Mostrando las entradas con la etiqueta curva de laffer. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta curva de laffer. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de noviembre de 2009

Aplicaciones de la curva de Laffer


Arthur Laffer, conocido como economista de la oferta, se hizo famoso con su recomendación de bajar los impuestos para aumentar la cantidad recaudada por el fisco.

La curva de Laffer, que supuestamente dibujó originalmente en una servilleta de papel, mientras explicaba el concepto a colegas en un bar, tiene forma de campana y demuestra el punto máximo que la gente está dispuesta a aguantar imposiciones de terceros, tales como impuestos. Ese tope no es igual para todo el mundo, pero todo el mundo tiene su propio tope.

La curva de Laffer tiene que ver principalmente con impuestos, la forma de extorsión utilizada por los gobiernos para financiar sus operaciones. Eso recuerda la forma de operar de las mafias porque el gobierno amenaza con altas multas y cárcel a quienes quiere sacarle dinero. Pero como, al contrario de las mafias, generalmente nos podemos quitar de encima al gobierno en las próximas elecciones, la severidad de la extorsión gubernamental es frenada por la posibilidad de una resistencia electoral. No es un cálculo fácil y a menudo se equivocan, pero –al igual que las mafias- los gobiernos ofrecen algunos beneficios compensatorios a sus víctimas.

La curva de Laffer tiene otras aplicaciones además de los impuestos. Cualquier tipo de intromisión gubernamental está sujeta a su agudo discernimiento. Por ejemplo, regulaciones no exageradas serán siempre más fáciles de cumplir que de oponerse a ellas. Es más, el estatismo que sufre la mayoría de las sociedades es a menudo aguantado y no combatido, entre otras razones porque muchos le encuentran la vuelta, utilizando su inteligencia, contratando expertos en las leyes o comprando funcionarios.

Entonces vemos que la curva de Laffer es útil para entender por qué no hay suficiente resistencia al estatismo o por qué sólo una pequeña proporción de la población se molesta en orquestar una resistencia que es costosa en relación a su posibilidad de éxito. En las naciones subdesarrolladas, la situación es diferente, lo cual explica la frecuencia de revueltas y revoluciones contra los mandatarios. En esos países, a lo contrario del caso de los países ricos, el grueso de la población tiene poco o nada que perder.

El pequeño porcentaje de ciudadanos que insisten en rechazar alguna imposición gubernamental en los países desarrollados no logra, generalmente, cambiar el régimen, pero mantiene viva la protesta.

La mayoría de la gente está dispuesta a aguantar cierta cantidad de intrusión y molestias de parte de burócratas y vecinos. Robos menores no suelen ser reportados a las autoridades. Pero no es normal acostumbrarse a los atropellos.

Se hace evidente que el estatismo, aun en pequeñas dosis, tiene malas consecuencias y que la vida es mejor y más agradable cuando se goza de gran libertad individual. Parece que el tope de la curva Laffer lo alcanza la gente cada día más fácilmente y por eso hay esperanzas de que disminuya el estatismo en nuestro mundo.

Tibor R. Machan

lunes, 18 de febrero de 2008

El Mito de la Baja Carga Tributaria en América Latina


¿Pagamos pocos impuestos en América Latina? Eso es lo que se infiere de algunos organismos internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, los cuales insisten en que la carga tributaria en la región es baja. No obstante, una carga tributaria baja no implica necesariamente que el peso del Estado sobre los contribuyentes sea liviano. Es necesario entonces tener claros algunos conceptos tributarios que nos ayuden en este debate, como lo son los términos de carga tributaria, tipos impositivos e ingresos del gobierno.

La carga tributaria son los ingresos fiscales del gobierno como porcentaje del Producto Interno Bruto del país. El tipo impositivo es el porcentaje que se paga por concepto de tributo sobre un ingreso, bien, o transacción económica. Finalmente, los ingresos fiscales es el dinero que ingresa a las arcas gubernamentales producto de los impuestos.

Se ha mencionado en diversas instancias que la carga tributaria en América Latina es baja en comparación con países de otras latitudes. Por ejemplo, un estudio del Banco Mundial sobre América Latina y el Caribe indica que “el Estado debe fortalecer su capacidad redistributiva, lo cual para la mayor parte de los países de la región significa aumentar la carga tributaria (baja)”… Efectivamente, si bien las cifras varían dependiendo de la fuente, la carga tributaria en Latinoamérica oscila entre un 10% y 24% del PIB dependiendo del país (Brasil es la excepción con un 34%). En contraste, la carga tributaria de los países europeos ronda entre un 35% y un 45% del PIB.

