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lunes, 2 de junio de 2014

Tema Polémico: Ni de izquierda ni de derecha

A los liberales en muchas ocasiones suelen señalarnos como personas “de derecha” principalmente por el hecho de que defendemos libertades económicas como el libre comercio, el respeto a la propiedad privada y los contratos entre las partes dentro del mercado sin la injerencia del gobierno. Probablemente es cierto que en esto coincidimos con algunos grupos “de derecha” o conservadores sin embargo hay muchas ideas de los conservadores que lejos de ser similares a las nuestras más bien las consideramos retrógradas y muy lejanas a nuestra manera de pensar. En lo que respecta a libertades sociales como la libertad de credo, orientación sexual y consumo de drogas bien podrían decir que nos parecemos más a grupos “de izquierda”. Hay otras libertades inclusive, como la libertad de expresión, en las que somos consistentes y no andamos en conveniencias como suele suceder con estos grupos “de izquierda” o “de derecha”.

Lo que sucede es que nosotros simplemente defendemos la libertad en todas sus expresiones. Eso hace que en algunas ocasiones coincidamos con algún grupo o con otro y no somos “medias tintas”. De hecho, no nos deja de molestar un poco que grupos de derecha y de izquierda comúnmente incluyen la palabra libertad en sus discursos pero luego defienden políticas que lo contradicen. Los socialistas acusan de “cavernícolas” a aquellas personas que atacan a otros porque simplemente no siguen un estándar antiguo de buenas normas morales o conductas. En eso estamos de acuerdo y nos alegra que cada vez son más las personas que con mucho respeto y tolerancia aceptan a otras personas sin importar si orientación sexual, credo o forma de vida; pero también es muy evidente la contradicción en la que caen los socialistas cuando luego se ponen a atacar el libre comercio y los derechos de propiedad sin tomar en consideración el enorme beneficio que le han traído a la humanidad. Eso sería igual de “cavernícola”. Lo mismo se podría decir de los grupos de derecha pero al inverso. Al final los liberales podríamos decir que ambos grupos son “cavernícolas” por distintas razones.

Es por eso que los liberales no somos ni de derecha ni de izquierda. No andamos con dobles discursos ni dobles morales. Somos 100% consistentes en una cosa que es la defensa de la libertad. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Desde la tribuna: secuestro de posibilidades

Poco a poco, los Estados van cayendo en ruina y postración.  Ello no es casualidad.  El clientelismo y el modo impropio en que han rebasado sus posibilidades jurídicas ha ido transformando la gestión en un atentado contra la libertad.

Los presupuestos públicos son incapaces de alcanzar las promesas electorales y el clientelismo político.  ¡No hay plata que alcance! Ello lleva a un exceso de gasto, a un irracional aumento de la burocracia y a una fatal inercia que va concentrando giros y actividades en la mano estatal. Cada vez más personas dependen de los presupuestos públicos, pues todo el mundo anda tras las rentas de los presupuestos.

Las garantías constitucionales de libertad han sido irrespetadas sistémicamente, a través de diversos pretextos, eufemismos y trampas:  el impuesto sobre la renta, los deberes públicos que chocan con la libertad, malas interpretaciones del bien común y así sucesivamente.

Algunos de quienes impulsan esta fatal tendencia son fascistas, estatólatras y enemigos de la libertad.  Otros tienen miedo de la libertad, tanto la propia como la ajena.  Pero una buena parte son inescrupulosos buscadores de rentas públicas, promotores del clientelismo político y demagogos. 

Poco a poco los presupuestos públicos ahogan las sociedades, impiden el desarrollo y pujan por más impuestos, más intervención y más Estado. Es un ciclo que lleva a la pobreza general, al desabastecimiento, al desestímulo de la inversión privada, a la fuga de capitales y cerebros, a la migración de empresas y demás posibilidades.

