
En la primera entrega de nuestra nueva sección "Tema polémico", hemos querido abordar, a propósito del ambiente de inseguridad en que vivimos en Costa Rica actualmente, el tema de la posesión de armas de uso individual o discriminatorio, es decir, aquellas armas operadas por una persona que puede determinar hacia quien dispara (por tanto, se excluye armamento de destrucción masiva, toda vez que con su uso no puede decidirse a quien se agrede, sino que su efecto es de carácter expansivo).
En ASOJOD defendemos que sea el Estado la única institución capacitada para ejercer la coacción física de forma legítima, ya que permitirle a las personas hacerse justicia por su cuenta, de manera organizada o individual, sería como tolerar la formación de bandas de fascinerosos y rufianes que hagan imperar la ley del más fuerte. Sin embargo, apoyamos el hecho de que los ciudadanos posean armas o compren servicios de seguridad privada para proteger su propiedad,siempre y cuando tanto las armas como las empresas cumplan reglas previamente establecidas, razonables, claras y no discriminatorias. Esa actitud surge de la obvierdad de que las fuerzas policiales no pueden estar en todo momento para evitar las fechorías de algunos inadaptados, lo cual hace necesario que los individuos busquen protegerse.
El derecho a la posesión de armas va aparejado con dos derechos elementales del ser humano: vida y propiedad, dentro de un matiz de protección de ambos, puesto que el derecho a la vida y a lo que el ser humano ha obtenido con su actividad (propiedad) es entera y exclusivamente suyo. En ese sentido, también lo es el derecho a defenderlas, no importa si lo hace por su propia cuenta o si contrata a alguien para hacerlo. Pero ese derecho a la defensa debe ser muy claro: únicamente es ejercitable en el sentido reactivo, es decir, para defenderse de una agresión o de una violación a sus derechos, pero no de manera proactiva, es decir, para iniciar el uso de la fuerza contra otro individuo. Así se evita que la sociedad esté conformada por esas bandas de rufianes y fascinerosos que mencionamos al inicio.
Otra razón para defender la posesión de armas es que ellas, per se, no son las causantes de las muertes o heridas, sino que estas son provocadas por individuos que no tienen la capacidad mental o los conocimientos técnicos para usarlas o por individuos que desean cometer violaciones a los derechos de otros individuos. Si la justificación para impedir la posesión de armas es el alto número de accidentes o de muertes provocados por los individuos que las manipulan, entonces también habria que prohibir el uso y/o posesión de automóviles y motocicletas. En Costa Rica para nadie es un secreto que la mayor cantidad de muertes violentas se dan en nuestras carreteras pero no vemos a los enemigos de la libertad de poseer armas enarbolar la bandera de la prohibición vehicular. Esto es así por razones obvias: el automóvil o la motocicleta nos permiten desplazarnos a largas distancias en menor tiempo y así poder dedicar nuestros recursos a actividades más productivas.
Ahora bien, las armas también nos brindan una facilidad: proteger nuestra vida y propiedad, lo cual da el incentivo de seguir produciendo riqueza. Y tanto armas como vehículos comparten como característica que si bien son potenciales causantes de dolor, el problema no es culpa del arma ni del carro, sino de quien los manipula: borrachos, incapacitados mentales, imprudentes, temerarios, idiotas, etc. Por eso, para ASOJOD sólo deben haber dos requisitos para poseer y/o utilizar armas de fuego: tener un seguro que cubra en caso de accidentes por mala manipulación y excluir de su uso a personas de comprobada incapacidad mental y psicológica. Por lo demás, cualquier otro requisito es una forma de limitar la libertad individual. Probablemente se dirá que requisitos y controles más fuertes impedirán que los delincuentes adquieran armas, pero los defensores de esta última tesis lo que olvidan es que los delincuentes operan fuera de la ley, lo cual significa que, de todos modos, incumplirán los requisitos, mismos que se convierten en un obstáculo para que la gente decente pueda defender su vida o propiedad.
En un escenario como el costarricense, en ASOJOD consideramos necesario defender el derecho a la posesión de armas y a su uso en legítima defensa, pues nuestras autoridades han sido muy complacientes con los delincuentes. Los costarricenses, así como cualquier otra persona en cualquier parte del mundo, tiene el derecho de proteger su vida, la de sus seres queridos y las posesiones que, honradamente, adquieran. Se debe escoger de qué lado se está: del lado de la gente decente que quiere proteger lo suyo o del lado de los que toleran la delincuencia. En ASOJOD ya hemos tomado una decisión: del lado de la gente decente.