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sábado, 17 de noviembre de 2007

En defensa del TEC


La misión del Instituto Tecnológico de Costa Rica es “contribuir al desarrollo integral del país mediante la formación de recursos humanos, la investigación y la extensión, manteniendo el liderazgo científico, tecnológico y técnico, la excelencia académica y el estricto apego a las normas éticas, humanistas y ambientales, desde una perspectiva universitaria estatal de calidad y competitividad a nivel nacional e internacional”.

Los firmantes –profesores, funcionarios, estudiantes, profesionales egresados y exfuncionarios del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC)–, ante las circunstancias que acompañaron el proceso de referéndum del 7 de octubre del 2007, manifestamos a la Comunidad Nacional:

- En un sistema democrático como el costarricense, cuando las autoridades universitarias asumen un papel de activismo político se genera una confusión que transgrede, contamina y trastoca el papel académico y de conciencia lúcida que la sociedad constitucionalmente ha conferido a las universidades estatales y que se vio seriamente comprometido.

- Asimismo, el uso de bienes e instalaciones públicas no deben comprometerse para la realización de mítines políticos partidarios, cualquiera que sea la fracción involucrada en el proceso de elección o consulta popular.

- Las acciones mencionadas en los puntos anteriores menoscaban el prestigio y credibilidad de las instituciones comprometidas.

kEl activismo político en las universidades estatales en decisiones trascendentales, como la del referéndum, dejan a la ciudadanía confundida y ayuna de análisis serios y objetivos que les permitan sustentar una mejor decisión. Las universidades no deben involucrarse en los rediles de la política en menoscabo de su histórico papel de ser conciencia lúcida de la sociedad.

- El TEC, por su vocación, desde sus inicios se ha caracterizado por mantener una estrecha relación con el sector productivo. Su labor tesonera en la preparación de profesionales de excelencia en el campo de la tecnología y ciencias conexas, sus actividades de vinculación y su proyección social le han permitido cimentar un sólido prestigio nacional e internacional.

- Las autoridades del TEC deben cumplir y respetar a cabalidad la misión y los fines para los que fue creada la institución, e interponer sus mejores oficios para salvaguardar su prestigio y buen nombre. Consecuentemente corresponde, en particular, al rector, como su cabeza más visible, “velar por la buena imagen del Instituto” (Artículo 26, inciso w del Estatuto Orgánico).

- Todos los ciudadanos costarricenses tienen el derecho de participar activamente en actividades políticas y de aspirar a puestos políticos. Sin embargo, no es correcto que cimienten sus propias plataformas políticas a costa de la investidura pública que ostentan, contraviniendo el juramento constitucional asumido ante la institución que los nombró.

Con base en estas consideraciones, respetuosa, pero enfáticamente, solicitamos al rector del Instituto Tecnológico de Costa Rica, Eugenio Trejos Benavides, desistir, de forma pública y notoria, de su activismo político y retomar, en toda su dimensión, las múltiples actividades, funciones y responsabilidades que, como rector del TEC, juró asumir ante la patria. Asimismo, le solicitamos interponer sus mejores oficios para restablecer y fortalecer la excelente imagen que tradicionalmente ha tenido la institución ante el sector productivo y la ciudadanía en general.

Carta firmada por más de 400 personas vinculadas al ITCR

domingo, 4 de noviembre de 2007

La universidad en latinoamericana


En América Latina existen universidades con casi 500 años de antigüedad; sin embargo, no figuran entre las mejores del mundo, con excepción de la Universidad Autónoma de México. Por otro lado, en muy contadas ocasiones en ellas se han hecho descubrimientos trascendentales y ocupamos uno de los últimos lugares en cuanto a patentar innovaciones tecnológicas.

