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viernes, 16 de enero de 2009

Viernes de recomendación


Para estos tiempos de crisis, donde las ideas progresistas resurgen con toda su fuerza como la solución mágica, en ASOJOD queremos ofrecerles un interesante artículo de Roger Scruton, titulado La hegemonía actual de la izquierda progresista, que revela claramente la forma en que la "academia", el clero y los medios de comunicación se han prestado para la charlatanería y el adoctrinamiento con las ideas "políticamente correctas".

Para quienes hemos tenido la oportunidad de estudiar en la Universidad de Costa Rica, este texto viene a confirmar lo que ya sabíamos: el sesgo progresista, irrespetuoso de la libertad y la individualidad con que muchos cursos se imparten. Ese mismo sesgo se refleja claramente en los distintos medios de comunicación (incluyendo a Repretel y a Teletica) y ni qué decir de los discursos de los "curitas con fusil", como bien les llama Carlos Alberto Montaner

sábado, 22 de diciembre de 2007

La iglesia, las desigualdades y el error


Desde hace siglos la Iglesia Católica le tiene declarada la guerra a las desigualdades. En América Latina esa batalla es especialmente intensa. En Costa Rica, los obispos y unos cuantos sacerdotes estuvieron a punto de hacer fracasar el referéndum que discutía el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El argumento más utilizado era que esos acuerdos beneficiaban a los ricos en detrimento de los pobres. Si se firmaban, alegaban, aumentarían las diferencias entre los afortunados y los desposeídos. No era verdad, pero mucha gente lo creyó. Desposeído es una palabra que les encanta a ciertos religiosos. Tiene mucho gancho. Transmite la curiosa idea de que alguien les ha quitado a los pobres algo que tenían o que debían tener.

Quien más ha hecho para establecer una rigurosa medición de la desigualdad es un matemático y estadístico italiano llamado Corrado Gini, muerto en 1965. En 1921 Gini publicó un breve artículo de apenas tres páginas sobre la desigualdad de los ingresos en las naciones y estableció una metodología para ponderar las diferencias. Dividió al conjunto de la sociedad en cinco partes y calculó qué fragmento del ingreso le correspondía a cada quinto. Con esa información construyó un índice en el que 0 sería la absoluta igualdad (todas las personas tenían el mismo ingreso), y 1 la absoluta desigualdad (una sola persona acaparaba todos los ingresos).

Gini, como muchos de sus contemporáneos, entonces bajo la influencia de Mussolini, era un corporativista que tendía a percibir y a clasificar a la sociedad en estamentos. Pensaba que existía una base científica para el fascismo y escribió un libro para demostrarlo. Sin embargo, su Coeficiente Gini llegó a convertirse en la prueba objetiva de si una sociedad era justa o injusta. Y, en alguna medida, algo de eso era cierto: su índice demostraba que las sociedades escandinavas, absolutamente dominadas por los sectores sociales medios, estaban situadas entre 0,2 y 0,3 y eran las menos desiguales del planeta, mientras las latinoamericanas y africanas, caían, casi todas, entre 0,5 y 0,7. Eran las más injustas.

¿Por qué los latinoamericanos, después de cien revoluciones, mantienen esos niveles de desigualdad? La Iglesia piensa que el fenómeno es producto de la injusta distribución de la riqueza, pero no es verdad. La desigualdad de ingresos es la consecuencia de las diferencias en educación, procedencia (urbana, rural), la estructura familiar y la debilidad del tejido productivo en donde las personas devengan un salario. En sociedades que cultivan bananos, café o azúcar, sin agregarle valor a la producción, los trabajadores son terriblemente pobres.

Sencillamente, las sociedades menos desiguales son aquellas en las que los trabajadores reciben altos salarios porque producen bienes o servicios valiosos. Un obrero de Volvo puede percibir treinta dólares por hora trabajada porque construye unos autos que tienen un alto precio en el mercado. Gana mucho porque produce mucho, no porque los suecos sean más justos. En cambio, no hay manera de que un campesino haitiano reciba un salario decente por cortar caña con un machete.

