Resulta simplemente insoportable para
la mayoría de quienes habitamos en el Gran Área Metropolitana (GAM), tener que
conducir todos los días por nuestras calles y veredas. Hemos tocado
techo, desbordando toda paciencia, ante el caos que representan circular por
las carreteras de este país.
Como la Ley de Moore, que explica
como la capacidad de procesamiento de las computadoras se duplica cada cierto
tiempo, nuestras carreteras deberían de contar con su propia ley, que explica
como el tiempo que pasamos en ellas también crece exponencialmente. Ya no
perdemos dos horas del día yendo y viniendo de la casa al trabajo o lugar de
estudio, ahora, en el mejor de los casos podemos perder entre 3 y 4 horas en el
mismo trayecto.
En su reciente columna de opinión, Edgar Espinoza describe apropiadamente el drama de cientos de miles de
costarricenses, que día a día debemos enfrentarnos a este monstruo de mil
cabezas. La tragedia se acrecienta en temporada de lluvia, cuando ante la falta
de un servicio de transporte público mínimamente aceptable, las personas optan
por sacar su propio vehículo, colapsando las principales (por no decir únicas)
calles de del GAM.
No se valen las sugerencias como “use
el transporte público”, “no utilice su vehículo” o “viaje en bicicleta”. Esta
es la excusa perfecta para descargar el peso de la responsabilidad sobre el ciudadano
común, cuando el verdadero problema encuentra su origen en el rezago en la infraestructura vial de
Costa Rica.
No se trata exclusivamente de un
problema de recursos financieros, pues simplemente no se están ejecutando –o seejecutan muy lentamente- los empréstitos externos que ya se tienen disponibles.
Tampoco es un tema de recurso humano calificado, pues el país cuenta con excelentes
profesionales que más bien han salido a construir grandes obras en otros países
de la región. No es un tema de claridad en las prioridades, pues el denominado “GrupoConsenso por el Rescate de la Red Vial Nacional” ha señalado en reiteradasocasiones las obras urgentes que el país debería de atender.
La piedra en nuestro zapato es de
institucionalidad y gestión de los proyectos de infraestructura. La reforma
institucional del MOPT aprobada en 1998 lejos de solventar los problemas, los agravó,
llevándonos a un escenario de absoluta ineficiencia de las diferentes
instancias públicas.
¿A dónde está la solución a este
calvario que vivimos casi todos los costarricenses? Esta es una pregunta sin
una respuesta clara. De lo propuesto por el actual gobierno, poco se sabe del pProyecto de Ley para la creación del Instituto Nacional de Infraestructura (INI).
Ya no se trata únicamente de un tema de competitividad
país. Se trata, más bien de un tema de salud pública. Nos estamos enfermando
todos los días en nuestras carreteras.