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lunes, 8 de febrero de 2016

Tema Polémico: hacia una cultura de la innovación

En su libro, ¡Crear o morir! Andrés Oppenheimer describe a los países latinoamericanos como enormes reservas de talento, con poblaciones con gran potencial creativo e innovador, que sin embargo, no está trascendiendo ni se traduce  con la velocidad necesaria en crecimiento de la economía ni reducción de la pobreza.

Resulta paradójico que aunque tengamos a la generación más preparada y educada de nuestra historia, esta cultura y creatividad no se transforme en muchos emprendimientos dinámicos y negocios lucrativos, al ritmo que otras economías en desarrollo lo están haciendo. Algo falta en la ecuación latinoamericana del desarrollo.

La respuesta es la pobre cultura de la innovación y el débil espíritu emprendedor de nuestra población. 

No nos debemos confundir. Aunque en América Latina, y particularmente en Costa Rica, el grueso del parque empresarial está conformado por micro, pequeñas y medianas empresas, la mayoría de estos emprendedores han tomado el riesgo y han decidido emprender más como una vía de escape ante la falta de oportunidades laborales, que como una oportunidad de negocios basado en el deseo de innovar y crear valor.


En Costa Rica, la Encuesta Nacional de Hogares Productores (Enhopro) del 2014 señalaba que si bien en el país existen cerca de 340 mil emprendedores, 63,2% de ellos tuvo razones de necesidad para iniciar su propia empresa. 

Estamos hablando de dos paradigmas muy diferentes entre los emprendimientos dinámicos o transformadores que tienen un impacto considerable sobre la capacidad de generar empleo y aumentos en la productividad, y quienes emprenden porque no tienen otra opción para vivir.

No se trata de restar el mérito de quienes inician una empresa para encontrar una forma de vida, pero la apuesta debe ser por aquellos emprendedores creativos que generan alto valor agregado a la economía. La clave está en crear una cultura que estimule la innovación productiva, dándole significancia y un protagonismo mucho mayor al emprendedor capaz de visualizar nuevas demandas y encontrar aplicaciones de mercado a nuevas tecnologías.

Y es que para que una economía crezca se debe mejorar el clima de negocios y los factores clave de la competitividad, la calidad de la educación y exportar productos de mayor valor agregado, pero para que esto suceda, necesitamos antes mejorar la percepción que nuestras sociedades tienen sobre el emprendedurismo. Siguiendo a Oppenheimer, nuestro país debe aprender a estimular y glorificar al emprendedor y al innovador.

¿Cómo podríamos tener al próximo Steve Jobs o al siguiente Elon Musk, cuando en nuestra sociedad se glorifica al futbolista, la modelo o el cantante, mientras se desconoce al innovador?

La promoción de una cultura de la innovación y el emprendedurismo, que genere un clima colectivo a favor de la creatividad y elogie a los innovadores es el paso previo, que desafortunadamente nos hemos dado, para ascender en la escalera del desarrollo hacia una economía basada en el conocimiento.

Oppenheimer nos recuerda que “de poco sirven los estímulos gubernamentales, ni la producción masiva de ingenieros, ni mucho menos los parques tecnológicos, sin una cultura de la innovación”. Alentar una cultura que convierta al innovador en un héroe es la clave para mejorar o reafirmar las percepciones acerca de nuestras propias capacidades como sociedad.

En julio del año pasado El Financiero mostraba los datos de una encuesta según la cual la mayoría de los jóvenes costarricenses aspiran a ser empleados públicos. Nada peor para una economía que necesita de jóvenes con deseos de emprender.


