martes, 27 de enero de 2015
La Columna de Carlos Federico Smith: Algunas razones de por qué hay precios diferentes entre países
jueves, 8 de agosto de 2013
Jumanji empresarial: democracia y conocimiento
Los gobernantes son los responsables de crear las condiciones necesarias, si se quiere que dichos preceptos se respeten en toda la esfera socioeconómica de la nación; pero esto únicamente se logrará si los ciudadanos envían el mandato adecuado a los gobernantes electos. De lo contrario, siempre existirá el peligro de que los gobernantes de turno sucumban a las presiones de las argollas (grupos de presión), menospreciando las necesidades de los individuos dispersos y burlando, así, la libertad de elección del conjunto de la ciudadanía.
Desgraciadamente, este escenario de continua entrega del poder a políticos carentes de un mandato acorde con las necesidades individuales se ha dado por culpa de un desinterés generalizado de la clase política que no provee a la población del conocimiento apropiado, indispensable a la hora de crear un sentimiento de auto dependencia, capaz de generar el libre pensamiento. Y el ejercicio del libre pensamiento con conocimiento, base de la toma de decisiones ciudadanas, como en el caso de emitir un voto por ejemplo, es lo que garantiza la elección de agentes políticos que realmente se hallen dispuestos a respetar los preceptos básicos ya mencionados; es decir, un enfoque en pro de los derechos individuales, pero siempre conscientes del principio de una legítima representación y demás derechos por parte de las elites políticas.
El problema, claro está, es que la responsabilidad de diseminar este conocimiento liberador ha recaído, en los hechos, sobre una minoría burocrática que domina el sistema educativo, influyendo - consciente o inconscientemente - la conciencia individual y colectiva de los futuros electores y elegidos que comparten el sistema democrático. Tanto el magisterio, como los administradores del sistema, pretenden bajo un inadecuado esquema de grados y educación estandarizada que los jóvenes adquieran el conocimiento teórico y empírico, además de las habilidades y destrezas para analizar problemas complejos.
La rigidez del sistema y la falta de conocimiento de los educadores hace imposible el uso adecuado de los datos (ya se trate del método científico, ya se trate del método heurístico), inhibiendo la propia iniciativa de los educandos. Por otro lado, la falta de una enseñanza que incluya conocimientos básicos sobre el sistema de especialización e intercambio que regulan, a través de los mecanismos libres de mercado, las actividades e interconexiones entre los diferentes agentes económicos de una sociedad, hace que la educación deje de ser una herramienta de vida y se convierta en una simple recopilación de datos inútiles para la generación de riqueza tangible e intangible. Este hecho obliga a los ciudadanos a tomar decisiones de voto, siempre bajo un estado de inseguridad, desconocimiento y hasta de coacción.
Una veloz mirada a semejante cuadro nos indica la evidente urgencia de promover una reforma educativa global e integral en Costa Rica, una reforma que explore esquemas educativos innovadores y liberadores, además de sistemas de autogestión y descentralización administrativa, y que se convierta en verdadero punto de apoyo de un alto grado de libertad de elección por parte de quienes requieren del aprendizaje y del conocimiento tácito para crecer. Además, urge reformar nuestro sistema de gobierno, para que tanto las decisiones de interés colectivo, así como la internalización de las externalidades implícitas en las actividades económicas, se logren conciliar a nivel local y no diluir a nivel nacional.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Desde la tribuna: prioridades económicas
Sigue el déficit presupuestarios, sigue el Estado desordenado, sigue la presión para poner más impuestos con el agregado de mayor intervención del Fisco en las finanzas privadas.Federico Malavassi Calvo
lunes, 20 de febrero de 2012
Tema polémico: direcciones a la tica
Lo cierto es que en Costa Rica no se acostumbra a indicar las direcciones por el nombre de las calles y avenidas, y las casas difícilmente poseen número de identificación; sino que las direcciones se basan en la narrativa, utilizando el ingenio para orientarnos, tomando como punto de referencia lugares comunes como la soda o la cantina del barrio, el árbol antiguo o la iglesia…
Esto es visto por algunos como algo sin importancia, o como parte del colorido de nuestra idiosincrasia; eso que nos hace ser “ticos”. Después de todo, en cuál otro país a usted le van a decir: “Suba carretera a la montaña, como un kilómetro más o menos, luego tome a la derecha, donde está la señal del alto, luego siga hasta topar con cerca y ahí pregunta porque sino se confunde más..."
Si alguien piensa que este es un tema fundamental para el desarrollo económico de un país probablemente otra persona le diría que está hilando muy delgado, pero la verdad es que sí lo es.
Contar con un sistema de referencia preciso y una nomenclatura clara y concisa de direcciones es un factor elemental para cualquier país desarrollado. Piense en lo complejo que resulta para un cartero entregar la correspondencia, los problemas para ejecutar las notificaciones judiciales, lo frustrante para un turista extranjero, e incluso local, dar con el destino; piense en el costo asociado al envío de un paquete cuando no encuentran la dirección correcta, o lo inútil que se vuelve un sistema de posicionamiento local cuando es imposible rastrear una localización que no está referenciada; piense en la persona que llama al 911, y en la dificultad para el servicio de emergencia que necesita llegar con urgencia a la casa de un doliente, o la escena de un accidente. De pronto algo que nos parece tan intrascendente toma tintes de importancia.
Créalo o no, desde 1965 en Costa Rica existe una Comisión Nacional de Nomenclatura, creada mediante la ley 3535. Según dicha ley, la comisión será “encargada de velar porque los edificios y parajes públicos tengan nombres que constituyan homenaje a personas o sucesos de trascendencia histórica, social o cultural, y de preservar los nombres tradicionales y autóctonos de la geografía costarricense; a ese efecto procurará que no se produzca duplicidad en la nomenclatura, y tratará de que desaparezcan, dentro de lo posible, las repeticiones que existan.”
Igualmente existe un reglamento (decreto ejecutivo No 21608-C del 18 de setiembre de 1984), que establece las atribuciones, organizaciones y funcionamiento de la Comisión, para otorgar el nombre que se solicite para los bienes públicos, y el decreto No 26852-C de 1998, que reforma dicho reglamento, “con el fin de que la labor que realiza la Comisión Nacional de Nomenclatura, sea más ágil”.
Bueno, no se necesita ser un genio para entender que desde 1965 esta comisión no ha venido trabajando correctamente, resultando ser de todo menos “ágil”. Sólo hace falte salir a cualquier calle para notar que, con excepción de algunos municipios que se han dado a la tarea de señalizar calles y avenidas, la gran mayoría de las nuestras rutas nacionales o cantorales no se encuentran claramente referenciadas.
Correos de Costa Rica se ha dado a la tarea desde el año 2003, a través del Sistema Nacional de Direcciones, de dar orden y otorgar nombre a muchos de nuestros espacios y edificaciones, a través del Reglamento para la identificación de Direcciones creada por Correos de Costa Rica S.A, oficializado mediante decreto ejecutivo 32793-MP-MOPT del 2005; sin embargo, pareciera que el esfuerzo aún no es suficiente.