Algunos creen que se trata de un tema meramente ideológico y que tal tendencia es una opción política, no entienden que tal modo de vida y desorganización lleva la ruina sin remedio.  Otros piensan que aprovechándose primero toman ventaja, pero ello es cierto solo en corto plazo, pues a largo plazo la sociedad entera se arruina.  Y muchos políticos creen que pueden arbitrar el asunto y reparten mentira y gollerías a diestra y siniestra, creyendo como aprendices de brujos que luego podrán desfacer el entuerto. Lo que no entienden unos  y otros es que están violentando la libertad, el recto sentido de los derechos, cercenando la vida de las sociedades y jugando con fuego.

Federico Malavassi Calvo

lunes, 3 de febrero de 2014

Tema Polémico: Elecciones 2 de febrero 2014

Hace algunas horas se anunciaron los resultados de las elecciones presidenciales del 2014 y sorpresivamente, contradiciendo cualquiera de las cientos de encuestas que fueron publicadas en los pasados meses, el candidato del Partido Acción Ciudadana Luis Guillermo Solis se encontrará nuevamente con don Johnny Araya Monge en una segunda vuelta electoral este 6 de abril.

Los resultados obtenidos el día de ayer no son para nada alentadores para el futuro de Costa Rica. Los costarricenses han decidido que prefieren una Costa Rica con un Estado más intervencionista y menos preocupado por dar a respetar las libertades de las personas.

En nuestro último tema polémico quedó en evidencia que este blog favorecía don Otto Guevara y al Movimiento Libertario pues, comparado con el resto, era el que en mayor medida pensaba similar a nosotros sobre la dirección que debe tomar este país. Lamentablemente ayer el resultado fue bastante desfavorable para el Movimiento Libertario logrando si acaso un 12% de los votos para presidente y no más de tres o cuatro diputados en la Asamblea Legislativa. Mas los únicos perdedores no fueron los partidarios de don Otto; los perdedores fuimos todos los costarricenses que pensamos que no necesitamos más impuestos, que es necesario eliminar trámites para favorecer una mayor inversión, que el Estado no tiene por qué estar fabricando licor o debe mantener el control de servicios públicos tan necesarios para todos y que siguen subiendo de precio no a causa no del mercado sino de las ineficiencias de las instituciones públicas.

A nuestros lectores, les garantizamos que nuestra lucha por la libertad seguirá más fuerte que nunca. Nos esperan años difíciles y muchas luchas por delante y esperamos afrontarlas con el mayor deseo siempre de contar con una Costa Rica mucho mejor.

miércoles, 29 de enero de 2014

Desde la tribuna: defensa de la libertad

Mientras algunos se discuten acerca del resultado de los debates, el voto útil, el porqué de las discrepancias de las encuestas, el “jaqueo” del sitio de un semanario, la suspensión de la publicación de una encuesta, el accionar de los “trolles” y demás particularidades de esta elección 2014, envío un mensaje directo a quienes aman la libertad,  quieren buena economía, racionalizar el Estado y un clima apropiado para el desarrollo.

¡Pongan atención a las papeletas para diputado!  Comparen las cifras y calculen donde asignar con mayor eficacia el voto, a fin de llevar buenos diputados a la Asamblea, comprometidos con el desarrollo, la libertad, la lucha contra la corrupción y las gollerías, el enfrentamiento de las prebendas y privilegios, el fomento de la buena economía y el respeto a la dignidad humana, incluyendo el compromiso con la libertad de expresión.

Hay que aprender a distinguir entre las libertades públicas (poder de autodeterminación acompañadas de responsabilidad) y las mal llamadas “libertades sociales”  (derechos programáticos derivados en pro de aspiraciones particulares), hay que aprender a leer los lenguajes cifrados (más legislación equivale a menos libertad, más impuestos significa cohonestar la corrupción y el despilfarro, más regulaciones son tramitopatía).

¿Quiénes estarán dispuestos a alzar las banderas de libertad sin miedo y con consistencia?  ¿Quiénes han caído víctimas del miedo, el populismo, el clientelismo y la demagogia?

