
Este incremento vendría acompañado por una mayor libertad en la investigación científica en células madres, lo cual acarrearía un mayor progreso en los descubrimientos científicos en esta área que podrían traducirse en beneficios como la mitigación de la leucemia, el cáncer, la diabetes y muchas otras. No obstante, a lo que deseamos referirnos es, sobre todo, a las opiniones en contra suscitadas por esta medida. Por ejemplo, el republicano John Boehner dijo que Obama "ha eliminado protecciones importantes para la vida inocente, dividiendo nuestra nación aún más en un tiempo en el cual necesitamos una mayor unidad para dirigirnos a los retos frente a nosotros”.
Otro ejemplo contra la terapia con células madres fue el Papa Juan Pablo II quien indicó: “La experiencia ya nos está mostrando como una coacción trágica de las conciencias acompañan el asalto sobre la vida inocente humana en el útero, llevando a la acomodación y la aceptación sobre otros males similares, como la eutanasia, el infanticidio, y más recientemente, propuestas para la creación de investigaciones sobre embriones humanos, destinados a su destrucción en el proceso”.
Estos ejemplos muestran que en el fondo del conflicto existe un problema de antropología filosófica, ya que lo que se discute es cuándo comienza la vida humana. Por tal razón, en ASOJOD queremos abordar las versiones según la cual el hombre sería “hombre” por razones espirituales o religiosas y otra que argumenta en contra de la terapia con las células madres ya que para ella la vida humana comenzaría desde la concepción biológica.
Generalmente desde la vertiente religiosa se consideraría que el embrión humano sería una persona desde la concepción, ya que estaría dotado de un alma (al menos en varias tradiciones religiosas en Occidente) lo cual sería su elemento distintivo para ser persona y, por ende, no sería ético experimentar con embriones. Sin embargo, esta visión tiene sus problemas. El primero y más importante es como dar evidencia de que el alma (si es que existe) verdaderamente “penetra” (todavía no quedaría claro si el alma siempre existe o si sería creada a la hora de la concepción) al cuerpo del embrión, otorgándole de esa forma su humanidad. También desde una concepción donde dios, se supone, es bondadoso y amoroso, no queda muy claro porque él decidiría darle un alma a un embrión desde su nacimiento cuando es bien sabido que existen muchos abortos naturales: cabría preguntarse si con eso no se estaría produciendo un desperdicio de almas. Es más probable pensar que la impregnación del alma ocurriría al menos cuando haya un mayor desarrollo del embrión, toda vez que de esa forma sería menos probable la pérdida de esa alma y así dios se evitaría un “infanticidio” de almas terrible. Otros problemas nos lo menciona Sam Harris cuando menciona que, durante el desarrollo de un embrión, es posible que este se separe en dos para dar origen a gemelos por lo que no estaría claro si en este caso el alma del embrión antes de la separación se “corta” en dos o da lugar a dos nuevas almas, Un problema similar ocurriría cuando dos embriones se fusionan para seguir en el desarrollo de un único embrión: ¿se fusionan las almas de los embriones o se crea una nueva? Así, la versión del alma incorpora todos los problemas del dualismo mente-cuerpo, sobre el cual la neurociencia nos va indicando poco a poco que en realidad cada vez es más difícil sostener esta posición (véase por ejemplo a Francis Crick, Mario Bunge, Daniel Dennett y Roger Penrose para distintas teorías sobre como explicar el origen de la conciencia desde causas naturales).
Suponiendo de que no se quiera argumentar desde la posición del alma, podría aducirse en contra de las células madres diciendo que la vida humana representa un continuo y por ende la humanidad de algo sería dado por una condición biológica que estaría presente desde la concepción. Aquí el principal problema sería el de precisar sobre cuál criterio biológico se estarían basando quienes están en contra de la terapia con células madre. Es cierto que desde un punto de vista genético, el embrión si pertenecería a la especie humana y en este sentido sería un humano, pero la similitud genética es condición necesaria pero no suficiente para ser considerado humano. Esto es así porque cualquier célula somática del cuerpo humano tiene un genoma completo y, bajo esta lógica, cada célula somática sería un ser humano. Entonces, es claro que también sería necesario un criterio neurológico para la condición de “humanidad” de algún ser, por cuanto, según la biología moderna, el lugar más plausible donde se desarrollaría la conciencia sería en el cerebro humano (ver referencias anteriores).
Así, buscando en el desarrollo del embrión, al parecer es hasta la tercera semana que comienza a desarrollarse las primeras conexiones neuronales en el embrión y mediante un principio de precaución alguien podría considerar que desde este momento podría aparecer algún grado de “self-awareness” en el embrión, que igual sería sumamente primitivo, debido a la simplicidad de sus conexiones neuronales. Sin embargo, las terapias con células madres utilizan generalmente embriones con no más de una semana de desarrollo, donde no han desarrollado ningún sistema neural por lo que sería casi imposible algún grado de conciencia por parte del embrión. Así las cosas, no habría problema en declararlo un “humano en potencia” si se quiere, pero no un humano al carecer de este criterio neurológico. Por ejemplo, un embrión de 3 días de desarrollo tiene cerca de 150 células mientras que el cerebro de una mosca tiene cerca de 100000 células por lo que en esta etapa es más arriesgado suponer que el embrión es más consciente que una mosca. O, por el contrario, si se deseare llevar el argumento al absurdo, podría decirse que es más humana la mosca por contar con más células.
Esperamos que con este artículo podamos ayudar a dilucidar por qué muchos de los argumentos en contra de la terapia con células madres en realidad son muy difíciles de sostener cuando se analizan a profundidad.