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martes, 30 de abril de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: efecto en Costa Rica de la política monetaria reciente en los Estados Unidos

Como parte de la política económica proseguida por la administración Obama, a fin de recuperar su economía de la recesión iniciada en el 2008, el gobierno siguió una política fiscal caracterizada por un excesivo gasto público, superior a las recaudaciones impositivas. Esto ha dado lugar a los reconocidos elevados déficits, que, en opinión de un economista keynesiano, es la política económica deseable en presencia de una recesión.  Sin embargo, los resultados obtenidos en la tasa de crecimiento de la economía de esa nación no parecen haber sido muy fructíferos y, más bien, notable es el incremento enorme de la deuda pública estadounidense, en mucho ocasionado por esos déficits mencionados.

La otra parte de la política económica de Obama en estos años, ha sido una muy importante expansión monetaria, que también forma parte del credo de algunos economistas, a fin de restaurar el crecimiento de la economía en recesión.  Esto ha llevado a que el Banco Central de los Estados Unidos (la FED) prosiga una reducción de las tasas de interés, para acomodar esa política monetaria expansiva, que incluso por mucho tiempo se han aproximado a tasas de cero. Es decir, que el costo del dinero de la FED es casi inexistente. Se considera que así las entidades que acuden a pedir prestado dinero a la FED, básicamente los bancos, podrían prestar a empresas a tasas de interés sumamente bajas, de forma que con ello se impulsa la inversión y, por ende, el crecimiento y el empleo.

El problema con esto último es que los bancos y las empresas en un alto grado han mantenido esos saldos monetarios sin prestarlos o bien los han colocado en bolsas de valores. Esto se ha reflejado en balances sumamente líquidos de esas entidades, pero con un menor grado de colocación de créditos al sector privado productivo que el posiblemente requerido y así lograr el crecimiento económico que se busca. Mucha del alza del indicador Dow Jones de la Bolsa de Valores de Nueva York se podría explicar por este fenómeno.

Ese exceso de liquidez en la economía estadounidense no era posible contenerlo en un recipiente llamado “economía estadounidense”, sino que se ha dirigido más allá de sus fronteras.  Esto posiblemente formaba parte del cálculo de las autoridades bancarias estadounidenses, pues una mayor oferta de dólares en el mercado internacional con respecto al crecimiento más moderado de otras monedas locales de naciones con las cuales Estados Unidos realiza su comercio internacional, provocaría que el dólar se devaluara vis a vis esas otras monedas. O, lo que es lo mismo, que esas otras monedas se revaluaran en comparación con el dólar estadounidense.

Estas redefiniciones de los valores internacionales de las monedas tendría como impacto importante un aumento en las exportaciones de los Estados Unidos y una disminución de sus importaciones, todo lo demás constante. Claro que era parte de lo que la administración Obama buscaba obtener, a fin de relanzar un crecimiento insípido de su economía doméstica.  Se supone que una mayor demanda de la producción estadounidense, incluida de la parte internacional, según se señaló, se traduciría en un incentivo para aumentar la inversión y recuperar su capacidad ociosa domésticas. Así se lograría salir de la recesión.

Mucho de esto está por verse, pues cinco años después de que la administración Obama se matriculó con ese expansionismo Keynesiano, la economía estadounidense crece relativamente muy poco.
En Costa Rica sí hemos tenido un impacto preocupante de esa expansión monetaria de los Estados Unidos, que, aunada a factores propios nuestros, ha impulsado una revaluación del colón de casi un 25%, en estos 5 años de la administración Obama.

Era de esperar que la abundancia de fondos baratos en Estados Unidos fluyera a diversas naciones, en las cuales los rendimientos pagados fueran superiores (tomando en cuenta los riesgos propios de cada país) a los que se lograrían en aquel país. Costa Rica, al igual que muchas otras naciones, reunía esos requisitos y los llamados “capitales golondrina” se dirigieron aquí a hacer su nido. Además, una creciente inversión extranjera directa en nuestro país se hizo beneficiaria de la disponibilidad de fondos de inversión baratos en su país de origen, los Estados Unidos. Todo esto contribuyó a que en estos cinco años el país haya tenido una entrada fuerte de dólares, a pesar de la situación recesiva del mundo como un todo.

Pero el problema no sólo le llegó a Costa Rica, sino que también se lo buscó. Y posiblemente al principio de la situación, cuando en el mundo cundía el pánico financiero, Costa Rica vio con muy buenos ojos la posibilidad de sortear mejor las aguas procelosas de la recesión, incluso mejor a como lo podían hacer los Estados Unidos. La caída inicial en la inversión extranjera directa fue compensada por su propia recuperación y por la inversión de fondos de corto plazo en nuestro sistema bancario. Esto llegó a un grado tal que el Banco Central se dio cuenta de que no podía seguir comprando cuanto dólar entraba al país, sin que se generaran problemas de conducción monetaria. Concretamente, a fin de mantener el tipo de cambio del colón con respecto al dólar, que ya se situaba en el límite inferior de su banda cambiaria, el Banco Central emitía colones en exceso, a fin de poder comprar los muchos dólares que estaban entrando al país. Esta expansión monetaria era una inflación a la segura.

Para retirar ese exceso de colones que así estaba echando el Banco Central a la calle, fue necesario ver cómo lograba disminuir esa presión. Para disminuir la oferta de colones, el Banco Central tuvo que vender documentos (sus bonos, por ejemplo), claro que pagando más y más por ello.  Esto es, teniendo que pagar mayores intereses.

Todo esto el Banco Central lo hizo para que el tipo de cambio del colón con respecto al dólar no se revaluara. Esa medida decidió no tomarla y para ello mantuvo el piso de su banda cambiaria. Sin embargo, los mayores intereses del mercado costarricense y la garantía de que el valor del dólar en colones no iba a variar, estimuló un los últimos años una fuerte entrada de dólares al país.

El Banco Central ha venido impulsando una reducción conveniente de las altas tasas reales de interés previas e incluso envió un proyecto a la Asamblea Legislativa para limitar los rendimientos de los capitales golondrina (que tal vez posiblemente no logre nada o muy poco, dada la eficiencia con que se mueven esos fondos). Pero siempre tendremos la presión de esa abundancia de dólares en los mercados internacionales, que de alguna manera acudirán a nuestro país, incluso como inversión extranjera directa. Este es el resultado de una abundancia de oferta del dólar en el mundo, que incluso ha perdido mucho de su prestigio para ser usado como moneda universal de cambio, debido a la pérdida eventual de su valor mediante la inflación, cuando estalle esta burbuja creada por el Banco Central estadounidense. Pero también existirá presión por la idea de que el tipo de cambio del colón con respecto al dólar es intocable, según sostiene hoy nuestro Banco Central.

En todo caso, demos una respetuosa bienvenida al país al Presidente Obama, como debemos hacerlo con cualquier otro invitado a nuestra nación.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 14 de enero de 2013

Tema polémico: control de armas


Desafortunadamente este año que termina, ha estado lleno de matanzas y tiroteos perpetrados por una serie de locos y perversos. Por supuesto, que después de la tragedia los distintos actores sociales se preguntan el por qué de los hechos, así como posibles soluciones. Sin duda, en el apartado de las soluciones una de las primeras opciones es el tema de control de armas, al cual el día de hoy dedicaremos nuestro tema polémico.

Partimos del hecho que en estos temas pueden darse dos tipos de regulaciones. La primera de ellas se refiere al acceso de las armas. En este sentido, partimos del hecho que el derecho a comprar un arma (consecuencia del derecho a la propiedad y legítima defensa), conlleva aparejado como todo derecho una responsabilidad. Así, se puede afirmar que todas aquellas restricciones referentes a al aptitud física, psicológica, destrezas en el manejo de las armas, históricas (antecedentes penales), resultan absolutamente legítimas, razonables y proporcionales. Es decir, quien compra un arma debe demostrar que se encuentra totalmente capacitado para tenerla y portarla, lo que nos lleva al segundo tipo de regulación.

Respecto al segundo tipo nos referimos a aquellas regulaciones que pretenden restringir la portación de armas en determinados centros públicos. Sin duda, entendemos la intención detrás de esta limitación, pero consideramos que la misma no resulta idónea para el fin que persigue: esto en razón de que una regulación de este tipo no detendrá a los delincuentes, ya que estos introducirán las armas de forma clandestina, con la ventaja de que sus “blancos” se encontrarán totalmente desarmados. Así las cosas, resulta mucho más riesgoso para uno de estos dementes tratar de llevar a cabo alguna de sus perversiones en un ambiente rodeado de armas que libre de estas.