Como muchos otros, pareciera que este uno de esos temas que duermen el sueño de los justos; un problema cultural, de desprecio por el orden urbano. Una de esas cosas a las que nadie, o casi nadie le presta atención, pero que significaría un gran paso si se lograra concretar.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Tema polémico: 2010, un año que cierra con muchas dudas

En materia de competitividad, el Informe Global de Competitividad 2010-2011, elaborado por el Foro Económico Mundial, ubicó a Costa Rica en el puesto 56 entre 139 países, reiterando nuestras falencias en la infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria. A pesar que avanzar en el ítem de competitividad (entendido como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país) es apremiante, el Plan Nacional de Desarrollo 2011-2010 apenas se fija la modesta (por no decir mediocre) meta de “mejorar en al menos 3 puestos la posición del país en el Índice de Competitividad Global.” Si por la víspera se saca el día, en ASOJOD no tenemos buenas expectativas.
Asimismo, la clasificación del Doing Business 2011 nos muestra que Costa Rica se ubicó en el lugar 125 entre 183 economías, presentando un cambio de -4 lugares respecto a la clasificación de 2010, mientras que 2009 el país se había ubicado en el lugar 117 y en 2008 se posicionó en el lugar 115.
Tristemente no somos un referente ni siquiera en el propio patio, pues, si nos comparamos con Latinoamérica y el Caribe observamos que el país se posicionó en el lugar 25 (entre 32 economías) superando solamente a Brasil, Ecuador, Honduras, Bolivia, Suriname, Haití y Venezuela.
Particularmente, al observar los componentes del índice costarricense, notamos que los temas mejor valorados son el registro de propiedad, la obtención de crédito y el comercio transfronterizo. No obstante, de las nueve categorías que componen en índice, el país sólo mejoró levemente en una de ellas con respecto al Informe 2010: la apertura de un negocio que pasó del lugar 119 a 116. Sin embargo, esta es una victoria pírrica para el país, pues en realidad, el leve avance se debe a una desmejora de otros países debajo de Costa Rica, ya que para abrir una empresa en el país sigue demorando los mismos 60 días que se tardan desde 2009, requiriendo además, la misma cantidad de requisitos. Lo anterior se resumen en una frase: somos especialistas en crear trámites y procedimientos que dificultan la creación de un nuevo emprendimiento y, además, pioneros en entorpecer toda forma de desarrollo. Que lo diga el actual Gobierno, que ya avisa que impulsará nuevos impuestos.
Si iniciar un nuevo emprendimiento que favorezca la creación de nuevos empleos en el país es tan difícil, no debe extrañarnos entonces que las cifras de empleo y pobreza sean igualmente negativas. Basta observar la Nueva Encuesta de Hogares de julio del 2010 elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos para notar que la tasa de ocupación pasó de 55.4% en el año 2009 a 54.8% en el 2010 y la tasa de desempleo abierto bajó del 8.4% a 7.3% representando un aumento en la población ocupada de 23.106 personas. No obstante esta reducción en la tasa de desempleo no fue suficiente en relación con el crecimiento de la población en edad trabajar (personas de 15 años y más), razón que explica que la tasa de ocupación no creció y, sin embargo, se tenga una disminución en la población desempleada, que se contrajo a 22.762 personas.
Todo lo anterior se traduce en una sola cosa: mayor pobreza. En el país hay 1.103.522 personas en pobreza, lo que representa poco más del 24% de los 4.562.087 habitantes, esto es, 274.616 hogares en condiciones de pobreza, para un 21,3% del total de hogares, donde el ingreso por persona en los hogares urbanos es inferior a ¢88.225 y en las rurales a ¢67.750.
El 2010 fue, si duda, un mal año parra Costa Rica. Terminamos estos doce meses con un déficit fiscal cercano al 5.3 por ciento del producto interno bruto (PIB), la cifra más alta en 25 años. Quedan además dos temas: el pago de impuestos, que constituye la segunda desventaja de hacer negocios en Costa Rica, superada solamente por la protección a los inversionistas, donde el país ocupa los últimos lugares a nivel mundial.
De la mejoría sustancial de los indicadores señalados depende el incremento en las inversiones, en la generación de nuevos emprendimientos y la creación de empleos bien remunerados. Establecer iniciativas de desregulación que abarque una variedad de aspectos con el objetivo de mejorar el clima empresarial y el marco institucional resulta entonces imprescindible.
Sin embargo, las señales que da la Administración Chinchilla Miranda no van por esa dirección: más impuestos, más gasto, más endeudamiento, más empleo público, más regulación y más desorden son la tónica de un Gobierno que no tiene, ni por asomo, la intención de facilitar las condiciones para que los individuos generen riqueza. Siendo así, es de esperar que los siguientes años arrojen resultados aún peores y eso representará, muy posiblemente, el gran incentivo para que quienes queremos progresar, debamos buscar espacio en otros países.
martes, 3 de agosto de 2010
Irlanda se desarrolló gracias a menos impuestos

Uno de estos catedráticos es Jaime Ordóñez, con quien ya tuve hace 6 años un intercambio sobre este tema en las páginas de opinión de La Nación. El argumento de Ordóñez es muy sencillo: “¿Queremos ser ricos como Europa? Entonces tenemos que pagar impuestos como los europeos”. En ese entonces (2004), le señalé a don Jaime que casualidad no prueba causalidad. Ciertamente Europa es un continente rico (y en declive), pero eso no indica de ninguna manera que los europeos se hicieron ricos simplemente porque aumentaron sus cargas fiscales a altísimos niveles. Todo lo contrario, si vemos la evidencia empírica, notaremos que las tasas de crecimiento en Europa caen conforme más aumenta la carga tributaria. ¿Queremos hacernos ricos? Pues entonces necesitamos altas tasas de crecimiento, y la Europa esclerótica con la que sueña Jaime Ordóñez no es el ejemplo a seguir.
Sin embargo, 6 años después, Ordóñez continúa con la misma cantaleta. En su columna semanal en el Diario La Extra, don Jaime recurre al ejemplo de Irlanda (¡vaya Usted a ver!) como muestra de un país que se hizo rico, según él, mediante el aumento de la carga tributaria. Para probar su tesis Ordóñez menciona únicamente dos cifras: el PIB per cápita de Irlanda en el 2009 y la carga fiscal lograda en algún año (no especifica cuál) del gobierno de Mary Robinson (1990-1997). Nuevamente, Ordóñez cierra la columna con su sempiterna lección: ¿Quéremos ser ricos como Irlanda? Aumentemos los impuestos.
La realidad es totalmente contraria a lo que presenta Jaime Ordóñez. Es cuestión de revisar las estadísticas de la OCDE para ver que más bien fue una disminución de la carga tributaria la que contribuyó a desencadenar al llamado “tigre celta”. La carga tributaria de Irlanda permaneció relativamente estable en el 28% del PIB durante la década de los setenta. Fue en 1979 cuando empezó a aumentar, hasta llegar a un pico del 36.8% en 1988. Durante este período, el crecimiento del PIB per cápita (dólares constantes, PPP) fue del 2.2% anual, una cifra que no saca a ningún país del subdesarrollo en el corto o mediano plazo.
Sin embargo, a raíz de una seria crisis fiscal en 1986 (el gasto público creció más rápido que los impuestos durante la década previa), Irlanda se vio forzada a adoptar un serio programa de austeridad que implicaba una fuerte reducción del gasto y, (¡sorpresa!) una disminución en las principales tasas de impuestos. La carga tributaria cayó del 36.8% de 1988 al 33.5% al año siguiente. En el 2007 la carga tributaria era del 30.8%. ¿Resultado? Durante este período el crecimiento del PIB per cápita en Irlanda fue del 5.3% anual, lo suficiente para transformar a dicho país del tercero más pobre de Europa Occidental en la década de los ochenta al segundo más rico del Viejo Continente.
