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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Desde la tribuna: ¡Uy Recope! Cada día peor

El periódico La Nación informa que Recope cada día está más endeudada, recurriendo al crédito externo (bancos en el extranjero) para pagar la importación de combustibles.

¡Qué calamidad y qué pesadilla con este desdichado monopolio!  No solo nos tiene arruinados sino que, además, endeudados.  No solo tenemos problemas con la calidad de los combustibles sino que, de remate, tiene sus finanzas hechas un verdadero desastre.

Resulta que la inversión millonaria en dólares (entre 25 y 50 millones de dólares) para la aventura de la refinería china no es sino una raya más pa’l tigre en que está la desventurada sociedad anónima monopólica.

Lo más risible es que se informa que la culpa es de la Aresep (la reguladora de tarifas) por no aumentarles los precios de venta.  ¡Estamos fritos!

Los empleados de Recope (me niego a usar la palabras “trabajadores”) gozan de una convención colectiva llena de privilegios y gollerías.  Ello resulta en el trabajador de energía más caro del país (dejando atrás -¡y por mucho!- a los nada baratos empleados del ICE, quienes también gozan de una serie de privilegios.  

Es discutible e incluso hay denuncia penal el modo en que se aventuraron recursos en el desgraciado tema de la refinería china, que se encuentra complicado por la falta de entereza en lo sucedido, por contratación considerada torticera y por enredos que han merecido artículos enteros.

Sin embargo, el vocero de Recope aduce que la falta es de la Aresep.  ¿Por qué mejor no nos dan libertad para importar y comerciar combustibles?  Ahora, además, tenemos una entidad paraestatal (un ornitorrinco jurídico) endeudado y que nos arruina a todos.

No hay historia de monopolio de este tipo que termine bien.  Siempre hay trampa, vicio, manejo discutible e información trucada. 

Hasta el Banco Central (cuéntennos por cuánto andan sus pérdidas) ve con ojos de riesgo la situación de endeudamiento de la refinería que no refina.  No obstante, ha autorizado reiteradamente el anormal endeudamiento.

¡Claro que hay riesgo de desabastecimiento!  ¡Qué relajo de administración!  Más pendiente de la refinería china que de hacer las cosas bien.  Es el colmo en un monopolio.  Y, esto es elemental, hay responsabilidad directa en el Poder Ejecutivo, el cual hace de junta de accionistas de esta particular sociedad anónima, por culpa in eligendo y culpa in vigilando.  

Por supuesto que la responsabilidad la tienen también quienes aprobaron este anormal monopolio  (diputados) y quienes no han querido reconocer la inconstitucionalidad que nos azota (magistrados).  Pero, es obvio, hay un manejo político incapaz de llevar el asunto por buen camino. 

Federico Malavassi Calvo

jueves, 29 de agosto de 2013

Jumanji empresarial: el cínico paradigma del gasto estatal

Muchas de las creencias fuertemente arraigadas en la sociedad provienen del socialismo más ortodoxo. Una de ellas es que el GASTO ESTATAL es bueno, saludable y hasta un dinamizador de la economía. La lista de bondades descriptas es interminable y resulta realmente sorprendente que la inmensa mayoría del arco político, sostenga ese paradigma con ciertos matices que no cambian el fondo de la cuestión.

Cuando se acepta la idea de que el gasto estatal es positivo, se validan automáticamente, aun sin pretenderlo, todas sus fuentes naturales de financiamiento, que paradójicamente son rechazadas sistemáticamente por los individuos. La ";caja"; de cualquier Estado se alimenta invariablemente de impuestos, endeudamiento o emisión monetaria.

Los impuestos son los recursos que los gobiernos detraen en forma coercitiva y obligatoria, es decir por la fuerza y sin mediar la voluntad de ningún ciudadano, quitándoles una parte, muchas veces importante, del fruto de su esfuerzo genuino y de su sacrificio personal.

El endeudamiento estatal implica que las generaciones actuales usarán dineros que le prestaron, para que otros en el futuro deban abonar ese consumo presente. Una perversión estatal de las más crueles, porque en ese esquema un grupo de individuos hoy decide que utilizará un dinero que otros, que no fueron consultados, terminarán pagando con su trabajo.