Costa Rica necesita libertad, responsabilidad, racionalidad, orden y seguridad jurídica.  Vista la posibilidad de muchas fracciones, es estratégico lograr una buena cantidad de diputados responsables y comprometidos, conocedores y con experiencia en trabajos profesionales y empresariales, que sepan cómo se produce, cómo se trabaja, cómo se sufre en el sector privado.    No necesitamos repartidores de lo ajeno, interventores de la libertad, estatólatras y vividores, sino todo lo contrario.

Así pues, propongo en lo que queda de campaña indagar acerca de la composición de la futura Asamblea, seleccionar lo mejor para el desarrollo, estudiar y decidir pensando en el futuro de Costa Rica.

Federico Malavassi Calvo

martes, 12 de noviembre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: exposición en mesa redonda "Libertades económicas en el Estado Social de Derecho actual"

A continuación transcribo para los lectores de ASOJOD la charla que brindara el pasado jueves 7 de noviembre en ocasión de la celebración del 64 aniversario de la promulgación de la Constitución de la República.

“Agradezco la invitación de la Sala Constitucional para participar en esta mesa. Me sorprendió por no ser profesional del derecho, pero sí de la Economía, aunque en ocasiones de mi vida he tenido que ver con temas de derecho. También me alegró, pues por muchos años me ha interesado la relación entre el derecho y la economía.  

Empiezo diciendo que creo que hay un pleonasmo al decirse “estado social”, pues no hay estado, políticamente hablando, que no sea social. Es el “conjunto de órganos de gobierno de un país soberano”, como señala una acepción del Diccionario de la Real Academia. Pero este asunto no es el objetivo de mi exposición. Tampoco el de centrarme totalmente en aspectos particulares de nuestra constitución, sino que, en el espíritu de la invitación que se me hizo, me referiré a ciertas características generales de nuestro estado de derecho, que creo constituyen frenos para que nuestra ciudadanía pueda progresar en el campo de la economía y con ello poder aumentar su riqueza y su bienestar. 

Mucho de lo que expondré se basa en trabajos desarrollados por un distinguido académico del derecho y de la economía, el abogado Enrique Ghersi, coautor del libro El Otro Sendero.  Discúlpenme si peco de osado, pero le sugiero a la Corte Suprema de Justicia -la cual con sus actividades promueve el estudio serio de estos temas- que algún día traiga del Perú a ese pensador, para que exponga acerca de la trascendencia que tiene una relación apropiada entre el derecho y la economía. 

Me referiré a aportes que el pensamiento económico puede hacer al derecho, al destacar la enorme utilidad que tiene éste para reducir los costos de transacción, que son omnipresentes en toda economía.   Los costos de transacción son los costos del tiempo y de obtener la información necesaria para que los individuos puedan llevar a cabo eficientemente sus transacciones.  El mercado es, así, costoso. Las leyes tienen su faceta económica: deben buscar reducir esos costos de transacción que se presentan en la actividad económica. Para lograrlo definen los derechos de propiedad, la seguridad de los contratos y la responsabilidad civil que surge fuera de los contratos. Es decir, un propósito del derecho es reducir los costos en tiempo y en información que cualquier tipo de transacción requiere.

Ese, en mi opinión, es el aporte deseable del derecho en los asuntos económicos de una sociedad; es decir, en toda transacción económica que llevan a cabo las personas. El derecho permite que en un mercado los individuos puedan obtener más información, que la que cada uno de ellos individualmente puede lograr. Tal como escribió Friedrich Hayek, eminente tratadista de esa relación que hay entre el derecho y la economía,

“[El problema de una sociedad] está en cómo asegurar el mejor uso conocido de los recursos por cualquiera de los miembros de una sociedad, para fines cuya importancia relativa es tan sólo conocida por esos individuos. O, en breve, es un problema del uso del conocimiento, el cual no le es dado a individuo alguno en su totalidad.” (Friedrich Hayek, Use of Knowledge in Society, American Economic Review, XXXV, No. 4, setiembre de 1945, p. 519.)