Es cierto que durante el gobierno de Mary Robinson hubo un aumento de la carga tributaria en Irlanda, que pasó del 33.1% en 1990 (cuando llegó al poder) a un pico del 35.1% en 1995. Sin embargo, cuando salió del poder en 1997, la carga tributaria de Irlanda era del 31.7%, inferior a la que Robinson encontró inicialmente.
Por supuesto que uno no puede ser simplista como Jaime Ordóñez y achacar el “milagro” irlandés exclusivamente a los impuestos (en este caso, a su disminución). Otros factores entraron en juego, como la apertura comercial, apertura en el sector de servicios, disminución del gasto público, etc. Para una explicación detallada de la transformación de la economía irlandesa, recomiendo este ensayo: “Libertad económica y crecimiento: El caso de Irlanda” por el economista Benjamin Powell. Pero la reducción en las tasas impositivas, tanto a personas como a empresas, fue crítica en la transformación económica de Irlanda.
Es una lástima que Ordóñez continúe apelando a la desinformación en su cruzada por aumentarle los impuestos a los costarricenses. No le sienta bien.
Juan Carlos Hidalgo
Por la libre
sábado, 15 de mayo de 2010
¿Suecia rica por socialista?
viernes, 5 de febrero de 2010
Viernes de Recomendación

miércoles, 3 de febrero de 2010
El capital psicológico

El gran tema es el capital psicológico. Los economistas no lo valoran adecuadamente y es una de las claves de la prosperidad o de la pobreza. Una vez al año, el Cato Institute, el gran think-tank libertario de EE.UU., y la Universidad Francisco Marroquín —tal vez la más prestigiosa institución privada de Centroamérica—, reúnen en la bella ciudad de Antigua, Guatemala, a varias docenas de estudiantes de toda América Latina para explicarles la relación que existe entre la libertad y el desarrollo. Lo que sigue es la síntesis de lo que les conté.
Ya se acepta, porque parece evidente, que el desempeño económico de los pueblos es el resultado de cómo se trenzan y armonizan el capital humano (la educación), el capital cívico (el comportamiento social de la mayor parte del grupo) y el capital material (las riquezas naturales, las inversiones, las maquinarias, etc.). Pero en esa ecuación faltaba el capital psicológico. ¿Qué es eso? En esencia, lo constituyen las actitudes con que los individuos se enfrentan a siete factores fundamentales. Esas actitudes, claro, se derivan de percepciones, creencias y aprendizajes previos. Son éstas:
- Actitud hacia la libertad. Donde abundan los individuos dispuestos a tomar decisiones y a construir con ellas su propia vida y a procurar la felicidad, sin las muletas del Estado, suele arraigar el bienestar personal y colectivo. Donde prevalece la búsqueda de la seguridad y se entrega el diseño de la vida a entidades exteriores, el resultado es mediocre. Algo de esto se imaginó Erich Fromm cuando escribió El miedo a la libertad.
- Actitud hacia el Estado. Donde, por las razones que fueren, se percibe al Estado como una injusta fuerza coactiva que no responde a nuestros valores e intereses, sino a la conveniencia de quienes lo administran, el comportamiento de los individuos perjudica a la colectividad. Donde el Estado responde a las expectativas de la sociedad sucede lo contrario.
- Actitud hacia el trabajo propio y ajeno. Donde se aprecian las actividades que se realizan, siempre que sean honradas, cualesquiera que fuesen, incluidos los oficios más humildes, y no sean un obstáculo para el ascenso social sino un tinte de orgullo, las consecuencias colectivas serán benéficas y el esfuerzo tenderá hacia la excelencia.
- Actitud hacia el éxito. Donde se admira a los triunfadores y se ponderan sus logros, cuando son legítimos, se propaga y generaliza la lucha por destacarse y buscar el aprecio de la sociedad. Donde ocurre lo contrario y el éxito individual provoca rechazo y crítica negativa, desaparece un fuerte incentivo psicológico positivo.
- Actitud hacia la ciencia y la innovación. Donde impera la curiosidad científica, y donde hay la voluntad de innovar y crear con originalidad, las consecuencias económicas son dramáticas. Es sorprendente, por ejemplo, que en el siglo XX ni uno sólo de los grandes hallazgos, invenciones o desarrollos técnicos que han cambiado la faz de la humanidad haya surgido en América Latina.
- Actitud hacia los espíritus emprendedores. Donde se aplaude y cultiva la aparición de las personalidades creativas, y donde la sociedad les abre puertas en lugar de cerrárselas, los pueblos prosperan.
- Actitud hacia el otro. Donde prevalece, a priori, la confianza en el prójimo, en el otro, porque los acuerdos se cumplen, sucede que las transacciones se multiplican y disminuyen los costos de llevarlas a cabo. Sin embargo, donde se desconfía del otro porque se le presume mala fe, las sociedades son más pobres, dado que disminuyen sustancialmente los intercambios entre las personas, única fuente para la creación final de riqueza.
¿Puede aumentar el capital psicológico de una sociedad? Por supuesto. O puede disminuir. Depende del aprendizaje y de las experiencias de los individuos. En los países totalitarios, o en los que marchan en esa dirección, todo lo que las personas aprenden contribuye a disminuir el capital psicológico. En cambio, en los países que aprecian la libertad y aceptan la responsabilidad, el capital psicológico se retroalimenta y multiplica. Tal vez esto es lo que estamos viendo en sociedades como la chilena. Nunca podremos probarlo matemáticamente, nunca podremos medirlo, pero sabemos que hoy el capital psicológico de ese pueblo es muy alto. Vale la pena estudiar esa variante.
Carlos Alberto Montaner
sábado, 10 de octubre de 2009
¡Que robo!

Esta situación es absolutamente inaceptable. Los puertos son un punto central para el mejoramiento de la competitividad del país, por ello dicha situación resulta intolerable. Estos "trabajadores" han secuestrado los muelles, y están condenando a Costa Rica a un perpetuo atraso. En ASOJOD esperamos que pronto estos puertos sean privatizados o al menos concesionados, mientras no se haga esto no veremos la luz al final del túnel.
miércoles, 15 de julio de 2009
Lord Bauer sobre la encíclica Populorum Progressio

Peter Bauer, Ecclesiastical Economics: Envy Legitimized. En: "Reality and Rhetoric". 1984. Página 87. Traducción ad hoc de Adrián Brenes.
lunes, 22 de junio de 2009
Tema polémico: Alfabetismo científico y pensamiento crítico

Generalmente en las sociedades occidentales y cada vez más en las sociedades orientales, a medida que se “occidentalizan”, la ciencia es valorada positivamente por el público en general. Claro está, cuando uno ahonda en la reacción del público hacia la ciencia, se percata de que en realidad lo valorado es la tecnología, puesto que esta última se entiende como un medio para facilitar la vida, y en ese tanto la ciencia es valorada positivamente, es decir, en cuanto medio para alcanzar tecnología.