La emisión monetaria es esa herramienta que los gobiernos aplican abusando del monopolio estatal del que disponen para la fabricación de moneda local, que deriva en la creación artificial de dinero sin respaldo. Cuando esa emisión no es genuina y no tiene soporte real, produce inflación, el más perverso de los impuestos, ese que hace que quienes tienen ingresos fijos vean como se deteriora su poder de compra.

Todos estos instrumentos son detestados por la sociedad, porque de forma directa o indirecta, percibe que inciden sobre sus ingresos presentes y futuros, por lo tanto sobre su calidad de vida actual y su porvenir.

Sin embargo, con casi la misma vehemencia que se rechaza a esas herramientas, se aplaude al gasto estatal. Es que la política ha instalado esta idea y la alimenta a diario. No lo hace de casualidad o sin intención. Cuanto más dinero administra el Estado, más poderoso es el político de turno que dispone de su destino en forma inconsulta, o a lo sumo con otros de su clase, con la corporación de dirigentes, que deciden discrecionalmente hacia adonde lo orientarán. Algunos intentan hacerlo con más criterio, pero es inevitable caer en la arbitrariedad.

Los políticos saben que precisan promover un gasto estatal elevado. Eso los hace importantes y poderosos. Así consiguen que los que pretenden acceder a esos fondos los contacten, con todo lo que eso significa a la hora de manejar recursos, cuando no de generar oportunidades de corrupción.

Por eso es que cuando algún sector de la ciudadanía, le dice a la política que los impuestos son altos, que deberían bajarlos, ellos argumentan que para poder disminuir unos, se deben previamente subir otros. Ellos creen, y además les resulta muy conveniente, que el gasto estatal no debe bajar, jamás reducirse. Por eso han trabajado en la importante batalla cultural convirtiendo al término ";ajuste"; en una mala palabra y en sinónimo de caos.

En realidad cuando en la vida particular los números no cierran, existen solo dos caminos posibles, o el incremento de los ingresos o la reducción del gasto. Pero se sabe que incrementar ingresos en el Estado, implica aumentar impuestos, endeudarse o emitir dinero artificial provocando inflación. Ellos insisten en esta dialéctica pérfida, esa que dice que el gasto es inflexible a la baja y que solo se puede ser sostenido o aumentado. Cuando alguien audazmente sugiere lo contrario, lo demonizan, siendo que son ellos quienes condenan a la comunidad a este círculo vicioso.

Lo que no dicen los políticos es que el gasto puede y debe reducirse, y no necesariamente dejando de prestar servicios. No es novedad que el Estado es fuente de corrupción, esa que consume recursos que no van a parar a las prestaciones esenciales sino a los bolsillos de los funcionarios hipócritas, los mismos que dicen que el gasto no se puede disminuir.

Tampoco dicen esos dirigentes que el Estado es intrínsecamente ineficiente porque aplica más recursos de los necesarios para obtener lo que otros logran con menos. En este contexto, es inadmisible seguir aceptando ciertos patéticos y paupérrimos argumentos lineales que solo invitan a creer, sin razón alguna, en la falacia de las virtudes del gasto estatal.

A estas alturas es imprescindible discutir, sin temor, seriamente y sobre todo sin que medien intereses personales directos, cuales son las funciones vitales de un Estado y cuales definitivamente no le corresponden. Mientras tanto tendremos que seguir asistiendo al triste espectáculo que nos proponen cuando hablan del cínico paradigma del gasto estatal.

Alberto Medina Méndez

miércoles, 21 de agosto de 2013

Desde la tribuna: vamos por mal camino

Esta semana han aparecido dos informaciones importantes que para el pelo y complican el futuro de todos los costarricenses.

El periódico La Nación señala que la “Carga de la deuda del sector público crece a pasos agigantados”. Por su parte el diario La Prensa Libre consigna que “el gasto del gobierno se disparó en ¢326 mil millones”.

La información combinada demuestra que el gobierno gasta más y que se endeuda más. Esto es grave  para la sociedad costarricense. Es una hipoteca del futuro.

La Administración pública ha deshonrado su ofrecimiento de racionalizar el gasto y, además, está fomentando mayor endeudamiento público.

