
El pasado 25 de julio, durante las celebraciones de un aniversario más de la Anexión de Nicoya a Costa Rica, la Presidente de la República, Laura Chinchilla demostró su verdadera cara ante los costarricenses.
Para ganarse los aplausos del público, como los mejores populistas, invocó el güipipia y sacó la lista de promesas que, por supuesto, no cumplirá. Pero no se sorprendan, amigos lectores, pues no será la primera vez que esto suceda con Laura. De hecho, en su propia campaña, manifestó que no impuslaría nuevos impuestos mientras no se reactivara la economía. Por sus palabras el día de la celebración en Nicoya, podríamos pensar que tiene la fantasía de que "en nuestro país ya no hay crisis". Quizá si su incompetente Ministro de Comunicación le hubiese pasado un simple periódico o algunas estadísticas como las del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), habría evitado tremendo desaguisado.
Como si fuera poco, Chinchilla se lavó las manos por su pésima gestión y le echó la culpa a la oposición. Recordemos que también los nazis y los comunistas soviéticos gustaban mucho de practicar esa técnica de culpabilizar al "otro" por todos los problemas y, posteriormente, pedir su exterminio. No en vano doña Laura está, desde ya, pidiendo a los ciudadanos que ignoren las voces de "los necios líderes de la oposición".
Pero la lista de sandeces no acaba ahí. Ante las exigencias de los guanacastecos por el incumplimiento de las promesas de campaña, Chinchilla se dejó decir que tenían que exigirle a los Diputados que aprobaran los impuestos que ella está pidiendo porque -idiotez digna de salir publicada en los Record Guinness-, "serán impuestos que no pagarán ustedes (los guanacastecos presentes en el acto), sino que pagarán los que más tienen para dárselos a ustedes".
Muchos dirán que eso no es idiotez, que es puro populismo. Tienen razón, pero en ASOJOD si creemos que hay algo de idiotez en las manifestaciones de la Presidente, toda vez que sus premisas se asientan en el cáncer cultural del redistribucionismo. Tanto para ella como para la gran mayoría de los políticos, es legítimo redistribuir la riqueza que unos ganan para otorgársela a otros que no la tienen. Basan su justificación en el criterio de necesidad: "como necesito, merezco", sin entrar a reflexionar verdaderamente cuál es la virtud que tienen esos necesitados para recibir el premio. Si lo hicieran, utilizando argumentos morales, notarían que esas personas no han hecho nada para merecer la riqueza de quien la ha producido a partir de su esfuerzo, trabajo, creatividad, habilidad o talento.
Ella es de los que creen que el Estado, mediante más impuestos y más gastos, puede dinamizar la economía. Nada más alejado de la realidad. Esos impuestos que, según la mandataria, pagarán los ricos y no los pobres, son ficciones muy comunes entre esos que suben a la silla de Zapote y que, quizá por sentirse tan altos, pierden el oxígeno necesario para el funcionamiento de sus neuronas. Es obvio que un sistema progresivo como el costarricense genera un obstáculo enorme para generar riqueza: ¿quién va a querer producir más dinero si tendrá que pagarle más al Estado? También genera un incentivo perverso para los free riders: ¿para qué trabajar y esforzarse si el Estado siempre me dará lo que le pido?. Pero también hay otro gran problema con esto: el dinero que se le quite a los ricos para dárselo a los pobres -si es que se les traslada y no queda en los intermediarios políticos- no crea más riqueza, pues esos pobres lo usarán para satisfacer necesidades básicas mientras los ricos tendrán menos para invertir, consumir o ahorrar. Más impuestos significa menos posibilidades de generar empleo, de innovar, de invertir, es decir, de generar riqueza. Menuda solidaridad la del Gobierno de Laura Chinchilla.
Hay mucho de populismo en todo esto. Exaltar a la masa para ganar sus vítores, prometerle lo imposible, culpar al "enemigo común", etc. Pero también de idiotez, como ya lo expusimos. El problema de fondo es que esta idiotez no es exclusiva de los políticos. Es más, la mayoría de ellos solo aprovecha la oportunidad que le da un sinnúmero de idiotas que creen lo que les dicen y que dan su voto para escoger el arma con el que los matarán.