Como no existe el pleno conocimiento de los individuos, ni es posible que pueda evaluar todas las consecuencias de sus acciones, el derecho le informa al individuo acerca de reglas que delimitan el campo en el cual las acciones son suyas. El derecho brinda la información necesaria en un mundo de incertidumbre, facilitando así la actuación de los individuos en una economía. Reducir la incertidumbre es harto deseable en una economía.

Tradicionalmente se ha creído que el derecho no tiene costo alguno. Llaman ley a cualquier cosa que sea objeto de una aprobación legislativa. La ley suele señalar los requisitos para cumplirla, así como los actos que cubre, en ocasiones los costos impositivos que tiene y posiblemente qué consecuencias tiene el no obedecerla.  En síntesis, el costo de la legalidad es todo lo que a uno le cuesta el poder disfrutar de los beneficios de esa ley. Esto es, que la reducción de costos de transacción (de información y de tiempo) que la ley permite, sean mayores que todos esos costos que he mencionado están asociados con el uso de la ley.

Hay tres tipos de costos importantes en nuestra legislación, que aparecen en aspectos que contiene nuestra Constitución, o en cosas que llaman “leyes” y que suelen ser invenciones constructivistas de nuestra Asamblea Legislativa y no leyes en el sentido de reglas generalmente aceptadas, que hacen posible la coexistencia pacífica de las personas. También están presentes en la prolífica regulación que se da por la vía de decretos, directrices y similares. 

Un primer tipo de costos de la legislación es aquel que surge directamente por sus efectos sobre el gasto público, de manera que, bajo la concepción de un presupuesto de gastos debidamente financiado con impuestos, requiere de la generación de tributos, que, más tarde o más temprano, habrán de ser sufragados con impuestos que se cobran a los ciudadanos. O con deuda pública que, como transferencia intergeneracional que suele ser, deberá ser luego pagada por la ciudadanía del futuro. O con emisión monetaria, que impondrá el costo ya conocido en la historia económica de un proceso inflacionario. O con un aumento de los precios de los servicios públicos monopolizados o regulados por el estado, que, como bien conocemos, los convierte en un medio para financiar el excesivo gasto público.

Un segundo tipo de costos de esa legislación es que introduce incentivos que conducen a que las personas ajusten su conducta en algún sentido. Puede ser lo deseado por quien hace esa legislación, pero no necesariamente el que libremente escogería ese individuo. Cuando la persona decide obedecer la ley, luego de sopesar sus beneficios y sus costos, es porque esa ley satisface los objetivos particulares que esa persona persigue. Aquí pienso que esa ley le da al individuo que decide aceptarla mayores beneficios que costos, pero si existe la posibilidad de que ese individuo evite dicha ley, su existencia no altera las preferencias o fines individuales, aunque sí los medios a su disposición. La ley afecta sus medios, pero no sus preferencias. Si esta ley es muy onerosa, la persona posiblemente decidirá ignorarla, evitarla, acudiendo a sistemas alternativos de legalidad. 

Ello se observa en las economías  subterráneas o informales, en las cuales, dado el elevado costo de obedecer la ley formal, se ignora ésta, siendo sustituida por otras formas de derecho, usualmente basadas en costumbres o relaciones familiares o mafias, por ejemplo. Pero esta forma de legalidad introduce un mayor grado de incertidumbre que el que se pretendió disminuir mediante la ley formal. Ese es el precio que se paga con la informalidad en muchas de nuestras sociedades, verbigracia, Perú, Guatemala, entre muchas otras, lo que no excluye a la nuestra.

