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martes, 16 de abril de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: gastos innecesarios del Gobierno

Uno espera que, en momentos de crisis, el gobierno lleve a cabo, con un énfasis mayor, medidas que contribuyan a eliminarla.  Se ha dicho hasta la saciedad que hay una crisis en las finanzas gubernamentales, pues el Estado gasta más de lo que recibe por impuestos.  Al llegar dicho déficit a un 5% de la producción nacional, se encienden las luces rojas, pues el país podría entrar en problemas muy serios, que incluso habrían de requerir la intervención odiosa del Fondo Monetario Internacional.

Es en momentos en que el país se acerca a ese punto de referencia, cuando mayor esfuerzo debería hacer el gobierno en cuanto a limitar y, mejor aún, reducir su gastadera.  Hoy debo referirme a algunos de esos gastos, que pasan encubiertos en la maraña cotidiana de presupuestos estatales, pero que, por el contrario, deberían ser objetivo definido de limitación. A riesgo de dejar de lado importantes gastos, hoy prefiero mencionar tan sólo unos “pequeños”, que palidecen en comparación con lo que ha sido el gasto para mantener el puente de la platina en una condición de transitable o el gasto en la trocha, en las condiciones que todos conocemos, o tal vez la reparación de la calle al costado sur de la antigua Fábrica Nacional de Licores, que con bombos y platillos fue construida hace relativamente poco tiempo y que ya requiere de una casi total restauración.

Un ejemplo de gastos “pequeños” es aquel anuncio del Instituto Costarricense de Aguas y Alcantarillados (ICAA), en que nos hace saber que, entre más agua gastemos en nuestros hogares, más nos va a costar.  Esos brujos nos creen tontos, que no sabíamos tal cosa, en especial después del desmesurado aumento de más del 60% que recientemente se nos impuso. A cada rato sale dicho anuncio en la televisión y en los periódicos, plata que bien podría haberse ahorrado y así no cobrarnos tanto por el servicio de agua.  De paso, me imagino que el ICAA ya no está desperdiciando el agua en el lago del parque de la Sabana y que supuestamente la está cobrando a la entidad que corresponde, que, si no me equivoco, es el Instituto del Deporte o el Ministerio de Cultura, responsables del buen estado de la Sabana. Asimismo, me imagino que el ICAA ya tiene a marcha forzada un programa destinado a arreglar todas las fugas de agua que pululan en el país, a fin de detener el desperdicio que todos pagamos.   

Otro ejemplo: me imagino que los lectores se habrán dado cuenta de la enorme cantidad de viajes que, pagados por todos nosotros, ha realizado la presidenta Chinchilla.  Es cierto que ella en una ocasión dijo que los viajes en avión le ayudaban a relajarse del stress de su oficio. Ese alivio es así comprensible. Pero tal vez haya medios más baratos que permitan que su salud mejore.  Sería bueno que algún medio de comunicación estudiara cuál es el costo total que han significado los viajes de la Presidenta, desde que inició su mandato a la fecha y que todos que hemos tenido que pagar. Pido esto, no por molestarla, sino porque es sorprendente verla cómo viaja de un país a otro y luego, casi de seguido, a otro más, sin que nadie cuestione el porqué de tanto desembolso. Es indispensable, en época de crisis, que se controle la gastadera.

Similarmente, hoy me pregunté ¿qué se hizo el famoso bus súper-acondicionado que se le asignó al Sistema del 911, para que los costarricenses tuviéramos un mejor servicio de esa entidad?  En un principio estaba estacionado en un  patio de esa entidad y se dijo que sería algo temporal, pues había definidas importantes actividades que luego tendría que llevar a cabo. Es un costo elevado el que, en apariencia, no se usa para nada útil.

