
La discusión del paquete de impuestos no puede ser solamente acerca de las consecuencias económicas del mismo. Esa arista es la que menos nos debe de preocupar, pues el verdadero problema de nuestro país no es que se presente un paquete de impuestos, sino que existan los horizontes culturares, paradigmas, el sense of life para presentar el mismo. Lo que queremos decir, es que, es en el plano de las ideas, en el plano conceptual, en el plano de que función le corresponde ejercer al Estado dentro de una sociedad, donde estamos perdiendo la lucha y mientras la sigamos perdiendo, no hay buen panorama.
Este punto se revela a la perfección con el demagógico y cínico título que lleva el proyecto con que el Ejecutivo pretende meterle la mano en los bolsillos a los costarricense: “Proyecto de Solidaridad tributaria”. La palabra "impuesto" es muy sugerente: proviene de imposición, lo que significa que somos gravados, querámoslo o no. Simplemente el Estado, haciendo uso de su monopolio de la coacción, nos impone entregar (cual robo) el dinero que honestamente hemos producido y, de no obedecer, este no tendrá problemas en mandarnos de paseo a la cárcel por un par de años. Así no puede existir solidaridad alguna.
Lo que a estas alturas del partido aún no hemos entendido es que sólo es posible hablar de valores o antivalores, de bueno o malo, desde el libre albedrío, sin la libertad para elegir no se le puede reprochar o aprobar ningún curso de acción a un individuo. El problema de todo esto es que el gobierno, al igual que los Nazis, se han dado cuenta del poder del lenguaje, como bien ha sido detallado por Orwell. Así, ¿quién podría estar en contra de la “solidaridad” tributaria? ¿qué clase de seres humanos sin corazón no desearan ayudar a sus conciudadanos?
Desgraciadamente, estas son las armas que ha decidido tomar el Poder Ejecutivo para secuestrar el debate político y convertir esto en un puro y simple juego maniqueo con el propósito de descalificar a aquellos que, con argumentos serios, denunciamos que estamos cansados de pagar los platos rotos por los manejos irresponsables y hasta corruptos de la Administración Pública.
No obstante, mientras no tengamos claras estas sutilezas conceptuales seguiremos siempre con los mismos problemas y con las mismas fallidas soluciones.