Como se puede ver, la regulación del tema de armas es todo un arte. En donde deben balancearse dos objetivos sumamente deseables: a) que personas no idóneas tengan acceso a ellas, y b) que la ciudadanía no quede desarmada e indefensa frente a los múltiples agresores que se encuentran en la calle. Encontrar este balance es una tarea ardua que  requiere de una postura crítica, y no de posturas políticamente correctas.

martes, 20 de noviembre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: la próxima política fiscal de USA y posibles efectos sobre la economía costarricense

Al ser relecto, Obama deberá enfrentar la situación que en Estados Unidos se conoce  como el abismo fiscal (fiscal cliff en inglés). Lo más probablemente es que habrá un aumento sustancial en los impuestos de ese país, al volverse, a partir del primero de enero del 2013, a las altas tasas previas a la decisión del ex presidente Busch de reducirlas hace varios años. Pero este aumento de las tasas, del cual se excluiría supuestamente a los grupos de ingresos medios, no será suficiente para llenar el excesivo gasto público, lo cual también posiblemente va a requerir meterle un mordisco a las actuales exoneraciones tributarias. De esta manera el gobierno espera que la recaudación tributaria aumente sustancialmente.  

Aunque el desenlace de ese abismo fiscal también contiene un descenso significativo del gasto público, muy posiblemente lo hoy previsto será insuficiente para contener el enorme déficit estimado, por lo cual habrá presiones para que sea mayor la reducción del gasto gubernamental. Lo que es posible predecir es que este importante ajuste en las finanzas estatales dará lugar a un descenso importante en la tasa de crecimiento de la economía estadounidense. En resumen, en el 2013 e incluso durante un par de años más, además de preverse un menor crecimiento económico y posiblemente una recesión, habrá un alza importante en los impuestos de ese país y algún grado de reducción del gasto público, si es que efectivamente se pretende lograr algún grado de estabilidad en la economía, al menos en el largo plazo.

Estas decisiones de política fiscal tendrán un efecto interesante sobre la economía costarricense, que en los últimos años se ha visto estimulada por una fuerte inversión extranjera proveniente de los Estados Unidos, no sólo como medio de generación de divisas por exportaciones, sino para la creación de empleo.  Ello ha sido especialmente significativo en el marco de un crecimiento débil, como máximo, de la economía costarricense como un todo, durante los últimos tiempos.

Si aumentan los impuestos en Estados Unidos en la forma en que se ha previsto, probablemente provocará una salida de los capitales de ese país hacia naciones en donde el tratamiento tributario sea más favorable. Este flujo es de esperar que sea más importante hacia países que permitan un acceso relativamente barato hacia aquella economía. Con los mayores tributos, especialmente a las ganancias de capital y a las utilidades de las empresas, los rendimientos de las firmas en los Estados Unidos se verán reducidos significativamente, por lo cual los capitales buscarán otros sitios en donde el rendimiento neto después de impuestos resulte ser mayor. Costa Rica, hoy en día, cumple con los requisitos que permitan brindar ese acceso comercial relativamente expedito y económico hacia los Estados Unidos. Asimismo, con base en la experiencia observada en los últimos años, las empresas extranjeras que se ubican en el país, parecen haber logrado una estructura de costos tal, que les permite ese grado de competitividad necesaria en una economía globalizada. En resumen, Costa Rica, si bien compite con otras naciones en condiciones  similares en cuanto al tratamiento tributario de la inversión extranjera, posee un atractivo particular como es su proximidad al mercado estadounidense, lo cual la convierte un lugar al cual las empresas estadounidenses pueden llevar a cabo sus inversiones, sin tener que incurrir en los mayores impuestos que se proyectan en aquel país.
 
Por otra parte, el paquete recesivo que probablemente se aprobará en este segundo mandato del presidente Obama, ocasionará un descenso en el crecimiento de la economía estadounidense, lo cual se reflejará en una disminución de los ingresos de sus ciudadanos. Al bajar los ingresos de los consumidores estadounidenses, el efecto mundial es claro: habrá un menor gasto en importaciones de aquel país, con lo cual Costa Rica, entre otras naciones, verá disminuidas sus posibilidades de exportación.

Nos enfrentaremos, en mi opinión, ante dos fuerzas opuestas: un mayor atractivo  para la inversión estadounidense en Costa Rica y un descenso en la demanda de nuestros productos de exportación hacia los Estados Unidos.  Cuál de las dos será más poderosa, será cuestión de verlo con el paso del tiempo. Por supuesto, que de igual manera está por ver el posible efecto en el tipo de cambio, que en mucho dependerá de estas dos fuerzas en contraste.

Jorge Corrales Quesada

viernes, 16 de noviembre de 2012

Viernes de Recomendación

Para el día de hoy les ofrecemos el discurso de despedida de Ron Paul del Congreso estadounidense. Sin lugar a dudas Ron Paul se convirtió en los últimos años en el defensor más sistemático y articulado de la libertad. Los Republicanos perdieron una gran oportunidad al no escogerlo como su candidato para la presidencia, ya que él era la única persona capaz de devolver al partido a los principios que alguna vez abrazaron. Ahora sólo queda esperar y desear que alguien más asuma su estandarte...




martes, 18 de septiembre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: el alza en la bolsa de Nueva York

Hace pocos días, preocupada por el magro comportamiento del empleo en la economía estadounidense, el Banco de Reserva Federal de ese país (la FED), decidió aumentar notablemente la cantidad de dinero en circulación, mediante la adquisición de activos financieros en los mercados, lo cual implica que la tasa de interés de mercado no aumente y posiblemente descienda. Se supone que, al ingresar esa cantidad de dinero a la economía, se garantiza a las empresas que pedirían prestado para invertir, que no vaya a aumentar el costo de ese endeudamiento y que posiblemente hasta se reducirá ligeramente. Al realizar las empresas dichas inversiones, aumentará su demanda de trabajadores, contribuyendo, presuntamente, a que se reduzca la elevada tasa de desempleo vigente en la economía.

Para obtener una mejor perspectiva de la magnitud de dicha expansión monetaria, el monto designado por la FED para esta nueva emisión es de 40 mil millones de dólares por mes. Lo que llama la atención es que en esta ocasión dicho monto se adjudicará mes tras mes de forma ilimitada, hasta que la situación de desempleo no muestre un considerable progreso. Al tratarse entonces de una emisión monetaria sin límite en términos del plazo, podríamos estar en presencia de un tsunami monetario. La medida tomada por la FED no es sino la evidencia de que ha fracasado la política monetaria que hasta el momento esa entidad ha seguido, para sacar a los Estados Unidos de la recesión. Lamentablemente lo único que ahora se le ocurre a la FED es más  de lo mismo: echar más dinero a la calle.

El problema con esta última medida es que la FED ya la ha utilizado en el pasado reciente a fin de lograr esa meta de menor desempleo, pero ha fracasado, puesto que la mayor emisión de dinero no se ha traducido en nuevas inversiones, sino que se han posicionado dentro de las cuentas de los bancos, que han visto como el costo de ese dinero se ha reducido sustancialmente.

Una pregunta posible es ¿por qué los bancos comerciales, al tener esa mayor disponibilidad de recursos, no lo han prestado a empresas para que los inviertan? La razón que se ha aducido es que no hay demanda por los bienes y servicios que se producirían con esas nuevas inversiones. La propuesta que entonces se sugiere es que aumente el gasto gubernamental en la economía, para sustituir la insuficiencia de demanda privada.  Eso ya lo ha puesto en práctica la administración Obama en el pasado, lo cual en parte explica los enormes déficits y el elevado endeudamiento de ese país.  Dicho endeudamiento ya ha superado los 17 millones de millones de dólares (17 trillones en Estados Unidos), deuda fundamentalmente generada durante la actual administración Obama.

Por ello, ante la seria crisis fiscal, las posibilidades de aumentar el gasto, dado el enorme déficit y el monstruosamente alto nivel de endeudamiento del estado, parecen ser nulas, además de inefectivas, en cuanto a  resolver el problema, tal como ya ha llegado a comprobarse.

Pero, de nuevo, ¿por qué las empresas no demandan de los bancos comerciales los fondos tan baratos que allí existen para realizar sus inversiones? Antes de tratar de dar una respuesta a esta pregunta, trataré de responder otra: ¿por qué, si la situación de la economía estadounidense es tan mala, el tal vez principal indicador de la actividad de los negocios de ese país, el llamado índice Dow Jones (DJ), muestra un comportamiento claramente al alza? Es más, no tan sólo “claramente”, sino  pronunciadamente al alza, a partir de su punto más bajo en marzo del 2009.

Se ha dicho que el DJ de cierto momento refleja el comportamiento futuro esperado de la economía para los inversionistas. En otras palabras, lo que indica el índice DJ en un instante dado es lo que, en opinión de los inversionistas, es el comportamiento futuro de las empresas que forman parte de dicho índice. Se dice que el DJ “mira hacia adelante” (forward-looking, en inglés). Por ello, si bien el comportamiento de la economía en este momento no es nada halagüeño, un indicador alto del DJ podría reflejar que, en el futuro, el crecimiento de la economía será altamente positivo y por ello deciden invertir en la actualidad en esas empresas. De esta manera, no hay una inconsistencia entre la existencia de una mala situación económica y un futuro más brillante, pues el DJ estaría reflejando esa expectativa de ese mejor futuro. 