Se acuerdan del Caribou, avión del Estado que hace un tiempo requirió de un gasto público enorme, tan sólo para mantenerlo operativo.  Parece que ya no se usa y que ese arreglo no pudo impedir la obsolescencia del paso del tiempo.  Pero que la plata se gastó, se gastó.  De manera similar, hace buen rato que no aparece en nuestro cielo el nuevo helicóptero, a cuya adquisición se opuso tan vehementemente don Fernando Berrocal, por ser muy caro y poco útil para los servicios que el país requería.  Pregunto, ¿qué se ha hecho ese helicóptero y si está en plena capacidad funcional? De nuevo, es dinero de los costarricenses que se gastó y que hoy merece una explicación de su uso.

Me acuerdo cuando el gobierno construyó una serie de estaciones de peaje en las carreteras más importantes del país, a fin de controlar el peso excesivo de los camiones de carga, el cual dañaba la carretera.  Nunca las pusieron en operación.  Incluso una de ellas, luego se comentó, sirvió de guarida a personas indeseables.  Ya nos han vuelto a anunciar que es necesario acometer el problema de los trailers sobrecargados que transitan por nuestras carreteras, para lo cual se requiere destinar fondos en otra cuantiosa inversión.

Si tan sólo los ciudadanos hiciéramos un mayor esfuerzo por desnudar estos gastos innecesarios del gobierno, tal vez podríamos ponerle un freno al desperdicio e incluso encontrar a los responsables del desmadre. A hoy no parece haber límites ni explicaciones acerca del desperdicio y menos de quiénes son los responsables de ello.

Jorge Corrales Quesada

martes, 15 de enero de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: las predicciones del fin del mundo

Se le atribuye al cirquero estadounidense P. T. Barnum, la frase de que “cada minuto nace un incauto” (“There’s a sucker born every minute”). Hubo un montón de “majes” quienes creyeron que el mundo iría a terminar por ahí del 21 de diciembre, pues tales eran las predicciones (falsas) derivadas de la terminación e inicio de un nuevo ciclo del calendario de los mayas. Esto nos trajo a la memoria la alharaca y el tremendo negocio que hicieron algunos avispados del mundo de la computación, con el cuento de que el mundo se terminaría al concluir el siglo pasado. Fue la famosa historia del Y2K y el desastre tecnológico que implicaba la parálisis universal de la computación. Tampoco, en ese momento al igual que ahora, nada terminal pasó.

Este tipo de predicciones ha sucedido muchas veces en la historia de la humanidad. No quiero acordarme de las tristes matanzas que hubo en Guyana y en California décadas atrás, anticipándose a una presunta terminación de los tiempos. Igualmente ridículas fueron las del famoso predicador Sun Myung Moon, fundador de la Iglesia de la Unificación, quien en el 2000 profetizó que el reino de los cielos se establecería en la tierra. También en nuestro medio hubo una amplia difusión televisiva acerca de las predicciones de un tal José Luis de Jesús, otro rezador criollo de la región, quien había predicho que el 30 de junio del 2012 el mundo colgaría sus tenis. No hay duda que, como dice el latinajo, stultorum infinitus est numerus (el número de los estúpidos es infinito). Mayor que el de los embusteros profetas, lo es el de los incautos creyentes.

Ese negocio de predecir catástrofes no es patrimonio exclusivo de tipos ligados a movimientos religiosos, si bien muchos de ellos han tenido esa profesión.  También han existido notables científicos que se han aventurado a la riesgosa labor de hacer de profetas. Recuerdo algunos casos notables recientes de economistas y otros profesionales de ciencias afines, quienes se atrevieron a formular predicciones de similar talante.  Por ejemplo, el biólogo Paul Ehrlich escribió junto con su esposa un libro en 1968 titulado La Explosión Demográfica (The Population Bomb), en donde vaticinan hambrunas masivas a partir de la década de los setentas y ochentas, debido al excesivo crecimiento de la población humana, en comparación con el incremento proyectado de los recursos naturales. Fue una simple expansión de las ideas de Thomas Malthus, religioso y economista, quien se basó en el principio económico de los rendimientos decrecientes. Para él la población crecería geométricamente, doblándose cada 25 años, en tanto que los alimentos lo harían aritméticamente. Así aseveró que “Al final del primer siglo la población será de 176 millones y las subsistencias no llegarán para 55 millones; de modo que una población de 121 millones de habitantes tendría que morir de hambre”, Con el paso de los años esas desgracias malthusianas no se presentaron e igual sucedió con las predicciones de los Ehrlich, pues, por el contrario, con el paso de los años la población humana obtuvo una mayor alimentación per cápita. Ante esto, como excusa, dijeron los Ehrlich que sus metas habían sido logradas, pues provocaron un debate en torno al crecimiento de la población.  Creo que ni Babe Ruth pudo batear tanto como los esposos Ehrlich. 

