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sábado, 10 de mayo de 2008

¿Una ola separatista en Latinoamérica?


La victoria por el 84 por ciento de los votos de las fuerzas proautonomía en el referendo del domingo realizado por la rica provincia oriental de Santa Cruz, Bolivia, en abierto desafío al gobierno central, ha provocado el temor de que se produzca una reacción en cadena de los movimientos separatistas en toda América Latina.

Los gobiernos de izquierda radical de Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Cuba fustigaron el voto autonomista de Santa Cruz, alegando que representa el inicio de un intento estadounidense de desmembrar a los países latinoamericanos para crear en la región nuevo estados proestadounidenses. El Departamento de Estado dice que estas acusaciones son absurdas, y agrega que ``respaldamos la unidad y la integración territorial de Bolivia''.

Veamos lo que dicen ambas partes. El presidente narcisita leninista de Venezuela, Hugo Chávez, afirma que el supuesto complot estadounidense está diseñado contra él y su ''revolución bolivariana''. Según Chavez, el ''imperio'' está buscando que las élites adineradas de Bolivia y otros países -como el departamento venezolano de Zulia, rico en petróleo, o la provincia ecuatoriana de Guayas -se subleven muy pronto e intenten crear estados independientes.

El presidente ecuatoriano Rafael Correa acusó en un discurso radial de este fin de semana que ''grupos oligárquicos y separatistas'' con apoyo extranjero de querer ''desestabilizar'' la región y ''crear un proceso de balcanización en América Latina'' para crear nuevos estados adeptos al neoliberalismo.

Mientras escuchaba estas teorías, no pude evitar pensar en el libro Los estadosdesunidos de América, del 2005, de Juan Enríquez Cabot, que nos recuerda que la última vez en que se cambiaron las fronteras en el continente americano desde 1910, pero que cada vez más provincias ricas en todo el mundo se están rebelando contra gobiernos centrales ineficientes o despóticos.

El número de países miembros de las Naciones Unidas se ha elevado de 50 en 1950 a 192 en la actualidad. Desde 1900 hasta 1950, se crearon un promedio de 1.2 países por año. Desde 1950 a 1990, el promedio se elevó a 2.2 por año, y durante la década de los noventas el promedio llegó a 3 nuevas soberanías anuales. ''Las banderas pueden aparecer y desaparecer muy rápidamente'', decía Enríquez Cabot.

Sin embargo, los líderes del estatuto autonómico de Santa Cruz niegan categóricamente que estén buscando independizarse. Dicen que Chávez y sus seguidores intentan desacreditarlos al rotularlos de separatistas.

El gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, me dijo en una entrevista la semana pasada que sólo busca obtener mayores derechos para su estado, semejantes a los que gozan las regiones autónomas españolas o los estados de Estados Unidos.

En las próximas semanas, los estados bolivianos de Beni, Pando y Tarija celebrarán similares referendos, y las encuestas revelan que la propuesta autonómica también triunfará allí. Y todo parece indicar que los estados de Cochabamba y Chuquisaca harán lo propio en el mes de julio. Todos ellos dicen que no se separarán del resto del país, sino que quieren mayores derechos para protegerse de un gobierno central cada vez más autoritario.

Mi opinión: el 84 por ciento de apoyo a la autonomía en Santa Cruz, un departamento con una población de dos millones y medio de habitantes, y las encuestas que revelan un amplio apoyo a la autonomía en los estados vecinos, dificultan mucho creer que se trata de un movimiento ``de la oligarquía''.

Lejos de ser un movimiento oligárquico, o un siniestro complot del imperio norteamericano, lo que estamos viendo es una reaccion natural de gobiernos locales bolivianos que quieran conservar cierta sanidad económica y libertades democráticas ante el plan del presidente boliviano Evo Morales de ''refundar'' la nación y crear un estado socialista totalitario, asumir poderes absolutos, y reelegirse de por vida.

Como me señaló el prefecto -o gobernador- de Cochabamba Manfred Reyes Villa en una entrevista esta semana, es Morales quien está dividiendo a Bolivia y amenazando la unidad nacional. Morales está impulsando una nueva Constitución -aprobada por sus seguidores en una controversial sesión a la que, según la oposición, se impidió la entrada a los miembros de la oposición -que crearía 36 ''nacionalidades'' sobre una base étnica y que trasladaría los poderes del poder legislativo y los gobiernos estatales a ''comunidades'' municipales que apoyan a Morales.

Dijo Reyes Villa: ``Quieren pulverizar el país para consolidar su control político''.

Estoy de acuerdo. La comunidad internacional debería oponerse a cualquier movimiento potencialmente independentista de Santa Cruz y los demás estados descontentos de Bolivia, pero rechazar al mismo tiempo el intento de Morales de imponer una nueva Constitución que crearía un estado totalitario.

Ambos bandos deberían llegar a un acuerdo que garantice tanto la unidad del país bajo una bandera como los derechos de los estados, y deberían hacerlo cuanto antes, para evitar el espectro de una guerra civil.