En mi opinión, eso es lo que sucede fundamentalmente en la actualidad con el DJ.  Por supuesto que hay otros factores que han estado incidiendo en los últimos tiempos en el comportamiento tan positivo del DJ, como pueden ser la propuesta de solución a la grave crisis actual de la mayor parte de las naciones europeas o bien la decisión de la FED antes citada, que abarata, al menos en el corto plazo, el costo de financiamiento en la economía. Sin embargo, en este último caso, es necesario advertir que esa excesiva expansión monetaria se reflejará a largo plazo en inconvenientes presiones inflacionarias.

Lo cierto es que en la actualidad las empresas no están invirtiendo, porque hay una enorme incertidumbre por lo que pueda pasar con los impuestos, a relativamente  corto plazo, en la economía estadounidense.  Al menos la administración Obama ha insistido en que, para disminuir su enorme déficit y su mayor deuda, aunque tal vez en verdad simplemente sea para financiar un nuevo mayor gasto estatal, acudiría a aumentar, en una eventual próxima administración de Obama, los impuestos a las empresas.  Ante ello, por el momento las empresas prefieran esperar y no endeudarse en nuevos proyectos, aun cuando el costo de dicho financiamiento se haya abaratado, dada la política monetaria expansiva de la FED. Las expectativas tributarias parecen ser diferentes con una administración del ex gobernador Romney, quien ha anunciado, como base de su política fiscal, una reducción de todas las tasas de imposición sobre la renta, independientemente del nivel de ingresos de los contribuyentes.

La incertidumbre tan grande, que hace que las empresas no se endeuden en la actualidad en proyectos de inversión, no disminuirá sino ante los resultados electorales del próximo mes de noviembre. En ese momento, de ganar Romney, los bancos quienes se encuentran actualmente exageradamente pertrechados con una enorme cantidad de recursos prestables a costos muy bajos, podrán prestar. Con ello, obtendrán jugosas ganancias ante una renovada demanda de fondos por parte de las empresas, quienes ya no enfrentarían la amenaza de la administración Obama de tener incrementos en sus impuestos. Por supuesto, que estas inversiones empresariales se convertirán en el generador de nuevos empleos altamente deseados en la economía.

Mi opinión, evidentemente, descansa en una serie de conjeturas, pues incluso las opiniones que he podido obtener al respecto muestran que existe una gama muy amplia de criterios.  Incluso alguien podría decir que una opinión similar a la mía podría ser expresada por Madame Gandara o Mynor Kayyam. Reconozco que bien podrían hacerlo, pero los que definirán los resultados serán los electores estadounidenses en noviembre de este año. Espero que no sea el espectáculo y la frivolidad expuesta por la administración Obama, de no asumir responsabilidad alguna por la mala conducción de la economía norteamericana durante estos últimos cuatro años, el que defina el voto de los ciudadanos: el costo de seguir cuatro años más con políticas económicas antitéticas al crecimiento de la economía estadounidense, es muy elevado, como lo atestiguan hechos recientes como la enorme deuda externa, el poco crecimiento del ingreso per cápita, el empeoramiento del porcentaje de pobres en esa nación y las notorias tasas de desempleo y sub-ocupación, sobre todo en los grupos de personas más desvalidas.

Jorge Corrales Quesada

martes, 9 de agosto de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: acerca de la menor calificación de E.E.U.U.


No podía dejar de referirme al tema de la reducción en la calificación de los Estados Unidos que recientemente le impuso la empresa calificadora Standard & Poor’s.

Lo primero que quiero señalar es que tengo poca confianza en el trabajo que, en los últimos tiempos, han desempeñado las empresas dedicadas a calificar la bondad de distintas entidades económicas. En el caso particular de los Estados Unidos, está presente su pésimo desempeño en la valoración que, para potenciales inversionistas, realizaron a empresas financieras de Wall Street pocos días antes de que se entronizara la crisis de fines del 2008. No pudieron darse cuenta de la enorme exposición al riesgo que tenían importantísimas entidades financieras que luego quebraron, tanto de aquellas que el Gobierno Federal estadounidense no impidió que cerraran, así como otras a las que sí se les prestó cuantiosos fondos federales para evitar esa situación de bancarrota, bajo el cuento de “too big to fail”.

Al surgir la crisis, se dio como explicación de esa conducta impropia de las empresas calificadoras, el que ellas efectuaban tales calificaciones mediante el pago por las mismas firmas que iban a ser valoradas. Lo que se conoce como riesgo moral se hizo patentemente presente.

Aparte de todo esto, creo que esa reducción en la calificación de los Estados Unidos, por la cual se redujo su calificación de AAA a AA+, si bien es algo ligeramente menor, sí muy significativa por tener esa nación un récord histórico de haber mantenido por muchos años la más alta calificación. Después de todo, los Estados Unidos han tenido una moneda que básicamente ha sido universalmente aceptada y, aparejada a esta valoración, ha mantenido el mayor aprecio como nación segura en donde invertir fondos de deuda gubernamental.

Antes de observar cuál es la reacción de los principales mercados bursátiles, que no han abierto al momento de escribir este comentario, es difícil predecir qué va a suceder en cuanto a la tenencia universal de bonos estadounidenses, si bien deseo destacar que para invertir no existe una cantidad de deuda gubernamental como la de los Estados Unidos, que potencialmente pueda absorber las apetencias de los inversionistas por este tipo de instrumentos financieros. Por ello, me parece que difícilmente se puede considerar que habrá una huida sustancial de su deuda hacia la de otras naciones, pero posiblemente implique algún costo mayor que compense la reducción de AAA a AA+.

Para mí lo más importante de lo sucedido es que debería de interpretarse como una llamada de atención a los Estados Unidos por el manejo de sus déficit gubernamentales. Debe tenerse presenta que la deuda pública de esa nación ha aumentado sustancialmente porque los déficit del Gobierno lo han hecho igualmente. En cuanto a la deuda federal, al momento es casi un 60% de su Producto Interno Bruto y, según la Oficina del Presupuesto del Congreso de esa nación, en el 2021 aumentará a un 90% de su PIB. Por su parte, los déficit, si empezamos porque en el último año de la administración de George Bush, hijo, fueron de $460 billones (es decir, según la nomenclatura costarricense, $460 miles de millones), ya con dos años de la administración de Obama aquél se elevó a $1.4 trillones en el 2009 (esto es, en la nomenclatura costarricense $1.4 millones de millones) y para el 2010 se estima en $1.29 trillones (es decir, $1.29 millones de millones aquí). Pero hay más: la administración del Presidente Obama en su presupuesto federal para el 2012 proyectó un déficit de $1.645 trillones (esto es, $1.645 millones de millones en nuestra terminología).

La solución que algunos proponen es aumentar los impuestos para reducir el déficit, pero el grave problema es que, en una recesión, si me acuerdo de mi amigo Keynes, no se deben aumentar los impuestos, sino más bien reducirlos. Pero, economistas difuntos aparte, lo cierto es que la evidencia histórica ha sido muy fuerte en que, cuando se reducen los impuestos, como en los años 20 con la rebaja tributaria conocida como Mellon-Coolidge o más recientemente cuando la administración Kennedy redujo en los años 60 la tasa impositiva, dio lugar a un fuerte crecimiento de la economía y, en consecuencia, del bienestar de los ciudadanos.

En todo caso, lo que se conoce como economía del lado de la oferta enfatiza que, cuando las tasas marginales impositivas exceden a un 40%, se ejerce una influencia destructiva sobre los incentivos de la gente para trabajar, así como en el uso deficiente de los recursos escasos. Por ello, hay una argumentación legítima en contra de aumentar más los impuestos en los Estados Unidos, a riesgo de que, de llevarse a cabo, afectaría negativamente el crecimiento de la economía, factor crucialmente importante en estos momentos en que esa nación permanece en medio de un ciclo recesivo, caracterizado por una tasa de desocupación ligeramente superior a un 9% de la fuerza de trabajo.

Esto deja como única alternativa para estabilizar los déficit, y con ello poder reducir a mediano y largo plazo el crecimiento de la deuda pública, reducir el gasto público en los diferentes renglones de gasto en ese país. Por supuesto que en esta consideración personal entra el importante gasto en defensa, pero es mi obligación profesional destacar dos factores de enorme impacto en el gasto de esa nación, como son los llamados “bailouts” o programas de salvamento empresarial que llevó a cabo el Gobierno Federal para, supuestamente, evitar la quiebra de empresas en el marco de la crisis citada, así como también el enorme crecimiento que han tenido los rubros conocidos como programas de transferencias sociales, conocidos como la Seguridad Social, el Medicare y el Medicaid, que juntos constituyen un 10% del PIB de ese país y que se estima que, en el año 2052, llegarán a ser el 18.2% del PIB y, si se supone que los ingresos tributarios no varían, terminarán por absorber el total de impuestos que recauda el Gobierno Federal de los Estados Unidos.

