Mostrando las entradas con la etiqueta política fiscal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta política fiscal. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de septiembre de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: la política fiscal

Continúo mis comentarios, exponiendo un nuevo capítulo de ese libro de Friedman que tanto aprecio –Capitalismo y Libertad. En esta ocasión, resumo lo que considero es lo más importante que aquel pensador escribió en dicho libro, en cuanto a política fiscal.

Con anterioridad, Friedman había tratado ampliamente el tema fiscal en su obra de 1960, A Program for Monetary Stability, pero también acerca de él escribió otros dos artículos técnicos; a saber “A Monetary and Fiscal Framework for Economic Stability” en el American Economic Review, Vol. 38, No. 3 en 1948 y otro, bajo ese mismo título, el año siguiente en la revista Econometrica. 

Friedman señala que, desde la época del Nuevo Trato (New Deal) del presidente Roosevelt, la razón esencial para aumentar el tamaño del estado fue luchar contra el desempleo y, cuando esa política de agrandamiento del estado fracasó en reducir la desocupación, el nuevo fundamento fue la teoría de la expansión secular; esto es, asegurarse un crecimiento sostenido a largo plazo de la economía nacional. Para cuando escribía Capitalismo y Libertad, la justificación era que el gasto gubernamental sirviera como una rueda o volante que permitiera mantener la dirección (“a balance wheel”) de la economía, de manera que el gasto público aumentara cuando se redujera el gasto privado y viceversa, de forma tal que el gasto total permaneciera estable. 

Friedman señala que, más bien, ese volante se ha desbalanceado. Las razones para su apreciación son las siguientes: (1) muchos de los programas de gasto gubernamental entran en operación cuando ya han desaparecido las tendencias recesivas; (2) el apuro con que suelen aprobarse los programas de aumento del gasto gubernamental ante una baja en el ciclo económico, no se lleva a cabo con la misma rapidez para eliminarlos, una vez que son innecesarios o contraproducentes; (3) lo que dicha política ha provocado es un crecimiento sostenido de las actividades de gasto del gobierno federal de los Estados Unidos; eso, además, habría impedido cualquier reducción de la carga de impuestos federales; (4) con posterioridad a la segunda guerra mundial, el componente más inestable del ingreso nacional fue el gasto federal y en ningún momento esa inestabilidad se puso en marcha para compensar otros componentes del gasto; (5) si, bajo el concepto de “balance wheel”, se busca compensar a variaciones del gasto privado mediante aumentos en el gasto público, ello es también conceptualmente posible lograrlo mediante una reducción de los impuestos; (6) para compensar fuerzas indeseables que varíen el gasto personal, tal decisión tendría que hacerse con la debida antelación; el hecho técnico es que, dado el conocimiento actual, tal cosa no es posible de determinar y, más bien, la expansión del gasto ha agregado otra distorsión azarosa, al usarse como compensación de otro disturbio.

Finalmente, Friedman manifiesta 

“que el punto de vista, ahora ampliamente abrazado, de que un aumento en los gastos gubernamentales con respecto a las recaudaciones de impuestos es necesariamente expansivo y que un descenso logra una contracción… no puede ser demostrado tan sólo por consideraciones lógicas, nunca ha sido documentado por la evidencia empírica y, de hecho, es inconsistente con la evidencia empírica relevante que conozco.” (Milton Friedman, Capitalism and Freedom, Chicago: The University of Chicago Press, 1967, p. 79.).  

Me imagino que este comentario podría ser aplicado también al último intento en nuestro país de aplicar una política fiscal expansiva aumentando el gasto público, cuando la administración Arias Sánchez, a finales de la última década del siglo pasado, decidió aumentar el gasto estatal como forma para disminuir una desocupación, presuntamente derivada de la crisis internacional. Lo que más bien la aplicación de esa política ocasionó fue un aumento significativo del déficit fiscal, al elevar enormemente los gastos corrientes del gobierno, pero no redujo de manera importante -si es que acaso lo logró en algún grado- la tasa de desempleo del país.

