lunes, 8 de febrero de 2016
Tema Polémico: hacia una cultura de la innovación
lunes, 24 de noviembre de 2014
Tema polémico: el arte y la cultura no deben ser financiadas por el Estado
lunes, 4 de noviembre de 2013
Tema polémico: La (in)cultura del costarricense
lunes, 8 de agosto de 2011
Tema polémico: redistribución de la riqueza, mal de muchos y consuelo de tontos

ETICO- CULTURAL:
Lo primero que debemos aclarar es que en ASOJOD partimos de que los seres humanos son dueños de sí mismos. No pertenecen ni a Dios, ni al Estado, ni a la Sociedad, ni al Gobierno, ni al partido político ni a nadie más que a ellos mismos. De lo que se deriva que aquello que produce el hombre con su propiedad (mente-cuerpo) también le pertenece y cualquier intento de arrebatarle por la fuerza los frutos de su esfuerzo no es más que un robo.
Así las cosas, cuando se permite el robo institucionalizado -impuestos- dejamos de ser sociedad y civilización, esto es, división del trabajo especialización e intercambio, para convertirnos en una organización mafiosa. Precisamente, el segundo punto de donde partimos, es que cada individuo es un fin en si mismo, es el máximo valor, es un absoluto que debe ser respetado totalmente, siendo que no puede ser instrumentalizado para satisfacer las necesidades, deseos o caprichos de otros. Este es el verdadero humanismo, no aquel que pregonan algunos mal llamados progres. Humanismo que consiste en que las personas deben tratarse unas a otras a través de la cooperación (intercambio) y no por medio de la violencia (lucha de clases). Rand lo resumió muy bien al decir: “Sangre, látigos, cañones o dólares. Elegir... No existe otra opción y el tiempo apremia” En este sentido, sólo existen dos modos de tratarnos unos a los otro: la ética (voluntad, persuación e intercambio) o la antiética (robo, fuerza, violencia y amenaza).
Por último, el aspecto cultural se refiere a lo que Ortega y Gasset analizara en su Rebelión de las Masas. Precisamente, con este tipo de políticas públicas, los ciudadanos empiezan a olvidar que la civilización no se crea del aire y que este tipo de políticas destruyen los cimientos mismos que permiten la generación de la riqueza y el progreso. Es más, cada día que pasa se forman nuevas generaciones parasitarias, que sólo demandan derechos y prebendas, que lo único que desean es poner la mano y que el Estado (o sea los otros) les resuelva sus vidas y pague por sus facturas. Evidentemente, este proceder acaba con el tejido social, alimenta la pereza, la dependencia y la envidia, mientras que socava el emprendimiento, el honor y la responsabilidad.
ECONÓMICOS:
Este punto es muy simple: el dinero que toman por la fuerza los políticos para, supuestamente dárselos a otros más necesitados, deja de ser ahorrado e invertido. Son estas dos actividades las únicas que verdaderamente pueden mejorar de forma sostenida las condiciones de vida de los más necesitados y no la mera demagogia y las soluciones simplistas de nuestros mandatarios. Se necesita ahorrar para que haya inversión, en el momento en que se invierte se demanda más mano de obra, al demandar más mano de obra los salarios aumentan. De igual forma, con la inversión se obtienen mejores formas de producción, lo que permite que los consumidores puedan acceder a mejores precios, con lo que cada vez su dinero les rinde más (siempre y cuando el Estado no haga que el mismo desaparezca a través de la inflación). Esta es la única receta para el desarrollo, el resto es cuento chino.
Además, debemos recordar lo que ya decía el fallecido Milton Friedman, en el sentido de que existen 4 tipos de gastos, donde el más efectivo es aquel en donde una persona gasta su dinero en sí misma, esto por dos razones sencillas: la primera es que al ser su dinero tiene mayores incentivos para cuidarlo y darle un buen uso, y que al gastarlo en sí mismo sabe precisamente cuales son sus necesidades y preferencias. Mientras que la peor forma de gasto, es que alguien gaste el dinero de otro en una persona distinta a sí mismo, esto por las mismas razones expuestas anteriormente sólo que a la inversa. ¿Adivinen dentro de cual tipo se encuentra la resditribución?