Así, esta falta de interés por la ciencia más allá de sus beneficios prácticos hace que la persona promedio se interese poco por el método de la ciencia o por las discusiones más acaloradas en los círculos académicos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales, ya sea porque se considera el tema ajeno a la vida cotidiana o porque el conocimiento de estos implicaría un costo de oportunidad muy alto para muchos. Así, aunque el conocimiento científico ha aumentado mucho en los últimos siglos, el conocimiento mínimo que maneja una persona en temas de ciencia no lo hace al mismo ritmo, por lo que muchas veces puede tener una visión de mundo que está “desfasada” por varios siglos.
Para dar un ejemplo, Ignacio Cabral menciona que:
“A principios de 1999 se aplicó una encuesta en el Distrito Federal (Barot y de la Peña, 2000) en la que se indagó tanto acerca de los conocimientos científicos y la confianza de la gente en la ciencia, como de sus creencias pseudocientíficas, religiosas y ocultistas. Se entrevistaron a 664 personas entre 16 y 65 años de edad en lugares públicos. Según las respuestas, en la Ciudad de México, 77% de la gente cree en la astrologíaa, 24.5% cree en la existencia de vampiros, 38% en la existencia de brujas y sólo 7% en la existencia del “chupacabras”. Otros resultados interesantes fueron: el 57.2% supo que las plantas de la Tierra evolucionaron y el 53.9% sabía que la Tierra tarda un año en dar la vuelta al Sol; sólo el 48% dijo que la temperatura del cuerpo humano varía entre 36 y 37 grados Celsius; el 43.2% cree que las fotografías de ovnis son auténticas y no fotomontajes, y el 63.9% de los entrevistados cree que es posible sentir los campos de energía de la Tierra. Para finalizar, la encuesta reveló que el 77.3% cree que el Zodiaco tiene una relación directa con las dificultades de la vida.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).
Ahora bien, podría ser posible creer que este fenómeno de alfabetismo científico es parte de una carencia en una educación de calidad como lo podría ser en un país más pobre como México si se lo compara con los Estados Unidos, sin embargo, Ignacio Cabral menciona nuevamente que:
“En una encuesta realizada en los Estados Unidos por la National Science Foundations, el 50% de los adultos desconocía que la Tierra girase alrededor del sol y que tardara un año en hacerlo; el 21% puede definir el ADN; sólo el 9% puede definir lo que es una mólecula; el 63% ignoraba que los dinosaurios se extinguieron antes de la aparición del hombre, y el 75% no sabía que los antibióticos sólo matan a las bacterias y no a los virus y 25 millones de norteamericanos no pueden localizar los Estados Unidos en un mapa del mundo.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).
Así, a pesar de que Estados Unidos posee el mayor nivel de producción intelectual a nivel mundial, esta “clase social” que posee un grado de alfabetismo científico decente no ha sido capaz de permear sus intereses al resto de miembros de la sociedad, sea porque no les interesa a ellos o porque existe una dificultad en la adquisición del razonamiento científico, debido a las destrezas mentales que hay que adquirir (por ejemplo, el repudio hacia las matemáticas por parte de la mayoría de la población contribuye a malentendidos y a distanciamientos entre distintos gremios que dificultan conocer gran parte de las ciencias naturales. A su vez, la falta de un desarrollo de pensamiento verbal le dificulta a muchas personas la lectura de la filosofía o de la expresión de sus ideas propias en general).
Con estos ejemplos esperamos haber señalado que la corriente anti-cientificista es bastante preocupante por cuanto es inocente creer (como Ortega y Gasset lo señalaba) que la técnica puede sobrevivir sin la ciencia: es decir, quien desee seguir viviendo de los productos científicos-tecnológicos debe formarse un interés real por estudiar los problemas científicos, de lo contrario será una de esas personas en transformarse en una de esas cifras preocupantes de analfabetismo científico. Además, la formación científica es positiva ella misma por cuanto genera una actitud crítica para analizar los problemas del mundo, por lo que la ciencia (tanto sociales como naturales) no se limitan únicamente a mejorar las condiciones materiales de las personas, sino que a integrar los conocimientos adquiridos a través de siglos en un todo coherente y el no querer formar parte de esa búsqueda humana implica poco interés personal por el superamiento intelectual de uno mismo.
lunes, 27 de abril de 2009
Tema polémico: ¿las normas ambientales desincentivan la inversión?

La pregunta que planteada por el título pretende ser el origen de una hipótesis sobre el efecto que poseen las normas ambientales sobre la inversión. Desde un primer momento es esencial aclarar que dicha interrogante requiere de lo que se conoce como un funtor, siendo por ello inevitable preguntarnos a cuál legislación ambiental se refiere, ya que, como todos sabemos, la legislación ambiental no es un cuerpo determinado de normas a priori, razón por la cual se debe comprender que existen tipos de legislación ambiental que se aproximan a la cuestión de la protección del ambiente de formas muy distintas. Por ello podemos establecer, de primera entrada, que efectivamente existen normas ambientales que, eventualmente, afectarían de manera negativa a la inversión, pero que también, siendo un poco creativos, es posible legislar de forma que la protección al ambiente y el desarrollo económico coexistan sin mayores problemas. Siendo así, el gran reto en este campo es determinar el modo en que ambos intereses lleguen a conciliarse y, demostrar así, que aquellos grupos que los han caracterizado como mutuamente excluyentes, están equivocados.
¿Dicotomías? Desgraciadamente, hoy en día muchos de los sectores del movimiento verde parecen estar más preocupados por combatir a las grandes empresas y a la globalización que por proteger el medio ambiente. En efecto, llevaba razón Hayek cuando, en su libro Los Fundamentos de la Libertad, al afirma que:
“Pocos argumentos han sido utilizados con tanta amplitud y eficacia para persuadir a las gentes del ‘despilfarro consustancial al sistema de libre competencia’ y de la conveniencia de someter a una discreción centralizada algunas actividades económicas importantes, como en el caso, reiteradamente alegado, de la dilapidación de los recursos naturales por la empresa privada”.
En estos tiempos, muchos pretenden tener como verdad revelada la dicotomía entre un ambiente sano y el crecimiento económico; otros más extremistas, hablan de una carrera al despeñadero ambiental, producido por la flexibilización en las normas ambientales para atraer más inversión. Sin embargo, si se echa un vistazo más de cerca, es posible notar que el crecimiento económico producido por las inversiones es un requisito fundamental para el desarrollo de un medio ambiente sano, toda vez que no puede esperarse que aquellos que apenas tienen lo mínimo para subsistir vayan a preocuparse por las emisiones de carbono o el largo tiempo que tarda el plástico para desintegrarse. Pero si, dentro de una sociedad se comienza a generar más riqueza a partir del sistema de especialización e intercambio, las personas podrán superar los apuros más básicos y dedicar sus recursos temporales, económicos y humanos a la satisfacción de “nuevas necesidades” de orden más “elevado”. En tal escenario, las personas comenzarían a pensar seriamente en utilizar métodos y procedimientos menos contaminantes, formas alternativas de energía y transporte, etc. Y todo ello es posible porque el crecimiento económico les ha permitido superar las necesidades más directas, apremiantes e inmediatas para dedicarse ahora a satisfacer otro tipo de necesidades.