El hecho, además muy evidente, es que no hay inversión significativa sino aumento del gasto corriente, mayor planilla, mucho gasto en publicidad gubernamental y poco cumplimiento de metas.

Esto implica un círculo vicioso:  mayor gasto corriente, mayor endeudamiento llevará a un mayor servicio de la deuda y menos posibilidad de inversión en el futuro. Menos flexibilidad para tomar decisiones y un gasto comprometido en deuda y planilla.

Casi de modo automático se fomenta un gran daño social.  Una sociedad que mantiene a un Estado, a un inmenso aparato público, que la endeuda, que le impide avanzar, que compromete el progreso, que aumenta el número de empleados sin resultados  significativos, que impone rigidez en el futuro gasto público y que complica el adecuado desempeño de las futuras administraciones.

Tal desmesurado crecimiento del gasto público y del endeudamiento conlleva, además, la amenaza de mayores impuestos y de un difícil desempeño del sector productivo.

Dice la escritura que “por sus hechos los conoceréis”.  Dice la práctica del periodismo, de modo análogo, que “no hay que atender a lo que dicen sino a lo que hacen”.  Expresa el refranero popular que “obras son amores y no buenas razones”.  Esta Administración dice que se había comprometido a bajar el crecimiento del gasto público y a racionalizarlo y ha resultado mentira.  La realidad es que el gasto y el endeudamiento nos atosigan y complican el futuro de todos.

¡Que no digan que nadie lo avisó! 

Federico Malavassi Calvo 

martes, 19 de julio de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: rumbo a Costa Rica, desde Grecia e Italia


Empecemos con Grecia, la cual, para aspirar a salir de la crisis económica que espero es conocida por los amables lectores, se vio obligada a congelar las plazas en el sector público, además de reducir los salarios de sus actuales empleados en un 15% y que, de cada diez empleados del sector que se pensionen, sólo podrá reponerse a uno de ellos. Esto es parte de un esfuerzo por lograr que los griegos trabajen.

Asimismo, reflejando la seria crisis en su sistema de pensiones, se vio obligada a aumentar la edad durante la cual los contribuyentes deberán cotizar al sistema a fin de poder pensionarse. Pero también tienen que reducir los gastos de la seguridad social en enfermedad, así como en seguridad pública.

Ante la fragrante evasión tributaria, los griegos deberán pagar más impuestos no sólo por los llamados vicios y lujos, sino también sobre la propiedad y un alza de 4 puntos al impuesto sobre las ventas, el cual así llega a una tasa del 23%. De igual manera, debido a la abundante cantidad de propiedad estatal, se ha decidido poner en marcha un fuerte programa para venderla, a fin de que se le traslade a la actividad privada para evitar que continúen siendo una fuente importante de los déficit del sector público.

Igualmente se introducirá una serie de medidas para poner coto al más variado conjunto de subsidios que la imaginación pueda concebir y que, como en todo lado, son fuente del déficit gubernamental del país. Ello es parte de un programa que Grecia tuvo que aceptar negociarlo con sus socios de la Comunidad Económica Europea, a fin de que ellos le brinden recursos que permitan aliviar el dolor del ajuste, pero, al fin y al cabo, para que Grecia efectúe lo que es un ajuste impostergable. Grecia llegó a una situación extrema por muy diversas razones, siendo la principal el exceso de gasto gubernamental superior a la recaudación de impuestos, lo cual se reflejó, a su vez, en un déficit en la cuenta corriente del sector externo. Pero también a causa de una clara dependencia de todos los sectores para obtener todo tipo de privilegios, lo cual implicó un acceso casi ilimitado a los fondos estatales que no eran infinitos. Así se llegó al grado de que no fue posible que se les mantuvieran por más tiempo. Como dicen: No había más cuero de donde salieran las correas.