¿Cómo se construye una sociedad menos desigual? Obviamente, por el mismo procedimiento que se construye una sociedad desarrollada. En el terreno interno, con educación, honradez administrativa, políticas públicas adecuadas, meritocracia, paz social, trabajo fuerte, acatamiento de la ley, un buen sistema judicial capaz de dirimir los conflictos, respeto a la propiedad y estímulo al ahorro nacional. En el plano internacional, sirviéndonos de las posibilidades de la globalización: atrayendo inversiones y transferencias tecnológicas extranjeras, manteniendo un intenso comercio internacional y multiplicando los contactos con el primer mundo.

Donde no existe la menor posibilidad de mitigar las desigualdades es con la receta que suele proponer la Iglesia: colocar el acento en el asistencialismo y redistribuir la riqueza creada entre los necesitados. No es por ahí por donde van los tiros. No hay ningún país que haya dado el salto a la modernidad y al desarrollo tomando ese camino. Es asombroso que tras dos mil años de existencia una institución tan sabia y tan bien intencionada no acabe de aprender la lección. Pero lo peor no es que incurra en un error intelectual, sino que con esa actitud suele hacerles un daño terrible a quienes desea proteger. En Costa Rica estuvieron a punto.

Por Carlos Alberto Montaner

sábado, 22 de septiembre de 2007

Problemas no resultos


Parece que nuestro país sigue siendo incapaz de combatir el embarazo entre las adolescentes, ya que los mismos han aumentado en un 25% entre los últimos años. No vale la pena en estos momentos repasar todos los males que esta situación trae no sólo para quienes la viven en carne propia, sino también para el resto de la sociedad.

En ASOJOD hacemos un llamdo para que se de un verdadero debate nacional respecto a este tema, del cual puedan surgir propuestas concretas en materia de educación sexual, y más importante aún, esperamos que esta vez la Iglesia no meta sus garras en el tema como ocurrió con las famosas guías de educación sexual ya que hoy estamos recogiendo los frutos de dicha intervención. Soluciones, propuestas y una mente abierta es lo único que nos puede sacar de este hueco, en cambio el oscurantismo mediaval y la visión pecaminosa del sexo sólo nos pueden terminar sepultando.

miércoles, 11 de julio de 2007

¡Soberbia!


Ojalá la siguiente noticia pudiera ser calificada con el adjetivo de sorpresiva, pero desgraciadamente mas bien parece que estas prácticas se están volviendo costumbre. Resulta ahora que el Papa Benedicto XVI ha declarado que el catolicismo es la "Única y Verdadera iglesia de Cristo."

En ASOJOD nos preguntamos cómo es posible que en una iglesia exista tanta arrogancia para hacer declaraciones de este tipo, parece que a los mismos iluminados de la palabra se les ha olvidado que la soberbia es un pecado capital. Ya es sabido por todos que lo referente a la religión y a dios, son cuestiones de fe, de dogma de creer y no preguntarse, son cuestiones alejadas de toda racionalidad o método científico. Por eso la discusión de quién es la verdadera iglesia y quién no lo es, es totalmente absurda.

Lo mejor que podemos hacer es reconocer que una religión como otra son igual de válidas, ninguna tiene una forma de demostrar su veracidad sobre otra, ya que repetimos es una cuestión de fe, por tanto ante los distintos gustos de los seres humanos por una u otra creencia no cabe otra posibilidad que: la de la tolerancia.

Definitivamente es triste ver cuando alguien se proclama el portador absoluto de la verdad, especialmente cuando dicha verdad no puede ser probada a través de ningún método racional.

sábado, 7 de julio de 2007

¿Fe monopólica?