Estos no son los únicos que vienen a mi memoria. En 1972 el prestigioso Club de Roma publicó su conocido informe Los Límites del Crecimiento, en el cual predijo que el crecimiento económico mundial se vería refrenado por la limitación de los recursos naturales, particularmente del petróleo. Incluso el también prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) construyó un modelo con base en las predicciones del Club de Roma, según el cual alrededor del año 2000 sobrevendría el desastre económico mundial, debido a la limitación de recursos, tales como petróleo, agua y alimentos, que reduciría fuertemente el tamaño de la población del mundo.  Por supuesto que nada de esto ha sucedido. 

Las ideas de estos proponentes del “fin del mundo” de última camada las ha resumido recientemente el físico australiano Graham Turner, con base en los modelos del Club de Roma/MIT, quien señala que “el mundo va camino al desastre” y hace la sugerencia de que el crecimiento es aún posible si los gobiernos llevan a cabo políticas e inversiones en tecnologías verdes, que limiten la expansión de nuestra huella ecológica. Con esto se nos quiere empujar a la idea de un gobierno mundial que permita evitar, una vez más, un predicho final del mundo.

Tranquilos. Podemos esperar que este año sea económicamente difícil aquí y posiblemente en casi todo el mundo restante. Pero no habrá un fin del mundo. Algo que me atrevo a señalar es que, en tanto las principales economías occidentales (Europa y Estados Unidos) no pongan en orden sus finanzas públicas, sus economías no van a recuperar una tasa de crecimiento deseable. Por el contrario, de no ponerse orden en el excesivo gasto gubernamental en todas en esas regiones del mundo, valdría la pena que se volvieran las miradas hacia la Grecia eterna.  Sólo que esta vez Grecia no es el ejemplo de florecimiento y progreso que siempre hemos admirado. Tristemente hoy lo es de cómo las naciones pueden terminar sumidas en un letargo en cuanto a su crecimiento económico, por la ambición de creer que, por medio de la acción del estado, es posible vivir más allá de sus medios por largo tiempo. Ahí si que se presenta un juicio final, más tarde o más temprano.

Jorge Corrales Quesada

martes, 11 de septiembre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: desempleo en los Estados Unidos

Las últimas cifras acerca del desempleo en la economía de los Estados Unidos revisten una enorme importancia, no sólo por reiterar un hecho ya observado en los últimos tiempos de una alta desocupación, sino por la incidencia que pueden tener en las próximas elecciones de noviembre en ese país.

Por ello, dedicaré un rato a su análisis y a explicar por qué, si no son bien interpretadas y entendidas, pueden dar lugar a equivocaciones.
 
El primer dato es que en agosto de este año la cifra de desempleo fue de 8.1% de la población empleada en ese país, un descenso con respecto del 8.3% a julio pasado. Lo que aparenta ser un progreso en el frente laboral de ese país, en realidad no lo es, una vez que se procede a explicar cómo es que se obtiene esa tasa de desempleo.
 
La tasa de desocupación mide aquella porción de trabajadores en la fuerza de trabajo que en la actualidad no tienen empleo, pero que están activamente buscando uno.
 
Lo cierto es que en este mes de agosto, la economía norteamericana creó un total de 96.000 nuevos empleos, una cifra menor al crecimiento que los expertos esperaban, cercano a 125.000 empleos adicionales en ese mes. Este es el primer golpe: un crecimiento menor al esperado en la cantidad de empleos nuevos.
 
