El pasado 1° de mayo, día del trabajador, el Arzobispo Hugo Barrantes señaló durante la homilía que las estrategias para hacer frente a la actual crisis económica debían basarse en el diálogo nacional, a fin de enfrentarla en todas sus dimensiones y desde la perspectiva de los grupos afectados. Indicó además que si bien existen iniciativas valiosas desde el gobierno y el sector privado, estas no integran los intereses de todos lo grupos. La respuesta del presidente Arias no se hizo esperar, cuestionando la ayuda que la iglesia da a los pobres y señalando que la búsqueda de consenso se da por una falta de liderazgo. Inmediatamente la ministra de comunicación, Mayi Antillón salió al paso de las declaraciones del nuestro mandatario para aplacar sus posibles repercusiones.
Para ASOJOD, la respuesta del Presidente Arias merece atención, ya sea que la aprobemos o no. Don Oscar se equivoca en la forma, pero no en el fondo del problema cuando se refiere al consenso.
La búsqueda del consenso no significa falta de liderazgo.
La búsqueda del consenso es una necesidad cuando los intereses son contrapuestos. Como lo apunta George Tsebelis en su Teoría de jugadores con veto, si se desean cambiar las políticas, un cierto número de actores debe estar de acuerdo con el cambio propuesto; así los actores deben hacer propuestas aceptables a los otros jugadores con veto, pues de otro modo serán rechazadas y el statu quo permanecerá. Esta es una verdad política que se debe aceptar, y al contrario de lo manifestado por el Presidente, para llegar al consenso lo que necesita es una gran dosis de liderazgo, tanto para dinamizar como para llevar a buen puerto el proceso decisional y, en términos racionales, conseguir el objetivo de la propuesta. Por eso, Arias se equivoca cuando señala que la búsqueda de consenso refleja falta de liderazgo.
De esta forma, si se desea tomar una decisión en un sistema democrático y no se cuenta con la mayoría necesaria para tal efecto –como es el caso de la actual fracción del PLN- o existen actores con poder de veto –tal como en el Congreso, donde cada fracción, aún las unipersonales, pueden detener el proceso decisional- se debe recurrir a la negociación, (en algunos contextos podemos entender tal negociación como logrolling) esto es, se debe buscar el diálogo y el acuerdo para obtener el apoyo político requerido.
El consenso es por tanto básico para la construcción de la agenda, la adopción de decisiones con el fin de modificar el statu quo.
La imposibilidad de integrar todas las perspectivas.
En el fondo, lo que Arias señala es que la búsqueda del consenso, es decir, tratar de integrar las diversas visiones con respecto a una salida a la crisis es, por demás, ineficiente. ¿Existen razones que justifiquen esta actitud?
Para aclarar este punto podemos recurrir a la paradoja de Condorcet. Esta nos muestra que si bien los individuos pueden poseer órdenes transitivos de preferencias, los mismos no necesariamente se traducen en un colectivo de preferencias transitivas. En otras palabras, si bien todos los grupos afectados por la crisis pueden tener excelentes ideas de cómo sobrellevar la crisis, tratar de dialogar con todos ellos no nos lleva ineludiblemente a una solución al problema porque las perspectivas de estos, para desgracia de Monseñor, no necesariamente se pueden integrar. La posición de Barrantes refleja una actitud ingenua sobre la dinámica de conformación de acuerdos políticos.
Un ejemplo citado por Arias es el proceso de concertación nacional impulsado durante la administración Rodríguez Echeverria (1998-2002). El resultado con el experimento de concertación no fue satisfactorio: el foro de concertación al que acudieron representantes de unas 30 organizaciones concluyó con 150 acuerdos que se tradujeron en seis proyectos de ley, de los cuales ninguno fue aprobado por la Asamblea Legislativa. Esto nos muestra que el diálogo, si bien puede resultar democrático, puede no ser efectivo, a menos que se cuenten con reglas que permitan tomar una decisión, aún cuando existen divergencias entre los actores en cuanto al tema.
