Es un hecho la
preocupación actual de los ciudadanos ante la difícil situación de la economía
y particularmente por el alto desempleo en el país. Esa preocupación aparece reflejada
en una encuesta del Centro de Investigación de Estudios Políticos (CIEP) de la
Universidad de Costa Rica, hecha para el semanario Universidad del 10 de agosto
al 3 de setiembre y que la consigna La Nación del 24 de setiembre, bajo el
título “60% califica de mala o muy mala la labor del gobierno.”
Concretamente, en
dicha encuesta se menciona que, “en cuanto a la economía, aumentó la sensación
de que la situación es mala… Entre abril y agosto [del 2015] subió de un 60% a
un 72% el porcentaje que desaprueba la [situación] de la economía” y que “el
CIEP también consultó a los encuestados cuál es el principal problema del
país. El desempleo fue mencionado como
la primera respuesta con casi un 30%.”
Debe recordarse
que en la última encuesta continua de empleo, que realiza el Instituto Nacional
de Estadística y Censos, se señala que, para el segundo trimestre de este año,
“la tasa
de desempleo a nivel nacional fue 9,5%... Durante el 2014 y los dos primeros
trimestre del 2015 la tasa de desempleo nacional se ha mantenido cercana a 10%,
luego de que en el último trimestre del 2013 mostró el nivel más bajo (8,3%)
desde el 2010.” Además, en lo que se refiere al importante indicador de
desempleo conocido como índice de subempleo, el cual se refiere al porcentaje
de la población que está ocupada, pero labora habitualmente menos de 47 horas a
la semana, se nos informa en la última encuesta continua de desempleo, que para
“este trimestre, el porcentaje de personas ocupadas afectadas por subempleo se
estimó en 13.5%.”
Recientemente se le han
propuesto al país dos ideas diferentes para enfrentar al problema del desempleo.
Una de estas propuestas fue objeto de mi comentario aquí, hace una semana, bajo
el encabezado “Plan Estatal de Subsidios a la Contratación Privada de Ciertos Trabajadores”,
más conocido como Mi Primer Empleo. Concluí en que muy posiblemente la
propuesta de subsidiar la contratación laboral no lograría incrementar el
empleo en el país, sino que más bien provocaría una sustitución de trabajadores
que la empresa contrataría normalmente, por trabajadores subsidiados bajo dicho
programa. No habría una ganancia neta en el empleo.
En cuanto al otro
planteamiento, aunque si bien específicamente no lo formuló esta administración,
el ministro de trabajo, señor Víctor Morales, concurrió para referirse a él en
la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Legislativa. Se trata del proyecto
de Ley para la Educación Dual, bajo el expediente 19.378. En dicha ocasión
señaló el señor Morales que “el expediente 19378, Ley para la Educación Dual tiene una serie de
beneficios, tanto para el sector educación como para los empresarios, lo que
impulsaría la economía del país a corto y mediano plazo”. Este proyecto fue inicialmente presentado por
el diputado don Otto Guevara en octubre del 2014.
Además, en la administración
Chinchilla se había presentado algo similar ante la Asamblea Legislativa: el
proyecto Ley para la Regulación de la Educación o Función Profesional-Técnica
en la Modalidad Dual en Costa Rica, en febrero del 2014. (Un título
horrendamente largo…)
De hecho, el presidente Solís firmó
un convenio con la canciller de Alemania, doña Angela Merkel, en junio pasado, mediante
el cual se logra la cooperación de esa nación para que ayude al país a forjar
un esquema de educación vinculado con el trabajo técnico. Alemania es una nación que desde hace ya
bastante rato posee un esquema similar al de educación dual, que se está
impulsando aquí.