Por eso, cuando los extremistas del movimiento verde hablan de paralizar el crecimiento económico, realmente están pidiendo que menos gente salga de la pobreza y permanezca en condiciones de depredación de recursos. No recuerdan que el que nada tiene, nada pierde al actuar. Por eso hay que apelar a la sensatez: hay que aceptar cierto grado de contaminación para la subsistencia y desarrollo de la humanidad. Un claro ejemplo resulta el de los automotores: si bien es cierto que contaminan, le permiten al ser humano ahorrar mucho tiempo, mismo que utiliza en la creación de más riqueza. Esta idea ya había sido tratada por Milton Friedman, en su libro Libertad para elegir, donde manifiesta que:
“El verdadero problema no consiste en eliminar la contaminación, sino en tratar de sentar las bases de acuerdo, que definan el nivel de contaminación “adecuado”: un nivel en que el beneficio resultante de reducir un poco más la contaminación apenas supere el sacrificio de otras cosas nuevas (vivienda, calzado, prendas de vestir, etc.), que se deberían suprimir al objeto de reducir la contaminación. Más alla de dicho nivel , sacrificamos más de lo que ganamos.”
Por desgracia, al vivir con información imperfecta, nunca nos será posible encontrar ese grado exacto de contaminación, aunque podemos acércanos a él por medio de la ciencia.
Medio ambiente e interés privado:
Es cierto que ese nivel de contaminación genera lo que en economía se conoce como externalidades, es decir, aquellos impactos, positivos o negativos, que recaen en un tercero que no es parte de la transacción. Dichas externalidades, generalmente, han sido resueltas por un impuesto pigouviano, en donde la empresa o actividad económica que causare una externalidad negativa debía compensar dichos daños a través de impuestos. No obstante, el Premio Nobel de economía Ronald Coase, señaló brillantemente que dichas externalidades no se dan en forma unilateral, sino que se presentan en forma recíproca. Para ilustrar esto, Coase presentó el caso judicial de Sturgess vs. Bridgeman, en donde se explica:
“En éste, un pastelero usaba dos máquinas moledoras y trituradoras para el funcionamiento de su negocio (una de las cuales llevaba más de 60 años en el mismo lugar, mientras que la otra más de 26 años). Un médico ocupó en el intertanto un establecimiento vecino. La maquinaria no le había causado ningún daño hasta que éste, 8 años después de haberse instalado en el lugar, construyó una consulta al final de su jardín, inmediatamente contiguo a la cocina del pastelero. En ese momento encontró que el ruido que le causaba esta maquinaria no le permitía utilizar su consulta, específicamente le impedía auscultar a sus pacientes y realizar cualquiera actividad que requiriera de concentración. Frente a esta situación, el doctor interpuso acciones legales para forzar la detención de las maquinarias que producían el ruido.”
La Corte falló en favor del médico, ordenando detener el funcionamiento de las maquinarias.
Coase se pregunta entonces, si la decisión de la Corte afectará el destino de ambos establecimientos y su respuesta es negativa en la medida que ambos puedan negociar. Concretamente, Coase señala que:
“El doctor habría estado dispuesto a renunciar a sus derechos (...) si el pastelero le hubiese pagado una suma de dinero mayor que la pérdida de ingresos que le hubiese significado mudarse a un lugar más caro o menos conveniente, finalizar con sus actividades en ese lugar (...) o tener que construir una pared que eliminara el ruido y la vibración. El pastelero habría estado dispuesto a incurrir en este costo si el monto que hubiese tenido que pagar al médico hubiese sido menor que la caída en ingreso que hubiese tenido que sufrir por modificar su modo de operación, abandonar su operación o trasladarse a otro lugar. La solución al problema —continúa Coase— depende esencialmente de si el uso de la maquinaria le significa mayores ingresos al pastelero de los que pierde el doctor”.Siendo que:
“En resumen, lo que nos dice Coase es que el uso que se les dé a estos establecimientos (recursos) no dependerá de lo que establezca la ley o falle el juez, sino de los beneficios y costos asociados a cada una de las alternativas en discusión. Esto no quiere decir que la ley o el fallo judicial carecen de importancia. La verdad es que son indispensables para establecer los derechos, de modo de posibilitar las negociaciones, las que no se podrían llevar a cabo en ausencia de estos derechos.”
Este ejemplo se ilustra claramente un problema de medio ambiente (contaminación sónica), en donde la externalidad no es monopolio exclusivo de una de las partes, sino que ambos, tanto el médico como el empresario, se afectan mutuamente. Es aquí donde precisamente la legislación puede jugar un papel preponderante para la solución armoniosa de dichos conflictos, a través del establecimiento de derechos de propiedad claramente definidos que les permitan a las personas entrar en intercambios voluntarios donde ambas partes resulten beneficiadas.
Ahora, siendo el punto inicial de esta presentación la forma en que protección ambiental y desarrollo pueden ser compatibles, cabe enfatizar en varios aspectos para conseguir dicha tarea. En primer lugar, la legislación ambiental debe establecer claros y definidos derechos de propiedad, que conviertan al ambiente en un tema de interés privado para los individuos, haciendo que estos sean los primeros beneficiados o perjudicados por el tratamiento que ellos hagan del ecosistema. En la medida en que se eliminen los bienes públicos, se eliminarán también los free riders. A continuación se exponen ciertos ejemplos que ilustran dicho planteamiento.
a) Los impuestos a la importación: pocos imaginaran cómo temas de política tributaria-comercial pueden encontrarse sumamente vinculados al ámbito ambiental. La reducción de impuestos para la importación de mejores tecnologías puede ser una de las formas menos costosas pero más beneficiosas de colaborar con el ambiente. Dentro de esta condición se pueden encontrar claramente los automóviles, pues al reducir los impuestos a la importación de automóviles nuevos, las personas no sólo verán mejorada su esfera material sino que dicha medida incentivará a que las personas obtengan vehículos que son mucho más eficientes en cuanto al consumo de energía y menos contaminantes.
b) La propiedad sobre la tierra: en tanto exista propiedad privada sobre la tierra, esta se convierte en un factor de producción y de riqueza para su dueño. En este sentido, este será el primero y más interesado en dar un uso racional y eficiente a la tierra misma. También es interesante notar los nuevos nichos que el mismo mercado ha creado a partir de lo que Hayek denominara orden espontáneo, sobre productos cultivados orgánicamente. Siendo este un ejemplo más de como el cuido al medio ambiente es lucrativo.
c) Flora y fauna en conservación: definitivamente si se quiere poner en peligro de extinción a alguna especie animal o vegetal, lo primero que se debe hacer es prohibir su comercialización. Todos los lectores pueden estar seguros que los árboles que se encuentran en peligro no son los de las papelerías canadienses; también pueden estar seguros de que no existe un ejemplo en el mundo de algún animal cuya comercialización fuera legal y libre que haya desaparecido, esto debido a que de nuevo tanto flora y fauna se vuelven en factores de riqueza los cuales han de ser conservados para poder seguir creando riqueza.
