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miércoles, 1 de agosto de 2012

Desde la tribuna: en desagravio

La exViceministra de Juventud cometió algunos serios errores en su vida privada. Fue víctima de una vil difamación. No hay palabras para calificar a quien publicó el vídeo íntimo.

De acuerdo con el Código Penal y la ley 9048 (la tan criticada ley de delitos informáticos), la exViceministra es víctima de un delito. Quizás también sea víctima de extorsión y otras figuras similares. Pero …¡qué curioso! Se da una reacción veloz del Ejecutivo y la exViceministra es “renunciada” ipso facto. ¡Víctima de una acción ruín y delictiva!

No puedo abstenerme de comentar las cuestiones que suscita tal reacción del Ejecutivo. Días atrás, ante un pronunciamiento de la Procuraduría de la Ética en relación con actuaciones de funcionarios públicos que transgredieron la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito, el Ejecutivo se deshizo en argumentos y excusas para no aplicar las sanciones correspondientes a la responsabilidad administrativa. Se trataba de actuaciones enmarcadas en la deleznable figura del “tráfico de influencias”, conducta que la Ley contra la Corrupción (¡sí, “corrupción”) tipificó y sancionó (con el voto de la ahora presidente). No obstante, el Ejecutivo se ha hecho el tonto con el asunto.
 
Ahora, en cambio, con el escandalillo del vídeo amoroso de la exViceministra, actuó otro hemisferio cerebral:  pronto, contundente y duro. De una vez para afuera. Algunos dicen que es doble moral. A mí me parece que es simplemente inmoral. Obsecuencia con las infracciones a la Ley contra la Corrupción e inflexibilidad y fariseísmo con la víctima del delito. 

Si estuviéramos en la escena que narran los Evangelios de la adúltera, la Presidente estaría lanzando pedradas. Pero con el contraste de los funcionarios implicados en el tráfico de influencias, no tengo problema en interpretar aquello de ver la astilla en el ojo ajeno y no la viga en el propio. ¿Qué es peor para la moral pública, el vídeo o la corrupción?  

Me quedo pensando también en la mentada Ley 9048 (delitos informáticos). No me he olvidado de que ante la protesta pública por los riesgos para la libertad de expresión,  el Ejecutivo actuó ambiguamente.  Porque a pesar de que instaló una comisión para ver si la ley requería reformas, no dudó en ponerle el “Ejecútese” y promulgarla. Ahora, que una exViceministra fue víctima de un delito informático (la difusión del vídeo por la Internet), queda claro que no importaban tales delitos, pues la víctima fue revictimizada.
 
Me quedo pensando en la soledad de la exViceministra. ¡Todo hundido! Renunciada y difamada. Me pongo a imaginarme a aquella mujer de los Evangelios, que tuvo la ventaja de ser defendida por el propio Jesús, una vez pasada la trifulca ¿cómo se sentiría?  Allí temblando, ultrajada y a punto de perder todo, sin saber quizás qué había pasado. Pero al menos tuvo una relación directa con Él, que la perdonó y la aleccionó. La exViceministra, en cambio, no tuvo quien parara las pedradas. Esta vez el fariseísmo triunfó.
 
¿Qué norte orienta las actuaciones del Ejecutivo? ¿Se salvan los hombres y no las mujeres? ¿Se salvan los que cometen actos que transgredan la Ley contra la Corrupción pero no las que realicen actos bochornosos aunque sean de la esfera privada? ¿Será que se salvan los “vivazos” y no las tonterías? 
 
La vida privada, la esfera privada, las preferencias privadas no deberían trascender de esta forma. Quizás todos deberíamos haber actuado como los vecinos de Conventry, cuando Lady Godiva fue obligada a salir desnuda. Sin embargo, la exViceministra ha sido víctima del amor, ¡pobre desdichada! y  el delincuente victimario nos ha convertido  a todos en voyeristas o samueleadores.  ¡Grave y terrible!
 
¡La mayor lección de educación sexual para los ingenuos! ¡Hay que temerle al enamoramiento que nos arrebata y nos convierte en incondicionales esclavos del capricho ajeno! Estado mental lindante con la inconsciencia que nos lleva a despreciar lo propio, lo seguro y a arrojarnos irreflexivamente en las pasiones.  En un segundo, el Ejecutivo ha hecho más que las guías del ministro implicado en las cartas prohibidas por la Ley contra la Corrupción. Ha demostrado que el fariseísmo sigue campando, que sigue lapidando a las adúlteras como los fundamentalistas Estados islámicos, ha ejemplificado la tragedia de la entrega sin correspondencia, el vacío social en que puede caerse y el escarnio público sobreviniente. 
 