Diferencias en aspectos puntuales de
los diversos proyectos acerca de la educación dual no nos deben alejar de la
idea principal, sin importar que haya distintos proponentes de lo que podría
ser una muy buena idea. Esto es, sin que
sea relevante la paternidad o maternidad del proyecto, lo que debe buscarse es
lo mejor de ellos y ojalá llegara un
texto mecho mejor que cada uno de ellos en lo particular. En cuanto a lo político, dada la declaración
en principio del ministro de trabajo del actual gobierno y provenir los
proyectos citados de dos importantes grupos legislativos, es de esperar que sea
posible que el país disponga de una buena ley, que nos permita estimular
realmente la creación de empleo productivo y, por ende, para lograr un mayor
crecimiento de la economía.
Para que se forjen una idea de la trascendencia
que tiene una ley como ésta -con algunos detalles que analizaremos luego- me
permito transcribir a mis lectores algo, que al respecto recientemente se dio a
conocer en un medio periodístico. Señala
el señor Kenneth Waugh, gerente general de APM Terminals, su preocupación ante
la falta de mano de obra calificada en el país, para llenar mano de obra que
necesitará a futuro y puso como ejemplo el caso de soldadores: “Estamos
tratando de buscar el talento local, pero es difícil conseguir talento local
que tenga experiencia en una obra de esta magnitud.” (“Concesionaria clama por
capacitar la mano de obra,” La Nación, 13 de setiembre del 2015.)
Es muy frecuente escuchar este tipo
de inquietud proveniente de empresas extranjeras que vienen a invertir al país,
acerca de la insuficiencia de personal capacitado -no sólo por falta del idioma
inglés, sino de especialidades técnicas. Asimismo, el empresariado nacional ha
expresado su deseo de que nuestra fuerza de trabajo se capacite más, a fin de
estar a tono con las demandas de nuestro mercado laboral.
Es crucial que, ante el desempleo tan
alto que tenemos en la actualidad, se haga un esfuerzo directo y bien pensado para
mejorar la calidad de nuestra oferta de trabajo, de manera que la oferta se pueda
adaptar a los requerimientos de la demanda en la economía. Lo más interesante es que tal es la naturaleza
de la demanda que llevan a cabo los sectores aparentemente más dinámicos de la
economía, que propugnan por una fuerza de trabajo más calificada, que esté más
capacitada y que tenga experiencia en ciertas labores específicas.
Lo que se conoce como “educación
dual” en esencia constituye en la formación de personal laboral en dos partes:
una de ellas, la académica, en centros educativos que llamaría como los usuales
y, la segunda, que obtengan un aprendizaje técnico en empresas privadas que
entraría formar parte de estos programas. Es decir, las empresas se convierten
en centros de formación de personal -usualmente para cada una de ellas, según
sea su interés y especialidad- en la parte práctica de aquella teoría que bien aprenden
en los centros académicos.
Un sistema de educación dual parece
ser muy beneficioso para los diversos participantes en la economía. Es un hecho
que nos entristece ver, por ejemplo, las largas hileras de jóvenes buscando empleo
en ferias públicas, que se organizan para tal efecto: dichas filas en su
mayoría están compuestas por jóvenes, quienes no tienen las habilidades ni la
experiencia que demandan los puestos de trabajo en las empresas privadas. Con
la propuesta, producto de un acuerdo entre las empresas y un organismo
gubernamental supervisor del programa, los estudiantes podrían dedicar, como un
ejemplo, dos terceras partes de su tiempo a la labor práctica en la empresa, en
tanto que el tercio restante sería para la parte académica.
