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jueves, 11 de agosto de 2011

Jumanji empresarial: adiós al sueño norteamericano

Es hora de que Costa Rica y toda Latinoamérica despierten del histórico sueño norteamericano, el sueño de tratar de igualarse con EE.UU. por la vía de la redistribución de riqueza de norte a sur y por la aplicación de políticas mercantilistas internas que, aunque en teoría funcionan en economías muy desarrolladas, en economías pequeñas y poco desarrolladas terminan condenando a los países a una dependencia cuasi colonial.

La maldición de las materias primas que conlleva un excesivo énfasis en la sub utilización de recursos financieros y humanos y que sirve para satisfacer la necesidad de los países desarrollados por tales materias –incluyendo ensambles de poco valor agregado (Zonas Francas)– aumenta sistemáticamente el riesgo de generar economías de escasez interna que ponen en peligro la seguridad y prosperidad de los habitantes de estos países. Semejante fenómeno, unido a una planificación centralizada de la producción y un proteccionismo elitista tradicionalmente ineficaz y redistributivo, mantienen a las economías de nuestros países dentro de un ingrato modelo de redistribución de la pobreza, donde cuaja la servidumbre de un capital humano de bajo conocimiento tácito y carente de capacidad heurística, factores que impiden la innovación continua y la capitalización individual.

Las soluciones, aunque evidentes, son altamente conflictivas, dado que el poder económico establecido y el poder político se hallan altamente interconectados y dependen el uno del otro. La desprotección de todos los grupos económicos, incluyendo a los empleados públicos e instituciones estatales, permitiría que surja una economía basada en los méritos, el descubrimiento empresarial y la diseminación del conocimiento tácito, situación que optimizaría –no cabe duda– la formación de nuestro capital social.

Para el empresario, solo existen costos de oportunidad y costos de transacción. Los costos de transacción son aquellos impuestos por el Estado que crean incertidumbre financiera, regulación engorrosa, impuestos depredadores al capital y trabas para acceder a los mercados. Si Latinoamérica, frente a la actual crisis económica de los países desarrollados, entra en un nuevo estancamiento económico, hay que identificar a sus causantes inequívocos: el fenómeno de la maldición de las materias primas de bajo valor agregado y los altos costos de transacción que impiden el descubrimiento en los mercados, además de aumentar la resistencia a la capitalización individual y a la inversión generadora de empleo.

Andrés I. Pozuelo Arce

jueves, 4 de agosto de 2011

Jumanji empresarial: la capitalización individual está en peligro


¡Alerta! La acción depredadora del Estado pone en peligro el futuro de micro empresarios financieros, al querer gravar con un impuesto de $200 por año a las sociedades anónimas.

En el pasado, las familias y las comunidades se preocupaban de sus familiares y vecinos sin esperar que el Estado los asistiera. Las organizaciones privadas y conformadas por propietarios, cumplían tanto la función de proveer soluciones de consumo como de asistir a aquellos con necesidades y sin recursos para subsistir. Cuando gobiernos estatistas asumieron la tarea de ayudar a los necesitados, muchas de estas organizaciones se convirtieron en simples entidades comerciales y perdieron su naturaleza comunitaria; o sea, se perdió reciprocidad equilibrada en la sociedad y el Estado creció descontroladamente, aumentando la reciprocidad negativa.

Proyectos como las Empresas de Crédito Comunal (ECCs), promovidas por FINCA (Fundación Integral Campesina), van orientados precisamente a devolver este poder de propietarios a la gente en las comunidades. La meta de cualquier individuo, en una sociedad de propietarios, es la de acumular e invertir a lo largo del tiempo, con el fin de obtener en el futuro rentas patrimoniales propias que le permitan una mayor autonomía y seguridad financiera. Dicha autonomía le permitiría a cada individuo satisfacer sus necesidades crecientes sin verse sometido a factores anti-riqueza, como la dependencia de un único sueldo, las trabas burocráticas y la mediocridad de un sistema público de pensiones.

A partir de tal premisa, se forja hoy en día -independientes del sistema de reparto del Estado- toda una red de empresas de crédito comunal, formadas por FINCA, que se está convirtiendo rápidamente en un modelo de desarrollo rural y urbano nunca antes visto en el país. La base del modelo citado son estas ECCs, que tienen carácter local y están constituidas jurídicamente, y cuyo capital se forma mediante la venta de acciones a hombres y mujeres de las comunidades que, por lo general, no cuentan con acceso al crédito en instituciones financieras tradicionales. El fin primordial es el de brindar crédito y obtener ganancias: he aquí el meollo del asunto. Al ser todos propietarios de la empresa, las utilidades son esenciales y de interés común. No hay fin más noble que este.