Hoy sale en La Nación un artículo titulado "Papa: única Iglesia de Cristo es la Católica", en el cual se informa que el Vaticano se propone emitir un documento donde reitera la declaración Dominus Iesus del año 2000. La tarea estará a cargo de la famosa Congregación para la Doctrina de la Fe, la cual fue dirigida por el cardenal Ratzinger antes de ser nombrado Papa. Su objetivo, dice el artículo periodístico, es "combatir el relativismo eclesiológico, según el cual todas las iglesias cristianas tienen el mismo grado de verdad o que cada una de ellas no tiene más que una parte de esa verdad".

¿Qué podía esperarse de la Iglesia? Nada serio, por supuesto. La fe es contraria a la razón, de eso estamos convencidos. Y bueno, cada quien es libre de pensar lo que quiera. Pero como si los disparates eclesiásticos no fueran suficientes, ahora Benedicto XVI viene a decirnos que la Iglesia Católica tiene el monopolio de Jesús, del bien y de la sabiduría. Y con esto no queremos defender a las demás iglesias, sino atacarlas pues destinan su tiempo y recursos (y los de sus fieles) en discusiones tan metafísicas que, como Popper indicara, son totalmente ajenas a la ciencia. Pero en fin, nada más ridículo que arrogarse el monopolio de algo que ni siquiera saben si existe o no. Si Dios existe, todo monopolio es malo, por lo cual lo condenamos. Si no existe, las iglesias están haciendo el ridículo. Y no se vale decir que si la Iglesia ha subsistido por más de 2000 años y tanta gente alrededor del mundo cree en Dios, en ASOJOD estamos equivocados. No se vale precisamente porque eso es una doble falacia: ad numerum (creer en algo sólo porque un gran número de gente lo cree) y ad ignoratiam (creer que algo es verdad sólo porque aún no se ha demostrado lo contrario, que en este caso, no debe confundirse con el principio jurídico de que se es inocente hasta que se pruebe lo contrario).

Pero, estimados amigos y amigas de ASOJOD, eso no es lo más irracional. Entre las intenciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe se plantea restituir las misas en latín. Ahora sí la sacaron del estadio: si ya de por sí mucha gente no comprende las misas (que dicho sea de paso, son algo de lo más aburrido que hay, por eso no es de extrañar que muchos "feligreces" se duerman durante la ceremonia), ahora los van a poner a escucharla en una lengua muerta para que sean casi nulo el número de quienes comprenden. Horror de horrores, ahora las iglesias se van a convertir en una especie de bed and breakfast pero sin breakfast.

¿Dónde radica el problema de fondo? Que el Estado costarricense financia a la Iglesia Católica. El presupuesto de la República para el ejercicio económico del 2007 establece que el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto dispone de una partida de 260.7 millones de colones para las temporalidades de la Iglesia.

Sí, estimados lectores, nos están cobrando por la salvación pues ese dinero sale de nuestros bolsillos. Por eso, si en ASOJOD repudiamos cualquier forma de sacarle el dinero a los tax payers (exceptuando las tasas, porque en esos casos el ciudadano recibe un servicio a cambio), rechazamos con mayor fuerza cuando esa sustracción se fundamenta en motivos tan irracionales como mantener a la Iglesia y su gente.

Y no se preocupen, si al final existe infierno, estamos seguros que si merecemos irnos allá por nuestras críticas a la Iglesia, veremos a los mismos curitas quemándose en el fuego eterno por estafadores

lunes, 2 de julio de 2007

Monseñor: me acuso de ser liberal


Vengo a ti, obispo emérito, para acusarme de ser liberal. La santa Iglesia me ordena que mínimo una vez al año acuda a un sacerdote para confesar mis más bajas actuaciones del instinto humano. Mucho he pecado, amado pastor, pero me germinan dudas sobre mi pecado liberal, que, de acuerdo con su convicción emérita, es el más nefasto de mis actos. Sí. Soy liberal.

No sé qué maquinación satánica envolvió mi alma arrastrándome a creer en esa doctrina que me permitió la libertad, y esa maldita libertad me impulsó, cual huracán, a pensar. Sí, he pensado.