Pero, además, es cierto que se presentó en ese mismo período un descenso en el tamaño de la fuerza de trabajo de ese país.  En agosto se retiraron de la fuerza de trabajo; esto es, renunció, desistió, de buscar empleo un total de 368.000 trabajadores. En otras palabras, para que se hubiera mantenido la misma tasa de desocupación con la mayor fuerza de trabajo existente en julio, en agosto el país debería de haber creado cerca de 200.000 nuevas fuentes de trabajo: algo más del doble de la que en realidad se logró.
 
En el mercado de trabajo, la tasa de desocupación puede disminuir por dos razones, ya sea por la creación de nuevos empleos o por la disminución del total de la fuerza laboral, afectada por falta de empleo. Por lo tanto, es posible que se registre simultáneamente una menor tasa de desocupación, a la vez que se observa un deterioro en la fuerza laboral. Esta última situación, la cual de ninguna forma es deseable, es la que se está reflejando las últimas estadísticas laborales en Estados Unidos. La tasa de desocupación a agosto descendió a un 8.1%  de un 8.3% en julio, explicado en mucha mayor medida por un descenso en la fuerza laboral, al abandonarla casi 370.000 trabajadores, que por la creación de 96.000 nuevos empleos.
 
Con el descenso en la fuerza laboral estadounidense, se estima que en ese país la cantidad de desocupados se acerca a 23 millones de personas y que la tasa de subempleo es de un 14.7%.  Esta tasa es particularmente importante, pues además de incluir aquellos desocupados que están buscando activamente un empleo, incluye a trabajadores de tiempo parcial quienes están buscando un empleo a tiempo completo, así como a otros grupo de trabajadores que no está buscando activamente empleo, pero que están marginalmente disponibles para trabajar.
 
Hay otro indicador importante de la situación laboral de un país, el cual se denomina tasa de participación laboral, que es el porcentaje de personas en edad de laborar (personas de edad entre 16 y 64), la cual está empleada o está activamente buscando por un empleo. En tanto que históricamente en los Estados Unidos esta tasa ha oscilado entre 67 y 68%, en agosto de este año registró un 63.5%, el porcentaje más bajo desde 1981.
 
Pero hay más. La creación de los 96.000 nuevos empleos se ha presentado en actividades en donde usualmente se pagan salarios relativamente bajos (por ejemplo, meseros, cocineros, bartenders y similares), con lo cual el aumento del monto total de salarios en la economía, gracias a estos nuevos 96.000 trabajos, no es el mejor (por supuesto que sí para quienes logran ese nuevo empleo, pero no para el promedio total de salarios en la economía). Además, esta creación de nuevos empleos tan baja se repite desde los últimos cuatro meses, indicando la gravedad creciente del problema.
 
Asimismo, la tasa de participación laboral para trabajadores en el grupo de 16 a 19 años es enormemente baja. El mes de agosto registró un 54.1%, la menor en 57 años. Los jóvenes han sido notoriamente afectados en esta situación económica y, aunque no tengo datos, me atrevo a vaticinar que tal decaimiento también se debe presentar en grupos tales como los latinos, los negros y, tal vez, las mujeres. 

Lo señalado expone una fuerte crítica al actual gobierno de los Estados Unidos, especialmente cuando el presidente Obama insistió a inicios de la administración que está a punto de concluir, que, si al final de ésta no había logrado reducir significativamente el desempleo, tal como como al momento ha sucedido, aquél gobierno no sería re-electo.  Es posible que el pueblo estadounidense decida tomarle la palabra en las próximas elecciones de noviembre.

Jorge Corrales Quesada

miércoles, 25 de abril de 2012

Desde la tribuna: el gatito blanco y el gatito negro, relatos de la crisis económica



Un relato o una narración, si bien se refieren a algo-un hecho o varios-desarrollan una trama. Hay, no solo una sucesión de eventos o acontecimientos, sino una causalidad. Los relatos, en torno a la crisis económica de 1920 o bien de 1929 o la actual,  presentan un tejido causal, una trama, desde la cual, los ciudadanos y los agentes políticos, proponen conductas para enfrentar las causas.  De allí deriva la importancia de analizar, cuidadosamente, no solo la línea temporal de acontecimientos, sino esa trama, incluso las maquinaciones, que se ofrecen abierta o implícitamente como causas originarias de la crisis y de su desarrollo.  