Esto refleja la imperiosa necesidad de promover una cultura que no penalice el fracaso, que interiorice la capacidad de tolerar el riesgo, que promueva jóvenes motivados para enfrentar dificultades, resolver problemas y trazarse objetivos ambiciosos. Como país necesitamos dar pasos concretos para promover una cultura de la innovación.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Tema polémico: el arte y la cultura no deben ser financiadas por el Estado

En las últimas semanas se ha desatado un debate respecto a los recortes al Presupuesto Nacional -bastante laxos e insignificantes a nuestro modo de ver-  y las posibles consecuencias que algunos sectores estiman, recurriendo a las tácticas del miedo que tanto criticaron antaño. El capítulo más reciente lo escribieron los "artistas" que marcharon hacia la Asamblea Legislativa reclamando contra los recortes en el área de cultura, manifestación que finalizó con actos vandálicos que dañaron los muros del Congreso y cuya reparación costará unos 3 millones de colones que saldrá de los bolsillos de todos los costarricenses.

Este reprobable comportamiento, propio de pachucos que no tienen ningún empacho en torcer la realidad y el lenguaje haciéndose llamar "artistas" cuando no son otra cosa que salvajes, debe hacernos reflexionar. En momentos como estos, con un déficit fiscal superior al 6% del Producto Interno Bruto y con un panorama financiero muy perturbador en el corto y mediano plazo, hay que entender que los recursos son escasos y deben destinarse a lo estrictamente prioritario: seguridad, infraestructura y administración de justicia. 

Es vital que los costarricenses comprendamos de una buena vez que no podemos seguir sosteniendo el nivel de gasto público que hemos tenido en los últimos años y que es urgente hacer reformas tendientes a racionalizarlo si no queremos enfrentar consecuencias muy graves en el futuro. Los elevados niveles de evasión fiscal evidencian que no estamos dispuestos a pagar por el monstruo estatal y este momento histórico por el que transitamos es el propicio para generar ese cambio hacia un aparato mucho más pequeño, respetuoso de los derechos de propiedad y que verdaderamente permita que el mercado genere riqueza.

Hay que ser claros y contundentes: el arte y la cultura no deben ser financiados por el Estado; deben ser financiados de forma privada, a través del talento y la capacidad de quienes lo ejecutan para atraer la atención y el dinero de los consumidores. Si no son lo suficientemente buenos, no deben obligar a los costarricenses a pagar por sus fallos. Exigir recursos públicos para su actividad es imponernos a todos los demás lo que ellos consideran arte y cultura, cuando muchos estimamos la mayoría de la oferta como vulgaridad, pachuquismo y chabacanería de mal gusto.

Pero más que eso, se torna vital que los propios artistas, aquellos que están ligados al arte y la cultura, se den cuenta que deberían ser los primeros en exigir que el Estado saque sus garras del sector. Aceptar financiamiento público para las expresiones artísticas es tolerar una mordaza que limitará su libertad para denunciar, para cuestionar y criticar, pues si quieren seguir recibiendo el dinero, tendrán que guardar silencio ante los abusos y desaguisados.  

Los artistas costarricenses han olvidado el papel histórico de su trabajo como catalizador de la transformación política a través de la denuncia, de la sátira y de la exposición y han empeñado su creatividad al capricho estatal que los financia, siendo cómplices del desastre de sociedad que tenemos. La cultura es libertad; pero en Costa Rica, se ha puesto al servicio del Leviatán, de ese monstruo que cercena libertades y derechos día a día. 

Todos los tax payers debemos resistirnos a que sigan vaciando nuestros bolsillos para financiar cuanta ocurrencia surja, cuanta manifestación de "cultura oficial" nos impone el Estado. Pero especialmente los artistas deben recuperar la independencia de criterio para poder expresarse libremente. Solo así podrán florecer verdaderamente.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Tema polémico: La (in)cultura del costarricense

Dos eventos acontecidos esta semana nos han desnudado una vez más como país. Desafortunadamente eso que llamaremos de forma muy laxa, general y relativa “el ser costarricense” cada vez que puede hace gala de su incultura, disvalores, irresponsabilidad, negligencia, vagabundería e incompetencia.  Lo trágico de todo esto es que se requieren de “pruebas” u “obstáculos” menores para que todos nuestro defectos salgan a aflorar. A los eventos que nos referimos son ni más ni menos, que: a) el cambio de placas, y b) la supuesta noticia de las conversaciones secretas entre el Presidente del TSE (Luis Antonio Sobrado) y el ex-mandatario Oscar Arias.

