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lunes, 7 de octubre de 2013

Tema polémico: o te chingas o te jodes

La película mexicana del año 1999 titulada "La ley de Herodes" que sirvió para desnudar la realidad del PRI en esa nación, tenía una frase muy jocosa: "te tocó la ley de Herodes: o te chingas o te jodes". Esta expresión cae como anillo al dedo a la situación que hemos vivido durante este fin de semana, con la renuncia del Dr. Rodolfo Hernández, candidato presidencial por el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). 

En la carta que compartió con los medios de comunicación explicando los motivos de su salida, Hernández señala que ha tenido que enfrentarse a intrigas, envidias, egoísmos y deslealtades de un grupo que pretende mantener la democracia secuestrada para favorecer intereses personales o de grupo que él no podía cohonestar. 

Amplía diciendo: 

"Decepción es lo que siento cuando me entero de que políticos de mi propio partido andan de pueblo en pueblo pidiendo que no voten por mí. Frustración es lo que siento cuando candidatos a diputado, una vez elegidos, se niegan a trabajar junto a mí bajo el argumento de que lo único que importa para ellos es llegar a Cuesta de Moras, aunque al partido se lo lleve el diablo. Y rabia es lo que siento cuando sé que mis detractores le informan al candidato oficial que harán lo posible para que yo no gane las elecciones.

Desilusión es lo que siento cuando la gente que puede contribuir a la campaña se niega a hacerlo, presionadas por quien pensó que mi candidatura sería no para ganar, sino para resucitar al partido y allanar el camino para que otro sea el candidato en el 2018.

Coraje es lo que siento cuando personas que se dijeron sinceras abandonan sus obligaciones y procuran chantajearme para que me deshaga de los colaboradores que estuvieron conmigo desde el principio de esta lucha.

Tristeza es lo que siento cuando muchos se resisten a respaldarme por la sencilla razón de que hago política sana, transparente, honesta y sin componendas.

No puedo aceptar que los Caínes modernos sigan matando a los Abeles por la simple razón de que les estorban."

No obstante todo lo anterior, apenas 48 horas después, el Doctor regresó, mondo y lirondo, a la contienda electoral. ¿Dónde quedaron entonces las intrigas, envidias, egoísmos, serruchadas de piso y puñaladas por la espalda? ¿Tan rápido sanaron las heridas infligidas? ¿Tan pronto acabó la decepción, la frustración, la rabia, la desilusión,el coraje y la tristeza que manifestó Hernández en su carta?

Algunas versiones periodísticas informan que el regreso del Doctor está condicionado a la renuncia de los miembros del Comité Ejecutivo por su distanciamiento con el expresidente Rafael Ángel Calderón y a la aprobación de un salario para dedicarse a la campaña, imaginamos, que compense los casi $15.000 que él dice ganar en el Hospital de Niños. 

Independientemente de lo del salario -que por sí solo da mucho de qué hablar-  queremos concentrarnos en las propias palabras del candidato socialcristiano sobre su regreso:

“Como una de mis condiciones para aceptar mi regreso a la contienda electoral, le informé al pueblo de Costa Rica que iba a ocupar limpiar la casa (...) Por esa razón, solicito en forma expresa y categórica al pleno del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Unidad Social Cristiana, la renuncia irrevocable de cada uno de sus miembros, para ser efectiva a partir del 19 de octubre de 2013". 

¿Cómo puede hablar de "limpiar la casa" cuando su reclamo se cimenta en el distanciamiento que algunos miembros de la tendencia "Renacer Socialcristiano" tienen hacia Calderón, una persona no ya cuestionada, sino condenada por delitos muy severos que no le permiten erigirse como líder moral precisamente? ¿Por qué insiste en mostrar su apadrinamiento por parte de esa figura, condenada y desgastada, al tiempo que pretende presentarse ante el electorado con la careta de ser un hombre honesto, impoluto y transparente? 

Sean cuales sean las razones, el doctorcito se acomodó con tal de seguir montado en la carreta del poder. Como decía la frase de la película que reseñábamos al inicio, para no joderse, tuvo que chingarse, tragarse su orgullo, su tristeza, su decepción, su rabia, su desilusión, curar sus puñaladas en la espalda y aceptar que los caínes modernos siguieran matando a los Abeles para no perder la minita de oro.

Definitivamente, quienes creyeron que el Doctor Hernández sería el outsider honesto y honrado que ocupaba Costa Rica, ahora estan en un gran dilema. Para quienes no nos comimos el cuento, este chiste de mal gusto que creímos había finalizado, tendrá un nuevo capítulo.El tiempo dirá.

lunes, 15 de julio de 2013

Tema polémico: el salario de los candidatos

La semana pasada, el "doctorcito" Rodolfo Hernández nos sorprendió con una nueva tontería politiquera: propone que a los candidatos presidenciales se les pague un salario (él quiere percibir al menos unos 7.5 millones de colones para mantener el estilo de vida que estaba acostumbrado como Director del Hospital de Niños) con la excusa de garantizar una posibilidad para que todos los ciudadanos, y no solo los de alto ingreso, puedan participar en una campaña electoral y dedicarse de lleno a ella. 

Pareciera ser una idea sin sentido, influenciada por el formaldehído y otras sustancias, pero sin resonancia; algo así como una broma de mal gusto que no pasaría a más. El problema es que todas las sandeces en este país  no pasan desapercibidas sino que, tan pronto salen a la luz pública, algún entrometido sale a darles viabilidad o, peor aún, explica que ya se puede hacer según el texto de alguna de nuestras tantísimas y desordenadas leyes. 