Por eso, aún cuando el presidente Arias haya tenido razón en el fondo de su afirmación, en la política a veces lo importante no es decir la verdad sobre las cosas, sino, saber como esta se dice. Y definitivamente, afirmar que el consenso es sinónimo de falta de liderazgo es un error, máxime cuando se trata de un Presidente que, en campaña, ofreció tender puentes de comunicación y aseguró que se requiere de sabiduría y valentía para saber transigir.
Para ASOJOD, la respuesta del Presidente Arias merece atención, ya sea que la aprobemos o no. Don Oscar se equivoca en la forma, pero no en el fondo del problema cuando se refiere al consenso.
La búsqueda del consenso no significa falta de liderazgo.
La búsqueda del consenso es una necesidad cuando los intereses son contrapuestos. Como lo apunta George Tsebelis en su Teoría de jugadores con veto, si se desean cambiar las políticas, un cierto número de actores debe estar de acuerdo con el cambio propuesto; así los actores deben hacer propuestas aceptables a los otros jugadores con veto, pues de otro modo serán rechazadas y el statu quo permanecerá. Esta es una verdad política que se debe aceptar, y al contrario de lo manifestado por el Presidente, para llegar al consenso lo que necesita es una gran dosis de liderazgo, tanto para dinamizar como para llevar a buen puerto el proceso decisional y, en términos racionales, conseguir el objetivo de la propuesta. Por eso, Arias se equivoca cuando señala que la búsqueda de consenso refleja falta de liderazgo.
De esta forma, si se desea tomar una decisión en un sistema democrático y no se cuenta con la mayoría necesaria para tal efecto –como es el caso de la actual fracción del PLN- o existen actores con poder de veto –tal como en el Congreso, donde cada fracción, aún las unipersonales, pueden detener el proceso decisional- se debe recurrir a la negociación, (en algunos contextos podemos entender tal negociación como logrolling) esto es, se debe buscar el diálogo y el acuerdo para obtener el apoyo político requerido.
El consenso es por tanto básico para la construcción de la agenda, la adopción de decisiones con el fin de modificar el statu quo.
La imposibilidad de integrar todas las perspectivas.
En el fondo, lo que Arias señala es que la búsqueda del consenso, es decir, tratar de integrar las diversas visiones con respecto a una salida a la crisis es, por demás, ineficiente. ¿Existen razones que justifiquen esta actitud?
Para aclarar este punto podemos recurrir a la paradoja de Condorcet. Esta nos muestra que si bien los individuos pueden poseer órdenes transitivos de preferencias, los mismos no necesariamente se traducen en un colectivo de preferencias transitivas. En otras palabras, si bien todos los grupos afectados por la crisis pueden tener excelentes ideas de cómo sobrellevar la crisis, tratar de dialogar con todos ellos no nos lleva ineludiblemente a una solución al problema porque las perspectivas de estos, para desgracia de Monseñor, no necesariamente se pueden integrar. La posición de Barrantes refleja una actitud ingenua sobre la dinámica de conformación de acuerdos políticos.
Un ejemplo citado por Arias es el proceso de concertación nacional impulsado durante la administración Rodríguez Echeverria (1998-2002). El resultado con el experimento de concertación no fue satisfactorio: el foro de concertación al que acudieron representantes de unas 30 organizaciones concluyó con 150 acuerdos que se tradujeron en seis proyectos de ley, de los cuales ninguno fue aprobado por la Asamblea Legislativa. Esto nos muestra que el diálogo, si bien puede resultar democrático, puede no ser efectivo, a menos que se cuenten con reglas que permitan tomar una decisión, aún cuando existen divergencias entre los actores en cuanto al tema.
Por eso, aún cuando el presidente Arias haya tenido razón en el fondo de su afirmación, en la política a veces lo importante no es decir la verdad sobre las cosas, sino, saber como esta se dice. Y definitivamente, afirmar que el consenso es sinónimo de falta de liderazgo es un error, máxime cuando se trata de un Presidente que, en campaña, ofreció tender puentes de comunicación y aseguró que se requiere de sabiduría y valentía para saber transigir.