Empecemos por lo primero. Hace ya varios meses el Registro Nacional había anunciado la obligatoriedad en el cambio de las placas de los vehículos. Para ello, se inició una primera fase en donde cualquiera podía cambiarlas sin importar el número de placas que tuviera su vehículo, seguidamente se estableció un horario en donde de forma ordenada se haría el cambio según el número de placas conforme cada tres meses. Pues bueno, este 31 de octubre vencía el cambio en regla de las placas de vehículos que terminaban en uno, y como era de esperar las últimas semanas en el Registro fueron azotadas por las filas, al punto tal que más de 22mil propietarios no lograron realizar el cambio en tiempo. Dicho evento únicamente evidencia una vez más uno de los rasgos más característicos de nuestra incultura y subdesarrollo, el dejar todo para el último minuto, el arte de la improvisación, irresponsabilidad y la de desidia.

Por otro lado tenemos el bochorno que paso más de uno que de buenas a primeras se “tragó” la noticia de CNN Ireport en donde se “denunciaba” que el Presidente del TSE y Oscar Arias mantenían conversaciones secretas para manipular el resultado de las elecciones. Lo más patético de este episodio es que incluso candidatos a la presidencia así como “académicos” cayeron en la trampa. Estos hechos únicamente muestran la imprudencia del costarricense, su incapacidad de análisis crítico y mesurado, ya que lamentablemente preferimos el mero “bla bla bla” y el facilismo mediático.

El día de hoy queríamos resaltar estos dos eventos, ya que los mismos caen como anillo al dedo para la campaña electoral en la que nos vemos inmersos. Vivimos en tiempos en donde la ciudadanía cree que por un lado se encuentra ella y por el otro la clase política, un nosotros vrs los otros. Pero, de lo que aún no se han dado cuenta es que todos los males que le achacan (correctamente) a los politiquillos de turno, ellos mismos  los reproducen, practican y celebran sólo que en otros escenarios y supuestos. Es decir, si Costa Rica en realidad quiere salir adelante y progresar algún día no es sólo su clase política la que debe cambiar, somos todos y cada uno de nosotros.

lunes, 8 de agosto de 2011

Tema polémico: redistribución de la riqueza, mal de muchos y consuelo de tontos


No podemos dejar de insistir en el tema tratado la semana anterior, pues la famosa frase "serán impuestos que no pagarán ustedes sino que pagarán los que más tienen para dárselos a ustedes" graznada por la Presidente aun nos tiene atónitos. El día de hoy nos dedicaremos a tratar de explicar, desde distintos puntos de vista, cuáles son los errores de fondo de esa frase, que de pensamiento no tiene nada, pero de slogan tiene mucho. Empecemos:

ETICO- CULTURAL:
Lo primero que debemos aclarar es que en ASOJOD partimos de que los seres humanos son dueños de sí mismos. No pertenecen ni a Dios, ni al Estado, ni a la Sociedad, ni al Gobierno, ni al partido político ni a nadie más que a ellos mismos. De lo que se deriva que aquello que produce el hombre con su propiedad (mente-cuerpo) también le pertenece y cualquier intento de arrebatarle por la fuerza los frutos de su esfuerzo no es más que un robo.

Así las cosas, cuando se permite el robo institucionalizado -impuestos- dejamos de ser sociedad y civilización, esto es, división del trabajo especialización e intercambio, para convertirnos en una organización mafiosa. Precisamente, el segundo punto de donde partimos, es que cada individuo es un fin en si mismo, es el máximo valor, es un absoluto que debe ser respetado totalmente, siendo que no puede ser instrumentalizado para satisfacer las necesidades, deseos o caprichos de otros. Este es el verdadero humanismo, no aquel que pregonan algunos mal llamados progres. Humanismo que consiste en que las personas deben tratarse unas a otras a través de la cooperación (intercambio) y no por medio de la violencia (lucha de clases). Rand lo resumió muy bien al decir: “Sangre, látigos, cañones o dólares. Elegir... No existe otra opción y el tiempo apremia” En este sentido, sólo existen dos modos de tratarnos unos a los otro: la ética (voluntad, persuación e intercambio) o la antiética (robo, fuerza, violencia y amenaza).