Friedman reconoce en Capitalismo y Libertad acerca de la política anti-cíclica propugnada por John M. Keynes, que su análisis es “altamente simplificado”, obviamente en comparación con el efectuado en otros de sus trabajos, pero aprovecha para indicarnos que, en contraste con el concepto keynesiano del “multiplicador del gasto”, 

“el intenso trabajo empírico que ha hecho, en cooperación con sus estudiantes, para los Estados Unidos y otros países… sugiere fuertemente que el resultado final está más cerca del extremo de la teoría cuantitativa que del keynesianismo… Ello significa que un aumento en los gastos gubernamentales en comparación con su ingreso, no es expansivo en algún sentido relevante. Puede ser que agregue al ingreso monetario, pero toda esa adición es absorbida por los gastos del gobierno. Los gastos privados se mantienen invariables. Dado que es posible que los precios se eleven en el proceso, o que caigan menos que lo que de otra manera se esperaría, el efecto es lograr que los gastos privados sean menores en términos reales… Estas conclusiones no pueden verse como finales, se basan en el cuerpo de evidencia (en su época) más amplio y comprensivo.” (Ibídem, p. 84). 
 No hay duda que ese tema está y estará en la mesa de discusión por largo tiempo. Pero me he referido a él esencialmente para destacar el alcance y la profundidad que en este asunto, así como en otros, aún hoy día tienen los trabajos del profesor Friedman.

Jorge Corrales Quesada

martes, 20 de noviembre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: la próxima política fiscal de USA y posibles efectos sobre la economía costarricense

Al ser relecto, Obama deberá enfrentar la situación que en Estados Unidos se conoce  como el abismo fiscal (fiscal cliff en inglés). Lo más probablemente es que habrá un aumento sustancial en los impuestos de ese país, al volverse, a partir del primero de enero del 2013, a las altas tasas previas a la decisión del ex presidente Busch de reducirlas hace varios años. Pero este aumento de las tasas, del cual se excluiría supuestamente a los grupos de ingresos medios, no será suficiente para llenar el excesivo gasto público, lo cual también posiblemente va a requerir meterle un mordisco a las actuales exoneraciones tributarias. De esta manera el gobierno espera que la recaudación tributaria aumente sustancialmente.  

Aunque el desenlace de ese abismo fiscal también contiene un descenso significativo del gasto público, muy posiblemente lo hoy previsto será insuficiente para contener el enorme déficit estimado, por lo cual habrá presiones para que sea mayor la reducción del gasto gubernamental. Lo que es posible predecir es que este importante ajuste en las finanzas estatales dará lugar a un descenso importante en la tasa de crecimiento de la economía estadounidense. En resumen, en el 2013 e incluso durante un par de años más, además de preverse un menor crecimiento económico y posiblemente una recesión, habrá un alza importante en los impuestos de ese país y algún grado de reducción del gasto público, si es que efectivamente se pretende lograr algún grado de estabilidad en la economía, al menos en el largo plazo.

Estas decisiones de política fiscal tendrán un efecto interesante sobre la economía costarricense, que en los últimos años se ha visto estimulada por una fuerte inversión extranjera proveniente de los Estados Unidos, no sólo como medio de generación de divisas por exportaciones, sino para la creación de empleo.  Ello ha sido especialmente significativo en el marco de un crecimiento débil, como máximo, de la economía costarricense como un todo, durante los últimos tiempos.

Si aumentan los impuestos en Estados Unidos en la forma en que se ha previsto, probablemente provocará una salida de los capitales de ese país hacia naciones en donde el tratamiento tributario sea más favorable. Este flujo es de esperar que sea más importante hacia países que permitan un acceso relativamente barato hacia aquella economía. Con los mayores tributos, especialmente a las ganancias de capital y a las utilidades de las empresas, los rendimientos de las firmas en los Estados Unidos se verán reducidos significativamente, por lo cual los capitales buscarán otros sitios en donde el rendimiento neto después de impuestos resulte ser mayor. Costa Rica, hoy en día, cumple con los requisitos que permitan brindar ese acceso comercial relativamente expedito y económico hacia los Estados Unidos. Asimismo, con base en la experiencia observada en los últimos años, las empresas extranjeras que se ubican en el país, parecen haber logrado una estructura de costos tal, que les permite ese grado de competitividad necesaria en una economía globalizada. En resumen, Costa Rica, si bien compite con otras naciones en condiciones  similares en cuanto al tratamiento tributario de la inversión extranjera, posee un atractivo particular como es su proximidad al mercado estadounidense, lo cual la convierte un lugar al cual las empresas estadounidenses pueden llevar a cabo sus inversiones, sin tener que incurrir en los mayores impuestos que se proyectan en aquel país.
 
Por otra parte, el paquete recesivo que probablemente se aprobará en este segundo mandato del presidente Obama, ocasionará un descenso en el crecimiento de la economía estadounidense, lo cual se reflejará en una disminución de los ingresos de sus ciudadanos. Al bajar los ingresos de los consumidores estadounidenses, el efecto mundial es claro: habrá un menor gasto en importaciones de aquel país, con lo cual Costa Rica, entre otras naciones, verá disminuidas sus posibilidades de exportación.