Y por medio de esa facultad poco usual entre los de nuestra especie, llegué a la conclusión de que la libertad del ser humano es el mayor de los tesoros: libertad para pensar, decir, actuar, elegir. Y la razón me ha dictado que la libertad absoluta no existe, que los derechos ajenos son y seguirán siendo el límite de mis actos. Por mucho que busco no encuentro, Excelencia, un mentís a la sentencia de que a mayor libertad individual, mayor progreso económico y social.

He recorrido los escondrijos de la historia, y no poseo pruebas de ningún país que aplique políticas liberales y que sea pobre, atrasado o incapacitado para competir ante los retos del mundo. También he llegado a la conclusión de que nunca, y aquí perdóneme, nunca, monseñor, ningún modelo latinoamericano al que acusen de neoliberal ha sido, ni por asomo, liberal, y que lo más cercano ha sido la experiencia chilena, ese pobre Chile que hoy es la economía más dinámica, fuerte y optimista del tercer mundo. Monseñor: sé que soy liberal; por ende, ¿debo sentirme pecador?

Igualitarismo. Necesito una luz que me guíe. No quiero renunciar a mi libertad para elegir los servicios públicos y privados que exige mi rol de vida. No quisiera estar subyugado al capricho de unos pocos para decidir qué, dónde, cómo y cuándo comprar, porque, al igual que San Pablo, quiero adherirme a la libertad con que nos ha llamado Cristo. Los que me impiden ser libre enarbolan una palabreja pronunciada así cómo ‘igualitarismo’: ¿le suena? Ese absurdo e inmoral igualitarismo pretende que sea igual que todos, que coma la misma sustancia innombrable que ellos habitúan, y que me sienta contento de sufrir penalidades en este mundo, ergo valle de lágrimas.

Pero, monseñor, nunca he sido rico ni poderoso. Con enormes esfuerzos me he preparado y ascendido en la escala social. Ahora quieren que pare, que me detenga, que sea igualitario con aquellos que jamás se preocuparon por estudiar, que se enquistaron en un sindicato a parasitar, con quienes han hecho de la lucha de clases su modus vivendi y con quienes callan…

No quiero ser igual a ellos. Pero yo no quiero regalías, favoritismos ni prebendas. Créame, monseñor, que deseo oportunidad para demostrar de qué soy capaz y concretar mis proyectos con la satisfacción que luché y alcancé.

Los que callan, los que no sueñan, los que temen al futuro y sus retos son sectarios. ¿Lo es usted?

Tengo miedo, reverendo. Miedo a especímenes que campean por doquier en este país. Son, en pocas palabras, los que callan. Callan ante las violaciones de los derechos humanos en Cuba, China, Venezuela, Nicaragua, y de ETA.

Silencian su lengua cuando se les pide una explicación de su añejo silencio por la matanza comunista en la historia: monseñor, cien millones de personas eliminadas por clamar libertad como lo solicito hoy: Stalin, Pol Pot, Hoenneker, Mao… sin dejar de recordarle a los de por aquí.

Esos que callan son peligrosos porque no dejan traslucir la verdad, enorme como el Himalaya, de que Stalin mató más que Hitler, y de que la hoz y el martillo reventaron más inmisericordemente la dignidad humana que la esvástica. ¿Usted lo cree así, padre?

Soy liberal porque amo la libertad humana. La libertad me conduce a la verdad, y la verdad me lleva a ser coherente entre la palabra y la praxis.


Si de solidaridad se trata, quisiera escucharle la exigencia para que quienes abusan sexualmente de niños sean encarcelados y degradados al estado laical. Subsidios. ¡Otra frasecita neoliberal, monseñor! Pues ¡a que no se ha referido a los subsidios del catolicismo en el mundo para las familias de niños abusados sexualmente! Millones de dólares que hubiesen aliviado el hambre y la miseria de muchos pobres. Coherencia. ¡Qué difícil, Excelencia!