Los jóvenes que
participen y culminen este programa de educación dual encontrarían un enorme
beneficio, al poder obtener experiencia -requisito usualmente solicitado por
los empleadores- lo cual se traduce en una más elevada productividad de su
trabajo y, por ende, en un salario mayor. También tiene otro beneficio y es que
la empresa en donde estudió bajo el sistema de educación dual, estará naturalmente
muy interesada en que, al final de su período de aprendizaje, ese estudiante
obtenga un trabajo en la misma firma que le enseñó sus habilidades. Pero esto
va más allá de obtener un simple aprendizaje laboral técnico, sino que con el
entrenamiento adquiere toda una serie de características particulares de la
empresa, como es conocer las reglas y las costumbres que rigen a lo interno de
una firma. Estos son valores que son
apreciados en la empresa; valores tales como responsabilidad, trabajo en
equipo, cooperación y colaboración entre el grupo, creatividad e innovación,
además de rectitud ante sus compañeros y la empresa. Estos atributos indudablemente
que con factores altamente valorados por las firmas y que forman parte integral
de un concepto más amplio de “experiencia,” entendida ésta como un
entrenamiento técnico.
Es de hacer
notar que una formación exclusivamente académica del estudiante, sin que haya
tenido el complemento de la experiencia práctica, no parece permitir todo el
potencial de desarrollo del capital humano de esos jóvenes. De ser así, quedan como truncados en lo que
se debería de verse como una unidad: la formación teórica académica y la
práctica que genera experiencia. En nuestro país el exceso de oferta (desocupación)
se observa principalmente en aquellos que tienen solo la formación académica
teórica. Todo lo contrario parece suceder con aquellos que la han complementado
con diversos grados de experiencia.
Asimismo, esos
jóvenes trabajadores tendrían la oportunidad de desarrollar sus habilidades en
tecnología de punta, que suele ser la existente y obligada en empresas sujetas
a la competencia internacional, que en muchos casos suelen ser las que señalan requerir
personal calificado y experimentado, cuando entran a operar en el país para
producir para todo el mundo.
El sistema de
educación dual también le sirve a las empresas, pues se les facilita el
reclutamiento y el entrenamiento necesario de la fuerza de trabajo que
requieren. Una nueva edición de la
encuesta anual de Escasez de Talento, hecho por la firma Manpower y divulgado
en Costa Rica el 16 de julio del 2014, indica que el “51% de
los empleadores en Costa Rica tiene
dificultades para encontrar candidatos con las habilidades adecuadas”, en tanto
que en todo el mundo el porcentaje es del 36%. Además, el reporte señala que “La
encuesta de escasez de talento continúa indicando que hay una gran dificultad
por parte de los empleadores de encontrar talento en puestos técnicos
fundamentalmente; asimismo, incrementó la dificultad para encontrar candidatos
para puestos de Ingeniería y Gerencia de Ventas”.
La empresa debe
encarar en nuestro país a un personal que no tiene la experiencia, ni las competencias
técnicas que requieren: hay una oferta relativamente escasa de ese tipo de
trabajadores en el mercado, tales que les permitan realizar sus tareas
apropiadamente. La educación dual es un
sistema que, bien administrado, le genera al país trabajadores con experiencia,
con las competencias adecuadas y en un número mayor que los que se tendría en
su ausencia.
Obviamente lo
anteriormente expuesto señala que el sistema de educación dual beneficia a la
sociedad como un todo, pues da lugar a un aumento de la productividad de su
fuerza de trabajo, lo cual se traduce en una mejoría de la competitividad, cara
a cara con otras naciones en los mercados internacionales, además de mejorar
los salarios y, obviamente, el nivel de empleo. Particularmente, un sistema
dual como el comentado se convierte en un atractivo mayor para la inversión
extranjera en el país, pues así el inversionista encuentra mayores posibilidades
de obtener la mano de obra calificada y en la cantidad que requiere, pues, si
participa en el programa de educación dual, tiene una mayor posibilidad de
contratarlo como un trabajador fijo en la empresa.