Hace algunos años, la ciencia económica se olvidó de los relatos acerca del ciclo económico. Las explicaciones debidas a la actividad de las manchas solares;  las crisis de “inventarios” excesivos de bienes y una gran cantidad de hipótesis, fueron cayendo en descrédito cuando los teóricos del keynesianismo-algunos lo califican de bastardo- imaginaron que, con ajustes en las tasas de interés para “enfriar” una sobrecalentada economía o bien, bajas en las mismas tasas, para” calentar” cuando la economía estuviera ralentizada y con otros  instrumentos de “afinamiento”, el ciclo económico se podía declarar, cosa del pasado.  La realidad, sin embargo, ha sido testaruda y los ciclos económicos siguen golpeando.  

Algunos economistas, nostálgicos aún, por la fe en el afinamiento económico gestionado desde el gobierno, dejaron de llamar a las depresiones así y ahora son recesiones, cuando no meros enfriamientos o resfríos.  Sin embargo, los hechos recientes han revelado que el instrumental de “ajustes” no ha logrado superar el ciclo económico, ni las crisis episódicas, aunque aún se tenga el recato de no llamarlas depresiones. 

Una característica de las depresiones, por otro lado, es que están precedidas de una burbuja, un alegrón o fiestón económico.  El dinero sobra, el crédito abunda, las tasas de interés-precio del crédito-son muy bajas o nulas, incluso negativas. El endeudamiento y el gasto se estimulan. El ahorro es inconveniente y la riqueza se alcanza gastando y consumiendo todo lo posible, tanto desde el sector privado como, muy especialmente, desde el gasto público. El ahorro no es  asunto de cigarras ni, mucho menos, de seres humanos. Paradójicamente, quienes predican, desde la macroeconomía, el consumo y desprecian el ahorro, se desgalillan contra el consumismo y la falta de austeridad personal.    

Para la última crisis hay que hacer, al menos, una distinción. En los Estados Unidos de América, bajas tasas de interés, durante muchos lustros y el crédito abundante, inflaron los precios de viviendas de modo generalizado. Se supuso, además, que existían medios para que el crédito hipotecario de viviendas, no tuviera riesgos. Se elaboraron complicados modelos matemáticos y probabilísticos basados en distribuciones “normales”, para evaluar riesgos, en las que la probabilidad de eventos extremos, fue declarada improbable. Algunos autores de las hipótesis que llevaron a estos dislocados modelos, recibieron premios Nobel de Economía. Con ello, se daba  sello de garantía a una fé ciega en las modelaciones de las finanzas modernas.  Por otra parte, en Europa, el endeudamiento público, creció y creció, también con bajos costos y suponiéndose que, por tratarse de deuda soberana, carecía de riesgos, a pesar de la evidencia acerca de los incumplimientos históricos de los estados. Así, se daba por superado y obsoleto el ciclo económico, y se podía confiar en un mundo con pequeños resfríos económicos, casi libre de gripes y, totalmente, ajeno a los padecimientos de la pulmonía. Todo, eso sí, a pesar de la historia. 

Para la crisis que aún vivimos y que, según algunos, ya ha sido superada, se han ofrecido tres relatos principales. De modo muy resumido, se presentan a continuación. El primero, responsabiliza a la intervención estatal en tasas de interés, crédito y  a sus políticas e instituciones para el fomento del crédito hipotecario y el aseguramiento de riesgos. El segundo, responsabiliza a los bancos e instituciones financieras, a la avaricia y la desregulación. El tercero, a una larga  y compleja combinación de factores provenientes del sector privado financiero y del gobierno.