Nos enfrentaremos, en mi opinión, ante dos fuerzas opuestas: un mayor atractivo  para la inversión estadounidense en Costa Rica y un descenso en la demanda de nuestros productos de exportación hacia los Estados Unidos.  Cuál de las dos será más poderosa, será cuestión de verlo con el paso del tiempo. Por supuesto, que de igual manera está por ver el posible efecto en el tipo de cambio, que en mucho dependerá de estas dos fuerzas en contraste.

Jorge Corrales Quesada

martes, 4 de septiembre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: comentarios fiscales

En días recientes, en ocasión de la presentación del presupuesto de la República para el próximo año, el Ministro de Hacienda Ayales hizo pronunciamientos importantes que merecen toda consideración. En primer lugar, se nota un esfuerzo por reducir el crecimiento del gasto público, al menos el del gobierno central. En segunda instancia, se deberá apoyar el esfuerzo gubernamental de poner algún grado de orden en las remuneraciones de los empleados públicos de la mayor parte del estado costarricense. Estas dos son razones poderosas para mantener algún grado de optimismo de que las cosas en el orden fiscal podrían ir por un camino mejor, a diferencia de lo que hasta ahora ha sucedido con este gobierno.  Pero, a riesgo de que no gusten opiniones que divergen de la oficial, tal como en cierto momento lo expresó el Ministro Ayales en el programa de doña Amelia Rueda, quiero hacer mi comentario, en el contexto más general de buscar efectivamente que se logre un ordenamiento de las finanzas públicas del país.

El paso dado del presupuesto enviado recientemente parece ser el apropiado.  Sin embargo, sigue siendo insuficiente para quitarnos de encima el fardo de un presupuesto deficitario en alto grado. Debe tenerse presente que la oposición política representada en la Asamblea Legislativa ha sido altamente magnánima en el ámbito financiero con este gobierno. No se si en privado, como a veces sucede, así se lo agradecieron los funcionarios del actual gobierno. Pero, si al menos lo hicieron en público, fue poquito lo que se habló de la enorme cantidad de recursos obtenidos, que dispondrá el gobierno proveniente del endeudamiento con el exterior, en que incurrirá el ciudadano costarricense por la voluntad legislativa. En sencillo, me atrevo a decir que el gobierno ya tiene, con ese endeudamiento externo, los recursos requeridos para salir del apuro financiero, que de no existir lo habría obligado a reducir significativamente el gasto público, a fin de poder emparejar las cuentas fiscales.

Lo expuesto significa que, con esa nueva circunstancia, han cambiado los incentivos para que el gobierno ponga sus finanzas en orden. Esto hace más meritorio el esfuerzo señalado del Ministro de Hacienda para reducir el crecimiento previo tan abultado del gasto estatal, al menos en aquella relativamente pequeña porción que del total significa el del gobierno central.

Un factor importante que juega en nuestra actualidad fiscal, y recordado constantemente por el Ministro Ayales, es lo sucedido en muchas de las economías europeas, a causa de un exceso de gasto gubernamental destinado a suplir cuantas cosas se les puede ocurrir a los grupos de presión. Estos esgrimen tener el derecho impostergable e indeclinable a cualquier ocurrencia, sin pensar en que son las personas quienes deben trabajar para conseguir lo que pueden desear obtener.  Alegan que se tiene un “derecho” sobre la más diversa gama de bienes y servicios y privilegios, que de alguna manera debe ser satisfecho mediante la acción pública; esto es, acudiendo al gasto público. Eso en mucho ha provocado los enormes déficits fiscales de ciertas naciones de Europa. Ahora, al tener que tomarse medidas para arreglar la grave situación, casi que el costo es la defunción de sus economías. Salarios gubernamentales desproporcionados y muy superiores a los que se pagan por labores similares en la actividad privada; regímenes de pensiones a burócratas totalmente desfinanciados, que ante el insuficiente aporte de sus beneficiarios, últimamente son cargados sobre los presupuestos públicos; pocas horas laborales y largas, muy largas, vacaciones para los empleados públicos, son otros ejemplos del abuso. Pero también el gasto público se utiliza en mantener monopolios estatales ineficientes o empresas poco competitivas internacionalmente.  Ni qué se diga de ciertos tratamientos especiales en el sector bancario de esas naciones, que ahora buscan que en el riesgo privado en que incurrieron y que muchos les dio en su momento, sea ahora cargado tributariamente sobre las espaldas de cada trabajador de sus países.

