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martes, 12 de abril de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: lecciones fiscales de la inauguración del Estadio Nacional


No me referiré de nuevo al tema de si la inversión china en el Estadio Nacional era la mejor opción que había en el país en cuanto al uso posible de los recursos. Anteriormente mencioné que muy posiblemente había inversiones rentables en vez de un nuevo estadio y cité, como ejemplo, disponer de una carretera moderna y civilizada desde el Valle Central al cantón de San Carlos. Hablé de esa opción aunque pudiera haber citado muchas otras posibles, por el simple hecho de que esa carretera estaba a medio construir gracias a donaciones del Gobierno de Taiwán. Me han comentado que el Gobierno de esta última nación, incluso después de que el de Costa Rica decidió romper con ellos, dijo estar dispuesto a financiar la conclusión de tan vital vía. Ojalá esto fuera estudiado más profundamente a fin de disponer de un buen material para la historia política de este país.

Fue el poeta romano Juvenal, quien en el siglo primero después de Cristo, usó la expresión “Panem et Circenses“; es decir, pan y juegos de circo, para referirse a la práctica del gobierno de aquella época de ocultar los problemas y dificultades económicas de su nación, dándole al populacho, a fin de que se entretuviera y se olvidara, alimentos baratos y entretenimiento ordinario. Al lograr distraerlo de los problemas cotidianos, se lograba que se ensimismara en los placeres vulgares y no se interesara en los nobles de la política de altura. Así, para los líderes demagogos de esos momentos, habría menos competencia de ciudadanos interesados en la res publica (los asuntos públicos). Tal vez ese populismo de antaño hoy se nos presenta, en vez de pan y circo, mediante algo así como “fútbol y bailongo” o “boxeo y reggaetón” o tal vez “berreada y birriada”, pero, en todo caso, logra igualmente distraer a la gente de los temas álgidos de interés ciudadano. Jamás me opondría a que las personas se diviertan; obviamente, no todo en la vida es sudor y sangre. Lo que me molesta es cuando los politiquillos usan el pan y el circo para embriagar a la ciudadanía, que me hace recordar un opio de los pueblos.

En todo caso, si no se iba a desperdiciar la oferta de un regalo (por algo será) de parte de los gobernantes de China en representación de su pueblo al de Costa Rica, lo deseable es que hubiera sido un “obsequio” rentable y no una hipoteca o que requiriera de un gasto de manutención que difícilmente se puede generar sin tener que acudir a nuevos impuestos o al gasto estatal para mantenerlo adecuadamente. Es algo así como la historia de “tan jodidos que estábamos y todavía parió la agüela”, como dice el sufrido pueblo.

Repito mi pregunta: ¿por qué no se le pidió a los chinitos que esos recursos se usaran en algo productivo para el país y así sacarle un rendimiento que después podía reinvertirse en bienes que fueran privada y socialmente deseables? La mala elección ya está hecha y quiero aprovecharla para resaltar una serie de prácticas alrededor de su inauguración, que nos brinda lecciones para una buena administración de los recursos públicos.

Algunas autoridades gubernamentales, apoyados, sin dudas y de inmediato, por algunos periodistas bien intencionados, han hecho la petición pública de que se cuiden las instalaciones del nuevo estadio, porque desde los primeros momentos aparecieron, entre sombras y oscuridad, las bestias encargadas de robarse el papel higiénico de los baños, de romper cerraduras de las puertas, de escribir algún horrendo apodo con algún malabar gráfico en las paredes del nuevo estadio, entre otras acciones vergonzosas que ponen al desnudo valores fundamentales que debían de ser aprendidos en nuestro sistema educativo.