Si la producción es el proceso por medio del cual se crean los bienes económicos, haciéndolos susceptibles de satisfacer necesidades humanas, o sea incorporándoles utilidad, el capital es la energía potencial necesaria para que todo el proceso se pueda dinamizar. Las Empresas de Crédito Comunal vienen a potenciar la formación de capital en comunidades como Santa Fe de los Chiles, La Florida de Santa Cruz y Amubri de Talamanca. Las Empresas de Crédito Comunal son un medio de capitalización, tanto individual como colectiva, que permite a los socios micro empresarios, administrar sus costos de oportunidad, de una manera efectiva y de esta forma prosperar, sin convertirse en parásitos del Estado. Es esencial que exista una figura por medio de la cual se dé la capitalización individual, exenta de altos costos de transacción. Para este efecto, la figura ideal, es indiscutiblemente la sociedad anónima.

El Gobierno estaría cometiendo un gravísimo error al aumentar los costos arbitrariamente, e impedir que estos microempresarios puedan acceder a una figura como la sociedad anónima para iniciar su proceso de capitalización individual. Esta acción seria, no solo inconveniente, sino que inmoral.

Andrés I. Pozuelo Arce

viernes, 30 de enero de 2009

Viernes de recomendación


Para hoy hemos decidido escoger el artículo "El Empresario" de Israel M. Kirzner. En este artículo, entre otras cosas, el autor critica la concepción del empresario maximizador robbinsiano y nos explica desde el punto de vista de la Escuela Austríaca de Economía que éste no toma sus decisiones sobre un conjunto dado de medios y fines. Kirzner además dice, entre otras cosas, que la empresarialidad requiere un tipo de conocimiento que llama alertness o perspicacia que permite el descubrimiento y la explotación de oportunidades en su quehacer.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Repensando un futuro en libertad


Una de las razones por las que siempre será mejor que cada quién planifique sobre su propia vida y su propios recursos, en lugar de pretender que algunos seudo-iluminados planifiquen la vida y los recursos de los demás sin conocer bien las circunstancias de cada uno, ni poder llegar jamás a tal conocimiento en una sociedad numerosa, es que el poder de los iluminados planificadores colectivistas borra, con su mera existencia, uno de los más poderoso motores del desarrollo de la civilización humana, como es un fenómeno peculiar llamado “empresarialidad”. Tal empresarialidad está definida por la identificación y aprovechamiento de oportunidades, pero la identificación y aprovechamiento de oportunidades, antes que otros las vean, es una habilidad que el hombre requiere, y despliega, en áreas de conducta que van desde la búsqueda de pareja, y el desarrollo de lazos interpersonales, hasta el arte y la cultura, sin dejar de lado la política. El punto no es, hasta que punto se pueden analizar las conductas humanas en términos económicos, ya que todas las conductas humanas se pueden analizar así, sino entender que la naturaleza de la ganancia que se busca en el esfuerzo por identificar y aprovechar oportunidades no reveladas, puede variar mucho de individuo a individuo. Quien descubre nuevo conocimiento científico, antes que otros, puede ver o no su éxito recompensado. Pero si lo ve, será en prestigio y reconocimiento, mucho más que en capital. Aunque en algún grado lo primero conduce a lo segundo. Pero quién identifica y aprovecha una oportunidad empresarial notable, verá su éxito traducido, más en capital que en prestigio y reconocimiento. Aunque en algún grado lo primero conduce, nuevamente, a lo segundo.

