
He de confesar que el jueves 19 de abril, cansado, yo estaba dormido mientras sucedió. Pero me dicen que al menos San José jamás ha estado tan cerca del sueño de algunos como esa noche: ¡se parecía tanto a La Habana!, pero a la Castro, claro... estaba a oscuras.
Y en previsión de la tan anunciada repetición del magno evento, la ciudadanía se ha lanzado, más que a la compra, a la caza de candelas, focos y baterías, como en “los tres días de oscuridad” aquellos, ¿se acuerdan? Solo que, a diferencia de entonces, la precaución no es causada por una oscurantista predicción pseudoteológica, sino por una clara imprevisión tecnológica, y así la oscuridad de hoy no nos vendría del cielo, como la de ayer, sino que nos viene del ICE, del que se dice es patrimonio de todos los ciudadanos, pero de cuyos privilegios solo gozan sus empleados.
Los demás, clientes obligados de esta estatal empresa, no contamos mucho para ella, y más que sus dueños, somos sus súbditos: pagamos alcábalas por servicios que recibimos mal o no recibimos del todo, pero a todos nos recetan la cantaleta de que esa institución es un modelo de logro social, cuando, en realidad, su monopolio nos fue impuesto por un gobierno dictatorial (Decreto N.º 449 de la Junta Fundadora de la Segunda República, 8 de abril de 1949).
De pérdidas y solidaridad. Impuesto y sin aviso, como nos lo ha sido el ya célebre apagón del jueves. Es más, “el apagón” por antonomasia –como ya se le llama popularmente en alusión a su territorial proporción– y que dejó al menos $10 millones en pérdidas a la industria, pues las del comercio son incontables y las de la ciudadanía –¿el pueblo?– bueno, esas ya se sabe que no le importan a nadie... y menos a los “compañeros iceístas” (¿?), tan solidarios siempre con sus usuarios.
Ante la situación, hecho consumado, los voceros del ICE se desgastan en aclaraciones que más bien confunden, razones que más parecen irracionales pretextos y manifestaciones que serían cómicas si no fuera por lo trágico que representan: la incapacidad de nuestras llamadas autónomas para solucionar nuestros subordinados problemas, de mínima convivencia civilizada, con eficiencia.
Inventiva no les falta. Y mientras se aclaran los nublados de la nefasta noche, los cabezas calientes de siempre ya andan diciendo en frío que todo esto es un boicot, mas no de las transnacionales interesadas en nuestro gigantesco mercado interno (¡ja!), sino del mismísimo señor Presidente de la República, interesado en desprestigiar al ICE –como si se pudiera más– para causar su privatización y vender así esa “joya de la abuela”...
Como se ve, inventiva no les falta a los partidarios de las interpretaciones conspirativistas de los errores institucionales, sean estos técnicos o burocráticos.
En su afán encubridor, de seguir este racionamiento que tanto nubla el razonamiento como se ve, pronto dirán los mismos, en su fanatismo, cuán poderoso es nuestro Presidente, que le bastará mover un dedo para dejarnos a oscuras en el momento mismo del referendo que se avecina, sin contar con que lo que ya está encima en realidad son más y más apagones que, desde ahora, acostumbrémonos; es posible que pasen a ser oscuro patrimonio –ahora sí– de todos los costarricenses.
Andrés Fernández, tomado del periódico La Nación