Como se puede ver, el reto de las legislaciones ambientales es precisamente establecer responsabilidades directas e inmediatas sobre los individuos en cuanto al desarrollo del ambiente. Esto no sólo asegurará un cuido efectivo del mismo, sino que también incentivará la inversión privada y con ello el crecimiento económico, lo que consecuentemente mejorará las condiciones de vida de todos los habitantes. En cambio la prohibición y la estrechez mental son los caminos más rápidos a la pobreza y desastre ambiental. No hay que olvidar que el ambiente es un medio necesario para el desarrollo pleno e integral de todos los individuos, pero no un fin en si mismo, como algunos desean hacerlo parecer.
lunes, 9 de febrero de 2009
Tema polémico: cultura y desarrollo
Hoy en ASOJOD queremos desarrollar algunas cuantas ideas respecto a la relación que puede o no existir entre el desarrollo y la cultura. El día viernes 30 de enero del año en curso, sucedió algo insólito: ese día se disputaba el juego de fútbol entre Costa Rica y El Salvador y resulta que, durante el segundo tiempo, el equipo salvadoreño sufrió –sospechosamente- una serie de lesiones, lo cual provocó que el partido fuera suspendido, dando la victoria al cuadro nacional. Desgraciadamente estos bochornosos acontecimientos parecen ser característica común de nuestra región. Es aquí donde la cultura juega un papel vital.En ASOJOD, pensamos que la cultura posee un rol fundamental en el desarrollo, no como una especie de determinismo cultural, sino como una condición más, necesaria para el logro del desarrollo y crecimiento económico. Antes de iniciar nuestro análisis es importante esclarecer y delimitar los conceptos. Entendemos la cultura en el sentido randiano, esto es: como el conjunto de ideas y valores predominantes en un determinado tiempo y espacio. De este concepto se deducen una serie de conclusiones que no dejan de ser importantes. Primero que todo, la cultura es mutable, es una creación del hombre que vive y coopera con otros hombres. Por ello la cultura no debe de ser reificada. Esta, como institución humana que es, puede evolucionar –transformarse- como lo muestra la historia de la humanidad. La cultura es un producto del orden espontáneo (Hayek), la cual nace en virtud de la acción humana pero no del diseño humano (Adam Ferguson).
En este sentido, la cultura no es el producto exclusivo de la estructura –sistema productivo- como lo aseveraba el esencialismo marxista, sino que estructura y superestructura –para continuar con las categorías de esa corriente- se retroalimentan una a la otra. Sería ingenuo pensar que una es la consecuencia exclusiva de la otra. Weber había logrado criticar la tesis marxista en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", al invertir la fórmula de Marx, alegando que fue la religión -superestructura- la que impulsó el desarrollo del capitalismo –estructura- dentro de los países protestantes.
Propiamente en América latina vale destacar el libro: El Autoritarismo y la improductividad de José Ignacio García Hamilton. En este, el profesor argentino demuestra cómo las instituciones de la colonia y las que continuaron posterior a esta, dejaron en nuestros pueblos una herencia cultural que tenía como pilares el mercantilismo, el autoritarismo, incumplimiento de la ley, corruptelas, privilegios, etc. Se trata de una serie de valores que han contribuido enormemente al atasco económico en que se encuentra América Latina y que aparecen reflejados en todos los proyectos y actividades en las que participamos, ejemplo de ello es el partido de la UNCAF mencionado anteriormente.
Por ello, creemos que el desarrollo no se alcanza mágicamente a partir del establecimiento de un modelo productivo -capitalismo- si éste no va acompañado por un cambio del paradigma cultural que permita internalizar los valores que hacen posible a dicho sistema: la productividad, la honradez, la competencia, la inventiva, la cooperación, el respeto por los contratos, etc.
martes, 13 de enero de 2009
La globalización y el progreso humano

Algunos dicen que la actual crisis es muestra de que el capitalismo colapsó y ha demostrado su incapacidad de generar prosperidad. La evidencia apunta en la dirección contraria. Y es que, como dice Norberg, “Es probable que las décadas transcurridas desde 1960 hayan sido las de mayor avance en el nivel de vida de la humanidad de toda la historia” y aunque “La globalización no es la causa de todas estas mejoras…[si] contribuye a ellas mediante la promoción del desarrollo económico, y la propagación del conocimiento y la tecnología”.
Norberg se propone en su libro descubrir si la globalización ha sido positiva para el desarrollo humano y utiliza datos de las instituciones internacionales “más grandes y consolidadas” tales como la ONU, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Banco Mundial, y la Organización Internacional de Trabajo (OIT), entre otras. Aquí les presento solo algunos de los datos sorprendentes que Norberg extrajo de estas fuentes:
- “De 1975 a 2005, el PBI per cápita global promedio aumentó de 4.867 a 8.477 dólares” (casi se duplicó). Cabe recalcar que el mayor aumento de PBI per cápita lo experimentaron los países de ingreso mediano (134%), seguidos de aquellos de ingreso bajo (105%) y luego los de ingreso alto (86%).
- “De 1975 a 2004, solo cuatro de los países para los cuales la PNUD tiene datos registraron un deterioro [en el índice de desarrollo humano]”. El resto mejoraron.
- “En 1981, 40,1% de la población de los países en desarrollo vivía en extrema pobreza. En 2004, esa proporción se había reducido a menos de la mitad, 18,1%”. Entre 1999 y 2004, 139 millones de personas salieron de la pobreza o, en otras palabras, “76.219 pobres menos por día”.
- “De 1960 a 2005, la expectativa de vida mundial al nacer creció 18 años…en los países en desarrollo, de 45 a 65 años: dos décadas completas”.
- “Según el Banco Mundial, la proporción de niños de 10 a 14 años que trabajan se redujo a más de la mitad de 1960 a 2003, de 24,9 a 10,5%”.
- Según una encuesta de Freedom House, “la proporción de la población mundial que vive bajo sistemas democráticos aumentó de 0% en 1900 a 31% en 1950 y a 58,2% en 2000”.
- “De 1980 a 2004, el promedio mundial [de libertad económica según el índice del Fraser Institute] aumentó de 5,1 a 6,5”. Es decir de un nivel de libertad económica similar al de Nigeria a uno similar al de México.
Solo quería recordarles en esta navidad que a pesar del retroceso que hemos experimentado en nuestro país—en cuanto a libertades civiles, políticas y económicas—y también a pesar de la crisis mundial, a largo plazo y a nivel mundial no es deseable que la globalización se detenga porque hay muchos que se han beneficiado y podrían beneficiarse de ella, sobre todo los pobres del mundo.
Gabriela Calderón
jueves, 1 de enero de 2009
Cincuenta años después, Cuba no tiene mucho que mostrar

Cincuenta años después de que Fidel Castro llegó al poder en Cuba, la gran pregunta sobre la revolución cubana no es si fue justificada, sino si valió la pena. Sobre la base de las evidencias disponibles, la respuesta es un claro no.
Un vistazo desapasionado sobre la Cuba de hoy demuestra que aunque el país ha erradicado los bolsones de pobreza extrema que existían durante la dictadura de Fulgencio Batista, la mayoría de la población tiene un estándar de vida más bajo y menos oportunidades de progreso personal que hace cinco décadas.
Los cubanos de hoy tienen un ingreso per cápita más bajo que gran parte de los países latinoamericanos. Tienen menos televisores, teléfonos, computadoras y automóviles en proporción con su población que la mayoría de los países de la región y figuran en el último lugar de América Latina en porcentaje de personas con acceso a internet, incluso por debajo de Haití.
Y aunque en algunos rubros Cuba sale bien parada, como en la alfabetización y la mortalidad infantil, en otros deja mucho que desear. Cuba, por ejemplo, tiene uno de los índices de suicidio más altos de las Américas.
Antes de hablar de mis impresiones de cuando viajaba con frecuencia a la isla a principios de la década de 1990, veamos las estadísticas concretas.