En realidad,
el aprendizaje no es algo nuevo en las sociedades. No hace mucho, don Arnoldo
Madrigal, quien es un empresario del área de la tecnología, publicó un artículo
en La Nación titulado “El Estudiante que trabaja” (29 de junio del 2015), pone
las cosas con suma sencillez y a la vez profundidad, por lo que considero que
reproducir partes de éste es de sumo interés a los lectores. Con Arnoldo scribe
que:
“En estos días se ha discutido sobre la
educación dual y se ha tratado de desprestigiar la figura del aprendiz. Desde
el tiempo de Miguel Ángel Buonarotti, la formación de aprendices ha sido un
modelo exitoso y se ha usado en muchos esquemas de formación.
No es raro que muchos
médicos sean mejores cirujanos porque fueron enseñados por un mentor más que
por un método o un libro. Tampoco es raro que muchos abogados sean mejores
abogados porque fueron formados en la práctica por un mentor. Lo mismo sucede
con músicos, escultores, pintores, deportistas y hasta políticos.
La educación dual, en su
concepto más básico, se centra en la figura de un estudiante que trabaja, no un
trabajador que estudia. Esa es la diferencia fundamental.”
Y destaca luego que:
“¿Por qué el establishment se
siente amenazado, si sabe muy bien que esta es una tendencia consolidada en
otros países? Este modelo educativo se ha desarrollado con excelentes
resultados.
La descalificación de llamar a
la educación dual un “generador de aprendices” no demerita sus resultados. Al
contrario, refresca el concepto de que el aprendiz es la generación del
remplazo de los mejores técnicos, ingenieros o especialistas en cualquier actividad
económica.”
Así, en sencillo, explica la
importancia de crear una relación entre el aprendizaje productivo que permite
adaptar la fuerza de trabajo a las necesidades de una economía, creándose así
más empleo en la sociedad, al mismo tiempo que faculta que aumente la
productividad y, por ende, los ingresos de los trabajadores.
Podemos explicar la razón por
la cual dos importantes sindicatos del magisterio, la Asociación Nacional de
Educadores (ANDE) y la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE),
realizaron una manifestación ante la Asamblea Legislativa para oponerse a los
proyectos de educación dual. ANDE indicó en su perfil de Facebook que convocaba
a sus afiliados de secundaria “para luchar en contra del proyecto de educación
dual y por la defensa de nuestros derechos laborales”, en tanto que APSE
convocó a dicha manifestación a trabajadores de colegios técnicos diurnos y
nocturnos así como de los colegios vocacionales.”
Se oponen por una razón muy
sencilla: que su gremio sindical tendría menos labores que hacer, pues la
sociedad tendría otra opción de aprendizaje que no exige que sea brindada por
miembros de sus sindicatos. Una nueva
versión de los luditas: lo importante no es el progreso, sino que a causa de él
no pierdan la chamba patrocinada por el sindicato. [El ludismo fue un
movimiento encabezado por artesanos de Inglaterra, que protestó entre los años
1811 y 1817 en contra de las nuevas máquinas que destruían empleo, sin tomar en
cuenta que, entonces, ¿quién habría de producir las nuevas máquinas? Se suele
identificar al ludismo como la oposición al progreso y al cambio].
Da tristeza que intereses
particulares de estos sindicatos los mueven a preocuparse tan sólo por el
bienestar de sus asociados y no por la posibilidad de ampliar oportunidades
para todos los ciudadanos, de lograr una educación que sea más productiva para
ellos. Por eso, sin sentido se oponen a un esquema que impediría altas tasas de
desocupación, que lograría una mayor productividad y competitividad de nuestra
mano de obra, que generaría mayores ingresos salariales y que permitiría, a
quienes desean trabajar, encontrar un empleo productivo.
Estoy muy a favor de esta idea
de la educación dual y me atrevo a proponer que, dentro de ese esquema no sólo
se incorpore a jóvenes que recién ingresan a la fuerza laboral y que
lamentablemente no encuentran empleo, sino que también sirva para que
trabajadores que, por circunstancias de ajustes propios y normales en los
mercados competitivos, requieren de un reentrenamiento de sus habilidades a fin
de obtener un nuevo empleo.
Jorge Corrales Quesada