Por supuesto, que el argumento de la Presidente es todavía más fácil de desvirtuar cuando agregamos circunstancias “reales”, como lo son: la corrupción, los grupos de presión, la búsqueda de rentas, la inoperancia burocrática, la mala administración y ejecución de políticas públicas, etc. Así que, guanacastecos, eso de quitarle a unos para dárle a ustedes no es tan cierto: los intermediarios siempre se dejan buena parte de los recursos. Y conociendo al Estado costarricense, si acaso les dejará las migajas.
CONCEPTUAL:
Para no pecar de extensos, y además por ser este un mero blog, no nos adentraremos en este punto sino que sólo los dejaremos señalado para que los lectores interesados puedan profundizar en ellos de así desearlo.
Lo primero que se debe apuntar es que, como bien señala Hayek, en “El Atavismo de la Justicia Social”, los procesos de orden espontáneo, como lo son la asignación de recursos dentro de un mercado, no pueden ser considerados justos o injustos, ya que los mismos no son diseñados o decididos por nadie. Pretender dotarlos de dichos calificativos es un mero antropoformismo ingenuo, que carece de tanto sentido como afirmar que un temblor fue bueno o malo.
Lo segundo que se debe recalcar, es que con la teoría del valor subjetivo las asimetrias de ingreso, respecto a las necesidades se vuelven inconmensurables. Para ponerlo en sencillo, conceptualmente hablando no se podría afirmar nunca con algún grado de certeza que por ejemplo Bill Gates “valora” menos un dólar extra que un indigente.
Todos estos puntos apenas son una pincelada acerca de la crítica que se le podría hacer a la majadería de la Presidente. Todavía quedan muchos cartuchos por quemar, no se desesperen amigos lectores.
lunes, 1 de febrero de 2010
Tema polémico: Caldera: diagnóstico del país

A nivel institucional, la espera de 30 años para inaugurar una simple carretera deja al descubierto la inoperancia del aparato estatal, su letargo para realizar cualquier gestión. Un aparato estatal sobredimensionado que acaba asfixiando cualquier iniciativa ya sea privada o pública, que a la postre acaba por restarle competitividad al país. Es claro que esta situación demuestra la imperiosa necesidad de hacer las reformas necesarias para que el Estado deje de entorpecer el desarrollo de las personas y estas reformas no se pueden postergar más.
A nivel cultural, mostró cuan arraigada se encuentra la cultura del hombre-masa ortegeano, aquel que sólo desea derechos pero nunca obligaciones, aquel que piensa que la civilización nos cae desde el cielo y que su mantenimiento nos viene gratis. Es increíble ver que existen individuos berreando por el pago del peaje y más que no se dan cuenta -en su estrechez mental- que tanto el tiempo como la gasolina que se ahorrarán superan por mucho al costo del mismo. Por eso sabemos bien que lo que les duele es pagar simplemente, ello gracias a la cultura que dejó el Estado “Benefactor” en el país: creen que existe el derecho fundamental de vivir gratis o mejor dicho vivir a costa de los demás.
Caldera nos arroja unas cuantas lecciones importantes, pero apenas son la punta del iceberg. Ojalá que este y otros más casos que día a día desnudan la inutilidad de nuestro Estado y la vulgar mentalidad de muchos costarrincenses, acostumbrados a pedir pero jamás a asumir responsabilidades, faciliten la toma de conciencia individual, respecto a la necesidad de cambiar las cosas y abandonar las prácticas viciosas que han caracterizado a este país por mucho tiempo, en especial, durante el tiempo del "Estado Benefactor".
viernes, 13 de noviembre de 2009
Viernes de Recomendación

jueves, 24 de septiembre de 2009
El costarricense no lee

El alfabeto es un instrumento, no un fin en sí mismo. Resta saber para qué se usa. ¿De qué nos sirve leer si lo único que consumimos son porquerías? No nos dejemos engañar por nuestros altos índices de alfabetización. Estamos fallando en la parte más significativa de la cultura: esa que viene después del A, B, C. La vida entera no nos va a alcanzar para leer todo lo grande y bello que ha sido escrito en el mundo, ¿por qué desperdiciarla entonces leyendo mentecateces, literatura de ínfimo valor nutricio para el intelecto?