Por todas estas razones, considero que la reducción de la calificación de la deuda de los Estados Unidos de AAA a AA+ es una llamada de atención para que se ponga orden en la casa, consejo que no debe ser dejado de lado allá ni tampoco en nuestro país. Si lo sucedido se hubiera dado en alguno de nuestros países, ya el Fondo Monetario Internacional estaría metido con todas sus narices, diciéndonos cómo tenemos que lograrlo (posiblemente, como casi siempre, pidiéndonos que aumentemos los impuestos). En este caso, la empresa calificadora Standard & Poor’s pide algo similar, pero, si se le hiciera caso y se elevaran los impuestos, en vez de reducir el elevado y creciente gasto gubernamental, posiblemente resulte mejor que el mensaje no sea escuchado. Parece preferible que, casi que por primera vez, se oigan las voces de quienes piden algún grado de sanidad y disciplina fiscal, reduciendo el desbordado gasto público causante del enorme déficit y también de la enorme deuda del gobierno federal. ¡Aprenderemos algo, los costarricenses, de la lección de la importancia del orden en el gasto público que hoy nos viene desde los Estados Unidos?

Jorge Corrales Quesada

martes, 28 de junio de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: impuestos y lucha contra el narcotráfico


Poco después de que el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Arturo Valenzuela expresó que la recaudación fiscal en los países del área centroamericana era demasiado baja y que Estados Unidos no estaba dispuesto a aumentar los desembolsos que efectúa para los programas de seguridad en Centroamérica, principalmente dirigidos al combate contra el narcotráfico, la propia Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, propuso que los empresarios y las clases acomodadas de la región pagaran “su parte de los impuestos” para financiar la seguridad, específicamente, para la lucha contra el crimen organizado, que sabemos se refiere fundamentalmente a la lucha contra el narcotráfico.

Debemos irnos concientizando que muy difícilmente se podrá tener éxito en la lucha contra el narcotráfico, tal como lo muestran los resultados habidos hasta el momento, en tanto los Estados Unidos (entre otros países desarrollados) continúen siendo el principal consumidor y su mercado sea “ilegal”, provocando que haya enormes, pero enormísimas, ganancias a los carteles de la droga que están dispuestos a incurrir en los costos que sean necesarios, con tal de poder operar en ese hoy tan lucrativo mercado.

Muy posiblemente la difícil situación fiscal de los Estados Unidos y los pocos prospectos que hay “de ganar esa lucha”, hayan hecho que esas autoridades quieran ahora que los centroamericanos también compartan los enormes costos de ese programa de combate al narcotráfico proveniente del sur de aquella nación. No quiero ser dramático y alegar que, además de poner los muertos, como ahora sucede en México, también quieran que nuestros ciudadanos paguen su decisión de ilegalizar el consumo de drogas en los Estados Unidos, causa fundamental de las enormes ganancias del narcotráfico. Prefiero no proceder en esta línea para mi comentario y, más bien, en esta ocasión me referiré a la pretensión de que seamos los ciudadanos de Centroamérica quienes paguemos más impuestos en nuestros países, para coadyuvar a resolver las necesidades que tiene el gobierno de los Estados Unidos de solucionar sus problemas internos de consumo de drogas.

Esta nueva intención que se nos quiere imponer -albarda sobre aparejo- además de la que está en proceso en el país de parte de su Gobierno para aumentar los impuestos sobre la ciudadanía, especialmente en momentos en que la actividad económica nacional no es nada boyante, resulta inaceptable.

Llama la atención lo que dijo el señor Valenzuela, refrendado luego por la señora Clinton, de que los empresarios y los ricos centroamericanos deberían pagar más impuestos, pues su carga tributaria, en palabras del señor Valenzuela, era demasiado baja.

Me atrevo a afirmar que, cuando dijo eso, posiblemente sí tenía en mente los enormes problemas fiscales de su país, ante lo cual pretende ahora tener acceso a una nueva base tributaria –Centroamérica- que le permita financiar los objetivos de su Estado nacional, pero posiblemente no tuvo en mente que, al menos en Costa Rica, muchas empresas de su país se ubican en zonas francas en las cuales, y en contraste con el resto de las empresas ubicadas fuera de ellas -empresas tanto propiedad de nacionales como de extranjeros- no tienen que pagar el elevado impuesto sobre sus utilidades, que sí deben pagar rigurosamente las ubicadas fuera de la zonas francas.

El angurriento Estado costarricense, al exonerar del impuesto sobre la renta a las empresas de zonas francas, a perpetuidad por el momento, se le hace necesario y relativamente fácil redirigir sus ímpetus tributarios gravando aún más al resto de los costarricenses, mediante las más diversas formas imaginables. Esos recursos así obtenidos, incluso los puede emplear en sus propósitos de gasto que muchas veces incluyen el suministro de servicios y recursos demandados -afortunadamente- por las empresas que se ubican en las zonas francas. El señor Valenzuela posiblemente sabe que esas empresas exentas ubicadas en zonas francas contribuyen a que él pueda afirmar que hay países de la región en los cuales la carga tributaria es demasiado baja, pero también no dudo que tiene presente que esas mismas empresas estadounidenses ubicadas en nuestras zonas francas, sí pagan los elevados impuestos que sobre las utilidades de las empresas se cobran en los Estados Unidos, una vez que repatrían sus ganancias hacia aquella nación.

Una solución financiera parecía haber surgido en el seno de la Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, en donde participaron diversos presidentes del área, quienes, como buenos políticos que son, rápidamente aprobaron aumentar los impuestos, pero algo les iluminó de pronto, como para que algunos afirmaran que veían poco viable el aumento de tributos allí propuesto. La solución no se hizo esperar: El Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, creo que además de otros entes similares, estuvieron dispuestos a abrir líneas de crédito multimillonarias para que los países de Centroamérica las utilizaran en la financiación de esa lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Claro que, al fin de cuentas, alguien tendrá que pagar esos préstamos –principal e intereses- y sabemos que recaerá en parte alícuota sobre los futuros paganinis costarricenses. Tendremos que pagar los préstamos que se usarán en resolver los problemas derivados de una lucha que el gobierno de los Estados Unidos parece tener perdida, dadas su políticas internas sobre los mercados de drogas.

Jorge Corrales Quesada

martes, 13 de julio de 2010

Entrevista a Andrew Napolitano



En esta entrevista el ex-juez y presentador de Fox Andrew Napolitano, conversa acerca de su libro: "Lies the Goverment told you: myth, power and deception in American History" donde se detalla el camino desafortunado que ha tomado el Estado americano.

lunes, 5 de julio de 2010

Tema polémico: ¿afrenta a la soberanía?


¡Nos invaden!, la sospecha y la paranoia levemente apaciguada volvió a florecer en la cabeza de muchos costarricenses. ¿Cuál es la razón, o sinrazón, de tan súbita alarma? Hace pocos días se informó a la ciudadanía sobre la aprobación, por parte de la Asamblea Legislativa, del ingreso de 46 buques de guerra estadounidenses a territorio costarricense entre el 1° de julio y el 31 de diciembre de este año. El objetivo de la llegada de las fuerzas estadounidenses será, según se anuncia, realizar operaciones antinarcóticos y en misiones humanitarias.

Las reacciones ante la noticia entre los patriotas no se han hecho esperar, ¿Cómo se atreven los diputados a abrirle la puerta de la patria a los militares yankees?, ¿Cómo, si en este remanso de paz, eliminamos el ejército? La molestia ha provocado las más épicas declaraciones de advertencia: la flamante diputada del PAC, Carmen Muñoz lo ha dicho "¡nos preparamos para enfrentarnos a un conflicto bélico de grandes proporciones!". Como exclamó don Juanito Mora, "Compatriotas: ¡A las armas! Ha llegado el momento que os anuncié".

Entre tanto alboroto es natural que los costarricenses, no acostumbrados a las demostraciones de fuerza militar, se muestren impresionados ante el eventual despliegue. Después de todo, lo más cercano a un ejército que tenemos son las avionetas no artilladas, las pangas de seguridad y la Pancha Carrazco. Por supuesto, ¡46 buques de guerra anuncian un Apocalipsis en mares territoriales!

No obstante, es importante aclarar el panorama. El artículo 121 de la Constitución Política de Costa Rica, en el artículo 121, inciso 5) referente a las atribuciones que le confiere la Constitución de forma exclusiva a la Asamblea Legislativa contempla la posibilidad de presencia buques de guerra en nuestro territorio del Mar Caribe o el Océano Pacifico cuando señala, como parte de tales atribuciones, “Dar o no su asentimiento para el ingreso de tropas extranjeras al territorio nacional y para la permanencia de naves de guerra en los puertos y aeródromos”.

Entonces, es claro que la propia Constitución contempla la posibilidad de ingreso de tropas al territorio nacional bajo las condiciones señaladas. Caso contrario sería la incursión de fuerzas militares a territorio nacional sin contar con la autorización del Poder Legislativo. Bajo dicha hipótesis estaríamos, sin lugar a duda, ante la violación de la soberanía nacional. Pero en lo concerniente a la situación que da pie a este Tema Polémico, las cosas no son así. Por tanto, las voces que señalaban una afrenta a la patria y la entrega de la soberanía no tienen sustento; se percibe el fantasma de la paranoia.