Por último, el aspecto cultural se refiere a lo que Ortega y Gasset analizara en su Rebelión de las Masas. Precisamente, con este tipo de políticas públicas, los ciudadanos empiezan a olvidar que la civilización no se crea del aire y que este tipo de políticas destruyen los cimientos mismos que permiten la generación de la riqueza y el progreso. Es más, cada día que pasa se forman nuevas generaciones parasitarias, que sólo demandan derechos y prebendas, que lo único que desean es poner la mano y que el Estado (o sea los otros) les resuelva sus vidas y pague por sus facturas. Evidentemente, este proceder acaba con el tejido social, alimenta la pereza, la dependencia y la envidia, mientras que socava el emprendimiento, el honor y la responsabilidad.

ECONÓMICOS:
Este punto es muy simple: el dinero que toman por la fuerza los políticos para, supuestamente dárselos a otros más necesitados, deja de ser ahorrado e invertido. Son estas dos actividades las únicas que verdaderamente pueden mejorar de forma sostenida las condiciones de vida de los más necesitados y no la mera demagogia y las soluciones simplistas de nuestros mandatarios. Se necesita ahorrar para que haya inversión, en el momento en que se invierte se demanda más mano de obra, al demandar más mano de obra los salarios aumentan. De igual forma, con la inversión se obtienen mejores formas de producción, lo que permite que los consumidores puedan acceder a mejores precios, con lo que cada vez su dinero les rinde más (siempre y cuando el Estado no haga que el mismo desaparezca a través de la inflación). Esta es la única receta para el desarrollo, el resto es cuento chino.

Además, debemos recordar lo que ya decía el fallecido Milton Friedman, en el sentido de que existen 4 tipos de gastos, donde el más efectivo es aquel en donde una persona gasta su dinero en sí misma, esto por dos razones sencillas: la primera es que al ser su dinero tiene mayores incentivos para cuidarlo y darle un buen uso, y que al gastarlo en sí mismo sabe precisamente cuales son sus necesidades y preferencias. Mientras que la peor forma de gasto, es que alguien gaste el dinero de otro en una persona distinta a sí mismo, esto por las mismas razones expuestas anteriormente sólo que a la inversa. ¿Adivinen dentro de cual tipo se encuentra la resditribución?

Por supuesto, que el argumento de la Presidente es todavía más fácil de desvirtuar cuando agregamos circunstancias “reales”, como lo son: la corrupción, los grupos de presión, la búsqueda de rentas, la inoperancia burocrática, la mala administración y ejecución de políticas públicas, etc. Así que, guanacastecos, eso de quitarle a unos para dárle a ustedes no es tan cierto: los intermediarios siempre se dejan buena parte de los recursos. Y conociendo al Estado costarricense, si acaso les dejará las migajas.
CONCEPTUAL:

Para no pecar de extensos, y además por ser este un mero blog, no nos adentraremos en este punto sino que sólo los dejaremos señalado para que los lectores interesados puedan profundizar en ellos de así desearlo.

Lo primero que se debe apuntar es que, como bien señala Hayek, en “El Atavismo de la Justicia Social”, los procesos de orden espontáneo, como lo son la asignación de recursos dentro de un mercado, no pueden ser considerados justos o injustos, ya que los mismos no son diseñados o decididos por nadie. Pretender dotarlos de dichos calificativos es un mero antropoformismo ingenuo, que carece de tanto sentido como afirmar que un temblor fue bueno o malo.

Lo segundo que se debe recalcar, es que con la teoría del valor subjetivo las asimetrias de ingreso, respecto a las necesidades se vuelven inconmensurables. Para ponerlo en sencillo, conceptualmente hablando no se podría afirmar nunca con algún grado de certeza que por ejemplo Bill Gates “valora” menos un dólar extra que un indigente.