Viendo y olfateando lo que se les venía, los italianos se anticiparon a tomar medidas tomando como referencia a los acuerdos que tuvo que negociar Grecia con la Comunidad Económica Europea, pues los problemas que estaba teniendo en su economía eran similares a los de Grecia y sus orígenes también parecidos. El gobierno italiano se decidió a actuar para evitar los costos tan elevados que hoy día experimenta Grecia, por lo cual dispuso asumirlos en algún grado significativo, pero tal vez sin llegar a los extremos en que hoy se encuentra Grecia. Para ello, por ejemplo, Italia privatizará una serie de empresas estatales, tan conocidas como ENI, entre muchas otras. Asimismo, a fin de evitar la quiebra de su sistema de seguridad social en cuanto a la atención de enfermedades, introduce el sistema de copago, mediante el cual los usuarios de consultas médicas de su Caja pagan un porcentaje del costo de ellas. Así se termina con la idea de que el costo del tratamiento de las enfermedades es gratuito; esto es, que la demanda sea infinitamente elástica; que los recursos así empleados no tienen un costo de oportunidad.

La edad para pensionarse se elevará, con lo cual aumentan los años durante los cuales se debe pagar cuotas para el régimen de pensiones. También los salarios de los empleados públicos se van a reducir, al igual que una serie de transferencias que el gobierno central efectúa hacia los gobiernos locales. Asimismo se introduce un impuesto progresivo a la renta en el caso de ingresos provenientes de bonos gubernamentales, que probablemente estaban exentos.

Básicamente con estas medidas el gobierno italiano, para lo cual contó con la aprobación en su Senado de los diputados de la oposición de izquierda, considera que podrá enrumbarse hacia un presupuesto equilibrado en unos tres años. Así se han anticipado a lo que ya antes señalaban los mercados, cual era una desconfianza enorme en el futuro económico italiano.

El rumbo que nos señalan Italia y Grecia debe ser objeto de nuestra meditación. Es cierto que la magnitud del problema de nuestro país, tanto en términos absolutos como relativos, en comparación con los dos primeros, es mucho menor, pero las causas parecen ser las mismas. Un enorme déficit fiscal, producto de un gasto mucho mayor que los ingresos tributarios que se perciben, gastos que han crecido enormemente principalmente en el rubro de las remuneraciones, tanto en sus montos –salarios- como en el número de empleados públicos, así como también por una debilidad creciente y eventual quiebra del régimen de enfermedad y maternidad de la Caja, así como de la parte correspondiente a pensiones. Pero no sólo dicho régimen está desfinanciado; hay algunos otros regímenes especiales de pensiones en el sector público que están plagados de gollerías, como es el caso del sistema del régimen judicial, entre otros.

También son factores importantes en la explicación del déficit en el sector público la evasión tributaria actual y también la evitación tributaria, mediante la cual, legalmente, importantes sectores de nuestra economía, que demandan fuertes gastos estatales, no contribuyen con ingresos al fisco para su financiamiento.

En todo caso, las lecciones de los sucedido en Grecia e Italia deben ser aprendidas y aprehendidas muy pronto, a fin de evitar la enorme magnitud de los ajustes que después se van a requerir. La solución no pasa por captar más fondos de las personas y las familias, sino porque el estado, en toda su amplitud, tome las medidas reductoras del gasto que permitan anticipar quiebras como las sufridas por aquellas naciones.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 18 de julio de 2011

Tema polémico: ¿Qué pasa con la CCSS?


La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) es, quizá, la institución pública con mayor peso en Costa Rica, no sólo por su tamaño y recursos, sino también por el papel que juega en el imaginario del costarricense, al punto que pocos conciben el futuro sin ella.

Hoy, esa institución enfrenta una grave crisis, que resume en pequeña escala lo que sucede a nivel nacional: se gastó más de lo que se tenía, es decir, se administraron mal los recursos de los tax payers; pero además, el problema conjugó la mala administración con la corrupción y la incompetencia, formando un caldo de cultivo para la situación que tiene a la institución en el despeñadero.

Cuando Oscar Arias señaló, al final de su Administración, que dejaba la mesa servida, no aclaró que estaba servida para el desastre. Durante su gestión, la planilla de la CCSS creció abrumadoramente, (10.956 plazas entre el 2005 y el 2010), disparando el gasto recurrente de la institución a niveles insostenibles. Solamente el pago de los salarios de los funcionarios consume el 70% de su presupuesto anual de la Caja, y de no ponerle un freno a la situación, la institución enfrentará un déficit de ¢313.909 millones en el año 2015.