Los políticos de hoy se han podido dar cuenta del alto grado de culpa que en esa situación han tenido políticos anteriores. Políticos de todos los colores, pero, en verdad, principalmente de lo que conocemos como social-demócratas o socialistas europeos, quienes, proclives al gasto, ideológicamente se aferraron a aquella idea de un estado que protegiera a los individuos “desde la cuna hasta la tumba”, con lo cual les cercenaron la obligación que tenían de lograr su bienestar mediante su esfuerzo propio. Al caerse las finanzas públicas en esas naciones europeas, al haberse agotado el expediente de acudir a la deuda externa para obtener fondos, pues ya nadie les quiere prestar barato para que puedan seguir en la gastadera sin límite, tienen que poner en orden a su economía, lo cual, sin duda, que será algo doloroso. Sólo así podrán sobrevivir como naciones.

Si esa experiencia europea sirve de lección en nuestro medio, debemos aprender ya que la solución a nuestro problema fiscal no pasa por seguir acudiendo al endeudamiento externo, como hemos hecho recientemente, pues en un momento dado dejaremos de ser “sujetos de crédito” adecuados, además de que tendremos que pagar lo que se nos ha prestado. También hemos de aprender que la solución no va por aumentar los impuestos, principalmente a quienes son los mismos que siempre deben pagarlos. No entiendo cómo todavía se tienen dudas acerca de las razones de nuestro relativamente poco crecimiento interno (no de la inversión externa, afortunadamente exenta del pago de muchos impuestos), si aún persiste en el país una enorme incertidumbre entre los ciudadanos privados, quienes temen más impuestos, mayores alzas en las tasas de interés y posiblemente inflación a cierto plazo. Todo ello por el mal manejo fiscal de un gasto dispendioso. Lo cierto es que nuestro sector privado mira con perplejidad el futuro de la economía y teme realizar sus decisiones de ahorro e inversión, en tanto persista ese mal manejo de las finanzas del estado.


En particular, el esfuerzo del Ministro de Hacienda para poner cierto orden en las remuneraciones del sector público debe ser apoyado. Quienes en esa tarea le apoyamos, a pesar de ser casi conversos a un escepticismo pleno, sentimos que es necesario advertir que es, en ningún momento, la propuesta de reforma a las remuneraciones en el sector público se han de traducir en un mayor gasto gubernamental. Hemos visto como, en nombre de la reducción del gasto, se termina negociando uno mayor con los grupos sindicales del sector público, a fin de lograr que acepten alguna propuesta. Si se trata de reducir privilegios, que sea hacia abajo y hacia el promedio. Privilegio es privilegio, tanto en los altos como en los bajos. Si no se pueden eliminar, entonces reducirlos al mínimo posible. Lo esencial es evitar el maléfico camino fiscal europeo, de cuyos daños ya estamos enterados.

Jorge Corrales Quesada

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Flash Legislativo


La semana anterior, la Fracción del Movimiento Libertario presentó dos nuevos proyectos de ley tendientes a garantizar la responsabilidad fiscal del Gobierno. Se trata del Expediente N° 17.867, que procura reformar el artículo 176 de la Constitución Política para impedir el financiamiento de gasto corriente con deuda y el Expediente N° 17.868, Ley de Responsabilidad Fiscal, que busca establecer una serie de reglas y sanciones para el manejo financiero de los Presupuestos Públicos.

En ASOJOD celebramos que se intente poner límites al gasto público y al despilfarro de recursos que hacen los gobiernos de turno y que sólo sirven para aumentar la corrupción, el clientelismo y justificar la posterior voracidad fiscal.

Ya es hora que los gobernantes tengan que sujetarse a reglas claras y sepan que no pueden estar por encima de la ley ni pueden generar un desorden en las finanzas públicas sin que hayan consecuencias legales en su contra. Ya es hora de que el gobierno vuelva a ser responsable ante los ciudadanos y preserve los recursos que los individuos crean mediante su trabajo y capacidad.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Tema polémico: el alza en el desempleo


La nueva Encuesta de Hogares nos trae malas –pero esperadas– noticias:el desempleo ha aumentado en el último año. Mientras que en el 2008, el desempleo afectaba al 4.9% del total de la fuerza de trabajo, este año la cifra se disparó a un 7.8%. Por supuesto que la crisis internacional ha sido un factor relevante para dicho aumento, pero no el único. Aunque el Gobierno procure lavarse las manos, atribuyendo dicho crecimiento en el desempleo a causas exógenas, lo cierto es que en ASOJOD creemos que el statu quo en Costa Rica también es responsable de la situación, en particular, al obstaculizar el clima para hacer negocios y el emprendedurismo. Por ello, queremos aprovechar este Tema polémico para presentar presentar algunas propuestas que servirían a impulsar dichos rubros y, por tanto, generar mejores condiciones de vida en nuestro país.