De ahí que, de forma casi inmediata -ya quisiéramos esa capacidad de respuesta cuando los ciudadanos lo necesitamos- el Tribunal Supremo de Elecciones salió al paso del desaguisado anunciando que, según la normativa, los partidos políticos ya pueden darle un salario a sus candidatos y cobrarlo, lea usted bien, al Estado mediante el odioso financiamiento público a las campañas electorales, siempre y cuando incorporen el estipendio como parte de los gastos de organización y capacitación.

Si bien podría decirse que la decisión de cómo utilizar el dinero es asunto de cada partido y si estos están de acuerdo con ofrecerle un salario a su candidato, deberían poder hacerlo, la cosa no es tan simple. La denominada "autodeterminación" de los partidos no es una justificación válida en el tanto se financian con recursos públicos -a priori o a posteriori, es indiferente-, ya que simplemente se traduce en que todos los costarricenses, sin distingo de la afiliación partidaria, la satisfacción con la oferta programática o la afinidad ideológica de las agrupaciones políticas, tenemos que pagarle una remuneración a una persona que ha decidido, libre y voluntariamente, renunciar a su trabajo, pedir un permiso sin goce de salario o suspender sus actividades económicas para aspirar a la Presidencia de la República. O sea, alguien que toma el riesgo de postularse e iniciar una campaña, con este tipo de incentivos ya no tiene nada que perder, pues siempre tendrá dinero asegurado, gane o pierda (y quién sabe si un ingreso hasta mayor al que ganaba y sin ninguna obligación verdadera). Bajo ese esquema, tendríamos candidatos con todos los beneficios y sin ningún sacrificio. Como diría el pachuco: ¡cuidao pierde!...

En ASOJOD estamos hartos de las ocurrentes estupideces que cada cuatro años surgen de las mentes de políticos que desean vivir a costa de los tax payers al hacer de las campañas sus propios negocios. Si no es recibiendo un sueldo con recursos públicos, es obteniendo un puesto cuasi vitalicio, también pagado con nuestro dinero; si no es financiando a su partido para luego cobrarle lo prestado más los intereses, es consolidando cuotas de poder que luego cobran a sus testaferros.

Estamos cansados de mantener verdaderas maquinarias que se alimentan del dinero que tanto trabajo y esfuerzo nos cuesta ganar. Consideramos que los partidos políticos deberían financiarse por sus propios medios, con contribuciones de sus miembros, préstamos que los candidatos cubran, donaciones privadas,etc. y no con recursos públicos, para que ahí sí, puedan alegar "autodeterminación".

Con anterioridad nos habíamos pronunciado acerca del financiamiento de los partidos políticos. En esa ocasión, argumentamos lo ya explicado: que los partidos se financien por sus propios medios y no con fondos públicos. Paralelo a esta propuesta, solamente sería necesario establecer una obligación: informar abiertamente cuáles son las fuentes de sus recursos y las autoridades, en caso de encontrar financiamientos ilegales, procederán como corresponde.

Concluimos rescatando el corolario de nuestro artículo anteriormente publicado: exigimos respeto por el dinero de aquellos que no quieren que sus recursos sean utilizados en campañas y planteamos reglas simples que, en nuestro criterio, servirán para eliminar buena parte de la corrupción que inunda a la gran mayoría de partidos políticos. 

lunes, 20 de mayo de 2013

Tema polémico: ¿Qué se podía esperar del PUSC?


El día de ayer el venido a menos PUSC, tenía una oportunidad histórica. Tenía la oportunidad de reivindicarse ante los costarricenses eligiendo a un candidato preparado académicamente y con una solvencia moral que al menos hasta el día de hoy nadie había logrado cuestionarla. Sin embargo, el PUSC volvió a sacar “lo mejor de sí” y aferrado a sus mañas políticas eligió al candidato bendecido por el cuestionado ex-presidente Calderón. Parece, que las bases del PUSC no son capaces de atreverse a pensar por si mismas, siguen tal cual ovejas en un rebaño a los designios de un líder en absoluto estado de decadencia.

Desafortunadamente, no podemos ni siquiera afirmar que la decisión es sana ni por efecto carambola. Es nuestra opinión que el Dr. Hermández es sencillamente un candidato impresentable, por dos simples y sencillas razones: a) fue un candidato absolutamente mudo, nada dijo sobre sus propuestas si es que tiene alguna. b) huyó con determinación y poca vergüenza al debate con el otro candidato. Estas dos actitudes son suficientes para concluir respecto a la honestidad de dicho candidato, ya que precisamente la honestidad pasa por exponerse, desnudarse, mostrarse, no el total y absoluto secretismo que tiño su campaña. Una pregunta simple lanzamos al aire: ¿qué garantía tenemos de que un eventual gobierno suyo no sea de esa misma manera? La respuesta es aún más sencilla: ninguna 

Aristóteles dentro de sus tipos de gobierno afirmaba que la demagogia era el resultado del corrompimiento de la democracia, hoy más que nunca podemos afirmar que cada pueblo tiene el gobierno que se merece… ya que cada vez que se le ofrece una alternativa digna para salir del laberinto en que se encuentra decide por validar y reafirmar todo aquello que dice repudiar. ¡Que triste pero merecido final le espera a este sistema político!