Pero no sólo la Constitución lo contempla como texto, sino que el accionar de los diferentes Gobiernos así lo contempla. Desde 1998 los gobiernos de los Estados Unidos y Costa Rica firmaron un acuerdo de cooperación para combatir el tráfico ilícito de drogas, en las regiones costeras de Costa Rica. Dicho acuerdo fue ratificado por Costa Rica y firmado como ley de la República nº 7929 “Acuerdo con los Estados Unidos USA para suprimir el Tráfico Ilícito de Estuperfacientes” por el Presidente Miguel Angel Rodríguez en octubre de 1999. Pero la cooperación entre ambos países no se ha limitado a eso, sino que alcanza temas más diversos que se enmarcan dentro del Convenio General de Ayuda Económica y Técnica para propósitos afines entre Costa Rica y Estados Unidos de América. Así, la construcción de puentes colgantes en la zona indígena de Talamanca a cargo de 16 militares del Comando Sur de Estados Unidos en 2008, la cooperación entre la Comisión Nacional de Emergencia, el Ministerio de Salud y el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos para prevenir el contagio de la pandemia Influenza en 2009 o el envío de ayuda médica a la comunidad de comunidad de Piedra Mesa de Talamanca, son ejemplos de estos programas de cooperación.

Independientemente del debate de si debe o no darse la lucha contra la droga -que en ASOJOD hemos considerado que la mejor opción es la legalización- es claro que la entrada de buques y personal militar responde a una decisión tomada por ambos Gobiernos. Por tanto, la reacción de los "patriotas" está más que fuera de contexto. No hay, como algunos creen, intención de los estadounidenses de invadir nuestro pequeño país.

Sin embargo, no es de extrañar que aquellos que gustan de construir elaboradas fantasías e intrigas, pronto salgan a desmentir tales hechos y nos anuncien que este es el primer paso del gobierno "imperialista" por hacerce con la Isla del Coco, como ellos habían premonizado hace unos años atrás en la discusión del TLC. No peguemos el grito al cielo, clamando por sensatez, cuando los Nostradamus modernos nos informen que los marins vienen con un batallón de botellas vacías para llevarse toda el agua dulce de nuestro país. No exclamemos sorpresa cuando estos "patriotas", vigilantes de la pulcritud y la soberanía, nos digan que en el casco de los barcos se esconden figuritas indígenas de oro o nuestras codiciadas ballenas, tesoros todos que se venderán en el mercado negro a muy buen precio y del cual, no sacaremos tajada alguna.

Por eso, conforme pasan los días, en ASOJOD nos convencemos que con los costarricenses, cualquier cosa puede pasar. Ya perdimos la capacidad de sorprendernos con las ocurrencias de nuestros coterráneos y ahora, sólo quedamos a la espera que los nunca bien ponderados y apreciados defensores de la soberanía, desempolven sus bayonetas y sus figuritas de Juan Santamaría y de la Virgen de los Ángeles, para lanzarse a las armas contra el "malvado imperio gringo" y sacarlo, una vez más, de territorio costarricense. De por sí, ya hay muchos cabezas calientes que están haciendo la tarea de motivar a los guardianes de la patria para tan magna empresa.

lunes, 1 de febrero de 2010

Huge Deficits May Alter U.S. Politics and Global Power

In a federal budget filled with mind-boggling statistics, two numbers stand out as particularly stunning, for the way they may change American politics and American power.

According to the 2011 budget, the projected deficit in the coming year is nearly 11 percent of the country's entire economic output.

The first is the projected deficit in the coming year, nearly 11 percent of the country’s entire economic output. That is not unprecedented: During the Civil War, World War I and World War II, the United States ran soaring deficits, but usually with the expectation that they would come back down once peace was restored and war spending abated.

But the second number, buried deeper in the budget’s projections, is the one that really commands attention: By President Obama’s own optimistic projections, American deficits will not return to what are widely considered sustainable levels over the next 10 years. In fact, in 2019 and 2020 — years after Mr. Obama has left the political scene, even if he serves two terms — they start rising again sharply, to more than 5 percent of gross domestic product. His budget draws a picture of a nation that like many American homeowners simply cannot get above water.

For Mr. Obama and his successors, the effect of those projections is clear: Unless miraculous growth, or miraculous political compromises, creates some unforeseen change over the next decade, there is virtually no room for new domestic initiatives for Mr. Obama or his successors. Beyond that lies the possibility that the United States could begin to suffer the same disease that has afflicted Japan over the past decade. As debt grew more rapidly than income, that country’s influence around the world eroded.

Or, as Mr. Obama’s chief economic adviser, Lawrence H. Summers, used to ask before he entered government a year ago, “How long can the world’s biggest borrower remain the world’s biggest power?”

The Chinese leadership, which is lending much of the money to finance the American government’s spending, and which asked pointed questions about Mr. Obama’s budget when members visited Washington last summer, says it thinks the long-term answer to Mr. Summers’s question is self-evident. The Europeans will also tell you that this is a big worry about the next decade.

Mr. Obama himself hinted at his own concern when he announced in early December that he planned to send 30,000 American troops to Afghanistan, but insisted that the United States could not afford to stay for long.

“Our prosperity provides a foundation for our power,” he told cadets at West Point. “It pays for our military. It underwrites our diplomacy. It taps the potential of our people, and allows investment in new industry.”

And then he explained why even a “war of necessity,” as he called Afghanistan last summer, could not last for long.

“That’s why our troop commitment in Afghanistan cannot be open-ended,” he said then, “because the nation that I’m most interested in building is our own.”

Mr. Obama’s budget deserves credit for its candor. It does not sugarcoat, at least excessively, the potential magnitude of the problem. President George W. Bush kept claiming, until near the end of his presidency, that he would leave office with a balanced budget. He never got close; in fact, the deficits soared in his last years.

Mr. Obama has published the 10-year numbers in part, it seems, to make the point that the political gridlock of the past few years, in which most Republicans refuse to talk about tax increases and Democrats refuse to talk about cutting entitlement programs, is unsustainable. His prescription is that the problem has to be made worse, with intense deficit spending to lower the unemployment rate, before the deficits can come down.

Mr. Summers, in an interview on Monday afternoon, said, “The budget recognizes the imperatives of job creation and growth in the short run, and takes significant measures to increase confidence in the medium term.”

He was referring to the freeze on domestic, non-national-security-related spending, the troubled effort to cut health care costs, and the decision to let expire Bush-era tax cuts for corporations and families earning more than $250,000.

But Mr. Summers said that “through the budget and fiscal commission, the president has sought to provide maximum room for making further adjustments as necessary before any kind of crisis arrives.”

Turning that thought into political action, however, has proved harder and harder for the Washington establishment. Republicans stayed largely silent about the debt during the Bush years. Democrats have described it as a necessary evil during the economic crisis that defined Mr. Obama’s first year. Interest in a long-term solution seems limited. Or, as Isabel V. Sawhill of the Brookings Institution put it Monday on MSNBC, “The problem here is not honesty, but political will.”

One source of that absence of will is that the political warnings are contradicted by the market signals. The Treasury has borrowed money to finance the government’s deficits at remarkably low rates, the strongest indicator that the markets believe they will be paid back on time and in full.

The absence of political will is also facilitated by the fact that, as Prof. James K. Galbraith of the University of Texas puts it, “Forecasts 10 years out have no credibility.”

He is right. In the early years of the Clinton administration, government projections indicated huge deficits — over the “sustainable” level of 3 percent — by 2000. But by then, Mr. Clinton was running a modest surplus of about $200 billion, a point Mr. Obama made Monday as he tried anew to remind the country that the moment was squandered when “the previous administration and previous Congresses created an expensive new drug program, passed massive tax cuts for the wealthy, and funded two wars without paying for any of it.”

But with this budget, Mr. Obama now owns this deficit. And as Mr. Galbraith pointed out, it is possible that the gloomy projections for 2020 are equally flawed.

Simply projecting that health care costs will rise unabated is dangerous business.

“Much may depend on whether we put in place the financial reforms that can rebuild a functional financial system,” Mr. Galbraith said, to finance growth in the private sector — the kind of growth that ultimately saved Mr. Clinton from his own deficit projections.

His greatest hope, Mr. Galbraith said, was Stein’s law, named for Herbert Stein, chairman of the Council of Economic Advisers under Presidents Richard M. NixonGerald R. Ford. and Stein’s law has been recited in many different versions. But all have a common theme: If a trend cannot continue, it will stop.

New Yor Times por DAVID E. SANGER

Publicado en Febrero 1, 2010

martes, 24 de noviembre de 2009

Con las manos en la masa



ACORN el cual es una asociación comunitaria que dice promover los intereses de familias de bajos ingresos y que apoyo al presidente Obama para las pasadas elecciones se encuentra en un tremendo escándalo.

Resulta que dos personas decidieron realizar una serie de videos investigativos bajo la modalidad de cámara escondida, donde se muestra como esta organización está dispuesta a colaborar con el establecimiento de un prostíbulo con menores de edad de El Salvador. Lo que resulta increíble es como esta noticia ha pasado absolutamente inadvertida en los medios de comunicación.

martes, 13 de octubre de 2009

Crisis financiera: ¿crisis del mercado?