En Costa Rica la lectura es básicamente una crisis. Más grave que la del petróleo y la de la economía mundial. Más grave, sí, porque es desde la ignorancia que abordamos los grandes problemas de la modernidad, y sin lectura nuestra comprensión de ellos será siempre precaria.
Desnutrición espiritual. ¿Qué se lee en Costa Rica? Cuatro cosas.
Primera: libros de autoayuda, psicología popular llena de facilonguerías: Supérate a ti mismo , El valor del pensamiento positivo , Aprende a amar … e incontables cursilerías de ese jaez.
Segunda: pandemias literarias como Harry Potter o el ya por fin pasado de moda Código da Vinci . Productos de consumo, manufacturados y sensacionalmente bien distribuidos por todo un engranaje mercadotécnico que opera de consuno con Hollywood y su mundo de ficción barata.
Tercera: resúmenes de hitos literarios canónicos que los muchachos, en su desesperación por sacar el bachillerato, adquieren, creyéndose así eximidos de leer las obras en su integridad (los resúmenes solo tienen valor –y muy grande – una vez que se han asimilado los clásicos en su integridad: leer Hamlet resumido es como creer haber cenado con solo aprenderse de memoria el menú).
Cuarta: las mercachiflerías de Pablo Coelho, con su filosofía light de la vida, sus lugares comunes poéticos y su impotencia manifiesta para escribir –cosa que a todas luces intenta– alegorías como El principito (Saint-Éxupery) o La luna nueva (Tagore).
Y esa es nuestra dieta literaria. Avitaminosis del espíritu. Desnutrición espiritual. Somos analfabetos: entendámoslo de una vez.
Un día de estos una amiga llegó a una bien conocida librería nacional a buscar la Estética de Hegel. Después de inútiles pesquisas, le pidió ayuda a la dependiente. “¿Que si tenemos la Estética de Hegel? Por supuesto, acompáñeme”. ¡Y la llevó a la sección de cosmetología! El pobre Hegel, el hombre de La fenomenología del espíritu –uno de los más importantes textos filosóficos de todos los tiempos– al lado de Cómo combatir la celulitis , Piel tersa para toda la vida , El secreto de la eterna juventud y Senos y nalgas: tratado silicónico y colagénic o. Y fue así como mi amiga tuvo que renunciar a adquirir un libro filosófico, que en cualquier país medianamente civilizado es miembro de honor de toda librería que se respete.
¿Dije filosofía? ¡Pero si es que Costa Rica es un erial filosófico! A duras penas logra uno encontrar los Diálogos platónicos, por poner el ejemplo más clásico que sea dable concebir. Somos un país a-filosófico. Para comprar a Kant, Kierkegaard o Bergson, hay que hacerlos pasar clandestinamente, a través de barreras aduaneras, y ello burlando la vigilancia de aquellos que tienen interés en mantenernos aborregados.
De todas las ramas del saber humano, la filosofía es por mucho la más menesterosa en Costa Rica. Conocimiento esotérico, ritualizado y críptico, únicamente reservado para las castas sacras.
Y luego ese irrespeto de las colecciones de “biografías de hombres y mujeres célebres”: ¡poner a Shakespeare al lado de la Princesa Diana, a la Madre Teresa en el mismo vecindario de Madona, a Beethoven en la compañía de Michael Jackson! Ahí tienen, amigos, los resultados de la “abolición de las jerarquías estéticas”, de “la superación de los obsoletos cánones de occidente”, del irresponsable “revisionismo histórico” de una buena parte de los pensadores de la posmodernidad (¿tendré que añadir que no todos, siendo muchos a los que respeto y admiro? Sí: es necesario aclararlo, el “algunos” no basta para que los lectores presurosos caigan en conclusiones).