Yo lo que pido es libertad. Soy liberal, y no sé si algún día dejaré de serlo. Pese a todo, ¿me absuelve, monseñor?

Erick Picado Argüello, tomado del periódico La Nación

sábado, 30 de junio de 2007

Señor, líbranos de tus seguidores


En el marco de la celebración de los apóstoles Pedro y Pablo (Día del Papa), el presidente de la República, Óscar Arias Sánchez, pidió el apoyo de la Iglesia católica, para que los impuestos que espera enviar el año próximo a la Asamblea Legislativa sean aprobados. De esta noticia dos cosas son extremadamente preocupantes: la primera es la insistencia del presidente Arias por sacar el dinero del bolsillo de los costarricenses, cuando aún falta mucho por hacer en materia de control de gasto así como de recaudación de impuestos actuales. Desgraciadamente el gobierno en vez de ejercer responsablemente la política fiscal pide más impuestos para cubrir sus propias ineptitudes. El segundo hecho preocupante, es la constante bendición que este país requiere de la Iglesia para impulsar cualquier proyecto. Tristemente algunos políticos y buena parte de la población creen que vivimos en una teocracia.

Pero en ASOJOD repudiamos este tipo de prácticas. Ya es hora de que la Iglesia salga de la política y que se dedique a predicar entre su cada vez más reducido número de fieles que buscan la salvación eterna. Ojalá y algún día en este país se puedan tener discusiones serias sin la necesidad de que los curas, sacristanes y monjas nos traten de mostrar el camino escogido por Dios para alcanzar la felicidad. Ya hemos visto las cosas buenas que deja este camino divino: retrogradas guías sexuales y gran número de madres adolescentes. Amén.

domingo, 10 de junio de 2007

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios


El día 25 de abril del año en curso apareció en la Nación la desafortunada noticia de que el gobierno regalaría 100 millones de colones con miras a la reparación y mantenimiento de la Catedral de Limón. Esta pago encuentra fundamento legal en el artículo 75 de nuestra carta magna que dispone: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres.” Es claro que las implicaciones que se derivan de este numeral son, a claras luces, un insulto a toda inteligencia. El Estado no es una persona de carne y hueso, es un espejismo producto no del calor del desierto sino del ordenamiento normativo que nos rige. No es más que una abstracción. Por esto, no importa cuánto nuestros constituyentes lo desearan, al Estado siempre le será imposible creer en la santísima trinidad, degustar de las apetitosas ostias que reparte la iglesia todos los domingos, o simplemente cruzar unas palabras con San Pedro a las puertas del cielo. El Estado, por no ser una persona física no puede contar con virtudes, creencias, (o) ritos lo cual hace del artículo 75 un absurdo, una leyenda, un mito.

Muchos pensarán que esto no es más que una discusión teórica sin mayor sentido, pero se equivocan. Como mostró la noticia citada anteriormente, el artículo 75 permite que el dinero de los “taxpayers” sea despilfarrado en el financiamiento de los caprichos católicos, en vez de darle un uso productivo que le rinda mayores réditos a la sociedad. Dicha transacción por seis millones de colones atenta contra una verdadera libertad de culto, ya que esta no se limita simplemente a no ser perseguido o torturado por sus creencias, sino que también abarca el derecho a no ser obligado a participar en las creencias de otros. Como bien afirmó Hayek, la libertad es un concepto estrictamente negativo, el cual consiste en la ausencia de coacción, por ello es imposible hablar de libertad cuando se toma por la fuerza el dinero que se ha ganado honradamente un individuo para subsidiar religiones que pueden ser totalmente ajenas a este.

Lo único que cabe esperar es que alguna fracción en la Asamblea Legislativa decida de una vez por todas acabar con tan inservible y discriminatorio artículo y rezar para que este no vuelva a resucitar al tercer día, como dicen las escrituras hizo aquel ilustre profeta.

Manuel Echeverría
Para ver la noticia completa:
http://nacion.com/ln_ee/2007/abril/25/pais1074307.html