En la zona norte de Costa Rica unas diez mil familias se dedican a la producción de frijol, son familias trabajadoras y esto desde todo punto de vista es admirable. Sin embargo, la importación de grano más barato proveniente de China (25 mil colones el quintal chino vs. 35 mil colones el quintal costarricense, según el precio de referencia fijado por el CNP) ha hecho que los nacionales no puedan vender su producto, ¿Cuál ha sido la actitud de los productores ante el desafío?Solicitar a los industriales comprar su grano y demandar al Estado medidas proteccionistas que les garantice un “precio justo”, de lo contrario, amenazan con realizar manifestaciones en diferentes partes del país, e inclusive, advierten que efectuarán bloqueos e intervendrán el 8 de mayo, día del traspaso de poderes, con el objetivo de que la nueva presidenta solucione la situación.
Al parecer, existe la creencia arraigada en nuestro país de que se debe garantizar el éxito de ciertos sectores productivos. Este es el objetivo del CNP y de los programas dentro del Ministerio de Agricultura, sin embargo históricamente han fallado, su incapacidad resulta evidente, no obstante, existen contra toda lógica.
Pero más aún, lo que debemos considerar en esta situación en una cuestión de fondo. Cualquier actividad humana conlleva un riesgo, esto porque nadie puede anticipar las consecuencias inesperadas de las acciones intencionadas, de manera que el riesgo es inherente en casi todo lo que hacemos, en este sentido nos hallamos en un escenario de constante incertidumbre. Sin embargo, el paradigma socialdemócrata bajo el que hemos vivido por más de cincuenta años nos ha enseñado que otros pueden, y deben, hacerse cargo de nuestro riesgo, de hecho, la lección que una y otra vez nos han dado los gobiernos de centroizquierda es que resulta deseable y natural que otros asuman nuestro riesgo, esto es, no debemos preocuparnos por crear una familia, tener un hijo, obtener una casa, cuidar a nuestros familiares o desarrollar un emprendimiento, pues el Estado asumirá el riesgo por nosotros.
Hemos vivido inmersos en esta lógica socialdemócrata, donde lo ideal es contar con certidumbre desde la concepción hasta la muerte. Entonces resulta natural entender porque los frijoleros reclaman su cuota de certidumbre al Estado.

