
El inicio de este año lectivo ha sido bastante convulso, pues el Ministro de Educación, Leonardo Garnier, tomó la decisión de convertirse en el "súper héroe de la comida", limitando la variedad de alimentos vendidos en sodas y comedores escolares con su poderoso "disparador de decretos y reglamentos". Bajo la supuesta preocupación de un creciente porcentaje de niños con obesidad se ha prohibido la venta de ciertos alimentos que un grupo de “expertos” ha considerado poco saludables.
Nuevamente, el Estado se involucra directamente en las decisiones de mercado y actúa como padre que sabe lo que es mejor para nosotros, limitándonos la libertad por medio de acciones prohibitivas. Por supuesto, en ASOJOD rechazamos totalmente este tipo de idioteces del ministro Garnier, pues aparte de ser una medida represiva que atenta contra nuestra libertad de manejar nuestra propia vida también la consideramos una medida poco efectiva, por cuanto ayudará muy poco a cumplir los objetivos que pretende lograr.
Lo que consume o no una persona es una decisión individual que responde al grado de educación, información e intereses que tenga sobre las posibles consecuencias que estos actos tengan sobre su vida. Todo eso lo puede recibir en una escuelas pero la mayor cuota de responsabilidad en la educación de los niños cae sobre sus padres o guardianes legales. Sin embargo, en lugar de tratar de hacer consciencia en ellos, el Ministro decide tomar la medida más sencilla y tonta que es prohibir algunos alimentos en las escuelas Pero ¿qué tan efectiva será esta medida? ¿En verdad al limitar la oferta esto hará que el consumo disminuya? La respuesta es no, definitivamente, excepto que se nombre todo un contigente de "policías de la comida", que reprenda y persiga el trasiego ilegal de golosinas y frituras, que encarcele a los pequeños bribones y los someta a la más aleccionadora represión, haciéndoles entender que Papá Estado siempre ganará la batalla (¡Ups! Nos habíamos olvidado que el Estado es incapaz de hacer algo tan elemental como atrapar a los verdaderos delincuentes y garantizar la seguridad de los ciudadanos!)
Ya muchas sodas y pulperías cercanas a las escuelas han celebrado esta decisión pues saben se incrementarán sus ventas dado que los niños encontrarán en sus negocios lo que no encuentren en las escuelas. Además, es probable que los hábitos alimenticios de estos niños sean porque en la casa también existen estos hábitos así que lo que dejan de comer en la escuela lo encontrarán en la casa.
Tal parece que muchas personas siguen sin comprender la realidad tan evidente y demostrada de que al limitar la oferta en lugar de trabajar en limitar la demanda lo que genera es aumentos de precios y proliferación de negocios informales pero poco incide sobre el consumo de las personas. Este error lo hemos visto una y otra vez cometerlo en el caso de otros bienes de consumo como las drogas, el licor y el cigarrillo. El resultado siempre es el mismo: los burócratas tratando de meterse en las decisiones individuales tiran el dinero público por el retrete montando guerras que siempre perderán, los que ganan dinero en esos negocios celebrando con la conformación de verdaderas mafias (que siempre influyen en aquellos burócratas) y los ciudadanos comunes y corrientes muriendo en el fuego cruzado.
Todas estas políticas bien intencionadas siempre traen consigo consecuencias nefastas. Por eso es que siempre insistimos en la famosa frase “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.
Nuevamente, el Estado se involucra directamente en las decisiones de mercado y actúa como padre que sabe lo que es mejor para nosotros, limitándonos la libertad por medio de acciones prohibitivas. Por supuesto, en ASOJOD rechazamos totalmente este tipo de idioteces del ministro Garnier, pues aparte de ser una medida represiva que atenta contra nuestra libertad de manejar nuestra propia vida también la consideramos una medida poco efectiva, por cuanto ayudará muy poco a cumplir los objetivos que pretende lograr.
Lo que consume o no una persona es una decisión individual que responde al grado de educación, información e intereses que tenga sobre las posibles consecuencias que estos actos tengan sobre su vida. Todo eso lo puede recibir en una escuelas pero la mayor cuota de responsabilidad en la educación de los niños cae sobre sus padres o guardianes legales. Sin embargo, en lugar de tratar de hacer consciencia en ellos, el Ministro decide tomar la medida más sencilla y tonta que es prohibir algunos alimentos en las escuelas Pero ¿qué tan efectiva será esta medida? ¿En verdad al limitar la oferta esto hará que el consumo disminuya? La respuesta es no, definitivamente, excepto que se nombre todo un contigente de "policías de la comida", que reprenda y persiga el trasiego ilegal de golosinas y frituras, que encarcele a los pequeños bribones y los someta a la más aleccionadora represión, haciéndoles entender que Papá Estado siempre ganará la batalla (¡Ups! Nos habíamos olvidado que el Estado es incapaz de hacer algo tan elemental como atrapar a los verdaderos delincuentes y garantizar la seguridad de los ciudadanos!)
Ya muchas sodas y pulperías cercanas a las escuelas han celebrado esta decisión pues saben se incrementarán sus ventas dado que los niños encontrarán en sus negocios lo que no encuentren en las escuelas. Además, es probable que los hábitos alimenticios de estos niños sean porque en la casa también existen estos hábitos así que lo que dejan de comer en la escuela lo encontrarán en la casa.
Tal parece que muchas personas siguen sin comprender la realidad tan evidente y demostrada de que al limitar la oferta en lugar de trabajar en limitar la demanda lo que genera es aumentos de precios y proliferación de negocios informales pero poco incide sobre el consumo de las personas. Este error lo hemos visto una y otra vez cometerlo en el caso de otros bienes de consumo como las drogas, el licor y el cigarrillo. El resultado siempre es el mismo: los burócratas tratando de meterse en las decisiones individuales tiran el dinero público por el retrete montando guerras que siempre perderán, los que ganan dinero en esos negocios celebrando con la conformación de verdaderas mafias (que siempre influyen en aquellos burócratas) y los ciudadanos comunes y corrientes muriendo en el fuego cruzado.
Todas estas políticas bien intencionadas siempre traen consigo consecuencias nefastas. Por eso es que siempre insistimos en la famosa frase “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.