Todos estos puntos apenas son una pincelada acerca de la crítica que se le podría hacer a la majadería de la Presidente. Todavía quedan muchos cartuchos por quemar, no se desesperen amigos lectores.

lunes, 1 de febrero de 2010

Tema polémico: Caldera: diagnóstico del país


¡Al fin ha llegado Caldera! Después de treinta años se logra terminar una tarea que, en momentos, parecía imposible. A pesar de la alegría, cabe preguntarse ¿existirá otro país en el mundo donde el letargo sea de esta magnitud y se necesite tanto tiempo para construir una obra que no está entre las 7 maravillas del mundo moderno? No lo sabemos, lo que sabemos, y lo que importa, es que esta mala broma de Caldera le ha costado al país productividad, riqueza y competitividad. Pero Caldera no es un simple hecho aislado, no es una casualidad del destino, no. Caldera nos desnuda a dos niveles: institucional y cultural, y precisamente de esto trata el tema polémico del día de hoy.

A nivel institucional, la espera de 30 años para inaugurar una simple carretera deja al descubierto la inoperancia del aparato estatal, su letargo para realizar cualquier gestión. Un aparato estatal sobredimensionado que acaba asfixiando cualquier iniciativa ya sea privada o pública, que a la postre acaba por restarle competitividad al país. Es claro que esta situación demuestra la imperiosa necesidad de hacer las reformas necesarias para que el Estado deje de entorpecer el desarrollo de las personas y estas reformas no se pueden postergar más.

A nivel cultural, mostró cuan arraigada se encuentra la cultura del hombre-masa ortegeano, aquel que sólo desea derechos pero nunca obligaciones, aquel que piensa que la civilización nos cae desde el cielo y que su mantenimiento nos viene gratis. Es increíble ver que existen individuos berreando por el pago del peaje y más que no se dan cuenta -en su estrechez mental- que tanto el tiempo como la gasolina que se ahorrarán superan por mucho al costo del mismo. Por eso sabemos bien que lo que les duele es pagar simplemente, ello gracias a la cultura que dejó el Estado “Benefactor” en el país: creen que existe el derecho fundamental de vivir gratis o mejor dicho vivir a costa de los demás.

Caldera nos arroja unas cuantas lecciones importantes, pero apenas son la punta del iceberg. Ojalá que este y otros más casos que día a día desnudan la inutilidad de nuestro Estado y la vulgar mentalidad de muchos costarrincenses, acostumbrados a pedir pero jamás a asumir responsabilidades, faciliten la toma de conciencia individual, respecto a la necesidad de cambiar las cosas y abandonar las prácticas viciosas que han caracterizado a este país por mucho tiempo, en especial, durante el tiempo del "Estado Benefactor".

viernes, 13 de noviembre de 2009

Viernes de Recomendación


Para este día les queríamos ofrecer el breve escrito: "Cómo ser liberal clásico en América Latina y no morir en el intento", del filósofo argentino Gabriel Zanotti. En dicho documento el profesor Zanotti analiza el entramado institucional (formal e informal) que surgió desde la colonia. El cual ha tendio como resultado provocar un clima en nuestros países que resulta hostil hacia las ideas de la libertad.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El costarricense no lee


El alfabeto es un instrumento, no un fin en sí mismo. Resta saber para qué se usa. ¿De qué nos sirve leer si lo único que consumimos son porquerías? No nos dejemos engañar por nuestros altos índices de alfabetización. Estamos fallando en la parte más significativa de la cultura: esa que viene después del A, B, C. La vida entera no nos va a alcanzar para leer todo lo grande y bello que ha sido escrito en el mundo, ¿por qué desperdiciarla entonces leyendo mentecateces, literatura de ínfimo valor nutricio para el intelecto?

En Costa Rica la lectura es básicamente una crisis. Más grave que la del petróleo y la de la economía mundial. Más grave, sí, porque es desde la ignorancia que abordamos los grandes problemas de la modernidad, y sin lectura nuestra comprensión de ellos será siempre precaria.

Desnutrición espiritual. ¿Qué se lee en Costa Rica? Cuatro cosas.