En esta breve entrevista el escritor Johan Norberg explica las causas de la presente crisis financiera.

sábado, 10 de octubre de 2009

¿En qué estaban pensando?


Después del premio Nobel que se le concedió a Al Gore en el 2007 resultaba difícil pensar en que alguien tuviera la capacidad de hacer menos méritos para recibir una de estas distinciones. Pero parece que siempre se puede ir para peor. Ahora resulta que el presidente de Estados Unidos -Barack Obama- se le ha concedido el premio a la Nobel de la Paz del 2009. ¿Qué ha hecho para merecerlo? ¿En qué estaban pensando los encargados de tomar esa decisión? Nadie lo sabe, ese seguirá siendo un misterio como el de la santísima trinidad

¿Será que ahora sólo se necesita ser mediático para ganar el Premio Nobel de la Paz? ¿El próximo lo tocará a Cristiano Ronaldo o a Daddy Yankee? ¿O será un homenaje póstumo a Michael Jackson?

jueves, 17 de septiembre de 2009

Crisis financiera: En defensa de hacer nada


No hace mucho la economía estadounidense era la envidia del mundo entero. Hasta septiembre de 2007 habíamos experimentado 24 trimestres consecutivos de crecimiento del PIB. La bolsa de valores estaba en niveles históricamente altos, y las tasas de inflación y desempleo se encontraban bajas y estables.

Las cosas son distintas ahora. La economía estadounidense está en recesión así como lo están las economías de la mayoría de los países en el mundo. Muchos analistas predicen una recesión económica comparable a aquella de 1981-1982; algunos incluso hablan de otra Gran Depresión.

Mientras tanto, hemos experimentado una amplia gama de intervenciones en la economía. Hemos visto el rescate de los bancos en Wall Street y la aprobación de una enorme ley de estímulo. Hemos visto cortes coordinados en las tasas de interés, expansiones en la garantía de los depósitos y la nacionalización parcial de la banca. El objetivo explícito de estas políticas cuando fueron debatidas era evitar una escasez de crédito y una recesión, pero terminamos con las dos cosas de todas maneras. Ahora la aseveración es que estas medidas prevendrán una escasez de crédito o una recesión todavía mayor. No estoy tan seguro.

Hoy voy a presentar el caso a favor de no hacer nada. Más específicamente, argumentaré que si el gobierno federal no hubiera llevado a cabo política alguna en respuesta a la recesión económica, estaríamos mejor de lo que estamos ahora. Además estableceré que si un estímulo fuera necesario, debería haber venido por el lado de recortes en impuestos y un recorte al gasto en programas estatales fracasados, no en nuevo gasto público.

¿Qué salió mal?

¿Qué causó la crisis económica? Aunque la securitización, las fallas de las agencias calificadoras y la ambición en Wall Street contribuyeron al problema, en última instancia las responsables de esta crisis fueron las políticas equivocadas del gobierno federal.

La primera de estas fue el intento de expandir la propiedad de viviendas. Déjenme empezar diciendo que el Estado no tiene por qué tomar una posición acerca de cuántas personas deberían o no ser dueñas de sus casas, así como tampoco tiene por qué tratar de influir cuántas tostadoras u hornos compramos. No hay posibilidad de una falla de mercado en la producción de viviendas o en las decisiones de las personas acerca de si compran o no una casa. Aún así el Estado ha venido interviniendo por décadas.

Una lista parcial de políticas diseñadas para aumentar la propiedad de viviendas incluye la Administración Federal para la Vivienda, los Bancos Federales para Préstamos de Vivienda, Fannie Mae, Freddie Mac, la Ley de Reinversión en la Comunidad, la deducción de intereses sobre hipotecas, la excepción de propiedad en el código de bancarrota personal, el tratamiento tributario favorable de las ganancias sobre capitales invertidos en vivienda, la Ley HOPE para Propietarios de Vivienda, y más recientemente, la Ley de Emergencia para la Estabilización Económica—también conocida como la ley del salvataje.

Las políticas pro-vivienda del gobierno estadounidense no tuvieron efectos perjudiciales importantes durante décadas. La razón, probablemente, es que dichas intervenciones sustituyeron parcialmente actividades que el sector privado hubiese realizado de todas maneras, tales como proveer un mercado secundario para hipotecas.

Con el tiempo, sin embargo, estas leves intervenciones empezaron a concentrarse en aumentar la propiedad de viviendas por parte de hogares de ingresos más bajos. En los noventa el Departamento para la Vivienda y el Desarrollo Urbano aumentó la presión sobre las entidades crediticias para que apoyaran el acceso a viviendas asequibles. En 2003, los escándalos de contabilidad en Fannie Mae y Freddie Mac les permitieron a miembros claves del Congreso presionar a estas instituciones para que llevaran a cabo cuantiosos y peligrosos préstamos hipotecarios. Para 2003-2004, por lo tanto, las políticas federales estaban generando fuertes incentivos para extender las hipotecas a acreedores con malos historiales de crédito. Las instituciones financieras respondieron y crearon gigantescas cantidades de activos basados en una riesgosa deuda hipotecaria.

Esta expansión de crédito riesgoso fue especialmente problemática debido a la segunda política federal equivocada: la vieja práctica de salir al rescate de entes privados que han incurrido en riesgos y luego se encuentran en aprietos. Los salvatajes han sido amplios y frecuentes, especialmente en el sector bancario. En el contexto de la reciente crisis financiera, un ejemplo crucial es el ahora infame “toque Greenspan”, la práctica de la Reserva Federal al mando de Greenspan de bajar las tasas de interés como respuesta a las disrupciones financieras con la esperanza de que una expansión de la liquidez evitaría o moderaría un colapso en el precio de los activos. A principios de 2000, en particular, la Fed parecía haber tomado una decisión deliberada de no reventar la burbuja de bienes raíces y en cambio “arreglar las cosas” si ocurría un colapso.

La experiencia del sector bancario en recibir salvatajes significaba que los mercados financieros podían razonablemente esperar que el Estado amortiguara cualquier pérdida a causa del colapso de una deuda hipotecaria riesgosa. Como el Estado también se encontraba presionando para que esta deuda se expandiera, y como era rentable hacerlo, el sector financiero tenía todas las razones para seguir el juego. Sin embargo, era inevitable que un colapso ocurriera en algún momento. La expansión del crédito hipotecario tenía sentido siempre y cuando los precios de la vivienda siguiesen aumentando, pero esto no podía durar para siempre. Una vez que estos empezaron a caer, el mercado no tuvo otra opción que sufrir el reacomodo de posiciones basadas en presunciones insostenibles acerca de los precios de las viviendas.

Por lo tanto, esta interpretación de la crisis financiera coloca el grueso de la culpa sobre la política federal en lugar de sobre la ambición de Wall Street, una regulación poco adecuada, los fracasos de las agencias calificadoras o la securitización. Estas otras fuerzas jugaron un papel importante, pero es improbable que cualquiera de ellas o todas juntas hubiesen podido producir cualquier cosa parecida a la reciente crisis financiera si no hubiese sido por estas dos políticas federales equivocadas.

Por ejemplo, la ambición en Wall Street seguramente contribuyó a la situación, si por “ambición” uno se refiere al comportamiento que busca obtener ganancias. Muchos en Wall Street sabían o sospechaban que su exposición a riesgos no era sostenible, pero sus posiciones eran rentables en ese momento. Además, los mercados funcionan bien cuando los agentes privados responden a las oportunidades de obtener ganancias, a menos que estas reflejen incentivos perversos creados por el Estado. La manera de evitar crisis en el futuro, por lo tanto, es que el Estado abandone las políticas que generan tales incentivos.

Rescatando a los bancos

El plan de salvataje del Departamento del Tesoro fue un intento por mejorar el balance general de los bancos y así estimular la concesión de préstamos por parte de la banca. La justificación ofrecida fue que, ya para septiembre de 2008, los principales bancos se enfrentaban a una quiebra inminente debido a que el valor de sus activos respaldados por hipotecas había caído rápidamente.

Nadie discute que varios bancos estaban en peligro de quiebra pero eso no justifica un rescate. La bancarrota es un aspecto esencial del capitalismo. Brinda información acerca de las buenas y las malas inversiones y libera recursos para que sean desplazados desde los malos proyectos hacia aquellos más productivos. Como indiqué anteriormente, los precios de las viviendas y la construcción de casas estaban demasiado altos para fines de 2005. Esta situación implicaba un deterioro en el balance general de los bancos y una reducción del sector bancario, así que cierto grado de bancarrota era tanto inevitable como apropiado. Por lo tanto, un argumento económico a favor del salvataje debía demostrar que la quiebra de algunos bancos perjudicaría a la economía más allá de lo inevitable debido a la caída en el precio de las viviendas. El argumento común es que la bancarrota de un banco obligaba a los demás bancos a quebrar, generando un congelamiento del crédito. Ese resultado es posible, pero eso no significa que el plan del Tesoro era la política indicada.