Este llamado a la decencia que han hecho no es inoportuno, pero en mi opinión muestra una actitud como de que “de aquí en adelante el mundo debe cambiar“, pues han omitido lo sucedido con otra obra magnífica donada por los chinos, esta vez los de Taiwán, como es el puente sobre el Río Tempisque al inicio del Golfo de Nicoya. Este “obsequio” ha sido maltratado sin misericordia alguna por orgullosos hijos de esta patria e igual de grave es que el propio Gobierno la ha mantenido casi en el abandono, sin mantenimiento y vigilancia, tal vez porque esos otros chinitos ya pasaron de moda. Si no me creen, les cuento que en su momento habían desaparecido las lámparas públicas y los rótulos con direcciones para el que por allí transitara, en donde se dejó de lado la vigilancia necesaria para cuidar la infraestructura. Se vio el maltrato a los tornillos que daban sostén al puente, así como la presencia de orín, la falta de pintura. Todo como si ese moderno e importante puente, que da un enorme apoyo al desarrollo económico y social de la Península de Nicoya, mereciera un trato igual al que se ha dado al próximo puente en hundirse en nuestro país: el de los Incurables, aquí en las proximidades de San José o a al tal vez terroríficamente folklórico casi abandonado Sanatorio Durán camino al Volcán Irazú. ¿Será que el abandono y el descuido está en los genes del tico? ¿Será que en el juego político sólo es importante anunciar que se debe cuidar lo muy nuevo y desechar en el olvido lo que ya no lo es tanto? O ¿será que el bello producto regalado por unos chinitos vale más que el bello producto también regalado por otros chinitos? Da mucho que pensar toda esta actitud de no conservar las cosas que tanto cuestan, aunque nos sean regaladas.

También la inauguración del estadio nos ha permitido resaltar el gran problema de la evasión del pago de gravámenes, que al fin de cuentas conduce a propuestas de políticos para que se grave aún más a los que siempre pagan y así reponer lo no cobrado. Es sabido que cuando hay eventos -como les llaman- con gente traída de fuera del país, quien localmente los organiza (como la Federación Nacional de Fútbol, por ejemplo) debe retener un 30% del pago acordado como un impuesto único sobre la renta. Esta recaudación, por ejemplo, la hace Tributación Directa cuando se traen grupos musicales del extranjero, en donde si el costo de un contrato se indica en, por ejemplo, un millón de dólares, una tercera parte deberá retenerse como pago del impuesto único sobre la renta Me imagino que en las actividades musicales de la inauguración del nuevo estadio, en el caso de contrataciones de extranjeros, los organizadores nacionales han cumplido (y cumplirán, pues cuando escribo esto sigue el circo) con sus obligaciones tributarias ya establecidas. Debe recordarse que hay la posibilidad de pedir de antemano que no se apliquen esos impuestos (que en mi opinión son muy altos), si la actividad es definida por las autoridades correspondientes como de interés público.

Aparentemente, tal es el caso con la contratación de la Selección Argentina para jugar con la Selección Nacional, actividad por la cual se le cobró bastante (y hasta agarraron de majes) a los costarricenses. A tiempo las autoridades fiscales le indicaron a la Federación de Futbol que tenía tal deuda con el fisco, pero la primera reacción de esta entidad fue negar que se hubiera incurrido en tal obligación (que podría ascender a medio millón de dólares) y a la fecha no han dicho ni cuío. Es más, no se si también medió un contrato con la selección B de China, al igual que con la traída de cantantes, músicos y boxeadores del exterior, que los haga legalmente responsables de tales retenciones.

A mi no me interesa ser un chivato tributario, pues va en contra de lo que creo (que es obligación ejercer de las autoridades encargadas por ley del cobro de los gravámenes, el ejercer tal vigilancia y fue así como lo hicieron). Me molesta que en tanto algunos vivazos no pagan los impuestos que por ley deben cumplir, en la Asamblea Legislativa se nos quiere imponer nuevos y mayores gravámenes a quienes ya pagamos los impuestos establecidos por ley. Creo firmemente que este ejemplo que comento debe servir de base para que el Estado costarricense, en vez de pedirnos más dinero a quienes ya pagamos, proceda a cobrar adecuadamente los gravámenes que tiene que cobrar. Si al vivazo no se le cobra el impuesto, es inmoral que se le cobre más a quienes ya los pagan, a fin de poder compensar lo que el fisco no han recaudado.

Públicamente un funcionario ligado al deporte -y creo que a la administración del nuevo estadio- salió diciendo en un medio que, para sufragar los gastos necesarios en la buena administración y mantenimiento del inmueble, tan sólo era necesario conseguir tres grandes patrocinadores y mencionó a una institución financiera, una empresa de telefonía y otra aseguradora. Como suelo ser mal pensado, trataré de incursionar en la mentalidad burocrática tan proclive a lo públicamente fácil y me atreveré a decir qué es lo que verdaderamente está detrás de tan ingeniosa propuesta: tratar de pasarle este nuevo y elevado gasto público a los ciudadanos.

