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miércoles, 11 de abril de 2012

Desde la tribuna: esperanza patriótica (la Sala Constitucional se trajo al suelo el PACquetazo)


En las vísperas de la celebración del Héroe Nacional, Juan Santamaría, la Sala Constitucional ha resuelto que el proyecto de Solidaridad Tributaria (Pacquetazo) evidenciaba vicios de nulidad insalvables y atinentes a su trámite.

Es la segunda vez que la Sala Constitucional determina que un Paquete Tributario (así fue en 2006) exhibe inconstitucionalidades inaceptables en su trámite. En ambas ocasiones se intentó sobrepasar la oposición con base en un trámite excepcional (el invento del 208bis, ocurrencia nacida a raíz del primer paquete, el de Abel Pacheco y ad láteres) y el resultado ha sido igual (el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra).

Pues bien, tal circunstancia nos permite establecer unas meditaciones y un paralelismo histórico curioso.

Juan Santamaría fue un Héroe en la lucha contra el filibustero que nos quería subyugar. Los angurrientos partidarios del Pacquetazo se han ensañado contra la oposición (al igual que los partidarios del Paquete de Abel), llamándolos filibusteros. Pero la historia se ha lucido y nos muestra que la resolución de la Sala es la tea que derrota a los nuevos filibusteros, los que pretenden subyugar a los costarricenses a punta de impuestos y exceso de gasto público.

Porque lo que ha quedado claro con la resolución de la jurisdicción constitucional es que el PLN (oficialismo), una mayoría del PAC (cuasioficialismo) con honrosas excepciones y algunos ad láteres (turecas) se confabularon para violar el derecho constitucional, el trámite legislativo, los derechos de los diputados, las normas que juraron cumplir y los principios republicanos. Por eso son filibusteros, porque no respetan la ciudadanía ni los principios jurídicos costarricenses.

La mayoría no manda per se, pensar eso es un error imperdonable. En una votación puede ser que la mayoría triunfe. Pero para llegar a ello deben respetarse principios, procedimientos, garantías y derechos. Si no hay respeto, entonces son meras vías de hecho, usurpaciones, violaciones, incumplimientos y hasta actos ilegales, inconstitucionales y antijurídicos. La resolución de la Sala deja claro que hay una clase política que está dispuesta a violar el Derecho para imponer un Pacquetazo tributario. Son incapaces de actuar según la reglas, porque no resisten la oposición, el debate, los trámites y los derechos ajenos.

Cuando este grupo filibustero irrespeta a la oposición, a un grupo de diputados y los principios constitucionales concernidos en un proceso legislativo, en realidad está irrespetando al pueblo costarricense. Es un hecho comprobado, reiteradamente comprobado.

¡Qué lástima todos los recursos desperdiciados en intentar violar el derecho ajeno! ¡Qué abuso utilizar tanto recurso público en una estrategia inconstitucional! ¡Qué mal un Ejecutivo y un grupo oficialista y de cómplices que no tienen respeto por el Derecho ni por los trámites constitucionales!

La realidad ha sido dura con algunos de ellos. Lo recién descubierto con el exministro de Hacienda y sus negocios y situaciones evidencia que no había legitimación en sus acciones ni en su discurso. No han convencido ni han sido correctos ni en la acción ni en la intención.

Por eso resulta una esperanza patriótica que celebremos a Juan Santamaría con tan tremenda derrota de quienes actuaron inconstitucionalmente. Esta resolución y algunas que ha tomado la Sala en relación con la falta de razonabilidad en algunas disposiciones de la Ley de Tránsito reafirman la esperanza patriótica de que no hay camino en nuestra sociedad para los filibusteros, aunque se disfracen de autoridades y pregonen buscar el bien común: han quedado retratados como lo que son.

Este 11 de abril será doble fiesta. Otra vez el fuego ha derrotado a los filibusteros. Otra vez el abuso del 208bis muerde el polvo de la derrota. Otra vez cae un Pacquetazo. ¡Viva Juan Santamaría! ¡Abajo el filibustero! ¡Viva la libertad!

Federico Malavassi Calvo

martes, 15 de diciembre de 2009

En Vela


Sepan los diputados del PLN de la Comisión de Nombramientos de la Asamblea Legislativa y quienes, hasta hoy, la han apoyado, dentro y fuera, que su ardid contra Miguel Gutiérrez Saxe para descalificarlo como Defensor de los Habitantes y para favorecer a su candidata, solo tiene dos nombres: corrupción y cinismo. Nada más.

No me refiero a la corrupción política como favorecimiento pecuniario, sino –lo que es igual y, quizá, peor– como desnaturalización de la función pública para favorecerse a sí mismo o a otros, prostituyendo un procedimiento de selección, o bien, variándolo anticipadamente en el caso del nombramiento del Defensor de los Habitantes. La carta de Miguel Gutiérrez, que hoy publica La Nación , verifica la excelencia moral e intelectual, y la valentía del autor, valores suyos reconocidos de sobra en la sociedad costarricense, en la política nacional, en el Estado, en la academia y en el exterior.

Esta carta lo contiene todo y debe llenar de vergüenza a los patrocinadores y estrategas de esta patraña. Leí la entrevista en este “concurso”, un modelo de entereza y de dominio de la materia. Sin embargo, un vivillo lo calificó con un 0 en la entrevista (posiblemenente se calificó a sí mismo). Otros dos le pusieron un 50 (insuficiente). El ensayo le mereció un 40... No se reconocieron sus galardones nacionales e internacionales, y los mismos calificadores rechazaron su conocimiento en materia de derechos humanos por cuanto si bien “había dado” lecciones dentro y fuera del país, “no las había recibido”(sic). Había que pararlo y, es obvio pensarlo, favorecer, a toda costa, a la candidata oficial. Un diputado del PLN ya había anunciado oficialmente el juego, según consta en actas: “Vamos a permitir el concurso, pero nuestros votos van a ser para la compañera diputada”… Es decir, una farsa. ¿Es decente llegar a un cargo público (magistratura moral) con estos antecedentes?