Primera: libros de autoayuda, psicología popular llena de facilonguerías: Supérate a ti mismo , El valor del pensamiento positivo , Aprende a amar … e incontables cursilerías de ese jaez.

Segunda: pandemias literarias como Harry Potter o el ya por fin pasado de moda Código da Vinci . Productos de consumo, manufacturados y sensacionalmente bien distribuidos por todo un engranaje mercadotécnico que opera de consuno con Hollywood y su mundo de ficción barata.

Tercera: resúmenes de hitos literarios canónicos que los muchachos, en su desesperación por sacar el bachillerato, adquieren, creyéndose así eximidos de leer las obras en su integridad (los resúmenes solo tienen valor –y muy grande – una vez que se han asimilado los clásicos en su integridad: leer Hamlet resumido es como creer haber cenado con solo aprenderse de memoria el menú).

Cuarta: las mercachiflerías de Pablo Coelho, con su filosofía light de la vida, sus lugares comunes poéticos y su impotencia manifiesta para escribir –cosa que a todas luces intenta– alegorías como El principito (Saint-Éxupery) o La luna nueva (Tagore).

Y esa es nuestra dieta literaria. Avitaminosis del espíritu. Desnutrición espiritual. Somos analfabetos: entendámoslo de una vez.

Un día de estos una amiga llegó a una bien conocida librería nacional a buscar la Estética de Hegel. Después de inútiles pesquisas, le pidió ayuda a la dependiente. “¿Que si tenemos la Estética de Hegel? Por supuesto, acompáñeme”. ¡Y la llevó a la sección de cosmetología! El pobre Hegel, el hombre de La fenomenología del espíritu –uno de los más importantes textos filosóficos de todos los tiempos– al lado de Cómo combatir la celulitis , Piel tersa para toda la vida , El secreto de la eterna juventud y Senos y nalgas: tratado silicónico y colagénic o. Y fue así como mi amiga tuvo que renunciar a adquirir un libro filosófico, que en cualquier país medianamente civilizado es miembro de honor de toda librería que se respete.

¿Dije filosofía? ¡Pero si es que Costa Rica es un erial filosófico! A duras penas logra uno encontrar los Diálogos platónicos, por poner el ejemplo más clásico que sea dable concebir. Somos un país a-filosófico. Para comprar a Kant, Kierkegaard o Bergson, hay que hacerlos pasar clandestinamente, a través de barreras aduaneras, y ello burlando la vigilancia de aquellos que tienen interés en mantenernos aborregados.

De todas las ramas del saber humano, la filosofía es por mucho la más menesterosa en Costa Rica. Conocimiento esotérico, ritualizado y críptico, únicamente reservado para las castas sacras.

Y luego ese irrespeto de las colecciones de “biografías de hombres y mujeres célebres”: ¡poner a Shakespeare al lado de la Princesa Diana, a la Madre Teresa en el mismo vecindario de Madona, a Beethoven en la compañía de Michael Jackson! Ahí tienen, amigos, los resultados de la “abolición de las jerarquías estéticas”, de “la superación de los obsoletos cánones de occidente”, del irresponsable “revisionismo histórico” de una buena parte de los pensadores de la posmodernidad (¿tendré que añadir que no todos, siendo muchos a los que respeto y admiro? Sí: es necesario aclararlo, el “algunos” no basta para que los lectores presurosos caigan en conclusiones).

Desprecio. Por último, el desdén manifiesto por los autores nacionales: ¿que los libros de nuestros poetas –sobre todo ellos– novelistas y dramaturgos no venden como Harry Potter contra los monstruos galácticos (o alguna otra sandez para el efecto)? Quizás, pero entonces no llamen ustedes a sus negocios “librerías”: llámenlas “expendios de libros”, “supermercados literarios” “pulperías del pensamiento” o alguna otra cosa de ese tenor.

Los periódicos franceses publicaron hace algunos años –con alarma– el resultado de una encuesta realizada por el Ministerio de Educación: “Uno de cada cinco franceses no lee”.