Desprecio. Por último, el desdén manifiesto por los autores nacionales: ¿que los libros de nuestros poetas –sobre todo ellos– novelistas y dramaturgos no venden como Harry Potter contra los monstruos galácticos (o alguna otra sandez para el efecto)? Quizás, pero entonces no llamen ustedes a sus negocios “librerías”: llámenlas “expendios de libros”, “supermercados literarios” “pulperías del pensamiento” o alguna otra cosa de ese tenor.
Los periódicos franceses publicaron hace algunos años –con alarma– el resultado de una encuesta realizada por el Ministerio de Educación: “Uno de cada cinco franceses no lee”.
En nuestro país la encuesta rezaría: “Diez de cada cinco ticos no leen”. San José tiene cuatro librerías que honran la tradición de la gran literatura: la Librería Universitaria (¡gracias, don Fernando Durán!), Nueva Década, la Librería Francesa y una más cuyo nombre en este momento me escapa (¡perdón!)
La cosa es devastadoramente simple: Costa Rica no progresará intelectualmente en tanto haya más cantinas que bibliotecas y librerías.
Jacques Sagot
lunes, 9 de febrero de 2009
Tema polémico: cultura y desarrollo
Hoy en ASOJOD queremos desarrollar algunas cuantas ideas respecto a la relación que puede o no existir entre el desarrollo y la cultura. El día viernes 30 de enero del año en curso, sucedió algo insólito: ese día se disputaba el juego de fútbol entre Costa Rica y El Salvador y resulta que, durante el segundo tiempo, el equipo salvadoreño sufrió –sospechosamente- una serie de lesiones, lo cual provocó que el partido fuera suspendido, dando la victoria al cuadro nacional. Desgraciadamente estos bochornosos acontecimientos parecen ser característica común de nuestra región. Es aquí donde la cultura juega un papel vital.En ASOJOD, pensamos que la cultura posee un rol fundamental en el desarrollo, no como una especie de determinismo cultural, sino como una condición más, necesaria para el logro del desarrollo y crecimiento económico. Antes de iniciar nuestro análisis es importante esclarecer y delimitar los conceptos. Entendemos la cultura en el sentido randiano, esto es: como el conjunto de ideas y valores predominantes en un determinado tiempo y espacio. De este concepto se deducen una serie de conclusiones que no dejan de ser importantes. Primero que todo, la cultura es mutable, es una creación del hombre que vive y coopera con otros hombres. Por ello la cultura no debe de ser reificada. Esta, como institución humana que es, puede evolucionar –transformarse- como lo muestra la historia de la humanidad. La cultura es un producto del orden espontáneo (Hayek), la cual nace en virtud de la acción humana pero no del diseño humano (Adam Ferguson).
En este sentido, la cultura no es el producto exclusivo de la estructura –sistema productivo- como lo aseveraba el esencialismo marxista, sino que estructura y superestructura –para continuar con las categorías de esa corriente- se retroalimentan una a la otra. Sería ingenuo pensar que una es la consecuencia exclusiva de la otra. Weber había logrado criticar la tesis marxista en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", al invertir la fórmula de Marx, alegando que fue la religión -superestructura- la que impulsó el desarrollo del capitalismo –estructura- dentro de los países protestantes.
Propiamente en América latina vale destacar el libro: El Autoritarismo y la improductividad de José Ignacio García Hamilton. En este, el profesor argentino demuestra cómo las instituciones de la colonia y las que continuaron posterior a esta, dejaron en nuestros pueblos una herencia cultural que tenía como pilares el mercantilismo, el autoritarismo, incumplimiento de la ley, corruptelas, privilegios, etc. Se trata de una serie de valores que han contribuido enormemente al atasco económico en que se encuentra América Latina y que aparecen reflejados en todos los proyectos y actividades en las que participamos, ejemplo de ello es el partido de la UNCAF mencionado anteriormente.
Por ello, creemos que el desarrollo no se alcanza mágicamente a partir del establecimiento de un modelo productivo -capitalismo- si éste no va acompañado por un cambio del paradigma cultural que permita internalizar los valores que hacen posible a dicho sistema: la productividad, la honradez, la competencia, la inventiva, la cooperación, el respeto por los contratos, etc.