También hay cierta perversidad en cuanto a la incidencia de este segundo tipo de costos, porque, por lo general, es mayor el peso del costo de la legalidad entre los individuos de ingresos relativamente menores, en comparación con quienes tienen mayores ingresos. Si, como ejemplo, pensamos que la ley nos exige llevar libros contables de la empresa, contratar servicios de contadores profesionales, cumplir con muchos requisitos legales que estoy seguro ustedes conocen, lo cual no es precisamente algo barato, así como satisfacer requisitos de seguridad o de construcción o medioambientales, y muchos otros similares. Pensemos que todo eso nos podría costar, anualmente, digamos 10 millones de colones. Eso es una fortuna para quien apenas genera ingresos anuales de 12 millones, pero será relativamente poco para el que logra cientos de millones.  El costo de la ley claramente es inversamente proporcional a la distribución de los ingresos.

Muchos de los individuos relativamente más desvalidos desde el punto de vista económico, buscarán evitar la vigencia de la ley formal, dados sus costos, acudiendo a sistemas de producción relativamente menos eficientes y con menores posibilidades de progresar. Habrá alguna forma de legalidad para llevar a cabo sus relaciones de intercambio, pero siempre se carecerá del beneficio de la reducción de incertidumbre que se pretendía lograr con el sistema de legalidad formal. Más bien, evitar éste les sumerge en mayor incertidumbre, al no poder gozar de la protección que le podría brindar el estado para poder desarrollar su actividad. 

Para quienes piensan que tal cosa no sucede en nuestro medio, les relato brevemente una experiencia que tuve muy de cerca, al hacer fila para vacunarme contra la fiebre amarilla, dada la obligatoriedad de hacerlo para viajar a Sur América. Una persona que estaba adelante me contó que se encontraba en esa oficina del Ministerio de Salud, porque necesitaba la autorización burocrática para instalar un salón de belleza. En esa entidad le pedían que trajera el contrato con el centro comercial en donde se instalaría, para poder, legalmente, que se le otorgara aquel permiso.  La persona les dijo que el centro comercial no firmaba el contrato con él para poner el salón, porque no contaba con el permiso del Ministerio. ¿Cómo resolvió el problema? Muy sencillo: decidió instalarlo en la sala de su casa, en su barrio. Acudió a la informalidad para llevar a cabo su actividad económica pretendida. Ustedes deben conocer muchos otros casos parecidos.  Lo expuse sólo para recordar cómo es que existen estos costos para poder actuar en esta economía. ¿Acaso debe extrañarnos que a la fecha Costa Rica esté en el lugar 110 en cuanto a la facilidad de hacer negocios que anualmente publica el Banco Mundial?

Un  tercer tipo de costos surge cuando el sistema jurídico se convierte en un obstáculo para la adaptabilidad que un sistema económico debe poseer, cuando en él surgen innovaciones o nuevos descubrimientos, como es lo propio que surja de un empresariado en competencia.  La rigidez, la inflexibilidad, jurídica puede ser un obstáculo importante para que una economía pueda llevar a cabo ajustes indispensables, en un sistema que, por su naturaleza, requiere de la posibilidad, a los menores costos posibles, de poder adaptarse a los procesos evolutivos y de cambios en que las economías están inmersas.

Voy a dar un ejemplo sencillo de este tercer tipo de costos. Hace varios años, mientras hacía un estudio de ciertas leyes que poseían obstáculos al libre comercio, hacía antesala en cierto departamento del Ministerio de Salud. En eso entró una persona a quien conocía y empezamos a conversar.  Me contó algo increíble: él estaba haciendo gestiones para que le aprobaran un permiso del Ministerio, para poder importar sobrecitos de un sustituto del azúcar. Lo asombroso es que le pedían una enorme cantidad de estudios, que significaban costos muy elevados, para que se le pudiera otorgar el permiso, a pesar de que él ya tenía licencia para importar ese mismo sustituto del azúcar, sólo que en cajas más grandes. Le dijeron que la ley y el reglamento vigentes no consideraban esa posibilidad de importar el sustituto en sobrecitos. Se trataba de algo nuevo –sobrecitos de sacarina- que no estaba legislado.