Estos relatos no son irrelevantes. La trama de causalidad del segundo y tercero, ha prevalecido para efectos de nueva intervención gubernamental. “De una cosa se está absolutamente seguro: el gatito blanco no tuvo nada que ver en aquel desaguisado. Toda la culpa fue del gatito negro”, dice Lewis Carroll en su cuento “Alicia a través del Espejo”. Desechar, sin más, un rol protagónico del intervencionismo financiero del gobierno, el clientelismo y la demagogia, puede resultar muy caro. Este relato debe ser atendido, so pena de tropezar, nuevamente, con una testaruda realidad. 

Mario Quirós Lara

jueves, 24 de septiembre de 2009

ECONOMÍA: La madre de todos los errores


Los episodios de crisis suelen ser momentos de oportunidad— oportunidad de hacer ajustes necesarios y “limpiar la grasa” que ocasionó el colapso del sistema, pero también de afianzar controles sobre la libertad de elección de los ciudadanos.

A un año del desastre de Lehman Brothers, y el profundo ajuste que se desató en meses posteriores, la sabiduría convencional ha insistido que esta recesión es la peor desde los años 30s. La cultura de catastrofismo ha funcionado como un caldo de cultivo para justificar toda una gama de programas de estímulo, así como las nuevas modalidades de intervención, ahora bautizadas en el leguaje macroeconómico como “macro prudential regulation”.

Allan Melzter ha subrayado que, si bien esta crisis tiene dimensiones severas, dista mucho de ser equiparada con la Gran Depresión. La caída en el producto real ha sido de casi 4%, mientras que la crisis de los 30s fue de arriba de 18%. El desempleo ahora es de casi 10%, en los 30s fue de 20%. Y, la caída en la actividad industrial se ha ubicado en 16%, la mitad de lo que se dio hace siete décadas.

No existe duda que esta crisis ha ocasionado grandes daños y distorsiones en el poder de compra y en el proceso económico general. Empero, Melzter advierte que, si sobredimensionamos el problema, podemos cometer graves errores en las políticas que se instrumenten para remediar el dolor.

Esto ha pasado, al parecer, con el remedio favorito—los gigantescos programas de estímulo fiscal (y monetario) que se han venido elaborando desde el otoño pasado. Hoy, varios voceros de la administración de Obama insisten que se necesita, todavía, un paquete de estímulo adicional.

Esto, todo, suena políticamente correcto—más aun en un clima de expectativas lleno de incertidumbre. Pero estos “estímulos” conllevan un espejismo, de compensar la pérdida real de riqueza con un aumento artificial en los medios de pago. La burbuja bursátil es reflejo de agentes que procuran estacionar este exceso de liquidez.

Si es así, se está compensando el efecto de la crisis con una nueva burbuja, con ello dando lugar a otro rompimiento en unos años. Por otro lado, como dice Melzter, el enfoque debe centrarse sobre políticas que faciliten la productividad y reduzcan costos de transacción (y, de paso, una reducción agresiva de la expansión monetaria).

De otra forma, estaremos, de nueva cuenta, en el umbral de la madre de todos los errores.

Roberto Salinas León

viernes, 19 de junio de 2009

Viernes de recomendación


Para este viernes de recomendación, en ASOJOD queremos ofrecerles un extraordinario ensayo de Ayn Rand titulado ¿Qué es el capitalismo?. En tiempos de crisis, cuando se ha gritado a los cuatro vientos que el "capitalismo" es el culpable de todos los males y que, por tanto, el Estado debe intervenir para salvar a la humanidad, este texto resulta una bocanada de aire fresco y una maravillosa explicación de en lo que realmente consiste este sistema económico: el único que reconoce la racionalidad y libertad del ser humano y que se estructura a partir de la actuación voluntaria de las personas para intercambiar valor por valor, destruyendo de manera definitiva toda la mitificación que existe en torno a él.

martes, 21 de abril de 2009

¿Cómo evitar y salir de las crisis financieras?