Sorprende igualmente cómo la actual administración Chinchilla evadió el problema hace unos meses, pero hoy, cuando no puede negar lo evidente, se limita a dos cosas: a decirnos que no hará nada para buscar a los culpables, como bien lo anunció la Presidente, y a anunciar la inyección de 85.000 millones de colones para este año. En otras palabras, la "solución" es negándose a rendirle cuentas a los costarricenses, renunciando a su deber de proteger la Hacienda Pública y activar el régimen sancionatorio que haga que los funcionarios asuman la responsabilidad por las pésimas decisiones tomadas, al tiempo que trasladará la culpa a los ciudadanos, pues esa inyección de recursos se hará vía endeudamiento, lo que equivale a pretender apagar un incendio echándole leña al fuego. La "firmeza" de doña Laura nos deja clarísimo que a los políticos no les interesa resolver los problemas, sino que les importa “patear la pelota hacia adelante”, para que sea la próxima Administración o, al final de cuentas, los tax payers, quienes tengan que lidiar con el embrollo.

Es paradójico e indignante que, pese al aumento del personal de la CCSS, persista una pésima atención médica para los usuarios de este monopolio, lo que revela que las nuevas contrataciones de la Caja se centraron primordialmente en funciones administrativas.

Ante tal escenario, la recomendación (más que obvia) de la Organización Panamericana de la Salud, en el reciente informe sobre la situación que atraviesa la CCSS, es que resulta urgente frenar el excesivo crecimiento de su planilla y el gasto en salarios. No obstante, la implementación de estas medidas chocará, con toda seguridad, con la intransigente oposición de los sindicatos de la institución, que no aceptarán ningún tipo de recorte.

La Caja se encamina a la quiebra, fruto del manejo de políticos inescrupulosos; con ella, se lleva el dinero de todos los costarricenses que durante años hemos sido saqueados para alimentar a un elefante blanco que solo problemas nos ha traído.

Quienes hemos señalado en reiteradas ocasiones la importancia de considerar modelos alternativos podríamos estar alegres por el descalabro que enfrenta la institución, que viene a confirmar nuestras hipótesis, sin embargo, en el corto plazo el costo recaerá sobre los costarricenses más pobres, quienes ven en la CCSS la única alternativa de atención. El reacomodo –si llega a darse- será un parto doloroso, con pronóstico reservado, pero muy necesario para el desarrollo del país.

La situación que atraviesa la CCSS nos deja una gran lección: es hora que los costarricenses entendamos que lo que guía a un político, a un funcionario de la Caja o cualquier otro agente público no es la búsqueda del “bien común”. Debemos entender que éste actúa, al igual que cualquier otra persona de carne y hueso, motivado por la satisfacción del interés propio, de manera tal que debemos dejar de confiar en que otros nos procurarán nuestro bienestar.

No existe solidaridad y desprendimiento en el ámbito público, y en definitiva, no es en este espacio donde podremos encontrar nuestro propio bienestar.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Flash Legislativo


La semana anterior se votó unánimemente de forma negativa el proyecto de ley N° 17.337 que pretendía autorizar al Poder Ejecutivo para incumplir temporalmente con el artículo 6 de la Ley de Administración Financiera y Presupuestos Públicos de la República, que dispone que no se podrán financiar gastos corrientes con ingresos de capital.

Por supuesto que esto no sucedió por una repentina responsabilidad fiscal del PLN, pues con la excusa de la crisis y la consecuente caída en los ingresos fiscales, los legisladores de esa bancada más bien han enfatizado en que se debe seguir aumentando el endeudamiento para poder cumplir con los compromisos del gasto. Se logró gracias a la enorme presión del Movimiento Libertario y del PUSC, que en conjunto le interpusieron más de 1.000 mociones a tan nefasta iniciativa, tanto en Comisión como en Plenario.

Ahora bien, es claro que con la entrada del nuevo Proyecto de Presupuesto, el oficialismo vuelve a la carga con su tesis y corresponderá a las fracciones de oposición vigilar que no se ponga en peligro la estabilidad financiera de Costa Rica.