En nuestro país la encuesta rezaría: “Diez de cada cinco ticos no leen”. San José tiene cuatro librerías que honran la tradición de la gran literatura: la Librería Universitaria (¡gracias, don Fernando Durán!), Nueva Década, la Librería Francesa y una más cuyo nombre en este momento me escapa (¡perdón!)

La cosa es devastadoramente simple: Costa Rica no progresará intelectualmente en tanto haya más cantinas que bibliotecas y librerías.

Jacques Sagot

lunes, 9 de febrero de 2009

Tema polémico: cultura y desarrollo

Hoy en ASOJOD queremos desarrollar algunas cuantas ideas respecto a la relación que puede o no existir entre el desarrollo y la cultura. El día viernes 30 de enero del año en curso, sucedió algo insólito: ese día se disputaba el juego de fútbol entre Costa Rica y El Salvador y resulta que, durante el segundo tiempo, el equipo salvadoreño sufrió –sospechosamente- una serie de lesiones, lo cual provocó que el partido fuera suspendido, dando la victoria al cuadro nacional. Desgraciadamente estos bochornosos acontecimientos parecen ser característica común de nuestra región. Es aquí donde la cultura juega un papel vital.

En ASOJOD, pensamos que la cultura posee un rol fundamental en el desarrollo, no como una especie de determinismo cultural, sino como una condición más, necesaria para el logro del desarrollo y crecimiento económico. Antes de iniciar nuestro análisis es importante esclarecer y delimitar los conceptos. Entendemos la cultura en el sentido randiano, esto es: como el conjunto de ideas y valores predominantes en un determinado tiempo y espacio. De este concepto se deducen una serie de conclusiones que no dejan de ser importantes. Primero que todo, la cultura es mutable, es una creación del hombre que vive y coopera con otros hombres. Por ello la cultura no debe de ser reificada. Esta, como institución humana que es, puede evolucionar –transformarse- como lo muestra la historia de la humanidad. La cultura es un producto del orden espontáneo (Hayek), la cual nace en virtud de la acción humana pero no del diseño humano (Adam Ferguson).

En este sentido, la cultura no es el producto exclusivo de la estructura –sistema productivo- como lo aseveraba el esencialismo marxista, sino que estructura y superestructura –para continuar con las categorías de esa corriente- se retroalimentan una a la otra. Sería ingenuo pensar que una es la consecuencia exclusiva de la otra. Weber había logrado criticar la tesis marxista en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", al invertir la fórmula de Marx, alegando que fue la religión -superestructura- la que impulsó el desarrollo del capitalismo –estructura- dentro de los países protestantes.

Como afirmamos anteriormente, en ASOJOD pensamos que estructura y superestructura conviven una con otra, retroalimentándose y transformándose constantemente. En este campo resultan sumamente interesantes los trabajos realizados por el premio Nobel de economía Douglass North, quien propone que el crecimiento económico requiere de una serie de instituciones que incentiven la cooperación y el intercambio voluntario entre individuos. Estas instituciones están compuestas por reglas formales –leyes, reglamentos constituciones-, reglas informales –códigos de conducta autoimpuestos, religiones, ideologías- y reglas destinadas a la aplicación de dichas restricciones –sistema judicial, policía-.

Propiamente en América latina vale destacar el libro: El Autoritarismo y la improductividad de José Ignacio García Hamilton. En este, el profesor argentino demuestra cómo las instituciones de la colonia y las que continuaron posterior a esta, dejaron en nuestros pueblos una herencia cultural que tenía como pilares el mercantilismo, el autoritarismo, incumplimiento de la ley, corruptelas, privilegios, etc. Se trata de una serie de valores que han contribuido enormemente al atasco económico en que se encuentra América Latina y que aparecen reflejados en todos los proyectos y actividades en las que participamos, ejemplo de ello es el partido de la UNCAF mencionado anteriormente.

Por ello, creemos que el desarrollo no se alcanza mágicamente a partir del establecimiento de un modelo productivo -capitalismo- si éste no va acompañado por un cambio del paradigma cultural que permita internalizar los valores que hacen posible a dicho sistema: la productividad, la honradez, la competencia, la inventiva, la cooperación, el respeto por los contratos, etc.