Para ganarse los aplausos del público, como los mejores populistas, invocó el güipipia y sacó la lista de promesas que, por supuesto, no cumplirá. Pero no se sorprendan, amigos lectores, pues no será la primera vez que esto suceda con Laura. De hecho, en su propia campaña, manifestó que no impuslaría nuevos impuestos mientras no se reactivara la economía. Por sus palabras el día de la celebración en Nicoya, podríamos pensar que tiene la fantasía de que "en nuestro país ya no hay crisis". Quizá si su incompetente Ministro de Comunicación le hubiese pasado un simple periódico o algunas estadísticas como las del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), habría evitado tremendo desaguisado.
Como si fuera poco, Chinchilla se lavó las manos por su pésima gestión y le echó la culpa a la oposición. Recordemos que también los nazis y los comunistas soviéticos gustaban mucho de practicar esa técnica de culpabilizar al "otro" por todos los problemas y, posteriormente, pedir su exterminio. No en vano doña Laura está, desde ya, pidiendo a los ciudadanos que ignoren las voces de "los necios líderes de la oposición".
Pero la lista de sandeces no acaba ahí. Ante las exigencias de los guanacastecos por el incumplimiento de las promesas de campaña, Chinchilla se dejó decir que tenían que exigirle a los Diputados que aprobaran los impuestos que ella está pidiendo porque -idiotez digna de salir publicada en los Record Guinness-, "serán impuestos que no pagarán ustedes (los guanacastecos presentes en el acto), sino que pagarán los que más tienen para dárselos a ustedes".
Muchos dirán que eso no es idiotez, que es puro populismo. Tienen razón, pero en ASOJOD si creemos que hay algo de idiotez en las manifestaciones de la Presidente, toda vez que sus premisas se asientan en el cáncer cultural del redistribucionismo. Tanto para ella como para la gran mayoría de los políticos, es legítimo redistribuir la riqueza que unos ganan para otorgársela a otros que no la tienen. Basan su justificación en el criterio de necesidad: "como necesito, merezco", sin entrar a reflexionar verdaderamente cuál es la virtud que tienen esos necesitados para recibir el premio. Si lo hicieran, utilizando argumentos morales, notarían que esas personas no han hecho nada para merecer la riqueza de quien la ha producido a partir de su esfuerzo, trabajo, creatividad, habilidad o talento.
Ella es de los que creen que el Estado, mediante más impuestos y más gastos, puede dinamizar la economía. Nada más alejado de la realidad. Esos impuestos que, según la mandataria, pagarán los ricos y no los pobres, son ficciones muy comunes entre esos que suben a la silla de Zapote y que, quizá por sentirse tan altos, pierden el oxígeno necesario para el funcionamiento de sus neuronas. Es obvio que un sistema progresivo como el costarricense genera un obstáculo enorme para generar riqueza: ¿quién va a querer producir más dinero si tendrá que pagarle más al Estado? También genera un incentivo perverso para los free riders: ¿para qué trabajar y esforzarse si el Estado siempre me dará lo que le pido?. Pero también hay otro gran problema con esto: el dinero que se le quite a los ricos para dárselo a los pobres -si es que se les traslada y no queda en los intermediarios políticos- no crea más riqueza, pues esos pobres lo usarán para satisfacer necesidades básicas mientras los ricos tendrán menos para invertir, consumir o ahorrar. Más impuestos significa menos posibilidades de generar empleo, de innovar, de invertir, es decir, de generar riqueza. Menuda solidaridad la del Gobierno de Laura Chinchilla.
Hay mucho de populismo en todo esto. Exaltar a la masa para ganar sus vítores, prometerle lo imposible, culpar al "enemigo común", etc. Pero también de idiotez, como ya lo expusimos. El problema de fondo es que esta idiotez no es exclusiva de los políticos. Es más, la mayoría de ellos solo aprovecha la oportunidad que le da un sinnúmero de idiotas que creen lo que les dicen y que dan su voto para escoger el arma con el que los matarán.