En primer lugar, como lo hemos venido diciendo en anteriores ocasiones, la inseguridad ciudadana desincentiva la inversión en el país, tanto de empresas nacionales como extranjeras. Nadie va a querer arriesgar su capital si no hay garantías en el cumplimiento de la ley y en la protección de la propiedad privada.

En segundo lugar, hay que tener una política económica sensata. Las empresas tampoco van a invertir si existe una irresponsable emisión de moneda que cree inflación y aumente periódicamente sus costos y disminuya sus ganancias. Asimismo, se debe iniciar el camino a la dolarización, no sólo como mecanismo para impedir al Banco Central manejar la oferta monetaria, sino también, para compatibilizar las transacciones, pues gran parte de ellas ya se hacen en dólares (alquileres, precios de casas, carros, servicios, etc.) pero las personas ganan en colones.

Como bien se sabe, la inflación es el más cruel de los impuestos, ya que afecta más fuertemente a los trabajadores, que ven con cada día que pasa, reducido el poder adquisitivo de sus salarios. Además la inflación afecta la posibilidad de adquirir créditos a tasas bajas y por periodos de tiempo extendidos, dificultando la ampliación o creación de negocios existentes.

A la par de esto, es necesario consolidar la apertura en servicios como telecomunicaciones, electricidad, suministro de agua y seguros, pues los precios y calidad actuales no permiten la competitividad de las empresas instaladas en suelo costarricense. Al mismo tiempo, con la ruptura de monopolios y la eliminación de barreras a la libre competencia, tanto los usuarios empresariales como residenciales, se beneficiarán obteniendo mejor calidad y a un menor costo, con diferentes opciones a donde escoger, de acuerdo con sus necesidades y preferencias.

En el mismo orden de ideas, hay que convertir a Costa Rica en una gran zona franca, dando un trato igualitario a todas las empresas como una forma de respeto al principio de igualdad ante la ley y Estado de Derecho básico, con el fin de abolir privilegios mercantilistas y aumentar la competitividad del país, para poder atraer más empresas y potenciar a las fundadas acá. Junto con esto, se requiere una apertura más agresiva al mercado internacional, tanto mediante la eliminación unilateral de aranceles para facilitar la importación, como por medio de la negociación con otras naciones para conseguir una entrada más beneficiosa de las exportaciones. Pero, sin dejar de lado, que la apertura comercial no debe limitarse únicamente a bienes y servicios, sino que también debe incluir libertad de movilización de capitales y fuerza de trabajo.

De igual forma, el tema fiscal se erige como fundamental para facilitar la creación e instalación de empresas. No es lo mismo tener que pagar un alto porcentaje en impuestos que una tasa más competitiva, como lo han demostrado Irlanda, República Checa, Singapur, entre otros. De ahí que se torne necesario avanzar hacia una simplificación y reducción de las tasas impositivas mediante el establecimiento de un flat tax bajo, generando con ello un clima favorable para el empresario y evitando la evasión fiscal, pero en especial, salvaguardando la propiedad privada de los individuos que, día a día, producen riqueza.

En cuanto al tema de trámites, es fundamental eliminar gran cantidad de trámites, permisos, licencias, etc. que sólo desincentivan la inversión y el emprendedurismo y, al mismo tiempo, son terreno fértil para la corrupción. No puede tolerarse que, en nuestro país, se tarde más de 150 días para montar un negocio y que, con este tipo de prácticas, se limite la oportunidad a cientos de personas que quieren empezar su emprendimiento o desean invertir sus recursos en actividades productivas.

Respecto a la parte laboral, hay que reconocer que la rigidez anticuada del Código de Trabajo debe de ser reformada, toda vez que vivimos en un mundo dinámico y cambiante que requiere que, tanto patrones como trabajadores, tengan la posibilidad de establecer las condiciones laborales que mejor se adapten a sus situaciones particulares, especialmente garantizando la libre contratación y despido, así como la libre movilidad laboral, acuerdos en que sólo deben intervenir las partes y no el Estado.

Como puede observarse, es mucho lo que hay que hacer y todavía faltaría detallar más propuestas. Pero son quizá estas las más importantes y las que mayor impacto tendrían si se quiere atacar el problema del desempleo. No es contratando gente para que caven huecos y luego los tapen (típica política keynesiana) que se resuelve este asunto; es eliminando la intervención del Estado y las grandes trabas que hoy afectan a los empresarios y consumidores, que la situación puede mejorar.