Sin embargo, este indicador se presta para el engaño, ya que es manipulable desde dos vertientes: Por un lado no se incluyen tributos ocultos como el impuesto inflacionario, el cual ha sido todo un flagelo en la historia latinoamericana reciente, y usualmente tampoco se toman en cuenta los impuestos al salario propios de los sistemas de seguridad social de los distintos países. Por otra parte, el componente del PIB es inflado por los gastos del gobierno, sin importar si se trata de inversiones, gasto corrupto o despilfarrador. De ahí que un país puede experimentar una disminución en la carga tributaria mediante un aumento desmedido en el gasto público, o en su defecto, incrementar la carga a través de una caída del gasto. Aristóteles advirtió en su Retórica que “los hombres se hacen más ricos, no solo sumando a lo que ya tienen, sino también recortando sus gastos”, y lo mismo aplica a los gobiernos.

Se ha sugerido que una mejor manera de calcular la carga fiscal del Estado es a través del gasto gubernamental. Tarde o temprano todo gasto debe ser cubierto con impuestos, sean éstos presentes o futuros. En un estudio de las economías de la OCDE y 60 naciones alrededor del mundo, James Gwartney, Randall Holcombe y Robert Lawson encontraron que “el nivel de gasto del gobierno que maximiza el crecimiento, no es mayor que un 15% del PIB”—y “cuando el ámbito del gobierno se expande más allá de ese nivel, hay un impacto negativo en la riqueza de las naciones”. El gasto público de los países latinoamericanos es de aproximadamente un 24% del PIB.

Milton Friedman, Premio Nóbel de Economía, va más allá y advierte que “el tamaño del Estado no se determina únicamente por lo que está registrado como gasto gubernamental sino también por las reglas y regulaciones estatales”. El estudio “Haciendo Negocios” del Banco Mundial encontró que 5 países de la región cuentan con las regulaciones más ineficientes del planeta: Guatemala, Costa Rica, Venezuela, Bolivia y Paraguay. La existencia de un sector informal que emplea entre el 40% y 65% de la población económicamente activa en Latinoamérica es muestra fehaciente de que el peso del Estado sobre la economía va más allá de lo registrado en la carga tributaria.

Además, otra razón por la cual el indicador de la carga tributaria es inútil radica en que los impuestos que más daño causan son usualmente los que generan menos ingresos. Un impuesto del 70% sobre una actividad económica dada se convierte en una prohibición de facto sobre la misma, lo cual genera pocos sino nulos ingresos para el gobierno. Altos tipos impositivos también fomentan la evasión, el contrabando y la subfacturación.

De ahí que el economista Arthur Laffer diseñara un modelo (la Curva de Laffer) que explica cómo una reducción de los tipos impositivos hasta cierto punto genera un aumento en los ingresos del gobierno. Ese fenómeno ha sido comprobado con las reducciones en los tipos impositivos llevados a cabo en los sesenta y ochenta en Estados Unidos, y los noventa en Irlanda y España, por mencionar algunos casos.

Los que promueven un sistema tributario “a la europea” olvidan lo también dicho por Friedman, quien señaló que las naciones pobres deberían copiar “ Lo que hicieron los países para hacerse ricos, y no lo que hacen cuando ya son ricos”.En todo caso, si los países del Primer Mundo como Estados Unidos y los de la Unión Europea cuentan con sistemas tributarios con un alto grado de confiscación, es porque sus economías pueden soportar tal nivel de consumo del gobierno.

El desarrollo económico no depende de un solo factor o política pública. Si bien los europeos han adoptado políticas fiscales contraproducentes al crecimiento, en otras áreas continúan haciendo las cosas bastante bien. Por ejemplo, el estudio del Banco Mundial antes mencionado encontró que los países escandinavos, así como Estados Unidos y el Reino Unido, poseen las regulaciones más eficientes del mundo. Además, los países del Primer Mundo también tienen las mejores políticas monetarias del orbe, mientras que nuestra región cuenta con una lúgubre historia inflacionaria reciente. Finalmente, las instituciones como el Estado de Derecho y la propiedad privada se encuentran firmemente arraigadas en los países ricos, a diferencia de lo que sucede en América Latina.

Aún así, la pesada carga de niveles impositivos tan confiscatorios ha pasado su factura en las economías desarrolladas. El crecimiento económico de los países europeos se encuentra prácticamente estancado. Por ejemplo, el sector privado sueco no ha creado nuevos puestos de trabajo desde 1950. Otros países europeos se han enfrentado a esta dura realidad y han tenido que bajar sus cargas tributarias con el fin de reactivar sus economías letárgicas. Entre 1996 y el 2003, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, España, Portugal y Alemania han reducido considerablemente los impuestos.