Para entender por qué, nótese que permitir que los bancos quiebren no significa que el Estado no juega papel alguno. La garantía federal de los depósitos hubiese evitado pérdidas por parte de los depositantes asegurados, por lo tanto limitando el incentivo para que se den corridas bancarias. Las cortes y agencias reguladoras federales (tales como la Comisión Federal para la Garantía de Depósitos, FDIC por su sigla en inglés) hubiesen supervisado los procesos de bancarrota de las instituciones en quiebra. Además, bajo el proceso de bancarrota no habrían necesariamente desaparecido las actividades de los bancos en quiebra. Algunos continúan operaciones durante la bancarrota, y otros las reanudan luego de que se vende la institución en quiebra o sus activos a un banco más saludable. En otros casos, la fusión antes de un colapso evita la bancarrota por completo. Los accionistas privados y los tenedores de deuda asumen las pérdidas requeridas para hacer que estas fusiones y ventas sean atractivas para los compradores. Los fondos de los contribuyentes irían únicamente a los depositantes asegurados.

El salvataje distrajo la atención del hecho de que el Estado fue la causa más importante detrás de la crisis. De manera más general, el salvataje continuará promoviendo acciones contraproducentes por parte de instituciones que califican para recibir el dinero, como por ejemplo la adquisición de activos tóxicos que luego podrían ser comprados por el Tesoro, o la toma de riesgos inmensos con las inyecciones de capital del Tesoro.

El salvataje del Tesoro de 2008 también marcó el inicio de la propiedad estatal en el sector financiero. Esto significa que, de ahora en adelante, es probable que las fuerzas políticas influencien la toma de decisiones en el otorgamiento del crédito y la asignación del capital. El Estado puede que (nuevamente) presione a los bancos para que ayuden a prestatarios con un mal historial de crédito, para que subsidien a industrias con conexiones políticas, o para que presten en los distritos de legisladores influyentes. La presión del Estado es difícil de resistir para los bancos, ya que éste puede amenazar con vender su participación en determinado banco o puede prometer mayores inyecciones de recursos cada vez que quiera modificar el comportamiento de un banco. Además, rescatar a los bancos fija un precedente para rescatar a otras industrias. Por lo tanto, las repercusiones a largo plazo del salvataje son indudablemente malas. Irónicamente, el salvataje en sí puede que haya exacerbado la escasez de crédito. El anuncio de que el Tesoro estaba considerando un rescate probablemente asustó a los mercados al sugerir que la economía estaba peor de lo que pensaban los mercados. De igual manera, el anuncio puede que haya alentado una escasez de crédito porque los banqueros no querían asumir pérdidas y vender sus instituciones a empresas compradoras si el Estado los iba a rescatar. El salvataje introdujo incertidumbre porque nadie sabía qué significaba dicho rescate: cuánto, de qué forma, para quién, con qué restricciones y por cuánto tiempo.

El paquete de estímulo

La Ley para la Recuperación y la Reinversión Estadounidense de 2009—mejor conocida como el “paquete de estímulo”—representa una transferencia masiva de recursos del sector privado hacia grupos de interés con conexiones políticas. Los fondos vendrán de nuestros impuestos y se dirigirán al sector de la educación, la salud, a la creación de “empleos verdes” y contratistas y sindicatos federales.

Algunos defensores del paquete de estímulo argumentan que el gasto era necesario para embarcarse en proyectos que no están siendo respaldados por el mercado pero que deberían serlo. Este es el argumento del “fracaso del mercado” a favor del gasto gubernamental. En realidad, el gasto federal ya es demasiado alto en la mayoría de las áreas. Desde los $15.000 millones que gastamos en el fracasado proyecto del Gran Túnel en mi ciudad de Boston a las decenas de miles de millones que gastamos todos los meses combatiendo en Irak, hay mucho gasto público innecesario que puede recortarse. El gasto que fue incluido en la ley de estímulo en muchos casos fue a parar a sectores que no estaban ni enfrentándose a un desempleo especialmente alto ni experimentando los declives más marcados en su actividad (por ejemplo, la salud, la educación y el desarrollo de energías alternativas).

El estímulo no consistía en mejorar la eficiencia económica sino en distribuir recursos hacia grupos de interés favorecidos. Si la administración Obama en realidad estuviera preocupada acerca de la educación, por ejemplo, debería haber promovido cambios en las políticas que mejoran los resultados al tiempo que ahorran dinero, tales como las reducir las restricciones sobre quién puede convertirse en un profesor. El gobierno en cambio decidió echarle dinero a los sindicatos de profesores. Parte de la ley de estímulo vino en la forma de recortes de impuestos, pero estos eran simplemente recortes de una sola oportunidad, más tendientes a redistribuir que a mejorar la eficiencia económica. Aunque el hecho de que el Estado le devuelva dinero a los ciudadanos es algo bueno, derogar el impuesto sobre las ganancias corporativas habría mejorado los incentivos a largo plazo y creado las bases para el crecimiento económico en el futuro. De igual forma, el estímulo podría haber consistido en la reducción de los impuestos al trabajo, lo cual habría alentado más contrataciones.

Mirando al futuro

El presupuesto del presidente Obama es por lo menos honesto; constituye un intento—sin titubeos—de reestructurar la economía estadounidense y expandir el rol del Estado.

Las proyecciones presupuestarias del gobierno parecen ser extremadamente optimistas. En particular, el ingreso extra que está siendo proyectado al derogar los recortes de impuestos de Bush no enfatiza lo suficiente en la respuesta dinámica de la economía a una tasa tributaria más alta. Enfrentados con impuestos más altos, la gente trabajará menos o se retirará de la fuerza laboral. Por el lado del gasto, las nuevas iniciativas seguramente costarán muchas veces más de lo proyectado: esa es la ley de hierro del gasto público. Estas dos situaciones combinadas significan que si Obama implementa la mitad de lo que ha propuesto, veremos déficits de billones de dólares en los próximos años.

Lo sorprendente del presupuesto es que nada de lo anunciado parece que mejorará la eficiencia de la economía. Nada parece ir en la dirección de la libertad. Nada parece tener fe alguna en los mercados. Todo es acerca de recompensar a los grupos de intereses: los sindicatos, los ambientalistas, los maestros y el sector de atención médica.

Para resumirlo, esta crisis fue—en su nivel más fundamental—el resultado de políticas estatales, no un fracaso del mercado. En el mejor de los casos las políticas públicas adoptadas. La lección para los tomadores de decisiones es por lo tanto clara: es mejor hacer nada que empeorar las cosas. En economía, como en la medicina, el mandato es “primero, no haga daño”.

Jeffrey A. Miron

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Una dosis de realidad

Para todos aquellos marcianos que habitan en otro planeta, que ingenuamente creen que Estados Unidos es el arquetipo de la libertad o el capitalismo, vaya sorpresa que se llevaran con este video. En el mismo se muestran todas las prohibiciones absurdas, que limitan la libertad de las personas, todo esto bajo el argumento de que a los individuos hay que protegerlos de ellos mismos.

sábado, 23 de mayo de 2009

Inmigrantes o emigrantes


Los países prósperos atraen inmigrantes. Ese era el caso de Argentina a principios del siglo XX, de Venezuela a mediados del siglo pasado y de Estados Unidos hasta hace poco. Argentina y luego Venezuela se convirtieron en países de emigrantes. Ahora, lamentablemente, todo parece indicar que Estados Unidos no está solamente en medio de una recesión, sino que esta gran nación está cayendo en una dura decadencia, provocada por políticas intervencionistas, exceso de gastos gubernamentales y altos impuestos.

Por muchos años, los estudiantes extranjeros que completaban sus estudios de postgrado en Estados Unidos y buscaban empleo allí, para quedarse y luego traer a sus familiares. Hoy siguen asistiendo y graduándose de estupendas universidades norteamericanas, pero una vez completados sus estudios suelen regresar a su país de origen o buscan empleos en Europa y el Lejano Oriente.

La inmigración crecía año tras año en Estados Unidos, de 252.000 en 1991 a 311.000 en 2005, pero esas cifras se han desplomado últimamente. La demanda de mano de obra, tanto para ingenieros como para obreros poco calificados, ha caído vertiginosamente.
Muchos menos mexicanos indocumentados tratan, hoy en día, de cruzar la frontera, al punto que los guardias fronterizos tienen poco trabajo y la construcción del paredón -que especialmente políticos republicanos apoyaban apasionadamente- dejó de tener sentido alguno.

El supuesto problema de la inmigración se ha estado transformando últimamente en un verdadero problema de emigración. Norteamericanos jóvenes y viejos se están yendo al exterior. Los primeros porque consiguen mejores oportunidades de trabajo y los ya retirados porque no quieren o no pueden pagar los altísimos impuestos a la propiedad que los políticos han ido incrementando sin piedad durante dos o tres décadas. Entonces, la gente vota con los pies en respuesta al exceso de intervencionismo, inseguridad jurídica, fiscalizaciones, regimentaciones, impuestos, inflación y regulaciones. Los extranjeros que emigramos a Estados Unidos sufrimos muchos de esos mismos males en los países donde nacimos y crecimos, pero ahora vemos con pesar la versión norteamericana.