Este artículo, aunque no parezca, pretende exponer temas de libertad, teoría del Estado, forma de gobierno, probidad en la función pública y política criminal. 
   
Federico Malavassi Calvo.

lunes, 25 de abril de 2011

Tema polémico: el costo de la ignorancia sexual


El pasado 24 de marzo fue presentada la Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, que entrevistó a 3.197 personas entre los 15 y 80 años, procedentes de todas las regiones y estratos sociales. Los resultados arrojados son tan significativos como alarmantes.

Uno de los más importantes es que el 93% de las personas manifestaron estar de acuerdo con que los centros educativos impartan educación para la sexualidad, incorporando en el currículo escolar la forma correcta de usar métodos anticonceptivos. Anteriormente, un estudio titulado "Percepciones hacia la educación sexual en Costa Rica", había señalado que el 92% de los entrevistados consideraba urgente la incorporación de los temas sexuales en el sistema educativo costarricense.

Este dato es aún más significativo si consideramos que, entre las personas de 15 a 44 años que declararon una edad de inicio de las relaciones sexuales, el 22% de los hombres y 11.2% de las mujeres había tenido relaciones sexuales antes de cumplir los 15 años, mientras que el 67.9% de los hombres y un 51.4% de las mujeres había tenido relaciones sexuales antes de cumplir los 18 años.

Muchos son los riesgos a los que se exponen los adolescentes que inician su vida sexual a tan temprana edad y lo cierto es que ellos son responsables de sus propios actos; sin embargo, el peso de la responsabilidad recae en igual o mayor medida sobre la familia y los centros educativos.

Este escenario no es alentador si consideramos la pobre capacitación de los docentes para brindar una adecuada educación sexual. En la citada investigación de IDESPO un 69% de los entrevistados consideraron que los docentes están poco preparados para dar educación sexual en los centros educativos, mientras que un 19% considero que no están nada preparados. Sólo un 12% de las personas entrevistadas consideró que los docentes están muy bien preparados para abordar la educación sexual en sus centros educativos. A esto se debe sumar la carencia, desde hace muchos años, de clases y programas orientados a la educación sexual en los colegios del país. En la misma línea, un 71% de los entrevistados habían considerado que los padres de familia están poco preparados para brindar educación sexual a sus hijos.

Así las cosas, se cierne un circulo de ignorancia sobre la población. Tenemos padres que no educan ni fueron educados, profesores que no saben como educar, y en el peor de los casos no pueden hacerlo, y tenemos adolescentes irresponsables que viven llenos de desconocimiento.

No debe sorprendernos entonces la alta cifra de nacimientos en madres menores de 15 que representa, según cifras del INEC, el 2.2 % del total de nacimientos del país, y no debe alarmarnos que solamente el 43,7% de las mujeres y un 66,1% de los hombres con edad de 15 a 19 años utilizaron el condón en la última relación sexual. La realidad nos golpea ante la indolencia en que vivimos con respecto al tema.

¿Por qué abordamos este tema? Porque, dado el Estado benefactor que tenemos, la ignorancia en materia sexual nos está costando muy caro a todos los ciudadanos: tenemos que pagar el parto y la atención médica, la educación, la vivienda, la incapacidad laboral y hasta la guardería del infante, así como una serie de gastos asociados a su madre. Y lo peor es que la gran mayoría de madres adolescentes tienen que abandonar sus estudios, por lo que ven reducidas sus posibilidades de obtener trabajos mejor remunerados y, por tanto, se convierten en una carga para los tax payers.

A este problema hay que agregarle la actitud retrógrada de la Iglesia Católica, que sigue empeñada en creer que la cantidad de hijos es directamente proporcional a las bendiciones, por lo que se niega a todo tipo de técnica contra la procreación, desde condones hasta el aborto, haciendo más complicada la vida de los ciudadanos que tienen que pagar por los niños.

Ojalá estos datos no sólo motiven a los creyentes religiosos a comprender sobre el impacto económico y moral que tienen las relaciones sexuales a temprana edad, pues unos tenemos que pagar por los errores de otros. Pero también esperamos que el Estado asuma una actitud más responsable y se libere de las amarras católicas que le impiden incluir este tema en la educación.

Si bien no defendemos la educación pública, esperar a que se privatice nos llevará un tiempo y, mientras tanto, es preferible que les den información a los estudiantes para tener relaciones sexuales (que de todos modos van a tener) de forma segura y responsable, evitando que los tax payers tengamos que incurrir en gastos no deseados.