Andrés Oppenheimer

sábado, 3 de mayo de 2008

Bolivia ante un momento crucial


Según el presidente boliviano Evo Morales, el país más pobre de Sudamérica está amenazado por un movimiento oligárquico respaldado por Estados Unidos en el departamento de Santa Cruz, que desea separarse del resto de la nación a través de un referéndum autonómico que se realizará este domingo.

Contrariamente a lo que me aseguró el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, en una entrevista el miércoles, Morales y sus aliados en la región dicen que si Costas logra que el estatuto autonómico de Santa Cruz gane la votación por una mayoría abrumadora --algunas encuestas sugieren que puede ganar por un 70 por ciento--, lo mismo ocurrirá en los referéndums autonómicos previstos para junio en los departamentos de Beni, Pando y Tarija, y que las regiones más ricas del país acabarán por independizarse.

El presidente venezolano Hugo Chávez presidió la semana pasada una cumbre de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba realizada en Caracas, destinada a alertar al mundo sobre un supuesto plan "del imperio'' para dividir a Bolivia. La dictadura cubana, a su vez, dijo en una declaración oficial que Bolivia está amenazada con la "desestabilización'' impulsada por "los planes separatistas de la oligarquía''.

El miércoles le pregunté al prefecto de Santa Cruz en una entrevista telefónica si realmente está buscando la independencia de su provincia, o de la región conocida como la "media luna'' de Bolivia.

"Es absolutamente falso'', me dijo Costas. "Es la misma vieja historia que el gobierno central nos ha estado repitiendo desde hace más de 100 años. Todo lo que queremos es mayor independencia política, económica y administrativa, como ocurre en España''.

Contrariamente a lo que afirma Morales, una mayor autonomía regional contribuirá a mantener unida a Bolivia, dijo Costas. Si España no hubiera admitido las autonomías regionales, el país podría haber terminado como la antigua Yugoslavia, agregó.

Juan Carlos Urenda, un abogado graduado de Harvard que asesora a Costas y es considerado por muchos como el ideólogo del movimiento autonomista santacruceño, me dijo en otra entrevista que el gobierno de Morales está usando su acusación de separatismo para desacreditar a quienes apoyan una mayor descentralización del país.

"Bolivia es uno de los pocos países del mundo que en la actualidad sólo tiene dos niveles de gobierno: el gobierno nacional, y el gobierno municipal. Y de lo que se trata aquí es de crear un gobierno intermedio, como en el 98 por ciento de los países del mundo'', señaló.

Santa Cruz afirma que contribuye con $600 millones anuales a las arcas nacionales, pero que solamente recibe anualmente $150 millones del gobierno central. El departamento busca un mayor control de sus recursos, sin dejar de hacer aportes al gobierno central, dicen los autonomistas.

¿Planean crear sus propias fuerzas armadas, tal como dice el gobierno de Morales?, le pregunté a Urenda.

"Eso es falso'', respondió. "Lo que establece el estatuto autonómico es una institución policial en concordancia con la policía nacional, para algunas tareas específicas, como el control de carreteras, para garantizar el libre tránsito cuando hay bloqueos''.

¿No es anticonstitucional el referéndum autonómico, como dice el gobierno?, le pregunté.

Urenda señaló que es el gobierno de Morales quien transgredió la Constitución, porque en un referéndum vinculante realizado el 2 de julio del 2006, Santa Cruz votó a favor de incluir su autonomía en la nueva Constitución, pero Morales ignoró ese voto y aprobó una reforma constitucional que sólo otorga autonomía a las comunidades indígenas y municipalidades que apoyan al gobierno central.

Además de esa movida para quitarle todo poder a los departamentos liderados por la oposición, Morales aprobó las reformas constitucionales por la fuerza, rodeando con fuerzas progubernamentales el edificio donde se realizó la votación en Sucre e impidiendo que los opositores ingresaran a la sala de votación, afirman los partidarios de la autonomía.

Mi opinión: ambos bandos --el gobierno de Morales y las regiones que buscan una mayor autonomía-- tienen razón en que la otra parte ha violado las leyes. Morales ha hecho aprobar, mediante la fuerza, una reforma constitucional destinada a crear un estado socialista autoritario controlado por una mayoría étnica, y a quitar todo poder a los prefectos de oposición. Y los prefectos están burlando las leyes electorales del gobierno para garantizar sus derechos, y su supervivencia política.

Es difícil predecir lo que pueda ocurrir después del referéndum del domingo, pero resulta claro que Morales está intentando cooptar las instituciones democráticas con su reforma constitucional, siguiendo el modelo de Chávez. Sólo que no tiene el petróleo de Chávez, y la cosa se le ha hecho más difícil.

Dudo que el 70 por ciento de la población de Santa Cruz pueda ser calificada de oligarquía. Morales tendrá que decidir si reprime al pueblo de Santa Cruz, algo que seguramente provocará derramamiento de sangre, o si incluye autonomías regionales como las de España en su Constitución. Ojalá que opte por esta última alternativa.

Andrés Oppenheimer