Comento los hechos, los dichos, de singular importancia en la vida nacional, por cuanto reflejan un estilo político y una conciencia moral que nos han causado daños irreparables. Me refiero a la instrumentalización de la función pública al margen del bien común y a una de las lacras peores en el arte del gobierno y de la política: la ausencia de crítica personal o institucional, honrada y objetiva, en la aceptación, aspiración, ofrecimiento o elección de cargos públicos; esto es, la función pública no como servicio, sino como negocio o simple prolongación del currículo personal. La corrupción comienza aquí. No hace falta poner ejemplos, pues los hemos sufrido en el pasado y acabamos de reeditarlos en el presente.

Todavía hay tiempo para despedirse con honra del parlamento.

Julio Rodríguez

martes, 3 de marzo de 2009

¿Avanzamos?


El diario La Extra informa hoy que el programa Avancemos podría convertirse en ley, luego de que el legislador liberacionista Alexander Mora (sí, el mismo que propuso prohibir las corridas de toros porque ponían en peligro la vida de los improvisados) propusiera un proyecto ante la Asamblea Legislativa, tratando de institucionalizar la iniciativa de la Administración Arias Sánchez.

De acuerdo con el diputado, se pretende redireccionar los impuestos existentes para financiar el programa y con esto "no tocar más el bolsillo" de los costarricenses, especialmente afectados por la crisis. A pesar de que, al menos, con esta idea uno podría pensar que hay algo positivo, la insensatez viene en otra parte: resulta que, de acuerdo con Mora, se pretende que las Universidades públicas y privadas sean obligadas a destinar un porcentaje de su matrícula anual a becas para jóvenes que en secundaria fueron beneficiados por Avancemos, para "garantizar que tendrán su bachillerato y además, una carrera universitaria". ¿Qué seguirá después? ¿Obligar a las empresas e instituciones públicas a destinar un porcentaje de sus contrataciones anuales a graduados universitarios de Avancemos?

Como se puede ver, este programa no nos lleva a ningún lado. Se trata de un barril sin fondo por el que los gobernantes de siempre quieren que una parte de la ciudadanía se responsabilice de las vidas de otros, pagándoles cuanta cosa alguien crea que necesitan. ¿Estamos avanzando? No.

miércoles, 20 de febrero de 2008

¡Asombroso!


En días pasados, el diputado Alexander Mora propuso un proyecto de ley para prohibir las corridas de toros a la tica, debido a la muerte de un torero improvisado en los festejos del año pasado y por considerar que dichas corridas implican un riesgo mortal para los involucrados. El señor Mora, evidentemente, tiene mucho tiempo libre o muy poca seriedad (quizá ambas) como para tener ocurrencias de este tipo, que parecieran propuestas salidas más de una mesa de tragos o de una visita a la gradería de sol de un estadio que de la Asamblea Legislativa costarricense.

Ya lo decía Ortega y Gasset: "Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone donde quiera". Resulta evidente que personas como este señor diputado no tienen la más mínima vergüenza de emitir estupideces de este calibre; antes bien, se sienten orgullosos y reclaman su derecho a la irracionalidad en busca de objetivos que parecen sólo existir en sus cabezas. El supuesto fin del proyecto es proteger la vida e integridad de las personas involucradas, pero en el sentido de que se proteje a los individuos de sí mismos. Está bien que el Estado proteja al ser humano de la agresión que otro cometa en su contra, pero nunca que el Estado protega a una persona de sí misma, porque al hacerlo se presupone que el ser humano no tiene derechos de propiedad sobre su vida y su cuerpo, sino que ambos pertenecen a entidades metaindividuales como Dios o como el Estado.

Pero la irracionalidad no acaba ahí, ya que pretender evitar toda amenaza a la vida de las personas implicaría introducirlas en burbujas indestructibles. Bastiat era partidario de llevar los argumentos de sus opositores al ridículo para demostrar la insensatez de estos. Hagamos el mismo ejercicio: si se le impide a una persona ingresar por su propia voluntad y concientes del riesgo a un redondel para hacerle suertes al toro, entonces también deben prohibirse actividades como subir a un automóvil o motocicleta pues cada día mueren decenas de personas por accidentes de tránsito; montar a caballo pues existe el riesgo de caerse y lesionarse seriamente; practicar deportes pues se puede sufrir una lesión o, en el peor de los casos, un infarto; establecer relaciones amorosas, toda vez que un rechazo o una infidelidad puede dar pie a un asesinato pasional o a un suicidio; hablar, puesto que se puede decir algo que cause molestia en el receptory que este agreda al emisor; cortar o picar alimentos, ya que existe el riesgo de cortarse un dedo. También se debe prohibir salir de la casa porque se puede ser alcanzado por un rayo, se puede ser asaltado, golpeado, etc. Todos estos casos involucran los mismos peligros a la vida y a la integridad que justifican el proyecto del diputado Mora.

No hay duda que propuestas como la del diputado Mora son ridículas y que, a pesar de que se están haciendo tradición en Costa Rica, todavía causan sorpresa. Pero hay que seguir levantando la voz en favor de la libertad del individuo para vivir su vida como mejor le parezca y recordar que las consecuencias, buenas o malas, de las decisiones y consecuentemente de los actos, competen únicamente al individuo. Nadie debe cargar con la responsabilidad de otro, por más buenas intenciones que tenga, pues eso sería eliminar uno de los tesoros más valiosos del ser humano: la libertad.