Eso sí, estas universidades han sido plataformas de subversión marxista y continúan con tan extravagante obsesión en este siglo XXI, en violento contraste con lo que sucedió en el mundo desarrollado, donde durante los años 60 y 70 se presentaron rebeliones contra el orden establecido que muy pronto pasaron de moda porque se comprendió que era necesario llevar a cabo reformas pero conservando el espíritu académico que se caracteriza por ser riguroso, creativo y libre por encima de cualquier otra consideración.

En nuestros países, desde entonces, profesores y alumnos quedaron atrapados en la viscosa telaraña de la izquierda primitiva y sustituyeron la búsqueda de la verdad por los dogmas y mitos que magistralmente describió Volpi en “El fin de la locura”; cuando la Unión Soviética colapsó, crearon nuevos fantasmas para espantar a los ingenuos, se acantonaron en sitios estratégicos como los colegios de enseñanza secundaria e instituciones públicas neurálgicas, y se aliaron con el grupúsculo de sacerdotes católicos que se convirtieron a la trasnochada “teología de la liberación” con el propósito de confundir la mente de los jóvenes y boicotear el avance del país.

Como las naciones industrializadas no tomaron en serio estos movimientos y sus locuras se consideraron equivalentes a un sarampión, continuaron formando profesionales competentes para liderar un progreso sostenido de sus poblaciones; en cambio, en las menos desarrolladas, sus universidades se dedicaron, en gran medida, a preparar líderes para oponerse a la prosperidad de los ciudadanos con lo cual solo consiguieron que la brecha entre unos países y otros se hiciera aún más grande.

El camino equivocado. A pesar de tener costosas universidades durante tantos años y cerca de 500 millones de habitantes, América Latina contribuye con menos del 1% a la masa crítica del conocimiento universal. ¿ Por qué?

Porque sus centros de estudios superiores y los sindicatos del sector público, generaron en todos estos años una gran cantidad de ideas, pero ideas equivocadas. Por ejemplo, creyeron que nuestros socios comerciales eran unos filibusteros, que el sector privado productivo era su enemigo y creyendo con fe de carbonero en tales errores, dividieron a las familias y sembraron tempestades en las instituciones que habían asaltado, haciendo muy difícil nuestro progreso y en ciertos casos, imposible. Sus héroes no son aquellos que ganan un Premio Nobel en Física, Medicina o Economía, sino el Che Guevara o Fidel Castro.

No puede entonces extrañarnos que todos los países que compartieron esta visión apocalíptica continúen siendo subdesarrollados y aquellos que se dieron cuenta de que se trataba de un camino equivocado y rectificaron, se transformaron en comunidades prósperas, redujeron drásticamente la pobreza y forjaron las bases de una sociedad de bienestar generalizado como soñaba John Rawls en su “Teoría de la Justicia”. Quienes están creando la era del conocimiento, hace décadas comenzaron a establecer alianzas entre universidades y empresas tecnológicas porque es evidente que ambas se benefician y actualmente el concepto de empresa universitaria ha fusionado la formación, con la producción y la innovación científico-tecnológica. Desafortunadamente, la universidad latinoamericana, con las honrosas excepciones del caso, utiliza bases conceptuales desactualizadas a pesar de que cuenta con internet avanzada, porque las convicciones políticas son las peores enemigas de la verdad, como decía Popper.

Por Edgar Mohs

domingo, 10 de junio de 2007

TEC a elecciones


Ya inicia el proceso para elegir un nuevo recotor para el TEC. Los candidatos para ocupar el puesto son: don Eugenio Trejos (actual rector) y el filósofo y matemático Carlos González. Ojalá que el electorado a la hora de emitir su decisión recuerde que el TEC requiere de un rector cuya principal preocupación sea impulsar el mejoramiento tanto de las instalaciones como de la enseñanza. El TEC ni ninguna universidad le conviene un rector que se aproveche de su cargo para impulsar su carrera política, a través de discursos totalmente desfachados que en vez de fomentar el desarrollo, competitividad y el progreso, lo único que hacen es perpetuar nuestro imaginario nacional que tanto daño nos hace.