Nuestro aparato legal formal es sumamente complejo, enredado, contradictorio muchas veces y, en muchas otras, contraproducente, si es que se desea que la gente progrese libremente, mediante sus esfuerzos personales. Hemos escuchado esa expresión de que “Nadie puede alegar ignorancia de la ley, salvo en los casos que la misma autorice” (Art. 29 de la Constitución). Me dirán que mi opinión se debe a mi no formación de abogado, pero, al despertarme una mañana de estas, me puse a pensar acerca de esta charla. Me pregunté si todo lo que pensaba hacer ese día –muchísimas cosas- estaban o no sujetas a alguna ley. ¡Cómo demonios no iba a preocuparme si soy ignorante de muchas leyes! Con el mayor respeto para ustedes, estoy seguro que, entre los más ilustres aquí presentes, no hay quien conozca –que no ignora- todo el marco legal en que vivimos. Si lo conociéramos a plenitud, no necesitaríamos de abogados. Lo cierto es que rápidamente me levanté de la cama, pues no conocía si existía alguna ley que me sancionara por quedarme en ella. Entiendo por qué, al aprobarse en la Asamblea alguna ley, agregan siempre la coletilla de que “sustituye a todas las que se le opongan” o algo así por el estilo.  Como no hay capacidad de conocer todas las leyes que hay en la nación, lo mejor que pueden hacer es decir… borrón y cuenta nueva.

Lo expuesto nos dice claramente que la legalidad tiene costos. Que la persona los aprende, los detecta, los vive, al tratar de hacer algo que, de pronto, resulta que va en contra de alguna ley o decreto o reglamento o similares, o simplemente no se puede hacer algo porque una ley anacrónica estática y detallista no lo  contempla. Los costos de la obediencia o aceptación de la legalidad tienen un impacto, muchas veces muy alto, en la conducta económica de las personas.

El tema es complejo y mucho se podría hablar de él. Pero deseo terminar refiriéndome a tres aspectos que considero son muy importantes.  Primero, en estos momentos de fuerte desbalance fiscal, producto de un gasto excesivo del estado por encima de sus ingresos, no tiene vigencia aquella norma de control o disciplina o de freno básico para el desorden, cual es que “En ningún caso el monto de los gastos presupuestos podrá exceder el de los ingresos probables”. (Art. 176 de la Constitución). Lo que el cuerpo político ejecutivo hace es, por ejemplo, llamar a los gastos en educación como una inversión y con ello se logra aprobar los presupuestos.  La Contraloría ya casi nos tiene aburridos en cuanto a señalar su incumplimiento en todos los años recientes. Esa prédica es ignorada plenamente por ese ente autista, cual es nuestra Asamblea.  Pregunto –y perdonen mi ignorancia- ¿cuál es el mecanismo por el que la Sala IV obligaría al cumplimiento de lo que, creo, dice la Constitución? De continuarse ignorando esa regla elemental de control financiero, no nos debe sorprender que permanentemente estemos sujetos a tributos, que terminan afectando negativamente el esfuerzo productivo y el empleo de nuestra nación.

El segundo asunto se refiere a lo me permito llamar “ilusión de personas bien intencionadas que tratan de hacer el bien, pero terminan haciendo lo contrario”.  Voy a dar un ejemplo de algo que está en la Constitución y que se le llama principio de solidaridad, por el cual, por ejemplo, se obliga a la Caja de Seguro Social a dar servicios médicos plenos a cualquier persona, ya sea que cotice o no, si es extranjero o nacional o sin importar los costos que puedan demandar.  En mi opinión, la garantía universal de salud que se obliga a brindarla a la Caja es un importante factor causal de sus problemas financieros. Hay un incentivo para no cotizar y disfrutar de los servicios de la Caja.  Hay extranjeros que vienen al país a recibir un excelente y caro tratamiento médico, sin que hayan cotizado algo.  Esos servicios tienen un costo. Que los usen terceros, significa que habrá menos recursos para que los utilicen quienes debidamente pagan (cotizan) para la Caja. La economía surge por el principio natural de la escasez de recursos para satisfacer infinidad de deseos y necesidades.  Si un individuo puede pasársela sin cotizar a la Caja y sí recibir sus beneficios, se inclinará innegablemente a actuar de esa manera.