Cuando en el 2001 EEUU entra en un periodo de desaceleración económica, el Gobierno reaccionó con una política monetaria de crédito fácil (o irresponsable) que se tradujo en una reducción de las tasas de interés del 6.50% en enero del 2001 al 1.00% hacia el 2004. Dadas las condiciones reales de la economía de los EEUU, esta reducción era artificial; es decir, insostenible y se sabía que eventualmente debían subir. Con la reducción artificial en las tasas de interés, el gobierno “estimuló” e indujo deliberadamente a las personas a contraer deudas hipotecarias que empezaron a ser imposibles de pagar una vez que las tasas empezaron a subir y alcanzaron niveles de 5.25% a mediados del 2006.

Esto fue lo que causó la crisis inmobiliaria en los EEUU. Cuando subió la tasa de interés, ya muchos no pudieron pagar la hipoteca y el valor de los bienes raíces cayó dando origen a la crisis bancaria. Esto no es falla del mercado ni de la libertad económica sino del gobierno. La riqueza no se genera con una reducción artificial de las tasas de interés por parte del gobierno ni con una expansión mágica del crédito o del gasto público sea por medio de la Banca Central o del Tesoro.

Es necesario observar que en 1912 (hace casi un siglo), el economista Ludwig Mises, exponente de la corriente Escuela Austriaca de Economía pronosticó la actual crisis financiera en su libro “The Theory of Money and Credit” cuando expresó: “El demagogo no se molesta por las consecuencias remotas de sus políticas. Él escoge inflación y expansión del crédito a pesar de que sabe que el boom creado es de corta duración y que inevitablemente debe acabar en desplome”.

Sin embargo, si bien es cierto que la crisis financiera en los EEUU se empezó a gestar con la reducción de las tasas de interés, el papel que desempeñaron dos entidades financieras hipotecarias fue fundamental para agravar la crisis. Estas entidades son Fannie Mae (Federal National Mortgage Association) y Freddie Mac (Federal Home Loan Mortgage Corporation) que son de origen privado pero con patrocinio estatal muy importante. Estas entidades, al tener patrocinio político, usaron criterio político para cumplir sus objetivos de suplir de liquidez a las entidades prestamistas de hipotecas y de otorgar garantías hipotecarias.

Fue así como para el tercer trimestre del 2007 ambas instituciones llegaron a garantizar, o a tener derechos, sobre más del 50% de todas las hipotecas de los EEUU, con un valor de deuda de US$5.2 billones que en el 2003 apenas era de US$1.2 billones. Por ser entidades de patrocinio político, se pensó sólo en el corto plazo y se dieron varios descuidos con el fin de poder colocar más recursos con mayores niveles de riesgo. Uno de ellos fue que estas entidades operaron con menores niveles de reservas a los exigidos a las entidades privadas. Por tanto, no es de extrañar lo acontecido cuando las tasas de interés subieron.

El papel que jugaron en la crisis financiera las instituciones cuasi-gubernamentales de Fannie Mae y Freddie Mac es tal que en una entrevista que le hiciera Larry Kudlow, del programa Kudlow Reports de CNBC, a Stephen Harper, Primer Ministro de Canadá, este último afirmó que la solidez del sistema financiero canadiense se debe a que ellos no tienen instituciones financieras semejantes con participación del gobierno.

En los EEUU, el 2008 fue el año del desplome de las políticas de estímulo artificial de los años anteriores. Y, ¿qué hace el gobierno de los EEUU en este momento para salir de la crisis? ¡Increíblemente está haciendo lo mismo que dio origen a la misma! Las tasas de interés de referencia de la FED se han reducido nuevamente a partir de septiembre del 2008 y en diciembre de ese año alcanzaron niveles históricos a una banda que va de entre el 0.0 y el 0.5%. En abril del 2009, fecha en que se escribe esta nota, no ha habido modificación sobre las mismas.

Por otra parte, las tasas hipotecarias en los EEUU están en 4.96%, sus niveles del más bajos en toda la historia. ¿Cree el lector que son sostenibles las tasas de interés en los EEUU?