El presidente Obama promete crear millones de nuevos puestos de trabajo con una política energética que pretende reemplazar el petróleo y el gas con turbinas de viento y la construcción de paneles solares en lugar de plantas eléctricas. Suena muy limpio y muy bonito, pero cada vez que decisiones políticas sustituyen las de individuos en un libre mercado, el inevitable resultado es el exagerado aumento de los costos y, por consiguiente, una dura caída del bienestar general. Ejemplos de las consecuencias del bien intencionado socialismo sobran, tanto en América Latina como en Gran Bretaña y la vieja Unión Soviética. Y el gobierno de Obama ya rompió un récord en este país imprimiendo billetes.

Si algo debiéramos haber aprendido desde hace mucho tiempo es que la prosperidad de la gente y un gobierno grande son conceptos radicalmente opuestos.

Carlos Ball

martes, 21 de abril de 2009

¿Cómo evitar y salir de las crisis financieras?



Cuando en el 2001 EEUU entra en un periodo de desaceleración económica, el Gobierno reaccionó con una política monetaria de crédito fácil (o irresponsable) que se tradujo en una reducción de las tasas de interés del 6.50% en enero del 2001 al 1.00% hacia el 2004. Dadas las condiciones reales de la economía de los EEUU, esta reducción era artificial; es decir, insostenible y se sabía que eventualmente debían subir. Con la reducción artificial en las tasas de interés, el gobierno “estimuló” e indujo deliberadamente a las personas a contraer deudas hipotecarias que empezaron a ser imposibles de pagar una vez que las tasas empezaron a subir y alcanzaron niveles de 5.25% a mediados del 2006.

Esto fue lo que causó la crisis inmobiliaria en los EEUU. Cuando subió la tasa de interés, ya muchos no pudieron pagar la hipoteca y el valor de los bienes raíces cayó dando origen a la crisis bancaria. Esto no es falla del mercado ni de la libertad económica sino del gobierno. La riqueza no se genera con una reducción artificial de las tasas de interés por parte del gobierno ni con una expansión mágica del crédito o del gasto público sea por medio de la Banca Central o del Tesoro.

Es necesario observar que en 1912 (hace casi un siglo), el economista Ludwig Mises, exponente de la corriente Escuela Austriaca de Economía pronosticó la actual crisis financiera en su libro “The Theory of Money and Credit” cuando expresó: “El demagogo no se molesta por las consecuencias remotas de sus políticas. Él escoge inflación y expansión del crédito a pesar de que sabe que el boom creado es de corta duración y que inevitablemente debe acabar en desplome”.

Sin embargo, si bien es cierto que la crisis financiera en los EEUU se empezó a gestar con la reducción de las tasas de interés, el papel que desempeñaron dos entidades financieras hipotecarias fue fundamental para agravar la crisis. Estas entidades son Fannie Mae (Federal National Mortgage Association) y Freddie Mac (Federal Home Loan Mortgage Corporation) que son de origen privado pero con patrocinio estatal muy importante. Estas entidades, al tener patrocinio político, usaron criterio político para cumplir sus objetivos de suplir de liquidez a las entidades prestamistas de hipotecas y de otorgar garantías hipotecarias.

Fue así como para el tercer trimestre del 2007 ambas instituciones llegaron a garantizar, o a tener derechos, sobre más del 50% de todas las hipotecas de los EEUU, con un valor de deuda de US$5.2 billones que en el 2003 apenas era de US$1.2 billones. Por ser entidades de patrocinio político, se pensó sólo en el corto plazo y se dieron varios descuidos con el fin de poder colocar más recursos con mayores niveles de riesgo. Uno de ellos fue que estas entidades operaron con menores niveles de reservas a los exigidos a las entidades privadas. Por tanto, no es de extrañar lo acontecido cuando las tasas de interés subieron.

El papel que jugaron en la crisis financiera las instituciones cuasi-gubernamentales de Fannie Mae y Freddie Mac es tal que en una entrevista que le hiciera Larry Kudlow, del programa Kudlow Reports de CNBC, a Stephen Harper, Primer Ministro de Canadá, este último afirmó que la solidez del sistema financiero canadiense se debe a que ellos no tienen instituciones financieras semejantes con participación del gobierno.

En los EEUU, el 2008 fue el año del desplome de las políticas de estímulo artificial de los años anteriores. Y, ¿qué hace el gobierno de los EEUU en este momento para salir de la crisis? ¡Increíblemente está haciendo lo mismo que dio origen a la misma! Las tasas de interés de referencia de la FED se han reducido nuevamente a partir de septiembre del 2008 y en diciembre de ese año alcanzaron niveles históricos a una banda que va de entre el 0.0 y el 0.5%. En abril del 2009, fecha en que se escribe esta nota, no ha habido modificación sobre las mismas.

Por otra parte, las tasas hipotecarias en los EEUU están en 4.96%, sus niveles del más bajos en toda la historia. ¿Cree el lector que son sostenibles las tasas de interés en los EEUU?

Por otra parte, existe un peligro inminente de repunte de la tasa de inflación de EEUU. Un programa de “estímulo” de la Reserva Federal de los EEUU está inyectando liquidez la economía con US$ 500 mil millones. Dicho incremento de la cantidad de liquidez empezó a mediados de enero y terminará el 30 de junio próximo que consiste en la compra de bonos hipotecarios. Y dado que la inflación, o aumento en el costo de la vida, es un fenómeno monetario, ¿qué pasará cuando este exceso de liquidez se traduzca en inflación y deban ajustarse a la alza las tasas de interés?

Y como si esto fuera poco, se está incrementando el gasto público usando recursos de los contribuyentes para rescatar a empresas ineficientes bajo el pretexto de que son muy grandes para dejarlas quebrar. ¿No serán estas empresas muy grandes para rescatarlas? Por definición, una empresa en quiebra no es capaz de generar ni inversión ni nuevas fuentes de empleo, ni siquiera aumentar los salarios. Sólo las empresas competitivas son las capaces de financiar inversión y transferencia tecnológica, de generar empleo y pagar salarios crecientes. No podremos estimular el crecimiento favoreciendo a las empresas ineficientes con los recursos de los contribuyentes. Debe quedar claro que ni la expansión artificial del crédito ni las políticas socialistas que implican la expansión del gasto público estimulan el sano crecimiento económico.

El eventual desplome de una política monetaria que estimule artificialmente la economía es inevitable y no existe regulación posible que lo evite. La crisis no es un problema de falta de regulación. Creer lo contrario es demagogia. Si los gobiernos continúan con políticas monetarias expansivas y reducciones artificiales de las tasas de interés, por más nuevas regulaciones que implementen, no podrá evitar un nuevo desplome.

Las sociedades siempre han sido consumistas y codiciosas. Si esta fuera la causa de la crisis entonces siempre estaríamos en crisis. El problema surge cuando el gobierno alimenta el consumo de manera artificial ya sea con reducción de las tasas de interés, expansión de la oferta monetaria sin respaldo o con un mayor gasto público. En fin, la crisis tuvo su origen con el intervencionismo estatal en la reducción artificial de las tasas de interés y por tanto es falla exclusiva del gobierno.

Decía Adam Smith en su obra “La riqueza de la naciones” que lo que es sano para una economía familiar también lo es para el gobierno. En época de crisis, se recomienda a las familias austeridad en sus gastos y evitar mayor endeudamiento. Y esto mismo es lo que deben hacer los gobiernos en periodos de crisis. El endeudamiento por parte del gobierno y sus programas de “estímulo” solo agravará la crisis. Así como en un pastel de recursos, a mayor tamaño sea la tajada que se lleve el gobierno, menos recursos quedan a disposición del sector privado. Le hago una pregunta al lector, ¿dónde genera mayor riqueza el capital? ¿En manos de un burócrata o en manos de los emprendedores privados? Para reactivar la economía el gobierno debe reducir impuestos y simultáneamente reducir sus gasto para liberar recursos al sector privado, único motor del desarrollo económico.

Si la causa de las crisis financieras tiene su origen en un manejo discrecional de la política monetaria, entonces para evitarlas la única solución posible es eliminar esta facultad discrecional que tienen los políticos de alterar a su antojo las tasas de interés y de expandir la oferta monetaria. Aquí hay tres opciones. La primera es diseñar un programa monetario donde el crecimiento de la oferta monetaria sea determinado según una regla de expansión, como por ejemplo siguiendo la propuesta de Milton Friedman, donde el crecimiento de la oferta monetaria se determina según el crecimiento del PNB de los últimos años. La segunda propuesta es también una regla monetaria y es volver al patrón oro tal y como lo propone Murray Rothbard. En este caso, la cantidad de dólares que imprima la FED será una función directa de las reservas de oro. Una última propuesta es cerrar los Bancos Centrales y entrar en un esquema denominado “free banking” tal y como existía siglos atrás en donde tanto la oferta como la demanda de dinero se determina en un mercado libre y competitivo.

José Joaquín Fernández
Instituto Libertad

jueves, 19 de marzo de 2009

Bailout



En este corto video el profesor Russell Roberts de la George Mason University, explica que fue lo que causó la crisis financiera, los efectos de los planes de salvataje, así como soluciones alternativas a la crisis.