La idea no es tan descabellada, porque, ¿qué tal si la institución financiera fuera el Banco Nacional, y la compañía telefonía, el ICE y la aseguradora, el INS? Al ser estas tres empresas entidades estatales, cualquier gasto sería cubierto con fondos que son públicos. Igual podría tener en mente poner a que los clientes sean RECOPE o JAPDEVA o JUDESUR o cualquier otro ente estatal, que sufrague esos gastos que en última instancia involucra dineros de todos los costarricenses, que es a donde se termina por chupar para obtener los fondos para administrar el nuevo estadio.

Ojalá en mi psicoanálisis esté equivocado y se logre obtener recursos (la otra es que ya están pulseando más plata a los chinos, plata que podría utilizarse en cosas mejores) provenientes de una demanda de los servicios que pueden brindar a los ciudadanos esas instalaciones. Pero lo cierto es que acudirán al Estado -esto es, a todos nosotros- para resolver el problema y así todos nosotros lo terminaremos pagando.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 28 de marzo de 2011

Tema polémico: el relativismo de los valores



¿Cuánto cuestan tus valores? Ante esta pregunta, los costarricenses, no todos, responderían que unos cuantos millones de dólares, o el valor equivalente a un nuevo estadio. Por ello, queremos dedicar este Tema polémico a analizar tan degradante situación.

El pasado sábado se inauguró con toda algarabía el nuevo Estadio Nacional de Costa Rica regalado por la República Popular de China. Probablemente la mayoría de quienes asistieron al acto de apertura y al primer juego de la selección mayor de fútbol no cuestionaron la razón de tanta generosidad del Gobierno chino. Muchos ignoran las negociaciones durante la Administración Arias, con el Gobierno de la República Popular, para que se diera la espalda a la Taiwán a cambio del dinero y las donaciones de la China Continental.

Se ha dicho, acertadamente, que el nuevo estadio es un símbolo, pero pocos han señalado de qué tipo. En ASOJOD consideramos que es el símbolo del relativismo de los valores. Poco ha importado que quien nos regaló este estadio viole los derechos humanos más básicos de su población, que censure la libre expresión de sus ciudadanos, que controle el libre acceso al Internet y que mantenga a Liu Xiaobo en la cárcel por el simple hecho desear la misma libertad que hoy todos los costarricenses gozamos.

A pocos, o probablemente a ninguno de los asistentes a la inauguración del estadio, les importó que el Gobierno chino doblara el brazo del ex presidente Arias, cuando se le pidió no recibir al Dalái Lama. Ningún activista del medio ambiente, de esos que sobran en esta tierra, se cuestionó las deleznables prácticas de ese régimen socialista para con la naturaleza. Ningún periodista, ni siquiera los reporteros de Canal 7 que jugaron la primera "mejenga" en el estadio, se preguntó si sus colegas chinos podían ejercer su profesión con la misma libertad que la ejercen ellos.

Ninguno de esos trasnochados que nos pretenden moralizar con las "ventajas del socialismo", la "justicia social" y la planificación estatal nos ha salido a explicar cómo sus apreciadas ideas tienen en la miseria a un pueblo trabajador como el chino. No nos han querido decir por qué el Estado, que en Costa Rica parece ser la panacea para resolver cuanto problema aparece, es en China el gran causante de todo el desastre.

La señora Presidenta tuvo razón en darle el crédito al ex presidente Arias: él fue el arquitecto y estandarte, y lo ha sido desde hace mucho tiempo, del relativismo de los valores. El premio Nóbel de la Paz, abanderado de un relativismo disfrazado de pragmatismo ha contradicho sus más preciados valores, se ha contrariado en sus propios términos, pregonando la paz y la libertad, pero pactando con sus enemigos. Sin embargo, ella no está libre de toda culpa: como su aprendiz, hoy se frota las manos con los millones de dólares que puede obtener del Gobierno chino a cambio de algunos "favores" políticos.

Habremos ganado una hermosa infraestructura pero perderemos no sólo dinero por su mantenimiento, sino también, y quizá esto es lo más importante, la dignidad, la entereza, la rectitud y la consistencia. Como país, hemos quedado desnudos en nuestra pobreza, no sólo material, sino moral. Como los antiguos romanos, los costarricenses, no todos, no necesitan valores, les basta con pan y circo.