En el aspecto positivo, Cuba tiene un 99.8 por ciento de alfabetización entre los adultos, uno por ciento más que Trinidad y Tobago, y una tasa de mortalidad infantil de 6 por cada mil nacidos vivos, un poco más baja que la de Chile, según el Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas de 2008. Eso convierte a Cuba en el país con la mejor tasa de alfabetización de adultos y mortalidad infantil en la región.
Sin embargo, según el Anuario Estadístico de la ONU de 1957, Cuba ya estaba entre los cuatro países latinoamericanos con más alfabetizados y con mayor porcentaje de consumo calórico en ese año, así como el índice más bajo de mortalidad infantil de la región. En otras palabras, Cuba ha ascendido tres puestos en la clasificación de alfabetización y ha conservado su primer lugar en el índice de mortalidad infantil.
En lo que respecta al ingreso per cápita, el Informe de Desarrollo Humano de la ONU --la fuente estadística favorita del régimen cubano-- indica que el ingreso per cápita de la isla es $6,000 anuales, aunque la cifra está acompañada por un asterisco que indica que se trata de un cálculo del gobierno cubano y que ``procuramos generar un cálculo más preciso''.
De hecho, Cuba se niega a calcular su ingreso per cápita según las normas internacionales. Lo mismo ocurre con el índice de pobreza. Cuba emplea métodos estadísticos internacionales en los sectores que le conviene, como en algunos rubros de la salud y la educación, pero se niega a hacerlo en áreas en las que no sale bien parada. El informe sobre la ONU deja en blanco el casillero que corresponde a Cuba en el rubro del porcentaje de la población que vive en la pobreza.
''Ni las Naciones Unidas ni ninguna otra institución internacional tienen la menor idea de cuál es el ingreso per cápita o la tasa de pobreza en Cuba porque Fidel [Castro] ordenó que el país usara su propia metodología'', dice Carmelo Mesa Lago, profesor de Economía retirado de la Universidad de Pittsburgh, que desde hace tiempo es uno de los analistas más serios de la economía cubana.
''Las cifras del gobierno cubano no son creíbles, lo que hace que todo el mundo tenga que usarlas con un asterisco o no usarlas en absoluto'', añadió.
Lo que se puede constatar es que el salario promedio de los cubanos es de alrededor de $20 mensuales, según lo han reconocido los medios oficiales, lo que daría un ingreso promedio de $240 anuales.
Incluso si uno quiere darle al gobierno cubano el beneficio de la duda y aceptar su dudosa cifra de ingreso per cápita de $6,000 anuales --que supuestamente toma en cuenta los subsidios a los alimentos, la salud y la educación--, Cuba ocupa el puesto número 21 en Latinoamérica, muy por debajo de países como Argentina, México, y Brasil e incluso por debajo de la República Dominicana, Surinam y Belice, según el informe de la ONU.
Otras instituciones internacionales publican cifras que ofrecen un cuadro aún más sombrío de la Cuba actual.
Mientras que en 1959 Cuba ocupaba el primer lugar de Latinoamérica en el porcentaje de familias con televisores, hoy sólo el 70 por ciento de las familias cubanas tienen televisor, comparado con 97 por ciento en Argentina, 93 por ciento en México, 83 por ciento en El Salvador y 76 por ciento en la República Dominicana, según los Indicadores Mundiales de Desarrollo de 2008 del Banco Mundial.
En lo que corresponde a los teléfonos, sólo 9 por ciento de los cubanos tienen acceso a un teléfono de línea fija y apenas 1 por ciento de la población está suscrita a un servicio de telefonía móvil, según las cifras del Banco Mundial, uno de los porcentajes más bajos de la región, muy inferior al de Honduras.
Lo que es peor, sólo 2 por ciento de los cubanos tiene acceso a internet. En comparación, 27 por ciento de los costarricenses, 10 por ciento de los guatemaltecos y 7 por ciento de los haitianos tiene acceso a internet, según las cifras del Banco Mundial.
El gobierno cubano culpa de sus problemas económicos al embargo comercial de Estados Unidos. Pero aunque algunos creemos que el embargo en su forma actual es una política desacertada, tiene tantos agujeros que difícilmente se le puede culpar por el bajo nivel de vida en la isla. Estados Unidos es ya el principal exportador de productos alimenticios a la isla y muchos otros productos estadounidenses entran a Cuba a través de terceros países.
La vida en Cuba es sombría, según pude apreciar cuando viajaba a la isla y lo que cuentan los recién llegados.
La isla es como un enorme jardín de infantes, donde todos tienen garantizado un ingreso de susbsistencia pero el gobierno decide lo que uno puede estudiar, donde uno puede trabajar, que cosas uno puede comprar y si puede viajar al exterior. Es un buen lugar para subsistir si uno es un holgazán, o un inepto, pero puede ser muy exasperante para el que sea ambicioso o tenga opiniones propias.
Recuerdo una entrevista que le hice en La Habana al nieto del Che Guevara, Canek Sánchez Guevara, en 1991, cuando era un joven veinteañero y tocaba en una banda de rock heavy metal. Canek, quien más tarde emigró a México, era muy crítico --como muchos jóvenes cubanos-- de la revolución.
''Esta revolución está en ruinas'', me dijo. ``No hay comida, ni libertad... La gente dice que todo es culpa de la agresión yanqui, pero eso es un mito... un cuento infantil''.
La gente joven no tenía nada que hacer en Cuba, me dijo Canek. El estudiaba diseño gráfico en una escuela de arte pero consideraba que era una pérdida de tiempo.
''No hay papel, ni lápices, ni interés de parte de los profesores en hacer nada'', me dijo. ``Y si te gradúas, no hay trabajo en tu especialidad. Te van a pedir que vayas al campo para trabajar en la agricultura. Aquí no hay futuro''.
Cuando le pregunté que pensaría el Che Guevara de estas palabras si estuviera vivo, el nieto del héroe cubano dijo: ``Estaría orgulloso de mí. El Che Guevara era un rebelde. Jamás aprobaría en lo que ha terminado esta revolución''.
Y las cosas no han cambiado mucho desde entonces. No es sorprendente que cada periodista que viaja a la isla regrese contando lo mismo: es un país detenido en el tiempo, esperando --hasta el momento en vano-- que algo cambie.
La parte de la familia del Che Guevara que conocí en Cuba es un ejemplo típico de la división generacional que existe en la isla. Los abuelos tienden a apoyar la revolución --han invertido su vida en ella-- mientras los cubanos de mediana edad tienden a ser escépticos y la mayoría de los jóvenes son críticos. Como me dijo un joven en La Habana, ``esta revolución se ha convertido en una institución''.
La desesperanza que reina en la isla es posiblemente uno de los factores que inciden en el alto índice de suicidio, de 24.8 por cada 100,000 personas. A principios de esta década Cuba tenía el índice de suicidio más alto de Latinoamérica, pero este año ha descendido al cuarto puesto, detrás de Guyana, Uruguay y Trinidad y Tobago, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.
Los funcionarios gubernamentales admiten que muchos cubanos se quejan de la falta de alimentos y oportunidades, pero alegan que la mayoría del país apoya a la revolución. Lo dudo mucho, por tres motivos fundamentales. Primero, porque he escuchado a muchos cubanos decir lo contrario --muchos con miedo a que los escuchen-- en la época en la que viajaba a la isla con frecuencia. Segundo, porque una encuesta realizada en Cuba este mismo año por el Instituto Internacional Republicano revela que casi el 70 por ciento de los cubanos de entre 19 y 49 años dijo que les gustaría tener un sistema democrático con elecciones multipartidistas y libertad de expresión.