Por otra parte, existe un peligro inminente de repunte de la tasa de inflación de EEUU. Un programa de “estímulo” de la Reserva Federal de los EEUU está inyectando liquidez la economía con US$ 500 mil millones. Dicho incremento de la cantidad de liquidez empezó a mediados de enero y terminará el 30 de junio próximo que consiste en la compra de bonos hipotecarios. Y dado que la inflación, o aumento en el costo de la vida, es un fenómeno monetario, ¿qué pasará cuando este exceso de liquidez se traduzca en inflación y deban ajustarse a la alza las tasas de interés?

Y como si esto fuera poco, se está incrementando el gasto público usando recursos de los contribuyentes para rescatar a empresas ineficientes bajo el pretexto de que son muy grandes para dejarlas quebrar. ¿No serán estas empresas muy grandes para rescatarlas? Por definición, una empresa en quiebra no es capaz de generar ni inversión ni nuevas fuentes de empleo, ni siquiera aumentar los salarios. Sólo las empresas competitivas son las capaces de financiar inversión y transferencia tecnológica, de generar empleo y pagar salarios crecientes. No podremos estimular el crecimiento favoreciendo a las empresas ineficientes con los recursos de los contribuyentes. Debe quedar claro que ni la expansión artificial del crédito ni las políticas socialistas que implican la expansión del gasto público estimulan el sano crecimiento económico.

El eventual desplome de una política monetaria que estimule artificialmente la economía es inevitable y no existe regulación posible que lo evite. La crisis no es un problema de falta de regulación. Creer lo contrario es demagogia. Si los gobiernos continúan con políticas monetarias expansivas y reducciones artificiales de las tasas de interés, por más nuevas regulaciones que implementen, no podrá evitar un nuevo desplome.

Las sociedades siempre han sido consumistas y codiciosas. Si esta fuera la causa de la crisis entonces siempre estaríamos en crisis. El problema surge cuando el gobierno alimenta el consumo de manera artificial ya sea con reducción de las tasas de interés, expansión de la oferta monetaria sin respaldo o con un mayor gasto público. En fin, la crisis tuvo su origen con el intervencionismo estatal en la reducción artificial de las tasas de interés y por tanto es falla exclusiva del gobierno.

Decía Adam Smith en su obra “La riqueza de la naciones” que lo que es sano para una economía familiar también lo es para el gobierno. En época de crisis, se recomienda a las familias austeridad en sus gastos y evitar mayor endeudamiento. Y esto mismo es lo que deben hacer los gobiernos en periodos de crisis. El endeudamiento por parte del gobierno y sus programas de “estímulo” solo agravará la crisis. Así como en un pastel de recursos, a mayor tamaño sea la tajada que se lleve el gobierno, menos recursos quedan a disposición del sector privado. Le hago una pregunta al lector, ¿dónde genera mayor riqueza el capital? ¿En manos de un burócrata o en manos de los emprendedores privados? Para reactivar la economía el gobierno debe reducir impuestos y simultáneamente reducir sus gasto para liberar recursos al sector privado, único motor del desarrollo económico.

Si la causa de las crisis financieras tiene su origen en un manejo discrecional de la política monetaria, entonces para evitarlas la única solución posible es eliminar esta facultad discrecional que tienen los políticos de alterar a su antojo las tasas de interés y de expandir la oferta monetaria. Aquí hay tres opciones. La primera es diseñar un programa monetario donde el crecimiento de la oferta monetaria sea determinado según una regla de expansión, como por ejemplo siguiendo la propuesta de Milton Friedman, donde el crecimiento de la oferta monetaria se determina según el crecimiento del PNB de los últimos años. La segunda propuesta es también una regla monetaria y es volver al patrón oro tal y como lo propone Murray Rothbard. En este caso, la cantidad de dólares que imprima la FED será una función directa de las reservas de oro. Una última propuesta es cerrar los Bancos Centrales y entrar en un esquema denominado “free banking” tal y como existía siglos atrás en donde tanto la oferta como la demanda de dinero se determina en un mercado libre y competitivo.

José Joaquín Fernández
Instituto Libertad