De vuelta en América Latina, los tipos impositivos de la región no son bajas. El impuesto de renta corporativo promedio en la región es del 29%, al igual que el tipo más alto del impuesto sobre la renta individual. El impuesto al valor agregado (IVA), del cual provienen el 50% de los ingresos fiscales en Latinoamérica, promedia un 14.7%. Estos tipos son propios de naciones desarrolladas, y no guardan relación con el nivel de ingreso de la mayoría de los latinoamericanos.

Resulta paradójico además que Guatemala, uno de los países con la carga tributaria más baja de la región, cuente con tipos del impuesto de renta corporativo y personal claramente superiores a los de Brasil, la nación con la carga tributaria más alta. Ambos países cuentan además con un tipo de IVA que es similar. Esto demuestra qué tan viciado es el indicador de la carga tributaria.

Estos tipos impositivos elevados, aunados a las excesivas regulaciones, aumentan los “costos de legalidad”, es decir, los costos que implica mantener un negocio al día con todas las regulaciones e impuestos que demanda el Estado. Es así como se presenta un círculo vicioso: conforme más gente opta por la informalidad debido a los altos impuestos, los ingresos del gobierno disminuirán, por lo que habrá presión para que los tributos que se le cobran a los negocios formales sean más altos, lo que conducirá a mayor informalidad aún.

Quienes promueven el aumento de la carga tributaria en América Latina—lo cual es sinónimo de más impuestos—cometen además dos presunciones equivocadas; a) que el gasto estatal es más eficiente que el privado en satisfacer las necesidades de los individuos, y 2) que los ingresos fiscales se estancarán aun si la economía continúa creciendo.

Sobre el primer punto, es muy difícil que el gasto gubernamental resulte más eficiente que el privado, tanto por la dispersión del conocimiento a la que hiciera referencia F.A. Hayek, otro premio Nóbel en Economía (la gente sabe mejor cómo gastar su dinero que un político distante), como por los diversos incentivos en juego (una persona buscará el mayor retorno de su dinero mientras que un político o burócrata gastará el dinero ajeno de acuerdo a sus intereses políticos o sectoriales).

En cuanto a la segunda presunción, si el nivel de consumo de un gobierno permanece constante en el tiempo y la economía crece durante ese lapso, los ingresos fiscales aumentarán de igual forma. La proporción es la misma, pero el pastel—la economía—es más grande y, por ende, la tajada correspondiente al gobierno es igualmente más grande. Por eso, la mejor manera de engrosar las arcas del Estado es mediante el crecimiento económico sostenido, y no mediante más impuestos.

Es una lástima que organismos internacionales como el Banco Mundial y el BID promuevan políticas contraproducentes al crecimiento como un aumento de los impuestos en América Latina. En lugar de castigar los bolsillos de los contribuyentes latinoamericanos con más impuestos, los gobiernos de la región deberían enfocarse en aligerar el tremendo peso que han cargado sobre las espaldas de sus ciudadanos a través de políticas monetarias irresponsables, excesivas regulaciones, barreras comerciales, falta de acceso a la propiedad privada, y también, altos impuestos.

Juan Carlos Hidalgo

viernes, 21 de diciembre de 2007

¡Para destacar!


Costa Rica cerró con el déficit fiscal más bajo de los últimos 23 años: un 0,40% de la producción nacional (unos ¢50.000 millones).

Lo anterior, pese a que en el Presupuesto de la República para el 2007 el Gobierno había previsto un déficit de 2,3%.

El jerarca de esa cartera Guillermo Zúñiga señaló que el crecimiento de la economía y también la mejor recaudación de los tributos permitieron una mejora sostenida en las cuentas fiscales durante los últimos ocho meses.

En ASOJOD siempre hemos sido escépticos en cuanto a la necesidad de aumentar los impuestos como una forma para recaudar más dinero. De hecho el gran economista Arthur Laffer demostró como un aumento de la carga fiscal puede derivar en una menor recaudación, ya que los impuestos contraen al sector productivo que es al fin y al cabo de donde el fisco alimenta sus arcas. Por eso en ASOJOD le decimos NO a esos megaproyectos que desean gravar cada ámbito de vida de los costarricenses, en cambio le decimos SI a una mejor recaudación fiscal, SI al crecimiento del sector productivo, y sobre todo SI a un mejoramiento del gasto así como del cierre de programas gubernamentales que sólo alimentan a la burocracia y el clientelismo.

Falta mucho por hacer en estos campos pero hoy felicitamos al señor Guillermo Zúñiga como al ministerio que el precede por haber obtenido el déficit más bajo en los últimos 23 años, ya que la estabilidad económica es un requisito indispensable para alcanzar el desarrollo.