Tercero, y más importante, porque el régimen cubano tiene una maquinaria de encuestas muy bien aceitada. Si el gobierno de Castro creyera que puede ganar en elecciones libres y que el pueblo cubano está tan orgulloso de los logros de la revolución, hubiera permitido elecciones libres hace mucho tiempo. Si no lo ha hecho es porque sabe que las perdería.
Entonces, ¿valió la pena mejorar algunos indicadores sociales al precio de bajar el estándar de vida general de la isla?
Definitivamente no. Otros países, como Chile y Costa Rica, han reducido la pobreza a un mínimo y con mucho menos trauma social.
En Cuba casi el 10 por ciento de la población huyó al exilio, cientos de miles de familias quedaron separadas, sin poder verse durante muchos años, y miles --decenas de miles, según algunos informes-- han muerto en el mar tratando de abandonar la isla. Millones de los que se quedaron fueron forzados al llamado trabajo voluntario, a cortando caña o destinados a otras ``tareas revolucionarias''.
Y todo eso sin tomar en cuenta a las víctimas de la violencia política. Un total de 2,077 cubanos murieron en las llamadas guerras internacionalistas de Cuba en Angola, Mozambique, Etiopía y otros países africanos, según cifras oficiales citadas por el autor Norberto Fuentes en su Autobiografía de Fidel Castro.
Además, el Archivo Cubano, con sede en Nueva Jersey, afirma que ha documentado 8,273 ejecuciones, asesinatos extrajudiciales y desapariciones en la isla desde 1959.
''Tenemos los nombres y las fuentes de todas esas muertes y están disponibles en internet'', dice María Werlau, directora del Archivo.
El precio que han pagado los cubanos en libertades básicas perdidas ha sido enorme. Hay más de 200 prisioneros políticos en la isla, entre ellos 29 periodistas arrestados en el 2003, según los grupos de derechos humanos. Adolfo Fernández Saínz, uno de esos 29 periodistas, cumple una condena de 15 años de cárcel por ''subvertir el orden interno de la nación''. En su juicio, el gobierno presentó ''pruebas'' de su delito confiscadas en el apartamento del periodista: una máquina de escribir y libros prohibidos, entre ellos 1984, de George Orwell.
Mi conclusión: la dictadura cubana ha mejorado algunos indicadores sociales, pero otros países latinoamericanos han hecho lo mismo sin sacrificar libertades básicas y a un costo muchísimo menor en sufrimiento humano. Para los cubanos, la revolución puede haber sido justificada, pero no valió la pena.
Andrés Oppenheimer
miércoles, 15 de octubre de 2008
¿Podremos algún día ser del “Primer Mundo”?

En el libro “Guía para un excelente gobierno… y para un ciudadano menos indolente”, publicado por el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la UCR, se aporta sólida evidencia jurídica, política, histórica, administrativa y técnica, de por qué Costa Rica no es un país desarrollado.
En efecto, en pobreza, ambiente, educación, salud y agricultura, en turismo e industria, en infraestructura, seguridad ciudadana, en planificación, etc., las estadísticas y tantos analistas proporcionan alarmantes “indicadores deficitarios”, pero el libro les otorga una novedosa relevancia pasándolos por el prisma de las macrocausas, o causas de origen, de tales fenómenos; y, más aun viéndolos como fenómenos interdependientes y no individuales.
Análisis deficiente. El libro –que también podría intitularse “…de dónde viene y cómo superar nuestro sempiterno nadadito de perro”– devela cómo durante más de treinta años (en coincidencia en mucho sentido con el análisis de Julio Rodríguez aquí el 8/9 anterior), ha habido una sistemática omisión de ciertas pautas superiores jurídicas y conceptuales, un hecho que explica el por qué de tantos análisis unilaterales sobre problemas nacionales y políticas mal diseñadas y peor ejecutadas que no resuelven ninguno de aquellos, aun con el enorme gasto disponible y la evidente buena fe de sus propulsores.
Si el lector desea realmente saber quiénes son unipersonalmente responsables del subdesarrollo nacional, y quiénes y cómo “podremos ayudarnos” de manera calificada haciendo lo necesario para enmendar, desde ya, esas irresponsabilidades y resolver mucho mejor todo problema nacional, el libro identifica a los actores y “órganos” responsables e indica cómo lograr ese cambio, sin esperar una Constituyente.
El libro demuestra cómo las actitudes y comportamientos diarios del costarricense tienen como contrapartida real su desapego para con el régimen de derecho que todos, cuando conviene, dicen respetar. Se señala un problema grave en la enseñanza misma de muchas ciencias sociales en las universidades, pues es común ver cómo se extrapolan los análisis de afamados autores europeos y norteamericanos, y de sus corifeos latinoamericanos, como si fueran análisis y propuestas sobre Costa Rica, lo que lleva a que los estudiantes no aprenden a investigar nuestros fenómenos en su complejidad real, jurídica, institucional y sustantiva, sino a repetir frases célebres que denotan erudición académica. Así llegan a importantes puestos públicos y políticos.
Cultura colonial. En el libro develamos igualmente cómo nuestra cultura política de origen colonial todavía nos domina en lo que es el manejo de instituciones y procesos públicos sin la preparación especializada rigurosa –o sea, realista de lo público nuestro, no de lo público anglosajón; en las muchas microanalíticas y simplistas discusiones sobre reformas políticas, electorales e institucionales; en la formulación de programas electorales por los partidos políticos y promulgación de nuevas leyes, que dan la espalda al modelo-país y a unas pocas normas en la Constitución así como a unas pocas leyes superiores, que precisamente sí permiten en conjunto el “excelente gobierno”; en no querer enfrentar nadie las verdaderas causas de la corrupción que nos acogota, incluida la creación por los partidos mayoritarios de cotos de caza en las instituciones (piénsese, a manera de ejemplo, en los varios funcionarios públicos de carrera que aparecen de repente como legisladores, cosa imposible en Europa o en Estados Unidos); en no entender que los procesos de contratación administrativa, administración financiera, empleo, tecnologías digitales y de otra índole, son apenas eslabones de procesos político-administrativos mayores de dirección, planificación, control y evaluación, cuyo manejo eficaz exige una rigurosa formación –que tampoco se está dando en el país– más allá de la que actualmente recibe el especialista en esos campos parciales, más cuando se incorporan a este escenario los ámbitos sectorial y regional del desarrollo nacional.
El libro, por su lado, incorpora pruebas de cómo el marco normativo-conceptual sustentado por el autor funciona en condiciones apropiadas, presentando experiencias positivas habidas en el país en los últimos 34 años que demuestran que “sí se puede”.
Dos grandes y francas advertencias: una, el libro argumenta con contundencia que no por ignorar tantos costarricenses los fenómenos reales analizados en él, éstos, entonces, no tienen consecuencias en el desarrollo real del país; por otro lado, su contenido crítico –pero también propositivo– es un espejo, y apuesto a que todo lector que lo lea con objetividad no podrá seguir siendo el mismo “tipo” de ciudadano.
Si no lo digo yo como su autor, ¿quién más podría hacerlo con tanta convicción, fundamento y… optimismo?
Johnny Meoño