Cualquiera que sea el fin, la experiencia y el aprendizaje son medios, desde los que se puede desarrollar la innovación, en la medida que ello pueda conducir a los fines de quien lo hace. Pero la cultura y las instituciones pueden ser muy hostiles a la innovación. En realidad tal hostilidad ha sido los común a lo largo de la evolución social de la humanidad pues la innovación tiende, inevitablemente, a poner en duda no sólo la experiencia, sino el conocimiento y aún la tradición, que es la fuente de legitimidad del primaria poder gubernamental establecido. Y un poder establecido, mientras menos limitado sea, más conservador se tornará. Es por ello que la quimera de un liberalismo económico combinado con el conservatismo político, en la medida que se realice por medios indirectos, producirá un sistema de privilegios que en poco se diferencia de cualquier versión que se pueda calificar de moderada del proyecto neo-socialista, de la reciente experiencia de los viejos socialismos, o incluso de la naturaleza del antiguo régimen; en un creciente abuso aristocrático del poder. Si lograse establecerse abiertamente, la diferencia sería aún menor, especialmente con el último. Tal y como ha tendido a ocurrir con los viejos socialismos, y ocurrirá en el neo-socialismo; el engendro ideológico que se produce al combinar contra natura liberalismo con conservatismo únicamente lograría, de tener éxito amplio, que la lógica de la acción pública racional, transformase irremediablemente cualquier tipo de poderosa y supuesta meritocracia censataria; en poderosa y real, además de tiránica, aristocracia hereditaria. Y no es para tomarlo a la ligera, el marxismo ya instauró su primera dinastía hereditaria en Corea. Y adoptó soluciones de forma capitalista y fondo mercantilista –lo que se podría considerar una forma muy desviada de capitalismo oligárquico– en China para estabilizar la dictadura del partido y prevenir un colapso de tipo soviético, llegando a tolerar, y a gobernar sobre un capitalismo mucho menos desdibujado en Hong Kong, pero únicamente como privilegio restringido, admitido por la gracia del soberano. Las dos cosas juntas, y llevadas hasta sus últimas consecuencias, serían un engendro servil de castrado liberalismo económico, otorgado en función de sus propios fines, por la tiranía ultra-conservadora política de una aristocracia mercantilista institucionalizada. Engendros son lo único se obtiene de tales mixturas, la libertad es una e indivisible, no se puede ser liberal para unas cosas y servil para otras, o se es liberal o se es servil.

El que los primeros esfuerzos por alcanzar una institucionalidad liberal, pese a sus impresionantes resultados, degenerasen en un par de siglos por deficiencias no consideradas por sus propulsores, no justifica un retroceso hacia los principios serviles por vía alguna. No se justificaba, cuando los adoptó de forma asombrosamente abierta un marxismo que se dio el lujo de proclamar la dictadura del proletariado, ejercida por la vanguardia del partido resumida en la persona de su máximo líder, caso tras caso, y lo sigue haciendo. Ni encubierto en el tipo de experiencia neosocialista que retoma en absolutismo por la vía democrática; pero menos aún abierto el tipo de doctrina servil que se disfrazará de liberalismo y se auto-denominará injustificadamente derecha. Sin ser lo primero en forma alguna, ni representar lo segundo realmente en las circunstancias presentes. Debemos asumir que a doscientos años de la primera, el siglo XXI nos exige una segunda gran revolución liberal, porque se requieren hoy nuevas –y completamente diferentes– instituciones liberales democráticas como explica en su libro en “Derecho Legislación y Libertad” el Nobel de economía Friedrich Hayek: “No es razonable esperar que en los miembros de asamblea parlamentaria sensibilizada a la idea de que deben velar por los intereses de sus electores vayan a coincidir las cualidades humanas que los teóricos de la democracia atribuían a quienes debieran representar una muestra fidedigna de la opinión popular. Tal realidad, sin embargo, en modo alguno implica que, en la medida se le solicite a las masas la elección de representantes a quienes les esté vedada la posibilidad de otorgar concretos favores o prebendas, no vayan aquéllas a ser capaces de seleccionar a hombres cuyo buen criterio merezca su confianza, sobre todo si la elección se realiza entre personas que, en el desarrollo del cotidiano quehacer, hayan alcanzado buena reputación. Parece, pues, conveniente encomendar la labor legislativa propiamente dicha a una asamblea de hombres y mujeres elegidos para la función pública a una edad relativamente madura y por un período de tiempo suficientemente dilatado…”

El crecimiento de la economía global generación tras generación, y con él la prosperidad creciente de la humanidad, dependen críticamente de la relación entre institucionalidad, innovación y empresarialidad. Y hay una serie de relaciones de causa efecto evolutivas entre cultura, instituciones, libertad, innovación, empresarialidad, crecimiento y prosperidad. En la medida que la evolución cultural e institucional permitan el desarrollo libre de los individuos en grandes sociedades, la innovación superará al conservatismo de forma amplia, y la empresarialidad identificará la demanda potencial con menor margen de error. Así se garantiza un nivel de vida creciente, con impacto ambiental decreciente. Ahora, ello depende del resultado de una guerra cultural por definir lo que debemos considerar “el bien” que se puede resumir en si ha de prevalecer el individuo real en sociedades libres, o la mentira colectivista en sociedades esclavas. A la larga, la humanidad tendrá un futuro de libertad, o simplemente no tendrá futuro. Pero, fuera de lo que le indique la fe en la personal creencia religiosa a cada cual, lo que sabemos realmente es que ninguna las dos cosas está predestinada o garantizada. Un futuro de libertad tenemos que empezar a construirlo hoy, y eso es solo el principio.

Guileermo Rodríguez