Finalmente, pues escasea el tiempo, un avance importante para el ordenamiento fiscal del país es que toda ley, norma o reglamento que se legisle o decrete, indique la fuente de donde provendrán los recursos que se usarán para satisfacer los propósitos de la ley.  Es necesario que la ciudadanía, por lo menos, tenga una idea de cuánto cuestan las cosas, tanto nobles como innobles que uno puedo esperar de una ley. Así podría tener una mejor asociación entre lo que espera recibir y su costo. Podría esperarse que, de esta manera, los ciudadanos tendrán una mayor claridad acerca de cuáles funciones desea llevarlas a cabo privadamente y cuáles por medio del estado".

Jorge Corrales Quesada

lunes, 18 de febrero de 2013

Tema polémico: un nuevo Papa más tolerante y tolerable

En ASOJOD siempre hemos tenido una posición muy crítica contra la religión y sus instituciones, especialmente contra la Iglesia Católica, que es la más fuerte en nuestro país, por sus posiciones contrarias a la libertad y a los derechos individuales.En ocasiones anteriores, hemos atacado la peligrosa intromisión de la Iglesia en las políticas públicas en materia de salud sexual y reproductiva, eutanasia, aborto y unión de personas del mismo sexo. Como siempre hemos dicho, todas esas decisiones corresponden únicamente a los individuos que viven la situación y a la Iglesia ni al Estado influído por esta.

Sin duda, el rostro más visible de la Iglesia es el Papa. Y Benedicto XVI, en su anterior postura como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antigua Inquisión en el medioevo) y en su actual papado, ha sido muy enfático en censurar muchísimas de esas libertades. Su posición, sumamente conservadora, ha influido en los diferentes Estados -y el costarricense no es la excepción- para que el camino hacia una sociedad respetuosa de los derechos indivuales sea más intrincado y complejo, como lo demuestra la renuencia de este Gobierno para discutir temas como la unión civil de parejas del mismo sexo. Por el contrario, inspirada por la idiotez y el fanatismo, la Administración Chinchilla Miranda declaró de interés público una conferencia de un médico que pretende ofrecer la "cura" a la homosexualidad. Retrógrado, medieval, despreciable, estúpido y otros adjetivos son los que merece tal decisión.

Lo cierto es que, con su sorpresiva renuncia (que desearíamos también influyera en la renuncia de nuestra muy católica señora Presidente de la República) se abre un nuevo capítulo político en el Vaticano para la elección de su sucesor. Sea desde la perspectiva espiritual para los creyentes, donde elegirán al designado por Dios para representarlo en la tierra o desde la perspectiva laica, donde un Estado elegirá a su nuevo gobernante, el cónclave que se celebrará en marzo próximo será todo un evento mundial.

Por supuesto, en ASOJOD esperaremos que, aunque parezca difícil y poco probable, el nuevo Papa tenga una posición más acorde con los nuevos tiempos y sea más sensato que su predecesor. La gran cantidad de personas con enfermedades de transmisión sexual, los niños abandonados producto de embarazos no deseados, los discriminados por su orientación sexual, la víctimas de violencia de género así lo exigen. Estos flagelos requieren un abordaje serio, basado en más libertad y más racionalidad, en lugar de más intervención y oscurantismo medieval.

Lo mismo esperamos en nuestro país. Tal vez un Papa y una Iglesia más flexibles y tolerantes puedan influir en los sacerdotes criollos para que, desde sus púlpitos o desde la Conferencia Episcopal, le bajen el tono a su oposición y comiencen a dar señales de respeto a la dignidad humana, poniendo por encima del dogma a los individuos.