del 1 de diciembre de 1982, me refería a lo que hoy se podría llamar “el inagotable escenario de la traición”. Allí escribí lo siguiente:

“Lo anteriormente expresado tiene una gran trascendencia para la apropiada comprensión de la actual política económica nacional, pues los proponentes de última hora a favor del presupuesto balanceado ̶ aquellos quienes en el pasado siempre gustaron de ser los grandes amigos del exagerado gasto público ̶ hoy día tratan, y así lo hacen, de cerrar la brecha entre los ingresos y los gastos aunque, de nuevo con espíritu estatista, sólo por el aumento de los tributos impositivos. De aquí que, aunque ahora prediquen el equilibrio del presupuesto estatal, el que sea por medio de un aumento de las recaudaciones de los impuestos, lo que va a provocar es que puedan disponer de más dinero para gastar, y esto no les va a forzar a reducir el gasto público, si desean hacer una realidad sus propuestas para equilibrar al fisco.”


¡Qué poco parecen haber cambiado las cosas! Estos, quienes ahora se quejan por el desbalance del exceso de gasto sobre los ingresos, son los mismos que siempre han promovido esa conducta de una enorme expansión del gasto público sin contenido tributario. Como a todo chancho le llega su hora, miro ahora con interés que al menos alguien les haya llamado “traidores” a Costa Rica.

Pero no sólo me quejo. Aprovecho para destacar a todas luces cómo el propio Presidente del Partido Liberación Nacional, el gran promotor histórico de la gastadera pública. Don Bernal Jiménez le brindó la afortunada solución al Ministro Herrero para evitar el “injusto” proyecto tributario que impulsa esta Administración en la Asamblea Legislativa: que los ricos paguen más, e incluso destaca la evidente injusticia de que el rico Bernal Jiménez tenga que pagar el mismo porcentaje en impuestos como su pobre chofer (¿su chofer?, vean el símbolo de riqueza). Tome don Fernando de la mano las palabras de don Bernal y exprésele lo siguiente: dada su enorme y virtuosa inclinación por la justicia social, reflejada en su llamado para que los ricos paguen más impuestos, ¿qué le impide para que, personalmente y desde este mismo momento, le destine al Estado un 50% de los ingresos que obtendrá en este año (y podemos luego hablar de sus riquezas) mediante una donación que haría al Ministerio de Hacienda? Con tanta bondad y desprendimiento y justicia social en acción, don Fernando podría, esperamos, conseguir recursos suficientes para que no sea injustamente calificado de “traidor”, por impulsar proyectos de gasto público sin el debido financiamiento. Al mismo tiempo, don Bernal lograría tener muy tranquila su, desde muchos años ha, colosalmente voluminosa conciencia social, a la vez que, con las políticas restrictivas de don Fernando en cuanto a las erogaciones públicas, se evitaría que algunos hagan tantos negocios gracias al gasto que lleva a cabo el Estado.

Jorge Corrales Quesada